Ir al restaurante con niños y no morir en el intento

Comer, una acción súper sencilla ¿verdad? Piensa en un restaurante, lleno de gente, con tus amigos que hace tanto que no los ves… ¿Todo genial? Ahora piensa lo mismo, pero con gritos, llantos, una vocecilla que dice “papá, mamá” constantemente sin dejarte articular palabra… según cómo, ya no es tan genial. O sí.

Esa acción social tan utilizada para quedar con los amigos y evadirte del mundo queda olvidada en cuanto los niños empiezan a andar. Así que lo mínimo que deberíamos saber es cómo seguir disfrutando de estos momentos cuando nos convertimos en padres y madres.

Situaciones que nos irritan y que podemos solucionar
  1. Gritos y más gritos

    Para evitar esos gritos insoportables y conflictos entre los demás comensales lo mejor es el entretenimiento sobre la mesa: pequeños juegos de viajes, colores y cuadernos. Recuerdo una temporada que en el coche siempre llevábamos una gran bolsa con un “kit” especial por si la decisión de ir a un restaurante nos pillaba desprevenidos. Quizás en estas situaciones somos reacios a usar móviles, tablets y videojuegos, pero hay que tener en cuenta qué necesidades queremos cubrir (las nuestras y las de los niños) y si tenemos alternativas. Si la comida va a ser larga y nos apetece hacer una buena sobremesa, tal vez esas maquinillas nos pueden echar una mano, ¿no os parece?

    2. ¿Dónde se han metido?

    No todos los niños son iguales, lo sé. Lo he vivido yo misma con mis tres hijos. Recuerdo perfectamente lo relativamente fácil que era ir a los restaurantes con mi hijo mayor, al que se le podía entretener fácilmente con cualquier cosa en la mesa. Pero cuando tuvimos a nuestra pequeña y empezó a corretear… ¡Ni os explico la de veces que nos teníamos que levantar para buscarla entre los comensales! Y los la encontrábamos en cualquier rincón, ¡hasta en la cocina se nos coló una vez. Te pensabas que estaba en el suelo entretenida y de pronto había desaparecido

Los juicios a la hora de elegir un restaurante tienen que ser claros. Una opción a considerar para las criaturas más inquietas es informarse si el restaurante tiene zona de juegos o incluso personas que puedan estar a su cargo.

3. ¡Puagg, qué asco!

“No me gusta” es la frase más repetida por los niños en un restaurante. Cuando llames para reservar o antes de entrar en un sitio, pregunta siempre si tienen menú especial para los niños. Y con esto no me refiero a que tengan macarrones, carne, patatas fritas con ketchup y un huevo frito. Oye, que si es eso lo que les gusta, adelante. Sin embargo, considero que muchas veces, por el simple hecho de ser niño, se les priva de la posibilidad de comer los mismo que un adulto. Al fin y al cabo, lo que puede pasar es que un menú entero o una ración “de adulto” sea demasiada cantidad. ¿Os imagináis lo frustrante que puede ser para un niño a la que no le gustan los macarrones con tomate o la carne rebozada que le pongan siempre el mismo menú en los restaurantes? Yo sí, tengo a una en casa.

4- ¿Cuándo nos vamos?

La segunda frase más repetida por nuestros hijos puede ser la pregunta: ¿cuándo nos vamos? En el momento que sacan el café y nos apetece estar ese rato reconfortante después de la comida, nuestros hijos están ya cansados, se aburren y quieren irse cuanto antes. Tener un as en la manga guardado es una idea fantástica: un postre extra, una actividad especial… algo que les anime a estar un rato más mientras los adultos terminamos el placer de la sobremesa.

Soluciones sin complicaciones

Si todos estos consejos ya los has probado y no han funcionado, no te agobies. Quizás la solución definitiva nos es ir juntos y otra opción puede ser dejar a los niños en casa. Ir a un restaurante en familia implica tener la capacidad de comprender que todos tenemos nuestras necesidades, incluidos los niños. 

A veces lo que buscamos no es una actividad en familia, si no tener un momento íntimo con la pareja o un reencuentro con los amigos.  

Sin embargo, puede resultarnos complicado encontrar a alguien para que tenga a los niños, pero siempre habrá una persona que nos salve. Estas son algunas de las soluciones que proponemos:

1. Adorables abuelos

Nuestros padres pueden quedarse ellos. En la mayoría de casos son personas cercanas a los niños que pueden cuidarlos, complacerlos con gusto.

2- ¿Tíos? Por supuesto

La otra opción son los tíos. La familia puede ser una gran tribu y mucho más divertida si los primos tienen una edad parecida. Harán buena amistad, compartirán recuerdos y disfrutarán de la infancia todos juntos.

3- Me debes una

Todos tenemos algún amigo que nos debe un favor y esta es la ocasión perfecta. Además, si este fiel compañero tiene hijos y son amigos será toda una aventura para los pequeños. También las amistades pueden ser una maravillosa tribu a la que recurrir cuando se necesita.

4- Canguro por una noche

Una vez al año no hace daño. Contratar a un canguro por una noche es lo ideal si hay alguna celebración especial. Puede llegar a ser un poco caro, pero si no tienes otra opción elige esta. Te mereces una comida o una cena con tus seres queridos.

No hay excusa. Hay muchas opciones para disfrutar de los restaurantes. Olvídate de preocupaciones y disculpas ante los camareros. Hay que ser inteligente y ver siempre el lado positivo de las cosas. Saborea los pequeños momentos de desconexión y disfruta de la mejor manera de tus hijos. Parecen pequeños diablos, pero si sabes cómo tratarlos parecerán angelitos ante tus amigos.

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