Operación biquini: la dieta de la piña

Más de una vez he intentado quitarme algunos quilos que llevo de más, aunque eso de que están de más lo digo yo, y todo es relativo. Pero la verdad, y que quede entre nosotros, siempre caigo en la tentación de un buen plato de espaguetis cuando me pongo en manos de una dieta. Y lo de tentación lo digo como si lo de la pasta fuera un pecado cuando haces una dieta, idea que es perfectamente cuestionable y que no voy a entrar a discutir en este post, que no toca.

Si algo tienen en común la mayoría de las veces que he intentado bajar de peso, es la terrible pereza que me da seguir un régimen. Eso de tener que elaborar un menú, cocinar según qué alimentos y quitarme de otros me ha supuesto casi siempre un gran esfuerzo. Seguramente por el hecho que, pese a querer unos resultados, el camino a recorrer me resulta muchas veces demasiado “cuesta arriba” para justificar el fin.

Así pues, en ese afán por intentar, sin mucho éxito, imitar al rebaño y apuntarme a la operación biquini de todos los años, antes de elegir el método que me permita conseguir unos resultados decentes, siempre invierto un poco de tiempo en buscar una dieta que me parezca asequible: que no me deje con hambre, me de algún capricho, no me obligue a comer lo que odio… En fin, una dieta que me dé lo que quiero: poco esfuerzo y muy buenos resultados, por no decir mágicos resultados con prácticamente ningún esfuerzo.

Y, en un blog de crianza, ¿qué tendrán que ver las dietas y mis quilos de más con las madres y los bebés?

 

Pues sí que tienen en común, sí, al menos en un principio.

pineapple-918690_1920En una de mis búsquedas por los mundos de internet de la dieta ideal, di con una que me pareció perfectamente asequible, incluso apetitosa, pues tenía como alimento principal, bueno, más bien único, la piña, una de mis frutas preferidas: era la archiconocida “dieta de la piña”. Lo tenía todo: en tres días perdía los quilos que quería, podía comer tanto como quisiera y además me gustaba. Rápida, “eficaz” y fácil.

Y es que en muchas facetas de nuestra vida nos pasan cosas similares cuando buscamos alcanzar un objetivo: lo queremos ya y sin muchas complicaciones ni esfuerzo. Y eso creo, sinceramente, que es genial. No creo que sean muchas las personas que quieran sufrir y padecer para lograr algo, ¿no? Lo que la mayoría ansiamos es conseguir nuestras metas sin dejarnos la vida en ello.

Y como éste es un blog de crianza y maternidad, voy a explicaros porqué os cuento todo esto.

Cuando proyectamos y analizamos (si es que lo hacemos) la alimentación de nuestros hijos e hijas, nos planteamos seguramente cómo puede ésta contribuir o perjudicar su correcto desarrollo. Conceptos como nutrientes, vitaminas hierro, calcio, azúcar añadido… empiezan a formar parte de nuestro día a día.

Poco a poco, se nos va creando la necesidad, no poco importante, de querer que nuestro hijo o hija esté bien alimentado. Pero es cierto que, es tal la cantidad de información que nos llega de lo que es una correcta alimentación, que muchas veces nos sentimos abrumados. ¿Es sano darle carne? ¿Mejor tiro de pescado? ¿Cuánto calcio necesitan sus huesos? ¿Verdura y fruta obligatoria? ¿Legumbres… todas? ¿Alimentos con fibra?… Y más, y más.

Y como somos conscientes de la importancia de una alimentación “correcta”, buscamos la dieta perfecta para nuestros pequeños: la más saludable. Esa que le va a proporcionar todo lo que necesita para ser una criatura saludable y sana. La que nos va a hacer sentir seguros y satisfechos de que estamos haciendo lo mejor para ellos, porque queremos lo mejor para ellos, está claro. Esa dieta que requiere, seguramente, que coman un listado de alimentos que, en algunos casos, ni uno mismo consume.

eat-547511_1920Y un día, mientras intentamos conseguir, sin mucho éxito, que nuestro hijo se coma las 5 raciones de verduras/frutas al día, vemos algo que nos llama mucho la atención. Es un producto que lo tiene todo: es fácil, rápido y nada complicado. El alivio a nuestras preocupaciones nutricionales, LA solución que resolverá la alimentación de nuestro retoño, que no quiere de ninguna de las maneras tragarse las lentejas que le hemos cocinado o esconde trozos de carne por todos los rincones de la casa. Es algo que, como la dieta de piña, nos ofrece el resultado que deseamos, sin complicaciones ni esfuerzos. O al menos eso creemos al ver el anuncio, en el que aparece un niño sonriendo de oreja a oreja y una madre feliz y orgullosa de darle lo mejor. Y nos gusta esa sensación, queremos vernos igual de tranquilos, satisfechos y relajados.

Y creemos en una solución rápida que aparentemente es eficaz y nos da los resultados que esperamos. Sólo necesitamos comprar el producto y dárselo a nuestros hijos.

Pero, volviendo al principio del post, después de los tres días de haber seguido la dieta de la piña… ¿qué ocurre? Pues como es lógico y normal después de tres días a base de un sólo alimento, me zampo una tableta de chocolate de aperitivo, un plato de pasta hasta arriba con salsa pesto, un estofado de ternera en el que mojo una barra de pan y de postres, como no, deboro un buen helado de turrón.

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Pero tranquilos, que cuando me dé cuenta otra vez que mi dieta no es la òptima ni la más saludable y quiera ponerle solución a otra operación biquini, seguro que encuentro otra solución rápida, fàcil y apetitosa que, sin mucho esfuerzo, me haga salir de un apuro.  ¿O no?

Y como, llegados a este punto, ya habréis notado el tono irónico de este post, me gustaría deciros que:

  • No, no hay productos milagrosos que suplan una correcta alimentación. Al menos de momento.
  • Y sí, estamos expuestos a un bombardeo de información que nos invitan a creernos mucas cosas, la mayoría de ellas engañosas.

Y sí, por supuesto, tenemos la capacidad de ser crítios a todo lo que se nos pone delante e identificar el engaño del producto

Siempre habrá “dietas de la piña” tentadoras por su simpleza, en eso consiste su “gancho”. Si sabremos identificarlas y decidir si las seguimos o no, dependerá de cada unos de nosotros.

Desmitificando el BLW

Parece que esto de la alimentación complementaria autoregulada, está de moda. Debe haber algún lobby poderoso, oculto en la oscuridad, que nos quiere conducir a que alimentemos a nuestros bebés con alimentos nada o poco procesados… Al fin y al cabo, se trata de alimentar a nuestros hij@s del mejor modo posible para que crezcan de forma óptima, sanos y fuertes.

¿Se trata solamente de alimentarlos? Es decir, detrás del acto fisiológico de comer, ¿hay algo más a parte de cantidades y proporciones de proteínas, carbohidratos, minerales, vitaminas…? ¿Importa el modo en que comemos, con quién comemos, cómo nos sentimos cuando comemos…?

No es que quiera ponerme trascendental. Es que el acto de alimentarnos no sucede separado del resto de nuestras funciones: respiramos, miramos, olemos, hablamos y comemos rodeados de un entorno concreto. Mientras comemos nos estamos relacionando con el mundo. . Mientras comemos, recibimos información de nuestro alrededor, y la percepción de nuestro entorno genera información y emociones en nosotros.

A la vez, tenemos que cumplir con obligaciones laborales, y queremos seguir una planificación en casa, porque la organización es importante. Necesitamos controlar aquello que nos afecta y preocupa para estar tranquilas. Uno de los temas que más preocupaciones genera en las madres, es la alimentación de nuestros hij@s. También genera muchas dudas.. total, siempre se ha alimentado a los bebés con papillas, ¡ y están bien sanos! Entonces, ¿por qué cambiar?

Analicemos los mitos que envuelven al BLW. ¡Igual no es oro todo lo que reluce!

 1: el BLW es una moda: una moda laaarga, porque cuando yo empecé a oir hablar del tema, hace unos 5 años, ya había numerosos blogs e información disponible al respecto. Al fin y al cabo… las papillas de cereales y los potitos, ¿han existido siempre?

Lo más curioso es que se trate de una moda, cuando no hay nadie detrás esperando obtener un beneficio.. bueno, tal vez, no se… ¿los agricultores? ¿los fabricantes de cazuelas?

Quizás solo se trate de volver a lo básico y natural.

 

 2: preparar una papilla es más rápido y sencillo: vamos a ver… necesitas los utensilios de cocina (cacerola, cuchillo, cucharas, recipientes,…), la papilla en polvo o los ingredientes que vayas a cocinar (y en tal caso lavar, pelar y trocear), espacio en la cocina, un fogón donde poner a cocer los ingredientes o donde calentar agua … Y luego, preparar tu comida.

Nuestros bebés pueden comer lo mismo que cocinamos para nosotras, solo debemos tener en cuenta algunas consideraciones, que son prácticamente las mismas que para hacer triturados, con la diferencia de que cocinamos una sola vez, con la mitad de trastos para lavar y guardar después, y en la mitad de tiempo.

 

 3: practicar blw es muy sucio: este es cierto (si tienes un perro en casa, ni lo notas :)), pero es igual de sucio que dar papillas y triturados. Yo he visto lanzamientos de cuchara con triturados, espectaculares. Mucho más que las caídas a peso de un trozo de zanahoria al suelo.. 

 

 4: mi hijo no va a comer lo suficiente si no le doy triturados: el estómago de un bebé no es igual de grande que el estómago de un adulto. Lo digo porque algunas veces me he asustado con el plato de triturado que se le daba a un bebé de 6-8 meses. En el plato había más comida de la que me comería yo. Y os aseguro que soy buena comedora. Decidir nosotros, los adultos, la cantidad que debe ingerir otra persona (aunque esa persona sea un bebé), es eliminar de la ecuación la capacidad de esa persona para saber cuánta hambre tiene

Ahí el bebé tiene dos opciones: negarse con las estrategias de las que dispone (que son pocas: llorar, tirar la comida, cerrar la boca..) o aprender a comer las cantidades que le “ofrecemos”, con lo cual, estará aprendiendo a comer más de lo que necesita.

Nuestro miedo a que no tengan los nutrientes que necesitan para crecer sanos, son razonables y comprensibles, pero el la gran mayoría de casos, son eso, miedos. Si en casa comemos más o menos de todo, en una sociedad como la nuestra, con los alimentos básicos al alcance de todos, es poco probable que nuestro hij@ tenga alguna carencia nutricional, sin un problema de salud que lo provoque.

 

 5: los bebés siempre se han alimentado con papillas: ésta si que no la acepto. Lo que entendemos por papillas actualmente, son polvos de muchos cereales, procesados y preparados.

Es cierto que en la antigüedad, y aún muchas tribus lo hacen, se daban algunos alimentos, los más duros, medio masticados por las madres, a los bebés. Se trataba de los mismos alimentos que consumía el resto de la família. Los cereales (al aparecer la agricultura) también se daban a los bebés molidos,  molidos igual que los que comía el resto de la família, y de los que se tenía cultivo. Estoy segura de que no hacían mezclas de 8 cereales distintos.

Las papillas tal y como las conocemos, aparecen a principios del siglo XX. Y se convirtieron en norma, porque había intereses económicos. La industria de la comida para bebés es hoy en día grande y muy presente en todas partes. 

 6: no va a querer comer con cuchara y tenedor: ésta no la he escuchado mucho, pero también es falsa. Al contrario, cuando el bebé puede investigar y experimentar con la misma comida que comen los demás miembros de la famíla, mientras coméis todos juntos, va a tener interés por usar los mismos utensilios que vosotros. Porque aprendemos por observación e imitación. Les encanta coger la sopa con cuchara, y los trozos de carne, pescado o verdura con el tenedor. En cuanto adquieran la capacidad de hacer la pinza correctamente, van a querer usar cuchara, tenedor, vaso y plato. Y lo mejor, es que aprenden muy deprisa y son conscientes de que están consiguiendo un logro notable cuando ven nuestras caras de anonadadas sonrientes.

 

Y tu, ¿has lidiado con algun otro mito respecto a la alimentación complementaria?

 

Mònica Pons

 

PD: si te han surgido más dudas y preguntas al respecto no dudes en comentarnoslas. Y si sientes curiosidad por descubrir estrategias y recursos para aplicar con seguridad el BLW, a la vez que educas a tu hij@ para que su relación con la comida sea saludable, ¡pincha en el enlace que hay debajo!

Superar la barrera del trabajo para practicar el BLW

¿Te has preguntado cómo te vas a organizar con la alimentación de tu hij@ cuando empieces a trabajar?
Si tu bebé no ha llegado a los 6 meses, la leche seguirá siendo su alimento principal. Pero pasado ese periodo de tiempo empiezan a haber cambios en las pautas de alimentación y queremos y necesitamos tener la certeza que nuestros hijos siguen una alimentación “correcta”. Eso nos lleva a reflexionar sobre los alimentos que deben comer y en qué cantidad, así como su frecuencia. De hecho, esto es una de las cosas que nos indican los profesionales sanitarios, aunque, como ya hemos comentado en otros posts, a veces suele ser una angustia en vez de una orientación.
Pero no sólo eso.

 

Al plantearnos cómo enfocar la alimentación de nuestros bebés, muchas de nosotras también intentamos ser respetuosas en el proceso de aprender a comer y dejamos que nuestros bebés sigan su propio ritmo y atiendan a sus propias necesidades. Sabemos que es beneficioso permitir que nuestros hijos se mantengan conectados a su capacidad de detectar cuándo su cuerpo les reclama comida y cuándo no.

 

Y también podemos entender que terminarse la comida o comerse aquello que no soportamos para que mamá/papá (o el adulto de turno) esté contento, no se enfade, no castigue… también tiene su parte negativa a largo plazo.
Sin embargo, es cierto que, algunas veces, nuestra incorporación al trabajo puede suponer un impedimento para conseguir estos objetivos. Y digo puede, porque creo que es posible respetar los ritmos de nuestros hijos en la alimentación, aunque nosotras no estemos siempre presentes.

En el proceso de aprender a comer se ponen en marcha una serie de recursos y aprendizajes que nuestros bebés aplicaran en muchos ámbitos a lo largo de su vida, no sólo en el de la comida. Es un proceso que incluye aspectos no relacionados estrictamente con la nutrición.
Es el bebé quien debe aprender, a su ritmo, experimentando, decidiendo, no desconectando de su cuerpo y de sus necesidades biológicas, ni tampoco de su curiosidad, los alimentos que se le irán ofreciendo. Descubrirá texturas, olores, colores, sabores… agradables o no. E irá haciéndose una idea de lo que es la comida, del efecto de saciedad, de placer, de disgusto… que provocará en sus sentidos.
Cuando enfocamos la alimentación desde ese punto de vista, lo que buscamos, más allá de una correcta nutrición, es no vincular la alimentación a chantajes emocionales que pueden hacer que nuestros bebés coman para satisfacer la necesidad del adulto (asegurar una correcta alimentación de su hijo), y no su apetito propiamente dicho.
Y esto es tan sólo un ejemplo, porque los beneficios del BLW son muchos más.

BLW comer juntos

 

 

“Es posible respetar los ritmos de nuestros hijos en la

alimentación, aunque nosotras no estemos siempre presentes”

 

 

 

Cuando tenemos claro lo que queremos, educar desde el respeto puede ser más fácil cuando se está presente, puesto que somos nosotras las que sabemos cómo deseamos hacer las cosas y somos nosotras las que lo aplicamos.
Pero en nuestro país, el permiso de maternidad dura 16 semanas, eso si eres un asalariado. Si eres autónoma o emprendes un negocio…. puede que el tiempo a disfrutar en casa sea menor. Un bebé con 16 semanas (pongo este número, pero es aplicable a bebés mayores), no necesita ser cuidado por otras personas que no sean su madre (o figura maternante). Debemos tener claro que esa necesidad es del adulto que, por la razón que sea y sin entrar en juicios que no llevan a ninguna parte, necesita que alguien ocupe el lugar de cuidador/a durante unas horas para atender a su hijo y poder ir a trabajar.
Eso hace que, en un principio, respetar los ritmos para aprender a comer no sean compatibles con incorporarnos al trabajo, ya que cuando nos vamos a trabajar, queremos y necesitamos tener la certeza que está todo “bajo control”. La comida de nuestro hijo entra dentro de esa necesidad lícita de saber qué, cómo, cuándo y qué cantidad de alimentos está ingiriendo nuestro bebé cuando no estamos presentes.
Así pues, como los triturados son un método de alimentación conocido por la mayoría, no hay que dar muchas explicaciones ni cambiar nada de nuestro entorno. Nos resultará relativamente fácil explicar a las personas que van a cuidar a nuestro bebé mientras estemos trabajando qué debe comer el bebé. Y si es en un centro, lo estipulado en bebés pequeños también serán los triturados, así que no habremos de plantearnos nada más.
Podemos pensar, entonces, que aplicar el BLW no siempre resulta fácil si nos tenemos que incorporar a trabajar. Lo cómodo, entonces, es dar triturados a nuestros bebés. Es la manera normalizada de alimentarlos y, aparentemente, la más fácil de aplicar cuando tienen que ejercer ese papel personas que no conocen otra manera de hacerlo.

 

 

BLW cocinando

Pero entonces, ¿dónde queda esa conexión que ya tenía desde su nacimiento con sus necesidades biológicas de saber cuándo, cuánto y qué comer?

¿Damos pasos hacia atrás si establecemos unas cantidades de comida adecuadas y unos alimentos determinados y triturados?

Además, ¿le estamos quitando la oportunidad a nuestro bebé de descubrir la alimentación por sí sólo, con todos los beneficios que eso conlleva?

 

Seguramente ahora te estarás haciendo una pregunta..

¿y qué hago si quiero practicar el BLW y tengo que irme a trabajar?

 

Lo primero que te diría es: tranquila, sea cual sea la decisión que tomes, estoy segura que será la que creas que se adapte vuestra situación concreta. Por eso creo que hay varias respuestas a todas estas preguntas, pues cada caso y situación es diferente. Pero voy a darte algunas ideas.
Puedes hablar con la persona que tenga que hacerse cargo de tu bebé y explicarle tus necesidades. Es posible que vea las cosas del mismo modo que tú. A veces es cuestión de transmitir, no sólo la confianza en nuestro bebé y en sus capacidades en cuestiones de alimentación, sino también en las de la persona que lo va a cuidar.
Puedes optar por que la persona que se haga cargo de tu bebé le dé alguna toma de tu leche (tendrás que tener en cuenta cómo te organizas las extracciones) y así puedes encargarte de dar la AC siguiendo BLW. Dependiendo de la edad de tu bebé, deberás tener en cuenta que la alimentación principal hasta los 12 meses es la leche, por eso se le llama alimentación complementaria.
Y, finalmente, también puedes pactar que, pese a no practicar BLW, se respete la necesidad del bebé a decidir la cantidad que quiere comer, permitiéndole una actitud más activa en su propia alimentación. Así pues, añadir galletas a la papilla de fruta para que esté más dulce, hacer el avión o ver la tele para distraerle y abra sin ser consciente la boca… entre otras cosas, deberían ser temas a tratar con la persona que va a cuidar a nuestro pequeño.

 

Si conoces todos los beneficios del BLW, sabrás lo importante que es para tu bebé ser respetado en todo este proceso. Infórmate, consulta y habla con las personas de tu entorno para organizarte de la mejor manera que a ti y a tu bebé os convenga. Piensa que es una inversión que haces para el futuro de tu bebé.



  




LAS 3 TRAMPAS A EVITAR EN LA INTRODUCCIÓN A LAS PAPILLAS

6 meses. ¡Qué bien! ¡Cuántas ganas teníamos de que pudiera comer papillas ya!

Tantas, que hace días que tenemos en casa algunas esperando poder prepararlas: una sin gluten, una de 5 cereales y otra de arroz y zanahoria. Buscamos referencias sobre algunas marcas y elegimos cuidadosamente la que nos pareció mejor para ti. También tenemos en la despensa: mazanas, plátanos, peras, pollo, arroz, patata y calabacín… hasta hemos buscado recetas para prepararte la combinación más nutritiva.

Más o menos esta es la ilusión de los padres cuando nos indican que nuestro bebé ya puede empezar con la alimentación complementaria. Seguimos al pie de la letra las instrucciones que hemos recibido: un alimento cada cuatro días, cuando pruebe algo nuevo mejor por la mañana o al mediodía, cómo mezclar la papilla de cereales sin gluten con la que tiene gluten para ir introduciéndolo poco a poco… Refleja unas expectativas y un “timing” que los padres nos hemos creado en nuestro imaginario, es lógico. Lo vemos constantemente en los conocidos, en la tele, en las revistas habituales sobre bebés…

Luego entra en juego un personaje: nuestro bebé.

De hecho, es el protagonista de la historia: él va a empezar a comer alimentos distintos de la leche. Nosotr@s vamos a poner todo nuestro esfuerzo y ganas en que la adaptación sea rápida y fácil: organizamos un menú semanal, planificamos las compras de alimentos frescos casi a diario (habéis buscado una frutería en el trayecto del trabajo a casa donde poder parar a comprar cada día), y compramos baberos y platos y cubiertos (ya nos habían regalado todo eso, pero has visto unos monísimos y total, vas a necesitar uns cuantos para que no se quede sin platos y sin babero…)

Y por fin, preparamos la primera papilla: compota de manzana. Todo listo en la mesa, y tu bebé sentado en su trona. Tu rostro es una mezcla de ilusión, sorpresa, y alegría mientras te acercas a tu hij@ pensando que deberías tener a mano la cámara de fotos (o sea el móbil) para hacer una foto de tu bebé comiendo para enviársela a tu pareja y a los abuelos. Y ahí empieza el embrollo: tu hij@ escupe la compota de manzana que con tanto cariño has preparado, y la escena que te habías imaginado, desaparece mientras la mesa, la silla y la pared de enfrente reciben un poco de compota por si quieren probarla (nota mental: quizás debería poner algo delante por si vuelve a hacerlo, que pintamos hace poquito…).

Pasan los días, escuchas consejos y comentarios de un montón de gente dispuesta a ayudarte en esta empresa, ya puedes mezclar algunos ingredientes, ya puedes darle papilla con gluten (o eso te parece, ha escupido varios días la sin gluten, y la mezcla gluten y sin que has ido preparando..) y crees que de un momento a otro, tu bebé va a empezar a comer (por favor), ya has cogido un ritmo de lavadoras que te permite tener baberos y ropa limpia (de tu hij@ y tuya) y has descubierto un método para limpiar la pared. El suelo… bueno, ya tienes un recambio de la fregona preparado también. Tu cara ya no refleja ilusión, sorpresa y alegría, sólo una sonrisa preparada para intentar que el bebé no tire el plato antes de que puedas coger la cuchara, y algo de nervios.

Pero no hay manera: tu bebé no quiere papillas. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué no come?

Vamos a analizar brevemente las 3 trampas que encierra la introducción a la alimentación complementaria:

  1. La textura errónea: seguro que muchas personas te han dicho que no debes estar triturando bien, tal vez sea demasiado grumoso, o demasiado líquido, o demasiado espeso. El tema es que no estás haciendo bien la papilla.

Tu bebé está acostumbrado a la leche, que es líquida. Quizás todavía tiene reflejo de extrusión o quizás se trate solamente de que a tu bebé no le llaman la atención esas papillas porque además de que le están saliendo los dientes, está en una etapa en la que quiere llevarse todo a la boca, apretar, morder… y con la papilla no puede hacerlo.

 

2. Demasiada mezcla: ¿cuántas veces en la edad adulta comemos mezclas de 6, 7, hasta 9 cereales distintos?, ¿cuántas veces no probamos un plato nuevo porque no identificamos los alimentos individuales que se han usado para hacerlo? No nos hacemos éstas preguntas porque estamos habituados al sistema.

Tu bebé está interesado, quiere conocer los alimentos que te ve comer a ti. Si mezclamos varios de ellos, no va a saber a qué sabe la patata, el pollo, la zanahoria o el arroz, va a conocer el sabor de la mezcla. Y no podrá identificar cada alimento con su textura, su color y su sabor hasta que se lo dejes probar por separado. Pero ahora, ya está preparado para descubrir los alimentos, si lo hacemos del modo adecuado (medida, cocción,..) será más sano y divertido para él, conocer de verdad la comida, sin tener que redescubrirla con 2 o 3 años.

 

3.¡Lo hace a drede!: ésta es la peor de las trampas, y a tod@se nos ha pasado por la cabeza alguna vez. Y si no se nos ha pasado por la mente, alguien nos ha propuesto la explicación al problema que nos preocupa: es el bebé, que se ha empeñado en hacernos enfadar.

Los bebés, no actúan con intenciones veladas. Esa es una forma de relacionarse con el mundo que aprendemos a medida que crecemos, de nuestro entorno. Los bebés se comunican contigo de la forma que pueden hacerlo: al principio, solamente pueden llorar cuando algo les incomoda, les duele, les molesta. Luego pueden empezar a interaccionar con sonrisas y ruiditos contigo. Cuando aprenden a  moverse, añaden el movimiento: se acercan a ti, te tienden los brazos, o los ponen delante de ellos, si no quieren algo. Y todo ese lenguaje que desarrollan, es muy importante, para ellos y para ti, porque es la manera como se comunican contigo. Si le escuchas con la mente abierta, enseguida sabrás qué puedes hacer para ayudarlo, para acompañarlo en su descubrimiento del mundo.

 



  

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3 razones para respetar el ritmo de nuestros hijos aun teniendo poco tiempo.

Si hay una cosa de la que estoy prácticamente segura es que a la mayoría de madres nos preocupa la alimentación de nuestros hijos. Aunque eso pueda implicar que entendamos ese concepto desde puntos de vista diferentes.

Preguntas sobre cómo hacer que coman verdura o fruta, acepten el pescado o dejen de comer bollería industrial, suelen ser temas recurrentes entre las madres. Con más o menos inquietud abordamos estas cuestiones y tomamos decisiones que irán acordes a nuestra manera de entender la alimentación.

Sea lo que sea que entendamos por una nutrición correcta, en general, tenemos la idea de que debemos generar un listado de alimentos, unas cantidades y una frecuencia en consumirlos. Idea que viene avalada cuando, al cumplir X meses (y pongo una X expresamente porque lo de la lactancia exclusiva hasta los 6 meses no todos los pediatras lo respetan), salimos de la consulta con un papelito que nos dice exactamente eso: alimentos, cantidades y frecuencia de lo que debe comer nuestro bebé.file0001564894818 (1)

Estas pautas, sobretodo justo después de salir de la consulta, pueden dar la seguridad y confianza que muchos padres necesitamos para tener la certeza que estamos haciendo “lo correcto” en lo que a alimentación se refiere. Todo es medible y concreto, lo que hace crear la idea que “eso” es lo normal y salirse de esas indicaciones puede ser motivo de alarma.

Así pues, cuando nos iniciamos en la alimentación complementaria, nos proponemos cumplir los objetivos que nos ha marcado el pediatra o la enfermera en esa guía sobre alimentación. Empezando por cómo y cuándo deber comerse la papilla de cereales, hasta cuántos gramos de carne debe contener la papilla de verdura, son orientaciones que demasiadas veces se toman como inamovibles.

Y mis preguntas vienen ahora.

¿Qué hacemos si nuestro bebé no quiere comer todo lo que le ofrecemos?

¿Cómo nos sentimos si rechaza la comida?

¿Qué recursos usamos cuando no comen lo que creemos que deben comer?

 

Cuando una madre tiene un bebé que se lo termina todo, muestra orgullosa al mundo lo buen comedor que es su bebé. Y todo el derecho que tiene, faltaría más. Igual derecho que tiene la madre del bebé que sólo se ensucia los labios con la comida, pues el concepto de buen o mal comedor está asociado a la cantidad y variedad de comida que ingiere el bebé. Y esa idea no respeta las individualidades de cada uno de nosotros.

Si somos capaces de entender que dos adultos no necesariamente tienen los mismos gustos ni requieren la misma cantidad de comida, ¿por qué nos cuesta tanto aceptar que pasa lo mismo con nuestros hijos?

Nosotros estamos preparados al nacer para saber cuándo tenemos hambre y cuando no, aunque la mayoría de nosotros tenemos esa capacidad un poco olvidada, por no decir atrofiada.

También tenemos la capacidad de distinguir olores y sabores que nos harán preferir una comida a otra. Porque cada cual tiene sus propios gustos, ¿no?

En el momento en que dictamos una lista de alimentos con sus frecuencia y cantidad fija. En el momento en que decidimos que un bgalleta para niñosebé necesita tomar un alimento concreto sí o sí (sin que haya una “prescripción médica”)… ¿Estamos respetando la capacidad de decidir de un bebé si tiene hambre o no? ¿Respetamos su capacidad de decir “no me gusta”?

Si partimos de la idea que un bebé (o no tan bebé) es consciente de su necesidad de comer o no y de saber si un alimento le gusta o no, llega un momento en el que ese bebé puede rechazar la comida, ya sea porque no tiene hambre o porque no le gusta.

 

 

En esa situación, ¿qué hacemos?

  • Distraerlo para que coma más (tele, teléfono, haciendo el avión…)
  • Dejarle sin algo que le gusta (postre, juego, nuestro rechazo…)
  • Darle un premio para que se lo termine (puede ser algo tangible, pero también sería un premio la aceptación del adulto)

Si nos fijamos en estos ejemplos, que está claro que podrían ser más, nos daremos cuenta que entran en acción aspectos emocionales del desarrollo de nuestro hijo o hija. Ya no estamos hablando de razones nutricionales estrictamente.

Poniendo como principal objetivo, sin tener en cuenta nada más, que nuestro bebé se termine lo que nosotros consideramos necesario, podemos llegar a usar recursos que afecten a aspectos que no son estrictamente nutritivos. Y creo que hay razones suficientemente importantes para no ir por ese camino:

Razón 1:

Con mucha frecuencia se usa el chantaje y el castigo para conseguir que nuestros hijos se coman el plato que les hemos puesto delante. Y no sólo me refiero a quedarse sin jugar o sin postre.

También podemos emplear, aunque no seamos conscientes de ello, un chantaje emocional que aprovecha el fuerte vínculo que tenemos con nuestros hijos. Frases como: “si comes mamá/papá estará contenta/o” o “si no te lo comes mamá/papá se enfada” son recursos muy potentes, puesto que es fácil asociar comerse el plato a ser aceptado y querido por mamá (o papá, claro): si me lo como mamá estará contenta, no se enfadará y entonces me va a querer.

¿Qué motivos tienen entonces para comer lo que les hemos puesto?

Razón 2:

Es cierto que los padres y madres necesitamos tener el control, queremos estar seguras de que nuestros hijos comen y se alimentan correctamente, y eso es bueno, pero no en detrimento de su salud emocional.

A veces no es tanto el hecho que se terminen lo que les damos sino facilitarles el acceso a alimentos nutritivos que no perjudiquen a largo plazo su salud. De este modo también estamos favoreciendo su nutrición. El ejemplo que podemos darle nosotros de una dieta nutritiva y saludable puede llegar a ser más eficaz que forzarle a comer aquello que no quieren comer.

Razón 3:  

Respetando sus necesidades nutricionales le estamos ayudando a largo plazo. Cuando te encuentres delante de una situación que genere conflicto entre tus necesidades y preocupaciones como madre y las necesidades y decisiones de tu hijo porque no quiere, por ejemplo, comerse lo que has preparado, piensa en cómo te gustaría que reaccionara delante de alguna cosa que no le gusta en la vida y que es malo para él. Estoy segura que tú no tienes intención de ofrecerle nada malo, pero estamos hablando del aprendizaje emocional que queremos que haga nuestro hijo: decir no.

Aprender a comer no sólo es ingerir una serie de alimentos que nos han dicho que debe comer nuestro hijo o hija. Es cierto que la alimentación de nuestros pequeños es importante para su correcto desarrollo, pero partiendo de la idea que es un aprendizaje y que eso implica aspectos del desarrollo que van más allá de la nutrición, nuestra responsabilidad también debería estar enfocada en respetar esa experiencia para que puedan crecer globalmente sanos, tanto física como emocionalmente.

En todo este camino pueden surgir dudas, conflictos y replanteamientos. Te animo a reflexionar y acompañar las emociones que nos generan a nosotros, los adultos, y en cómo podemos resolverlos partiendo desde el respeto hacia nuestros hijos y también hacia nosotras mismas.



  

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Laia Simón

Laia Simón

Soy mujer, eso lo primero. Y el ser mujer me ha dado la oportunidad de ser madre de 5 criaturas que me han enseñado a serlo de modos muy distintos.
Me siento afortunada de poder ver la vida con emoción, pese a que las lágrimas me llenan los ojos con mucha facilidad.
Y ahora deseo lanzar mi experiencia y mi conocimiento acompañando a otras mujeres en un camino que no siempre es fácil: la maternidad.
Para ello, me he formado como asesora de porteo Mimos y Teta y como Asesora Continuum.
Y sigo formándome, y sigo aprendiendo, y sigo comunicando… es mi pasión.
www. nunnutit.com


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LA CURIOSIDAD, LA PINZA Y LA PRISA

collage blw

Tengo un reloj de cuerda que decora una de las estanterías de mi comedor, junto a unos  libros. Nunca le doy cuerda, pero este fin de semana mi hija me preguntó cómo funcionaba. Y le di cuerda. Ahora, me apetecería dejar de oír su incansable tic-tac y aunque lo tiraría por la ventana, me resigno a guardarlo en un cajón. Siempre me ha puesto nerviosa  ese marcar constante y sonoro del paso del tiempo. Me hace tener prisa, correr, como si no fuera a llegar a donde quiero si no voy rápido.

La prisa, en ésta sociedad en la que vivimos, nos hace perdernos detalles muy a menudo. Detalles pequeñitos, pero preciosos, brillantes, tesoros de lo cotidiano que dejamos pasar sin darnos cuenta. Y esa tendencia me preocupa especialmente cuando observo a mis hijas, o más bien, cuando me doy cuenta que en uno o dos días, casi no las he observado. El placer de observar el comportamiento de otro ser lo descubrí en mi época de estudiante: entender mediante la mirada y la escucha lo que sucedía con una manada de lobos, con una família de gorilas, o con dos aves del paraíso apareándose, me fascinaba.

¿Os imagináis a una loba animando a sus crías a cazar antes de estas puedan coordinar bien sus patas con su vista para poder correr y perseguir una presa?

Y del mismo modo, ¿os imagináis a una  chimpancé dándole una fruta a su cría antes de que pueda cogerla con sus manos?

Yo no. A veces da la sensación de que tienen una calma innata, un saber esperar al momento oportuno para cada nuevo reto. Se trata del instinto. Nunca había extrapolado esta visión tranquila y lógica de la evolución y maduración de las crías de otras especies en los humanos. Hasta que fui madre.

Y después del shock inicial de la lista de alimentos, como mezclarlos, cocinarlos y triturarlos y en qué cantidades, y la perplejidad de ver que mi hija no tenía ninguna intención de comer aquellas mezclas (y mucho menos papillas de cereales)… empecé a observarla con más calma. Y luego caí en la cuenta de que ella, era una cría de mamífero, y yo, la estaba haciendo correr.

 

probando pure

Porque cada bebé tiene su propio ritmo de desarrollo, y lo mejor que podemos hacer es seguir la velocidad que lleve el bebé. Llegará a aprender lo mismo, pero lo habrá vivenciado de un modo muy distinto.

 

 

 

 

motricidad fina

Claro, tenemos muchas ganas de verlos comer sentaditos, de ver como alcanzan nuevas metas y crecen.

Esperar a que suceda lo que, al fin y al cabo va a suceder igual, nos cuesta mucho.

Por eso no emocionamos al salir del pediatra con las hojas de alimentación complementaria, y al cabo de tres o cuatro días te preocupas porque tu bebé quiere teta (o biberón) y no la comida que le estás dando. Y terminas preparando papillas deliciosas (que te comes tu), invirtiendo un tiempo valioso en lavar, pelar, cortar y triturar, y luego en lavar todos los utensilios utilizados… para nada. Porque tu bebé no tiene intención de comer aquello y ha desarrollado una habilidad extraordinaria para  esquivar tus manos o escupir lo que consigues meter en su boquita. ¿Hay un modo más fácil, llevadero, sencillo? ¿Otra forma de organizar su introducción a la alimentación sólida?

 

Os propongo un juego de observación. Os aseguro que cuánto más se juega, más se divierte una 😉

Se trata de responderos éstas preguntas mientras estéis con el bebé:

1.¿tu bebé coge objetos con las manos? hacia los 6 o 7 meses, desarrollan la habilidad de hacer la pinza con el dedo pulgar y el resto de la mano, es todavía algo torpe, pero útil. Un par o tres de meses más tarde, ya hacen la pinza con el pulgar y el índice. Entonces el agarre es mucho más preciso.

2.¿puede permanecer sentado sin ayuda? y si és que sí, ¿se inclina a coger los objetos que le llaman la atención? también hacia los 7 meses, pueden estar sentados y mover el tronco y los brazos hacia los objetos a los que quieren llegar.

3.Si llegan a coger los objetos, seguramente verás que también se los llevan a la boca. Es su forma de investigar y conocer el mundo: tocar, oler, probar… si uno de esos objetos es un trozo de comida, ¿escupe  la comida que se lleva a la boca? y no porque no le guste el sabor, me refiero a ver si aún mantiene el reflejo de extrusión (es una defensa involuntaria del cuerpo para evitar tragar algo que no sea el alimento: la leche), que desaparece hacia los 6 meses de edad.

4.¿siente curiosidad por lo que tu estás comiendo? ¿quiere cogerlo, tocarlo, llevárselo a la boca, jugar con la comida? Si a ésta respondes que sí, perfecto porque somos seres curiosos, y la curiosidad es el motor del aprendizaje.

5.Y la última, la del 10: observando varios días a tu bebé, ¿puedes ver una evolución en su forma de probar la comida? fíjate en si primero la tocaba con labio y lengua, después empezó a meter la comida en la boca. Después, la movía por la boca y pareció que intentaba masticarla ( luego resultó que sí, que la masticaba), y finalmente, empezó a tragar algo de comida. Si has conseguido ver esos cambios, ¡enhorabuena! has visto el desarrollo natural de aprender a comer. El alimento de los primeros meses de vida es líquido y muy fácil de tragar. Luego, mientras van apareciendo los dientes, tu hij@ ha aprendido a masticar nuevos alimentos, más duros, espesos, de distintos sabores, y al final, ha aprendido a tragárselo.

 

Entre los 6 y los 12 meses (más o menos, porque cada bebé tiene su ritmo), todos sienten curiosidad por esas cosas que comen papa y mama, y las personas que le rodean. Si seguimos su curiosidad y le dejamos probar la comida, veremos como juegan con ella.

Aunque se ensucia un radio enorme alrededor de una persona tan pequeña, es maravilloso ver el proceso que siguen para conocer el sabor y la textura de los alimentos, y como disfrutan haciéndolo.

Y a partir de ahí, sólo acompañarlos en el descubrimiento. Durante esos primeros meses, no comen mucha cantidad, si respetamos su decisión, veremos que igual comen mucho un día y casi nada al siguiente. Mis hijas, los días en que no comían casi nada del plato, me pedían más teta, vamos que con hambre no se quedaban. Y cada una fue a su ritmo: la mayor tenía mucha curiosidad por probar, pero no por comer. La pequeña tenía mucha curiosidad y muchas ganas de comer. Cuando para los padres, pasan muchos días “sin comer” casi nada (seguro que toman más leche), nos ponemos alerta, pensamos que igual les pasa algo, en llevarlos al médico, en “ofrecer” más comida, en que no va a crecer según el percentil…

Cada bebé se desarrolla a un ritmo diferente de los demás en todos los aspectos de su evolución: cognitivo, emocional, psicomotriz, fisiológico. No hay que alarmarse  🙂

Está bien. No pasa nada. Nos ponemos nerviosas, claro. Pero entonces recordamos que está conociendo la comida, y de momento, es una alimentación complementaria: su alimento principal sigue siendo la leche (materna o artificial). Y podéis seguir viviendo esta etapa de descubrimientos tranquilamente.

 

 

Mònica Pons

 



  

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