5 preguntas para hacerte antes de dar a luz

antes del parto

Durante mi primer embarazo, estuve leyendo mucho acerca del desarrollo del bebé intraútero. Y de cómo eran los partos “normales”. Leí algún libro sobre cómo debía sentirse el bebé dentro de la barriga de la madre ( El vínculo afectivo con el niño que va a nacer, Dr. T. Verny), también alguno sobre la llegada del alma a su cuerpo (ésto es un poco metafísico pero me sentí muy cómoda con la visión de la reencarnación que encontré en Los nueve peldaños, A. Givaudan, D. Meurois).

Tenía miedo a que pudiera haber algún problema durante el parto. Sobretodo, mi miedo era no poder soportar el dolor, no poder ayudar a mi bebé a nacer, no poder parir tal y como parió mi abuela a sus 7 hijos. Siempre la vi como una mujer muy fuerte, poderosa, luchadora. Supongo que ir acercándome al final del embarazo y sentir que llegaba el momento, que no había vuelta atrás, me hizo verla más empoderada todavía.

Se que es una visión algo inocente, porque seguro que ella debió sentirse sola y vulnerable e insegura, al menos en su primer parto, que fue en el que más sufrió, según ella misma me contaba.

En mi segundo embarazo, después de la experiencia (bastante positiva y de la que tengo una vivencia muy feliz), tenía algo más claros algunos aspectos a los que no había prestado atención durante mi primer embarazo. Todo ésto me sirvió para poder superar, a pesar de todo el dolor e incertidumbre, lo que sucedió. (las vivencias de mis partos) al final de mi segundo embarazo.

 

Mis 5 preguntas para hacerse antes de dar a luz (un tiempito antes, no dos semanas antes :-)) son éstas:

 

1-¿cómo de cómoda quiero estar?

¿eres de estar en zapatillas y pijama por casa, o no? lo digo porque para mi, no es lo mismo estar cómoda y a mi aire, sentada en el suelo, o en el sofá, que estar con los zapatos de calle y “bien” vestida… yo no estaría igual de cómoda. Durante el parto, puedes sentir libertad de movimientos, caminar cómo y por donde quieras de tu habitación, o puedes estar tumbada y conectada a un suero y a las correas, con los movimientos limitados. (El primer parto de Laia Simón)

Cualquier detalle a tu alrededor que te haga sentir bien, relajada, segura, hará que todo fluya mejor, y que sea más fácil para ti sobrellevar las temidas contracciones. Un ambiente íntimo y tranquilo favorece la secreción de la oxitocina que tu cuerpo genera durante el parto (y las contracciones dolerán menos). Alguien desconocido que entra de golpe en la habitación, que te hagan muchas preguntas, un tacto detrás de otro, etc.., puede frenar a tu cuerpo, que deja de producir oxitocina, y el parto se estanca.(la comodidad de la madre o del profesional)

 

Claro que cada una se conoce y sabe qué le puede incomodar y qué no. Por eso es importante que te plantees muy seriamente ésta cuestión, porque el lugar donde vayas a dar a luz debería estar en concordancia con lo que tu vas a necesitar para estar presente, consciente y poderosa, durante el parto.

 

2-¿quién quieres que esté a tu lado durante el parto?

por lo general, todas decimos ”nuestra pareja”. Hace 50 años no había hombres presentes en los partos (a veces, solo a veces, un médico), ahora es algo normalizado. Michel Odent por ejemplo, no es partidario de que los hombres estén al lado de sus parejas durante el parto (Entrevista con Michel Odent). Pero resulta que eso también es decisión tuya: si quieres parir sola, adelante. Si quieres que tu pareja esté a tu lado porque te transmite tranquilidad, porque sabe acompañarte, o porque te hace reír y vas a necesitarlo, adelante también.

Y si quieres que esté tu madre, tu hermana, tu tía, tu doula, tu vecina, tu mejor amiga o quien sea, pues también adelante.

Sé que ésto puede generar un conflicto, pero el momento de ser madre es suficientemente importante (porque es tu cuerpo el que ayuda a recibir la nueva vida que ha creado) para anteponer tus necesidades a las de tu pareja, tu madre, tu hermana o quien sea. Hablando con el corazón en la mano, tu pareja lo entenderá si lo que quieres es que no esté.

 

3-¿tu comadrona y/o tu ginecólogo te dan buenas vibraciones? ¿te sientes cómoda con ellos?

Si tu embarazo lo ha “controlado” el Sistema Nacional de Salud y no es de riesgo, te habrás ido citando con una comadrona. Y si había algún riesgo, con un ginecólogo. En ambos casos, cuando vayas al hospital, te vas a encontrar con el equipo que esté de guardia.

Reconozco que saber que no conoces al equipo médico que va a asistir tu parto es algo inquietante. Pero os aseguro (al menos en mi caso fue así en ambas ocasiones) que cuando llegué al hospital, lo que menos me importaba era si conocía o no a las personas que me iban a  atender en caso que hubiera alguna complicación. Confío plenamente en los profesionales de la salud y se que si es necesario, actuarán con celeridad e intentarán ayudarme, por supuesto.

Lo que me generaba más inseguridad, era que no me explicaran lo que iban a hacerme si debían intervenir.

Lo que me inquietaba era que no me escucharan si yo decía NO a alguna prueba, o tacto, o intervención.

Lo que no me hubiera gustado, es que no me contaran claramente lo que iban a hacerme antes de hacerlo.

Afortunadamente para mí, el equipo médico que me atendió en el primer parto fue cariñoso y empático conmigo, y excepto en un momento concreto, me sentí muy bien atendida, y respetada.(Protocolo de atención al parto normal)

 

Si tu embarazo lo “acompaña” un médico de mútua, privado, la cosa cambia. Porque seguramente el equipo médico que te atienda en el parto sea su equipo. Entonces sí que importa, y mucho, que analices si te sientes cómoda, respetada y escuchada en las visitas.

Y que le hagas muchas preguntas, todas las que necesites hacerle, las que creas que son importantes y las que no.

 

En ambas situaciones, lo óptimo es que TU sepas qué quieres, sepas que la que está de parto eres tu, que no estás enferma y tampoco has perdido facultades mentales por ponerte de parto.

Si no te sientes cómoda con el equipo médico que te ha tocado (incluso con la matrona que te visita durante el embarazo por la SS) puedes pedir un cambio. Tienes todo el derecho a cambiar de ginecólogo, de comadrona y de hospital, cuando quieras. Aunque estés de 8 meses. Si eso va a hacer que te sientas mejor, adelante. Los médicos y las matronas saben hacer su trabajo tanto si han visto crecer tu vientre como si no, atienden partos a diario. Pero tu parto, el tuyo y de tu hijo, solo lo vas a vivir una vez, así que escoge consciente y tranquila.

 

4-¿qué bienvenida quieres brindarle a tu bebé?

El bebé que crece dentro de tu útero puede oír los ruidos a su alrededor desde aproximadamente las 20 semanas de gestación, y a las 25 semanas están totalmente formados los oídos, aunque el líquido amniótico amortigua los sonidos que percibe. Conoce tu respiración, el ritmo de tu corazón, el ruido de tus órganos, y también tu voz. Tal vez no entiende las palabras que le digas, pero si comprende los sentimiento que se desprenden de tus palabras. El 80% de lo que transmitimos es lenguaje no verbal: las miradas, la posición, el movimiento de nuestro cuerpo, el tono de nuestra voz, transmiten información. Y nuestro bebé puede sentir cómo te sientes: tu tono de voz, la tensión de tu cuerpo, la velocidad a la que late tu corazón… no sólamente porque oiga lo que sucede, sino porque cualquier respuesta tuya al entorno, se traduce en unos niveles hormonales determinados que desencadenan reacciones en tu cuerpo, y en el suyo, puesto que vive dentro de ti, y recibe parte de las hormonas que tu cuerpo fabrica. Igual que a ti te envuelve tu entorno, tu le envuelves a él, eres su entorno.

Durante el parto, tus hormonas le acompañan, tu respiración, tus sensaciones, tu voz. Y tus nervios, la medicación que te pongan a ti también le afectará a él, tu presencia o no también le afecta. Su separación de ti en  cuanto salga de tu cuerpo, también le afectará. (Restaurando el paradigma original, Nils Bergman)

 

Así que pregúntale también a tu equipo médico sobre el protocolo para el recién nacido: lo podrás coger, le cortarán inmediatamente el cordón umbilical, se lo llevarán de tu lado para pesar, medir, test Apgar…, o pueden hacer todo eso más tarde, o delante de ti..?

 

Para tu bebé, también va a ser el único día en que nazca (en ésta vida, si crees en la reencarnación), así que cuanto más amoroso y respetado sea el entorno que lo reciba, mejor, ¿no crees? (Plataforma Pro Derechos del Nacimiento)

 

5-¿y después del parto?

Bueno, ésta pregunta tiene trampa, lo reconozco… después del parto te preguntarás cosas cada día, y ya no dejarás de preguntarte cosas sobre tus hijos, y eso está bien. Encontrar tu propio camino, tu manera de ser madre, de criar. Descubrir tu fórmula para ser madre, sin prejuicios, sin ataduras sociales autoimpunestas… es genial. Y cada una encontrará su senda.

Pero los primeros días… esos en los que estás a la vez cansada y feliz, exultante de emociones, abrumada, desesperada, nerviosa, perdida, tranquila, dormida, preocupada…. y un sinfín más de sentimientos, a veces contradictorios, pueden ser especialmente duros. Para tí, que te estrenas como mamá, y para tu bebé, que se estrena como persona fuera de tu ser. ¿qué necesitáis de verdad de la buena,tu y tu hijo? ¿serenidad?¿tranquilidad?¿contacto? ¿ternura? ¿ajetreo? ¿ruido? ¿espacio? (mis primeras horas como madre)

 

Las primeras semanas de adaptación entre los dos también són únicas, y pueden marcar mucho el recuerdo que tengas con los años, de las vivencias de entonces.

 

Tómate tu tiempo, elige según sientas, haz partícipe de tus decisiones a las personas que quieres que estén a tu lado. Y si en algún momento quieres cambiar de opinión, cambia.

 

Feliz fin de semana del Parto y Nacimiento Respetados

Estrategia para criar hijos autónomos (que no autómatas)

 

La ropa nos define. Define nuestro estado de ánimo, cómo nos sentimos, a donde vamos, .. puede proporcionarnos libertad, o ser una cárcel, un factor limitante. Igual que el resto de elementos que rodean nuestra vida: las relaciones, el trabajo, los vecinos, la tele, …

Mi hija mayor, tiene ahora 5 años. Tiene un estilo digamos.. ecléctico: ella puede salir a la calle con una falda gris con corazones blancos y un ribete monísimo de color rojo, una camiseta verde, una chaqueta de chandal marrón con un dibujo en rosa, medias lilas y botas de montaña. A mí me cuesta un poco (a veces horrores) no cambiarla de ropa, no obligarla a vestir de otro modo, no forzarla a ser más “aceptable” para los demás. A ir más”mona”.

 

se tu mism@

 

Por supuesto vivimos en sociedad, somos animales sociales, y buscamos la aceptación de nuestros congéneres. Sentirnos aceptados y parte de una comunidad nos proporciona seguridad y confort. Ese sentimiento de pertenencia a un grupo no debería estar reñido con ser como eres. Pero muchas veces lo está.

Seguramente ahora estáis pensando que soy una exagerada. Probad ésto: pensad en vuestros recuerdos de infancia, en qué ropa os ponían y en cómo os sentíais con ella, en cuántas veces os mandaban callar antes de decir dos palabras seguidas, en si os sentíais juzgados escuchando a los mayores hablar de uno sin tenerle en cuenta (estando presente). ¿Cuántas veces sucedieron esas escenas? ¿Creéis que cambiaron vuestra forma de comportaros, vuestra manera de presentaros al mundo? No hablo de las normas básicas de convivencia, sino de esos detalles sutiles que fueron dando forma a al concepto de vosotros mismos desde el exterior.

 

 

Tampoco se trata de comentarios ni miradas malintencionadas, aunque esconden (muchas veces de forma subconsciente) juicios y suposiciones:

¿te vas a poner esa ropa?

¿ya come bien?

¿es buena niña?

¿se porta bien?

Y podrían traducirse, más o menos así:

¿quieres ir así vestida?

¿come todo lo que tu quieres cuando tu quieres y como tu quieres?

¿está callada y quieta y sin molestar cuando tu deseas?

¿hace lo que le dices cuando y como se lo ordenas?

Llevamos éstas frases llenas de juicios de valor grabadas a fuego en la frente. Y son valoraciones vacías que regalamos a nuestros hijos en cuanto nos despistamos.

 

Los comentarios y valoraciones que expresamos deberían ser positivos y respetuosos, o presentar una crítica constructiva. Eso nos permitiría seguir acompañando el libre desarrollo de la autoestima, la autonomía, el criterio propio y la libertad de nuestros hijos para ser en función de su propia esencia.

 

Durante mis embarazos, pensaba en como me gustaría que mi hija fuera de mayor. Me gustaría que fueran (ambas, cada una a su manera) grandes personas, y pensaba en una lista como ésta:

feliz

valiente

inteligente

divertida

sana

con voz (propia)

con personalidad (propia)

con autestima

cariñosa

con criterio (propio)

 

Si hacéis una lista de vuestros deseos, seguramente se parecerá a ésta.

¿Pero qué sucede en nuestro día a día, cuando no hace lo que necesitamos que haga, cuando no se viste como quisiéramos, cuando no sigue el ritmo marcado (por nosotros)?

¿cómo reaccionáis?

 

Queremos hijos con voz propia, que no se dejen engañar, que sepan defenderse, que tengan opinión. Para que pueda ser así, debemos propiciar que esas cualidades se desarrollen en ellos.

 

Pero como ya he dicho, vivimos en sociedad: hay horarios, responsabilidades, prisas, una logística organizada… y se nos olvidan los deseos y vamos a lo que nos parece más rápido (que conste que eso nos pasa a tod@s), y el resultado suele ser un conflicto.

Cuando no escuchamos ni dialogamos, no estamos permitiendo las opciones, ni que sea el niñ@ quien decida. Entramos en modo institutriz. Y el conflicto acaba en lucha de poder. A la vez, ya no estamos propiciando

su individualismo (quiero hacer algo distinto a lo que tu me dices),

su capacidad de decisión (y si lo hiciéramos de otro modo),

su autoestima (lo que yo digo o pienso no se tiene en cuenta),

ni su criterio (mi opinión no vale, vale la de los demás).

 

Entonces, ¿cómo gestionamos éstas situaciones? Hay algunas estrategias que pueden ayudar. En mi caso, me funciona lo siguiente:

 

  1. Respira. Tu hij@ tiene opinión y sentimientos. Párate un momento y respira hondo antes de hablar. Muchas veces vamos tan acelerados que necesitamos que obedezca a lo que pedimos sin pensarlo dos veces. Tenemos tantas cosas que hacer que el comportamiento de tu hij@ descuadra con el horario establecido.
  2. Escúchate. Pregúntate qué necesitas en ese preciso instante, que te molesta, para esperar que tu hijo te obedezca sin rechistar. Qué hace que no quieras ceder ni escucharle. Por qué te pones a la defensiva. 

    Este punto es muy importante. Vivimos en una sociedad burocratizada, “normalizada”, con horarios, obligaciones, objetivos y reponsabilidades que asumimos como necesarias todo el tiempo, y que a veces, nos limitan. Organizamos nuestro día a día al segundo, no hay espacio para discutir. Ni siquiera con nosotros mismos. Tal vez al pasar por alto nuestras necesidades, también perdemos la capacidad de escuchar las necesidades de los demás.

  3. Escúchale. Que quiere decirte. Establecer un diálogo con tu hij@ te ayudará a conocerle, a saber como se siente, que es lo que piensa.. y si lo haces a menudo, verás como le apetece hablar más contigo y contarte sus cosas. Da igual si tiene un año, tres, cinco o diez. Nuestros hijos tienen vivencias y experiencias desde que nacen (incluso antes), saberse escuchado reconforta; estás plantando la semilla que servirá para crear una relación madre-padre/hij@ basada en la comprensión, la confianza y la complicidad.
  4. Sé práctic@: piensa en cuántas veces la posición “porque lo digo yo” ha iniciado una batalla de leones/leonas que todavía ha alargado más la situación problemática. Ejemplos:-irnos a dormir ya

    -terminarse todo lo que hay en el plato

    -ir a ducharse

    -nos vamos ya del parque

    -la ropa que ponerse

    -…

    Ahora piensa en alguna de éstas situaciones, ¿cómo se hubiera desarrollado si en lugar de insistir en modo institutriz, te hubieras parado a preguntarle a tu hij@ por qué no quiere, qué le pasa, o simplemente escuchar su demanda? Quizás solamente quería hacerte una pregunta, a lo mejor estaba contento y quería darte un abrazo (maravillosos abrazos espontáneos)..

Seguramente en lugar de emplear 10 o 15 minutos en “resolver” el conflicto con rabieta, lloros o chillidos              incluidos, emplearías 5 min en escucharos y llegar a un acuerdo.

 

Todo aquello que hacemos desde la plena conciencia en lo que sentimos y pensamos, nos enriquece a nosotros y a nuestros hijos.

 

Lo mejor de mi estrategia, es que aunque al principio cuesta horrores, a medida que voy practicando, me escucho más, paro a respirar sin pensarlo, cambio mi mirada antes de hablar. Y cuando no lo consigo, también me resulta más fácil rectificar, disculparme (desprenderse del tozudo orgullo de querer tener razón también es un aprendizaje).

Y al meterme en la cama y repasar lo que he vivido ese día, me siento más orgullosa de mí misma. Y más orgullosa de mis hijas.

Y eso es maravilloso, ¿no crees?

La escuela, el médico y la toma de decisiones

El viernes pasado me llegó una notificación escolar. En realidad, algunos niños de la clase de mi hija, hacía unos días que contaban que iban a venir unos médicos al cole.

En la revisión, de la que no te explican qué van a revisar de la salud de tu hij@, no va a estar ni su padre ni yo presentes. No entiendo el motivo de la dicha revisión. Me cuestiono algunas cosas:

1.Para empezar, ni a los alumnos, ni a sus tutores legales (los padres) se nos ha explicado en qué consiste la revisión (ésto es un derecho del paciente; como el paciente es menor, quien debe ser informado de los procedimientos a seguir, son los padres o tutores legales)

2.Además, si la revisión se efectúa en la escuela, se deja al niño sin la posibilidad de estar acompañado por alguien de confianza (éste es otro derecho de los pacientes)

3.Puedo entender que se quiera tener una idea de cómo está la salud de la infancia, pero esa estadística puede hacerse con los datos que se obtienen de los niños que sí van  a hacerse una revisión médica. Si no se tienen suficientes datos, y son realmente necesarios, que incluyan más revisiones pediátricas entre los 2 y los 10 años. Con el pediatra de tu hij@, y contigo a su lado.

 

derechos y deberes

Siguiendo con mi reflexión sobre si autorizar o no la revisión, me percato de que:

-se mezclan competencias de salud y de educación: ¿por qué hacer revisiones en los colegios?

-si autorizo la revisión, estoy renunciando (yo, en nombre de mi hij@) a que alguien conocido le acompañe durante la revisión y le explique lo que necesite

-si fuera necesario realizar más revisiones pediátricas, ya estarían incluidas en el calendario de salud… digo yo

 

Así que no he autorizado la revisión.

Es una opinión muy personal, lo se. También se que la salud no es solamente la ausencia de enfermedad. La salud es un estado de bienestar físico, mental y emocional. Buscar parámetros de enfermedad física para saber sobre el estado de salud de una franja de la población es algo simplista. Y con esto, no me refiero a la función del personal sanitario, sinó al política estatal. ¿Qué pasa con la composición de los alimentos destinados a la población infantil? ¿Qué pasa con la práctica de ejercicio físico, las actividades al aire libre, el tiempo que un niñ@ pasa con su família.., y que le permitirán crecer en un estado de bienestar real? ¿Se hacen estudios estatales para saber qué emociones predominan en los niñ@s? ¿Si se sienten felices, frustrados, alegres, rabiosos…?

 

Cada vez más a menudo me da la sensación de que se obvian la capacidad de decisión, la visión crítica y la opinión de las personas, en aras de la seguridad, la salud, la prevención de lo que sea,… Y la verdad es que muchas veces nos dejamos llevar por esta corriente de desinformación informada, nos parece bien y no escuchamos esa vocecita interior que empieza a decir “¿seguro que esto es necesario?”, y la silenciamos. Y eso sí que es un problema, porque al final nos creemos todo. Al final creemos que no tenemos poder de decisión: lo hemos cedido.

Por si acaso.

Porque lo hacen por mí.

Porque saben más que yo.

Porque yo no sé.

 

No lo hagáis. No cedáis a la corriente sin escuchar vuestra vocecita interior. Seamos críticos. Preguntemos cuando tengamos dudas. Cuestionemos cuando no nos parezca correcto. Formémonos una opinión antes de decidir.

Parece una exageración lo que hoy os estoy contando (solamente es una revisión en el cole, por favor…), pero se trata de nuestro bienestar y el de nuestros hij@s. Y de enseñar a nuestros hij@s a pensar, cuestionar, preguntar, decidir con voz propia. Porque el no decidir lleva a ceder ese poder sobre lo único que nos pertenece: nuestra vida. Y entrar en esa inercia, aunque sea con la decisión más trivial, es peligroso.

Así que, si os encontráis en la misma situación, o en cualquier otra, escuchad vuestra vocecita interior. Formaros una opinión sobre lo que os preocupa antes de decidir. Decidáis lo que decidáis, pensadlo primero.

Eso es bueno, es sano, es sabio. Y si la decisión es autorizar la revisión en el cole, perfecto. Siempre que sea vuestro criterio, y no la inercia la que os lleve a tomarla.

Empodérate.