Y después del parto… ¿qué?

Lo tienes todo preparado: la bolsa para llevar al hospital, la cuna, el cambiador, ropa, pañales de recambio, una habitación preciosa hecha con mucho amor e ilusión… parece que todo está donde debe estar. Sólo falta el bebé.

 

Y el bebé llega. Los pocos días que pasáis en el hospital, estás en una nube: hay enfermeras, que, si te hace falta, bañan y cambian al bebé. Y tu descansas porque no tienes nada más que hacer que estar. Estar con tu bebé. Todo bajo control.

todo bajo control

Luego, os dan el alta, y llegáis a casa. Parece que todo está perfecto… pero entonces empiezan las dudas…

 

Hoy está llorando mucho…

¿Será normal que haga tantas deposiciones?

¿Por qué hace dos días que no hace cacas?

Me duele el pezón…

Se despierta muy a menudo

Está durmiendo muchas horas…

 

Nadie te había contado nada sobre todo esto… Esta incertidumbre, tantas dudas. Los bebés sólo comían y dormían, ¿no?

Durante el embarazo leíste muchas cosas, te informaste de todo lo referente a la gestación y después para el parto… y se te olvidó informarte sobre todo lo que sucede después.

Tranquila, nos pasa a la mayoría. Y no solamente respecto al bebé. También las cosas que nos suceden a nosotras. Por ejemplo, a mí me sorprendió que mi barriga no volviera a su estado “normal”, cuando ya habían pasado ¡¡7 días desde el parto!! ¿Por qué no volvía a su sitio? Me sentía extraña en mi propio cuerpo. Al cabo de unos días más me pareció lógico, mi piel y mis músculos necesitaban más tiempo, tras 9 meses cediendo, para volver a ser como yo recordaba.

Las cosas pasaban de un modo diferente a como yo creía que iban a suceder, por mucho que lo intentara, los días se escapaban a mi control. En mi cuerpo, y también a mi alrededor: la ropa por lavar, los platos por fregar, el suelo por limpiar… todo iba a una velocidad muy diferente a como yo lo había imaginado.

 

Cuando ves una peli con bebés, o un anuncio, todo es maravilloso. Todo en su sitio, todo en silencio, todo limpio, una mamá perfectamente feliz, peinada y que siempre huele bien, y un bebé sonriente y dormido, al que nunca se le salen las cacas por los sobacos mientras piensas sobre cómo le vas a quitar el pañal sin mancharlo más aún.

Cuando en la peli aparece una mamá despeinada, dormida, dudosa, cansada… va acompañada de una casa descuidada. Esa mamá, pensamos, no sabe hacerlo bien. Tenemos una imagen muy clara y concreta de cómo debe ser una buena madre. Pues voy a decirte algo: esa imagen preconcebida de cómo tiene que ser una madre para ser buena madre, es, en la mayoría de casos, errónea. No te tortures más. Eres buena madre. De hecho, para tu bebé, tú eres la mejor madre, porque…

 

  • Seguramente miras enamorada a tu bebé durante horas (darse cuenta de la magia de lo que has creado a veces hipnotiza, y eso puede llegar a ser maravilloso)
  • Aun estando muy cansada, quizás sientes que necesitas alimentarlo, acunarlo, lavarlo… esa conexión le hace saber lo importante que eres para él, y él para ti
  • Te duermes con él sin darte cuenta : si estás cómoda durmiendo con él, túmbate, seguramente los dos dormiréis mejor, si no estás cómoda, intenta dormir tú también cuando lo dejes en su cuna
  • Aunque te agobie no tener la casa como quisieras, posiblemente se te olvida todo al escuchar sus ruiditos mientras aparece una sonrisa en tu cara, eso te permite estar presente con él, que te necesita mucho más que una casa limpia y ordenada, de eso se pueden encargar otros
  • Tal vez quieras levantarte y desaparecer porque la situación te abruma y al mismo tiempo sientes que no lo harás: en el fondo sabes que estos momentos desaparecerán pronto, los bebés crecen rápido

madre bebé contacto

Y tu entorno… tal vez te apetezca mucho estar con tu família o tus amigos, compartir tu maternidad, o no pensar en ella porque estás saturada. Eso está bien, rodéate de las personas que te hagan sentir bien.

O tal vez no quieras ver a nadie y que nadie te quite ni un minuto de estar con tu bebé. Eso también está bien.

Quizás necesitas a alguien que te ayude sin preguntar el por qué, sin juzgar lo que sientes o dices… que ordene la casa mientras tu estás con tu hijo en vez de que te digan “ve tranquila a hacer lo que necesites, que nosotros nos quedamos vigilando al bebé”. O al revés, porque prefieras moverte y hacer algo en casa en lugar de sentarte a mirar como duerme. Todas las opciones están bien. Cada una tiene su modo de adaptarse a la maternidad.

Y mientras tanto, no importa si estás peinada, si la casa está limpia, si hueles de maravilla o no, … Pregúntate qué es lo que necesitas, qué es lo importante para ti, y qué necesita el bebé.

Si necesitas tiempo sola, pide ayuda. Si necesitas salir de casa, puedes hacerlo. Si necesitas estar en la cama todo el día con el bebé cerca, adelante. Si necesitas desahogarte, hablar sin que te pregunten nada, busca alguien que pueda acompañarte.

Tener una persona que te acompañe amorosa y respetuosamente, sin preguntas, sin juicios de valor, sin condiciones, que te comprenda, te hará sentir respetada, segura, tranquila.

 

Respira. Disfruta. Date tiempo para acomodarte en tu nueva vida, en ese cambio que parecía que iba a durar 9 meses, y resulta que ya es para siempre. Verás que después, todo empieza a encajar: tu bebé, tu cuerpo, la organización de tu vida, tu maternidad.

 

Parir acompañada

El momento que llevas tanto tiempo esperando, llega al fin y al cabo. Cuando termina el proceso de gestación, cuando tu hij@ está preparad@ para nacer, para respirar, para empezar su vida fuera del útero, se inicia el parto.

 

El acto de parir, rodeado de leyendas, mitos, miedos, angustias, temores y dolor en nuestro imaginario, queda desprovisto de su esencia: el acto de parir es un acto fisiológico. Eso significa que si tu no opones resistencia, tu cuerpo pone en marcha todo lo necesario, sin que tu intervengas conscientemente, para que tu bebé nazca. Así de simple.

Se que en realidad no es tan simple, que son muchas horas, que hay dolor y temores. También se que hay ilusión, esperanza, confianza, valor. Y que todo es más fácil si confías. ¿En quién? En ti. Y en tu bebé.

 

Somos humanos. Y pensamos. Elaboramos escalas de valores, pensamientos abstractos y complejos, juicos y prejuicios de todo… y nos olvidamos de nuestra herencia. De nuestra condición de mamíferas. Y ocultamos nuestra parte animal. O al menos, lo intentamos.

Recuerdo que en mi primer embarazo, vi varios videos de partos en casa y en hospital. Y no entendía como aquellas mujeres podían quedarse desnudas delante del equipo médico o delante de una cámara en su casa. Chillando, llorando, bailando, riendo, pariendo. Aunque estuvieran pariendo. O sobretodo porque estaban pariendo. Cuando llegó mi parto lo entendí.

Entendí que durante el parto el tiempo tiene otro ritmo.

Entendí que tu conciencia está en otro lugar.

Entendí que nuestra parte animal necesita salir de nuestro interior para facilitar todo el proceso. Bueno, en realidad lo entendí al recordarlo, durante el parto simplemente sentí. Me dejé llevar. Primero por el dolor, la desesperación y el miedo. Y así pasé toda la noche. Después me rendí. Dejé de luchar, y pedí anestesia peridural. El dolor y los nervios que me atenazaban se calmaron. Y me quité la ropa aún no se cuando exactamente, balanceándome, andando, agachándome o tumbándome cuando yo quería. Y después, me reía cuando me decían que había estado 15 horas de parto.

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En mi segundo parto, aún sabiendo que teníamos que provocarlo, que seguramente mi hija estaría hospitalizada unos días, aún temiendo que pudiera tener secuelas, estando en un hospital mucho menos acogedor… me dejé llevar. Mucho más que en el primero (y de eso también fui consciente después). Lloré por no poder esperar a que ella decidiera nacer, lloré porque me sentía culpable (nuestra amiga la culpa siempre aparece en algun momento, aunque no tengas culpa de nada) por lo que estaba sucediendo. Luego hablé con mi hija. Le pedí disculpas porque tenía que nacer ya, porque debíamos vernos antes de tiempo, le pedí que fuera valiente y fuerte, que yo estaría con ella.. le dije que la quería muchísimo y esperaba que todo se pudiera solucionar. Luego pedí que me indujeran el parto de la forma más natural posible, que no quería oxitocina intravenosa. Quizás por mi mirada, o por mi tono, accedieron. El parto duró casi 24 horas.

 

Canté, bailé, conecté con mi hija, sentí el dolor de un modo distinto (dolor igualmente, pero cada contracción me acercaba más a mi hija, me ayudaba a acompañarla en su nacimiento apresurado), grité y aullé como una loba.

 

Además, no estaba sola. Mis hijas (una en cada parto) y yo nos acompañábamos mutuamente, en mi parto, y en su nacimiento. Y no estábamos solas. Una persona más estuvo todo el tiempo con nosotras. Muy cerca, pero lejos a la vez. Mirándonos con amor, observádonos, esperando el momento en que le pidiera algo con la mirada para acercarse, dispuesta a estar allí el tiempo necesario. Sin juzgar, sin preguntarnos nada más que lo necesario: ¿quieres agua? ¿pongo de nuevo la música? ¿tienes calor?, para asegurarse que entendía mi mirada.

Su labor fue acompañarme. Y lo hizo genial, desde su calma, su ritmo pausado, su amor. Yo confiaba y confío mucho en esa persona. Y para mi esa era la persona ideal para estar conmigo en mis partos. Ahora se que tal vez  una persona más, de características distintas, me hubiera ayudado mucho en algunos momentos, pero entonces no lo sabía. Y si lo hubiera sabido, habría tenido tres personas acompañádome, en lugar de una.

Te debes estar preguntando qué características ideales tiene que tener quien te acompañe durante el parto. Y también debes estar preguntándote qué pasa si mi X (marido, madre, hermana,..) no las tiene, porque le hace muuuucha ilusión estar ahí. Y claro, no le puedo decir que no quiero que esté.

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He conocido a mujeres que han intentado un parto natural porque su pareja estaba convencido de ello, pero no ellas, así que la experiencia no fue buena. He conocido mujeres que han discutido con sus parejas estando de parto, o que no se han sentido acompañadas ni apoyadas en esos momentos; para ellas el recuerdo del parto tampoco es maravilloso.

Aunque me toméis por loca, voy a deciros algo que siento desde mi racionalidad, como bióloga conocedora del proceso fisiológico del parto, y también desde mi feminidad:

 

El parto es la culminación de un proceso de creación de vida. Tu cuerpo es capaz de crear y nutrir una nueva vida. Y también es capaz de acompañarlo para nacer. Tu cuerpo es maravilloso y mágico. Y tu cuerpo forma parte de ti. Igual que tu cuerpo se abre a la vida, se transforma y cede, tu mente puede hacerlo también. O al menos, acercarse lo más posible, según tus creencias, ilusiones y limitaciones, a esa vivencia de comunión con la VIDA.

Para facilitar todo esto, para poder estar tranquila, sentirte acogida, protegida, acompañada, y poder dejarte llevar, y poder pedir apoyo y ayuda cuando lo necesites, es muy importante elegir quién va a estar contigo en el proceso del parto.

 

Desde mis experiencias de parto, si pudiera volver a ser madre, éstas son los temas clave que me ayudarían a elegir quién (o quienes) me acompaña(n):

1.Conoce y respeta rigurosamente mis deseos sobre como quiero parir.

2.Hemos acordado que escuchará por mi cuando yo no pueda hacerlo, por estar sumergida en mi mundo (respiraciones, contracciones, conexión con el bebé..).

3.Podrá defender mis decisiones y preguntar y pedir explicaciones sobre posibles actuaciones de emergencia durante el parto si yo no tengo fuerzas para hacerlo, para contármelo como yo necesite y que pueda dar mi consentimiento informado.

4.Tiene un carácter afable, agradable para mi. Me hace reír, me siento reconfortada con esa persona.

5.Me transmite calma y serenidad.

6.Comprende que puedo estar de buen humor o ponerme nerviosa y de mala leche durante el parto, y aunque “pague el pato”, sabe que no va con el/ella.

7.Es paciente, me comprende y respeta.

8.Tiene los conocimientos mínimos necesarios para abrazarme, acunarme, sujetarme, hacerme un masaje… y quiere hacerlo.

9.Tiene mis mismas creencias espirituales, o las respeta.

10.Sabe como ayudarme a recuperar confianza en mi misma cuando flaqueo.

 

Y en ningún caso, esa persona que te acompañe debe:

1.Agobiarse por tus gritos, lloros, risas etc,.., durante el parto.

2.Increparte por tardar demasiado, porque te quejes mucho o porque te sientas cansada durante el parto.

3.Ponerse nervioso/a, alzar la voz, chillar.

4.Ausentarse sin decirte nada, aunque ausentarse sea no salir de la habitación, pero ponerse a jugar con el móbil.

5.Hacer nada con lo que no te sientas a gusto: hacer fotos, grabar videos, contar chistes.. lo que sea.

 

Todo aquello que nos ayude a poder conectar con nosotras, con nuestro bebé, con nuestra mamífera interior, es positivo y bienvenido.

Por si sientes curiosidad, la persona que me acompañó durante mis partos fue mi pareja, el padre de mis hijas. Y si pudiera tener otro bebé, él volvería a estar conmigo, aunque también buscaríamos una doula que estuviera con nosotros, para escuchar y hablar si no podemos o no atinamos a reaccionar como quisiéramos, para estar presente sin estar, para ver la situación con perspectiva, en la cercanía silenciosa. Esa sería mi elección. ¿Y la tuya? Sea cual sea la tuya, tienes la libertad y el derecho de decidirlo TU. Ni tus compromisos familiares, ni tus elecciones anteriores, ni tu madre porque te parió a ti, ni tu pareja porque te quiere mucho, ni tu hermana porque le hace ilusión. Solamente tu, que eres quien va a vivir un parto, puedes decidir y acertar, quien va a estar contigo y tu bebé.

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Todo lo que nos rodea nos puede influenciar. Tener a nuestro lado a personas que nos transmitan la fuerza, la calma, la energía y la serenidad que necesitamos para vivir el parto en vez de sobrevivir a él, nos permitirá tener una vivencia más positiva y un recuerdo empoderador.

Elegir lugar para parir: lo que aprendí de mis 5 embarazos

Tengo que confesar que en mi primer embarazo no me cuestioné dónde parir. Pero también tengo que confesar que, después de mi primera experiencia de parto, fue una de las preguntas más importantes que me hice en los embarazos que tuve después.

¿Te has preguntado cuáles son las características más importantes que debe tener el lugar donde vas a dar a luz a tu bebé?

Después de la experiencia de cinco embarazos te voy a decir cuáles son, a mi parecer, las 5 preguntas que puedes hacerte y que te permitirán elegir con más seguridad el lugar que mejor se adapte a tus necesidades.

 

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  1. Saber cómo quieres parir.

En mi primer parto me di cuenta de una cosa: no me había planteado conscientemente cómo quería parir. Mi parto fue muy estresante, lleno de miedo. Dejando de lado la valoración de si las actuaciones de los profesionales sanitarios que me atendieron fueron o no fueron las más acertadas y óptimas, lo cierto es que el conocimiento y la información me hubieran hecho ser más partícipe de lo que estaba pasando en esos momentos. Y, quién sabe, quizás algunas de las cosas que sucedieron no hubieran tenido lugar.

Sin embargo, lo que sí que me quedó muy claro después de esa experiencia tan dura, fue lo que sí que estaba segura que no deseaba que se repitiera.

Conocer el proceso de un parto es importante para saber a qué nos vamos a enfrentar, así como conocer lo que puede ayudar o ser un impedimento para que el parto siga el curso que nosotros queremos.  No saber nos hace vulnerables a decisiones que podríamos tomar incluso antes de haber parido. Si sabes cómo quieres parir sabrás qué recursos, tanto materiales como humanos, debe tener el lugar que elijas para hacerlo.

 

  1. Las características de tu embarazo

A veces nos hemos preparado muy bien para un parto de los que denominan de bajo riesgo. Pero es cierto que los partos no siempre son así.

Recuerdo en mi segundo embarazo que me indicaron que mi bebé venia en posición podálica. Aunque después de informarme bien supe que la información me la dieron mucho antes de que se tuviera que tomar ninguna decisión importante (todavía había tiempo para que se colocara en posición cefálica), la noticia hizo plantearme decisiones que no había contemplado: desde la posibilidad de intentar un parto de nalgas hasta programar una cesárea.

Las situaciones que salen de la “normalidad” de un parto y hacen que se tengan que tener en cuenta otros aspectos también son tratadas bajo un protocolo que puede variar de un profesional a otro. El protocolo de parto puede llegar a ser muy diferente según el hospital o profesional del que hablemos. Conocer todas las opciones, con sus ventajas e inconvenientes es importante si quieres tomar una decisión consciente de cómo deseas recibir a tu hijo o hija.

 

  1. Elaborar un plan de parto

Una vez sabemos cómo queremos parir teniendo en cuenta las características de nuestro embarazo, es recomendable que esos deseos queden plasmados en un papel.

En el momento en el que te pones de parto no siempre estás en condiciones de tomar decisiones. La concentración y control en el periodo de dilatación, la intensidad del expulsivo, el momento irrepetible de conocer a tu bebé… hacen que entres en un proceso que con frecuencia te hace desconectar de tu entorno, incluso a veces también de las personas que te rodean si el contexto lo permite (sin interrupciones constantes, intervenciones que no son siempre necesarias, ambiente con poca luz, confianza en ti misma…). En ese sentido, también es importante tener la certeza que quienes te van a acompañar en el parto conozcan tus necesidades y deseos.

El objetivo de elaborar un plan de parto, pues, es dar a conocer a las personas que van a estar a tu lado desde que empieza el proceso hasta la llegada de tu bebé, cuáles son los recursos que puedes pedir durante el periodo de dilatación y expulsivo o qué acciones quieres o no quieres que se realicen (o se intenten evitar en la medida que sea posible). De este modo, si se da el caso que se tenga que tomar alguna decisión, ésta vaya en consonancia con lo que te gustaría que fuera ese momento único de dar a luz a tu bebé.

La elaboración de un plan de parto es muy útil si tenemos en cuenta que, según donde vayas a parir, las personas que te van a atender no van a ser las mismas que te han estado siguiendo durante el embarazo y no conocen cuáles son tus deseos y necesidades.  En este sentido, es importante saber hasta qué punto el lugar donde quieres dar a luz respeta el plan de parto que has elaborado.

 

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  1. La comodidad y la intimidad del post parto inmediato

El parto es un momento muy íntimo. Cada mujer lo vive en función de muchas variables que lo pueden hacer el momento más maravilloso, pero también quizás el más agotador, duro y doloroso.

Sin entrar en detalle sobre lo que puede hacer que no todas las mujeres vivamos el parto igual (ni siquiera la misma mujer vive todos los partos del mismo modo, me pongo yo como ejemplo), tampoco todas las mujeres vivimos el postparto de la misma manera.

El cansancio del parto, las ganas de mostrar la criatura al mundo, la necesidad de conexión con tu bebé, las visitas no deseadas… entre otras muchas cosas,  pueden condicionar que vivas con más o menos tranquilidad las horas posteriores al parto, cuando estás  recuperándote de todo el proceso.

De la comodidad de estar en un espacio familiar como tu casa a compartir con otra madre la habitación de un hospital hay varias opciones. Cada cual con sus ventajas y sus inconvenientes. Pero saber cómo va a ser el espacio donde vas a pasar las primeras horas de tu post parto es importante, porque de ello va a depender también que te sientas más tranquila y te puedas ocupar sin preocuparte de lo que en esos momentos priorizas: tu bebé y tú.

 

  1. Cuáles son los indicativos.

Por último, pero no menos importante, son los datos y estadísticas que pueden describir también el lugar elegido. Me refiero a cuál es el índice de cesáreas, por ejemplo, que se realizan y que, según la OMS no debería pasara del 20% de los partos que se llevan a cabo.

Además de las cesáreas, hay otras actuaciones que pueden formar parte del protocolo de atención a un parto normal (que son la mayoría) y de las  cuales hay informes que muestran las ventajas o inconvenientes de realizarlas. Conocer cuál es la posición de los profesionales del hospital en el que quieres dar a luz te dará una idea de cuál va a ser la tendencia de actuación cuando estés de parto y te encuentres en una situación que propicie dichas acciones.

También es importante conocer el grado de satisfacción de las personas que se visitan. Esta información no es siempre fácil de encontrar. Depende de cada hospital que estas estadísticas estén o no al alcance de los usuarios.  El hecho de que sean públicas, a mi parecer, también dice mucho.

 

Con estas 5 cuestiones no pretendo afirmar que parir de un modo sea mejor que otro. Pero sí que quiero que sepas que cuanta más información tengas más elementos habrá para terminar de decidir dónde y cómo quieres dar a luz y recibir a tu hij@. Eso no va a significar que la decisión sea más fácil, pero sí te hará más consciente y responsable de tomar las riendas de uno de los momentos únicos e irrepetibles de tu vida.