Niños con baja autoestima. Detéctalos a tiempo

Dicen los expertos que la autoestima del niño será decisiva para disfrutar de una vida plena cuando se es adulto. Es cierto que siempre estaremos a tiempo de sanar nuestras heridas emocionales de la infancia. Sin embargo, la autoestima será una herramienta fundamental para que nuestros hijos crezcan sin privarse de realizar todo aquello que realmente desean y hasta de reivindicar sus derechos ante los demás.

Cuando la autoestima no se construye satisfactoriamente desde la infancia, la persona necesitará terapias para superar sus inseguridades. En algunos casos, la baja autoestima puede afectar gravemente a los alumnos provocándoles incluso una depresión en situaciones extremas. Por eso, es tan importante dar ayuda desde los centros escolares, ofreciendo acompañamiento familiar y profesional en todo momento.

¿Cómo puedes saber si tu hijo tiene una autoestima baja?

Tendremos que estar atentos a estas señales:

Es un niño retraído y que tiene pocas habilidades sociales. Por lo común, veremos que el niño no se relaciona con otros niños, que no juega y es solitario. Especial atención a la hora del recreo o de jugar en el parque, momentos en los cuales el niño no irá a jugar con los demás amigos, sino que preferirá quedarse solo.

Es poco constante. La inseguridad le lleva a pensar que no es capaz de hacer las cosas y rechaza ni siquiera intentarlo. Una frase muy habitual en un niño con poca autoestima es: “yo no puedo”.

Es muy dependiente. Un niño con problemas de autoestima pedirá que sus padres u otros adultos se lo hagan todo, como si fuera un niño pequeño, aunque ya no lo sea tanto.

El niño inseguro tiene miedos y evita dar su opinión para no enfrentarse al juicio o desaprobación de los demás.

Las personas con baja autoestima son muy perfeccionistas. No aceptan sus propios errores y se sienten torpes.

No tiene sentido del humor, se toma las bromas como ofensas y se siente mal con ellas.

Son niños pesimistas que lo ven todo del lado negativo.

Muchas veces, los niños con baja autoestima esconden sus inseguridades tratando de humillar a los demás.

Qué hacer si detectamos una posible baja autoestima

Al igual que los padres, los profesores ejercen un papel fundamental en la construcción de la autoestima de los niños. Por eso, si detectamos que un menor sufre de baja autoestima tendremos que trabajar con él.

La primera línea de actuación será identificar el talento que tiene el niño y potenciarlo. La pintura, el dibujo, la escritura o el deporte. Cada niño tiene un talento particular.

Si un niño tiene problemas con una asignatura, tendremos que buscar soluciones, como por ejemplo, reforzar con clases particulares. Nunca desmotivar al pequeño o llamarle torpe ni regañarle por ello.

Los profesores tenemos la obligación de educar en igualdad y evitar que otros niños ridiculicen o hagan acoso a sus compañeros.

Además, en el aula hay que fomentar que los niños pregunten sus dudas y curiosidades. De esta manera, no se quedarán con dudas que les impidan comprender los conceptos y se sentirán más integrados.

Diseña tu propio ritual de bienvenida en el aula

Es más sencillo de lo que nos parece captar la atención de los alumnos. En la mayoría de ocasiones el ambiente para iniciar una sesión debe crearse adecuadamente para despertar el interés de los niños. Estos no siempre van a sentirse igual ni a tener las mismas necesidades, así que será importante saber identificar qué les llama la atención en un momento determinado para poder tirar del hilo a partir de ahí.

Empecemos por cómo los recibimos en el aula.

La importancia de dar la bienvenida en el aula

La proximidad con tus alumnos es importante desde el primer segundo que pisas la clase. Además, existen horas en el día en los que los alumnos se sientan más cansados y sea aún más necesaria nuestra motivación, por ejemplo al finalizar la jornada escolar.

Sea como sea, necesitamos incentivarles desde el inicio. Para ello, la presencia es muy importante y, con ella, captar la atención del grupo. Para ello, no siempre es necesario tener un silencio sepulcral en el aula y que todos los alumnos te escuchen a ti. Es mucho más interesante crear expectativa en un grupo de alumnos que veas interesados y transmitir la curiosidad y el interés para que se vaya propagando por la clase. ¿No os ha pasado que empezáis a explicar a un grupito de niños y terminan escuchando todos?

Una vez conseguida la atención que necesitas y es importante haber observado sus actitudes en el aula: si alguien está más callado o alborotado de lo habitual, si alguna criatura muestra interés por hablar y compartir algo… Todo es información que nos puede ser útil para motivarles a compartir y expresarse y crear, así, un diálogo motivante que invite a empezar a interactuar en el aula.

Preguntas clave, el inicio de un diálogo motivante

Puedes también iniciar la clase preguntando cómo han pasado el fin de semana o darles la bienvenida a la clase, o si sencillamente quieres compartir algo importante con el resto del grupo. En ocasiones también puede funcionar lanzar una pregunta al aire de ese tema de actualidad que los jóvenes han podido seguir en su mayoría.

Preguntarles por una final de fútbol, un capítulo de la serie de moda o alguna noticia de actualidad (dependiendo de la edad) fomentará la participación inicial de algunos alumnos. Esto conseguirá despertarles y activarlos al estar ante un tema entretenido o que consideran importante.

Al mostrar esta proximidad ante temas que los pequeños oyen o viven en sus casas, estás consiguiendo un nivel de confianza importante entre adulto y alumno. Aquí es donde comienza la motivación del grupo, sintiéndose cercano al docente, que muestra tener la misma preocupación que puedan sentir la mayoría de los estudiantes.

Promover una relación de cercanía con los alumnos desde que comienza la clase en los primeros segundos será esencial para que el proceso de enseñanza-aprendizaje sea un éxito. Haz ver tu predisposición a escucharles y conseguirás que, en gran medida, tus alumnos te escuchen a ti.

¿Apruebas en mediación de conflictos en el aula?

Los conflictos son algo relativamente natural que, en muchos casos, no implica la existencia de un gran problema. Sin embargo, lo importante no es tanto que se produzcan o no, sino saber solucionarlos cuando aparecen. Por eso, la mediación por parte de un docente en el aula es fundamental. Gracias a ella puedes crear un ambiente mucho más sano para todos los alumnos. Haces que su autoestima se mantenga alta, les enseñas a respetarse mutuamente, a generar más empatía y se crean vínculos entre todos ellos. Y gracias a ello, también poco a poco se irá reduciendo el número de conflictos. Por eso es importante controlar los puntos más importantes de toda mediación.

Claves para mediar en el aula

El inicio del conflicto

Si se está produciendo algún tipo de agresión, lo primero es pararla

Nos interesa saber quiénes se están peleando y qué tipo de problema tienen. Para ello, es necesario describir de forma objetiva qué está ocurriendo y empatizar con los afectados. Ponte en su piel y entiende su frustración o su enfado. El objetivo es conectar con lo que ha estimulado el conflicto, por lo que les será esencial sentirse plenamente comprendidos y seguros conectando con sus necesidades reales.

Comprender la situación

Déjales hablar con tiempo y con calma sobre lo que ha sucedido y que te expresen sus propias opiniones e impresiones. A veces será necesario remarcar la importancia de respetar a la otra persona y, en caso de no estar de acuerdo con la versión de los hecho, esperar a tener turno de palabra. Se trata de ir reconstruyendo los hecho y entender en mayor profundidad qué es lo que ha podido llegar a suceder. Saber interpretar y traducir los juicios que emiten ayudará a que podamos crear un clima de respeto.

La mediación es bastante parecida a una negociación, y es aquí cuando hay que demostrar intuición y entender qué intereses y necesidades tiene cada una de las partes. También es el momento para transmitir a las diferentes personas implicadas en el conflicto cuáles son las necesidades de cada una de ellas. Una vez dejado claro este punto, resulta más sencillo comprender hacia dónde podemos encaminar la mediación para pasar a la siguiente fase. 

La solución al conflicto

Es el momento de plantear soluciones y será clave implicar a todos en la aportación de solución. Todas deben ser tenidas en cuenta y valoradas. Cada una de ellas debería ser una oportunidad para profundizar en un diálogo que nos lleve a la solución final. Esa solución en la que ambas partes están de acuerdo. 

El acuerdo al que se llegue debe ser considerado un compromiso por ambas partes del conflicto. Puede ayudarnos verbalizar y confirmar que es una solución viable y aceptada por todos. Una buena forma de cerrar el conflicto es dejando constancia escrita del acuerdo como mínimo y estableciendo una fecha de revisión que nos permita valorar su cumplimiento.

 

Dominar la mediación en la escuela es fundamental para todo docente. Si lo haces, podrás influir en la forma de ser de tus alumnos, demostrándoles que la negociación y la palabra pueden ser las mejores alternativas a la hora de solucionar sus conflictos.