3 Claves básica para llevar tu día a día sin rabietas

Tenemos una agenda apretada y muchas veces necesitamos que nuestros hijos e hijas la sigan a nuestro ritmo. En situaciones como ir a compra, limpiando el hogar, mientras trabajamos en casa o incluso cuando estamos con nuestros amigos y amigas podemos cometer el error de dar por sentado que nuestros pequeños van a entender y a aceptar que, en ese momento, nuestras necesidades nada tienen que ver con las de nuestros hij@s y nos parecen prácticamente incompatibles.

agenda de mamá
En medio de las actividades y responsabilidades que tenemos, solemos perder la conexión tan necesaria e importante con nuestros hijos e hijas.  Esa conexión nos puede ayudar detectar a tiempo si están preparados para seguir con la agenda del día. Sin esa conexión, es fácil perder mucha de la información que nos proporcionan nuestros pequeños . Sin darnos cuenta, nos pueden estar indicando que necesitan descanso, un rato de juego libre, contacto físico o consuelo, hambre… Observar a nuestros hijos e hijas nos facilita identificar con más eficacia las señales que van emitiendo. Son señales muchas veces sutiles que, cuanta más observación y conexión exista, más evidentes se hacen.

Algunas de las situaciones en las que nuestros hijos e hijas “explotan” y dan rienda suelta al llanto y al enfado, van precedidas por una serie de “desatenciones involuntarias” por nuestra parte. Y soy consciente que son involuntarias porque sencillamente la mayoría de veces no somos conscientes que el tiempo, las acciones, las responsabilidades y necesidades… no son las mismas para todo el mundo, y ahí se incluyen también a nuestros pequeños, que también son personas. Y como personas que están creciendo y conociendo el mundo, tienen su propio concepto de tiempo, actividad, acción, responsabilidad y, sobretodo, necesidad.

También tengo claro que somos adultos que intentamos llevar a cabo nuestro día a día lo mejor que podemos. Al mismo tiempo,  hacemos malabarismos para poder atender a nuestros hij@s y pasar tiempo con ellos. Eso nos lleva a vivir situaciones en las que no podemos atender esas dos facetas al mismo tiempo. Eso puede hacer que echemos mano a frases como:

  • Ahora voy, no tardo nada
  • En seguida termino
  • Ahora no puedo, luego
  • Sólo un poquito más y ya está mamá contigo
  • …y muchas más que yo misma he usado con mis propios hijos.

Pero, ¿qué significado tienen las palabras nada, enseguida, luego, poquito… para nuestros pequeñ@s? ¿Qué les estamos diciendo realmente cuando las usamos?

Es perfectamente comprensible que cuando se está haciendo un encargo. una gestión, etc. necesitemos terminarla para cerrar tema y pasar a lo siguiente. E incluso diría que es lógico y normal que pidamos un poco más de tiempo para poderla realizar. La dificultad está en no encadenar dichas situaciones de tal modo que nos hagan perder de vista que hay unas personitas que nos están dando un montón de información sobre sus necesidades. Esa conexión de la que hablábamos antes y que nos está diciendo si pueden o no pueden seguir nuestro ritmo. En el momento en el que encadenamos esas frases de “ahora no puedo”, “enseguida estoy por ti…”, nos estamos arriesgando a que nuestro pequeño llegue a su punto límite de aguante y “explote”. Y redirigir esa situación es mucho más costosa cuando se ha llegado a ese extremo.

Entonces, la pregunta clave es, ¿cómo consigo llevara a cabo todas mis responsabilidades sin que le afecte a mi hija o hijo?

La respuesta es sencilla y, al mismo tiempo, complicada. Se tiene que dar un cambio muy importante en nuestra mirada: empezar de percibir a nuestros pequeños como personas con necesidades propias e igual de importantes que las nuestras.

Primera clave

Lo más destacable, y que ya he comentado anteriormente, es la observación. No pasar por alto una incipiente irritabilidad, un no perseverante, una demanda no habitual de reclamo… por parte de nuestro peque. Cuanto más se observa a una persona, más se la conoce. Y para conocer a tu pequeño necesitas mirarlo sin juzgarlo, ver cómo reacciona, qué expresa realmente su cuerpo, sus palabras…

Segunda clave

En segundo lugar, conectar. Conectar con esa necesidad de juego, de descanso, de tomar una decisión, de afecto… Comprendiedo el espacio e importancia que tu hijo o hija le da a esa necesidad. Puesto que, si para él o ella es importante, necesita que tú te des cuenta de ello.

Tercera clave

Por último, la previsión. Tener en cuenta cómo se encuentra tu hij@ y conocerlo te permite ser mucho más consciente de cómo tienes que llenar tu agenda diaria, los recursos que necesitas y la flexibilidad necesaria para poder adaptaros mejor el uno al otro.

Organización con hijos
Somos conscientes de que nuestro día a día puede ser difícil de conciliar con nuestros hijos e hijas. Por eso, plantearnos estos detalles puede ser un punto de inflexión en el modo de disfrutar del tiempo que pasamos juntos.

Y estoy segura que la mayoría de nosotras deseamos poder atender nuestras necesidades y las de nuestros pequeños, puesto que todos tenemos nuestra parcela de importancia. Encontrar el equilibrio es un trabajo personal que variará de unas a otras y que iremos perfeccionando con conocimiento, recursos, práctica y experiencia.

Si necesitas recursos para gestionar los conflictos con tu hijo o hija de una manera respetuosa pero sin perder de vista tus necesiades te estamos esperando.

Curso “Empatía y Comunicación”

Todo bajo control: comemos de todo

planificar las comidas para comer de todo

Tengo un menú semanal superequilibrado. En casa comemos de todo. Tengo una lista de la compra con las cantidades exactas que necesito comprar de cada alimento. Soy muy metódica haciendo la comida, las raciones… no quiero que mis hijos pasen hambre ni que coman demasiado, se que eso también es malo. Quiero que se sienten a la mesa durante las comidas, con nosotros, y que coman correctamente, sin sorber, sin jugar, sin hacer ruiditos, terminándose todo lo que hay en el plato sin rechistar, que se que es la cantidad de comida que deben comer a diario.

Y lo preparo todo con mucho amor. Pero la hora de la comida es un desastre. A los pocos minutos de empezar a comer se ponen a jugar entre ellos o con la comida. Me preguntan que hay de segundo y me miran ante la respuesta con cara de asco, como si no hubieran comido nunca aquello… A veces incluso les dejo estar un ratito en la cocina mirando como prepado la comida. O quieren levantarse para seguir jugando en el salón, como si no tuvieran hambre. A menudo no les apetece terminar su plato y tengo que ponerme sargento. Después a media tarde parece que vayan a comerse una vaca entera para merendar del hambre que tienen. ¿Por qué no…

… comen a las horas previstas?

… quieren terminarse su ración?

… les apetece aquello que siempre les había gustado?

… están sentaditos y en silencio comiendo tal como les enseñamos, como adultos, sin mancharse, sin moverse, …?

Tener todo bajo control es estresante e imposible. Porque nuestro cuerpo no es una máquina. Es eso, un cuerpo. El cuerpo sabe autoregularse: a los adultos no nos apetece comer siempre las mismas cosas, ni a las mismas horas, ni en la misma cantidad. Nuestro cuerpo nos indica cuando tiene hambre y cuando no, podemos intuir cuando nos apetece dulce y cuando salado… incluso sabemos si preferimos comer o hacer otra cosa. Al final de la semana, comemos de todo igualmente, ¿no crees?

No es algo que hayamos aprendido. Nuestro cuerpo nace sabiendo. Al crecer, nos acostumbramos a cumplir unas normas sociales, nos convencemos de que esa es la cantidad de comida que hay que comer y no otra porque lo dice tal o cual nutricionista de moda, creemos que es muy importante que comamos DE TODO (que no es lo mismo que de todos los grupos de alimentos)… y creemos que debe ser así también en nuestros hijos, ya que queremos lo mejor para ellos. Es para nosotros primordial que sean adultos bien educados y nutridos, preparados para todo.

Y se nos olvida que los niños, desde el momento en que nacen, SABEN cuando tienen hambre y cuando no, SABEN qué les apetece. Tienen curiosidad por descubrir el mundo y a veces SUS necesidades son distintas de las nuestras.

Y aunque el objetivo de su cuerpo y nuestro objetivo son el mismo, intentamos que coman de todo y nos preocupamos por su salud cuando pensamos que no es así.

NO hace falta tener todo bajo control. Dejemos un margen a la improvisación y la espontaneidad. Al fin y al cabo, seguro que comemos de todo (de todos los grupos de alimentos) de forma equilibrada planificando las comidas y teniendo variedad de alimentos en casa (frutas, verduras, legumbres, carne y pescado).

Si ahora no apetece comer, apetecerá en un rato.

Si quieren participar en la elaboración de la comida, dejemos que esten con nosotros, que nos ayuden de verdad. Ellos disfrutaran y les sabrá mejor la comida. Nosotros pasaremos un ratito con ellos a la vez que hacemos algo en casa: conviviremos sin darnos cuenta. Y es divertido.

Los horarios fijos, los menús incambiables, las normas sociales, los gurús de las dietas , las combinaciones perfectas de alimentos… pueden esperar.

Dejemos que sean criaturas, que descubran y experimenten y puedan comer lo mismo para desayunar durante meses, siendo su elección (por ejemplo atún con tomate) en lugar de la nuestra (cereales con leche). También están aprendiendo, a decidir y a ELEGIR POR ELLOS MISMOS, a tener una relación sana con la comida. ¿y ese es el objetivo, verdad?

Trabajo y maternidad, con Nahia Alkorta Elezgarai

Hoy tenemos el placer de tener en nuestro blog a Nahia, mamnahiaá de Aner (2012), Xuhar (2015), y sus dos proyectos Sabeletik Mundura y Loa-Lo.

 

Nahia es asesora de maternidad, lactancia, porteo y duelo gestacional y perinatal. Con toda esta formación a sus espaldas, se dedica al asesoramiento personal y a dar charlas y dar talleres. Además es distribuidora de portabebés y también vendre productos relacionados con la crianza.

 

¿Qué tiempo tenía tu bebé cuando retomaste la actividad en tu emprendimiento?

Cuando el mayor tenía un año me embarqué en la aventura de ser autónoma en España y he trabajado con el alrededor hasta que cuando cumplió tres empezó a ir a la escuela por las mañanas. Nuestro segundo hijo nació a los tres meses de que el mayor se escolarizara y yo retomé la actividad, a media jornada, a las seis semanas tras el parto.

Los primeros meses de un bebé no son siempre sencillos, sabemos que es un periodo nuevo y lleno de retos. ¿Cómo afecta la llegada de un bebé a los objetivos que te marcas en tu negocio? ¿Hay un antes y un después?

Mis proyectos laborales son como mis hijos, hay días en los que me necesitan más y otros en los que podemos separarnos un poquito más. Cuando me embarqué en esta aventura lo hice principalmente para hacer algo que me apasiona y que me permitiera que mis hijos siempre fueran la prioridad. La llegada del segundo hijo trajo aire fresco, un parón para arrancar con más fuerza. El embarazo me permitió organizar mi trabajo para que pudiera ralentizar el ritmo y adecuarme a la nueva situación. No considero que haya un antes y un después, es un continuum, igual que la crianza.

¿En algún momento te fue tan complicado compaginar tu emprendimiento con tu maternidad como para plantearte tirar la toalla? Y si fue así, ¿qué te hizo continuar?

Ha habido días con ganas de parar el mundo pero no por la conciliación si no por las condiciones pésimas que tenemos las autónomas en España. Me agota mucho emocionalmente por un lado lo injusto que es el sistema y por otro que mucha gente haga cosas similares sin cumplir con obligaciones fiscales. Hay meses en los que tal vez sería mejor tirar la toalla, pero cuando crees firmemente que lo que haces merece la pena y que colaboras a que tus nietos tengan un mundo mejor, la fuerza sale del corazón.

 

En una maternidad en la que se busca estar en contacto constante con el bebé, el tiempo que se pasa juntos es vital, así que dinos, ¿cómo organizas tu tiempo para poder disfrutar de la maternidad y ser productiva?

Trabajo en contacto, porteando o con el peque en un cojín de lactancia al pecho. Aprovecho las siestas en las que consigo no quedarme a dormir con el y las noches. Siempre he sido más productiva de noche por lo que todo el trabajo que no es directo con las familias, lo dejo para compartirlo con las estrellas.

Seguro que tienes siempre a mano algunas herramientas que te permiten estar con tu hijo a la vez que trabajar. Explícanos cuál es tu preferida.

La pelota de pilates y un buen portabebés. Con el peque a la espalda, música y los botes de pelota todo es más fácil. Ahora además esta entrando en la fase de gateo, por lo que una buena alfombra es mi mejor aliado.

A veces hacer lo que te apasiona absorbe tanto que las horas pasan volando, el cansancio se acumula y después no podemos afrontar el día a día con la misma energía. ¿cuál es tu secreto para planificar tus actividades sin dejar de lado nada importante y poder descansar?

Procuro ser realista y no programarme demasiadas cosas, la maternidad te obliga a no tener casi ninguna cosa totalmente establecida. Catarros, revisiones, vómitos de noche, pesadillas… inesperados son parte del día a día. Establezco mi trabajo según prioridad por prisa e importancia y según el tiempo que tenga en cada momento, elijo una tarea que pueda encajar en ese rato. Aprovecho los ratos de juego, por lo que las tareas las reparto en intervalos de más o menos 10 minutos y disfruto del placer de tachar cosas de las listas.

No quiero que nadie organice mi vida, ni siquiera tú.

¿Has sentido miedo a ser cuestionada alguna vez? ¿Has escondido emociones para que no intuyeran alguna debilidad en ti?

Yo sí. Y estoy segura que no soy la única. Es un recurso que usamos a veces para protegernos.

Pero hubo un momento en mi vida que lo hice, y si pudiera volver atrás cambiaría 100% ese miedo por la tranquilidad que da el conocimiento: mi primer puerperio.

Recuerdo avisar a mi madre que llegábamos del hospital por la noche y ella me ofrecía dejarme la cena preparada. Me pareció práctico, pues ni siquiera recordaba qué había en la nevera cuando salí de casa después de romper aguas de madrugada. Accedí. Cuando llegamos, ella ya estaba en mi piso y lo tenía todo listo. Y empezaron las preguntas: ¿A qué hora quieres que venga mañana? ¿Qué quieres que te prepare? ¿Necesitas que me lleve ropa para lavar? ¿Quieres…..?

En ese momento levanté un muro de piedras mental infranqueable: “Aquí no va a entrar nadie a organizarme la vida, que hasta ahora no me ha hecho falta para nada. No quiero tener a ninguna persona diciéndome qué o cómo tengo que hacer las cosas”. Y seguramente, así hubiera sido, porque mi madre es así, y no voy a ser yo quien la cambie.

 

Ojalá se hubiera desmoronado esa barrera en el mismo instante en que la creé.

 

La decisión que tomé en ese momento tuvo una razón de ser: el miedo a ser cuestionada. Mi inseguridad. Ella ejercía el papel que le tocaba: ese cojín que las madres que acabamos de parir necesitamos. Esa persona capaz de organizar aquello que, para una recién mamá, debería quedar en segundo plano en sus prioridades. Porque tiene que focalizarse en ella misma, en sus necesidades y en las de su bebé.

Pero de eso, por aquel entonces, yo no era consciente. No supe ver la importancia que tenía para mi recuperación, para mi tranquilidad y la de mi bebé, tener a alguien que se pudiera encargar de la casa.

 

Y me encontré con algo peor que el miedo a ser cuestionada:

mi propia inseguridad en una maternidad totalmente nueva para mí y la soledad rodeándome en todo momento.

Pero el sentimiento que más tenía arraigado en esos momentos no iba tanto con el carácter de mi madre y su supuesta intromisión en mi nueva faceta de madre (eso daría para otro post), sino con algo más profundo. Algo que, a veces, es mucho más difícil de ver en nuestros actos. Lo tenemos muy integrado la mayoría de mujeres, sobre todo aquellas que compaginamos varias facetas en nuestras vidas y la mayoría no somos conscientes de ello.

Se trata un conjunto de emociones y pensamientos que no sólo vemos en nuestra vida como madres sino que podemos observar en distintas situaciones y contextos. Todos tienen un mismo denominador común: yo puedo con todo.

Lo que quiero mostrarte explicándote esta experiencia personal tan íntima es que yo necesitaba gritarle al mundo que no sólo iba a ser la mejor profesional del mundo como había intentado ser hasta entonces. Sino también ahora que iba a ejercer un papel nuevo, el de madre. Así que, en ese momento, tenía que demostrar a todos los que me rodeaban que sería la mejor madre del mundo. Y para ello, debía hacerlo sola. Porque si no, mi idea de control y seguridad se desmoronaba por completo y me hacía sentir frágil, débil, poca cosa, vulnerable… en fin: fracasada. Así era como yo había aprendido a mostrar mis capacidades: fuerte, sola, sin ayuda…

Nada más lejos de la realidad.

Ser capaz de ver qué es más importante en cada momento para ti y para tu bebé. Estar segura de lo que quieres, de lo que necesitáis tú y tu pequeño. En definitiva, tener las cosas claras y estar empoderada en tus decisiones puede ser sinónimo de no tener miedo y saber decir NO. Y decir no, aunque parezca que en este post está fuera de contexto, es mucho más importante de lo que te imaginas en una situación tan delicada como un posparto.

Saber decir no, implica ser consciente de hasta dónde puedes llegar y así poder ver, sin agobios, sin presiones, sin metas estresantes,  que hay cosas que no vas a hacer como hacías antes. Y no pasa nada. Lo harás, pero de otra manera que, seguramente, te llevará un tiempo descubrir porque todo es nuevo. Y que, allí donde tú no llegas, puede llegar otra persona, aunque hasta el momento haya sido tu responsabilidad.

La capacidad de adaptarte a nuevas situaciones puede ser la clave para que los cambios que se den en tu vida sean un éxito. Pese a que pienses en ese momento que es un desastre. Porque entendiendo qué es lo que ocurre, es más fácil actuar en consecuencia, con seguridad y sin miedo.

Y si no se tiene miedo, se tiene un poder extraordinario.

La 3 cosas que aprendí de Kirikú

La casa desordenada. Ropa por lavar, ropa por guardar. Hace tres días que no barres la casa. Platos sucios en el fregadero. La mesa de trabajo llena de tareas pendientes. Mails por responder. Y no sabes qué preparar para comer. No te has duchado esta mañana. Solamente tienes ganas de tumbarte al lado de tu bebé y adormecerte oyendo su respiración. Olerlo, mirarlo, abrazarlo, y descansar… es lo que deseas. Pero tienes tantas cosas por hacer…

Esta sensación de estar abrumada, la he vivido muchas veces. De vez en cuando, con dos criaturas de edades diferentes en casa, todavía la tengo. Pero la vivo diferente. Con el paso del tiempo y las cosas (algunas muy buenas, otras no tanto) que nos han sucedido, he aprendido a fluir, a saber delegar y priorizar desde el corazón, y no desde la mente.

Con esa percepción distinta y nueva, os cuento lo que yo aprendí al ser mamá:

  1. El tiempo no se detiene.

Recuerdo una serie de televisión, cuando yo tenía unos 15 años, donde una chica mitad humana mitad extraterrestre tenía el poder de parar el tiempo ( De otro mundo). Siempre he soñado con tener ese don. Pero llegué a la conclusión de que no es posible. El tiempo pasa, pasa muy rápido. Un día tu bebé está dormido la mayor parte del día, y sin darte cuenta se sienta solo y duerme un ratito por la mañana y otro por la tarde. Y al cabo de poco ha pasado un año y ya anda… Los primeros meses de vida de tu hij@ son alucinantes y maravillosos. Es increíble como adquieren habilidades y crecen día a día. Casi sin darte cuenta. No dejes escapar esos días preciosos por las tareas por hacer. Organízate para tener tiempo de estar con él. Tiempo suficiente para poder recordar sus primeras veces. Ese recuerdo será un tesoro para ti.

  1. Los objetos que te rodean sólo son cosas.

En serio, ya se que te encanta tener la casa limpia que huela a rosas y que todo esté en su sitio exacto. Y nadie mejor que tú para hacerlo si quieres hacerlo a tu gusto (como dice el dicho popular, “si quieres algo bien hecho, hazlo tu mismo”). Pero desengáñate: la mayoría de esas cosas que pueblan tu hogar, no las vas a recordar en unos años y ni siquiera te van a reconfortar. No te abrazan ni te hacen reír. No les prestes más atención de la que requieren: cuando llegue alguien a casa (pareja, madre, padre, amiga/o, etc..) y te diga “ya me quedo yo con el niño, ve a hacer lo que necesites”, si lo que pretendes es ponerte a lavar, fregar los platos, cambiar sábanas, barrer… atrévete a delegar. Todos los adultos podemos hacer las tareas del hogar. Seguro que alguna hay que quieres hacer tú, pero deja tareas para los demás. Si vienen a ayudarte, estarán encantados/as de colaborar de verdad.

  1. Déjate quererte.

A ti. Sí. A ti que además de madre, pareja, trabajadora/emprendedora, amante etc… sigues siendo tú. Guardar en tu día a día un ratito sólo para conectar contigo, para hacer algo que te apetezca hacer por ti y para ti, no va a ser enriquecedor, va a ser una salvación en determinados momentos. Sigue queriéndote y mimándote porque eres importante. Al menos para una persona en el mundo eres insustituible.

Hay un personaje de animación que nos encanta a toda la familia: se llama Kirikú. Es un niño africano muy especial (podría decirse que con mucha claridad mental.). Te dejo un fragmento de una de sus películas en la que una bruja ha envenenado a todas las mujeres del pueblo. Es un sencillo pero claro resumen de mi aprendizaje como madre:

 

Tu fisiología, tu instinto, tus hormonas, tu corazón saben que eres insustituible. La seguridad, confort y amor que tú, como madre, puedes darle a tus hij@s estando presente a su lado, no se la puede dar nadie más. Es una certeza que da un poco de miedo porque es una responsabilidad enorme. A la vez, es maravilloso comprender esa conexión especial y única que se tiene con los hij@s y dejar que ese vínculo ocupe el espacio que necesitas.

Maternidad y Conciliación

Si quieres saber cómo organizarte y planificar tu maternidad de una forma segura y empoderada, mira el programa que hemos creado.

En él descubrirás cómo atender a tu bebé cubriendo sus necesidades reales al mismo tiempo que optimizas el tiempo que necesitas para ti y tu negocio.

O si quieres, también puedes adquirir nuestra:

Guía práctica para organizarte durante tu posparto

Talleres Adiós a los pañales

Este mes de junio hemos facilitado el taller Adiós a los pañales a más de 30 famílias en total, así que estoy muy satisfecha por el trabajo realizado, y por haber ayudado a tantas mamás y a tantos papás a encontrar recursos y herramientas para llevar esta etapa del desarrollo de sus hij@s como una aventura y no como  un “engorro” o un “suplicio”. Y además estuve acogida por un grupo  de mamás (Cu-cut) en Sant Sadurní d’Anoia, y por el espacio polivalente de La Panxamama, en Vilafranca del Penedès.

Lo mejor de estos talleres es que todas las famílias están en el mismo punto, y todas tienen ganas de escuchar y comprender mejor como evoluciona el control de esfínteres, qué capacidades fisiológicas, neurológicas y emocionales debe madurar nuestro bebé para estar preparado y empezar a olvidarse del pañal, y qué recursos tenemos al alcance para acompañar a nuestro hij@ y agilizar el proceso, partiendo de una actitud respetuosa y amorosa por parte de nosotros, los adultos.

También muy contenta con el ambiente acogedor y cómplice que se generó en las tres charlas, puesto que todas las famílias pudieron comentar su situación, sus miedos, temores y dudas. Al terminar el taller recogí respuestas en la evaluación del taller que pido a tod@s los participantes.

Estos son algunos de los testimonios ante la pregunta “¿qué te llevas del taller, para aplicar en casa?“:

 

N.Callau: “La tranquilidad de saber que es un proceso lento que hay que emprender con paciencia para que la niña lo viva con naturalidad”

Jose M.: “Ideas. Sobre todo la de hacerlo partícipe; paciencia y no tener miedo a dar un paso atrás”

Raquel F.: “Mucha información y herramientas para afrontar la etapa con tranquilidad y empatía hacia mi hija”

Linda: “Compartir mis sentimientos, implicarlo más en el proceso”

Jordi: “Unas cuantas pautas a seguir que pueden ser muy útiles”

Meritxell: “más tranquilidad y seguridad”

 

Y aquí algunas fotos de un par de los talleres, que a veces se me olvida esto de inmortalizar el momento…

 

Ha sido una agradable experiencia el poder ayudar a tantas famílias en este momento de la crianza. Hasta igual ¡repetimos en breve…!

 

Mònica Pons
mujer, madre, bióloga y doula

 

Estrategia para criar hijos autónomos (que no autómatas)

 

La ropa nos define. Define nuestro estado de ánimo, cómo nos sentimos, a donde vamos, .. puede proporcionarnos libertad, o ser una cárcel, un factor limitante. Igual que el resto de elementos que rodean nuestra vida: las relaciones, el trabajo, los vecinos, la tele, …

Mi hija mayor, tiene ahora 5 años. Tiene un estilo digamos.. ecléctico: ella puede salir a la calle con una falda gris con corazones blancos y un ribete monísimo de color rojo, una camiseta verde, una chaqueta de chandal marrón con un dibujo en rosa, medias lilas y botas de montaña. A mí me cuesta un poco (a veces horrores) no cambiarla de ropa, no obligarla a vestir de otro modo, no forzarla a ser más “aceptable” para los demás. A ir más”mona”.

 

se tu mism@

 

Por supuesto vivimos en sociedad, somos animales sociales, y buscamos la aceptación de nuestros congéneres. Sentirnos aceptados y parte de una comunidad nos proporciona seguridad y confort. Ese sentimiento de pertenencia a un grupo no debería estar reñido con ser como eres. Pero muchas veces lo está.

Seguramente ahora estáis pensando que soy una exagerada. Probad ésto: pensad en vuestros recuerdos de infancia, en qué ropa os ponían y en cómo os sentíais con ella, en cuántas veces os mandaban callar antes de decir dos palabras seguidas, en si os sentíais juzgados escuchando a los mayores hablar de uno sin tenerle en cuenta (estando presente). ¿Cuántas veces sucedieron esas escenas? ¿Creéis que cambiaron vuestra forma de comportaros, vuestra manera de presentaros al mundo? No hablo de las normas básicas de convivencia, sino de esos detalles sutiles que fueron dando forma a al concepto de vosotros mismos desde el exterior.

 

 

Tampoco se trata de comentarios ni miradas malintencionadas, aunque esconden (muchas veces de forma subconsciente) juicios y suposiciones:

¿te vas a poner esa ropa?

¿ya come bien?

¿es buena niña?

¿se porta bien?

Y podrían traducirse, más o menos así:

¿quieres ir así vestida?

¿come todo lo que tu quieres cuando tu quieres y como tu quieres?

¿está callada y quieta y sin molestar cuando tu deseas?

¿hace lo que le dices cuando y como se lo ordenas?

Llevamos éstas frases llenas de juicios de valor grabadas a fuego en la frente. Y son valoraciones vacías que regalamos a nuestros hijos en cuanto nos despistamos.

 

Los comentarios y valoraciones que expresamos deberían ser positivos y respetuosos, o presentar una crítica constructiva. Eso nos permitiría seguir acompañando el libre desarrollo de la autoestima, la autonomía, el criterio propio y la libertad de nuestros hijos para ser en función de su propia esencia.

 

Durante mis embarazos, pensaba en como me gustaría que mi hija fuera de mayor. Me gustaría que fueran (ambas, cada una a su manera) grandes personas, y pensaba en una lista como ésta:

feliz

valiente

inteligente

divertida

sana

con voz (propia)

con personalidad (propia)

con autestima

cariñosa

con criterio (propio)

 

Si hacéis una lista de vuestros deseos, seguramente se parecerá a ésta.

¿Pero qué sucede en nuestro día a día, cuando no hace lo que necesitamos que haga, cuando no se viste como quisiéramos, cuando no sigue el ritmo marcado (por nosotros)?

¿cómo reaccionáis?

 

Queremos hijos con voz propia, que no se dejen engañar, que sepan defenderse, que tengan opinión. Para que pueda ser así, debemos propiciar que esas cualidades se desarrollen en ellos.

 

Pero como ya he dicho, vivimos en sociedad: hay horarios, responsabilidades, prisas, una logística organizada… y se nos olvidan los deseos y vamos a lo que nos parece más rápido (que conste que eso nos pasa a tod@s), y el resultado suele ser un conflicto.

Cuando no escuchamos ni dialogamos, no estamos permitiendo las opciones, ni que sea el niñ@ quien decida. Entramos en modo institutriz. Y el conflicto acaba en lucha de poder. A la vez, ya no estamos propiciando

su individualismo (quiero hacer algo distinto a lo que tu me dices),

su capacidad de decisión (y si lo hiciéramos de otro modo),

su autoestima (lo que yo digo o pienso no se tiene en cuenta),

ni su criterio (mi opinión no vale, vale la de los demás).

 

Entonces, ¿cómo gestionamos éstas situaciones? Hay algunas estrategias que pueden ayudar. En mi caso, me funciona lo siguiente:

 

  1. Respira. Tu hij@ tiene opinión y sentimientos. Párate un momento y respira hondo antes de hablar. Muchas veces vamos tan acelerados que necesitamos que obedezca a lo que pedimos sin pensarlo dos veces. Tenemos tantas cosas que hacer que el comportamiento de tu hij@ descuadra con el horario establecido.
  2. Escúchate. Pregúntate qué necesitas en ese preciso instante, que te molesta, para esperar que tu hijo te obedezca sin rechistar. Qué hace que no quieras ceder ni escucharle. Por qué te pones a la defensiva. 

    Este punto es muy importante. Vivimos en una sociedad burocratizada, “normalizada”, con horarios, obligaciones, objetivos y reponsabilidades que asumimos como necesarias todo el tiempo, y que a veces, nos limitan. Organizamos nuestro día a día al segundo, no hay espacio para discutir. Ni siquiera con nosotros mismos. Tal vez al pasar por alto nuestras necesidades, también perdemos la capacidad de escuchar las necesidades de los demás.

  3. Escúchale. Que quiere decirte. Establecer un diálogo con tu hij@ te ayudará a conocerle, a saber como se siente, que es lo que piensa.. y si lo haces a menudo, verás como le apetece hablar más contigo y contarte sus cosas. Da igual si tiene un año, tres, cinco o diez. Nuestros hijos tienen vivencias y experiencias desde que nacen (incluso antes), saberse escuchado reconforta; estás plantando la semilla que servirá para crear una relación madre-padre/hij@ basada en la comprensión, la confianza y la complicidad.
  4. Sé práctic@: piensa en cuántas veces la posición “porque lo digo yo” ha iniciado una batalla de leones/leonas que todavía ha alargado más la situación problemática. Ejemplos:-irnos a dormir ya

    -terminarse todo lo que hay en el plato

    -ir a ducharse

    -nos vamos ya del parque

    -la ropa que ponerse

    -…

    Ahora piensa en alguna de éstas situaciones, ¿cómo se hubiera desarrollado si en lugar de insistir en modo institutriz, te hubieras parado a preguntarle a tu hij@ por qué no quiere, qué le pasa, o simplemente escuchar su demanda? Quizás solamente quería hacerte una pregunta, a lo mejor estaba contento y quería darte un abrazo (maravillosos abrazos espontáneos)..

Seguramente en lugar de emplear 10 o 15 minutos en “resolver” el conflicto con rabieta, lloros o chillidos              incluidos, emplearías 5 min en escucharos y llegar a un acuerdo.

 

Todo aquello que hacemos desde la plena conciencia en lo que sentimos y pensamos, nos enriquece a nosotros y a nuestros hijos.

 

Lo mejor de mi estrategia, es que aunque al principio cuesta horrores, a medida que voy practicando, me escucho más, paro a respirar sin pensarlo, cambio mi mirada antes de hablar. Y cuando no lo consigo, también me resulta más fácil rectificar, disculparme (desprenderse del tozudo orgullo de querer tener razón también es un aprendizaje).

Y al meterme en la cama y repasar lo que he vivido ese día, me siento más orgullosa de mí misma. Y más orgullosa de mis hijas.

Y eso es maravilloso, ¿no crees?

La escuela, el médico y la toma de decisiones

El viernes pasado me llegó una notificación escolar. En realidad, algunos niños de la clase de mi hija, hacía unos días que contaban que iban a venir unos médicos al cole.

En la revisión, de la que no te explican qué van a revisar de la salud de tu hij@, no va a estar ni su padre ni yo presentes. No entiendo el motivo de la dicha revisión. Me cuestiono algunas cosas:

1.Para empezar, ni a los alumnos, ni a sus tutores legales (los padres) se nos ha explicado en qué consiste la revisión (ésto es un derecho del paciente; como el paciente es menor, quien debe ser informado de los procedimientos a seguir, son los padres o tutores legales)

2.Además, si la revisión se efectúa en la escuela, se deja al niño sin la posibilidad de estar acompañado por alguien de confianza (éste es otro derecho de los pacientes)

3.Puedo entender que se quiera tener una idea de cómo está la salud de la infancia, pero esa estadística puede hacerse con los datos que se obtienen de los niños que sí van  a hacerse una revisión médica. Si no se tienen suficientes datos, y son realmente necesarios, que incluyan más revisiones pediátricas entre los 2 y los 10 años. Con el pediatra de tu hij@, y contigo a su lado.

 

derechos y deberes

Siguiendo con mi reflexión sobre si autorizar o no la revisión, me percato de que:

-se mezclan competencias de salud y de educación: ¿por qué hacer revisiones en los colegios?

-si autorizo la revisión, estoy renunciando (yo, en nombre de mi hij@) a que alguien conocido le acompañe durante la revisión y le explique lo que necesite

-si fuera necesario realizar más revisiones pediátricas, ya estarían incluidas en el calendario de salud… digo yo

 

Así que no he autorizado la revisión.

Es una opinión muy personal, lo se. También se que la salud no es solamente la ausencia de enfermedad. La salud es un estado de bienestar físico, mental y emocional. Buscar parámetros de enfermedad física para saber sobre el estado de salud de una franja de la población es algo simplista. Y con esto, no me refiero a la función del personal sanitario, sinó al política estatal. ¿Qué pasa con la composición de los alimentos destinados a la población infantil? ¿Qué pasa con la práctica de ejercicio físico, las actividades al aire libre, el tiempo que un niñ@ pasa con su família.., y que le permitirán crecer en un estado de bienestar real? ¿Se hacen estudios estatales para saber qué emociones predominan en los niñ@s? ¿Si se sienten felices, frustrados, alegres, rabiosos…?

 

Cada vez más a menudo me da la sensación de que se obvian la capacidad de decisión, la visión crítica y la opinión de las personas, en aras de la seguridad, la salud, la prevención de lo que sea,… Y la verdad es que muchas veces nos dejamos llevar por esta corriente de desinformación informada, nos parece bien y no escuchamos esa vocecita interior que empieza a decir “¿seguro que esto es necesario?”, y la silenciamos. Y eso sí que es un problema, porque al final nos creemos todo. Al final creemos que no tenemos poder de decisión: lo hemos cedido.

Por si acaso.

Porque lo hacen por mí.

Porque saben más que yo.

Porque yo no sé.

 

No lo hagáis. No cedáis a la corriente sin escuchar vuestra vocecita interior. Seamos críticos. Preguntemos cuando tengamos dudas. Cuestionemos cuando no nos parezca correcto. Formémonos una opinión antes de decidir.

Parece una exageración lo que hoy os estoy contando (solamente es una revisión en el cole, por favor…), pero se trata de nuestro bienestar y el de nuestros hij@s. Y de enseñar a nuestros hij@s a pensar, cuestionar, preguntar, decidir con voz propia. Porque el no decidir lleva a ceder ese poder sobre lo único que nos pertenece: nuestra vida. Y entrar en esa inercia, aunque sea con la decisión más trivial, es peligroso.

Así que, si os encontráis en la misma situación, o en cualquier otra, escuchad vuestra vocecita interior. Formaros una opinión sobre lo que os preocupa antes de decidir. Decidáis lo que decidáis, pensadlo primero.

Eso es bueno, es sano, es sabio. Y si la decisión es autorizar la revisión en el cole, perfecto. Siempre que sea vuestro criterio, y no la inercia la que os lleve a tomarla.

Empodérate.

Superar la barrera del trabajo para practicar el BLW

¿Te has preguntado cómo te vas a organizar con la alimentación de tu hij@ cuando empieces a trabajar?
Si tu bebé no ha llegado a los 6 meses, la leche seguirá siendo su alimento principal. Pero pasado ese periodo de tiempo empiezan a haber cambios en las pautas de alimentación y queremos y necesitamos tener la certeza que nuestros hijos siguen una alimentación “correcta”. Eso nos lleva a reflexionar sobre los alimentos que deben comer y en qué cantidad, así como su frecuencia. De hecho, esto es una de las cosas que nos indican los profesionales sanitarios, aunque, como ya hemos comentado en otros posts, a veces suele ser una angustia en vez de una orientación.
Pero no sólo eso.

 

Al plantearnos cómo enfocar la alimentación de nuestros bebés, muchas de nosotras también intentamos ser respetuosas en el proceso de aprender a comer y dejamos que nuestros bebés sigan su propio ritmo y atiendan a sus propias necesidades. Sabemos que es beneficioso permitir que nuestros hijos se mantengan conectados a su capacidad de detectar cuándo su cuerpo les reclama comida y cuándo no.

 

Y también podemos entender que terminarse la comida o comerse aquello que no soportamos para que mamá/papá (o el adulto de turno) esté contento, no se enfade, no castigue… también tiene su parte negativa a largo plazo.
Sin embargo, es cierto que, algunas veces, nuestra incorporación al trabajo puede suponer un impedimento para conseguir estos objetivos. Y digo puede, porque creo que es posible respetar los ritmos de nuestros hijos en la alimentación, aunque nosotras no estemos siempre presentes.

En el proceso de aprender a comer se ponen en marcha una serie de recursos y aprendizajes que nuestros bebés aplicaran en muchos ámbitos a lo largo de su vida, no sólo en el de la comida. Es un proceso que incluye aspectos no relacionados estrictamente con la nutrición.
Es el bebé quien debe aprender, a su ritmo, experimentando, decidiendo, no desconectando de su cuerpo y de sus necesidades biológicas, ni tampoco de su curiosidad, los alimentos que se le irán ofreciendo. Descubrirá texturas, olores, colores, sabores… agradables o no. E irá haciéndose una idea de lo que es la comida, del efecto de saciedad, de placer, de disgusto… que provocará en sus sentidos.
Cuando enfocamos la alimentación desde ese punto de vista, lo que buscamos, más allá de una correcta nutrición, es no vincular la alimentación a chantajes emocionales que pueden hacer que nuestros bebés coman para satisfacer la necesidad del adulto (asegurar una correcta alimentación de su hijo), y no su apetito propiamente dicho.
Y esto es tan sólo un ejemplo, porque los beneficios del BLW son muchos más.

BLW comer juntos

 

 

“Es posible respetar los ritmos de nuestros hijos en la

alimentación, aunque nosotras no estemos siempre presentes”

 

 

 

Cuando tenemos claro lo que queremos, educar desde el respeto puede ser más fácil cuando se está presente, puesto que somos nosotras las que sabemos cómo deseamos hacer las cosas y somos nosotras las que lo aplicamos.
Pero en nuestro país, el permiso de maternidad dura 16 semanas, eso si eres un asalariado. Si eres autónoma o emprendes un negocio…. puede que el tiempo a disfrutar en casa sea menor. Un bebé con 16 semanas (pongo este número, pero es aplicable a bebés mayores), no necesita ser cuidado por otras personas que no sean su madre (o figura maternante). Debemos tener claro que esa necesidad es del adulto que, por la razón que sea y sin entrar en juicios que no llevan a ninguna parte, necesita que alguien ocupe el lugar de cuidador/a durante unas horas para atender a su hijo y poder ir a trabajar.
Eso hace que, en un principio, respetar los ritmos para aprender a comer no sean compatibles con incorporarnos al trabajo, ya que cuando nos vamos a trabajar, queremos y necesitamos tener la certeza que está todo “bajo control”. La comida de nuestro hijo entra dentro de esa necesidad lícita de saber qué, cómo, cuándo y qué cantidad de alimentos está ingiriendo nuestro bebé cuando no estamos presentes.
Así pues, como los triturados son un método de alimentación conocido por la mayoría, no hay que dar muchas explicaciones ni cambiar nada de nuestro entorno. Nos resultará relativamente fácil explicar a las personas que van a cuidar a nuestro bebé mientras estemos trabajando qué debe comer el bebé. Y si es en un centro, lo estipulado en bebés pequeños también serán los triturados, así que no habremos de plantearnos nada más.
Podemos pensar, entonces, que aplicar el BLW no siempre resulta fácil si nos tenemos que incorporar a trabajar. Lo cómodo, entonces, es dar triturados a nuestros bebés. Es la manera normalizada de alimentarlos y, aparentemente, la más fácil de aplicar cuando tienen que ejercer ese papel personas que no conocen otra manera de hacerlo.

 

 

BLW cocinando

Pero entonces, ¿dónde queda esa conexión que ya tenía desde su nacimiento con sus necesidades biológicas de saber cuándo, cuánto y qué comer?

¿Damos pasos hacia atrás si establecemos unas cantidades de comida adecuadas y unos alimentos determinados y triturados?

Además, ¿le estamos quitando la oportunidad a nuestro bebé de descubrir la alimentación por sí sólo, con todos los beneficios que eso conlleva?

 

Seguramente ahora te estarás haciendo una pregunta..

¿y qué hago si quiero practicar el BLW y tengo que irme a trabajar?

 

Lo primero que te diría es: tranquila, sea cual sea la decisión que tomes, estoy segura que será la que creas que se adapte vuestra situación concreta. Por eso creo que hay varias respuestas a todas estas preguntas, pues cada caso y situación es diferente. Pero voy a darte algunas ideas.
Puedes hablar con la persona que tenga que hacerse cargo de tu bebé y explicarle tus necesidades. Es posible que vea las cosas del mismo modo que tú. A veces es cuestión de transmitir, no sólo la confianza en nuestro bebé y en sus capacidades en cuestiones de alimentación, sino también en las de la persona que lo va a cuidar.
Puedes optar por que la persona que se haga cargo de tu bebé le dé alguna toma de tu leche (tendrás que tener en cuenta cómo te organizas las extracciones) y así puedes encargarte de dar la AC siguiendo BLW. Dependiendo de la edad de tu bebé, deberás tener en cuenta que la alimentación principal hasta los 12 meses es la leche, por eso se le llama alimentación complementaria.
Y, finalmente, también puedes pactar que, pese a no practicar BLW, se respete la necesidad del bebé a decidir la cantidad que quiere comer, permitiéndole una actitud más activa en su propia alimentación. Así pues, añadir galletas a la papilla de fruta para que esté más dulce, hacer el avión o ver la tele para distraerle y abra sin ser consciente la boca… entre otras cosas, deberían ser temas a tratar con la persona que va a cuidar a nuestro pequeño.

 

Si conoces todos los beneficios del BLW, sabrás lo importante que es para tu bebé ser respetado en todo este proceso. Infórmate, consulta y habla con las personas de tu entorno para organizarte de la mejor manera que a ti y a tu bebé os convenga. Piensa que es una inversión que haces para el futuro de tu bebé.



  




LAS 3 TRAMPAS A EVITAR EN LA INTRODUCCIÓN A LAS PAPILLAS

6 meses. ¡Qué bien! ¡Cuántas ganas teníamos de que pudiera comer papillas ya!

Tantas, que hace días que tenemos en casa algunas esperando poder prepararlas: una sin gluten, una de 5 cereales y otra de arroz y zanahoria. Buscamos referencias sobre algunas marcas y elegimos cuidadosamente la que nos pareció mejor para ti. También tenemos en la despensa: mazanas, plátanos, peras, pollo, arroz, patata y calabacín… hasta hemos buscado recetas para prepararte la combinación más nutritiva.

Más o menos esta es la ilusión de los padres cuando nos indican que nuestro bebé ya puede empezar con la alimentación complementaria. Seguimos al pie de la letra las instrucciones que hemos recibido: un alimento cada cuatro días, cuando pruebe algo nuevo mejor por la mañana o al mediodía, cómo mezclar la papilla de cereales sin gluten con la que tiene gluten para ir introduciéndolo poco a poco… Refleja unas expectativas y un “timing” que los padres nos hemos creado en nuestro imaginario, es lógico. Lo vemos constantemente en los conocidos, en la tele, en las revistas habituales sobre bebés…

Luego entra en juego un personaje: nuestro bebé.

De hecho, es el protagonista de la historia: él va a empezar a comer alimentos distintos de la leche. Nosotr@s vamos a poner todo nuestro esfuerzo y ganas en que la adaptación sea rápida y fácil: organizamos un menú semanal, planificamos las compras de alimentos frescos casi a diario (habéis buscado una frutería en el trayecto del trabajo a casa donde poder parar a comprar cada día), y compramos baberos y platos y cubiertos (ya nos habían regalado todo eso, pero has visto unos monísimos y total, vas a necesitar uns cuantos para que no se quede sin platos y sin babero…)

Y por fin, preparamos la primera papilla: compota de manzana. Todo listo en la mesa, y tu bebé sentado en su trona. Tu rostro es una mezcla de ilusión, sorpresa, y alegría mientras te acercas a tu hij@ pensando que deberías tener a mano la cámara de fotos (o sea el móbil) para hacer una foto de tu bebé comiendo para enviársela a tu pareja y a los abuelos. Y ahí empieza el embrollo: tu hij@ escupe la compota de manzana que con tanto cariño has preparado, y la escena que te habías imaginado, desaparece mientras la mesa, la silla y la pared de enfrente reciben un poco de compota por si quieren probarla (nota mental: quizás debería poner algo delante por si vuelve a hacerlo, que pintamos hace poquito…).

Pasan los días, escuchas consejos y comentarios de un montón de gente dispuesta a ayudarte en esta empresa, ya puedes mezclar algunos ingredientes, ya puedes darle papilla con gluten (o eso te parece, ha escupido varios días la sin gluten, y la mezcla gluten y sin que has ido preparando..) y crees que de un momento a otro, tu bebé va a empezar a comer (por favor), ya has cogido un ritmo de lavadoras que te permite tener baberos y ropa limpia (de tu hij@ y tuya) y has descubierto un método para limpiar la pared. El suelo… bueno, ya tienes un recambio de la fregona preparado también. Tu cara ya no refleja ilusión, sorpresa y alegría, sólo una sonrisa preparada para intentar que el bebé no tire el plato antes de que puedas coger la cuchara, y algo de nervios.

Pero no hay manera: tu bebé no quiere papillas. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué no come?

Vamos a analizar brevemente las 3 trampas que encierra la introducción a la alimentación complementaria:

  1. La textura errónea: seguro que muchas personas te han dicho que no debes estar triturando bien, tal vez sea demasiado grumoso, o demasiado líquido, o demasiado espeso. El tema es que no estás haciendo bien la papilla.

Tu bebé está acostumbrado a la leche, que es líquida. Quizás todavía tiene reflejo de extrusión o quizás se trate solamente de que a tu bebé no le llaman la atención esas papillas porque además de que le están saliendo los dientes, está en una etapa en la que quiere llevarse todo a la boca, apretar, morder… y con la papilla no puede hacerlo.

 

2. Demasiada mezcla: ¿cuántas veces en la edad adulta comemos mezclas de 6, 7, hasta 9 cereales distintos?, ¿cuántas veces no probamos un plato nuevo porque no identificamos los alimentos individuales que se han usado para hacerlo? No nos hacemos éstas preguntas porque estamos habituados al sistema.

Tu bebé está interesado, quiere conocer los alimentos que te ve comer a ti. Si mezclamos varios de ellos, no va a saber a qué sabe la patata, el pollo, la zanahoria o el arroz, va a conocer el sabor de la mezcla. Y no podrá identificar cada alimento con su textura, su color y su sabor hasta que se lo dejes probar por separado. Pero ahora, ya está preparado para descubrir los alimentos, si lo hacemos del modo adecuado (medida, cocción,..) será más sano y divertido para él, conocer de verdad la comida, sin tener que redescubrirla con 2 o 3 años.

 

3.¡Lo hace a drede!: ésta es la peor de las trampas, y a tod@se nos ha pasado por la cabeza alguna vez. Y si no se nos ha pasado por la mente, alguien nos ha propuesto la explicación al problema que nos preocupa: es el bebé, que se ha empeñado en hacernos enfadar.

Los bebés, no actúan con intenciones veladas. Esa es una forma de relacionarse con el mundo que aprendemos a medida que crecemos, de nuestro entorno. Los bebés se comunican contigo de la forma que pueden hacerlo: al principio, solamente pueden llorar cuando algo les incomoda, les duele, les molesta. Luego pueden empezar a interaccionar con sonrisas y ruiditos contigo. Cuando aprenden a  moverse, añaden el movimiento: se acercan a ti, te tienden los brazos, o los ponen delante de ellos, si no quieren algo. Y todo ese lenguaje que desarrollan, es muy importante, para ellos y para ti, porque es la manera como se comunican contigo. Si le escuchas con la mente abierta, enseguida sabrás qué puedes hacer para ayudarlo, para acompañarlo en su descubrimiento del mundo.

 



  

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