“Mamá, ¿barro el salón?”

“Mamá, la mesa está sucia. Voy a limpiarla”

“Mamá, acabo de recoger los juguetes, que estaban desordenados”

¿Sueñas vivir estas situaciones en casa?

Probablemente las valorarías. Y mucho, como yo. De hecho, éste es el tercer tema que más veces me consultan las madres que llegan a mí: cómo conseguir la colaboración en las tareas domésticas.

Sin embargo, alcanzar este propósito no suele tener mucho éxito.

Recuerdo en una ocasión que una de las madres de un grupo de crianza me comentó:

“Con lo ordenados que somos en casa y la capacidad de imitación que tienen, no entiendo qué estamos haciendo mal. Lo tiene todo por el suelo y no hay forma que recoja sus juguetes”.

Hace falta un cambio de planteamiento

Está claro que si nuestros hijos e hijas no colaboran en casa y éste es uno de nuestros objetivos, algo estamos haciendo mal.

Y como uno de mis lemas es “si quieres obtener resultados diferentes, tus acciones también lo tienen que ser”, voy a darte 10 claves que te pueden ayudar a plantear la colaboración de tu hijo o hija desde otra perspectiva.

 

1- Objetivo a largo plazo

Si pretendes que tu hijo aprenda a mantener un espacio limpio y ordenado de un día para otro te vas a sentir frustrada con facilidad.

Este es un objetivo a largo plazo y conlleva tener unas ideas claras:

  • Que lo haga una vez no significa que lo tenga 100% integrado.
  • Las tareas deben ser progresivas y adecuadas a su edad.
  • No debes pedirle más de lo que esté preparado para asumir.
  • Se trata de ver que se  avanza cuando lo analizamos con perspectiva.

2- Mostrar qué es orden y  limpieza

Tú eres su ejemplo, también en esto. No esperes a recoger la casa cuando estás sin niños, aunque entiendo que resulte más rápido y eficaz hacerlo así. Es importante que vean cómo lo haces y lo necesario que es para ti. Aunque hay que ir con cuidado.

El tiempo que pasas con ellos no puede estar centrado exclusivamente en limpiar y ordenar, puesto que el mensaje que les estarías enviando es que esa necesidad tuya es más importante que otras actividades que puedes hacer con ellos

3- Valorar positivamente las situaciones en las que hay orden y limpieza, activa su necesidad

Cualquier momento es bueno para educar.

No te centres únicamente en situaciones en las que no hay orden o limpieza. Muestra lo bien que te sientes cuando están las cosas en su sitio o cuando el espacio reluce. Es una forma de valorar positivamente el esfuerzo que luego les vamos a pedir que integren y que lleven a cabo.

4- Transmite los beneficios e invitar a la participación

Cuando se de una situación de desorden o suciedad, expresa cómo te vas a sentir cuando esté ordenado y limpio. Pregúntales si a ellos les gusta encontrar los juguetes en su sitio, por ejemplo.

Pero cuidado, es fácil caer en el juicio y la crítica si no lo valoran como tú lo haces. De esto hablaré en el punto número ocho.

5- Educar en las consecuencias, no en el castigo

En ocasiones queremos que nuestros hijos vean que su habitación está desordenada o el salón sucio y usamos juicios que probablemente pondrán a la defensiva a nuestro hijo y dificultarán la implicación y colaboración.

Puedes limitarte a observar de forma neutral lo que ves usando como refuerzo el “porque”: no encontrarás tu juguete en su lugar cuando lo busques porque está desordenado.

6- Evitar la obediencia o la imposición.

Es fácil caer en el error de estar dando constantemente órdenes: recoge, quita, pon, limpia…

Buscamos resultados y son un recurso fácil para obtenerlos. Sin embargo, mandar a nuestros hijos realizar una tarea por imposición  implica que somos nosotras las que tenemos una necesidad de orden o limpieza y esperamos a que sean nuestros hijos quienes la satisfagan.

“No me gusta tener el salón así, tenéis que recoger” (para que yo me sienta bien, vosotros tenéis que actuar)

En vez de esto, te animo a hacer preguntas para que sean ellos mismo que vean esa necesidad: ¿es importante para vosotros tener los juguetes ordenados y encontrarlos luego fácilmente? ¿Crees que si nos repartimos la tarea de poner la mesa terminaremos antes?

7- Persigue la búsqueda de soluciones.

Haz que forme parte de la solución y evita ser tú quién diga lo que tienen que hacer.

Las preguntas facilitan la participación e implicación y, además, les ayudan a generar confianza en sí mismos al considerarlos importantes y necesarios para encontrar soluciones.

Algunos ejemplos podrían ser:

¿Cómo podemos conseguir encontrar los juguetes en su sitio?

¿Se te ocurre alguna manera de no ensuciar los dibujos que quieres poner encima de la mesa (que está sucia, claro)?

8- Acepta que el orden y la limpieza son conceptos subjetivos.

Una de las barreras más difícil de superar es la de aceptar,  y saber afrontar desde el respeto, que tu hijo no ve desorden donde tú ves el caos.

Reconducir estas situaciones se puede tornar realmente complejo si, en el fondo, quieres que en ese momento realicen una acción sí o sí.

Si bien es importante hablar de límites, también es necesario tener herramientas para conducir el diálogo desde el respeto.

9- Dónde está el límite y cómo plantearlo

La convivencia también implica respetar unos mínimos que están definidos por nuestros propios límites.

Deja claro qué es lo que permites y lo que no. Pero atención, ten en cuenta el momento madurativo de tu hijo o hija y pon límites adecuados. Y, por supuesto, hazlo  desde el respeto y la empatía.

10- Expresión asertiva

Para fomentar la colaboración y la implicación es preciso generar un clima de respeto y confianza y, con ello, aplicar herramientas de comunicación empática.. Este tipo de comunicación nos ayuda a acercarnos a nuestros hijos y construir una relación de confianza favorable a seguir aprendiendo.

Todos estos tips que he compartido contigo tienen un elemento en común: la comunicación que usas con tu hijo e hija a la hora de educarlo.

Puedes aprender a transmitir respeto y confianza al mismo tiempo que aportas valores como el orden y la limpieza. Y esta es la base de la formación Comunicación Eficaz.

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