¿Me estoy asegurando que mi hijo adolescente confíe en mí?

Cuando llegamos a la adolescencia y no hemos construido una relación de confianza se vuelve complejo que podamos tener vías de comunicación con nuestros hijos que permitan que no sientan que invadimos su terreno o que tengan miedo a nuestra reacción y opinión.

Soy consciente que la adolescencia es una etapa en la que necesitan reafirmar con mucha intensidad quiénes son y, una de las necesidades que más afloran es la de formar parte de un grupo con el que se sientan identificados, cosa que hace que el núcleo familiar ya no esté en primera línea de sus intereses y necesidad de aprobación.

Es precisamente por esta razón, que la relación de confianza que queramos tener con nuestro hijo adolescente debe empezar a construirse mucho antes para, llegado el momento de “separarse”, el marco en el que queremos comunicarnos con nuestro hijo ya esté claro y definido por palabras como: respeto, confianza, seguridad, empatía, apoyo…

Si queremos que estas sean las palabras que definan nuestra relación de futuro, también deberían ser las que tengamos presente cuando nos relacionemos con nuestro hijo pequeño.

Ahora bien, ¿son esas las palabras que tenemos en cuenta cuando abordamos un conflicto con nuestro hijo?

 

Cuando estoy enfadada, ¿busco también que aflore el respeto y la confianza hacia ambas partes?

Si mi hijo quiere hacer algo en lo que yo no estoy de acuerdo, ¿dónde queda la empatía y el apoyo?

En los momentos de conflicto, que pueden llegar a marcar muchísimo en una relación, es cuando a la mayoría, se nos hace más complejo poder tener presentes estos pilares sobre los cuales queremos construir la relación con nuestros hijos.

 

Y resulta más difícil porque tenemos integrada una forma de comprender las relaciones entre padres e hijos que, en muchas ocasiones, entran en conflicto con esas palabras que antes nombrábamos.

Si me enfado porque mi hijo no ha recogido los juguetes y se lo he dicho 5 veces, termino gritando y, seguramente, soltando frases como “es que siempre haces lo mismo”  o similares. Ahí, el respeto y la confianza brillan por su ausencia.

Si mi hijo quiere ver la televisión y creo que ha estado demasiado tiempo, seguramente surgirá en mí la necesidad de imponer mi criterio olvidándome de empatizar realmente con mi hijo o haciéndolo sin mucho éxito diciendo: “entiendo que quieras mirar la televisión pero ahora la voy a apagar porque ya la has mirado demasiado”

Y si en estos dos ejemplos que he puesto no ves cómo podrías cambiar el mensaje para fomentar el crecimiento de una relación basada en el respeto y la confianza te animo a que busques nuevas estrategias, recursos y herramientas que te permitan abordar situaciones como estas desde otra perspectiva.

De momento, te animo a mirar la grabación de la charla “Recibir un no de nuestro hijo” que di en el grupo gratuito de Facebook “Apoyo para la Comunicación Eficaz y la Empatía”, dentro del espacio “El baúl de los recursos. Espero que lo disfrutes.

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Se trata de una formación on line en la que encontrarás las herramientas y recursos necesarios para abordar el conflicto con tu hijo desde el respeto y la confianza. 

Da un giro a tu forma de educar actual para conseguir los resultados que deseas en un futuro. 

Empezamos el 13 de marzo

 

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El primer paso que puedes dar para tener más paciencia

¿Te gustaría que tus reacciones ante algo que está haciendo tu hijo fueran más calmadas?

En ocasiones la impresión de que “perdemos los papeles” con mucha facilidad. Es una preocupación muy habitual entre las madres que llegan a mí para hablar de las dificultades que tienen habitualmente para educar a sus hijos e hijas.

“Es que llega un punto en el que ya no puedo más y grito”

“Hay momentos en los que no estoy para dialogar y se hace difícil abordar un conflicto sin chantajes”

¿Te resuenan estas experiencias? ¿Vives situaciones similares en casa?

Yo las he vivido, y os aseguro que me angustiaban mucho. Era esa sensación de llegar a tu límite, de no poder más y de decirme “yo no puedo hacerlo de otra forma”.

Pero se puede, y uno de los primeros pasos a dar para llegar a vivir estas situaciones desde la calma y tener más paciencia es saber parar antes de hablar y aprender a conocerse mejor.

Muchas de las veces en las que actuamos en un conflicto lo hacemos de forma automática y sin pensar y analizar qué nos ocurre realmente. Nos cuesta darnos tiempo a nosotras mismas, a escucharnos y a conocer qué nos mueve a perder la paciencia realmente.

¿Cuánto tiempo te das a reflexionar en cómo te sientes entre que se crea en ti la necesidad de dar un grito y lo das?

En el momento en el que estamos a punto de perder la paciencia podemos hacernos una serie de preguntas que nos ayuden a tomar conciencia de nuestro interior: ¿necesitamos colaboración?, ¿queremos comprensión?, ¿buscamos sentirnos relajadas y tranquilas?…

Por ejemplo, si nuestro hijo de 2 años no para de tirar juguetes al suelo y el salón parece un mar de libros, coches y muñecos, y, por más que le digamos que no tire, lo sigue haciendo, hay un momento en el que explotamos. ¿Te resuena?

Pero para analizar nuestras necesidades, vamos a olvidarnos de nuestro hijo por un momento ¿Qué necesitamos en ese momento? Pues seguramente necesitamos calma, orden, colaboración… y el hecho de que nuestro hijo esté tirando sus juguetes nos hace más complicado que en ese preciso momento podamos dar respuesta a nuestras necesidades.

Nuestras necesidades reales, las que existen en ese momento ante algo que está pasando (o ha pasado) nos son a veces totalmente desconocidas. Pero poner nombre a lo que nos está pasando nos puede ayudar a comprender que lo podemos desvincular de nuestro hijo, puesto que es algo nuestro.

Sí, me dirás, pero mi hijo sigue tirando los juguetes y eso me crispa.

Y aquí está la clave. Esos segundos que te has tomado para ti y que te han servido para definir tu necesidad, te permiten determinar qué estás dispuesta a hacer y cómo decides hacerlo.

A veces, el sólo hecho de pensar el cómo hace desaparecer el automatismo que nos activa la crispación e impide que salgan los recursos que queremos tener escondidos bajo llave.

En la formación Comunicación Eficaz trabajamos en profundidad en ese autoconocimiento que te permite controlar las situaciones abordandolas desde otra perspectiva muy diferente.

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Siento que mi hijo me desafía

“No me da la gana”

“No lo pienso hacer”

“No, no y no”

¿Has recibido alguno de estas respuestas de tu hijo o hija? Yo sí, os lo aseguro. 

Antes de ser madre, como maestra, recibía estas respuestas de mis alumnos como verdaderos ataques hacia mí. 

Ahora, desde la comunicación empática, puedo dar respuesta a estas situaciones aprovechandolas para crecer junto a ellos. 

En el directo que hice el pasado miércoles en el espacio “El baúl de los recursos” estube hablando de porqué recibimos esta oposción de los niños como un desafía. Os dejo el video a continuación.

Descubre cómo puedes transformar las oposiciones de tu niño en oportunidades para conseguir una relación de respeto y confianza en un futuro con la formación Comuncación Eficaz. 

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Sentirnos más seguras educando

¿Os habéis encontrado en una de esas situaciones en las que alguien comenta algo sobre la forma en la que se educan los niños y no sabes qué contestar para defender tu posición?

Sentirnos seguras de nosotras mismas, de la forma de educar a nuestros hijos es algo que nos gustaría sentir en más de una ocasión.

El pasado 31 de enero, en el espacio el “El baúl de los recursos” de Facebook hablé sobre cómo mejorar nuestra seguridad y confianza en nosotras mismas.

Te dejo aquí el video para que puedas verlo.

La seguridad y confianza en nosotras mismas es uno de los pilares de la formación Comunicación Eficaz. Uno de los objetivos que tiene esta formación es conseguir que tengamos la certeza que la decisiones que tomamos son las que realmente queremos tomar, mejorando nuestra autoestima y posición frente a las personas que nos rodean.

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La sorpresa que te llevas cuando los escuchas pelear

Esta mañana se ha producido uno de esos momentos en los que ves claro que el trabajo que realizas con tus hijos va generando los frutos deseados.

Al salir de casa, Enric ha querido ir al baño y les he pedido a los otros dos que fueran subiendo al coche porque íbamos un poco justos de tiempo.

Mientras esperaba a que el pequeño terminara, he escuchado gritos en el patio: “ya está, ya se están peleando de nuevo”. Ha sido una de esas tantas situaciones que muchas veces agobian porque ves que todo lo que tratas con ellos sobre formas de expresarse respetuosamente parece que hayan sido en vano. Reflexiones que muchas veces van llenas de prejuicios que hay que dejar pasar y transformarlas en necesidades que nos ayuden a tomar a acción y seguir avanzando. Como nos pasa en muchas ocasiones, vivir situaciones como esta nos hace dudar de si lo estamos haciendo o no bien, puesto que vemos que nuestros objetivos no se cumplen.

Pero la sorpresa ha sido mía al subir al coche.

La situación que me he encontrado ha sido muy diferente a la que yo me había imaginado cuando he juzgado los gritos que había escuchado. He entrado sin decir nada porque estaban hablando entre ellos y lo que estaban diciendo me ha emocionado.

A diferencia de otras ocasiones en las que se producen enfados y peleas entre ellos, esta vez estaban hablando con calma. Expresaban cómo se habían sentido, qué era lo que necesitaban en el momento en el que se había producido el problema y exponían cómo les gustaría que se resolviera si se volvían a encontrar en una situación similar.

Soy perfectamente consciente de que es posible que los próximos conflictos que se den en el día de hoy entre mis hijos no se solucionen como lo han hecho esta mañana. Ni lo pretendo.

Aprender a expresarse de forma asertiva y empatizar con la otra parte de un conflicto es una tarea compleja que ni siquiera nosotras podemos llevar a cabo en muchas ocasiones. Porque no se trata de explicarles la teoría y pretender que la apliquen siempre en cualquier situación, sea cuál sea el contexto.

Educar en el respeto a nuestros hijos es algo que hacemos de forma progresiva. Poco a poco, mediante el modelo que nosotras mismas les ofrecemos y los espacios de tiempo que dedicamos a acompañarlos en esas situaciones, van integrando lo que les enseñamos y, sobre todo, lo que aprenden de nosotras cuando nos ven en acción en situaciones similares.

Cuando nos planteamos la educación de nuestros hijos no podemos perder el norte. Es un proyecto a largo termino que se trabaja día a día para ir recogiendo los frutos en un futuro más o menos próximo.

Si deseas explorar el mismo camino que yo he seguido te invito a conocer el taller “Acompaña los conflictos entre hermanos” , en el que encontrarás información para comprender qué ocurre cuando nuestros hijos se pelean y obtendrás estrategias para favorecer la construcción de una relación entre ellos basada en el respeto, la confianza y la empatía.

¿Y qué significa ser buena? La respuesta de mi hija a un adulto

“Hoy todavía estás a tiempo para ser buena y que te traigan algo los Reyes Magos”
Esta es la frase que le ha soltado una persona adulta a mi hija al salir de la tienda a la que habíamos ido a comprar.
“¿Y qué es ser buena?”
Y esto es lo que le ha contestado mi hija.
Hoy es una de las noches más mágicas del año para nuestros hijos. Bueno, y para muchas personas adultas como yo también, lo confieso. En esta noche, la ilusión, el deseo y la fantasía están en nuestras mentes y usar el chantaje que supone decirles a nuestros hijos que si no son buenos no van a recibir regalos es, como poco, cruel y mezquino.
¿Qué hay detrás de ese tipo de comentarios? Pues sencillo, el control a través del miedo.
Y me dirás, “pero mujer, si sólo es un comentario inofensivo, está claro que no van a dejar de traer regalos”.
Entonces, ¿con qué fin se usan?
Durante los meses antes a la llegada de los Reyes (o del Papa Noel, o de lo que sea mágico que trae regalos) usamos con mucha frecuencia este tipo de sentencias con un objetivo concreto: conseguir que nuestros hijos e hijas hagan o dejen de hacer algo que les pedimos “si no recoges tus juguetes los Reyes no te van a traer más”, “los Reyes están viendo cómo tratas a tu hermano y no te van a dejar lo que les has pedido”…
No son herramientas inocentes, son la pura expresión del chantaje emocional. Y con eso solo conseguimos que nuestros hijos sean obedientes por miedo. ¿Es eso lo que queremos?
Mi respuesta es no. Yo no quiero que mis hijos e hija sean obedientes. Los quiero auténticos. Los quiero críticos con lo que ven a su alrededor, incluso si se trata de sus padres o amigos, y con lo que ellos mismos hacen y dicen. Y eso es un trabajo que lleva tiempo, conocimiento y perseverancia. Es un proyecto a largo plazo que implica ser consciente de con qué estrategias y herramientas abordamos los conflictos en nuestro día a día durante todo el año y con el que conseguimos que se sientan seguros de sí mismos y confiados. Es este crecimiento que le permite a mi hija cuestionar al adulto que le ha dicho que debía ser buena, puesto que ella misma sabe que lo de ser bueno es algo subjetivo y personal. Que de lo que se trata es ser respetuosa, no obediente.
A ella no le ha afectado el comentario de esa persona, pero sé que a muchos niños y niñas sí. ¿Qué estamos dispuestas a hacer para evitarlo?
Empoderarnos, primero de todo, para reaccionar ante estas situaciones con frases que protejan a nuestros hijos e hijas de estas máximas que sueltan algunos adultos. Y, en segundo lugar, pero no por ello menos importante, educar a nuestros hijos para que crezcan seguros de si mismos y con una buena autoestima.
Si ya tienes las herramientas para poder seguir por este camino me encantaría que las compartieras conmigo. Estoy seguro de que juntas podemos ayudar a muchas más personas para que sepan por dónde empezar.
Si estas situaciones te desbordan, te invito a que busques herramientas para crecer y empoderarte. Estaré encantada de poderte ayudar.

Cómo recibir un no de nuestro hijo o hija

El pasado miércoles 3 de enero estuve hablando de cómo recibir un no de nuestro hijo en el grupo gratuito de apoyo a la comunicación eficaz y la empatía de Facebook.

Te dejo el video para que puedas verlo.

“Es que cuando me dice varias veces que no ya no sé que decirle y me termino enfadando”

“Hay veces que es un no porque no y no hay modo de convencerle”

¿Te suenan estas situaciones? Son comentarios de padres y madres que han llegado a mi con la preocupación de que, ante algunas situaciones, los únicos recursos que les funcionan son precisamente aquellos que no quieren usar, como el castigo, el chantaje y el grito.

En la formación Comunicación Eficaz trabajamos en profundidad estas situaciones dándole un giro diferente para poder conseguir resultados diferentes. 

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¿Afecta nuestra organización en la aparición de conflictos?

¿Vamos con prisas?

¿Elegimos el mejor momento para pedirles algo a nuestro hijo?

¿Sabemos priorizar nuestras obligaciones para compaginarlas con nuestra maternidad?

Estas son algunas de las preguntas que les hago a muchas familias cuando analizamos el día a día y los momentos que más cuesta gestionar con sus hijos. 

El pasado 27 de enero di una charla en la que hablaba de cómo podemos mejorar nuestra organización para evitar los conflictos con nuestros hijos e hijas. 

Aquí tienes el video para que lo puedas disfrutar:

 

Priorizar nuestras tareas teniendo en cuenta nuestras necesidades es uno de los temas que abordamos en la formación Comunicación Eficaz. 

 

Cómo acompañar la ira de nuestros hijos

Hoy en el grupo, hemos hablado de cómo abordar la ira de nuestros hijos. 

En este espacio hemos abordado este tema desde la perspectiva de diferenciar emociones y sentimientos. También hemos visto cuáles son los pasos más importantes para actuar ante estas situaciones.

Si quieres comprender los motivos por los que tu hijo no te hace caso y tener herramientas para resolverlo.

Si estás cansada de pelear cada vez que pides algo en casa.

Si deseas que tu hijo te escuche cuando le explicas o pides algo.