!Y qué! ¡Tú también gritas cuando te enfadas!

“¡Y qué! ¡Tú también gritas cuando te enfadas!”

Recuerdo cómo me impactó la primera vez que escuché estas palabras hace 5 años.  Mi hijo sólo tenía 4 años y acababa de enfadarse muchísimo porque le dijimos que no podía salir al parque. Empezó a patalear y a gritar y al intentar calmarlo y pedirle que no gritara me recriminó que un día yo también había gritado cuando estaba muy enfadada.

 Independientemente de cómo acompañé esa situación (visto ahora, lo haría con más recursos, por supuesto) , ¡cómo me dolieron esas palabras! Por dos razones. La primera, por recordar que en otras situaciones no había podido mantener la calma. La segunda, por darme cuenta de la importancia que tiene el modelo que damos a nuestros hijos e hijas. 

 

Cómo nos remueven estas situaciones

Podemos vivir estos momentos en los que nuestros hijos nos recuerdan que no siempre aplicamos una educación respetuosa como verdaderos torbellinos internos. Pensamientos como “yo sólo grito de vez en cuando y tú cada día”, “por una vez que pierdo los papeles y mira cómo me lo echa en cara”, “es que hay cosas y cosas por las que enfadarse”…  son muy frecuentes y todos tienen un denominador común: buscamos comprensión y empatía… al igual que nuestro hijo en ese preciso momento. No siempre tenemos las herramientas ni estamos preparadas para abordar una situación desde el respeto y la empatía. Sin embargo nos esforzamos día y noche para seguir creciendo y mejorando como madres. Y en muchas ocasiones buscamos el reconocimiento y respeto a ese esfuerzo. 

Dos personas faltas de empatía difícilmente podrán dar comprensión a la otra persona. Este es el principal motivo por el que estas situaciones terminan en una lucha de poder que tiene como telón de fondo el “y tú más”. ¿Resulta familiar?

Entonces, ¿qué hacer? Porque si se supone que yo soy la persona adulta y tengo que empatizar y acompañar a mi hijo en estos momentos y resulta que soy yo la que necesita de ese acompañamiento parece que el tema está complicado. 

Pues sí… y no. 
Uno de los pilares para dar respuesta la necesidad que tenemos en momentos como estos es el crecimiento personal. Conocernos, aceptarnos y saber darnos a nosotras mismas lo que necesitamos es uno de los recursos más valioso que yo he descubierto en este camino. 

Mi reacción ante situaciones con frases del tipo “y tú un día gritaste”, 5 años después, son muy diferentes y se resuelven de forma respetuosa, siendo capaz de empatizar con mis sentimientos y necesidades y las de mis hijos. 

Ahora, también quiero que tú puedas conseguirlo. ¿Quieres?

Párale los pies a la vecina

Hay personas de nuestro entorno que son realmente un incordio. “Niña, que se te va a caer el crío” “Mujer, ¿no ves que te está tomando el pelo?”. “Hija, como siga así la criatura no habrá quien lo domine de mayor”. 
¿Te suena? Estoy segura de que entre las dos escribimos un libro con frases que nos han dicho o hemos escuchado decir en más de una ocasión. 
 

Pero el caso es ¿qué haces?

Si no dices nada, es aquello de que “quien calla otorga”. Y según qué mensajes no queremos que tengan un impacto en nuestros hijos y nos sale, casi sin pensarlo, una intervención que no siembre termina de buen rollo. Sin embargo, en otras ocasiones y según el comentario que nos hagan,consideramos que es mejor ignorar y no decir nada. 

Y si dices algo… Ay, si dices algo. A veces se te comen los demonios por dentro y no te quedas tranquila con todo lo que le dirías a la persona metomentodo que te da lecciones constantemente sin habérselas pedido. 
En otras ocasiones no te muerdes la lengua, y lo que muerdes es la yugular de la otra persona. Ya ahí es cuando te dicen “pero qué piel más fina tienes, no se te puede decir nada, mujer”

¿En cuál de estas situaciones te sientes más identificada?
Yo creo que he pasado por todas 😉
 

Y la frase comodín es…

Con el tiempo y una caña, que dicen por aquí, he ido superando estas situaciones, incluso con personas muy próximas a mi con las que tenía verdaderos  conflictos. 
Me ha llevado mucho trabajo de crecimiento personal y de seguridad en mi misma, no lo voy a negar. Sin embargo, quiero compartir una frase que he usado muchísimo en todo este camino y que me ha ayudado a afrontar situaciones en las que otras personas se metían donde yo no quería que lo hicieran. Y es:
 

“De esto me encargo yo, gracias”

Esta es una, pero no la única. Y no sólo son palabras, por supuesto, el lenguaje no verbal tiene un poder comunicador muy importante que tiene que ser coherente con estas palabras. 

Uno de los temas con los que más disfruto en mis talleres, asesorías personalizadas y formaciones es, precisamente, poner límite a las personas que nos rodean. Es un trabajo realmente enriquecedor tanto para las mujeres que trabajan conmigo, que adquieren herramientas para enfrentarse a estas situaciones, como para mí misma. 

Niños con baja autoestima. Detéctalos a tiempo

Dicen los expertos que la autoestima del niño será decisiva para disfrutar de una vida plena cuando se es adulto. Es cierto que siempre estaremos a tiempo de sanar nuestras heridas emocionales de la infancia. Sin embargo, la autoestima será una herramienta fundamental para que nuestros hijos crezcan sin privarse de realizar todo aquello que realmente desean y hasta de reivindicar sus derechos ante los demás.

Cuando la autoestima no se construye satisfactoriamente desde la infancia, la persona necesitará terapias para superar sus inseguridades. En algunos casos, la baja autoestima puede afectar gravemente a los alumnos provocándoles incluso una depresión en situaciones extremas. Por eso, es tan importante dar ayuda desde los centros escolares, ofreciendo acompañamiento familiar y profesional en todo momento.

¿Cómo puedes saber si tu hijo tiene una autoestima baja?

Tendremos que estar atentos a estas señales:

Es un niño retraído y que tiene pocas habilidades sociales. Por lo común, veremos que el niño no se relaciona con otros niños, que no juega y es solitario. Especial atención a la hora del recreo o de jugar en el parque, momentos en los cuales el niño no irá a jugar con los demás amigos, sino que preferirá quedarse solo.

Es poco constante. La inseguridad le lleva a pensar que no es capaz de hacer las cosas y rechaza ni siquiera intentarlo. Una frase muy habitual en un niño con poca autoestima es: “yo no puedo”.

Es muy dependiente. Un niño con problemas de autoestima pedirá que sus padres u otros adultos se lo hagan todo, como si fuera un niño pequeño, aunque ya no lo sea tanto.

El niño inseguro tiene miedos y evita dar su opinión para no enfrentarse al juicio o desaprobación de los demás.

Las personas con baja autoestima son muy perfeccionistas. No aceptan sus propios errores y se sienten torpes.

No tiene sentido del humor, se toma las bromas como ofensas y se siente mal con ellas.

Son niños pesimistas que lo ven todo del lado negativo.

Muchas veces, los niños con baja autoestima esconden sus inseguridades tratando de humillar a los demás.

Qué hacer si detectamos una posible baja autoestima

Al igual que los padres, los profesores ejercen un papel fundamental en la construcción de la autoestima de los niños. Por eso, si detectamos que un menor sufre de baja autoestima tendremos que trabajar con él.

La primera línea de actuación será identificar el talento que tiene el niño y potenciarlo. La pintura, el dibujo, la escritura o el deporte. Cada niño tiene un talento particular.

Si un niño tiene problemas con una asignatura, tendremos que buscar soluciones, como por ejemplo, reforzar con clases particulares. Nunca desmotivar al pequeño o llamarle torpe ni regañarle por ello.

Los profesores tenemos la obligación de educar en igualdad y evitar que otros niños ridiculicen o hagan acoso a sus compañeros.

Además, en el aula hay que fomentar que los niños pregunten sus dudas y curiosidades. De esta manera, no se quedarán con dudas que les impidan comprender los conceptos y se sentirán más integrados.

Mi hijo se agarra a mí y no quiere que me vaya

¿Te has encontrado en esa situación en la que tu hijo no quiere que te vayas? Yo ayer lo viví y pude resolver el conflicto por la separación con éxito teniendo en cuenta una serie de elementos clave.

Eran las 20:00 y, como cada martes, me disponía a salir de casa para ir a casa de mis padres y poder trabajar. Normalmente a las 10 de la noche tengo clase de la formación Comunicación Eficaz, así que la cita que tenía era importante. 

Clave número 1: el tiempo

Como ya he dicho, eran las 8 cuando me dispuse a salir. Así que cuento con 2 horas de margen que, si todo va bien, aprovecho para avanzar trabajo. Pero en el caso de ayer, me sirvieron para poder abordar el problema sin el agobio del tiempo. ¡2 horas! Sí, es mucho tiempo y no siempre cuento con tanto, como comprenderás. Sin embargo, cuando planifico mi día a día, siempre intento dejar un margen suficiente por si tengo que parar y acompañar a alguno de mis hijos en una situación de frustración o enfado. 

Clave número 2: la complicidad

Antes de irme hablo con mi hijo mayo y mi hija y les explico qué es lo que necesito: salir de casa. Les pide colaboración y ellos mismos suelen darle juego y entretenimiento al pequeño para que no de tanta importancia a mi partida. La verdad, normalmente le suele tirar más el juego de ninjas o las guerras de cojines que mi presencia. Pero pese a los intentos de ayer, Enric solo quería estar conmigo y no estaba dispuesto a dejarme marchar tranquilamente. 

Clave número 3: la conexión

Luchar a contracorriente puede ser realmente agotador. Cuando nos encontramos en una situación como esta, intentamos convencer a nuestro hijo de lo bien que lo va a pasar con sus hermanos, lo divertido que va a ser ver un capítulo de sus dibujos favoritos o de lo que se nos ocurra en ese momento. Lo cierto es que los recursos que usamos se olvidan de algo importante: sus verdaderas necesidades. En este caso, mi hijo quería contacto, abrazos, mimos y algo de teta. Así que, cambié de chip y le di a raudales todo lo que necesitaba. Poco a poco se fue calmando, le acompañe a sentarse en la mesa, donde estaban sus hermanos mirando la tele y…

fin de la historia. 
Saciado de mamá y entretenido, por supuesto, me dijo adiós sin problemas. 
Soy consciente que lidiar estas situaciones con una criatura de 4 años a veces es complejo. Lo comprendo. He pasado por ello 3 veces 😉 Sin embargo, también sé que saber afrontar estos contextos desde le autoconocimiento y la aceptación da una calidad de vida impagable, os lo aseguro. 

Estas y otras situaciones son las que podrás trabajar en mis cursos y talleres. Si todavía no conoces mi trabajo, te invito a que te des una vuelta por la web 😉

Los terribles 9 años, ¿mito o verdad?

Hace cosa de medio año aproximadamente, mi hijo empezó a contestar de una forma poco habitual en él. Nos sorprendieron las respuestas que daba, cómo nos decía que no le gustaba algo o no quería hacer una tarea.  Fue un periodo en el que tuvimos que reencontrarnos para seguir creciendo.

Recuerdo los comentarios que recibimos de las personas del entorno, que también estaban sorprendidas de la forma de actuar de mi hijo. En muchas ocasiones nos dijeron que eran “los terribles 9 años”. 

Había escuchado lo de “los terribles 2” o “los terribles 5” y ahora escuchaba lo de “los terribles 9” ¿Y cuántos años más terribles me encontraré a lo largo de la vida de mi hijo? Jajajaja Para mí, sinceramente, no existe nada que se le parezca a “los terribles X”.

Lo que sí hay de cierto

Es cierto que hay diferentes etapas de desarrollo en nuestros hijos. Y también es cierto que el paso de etapa a etapa no es un proceso que suceda de la noche a la mañana, ni tampoco de forma lineal. Es decir, hoy me comporto de una forma y tengo ciertas habilidades y esto ya es así a partir de hoy. Ni mucho menos. 

Nuestros hijos van madurando y eso implica adquirir nuevas capacidadesque van usando de forma progresiva cada vez con más habilidad. Esto hace que se de una etapa de tiempo más o menos limitado, en la que convive el uso y el “no uso” de esas nuevas habilidades o capacidades. Por poner un ejemplo sencillo pensemos en el momento en el que una criatura aprende a andar. Desde que da su primer paso hasta que camina con cierta fluidez, pasa un periodo de tiempo en el que pueden haber retrocesos; nos puede parecer que ya anda con facilidad pero en un momento dado decide gatear, o incluso puede ser que sea ese su medio preferido para desplazarse. Sea o como sea, y si no hay problemas de desarrollo importantes, será un proceso más o menos largo que culminará con un niño andando. Sin embargo, esto que parece bastante sencillo de comprender cuando hablamos de algo visible como el aprender a andar, no nos resulta tan obvio con otros aspectos del desarrollo de nuestro hijo. Seguramente por el simple hecho que se desconocen. 

Y aquí está el tema que da nombre al mito de “los terrible X”. Nosotras, como adultas, en ocasiones tenemos  dificultades para adaptarnos a estas nuevas habilidades de nuestros hijos. De pronto, lo que era fácil se torna complejo, y lo complejo, como no siempre lo comprendemos, puede llegar a ser “terrible”. 

 

Y qué alternativa tenemos

La razón por la que yo no he vivido esos “terribles X” no es porque mis hijos no hayan pasado por etapas de cambios, si no porque, sencillamente, he comprendido qué estaba ocurriendo y he sabido adaptar la forma de resolver las situaciones complejas a ellos. 

Yo te propongo que aproveches mis conocimientos y mi experiencia y que puedas obtener soluciones que sean realmente efectivas en función de la etapa en la que se encuentra tu hijo o hija. 
En mis talleres, cursos y sesiones personalizadas haremos, precisamente, esto. A partir de la explicación de tu situación, encontraremos la fórmula que mejor se adapte a ti y a tu hijo. 

Diseña tu propio ritual de bienvenida en el aula

Es más sencillo de lo que nos parece captar la atención de los alumnos. En la mayoría de ocasiones el ambiente para iniciar una sesión debe crearse adecuadamente para despertar el interés de los niños. Estos no siempre van a sentirse igual ni a tener las mismas necesidades, así que será importante saber identificar qué les llama la atención en un momento determinado para poder tirar del hilo a partir de ahí.

Empecemos por cómo los recibimos en el aula.

La importancia de dar la bienvenida en el aula

La proximidad con tus alumnos es importante desde el primer segundo que pisas la clase. Además, existen horas en el día en los que los alumnos se sientan más cansados y sea aún más necesaria nuestra motivación, por ejemplo al finalizar la jornada escolar.

Sea como sea, necesitamos incentivarles desde el inicio. Para ello, la presencia es muy importante y, con ella, captar la atención del grupo. Para ello, no siempre es necesario tener un silencio sepulcral en el aula y que todos los alumnos te escuchen a ti. Es mucho más interesante crear expectativa en un grupo de alumnos que veas interesados y transmitir la curiosidad y el interés para que se vaya propagando por la clase. ¿No os ha pasado que empezáis a explicar a un grupito de niños y terminan escuchando todos?

Una vez conseguida la atención que necesitas y es importante haber observado sus actitudes en el aula: si alguien está más callado o alborotado de lo habitual, si alguna criatura muestra interés por hablar y compartir algo… Todo es información que nos puede ser útil para motivarles a compartir y expresarse y crear, así, un diálogo motivante que invite a empezar a interactuar en el aula.

Preguntas clave, el inicio de un diálogo motivante

Puedes también iniciar la clase preguntando cómo han pasado el fin de semana o darles la bienvenida a la clase, o si sencillamente quieres compartir algo importante con el resto del grupo. En ocasiones también puede funcionar lanzar una pregunta al aire de ese tema de actualidad que los jóvenes han podido seguir en su mayoría.

Preguntarles por una final de fútbol, un capítulo de la serie de moda o alguna noticia de actualidad (dependiendo de la edad) fomentará la participación inicial de algunos alumnos. Esto conseguirá despertarles y activarlos al estar ante un tema entretenido o que consideran importante.

Al mostrar esta proximidad ante temas que los pequeños oyen o viven en sus casas, estás consiguiendo un nivel de confianza importante entre adulto y alumno. Aquí es donde comienza la motivación del grupo, sintiéndose cercano al docente, que muestra tener la misma preocupación que puedan sentir la mayoría de los estudiantes.

Promover una relación de cercanía con los alumnos desde que comienza la clase en los primeros segundos será esencial para que el proceso de enseñanza-aprendizaje sea un éxito. Haz ver tu predisposición a escucharles y conseguirás que, en gran medida, tus alumnos te escuchen a ti.

¿Apruebas en mediación de conflictos en el aula?

Los conflictos son algo relativamente natural que, en muchos casos, no implica la existencia de un gran problema. Sin embargo, lo importante no es tanto que se produzcan o no, sino saber solucionarlos cuando aparecen. Por eso, la mediación por parte de un docente en el aula es fundamental. Gracias a ella puedes crear un ambiente mucho más sano para todos los alumnos. Haces que su autoestima se mantenga alta, les enseñas a respetarse mutuamente, a generar más empatía y se crean vínculos entre todos ellos. Y gracias a ello, también poco a poco se irá reduciendo el número de conflictos. Por eso es importante controlar los puntos más importantes de toda mediación.

Claves para mediar en el aula

El inicio del conflicto

Si se está produciendo algún tipo de agresión, lo primero es pararla

Nos interesa saber quiénes se están peleando y qué tipo de problema tienen. Para ello, es necesario describir de forma objetiva qué está ocurriendo y empatizar con los afectados. Ponte en su piel y entiende su frustración o su enfado. El objetivo es conectar con lo que ha estimulado el conflicto, por lo que les será esencial sentirse plenamente comprendidos y seguros conectando con sus necesidades reales.

Comprender la situación

Déjales hablar con tiempo y con calma sobre lo que ha sucedido y que te expresen sus propias opiniones e impresiones. A veces será necesario remarcar la importancia de respetar a la otra persona y, en caso de no estar de acuerdo con la versión de los hecho, esperar a tener turno de palabra. Se trata de ir reconstruyendo los hecho y entender en mayor profundidad qué es lo que ha podido llegar a suceder. Saber interpretar y traducir los juicios que emiten ayudará a que podamos crear un clima de respeto.

La mediación es bastante parecida a una negociación, y es aquí cuando hay que demostrar intuición y entender qué intereses y necesidades tiene cada una de las partes. También es el momento para transmitir a las diferentes personas implicadas en el conflicto cuáles son las necesidades de cada una de ellas. Una vez dejado claro este punto, resulta más sencillo comprender hacia dónde podemos encaminar la mediación para pasar a la siguiente fase. 

La solución al conflicto

Es el momento de plantear soluciones y será clave implicar a todos en la aportación de solución. Todas deben ser tenidas en cuenta y valoradas. Cada una de ellas debería ser una oportunidad para profundizar en un diálogo que nos lleve a la solución final. Esa solución en la que ambas partes están de acuerdo. 

El acuerdo al que se llegue debe ser considerado un compromiso por ambas partes del conflicto. Puede ayudarnos verbalizar y confirmar que es una solución viable y aceptada por todos. Una buena forma de cerrar el conflicto es dejando constancia escrita del acuerdo como mínimo y estableciendo una fecha de revisión que nos permita valorar su cumplimiento.

 

Dominar la mediación en la escuela es fundamental para todo docente. Si lo haces, podrás influir en la forma de ser de tus alumnos, demostrándoles que la negociación y la palabra pueden ser las mejores alternativas a la hora de solucionar sus conflictos.

 

Lo que vas a echar de menos cuando sea adolescente

Cuando pensamos en el momento en el que nuestros hijos se convierten en adolescente empezamos a temblar. 

Nos puede aterrar pensar que ya no estén bajo nuestro manto protector, que reciban influencias que les puedan perjudicar o que no sean suficientemente seguros para abordar relaciones tóxicas. 

Y sí, realmente es el mayor temor que tienen los padres y madres de hijios adolescentes. 

Hoy he hablado de cuál es el secreto para llegar a esta etapa y poder vivirla sin ese miedo.