Descubre el botón que activa tu ira al poner límites.

Quiero hacerte una confesión.

Durante un tiempo he saltado a la yugular cada vez que alguien criticaba mi forma de criar y educar a mis hijos. Desde comentarios dirigidos a dar el pecho a mi hijo de 4 años hasta los que juzgaban la forma de resolver una mentira de mi hija, hacían que me posicionara ante el enemigo enseñando uñas y dientes para protegerme a mí y a mis crías del impacto negativo que generaban esos mensajes.

Sin embargo, descubrir el motivo real que activaba esa forma de reaccionar ante las críticas y los juicios, hizo posible cambiar y que empezara a vivir esas situaciones con una seguridad y confianza que, una vez probada, ya no he querido soltar para nada.

Esta forma de reaccionar que yo tenía me convirtió en una persona que solía estar a la defensiva cuando me relacionaba con las personas que hacían estos comentarios. Muy a mi pesar, formaban parte de mi entorno habitual y trataba con ellas a menudo. Así que estaba en este estado de alerta con frecuencia y me sentía agotada. Ahora que lo veo desde la lejanía, me doy cuenta de que tenía instalado en mí un enfado constante con el mundo.

¿Y cuál es ese botón que hace que se active nuestra ira?

Para responder a esta pregunta es necesario comprender que la ira es un sentimiento que tiene una función específica que nos ha ayudado a sobrevivir a lo largo de nuestra historia. La ira se activa cuando hay algo o alguien que impide que nosotras podamos satisfacer alguna de nuestras necesidades universales. Si esto ocurre, ese botón se enciende para protegernos y eliminar con nuestras acciones las barreras que obstaculizan nuestro objetivo.

Traducido al contexto de la crianza, nuestra necesidad es la de elegir con libertad cómo educamos a nuestros hijos. Y vivimos como barrera que impide que podamos alcanzar esa meta la crítica o el juicio que expresan las personas de nuestro entorno.

¿Pero eso es realmente así? ¿De verdad tienen ese poder?

Mi respuesta es no. Por supuesto que no.

Ahora que ya conoces el origen y la función de esa ira que en ocasiones te invade, te va a resultar más sencillo realizar pequeños cambios que van a dar resultados muy significativos. Llegados a este punto te voy a proponer que afrontes estas situaciones desde otra perspectiva.

En primer lugar, cuando empieces a notar que te invade la ira, dale las gracias. Ella es la que te va a ayudar a comprender que hay algo importante en ti que quieres proteger. ¿No es maravilloso que te pueda avisar? Dale suficiente espacio en tu interior para asimilar el mensaje que quiere transmitirte y decidir de forma consciente cómo quieres darle respuesta.

Después, hazte las siguientes preguntas:

¿A quién le vas a dar el poder de tomar tus propias decisiones para poder elegir libremente cómo educar a tu hija o hijo?

¿Qué estás dispuesta a hacer para dar respuesta a esa necesidad que se ha visto vulnerada al recibir la crítica o juicio?

Como ves, te invito a que pongas en practica la teoría. Porque, en realidad, es cuando vas a ver qué ocurre al vivir estas experiencias desde nuestro interior.

Y esta es la idea que quiero transmitir en el taller “No pisar. Cómo poner límites a las personas que nos rodean”, puesto que durante las 2 horas que va a durar, vas a descubrir cómo, realizando pequeños cambios, puedes empezar a vivir estas situaciones con la calma, seguridad y aplomo que te mereces.

Porque estar constantemente enfadada con el mundo te aseguro que no es nada agradable.

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