De reglas, ciclos y menstruaciones

Un día, menstruamos por primera vez. Es un día que todas recordamos. Cada una con sentimientos distintos, algunos seran sentimientos contrarios incluso. A partir de ese momento, te contaron, ya eres mujer. Y sigues creciendo, y asocias ser mujer, a unas condiciones, actitudes, estética concreta. Para gustos los colores. Pero la regla es lo que menos te gusta de ser mujer. Que curioso, porque es lo que marcó tu entrada en el mundo femenino adulto.

La menstruación es tan solo una parte del ciclo menstrual. Es la parte más visible, los días en los que aparece físicamente de una manera más obvia. A la vez, son los días que muchas mujeres más aborrecen, odian, les repugna, molesta, etc…

Muchas veces se asocia la regla a sentimientos cuando menos, tristes. Relacionamos “tener la regla” con limitaciones de algún tipo: no podemos rendir com querríamos, no podemos tener el mismo nivel de energía, no tenemos la misma sensación de bienestar corporal… para muchas mujeres es algo inútil, engorroso, doloroso. Como si se tratara de un castigo.

La menstruación es el fin de un ciclo y permite iniciar otro. Sabemos que vivimos en una sociedad competitiva, lineal y muuuy productiva. Y por supuesto queremos estar adaptadas a esa sociedad, rendir, ser productiva, estar siempre igual de alegre, segura, dispuesta.

El problema es que todas esas condiciones no se corresponden de forma harmoniosa con la naturaleza de las personas y en general, y menos, de las mujeres. Porque somos criaturas biológicas, con ritmos, con ciclos que marca nuestro propio cuerpo.

Nuestra educación, la religión, las exigencias laborales y sociales… nos llevan a decidir adaptarnos. Por supuesto, es algo que los humanos hacemos muy bien: somos animales con una gran capacidad de adaptación. Pero cuando la adaptación incluye forzar el cuerpo y la mente para ser siempre nuestra parte más productiva, eficaz (en términos de productividad), socialmente satisfactoria… al final todo esto nos pasa factura. Y cuanto más nos agobiamos y sentimos mal por no estar como creemos que deberíamos, peor lo pasamos.

Las mujeres tenemos algunas ideas grabadas a fuego en nuestro subconsciente, por ejemplo:

-la regla TIENE que doler

-antes de que te baje la regla, seguramente vas a estar insoportable. Y odias tener que sentirte así

-necesitas esconder la regla, tu malestar, tu agobio o tu necesidad de estar sola… cualquier manifestación que esté fuera de lo “normal” y “aceptable” socialmente

-si te duele, te tomas algun medicamento para que, a pesar de tu necesidad de parar (no solamente del dolor) puedas seguir como si nada con tus actividades diarias.

Pues qué rollo si ser mujer es esto.

¿Te imaginas que durante un mes, en vez de esconder tu estado de ánimo, lo acompañaras?

¿Te imaginas escuchando sin juzgar tus emociones y modificando tus actividades sin sentirte culpable?

¿Te imaginas que te permitieras parar un poco cuando sientes que es necesario?

¿Te imaginas organizar tu día a día teniéndote en cuenta? (y aquí me refiero a tenerte en cuenta en cuerpo, y no solo en mente, o sea: respetando aquello que te pide el cuerpo, aunque no sea irse de bailoteo y se trate de quedarse en el sofà viendo la tele)

¿Te imaginas reconociendo en ti las fases de tu ciclo, para poder vivirlo de una forma mucho más positiva?

Porque somos mujeres, pero cada una lo es a su manera. Porque todas tenemos un sistema hormonal que nos marca una tendencia, pero cada una lo siente desde su lugar. Porque somos únicas. Al fin y al cabo, tu cuerpo te cuenta lo que le sucede, te indica qué necesita. Solo hace falta:

-escucharlo (escucharte) con amor

-conocerlo (conocerte) 

y.. ¿sabes una cosa? Todo eso es posible. Y el cambio es espectacular.

Porque descubrir de verdad tu cuerpo es como darse cuenta del universo maravilloso que es.

Quitarse de encima creencias limitantes, tabúes, miedos, y sentirse libre, orgullosa, tranquila, consciente. Permitirte “no hacer nada” cuando “no hacer” es lo que necesitas para recargar energía, para empezar de nuevo, un nuevo ciclo.

¡Atrévete!

Parir acompañada

El momento que llevas tanto tiempo esperando, llega al fin y al cabo. Cuando termina el proceso de gestación, cuando tu hij@ está preparad@ para nacer, para respirar, para empezar su vida fuera del útero, se inicia el parto.

 

El acto de parir, rodeado de leyendas, mitos, miedos, angustias, temores y dolor en nuestro imaginario, queda desprovisto de su esencia: el acto de parir es un acto fisiológico. Eso significa que si tu no opones resistencia, tu cuerpo pone en marcha todo lo necesario, sin que tu intervengas conscientemente, para que tu bebé nazca. Así de simple.

Se que en realidad no es tan simple, que son muchas horas, que hay dolor y temores. También se que hay ilusión, esperanza, confianza, valor. Y que todo es más fácil si confías. ¿En quién? En ti. Y en tu bebé.

 

Somos humanos. Y pensamos. Elaboramos escalas de valores, pensamientos abstractos y complejos, juicos y prejuicios de todo… y nos olvidamos de nuestra herencia. De nuestra condición de mamíferas. Y ocultamos nuestra parte animal. O al menos, lo intentamos.

Recuerdo que en mi primer embarazo, vi varios videos de partos en casa y en hospital. Y no entendía como aquellas mujeres podían quedarse desnudas delante del equipo médico o delante de una cámara en su casa. Chillando, llorando, bailando, riendo, pariendo. Aunque estuvieran pariendo. O sobretodo porque estaban pariendo. Cuando llegó mi parto lo entendí.

Entendí que durante el parto el tiempo tiene otro ritmo.

Entendí que tu conciencia está en otro lugar.

Entendí que nuestra parte animal necesita salir de nuestro interior para facilitar todo el proceso. Bueno, en realidad lo entendí al recordarlo, durante el parto simplemente sentí. Me dejé llevar. Primero por el dolor, la desesperación y el miedo. Y así pasé toda la noche. Después me rendí. Dejé de luchar, y pedí anestesia peridural. El dolor y los nervios que me atenazaban se calmaron. Y me quité la ropa aún no se cuando exactamente, balanceándome, andando, agachándome o tumbándome cuando yo quería. Y después, me reía cuando me decían que había estado 15 horas de parto.

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En mi segundo parto, aún sabiendo que teníamos que provocarlo, que seguramente mi hija estaría hospitalizada unos días, aún temiendo que pudiera tener secuelas, estando en un hospital mucho menos acogedor… me dejé llevar. Mucho más que en el primero (y de eso también fui consciente después). Lloré por no poder esperar a que ella decidiera nacer, lloré porque me sentía culpable (nuestra amiga la culpa siempre aparece en algun momento, aunque no tengas culpa de nada) por lo que estaba sucediendo. Luego hablé con mi hija. Le pedí disculpas porque tenía que nacer ya, porque debíamos vernos antes de tiempo, le pedí que fuera valiente y fuerte, que yo estaría con ella.. le dije que la quería muchísimo y esperaba que todo se pudiera solucionar. Luego pedí que me indujeran el parto de la forma más natural posible, que no quería oxitocina intravenosa. Quizás por mi mirada, o por mi tono, accedieron. El parto duró casi 24 horas.

 

Canté, bailé, conecté con mi hija, sentí el dolor de un modo distinto (dolor igualmente, pero cada contracción me acercaba más a mi hija, me ayudaba a acompañarla en su nacimiento apresurado), grité y aullé como una loba.

 

Además, no estaba sola. Mis hijas (una en cada parto) y yo nos acompañábamos mutuamente, en mi parto, y en su nacimiento. Y no estábamos solas. Una persona más estuvo todo el tiempo con nosotras. Muy cerca, pero lejos a la vez. Mirándonos con amor, observádonos, esperando el momento en que le pidiera algo con la mirada para acercarse, dispuesta a estar allí el tiempo necesario. Sin juzgar, sin preguntarnos nada más que lo necesario: ¿quieres agua? ¿pongo de nuevo la música? ¿tienes calor?, para asegurarse que entendía mi mirada.

Su labor fue acompañarme. Y lo hizo genial, desde su calma, su ritmo pausado, su amor. Yo confiaba y confío mucho en esa persona. Y para mi esa era la persona ideal para estar conmigo en mis partos. Ahora se que tal vez  una persona más, de características distintas, me hubiera ayudado mucho en algunos momentos, pero entonces no lo sabía. Y si lo hubiera sabido, habría tenido tres personas acompañádome, en lugar de una.

Te debes estar preguntando qué características ideales tiene que tener quien te acompañe durante el parto. Y también debes estar preguntándote qué pasa si mi X (marido, madre, hermana,..) no las tiene, porque le hace muuuucha ilusión estar ahí. Y claro, no le puedo decir que no quiero que esté.

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He conocido a mujeres que han intentado un parto natural porque su pareja estaba convencido de ello, pero no ellas, así que la experiencia no fue buena. He conocido mujeres que han discutido con sus parejas estando de parto, o que no se han sentido acompañadas ni apoyadas en esos momentos; para ellas el recuerdo del parto tampoco es maravilloso.

Aunque me toméis por loca, voy a deciros algo que siento desde mi racionalidad, como bióloga conocedora del proceso fisiológico del parto, y también desde mi feminidad:

 

El parto es la culminación de un proceso de creación de vida. Tu cuerpo es capaz de crear y nutrir una nueva vida. Y también es capaz de acompañarlo para nacer. Tu cuerpo es maravilloso y mágico. Y tu cuerpo forma parte de ti. Igual que tu cuerpo se abre a la vida, se transforma y cede, tu mente puede hacerlo también. O al menos, acercarse lo más posible, según tus creencias, ilusiones y limitaciones, a esa vivencia de comunión con la VIDA.

Para facilitar todo esto, para poder estar tranquila, sentirte acogida, protegida, acompañada, y poder dejarte llevar, y poder pedir apoyo y ayuda cuando lo necesites, es muy importante elegir quién va a estar contigo en el proceso del parto.

 

Desde mis experiencias de parto, si pudiera volver a ser madre, éstas son los temas clave que me ayudarían a elegir quién (o quienes) me acompaña(n):

1.Conoce y respeta rigurosamente mis deseos sobre como quiero parir.

2.Hemos acordado que escuchará por mi cuando yo no pueda hacerlo, por estar sumergida en mi mundo (respiraciones, contracciones, conexión con el bebé..).

3.Podrá defender mis decisiones y preguntar y pedir explicaciones sobre posibles actuaciones de emergencia durante el parto si yo no tengo fuerzas para hacerlo, para contármelo como yo necesite y que pueda dar mi consentimiento informado.

4.Tiene un carácter afable, agradable para mi. Me hace reír, me siento reconfortada con esa persona.

5.Me transmite calma y serenidad.

6.Comprende que puedo estar de buen humor o ponerme nerviosa y de mala leche durante el parto, y aunque “pague el pato”, sabe que no va con el/ella.

7.Es paciente, me comprende y respeta.

8.Tiene los conocimientos mínimos necesarios para abrazarme, acunarme, sujetarme, hacerme un masaje… y quiere hacerlo.

9.Tiene mis mismas creencias espirituales, o las respeta.

10.Sabe como ayudarme a recuperar confianza en mi misma cuando flaqueo.

 

Y en ningún caso, esa persona que te acompañe debe:

1.Agobiarse por tus gritos, lloros, risas etc,.., durante el parto.

2.Increparte por tardar demasiado, porque te quejes mucho o porque te sientas cansada durante el parto.

3.Ponerse nervioso/a, alzar la voz, chillar.

4.Ausentarse sin decirte nada, aunque ausentarse sea no salir de la habitación, pero ponerse a jugar con el móbil.

5.Hacer nada con lo que no te sientas a gusto: hacer fotos, grabar videos, contar chistes.. lo que sea.

 

Todo aquello que nos ayude a poder conectar con nosotras, con nuestro bebé, con nuestra mamífera interior, es positivo y bienvenido.

Por si sientes curiosidad, la persona que me acompañó durante mis partos fue mi pareja, el padre de mis hijas. Y si pudiera tener otro bebé, él volvería a estar conmigo, aunque también buscaríamos una doula que estuviera con nosotros, para escuchar y hablar si no podemos o no atinamos a reaccionar como quisiéramos, para estar presente sin estar, para ver la situación con perspectiva, en la cercanía silenciosa. Esa sería mi elección. ¿Y la tuya? Sea cual sea la tuya, tienes la libertad y el derecho de decidirlo TU. Ni tus compromisos familiares, ni tus elecciones anteriores, ni tu madre porque te parió a ti, ni tu pareja porque te quiere mucho, ni tu hermana porque le hace ilusión. Solamente tu, que eres quien va a vivir un parto, puedes decidir y acertar, quien va a estar contigo y tu bebé.

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Todo lo que nos rodea nos puede influenciar. Tener a nuestro lado a personas que nos transmitan la fuerza, la calma, la energía y la serenidad que necesitamos para vivir el parto en vez de sobrevivir a él, nos permitirá tener una vivencia más positiva y un recuerdo empoderador.

Danzando la feminidad

El pasado domingo a las 10 -si si, en domingo y por la mañana – vivimos nuestro primer taller “Dansa’t la teva feminitat” (Dánzate tu feminidad), facilitado por Roser Casellas y yo misma, en el espacio Plenitud, cedido por mi querida Mònica Centelles (http://www.asociacionplenitud.com).

Creado para dar herramientas con las que descubrir nuestra ciclicidad, nuestra propia esencia femenina, quererla, y mediante la danza oriental, bailarla y sanarla; conectamos la fisiologia femenina con anatomía, arquetipos y danza.. y fue genial.

La danza oriental tiene sus orígenes en el culto ancestral a la fertilidad y fecundidad de la Tierra, representada en nuestros úteros, así que ¿qué mejor forma de aprender a escuchar nuestro cuerpo, canalizar nuestras emociones en cada momento del ciclo y redescubrirnos?

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Pudimos compartir con mujeres sabias y hermosas, sabiduría, música, emociones y baile. Creamos entre todas un círculo de mujeres potente, dulce, libre y sereno; y cada una, desde la más joven hasta la más mayor (34 años de diferencia), encontró un lugar en el círculo.

Feliz y agradecida por todo lo vivido, por poder compartir mi forma de entender y sentir la danza oriental, por transmitir y recibir conocimientos, y ya pensando en el próximo Dánzate..!!

 

Mònica Pons

 

La bioquímica del nido

Somos bioquímica. A mi me encanta pensar en los misterios de la vida, en las cosas que no tienen explicación, y encontrar una. Normalmente, se trata de una explicación más filosófica que científica, pero el 95% de las veces, acabo encontrando una respuesta biológica o física a mis preguntas. Eso le quita romanticismo a mi visión del mundo, pero es así.

Nuestra bioquímica define los comportamientos más básicos, aquellos en los que

descansa nuestra supervivencia como especie.

Me resulta curioso pensar que a pesar de todos los avances de la humanidad, sean las estructuras cerebrales más antiguas que conservamos (el hipotálamo y la hipófisis) y la parte de nuestro sistema nervioso que no controlamos de forma voluntaria, lo que nos guía en la base de nuestra supervivencia: crecer, sobrevivir, reproducirnos.El mundo de las hormonas, siempre ha sido para mi como un universo paralelo, una sutil y gigantesca telaraña donde las respuestas al entorno, a las sustancias que circulan por nuestro cuerpo y a los niveles hormonales existentes son complejas y rápidas, como una canción con varias melodías simultáneas. Menos mal que eso se traduce en comportamientos que podemos diferenciar fácilmente en nuestro universo (:P). La enorme variedad de comportamientos humanos, se pueden resumir (es lo que tiene la ciencia: resume y sintetiza buscando pautas) en tres básicos: la nutrición, la defensa y la reproducción.Cuando nos sentimos en peligro, nuestras pulsaciones, el ritmo cardíaco, la temperatura,…,  cambian para generar una respuesta a aquello que nos parece peligroso, una respuesta que nos ayude a sobrevivir: todo nuestro cuerpo y nuestra mente queda a la disposición de defenderse, atacar o huir y deja de importarnos si teníamos hambre o si queríamos descendencia: han entrado en acción el cortisol, la adrenalina y la noradrenalina.Si nos sentimos seguros, en calma, y sin hambre, nuestro cuerpo puede pensar en reproducirse para perpetuar la especie (estoy hablando en términos biológicos, no voy a entrar en el placer de comer o de tener sexo, aunque eso también sea una respuesta bioquímica que percibimos positiva). Y en muchos casos (somos muchos los humanos en la Tierra) este estado físico culmina en embarazo, y a los 9 meses, en un nacimiento.¿Qué sucede cuando ya ha nacido el bebé? Las crías de otras especies de mamíferos también sobreviven, y sus madres no tienen una idea de lo que socialmente se acepta como “buena madre” en sus círculos de amistades. Y como individuo, ya han cumplido con el objetivo de reproducirse… ¿por qué atienden a sus crías?Todas la crías de mamíferos saben reptar, arquear la espalda, mover las manos, cogerse al pezón y mamar. Y sí, nuestros bebés, también saben hacerlo. Y si no interferimos, veremos cómo ellos solitos se acercan a nuestro pezón para encontrar el alimento que necesitan: ahora es el  bebé el que activa su programa de nutrición, y con él, su mejor estrategia de supervivencia: crear su nido. collage bebes Mientras está en la teta, el bebé está allí donde mejor se va a encontrar, porque es el lugar dónde se siente protegido (su mamá lo acoge con los brazos, siente su respiración, el latir de su corazón y el calor del contacto) y puede estar calmado, y dedicarse a comer y crecer: sus niveles de cortisol y adrenalina son bajos así que su temperatura, su ritmo cardíaco, sus pulsaciones, se mantienen estables y constantes… todo es perfecto, porque además éste comportamiento, ayuda a crear un fuerte vínculo entre la madre  y el bebé. Éste vínculo, el sentimiento de afecto que sentimos por nuestros bebés, también resulta de una reacción bioquímica: nos causa placer estar cerca de nuestro bebé, alimentarlo, acunarlo. La oxitocina nos ayuda aquí, como en otros muchos procesos placenteros. Si si, siempre son procesos placenteros. Podríamos decir, citando a Nils Bergman, que

“el hábitat natural del bebé son los brazos y pechos de su madre”

¿Y que pasa con la nutrición? cuando nuestros niveles de insulina caen, porque ha bajado la cantidad de glucosa que circula por nuestro organismo, se produce la sensación de hambre: antes de la existencia de los supermercados, teníamos que desplazarnos constantemente para encontrar el alimento. Fue uno de los motivos que nos llevó a caminar cada vez distancias más largas y nuestro esqueleto se modificó: nuestra pelvis cambió, dificultando el parto y limitando la duración del embarazo: nuestros bebés nacen inmaduros, por tanto, más dependientes.monkey-1065631_1280 ¿Dependientes, de qué? de un espacio que les proporcione las condiciones óptimas para seguir su desarrollo: oxigenación, calor, protección y nutrición. En ese espacio, son capaces de desarrollarse sin necesitar nada más : ni moisés, ni cuna, ni chupete, … hasta que sean capaces de desplazarse y alimentarse por si mismos. Vendría a ser el tiempo al que llamamos Período de Exterogestación, que va terminando de manera natural según el ritmo de maduración de cada bebé, cuando éste es capaz de desplazarse solo: o sea, cuando puede buscar alimento por si mismo (nutrición) o puede escapar o enfrentarse a un peligro (defensa).  Mientras no es autónomo para poder comer y defenderse solito, tiene todo lo que necesita en su madre. Y si su madre no está, su mundo de seguridad y calma se desvanece, el cortisol y la adrenalina se disparan.. y necesita expresar de algún modo ese estado para intentar volver a la calma, a su nido, a mamá. ¿cuál es la estrategia de supervivencia entonces?

El llanto es la única forma que tienen nuestros bebés de alertarnos: no estoy bien aquí. Esto es demasiado distinto del lugar donde estaba antes (el útero). Tengo hambre, o hay algo que para mi es peliogroso

¿dónde estás?

 

Así que nuestro hipotálamo, nuestra hipófisis y nuestro sistema nervioso vegetativo, que segregan muchas de las hormonas implicadas en los comportamientos básicos de los que he hablado, forman parte de esas estructuras ancestrales que nos acercan a lo animales que somos -no a lo sociales-, marcan en parte nuestro comportamiento y ayudan a nuestra supervivencia. No deja de ser algo romántico también, ¿no?

 

Resumiendo:1.No hemos dejado de ser animales sociales, nuestros comportamientos básicos (los que nos permiten la supervivencia) son el resultado de nuestros niveles hormonales2.Es el bebé, quien busca activamente el contacto con su madre, es su estrategia de supervivencia3.Es el contacto con la madre, lo que desarrolla el vínculo afectivo entre la madre y el bebé (lo que llamamos piel con piel)4.El lugar más parecido al útero que puede encontrar el bebé, donde sentirse protegido, es en brazos de su madre (exterogestación)

 

Elige cómo quieres criar a tu bebé según tus sentimientos y tu instinto (ese que es ancestral, animal y muy antiguo): hay muchas teorías, creencias, costumbres sociales… pero lo más importante, es que dejes salir de vez en cuando a la mamífera que llevas dentro, escúchala con el corazón, es una mujer sabia.

 

Mensajes y Páginas Populares

 

La danza oriental, los ciclos, tu cuerpo

Taller vivencial: Dansa’t la teva feminitat

El próximo 13 de marzo, tenemos preparado un taller presencial muy especial para conectar con tu esencia, con tu cuerpo, para conocerte y escucharte mejor.

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Dáte un espacio y un momento para sentir tu feminidad, sin tapujos, sin prejuicios sociales… podrás conectar con tu cuerpo y tu mente, reconocer tu ciclicidad, descubrir las fases del ciclo femenino y danzarlos con libertad.

Se trata de un taller en petit comité, en un espacio acogedor y tranquilo:

 solamente hay 10 plazas disponibles.

Facilitado por Roser Casellas (empoderamiento holístico) y Mònica Pons.

¡Únete!  

escríbenos a nunnutit@gmail.com y reservamos tu plaza

Nos vemos en Asociación Plenitud, Calafell poble (www.asociacionplenitud.com)

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Somos cíclicas

Hoy quisiera explicarte un historia personal.

Yo tuve, hace muchos años, reglas muy dolorosas. Me sentía enfadada, triste y rabiosa a la vez, no comprendía porque me tenia que sentir así…, el enfado y la rabia iban contra mi misma, contra mi feminidad. Después del largo y doloroso proceso que viví entre el momento en que fui consciente de que quería ser madre, hasta que quedé embarazada por primera vez, empecé a preguntarme qué le pasaba a mi cuerpo para que, sin ningún problema de salud, éste no fuera en sintonía con mi corazón.
Después de mi primer parto, menstruar ya no fue doloroso para mí. Aunque no sabía porqué, era maravilloso no sentir dolor; y de hecho, me quedé embarazada de nuevo, al poco tiempo de empezar a desear tener otro hijo, sin plantearnos seriamente (mi pareja y yo) ser padres de nuevo todavía…

 

En ese momento estaba tan sintonizada con mi cuerpo que mi mente quedó al margen de la concepción. 

Ahora, con el paso del tiempo, tengo también explicaciones para comprender mejor las situaciones que viví, las situaciones que vivimos muchas de nosotras durante nuestra vida. Seguramente tu también.

Te presento el taller “Somos cíclicas”, en el que hablaremos de:
  • La anatomía y fisiología femenina.
  • De nuestras hormonas.
  • De nuestros orígenes y nuestras ancestras.
  • De la relación entre nuestro ciclo y la Luna
Si quieres respuestas, si quieres conocerte mejor, quererte mejor, te espero!
Estoy segura que podrás sacar mucho provecho.

Si quieres más información o tienes alguna duda puedes enviarnos un mail a nunnutit@gmail.com o seguirnos en nuestra página de Facebook.

Saludos

Mònica Pons Pérez
Mujer, madre, doula y bióloga

www.nunnutit.com