Mamá, ¿estás ahí? Mirando con ojos de bebé.

Abro los ojos y no noto el calor de mamá, me siento sola y tengo miedo. Lloro.

“Buenos días, preciosa”

Mamá me coge. Siento ese olor que me activa y busco su pecho moviendo la cabeza de lado a lado: quiero teta. Me pone en la bandolera y me ofrece el pecho. Mientras, prepara la ropa de mi hermano mayor y levanta la persiana de la habitación. Noto la luz que entra por la ventana y me refugio en su pecho. Escucho a mi hermano mayor quejarse, no se quiere levantar. Mamá se agacha y le da un beso. Mi hermano me ve y me besa también. Noto como ella se va moviendo mientras ayuda a mi hermano a quitarse el pijama y vestirse. Los escucho hablar y les observo. De fondo se oye la voz de papá: “El desayuno está listo”.

 

Nos sentamos en la mesa. Mamá me quita de la bandolera y me recuesta en su regazo y la veo llevarse una taza a la boca. Parece importante, intento cogerla. La toco. Está caliente y es agradable. Quiero volver a tocarla agitando el brazo y mamá me la acerca.

 

Nos vamos a la habitación. Mamá me estira en la cama y me habla. Mientras ella se viste escucho su voz, me sonríe, la sonrío y observo sus movimientos, que sigo con interés con la mirada.

 

Después noto el frío en el cuerpo, me está quitando la ropa. No me gusta y lloro. Mamá me coge y me envuelve en una manta que huele también a ella. Noto otra vez esa sensación de refugio y busco su pecho. Lo encuentro y me relajo. Escucho de fondo a papá y a mi hermano. Los oigo cada vez más cerca, más fuerte. Papá se despide: noto en la cabeza un ligero beso y el sonido de un chasquido en la mejilla de mamá.

 

Me suelto de la teta. Mamá me vuelve a estirar en la cama, mi hermano se estira conmigo y me habla. Yo me intento girar hacia él, quiero ver qué hace. Mi madre me va poniendo la ropa y escucho su voz mientras va explicando a mi hermano lo que vamos a hacer esa mañana: “hay que ir al cole y por la tarde iremos a merendar a casa de los abuelos”.

 

Una vez vestida, mamá me coloca en el fular. Mi hermano reclama su atención, no puede abrocharse su chaqueta. Noto como mi madre se agacha para ayudarle, mi cuerpo se inclina suavemente hacia atrás. Después me envuelve en su chaqueta y salimos a la calle.

 

Noto el frío en mis mejillas al mismo tiempo que el calor que desprende el cuerpo de mamá me reconforta. El balanceo del caminar de mamá me relaja, y me entra sueño.

Voy cerrando los ojos mientras escucho la voz de mi madre cerca de mí y la de mi hermano al lado, todo me resulta familiar y me siento tranquila y segura.

De lejos, la bocina de un coche, el taladro de un obrero o el sonido de las voces de las personas con las que nos cruzamos quedan en segundo plano, como si formaran parte de un exterior que ahora mismo no me interesa. Me quedo dormida escuchando el latido del corazón de mamá.

 

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Me despierto, sigo con mamá y su balanceo al andar. Mientras dormía ha ido a comprar y estamos llegando a casa.  Me remuevo en el fular, hay algo que me molesta y me quejo. Mamá para de andar, recoloca el fular para poder ofrecerme el pecho y sigue andando hasta llegar a casa con la compra. 

 

Ahora mamá me pone en un fular en su espalda. No le veo la cara, pero sus movimientos me resultan familiares y escucho su voz, que me va diciendo cosas, que no entiendo, pero me hacen sentir mejor su presencia. Empiezo a notar olores y sonidos distintos. Mamá está haciendo la comida. Canturrea, me habla y se mueve constantemente.

 

Me balanceo, huelo, escucho y miro todo lo que ocurre a mi alrededor. No me pierdo nada y me siento segura: estoy con mamá.

 

Después mamá se sienta tranquilamente y me da el pecho. Me entra sueño. Pero no me puedo dormir: mamá me ha quitado el pecho y eso no me gusta. Tiene que salir de casa y lloro para decir que no estoy bien. Mamá vuelve a ponerme en el fular y me ofrece la teta. Volvemos a salir a la calle. La teta, el calor del cuerpo de mamá y su balanceo al andar son la combinación normalmente infalible para que me entre un sueño irresistible.

 

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Me despierto, sigo sobre el cuerpo de mamá. Mientras he estado dormida hemos ido a buscar a mi hermano al cole. Ahora estamos en casa. Escucho a mi hermano jugar con sus muñecos y la voz de mi madre que le dice que hay que lavarse las manos e ir a comer. Puedo escuchar sus voces, y veo a mamá llevarse la comida a la boca, beber de un vaso, limpiarse con la servilleta… todo eso mientras, tranquila en la bandolera, estoy mamando.

 

Después de comer mamá me estira en el suelo encima de una mantita y me deja ahí un ratito. Puedo ver y escuchar a mi hermano, que de vez en cuando me dice cosas. Intento moverme y ver qué hace. . Mamá está a mi lado, la escucho hablar. Está sentada en el sofá doblando la ropa.

 

Volvemos a la calle. Otra vez el frío en la cara y el calor de mamá . Esta vez no me duermo. De hecho empiezo a llorar porque hay algo que me molesta. Mamá reajusta el fular y me ofrece la teta. Eso me calma y me siento un poco mejor. De camino a casa de los abuelos nos encontramos con unas amigas de mamá. Puedo escuchar a mamá conversar con ellas. También se dirigen a mí, que miro de reojo todo lo que ocurre a mi alrededor sin soltar la teta de la boca. Una de ellas me sonríe y me dice cosas, yo me suelto de la teta y le devuelvo el comentario con otra sonrisa.

 

Entramos en casa de los abuelos. Son voces y caras conocidas. Me dicen cosas y sonrío, desde la seguridad de los brazos de mamá. La abuela me coge en brazos y me mece mientras me canturrea una canción y me dice cosas. Le sonrío y ella me vuelve a decir cosas. Mamá aprovecha que estoy tranquila para jugar con mi hermano. Están haciendo una construcción muy difícil. A mi madre y a mi hermano les encanta construir cosas juntos.

 

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Volvemos a casa, y al cabo de poco llega papá. Yo estoy muy intranquila. Mamá intenta pasearme por la casa, pero hay algo que me duele y lloro. Mi hermano reclama la atención de mamá, también quiere estar con ella y la situación se vuelve un poco tensa. Papá le propone salir a dar un paseo en bicicleta, sabe que a mi hermano le encanta.

 

Nos quedamos tranquilas en casa. No se escucha a nadie. Mamá continúa paseándome por casa. Al final, me tranquilizo y mamá me pone en la espalda mientras ordena el comedor.

 

Llegan papá y mi hermano. Mi hermano se ha caído y llora. Pide los brazos de mamá. Noto cómo se inclina hacia delante, se agacha y le abraza. Le consuela y lo acompaña al baño a limpiar la herida que se ha hecho en la rodilla.

 

Mientras, papá prepara la cena.

 

Mamá me estira encima de una mantita en el suelo y juega conmigo y mi hermano hasta que se hace la hora de cenar.

Recostado en el regazo de mamá y mientras estoy tomando pecho, mamá, papá y mi hermano están cenando. Yo observo, escucho, huelo…

 

Después de cenar papá me estira en la mantita de nuevo y juega conmigo un ratito. Mamá acompaña a mi hermano a lavarse los dientes y a ponerse el pijama. Es la hora de ir a dormir y mamá siempre le cuenta un cuento para que se duerma.

 

Empiezo a llorar, no me siento bien. Papá me pone en la bandolera y paseamos juntos por el comedor. Finalmente llega mamá y me da la teta. Luego me pone en el fular en la espalda mientras recoge la cocina junto a papá. Los escucho conversar y noto cómo mamá se va moviendo mientras limpia la encimera. Esa voz, ese movimiento, la luz tenue de la cocina… me está entrando mucho sueño.

Nos estiramos en la cama, mamá me da el pecho y me duermo.

 

Durante la noche me voy despertando y noto la presencia de mamá. La huelo, me engancho a la teta y luego sigo durmiendo.

 

No noto el calor del cuerpo de mamá. Me siento sola y tengo miedo. Pero esta vez no lloro.

Sé que mamá me cogerá en brazos:

“Buenos días, mi amor”

 

Laia Simón

 

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