Historia de una lactancia mixta diferida. Primera parte

Hace unos meses, estuve hablando varias veces con Nessa, es una bailarina de danza oriental con quien hace años compartí bailes, risas, ensayos y talleres de técnica. Había sido madre hacía poco, y me ofrecí a acompañarla, aunque en la distancia, en lo que necesitara.
Conociendo su viaje, creo sinceramente que Nessa es una mujer valiente y perseverante, que delante de la adversidad supo encontrar su camino, y lo siguió con la fe ciega de los que escuchan a su corazón.
El otro día, demostrando también su generosidad, me comentó que quería explicarnos sus experiencias con la lactancia. Su objetivo es que otras madres que puedan hallarse o se encuentren ya en una situación similar, no se den por vencidas, no se conformen con la primera respuesta y busquen la solución real a lo que sea que no les permite vivir la maternidad con plenitud.
Y que sepan que no están solas.
Y que sepan que seguro, otras madres han pasado por lo mismo que ellas en algún momento.
Por nuestra parte, nos sentimos muy orgullosas de que haya confiado en nosotras para dar a conocer su historia, su lucha personal por conseguir aquello en lo que creía.
Aquí os dejo la primera parte de su vivencia:
“Antes de tener a mi hijo siempre había dicho que haría lactancia artificial, estaba totalmente convencida. No por estética o por pudor sino porque imaginaba que debía ser molesto, y pensaba que yo no lo aguantaría.
Sin embargo, en el momento en el que supe que estaba embarazada, cambié de pensamiento, decidí que sí iba a dar el pecho.

Si de algo me he dado cuenta durante todo este tiempo es de que no te conviertes en madre cuando das a luz, sino que lo eres en el preciso instante en el que sientes que llevas vida dentro

Alex nació una tarde calurosa de julio y por motivos de salud tuvo que estar en observación. Me hacía tanta ilusión hacer piel con piel y darle el pecho en el quirófano, había soñado tantas veces con la imagen de los tres nada más nacer… que el mundo se me vino abajo cuando después de sacarlo con mis propias manos se lo llevaron. Recuerdo que en la habitación, mientras esperaba impaciente hice el comentario que igual tendría problemas con la lactancia porque había leído sobre el reflejo de succión en las primeras horas de vida pero jamás pensé que esa frase sería un adelanto de todo lo que nos iba a suceder. 

Mi hijo presentó hipoglucemias así que empezaron a darle biberones cada tres horas. Pedí que se los dieran con jeringuilla pero la enfermera me comentó que el niño se agarraba bien al pecho y que no tenía de qué preocuparme.
El primer error que cometí fue ese, creer ciegamente en lo que me decía, ya que sí que interfiere la manera en la que se le da la leche (después me informé de lo que se conoce como confusión tetina-pezón).
Alex tomaba mucha leche porque no se controlaban las hipoglucemias, entre tomas no quería tomar pecho y se pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo. Comenté que notaba que succionaba flojo pero me respondieron que seguramente era porque estaba demasiado saciado por los biberones. Los días que estuvimos allí me estimulaba entre las visitas con un sacaleches manual porque temía no producir suficiente leche.
Estuvimos más días de lo normal ingresados por el tema de las hipoglucemias. Al volver a casa otro error que cometí fue el de no pedir ayuda. Reconozco que esos primeros días tenía que haber sido tajante y quedarnos los tres solos en casa para centrarme en lo que de verdad importaba. A las personas con las que tenía confianza les comentaba que tenía problemas con dar el pecho pero a la mayoría no tuve valor de negarles la entrada.

Necesitaba hacer piel con piel con mi hijo las horas que hubiera querido, lo primero tenía que haber sido establecer mi lactancia por encima de todo pero no podía porque tenía que atender a las visitas e intentaba con todas mis fuerzas ser la misma de antes. No sé como no pude verlo, es imposible cuidar de un recién nacido que te demanda a todas horas, atender a la gente, ir a la compra, limpiar, cocinar, no dormir y sobrellevar un problema de hipertensión post parto que me llevó varias veces a urgencias.


Intentamos primero quitarle los suplementos de leche artificial pero era horrible, lloraba de hambre y yo me tenía que enfrentar a comentarios como que quizás mi leche no era suficiente o que podía tener mala calidad.
Nuestro día a día era: se cogía al pecho, lloraba, golpeaba el pecho, lloraba, se dormía 10 minutos, volvía a llorar y al final le daba leche artificial con jeringa o biberón para no verlo sufrir más.
Yo no paraba de repetir que no succionaba bien a los diferentes profesionales a los que acudimos, como madre notaba que algo no iba bien pero todos lo atribuían al tema de los biberones y que se había mal acostumbrado. Llamé a muchas puertas, quizás demasiadas, la mayoría no supieron o pudieron ayudarme. Otras, en cambio, como Mónica de Núnnutit, me acompañaron con sus consejos y apoyo en una etapa en la que te sientes sola y vulnerable. He conocido a grandes mujeres durante este viaje…

Acudimos a pedir ayuda a especialistas (pediatras, enfermeras) que me decían que no pasaba nada por darle biberón o que eso era típico de la lactancia mixta, que el bebé acababa rechazando el pecho. Era como si tuviera que resignarme porque “esto es lo que suele pasar cuando les dan suplementos en el hospital” pero no me daba la gana, yo no quería resignarme!!!
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Probamos con un relactador: se trata de un artilugio para estimular al bebé a que se coja con más ganas y poco a poco poder quitar los suplementos. Me colgaba un dispositivo que tenía leche almacenada y a través de una cánula sujetada al pecho mi hijo succionaba mi leche y la del relactador de manera que recibía más cantidad de alimento.
Y entre las tomas utilizaba el sacaleches para estimular más producción de leche. Recuerdo que mientras me sacaba leche me desahogaba con Núnnutit y les enviaba mensajes porque necesitaba sentir que alguien en cualquier momento se preocupaba por mi. Les planteaba dudas e inquietudes però lo que más me reconfortaba era saber que estaban al otro lado escuchándome y dándome fuerzas, siempre disponibles. Una frase que me regalaron esos primeros días y que se convirtió en mi particular grito de guerra hasta día de hoy fue “Ánimo Madre poderosa”. Cada vez que mis fuerzas han flaqueado o que me he venido abajo la he repetido hasta la saciedad como mi mantra.

Ganamos que ya no rechazaba el pecho ni lo golpeaba en un primer momento pero se había acostumbrado a recibir leche rápidamente y enseguida lloraba porque ni con el relactador era suficiente (poníamos el tubo más largo pero tampoco funcionaba)

Era desesperante, una locura, días enteros en casa, entre tomas sacándome leche, verle llorar a todas horas y yo con él. Como pedía comer a cada instante y sin ninguna regularidad yo no podía salir fuera de casa porque necesitaba el dispositivo constantemente.

Sentía que me estaba ahogando y que no podía crear el vínculo que deseaba.

Es muy duro estar agotada y ver que tu hijo te golpea cada vez que le ofreces el pecho, no paraba de decir frases como ” el niño no me quiere” ” me huele y llora, me está rechazando”.

El día en que ya no pude más fue una mañana que fuimos al grupo de lactancia del CAP. Habían juntado a muchas madres de otro CAP que estaba cerrado por vacaciones y nada más entrar a mi niño le dio hambre, empezó a gritar y llorar como si lo destriparan y yo intentaba darle el pecho pero me golpeaba y rechazaba una y otra vez delante de todas. Las otras madres me miraban con cara de “pobrecita” mientras ellas daban el pecho tranquilamente a sus hijos, me sentí fatal, diferente, superada y desesperada así que me fui sin más, enfadada con el mundo.
Volvimos a buscar más opciones comentando con gente, asesoras, amigas… y encontré el artículo de una chica que hablaba sobre lactancia diferida. Explicaba como se sacaba leche con el sacaleches y entre tomas le ofrecía el pecho a su hijo para establecer la succión no nutritiva y estrechar el vínculo emocional. Después de sentirme sin fuerzas, de golpe me vine arriba:
¿y si probaba lo mismo? ¿Y si me olvidaba del relactador y lo intentaba así? y esa fue mi salvación.
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Por fin empezamos a salir a la calle y hacer vida más allá de las paredes de casa, por fin mi hijo podía disfrutar de una madre alegre y disponible emocionalmente, se acabaron los lloros, los gritos, la desesperación. Me sacaba leche, cada dos o tres horas, él se la bebía con su biberón y entre tomas utilizábamos el pecho para que se calmara, para dormir o para disfrutar de un momento único. Fueron semanas en las que volvimos a la normalidad, me sentía feliz, el sacaleches formaba parte de nuestra vida. Lo llevaba puesto con un sujetador y mientras tanto podía atender a mi hijo o hacer lo que fuera.

Decía de broma que el sacaleches era nuestro amigo y es que yo lo veía como el instrumento que me permitía lactar a mi hijo. Pese a haber tomado esa decisión, reconocozco que se me escaparon en varias ocasiones las lágrimas por la calle cuando veía a madres dando el pecho, las observaba con esa paz acariciando a sus bebés.. ¿por qué no puedo ser una de ellas?”

 

 

La próxima semana publicaremos la segunda parte.

¿qué os ha parecido hasta ahora?

¿quéreis compartir vuestra experiencia?

Si creéis que éste relato puede ayudar otras madres, por favor compartid.

Muchas gracias

 

Mònica Pons

¿Dónde va a estar mejor?

Siempre me había parecido que muchos de los artículos que se supone que necesita tu bebé, o necesitas tu, cuando nace, eran innecesarios. Aún así, mi pareja y yo nos preocupamos por tener aquellos que nos parecían útiles: un moisés, un cambiador sencillo, una cuna, objetos varios de colores pastel suaves y musicales…

Después del parto, la habitación del hospital estaba llena de familiares ruidosos y felices por la llegada de un nuevo miembro en la familia. Mi bebé iba pasando de unos brazos a otros -¡que bien se porta!-, -no se extraña de nada-, se oía entre sonrisas. Y yo y mi pareja enormemente cansados después de un parto nocturno de 15 horas…

 

Algo chirriaba en mi: estaba muy feliz, pletórica, deseando cantar a los cuatro vientos que era madre, que mi hija había nacido ya… y a la vez, sólo tenía ganas de que se fueran todos: TODOS, y nos dejaran vivir aquellos momentos mágicos a nosostros tres.

 

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Pero mi instinto estaba todavía acallado por las normas sociales aceptadas, por la necesidad de creer que yo estaba perfecta, fuerte, que lo podía todo, y todo con la sonrisa y la calma de una madre serena y descansada.

 

Cuando mi niña ya había bailado por todos los brazos presentes en la habitación (tengo 20 primos y 6 tíos, todos adultos y con sus respectivas parejas… para que os hagáis una idea de la gente que había en la habitación del hospital), alguien decía: la dejamos en la cuna para que puedas descansar, que está dormidita. Ahí. Con toda la autoridad de “lo que tiene que ser”, según el saber popular.
Y mi instinto, diciéndome:
cógela…cógela…¡cógela!

 

¿De dónde sale, ése saber popular?

¿Quién sienta cátedra con sus argumentos, para que una sociedad acepte que la madre y el bebé deben descansar después del parto, cada uno en su cama?

¿Dónde empezó la ruptura del paradigma original?

¿Cuándo nos olvidamos de que somos animales mamíferos?

 

Pasadas esas primeras 24 horas de jolgorio familiar, la cosa empezó a calmarse. Y yo decidí coger a mi niña. Y cuanto más la cogía, menos la soltaba. Cuanto más cerca la tenía, más la olía, la observaba, la acariciaba y besaba. Y ella, después de unas horas que a mí se me hicieron eternas, de medio letargo y  de no querer teta, empezó a buscar de nuevo el pezón para amamantarse. Nos costó un tiempo y unos pezones enrogecidos y grietosos, entendernos con la teta. A ella, y a mí.

Estaba embelesada, encantada, enamorada de mi hija.

No podía dormir bien si la dejaba en el moisés, al lado de mi cama. Lo más cerca de mí que yo creía que debía dormir.  Me despertaba y me encontraba observándola: ¿tiene frío? ¿está dormida? ¿no tiene hambre?

Al cabo de unos días, mi pareja, dando un empujón a mi instinto me dijo con toda naturalidad: “ponla en la cama con nosotros”. Y eso hice. Y no sucedió nada. Nada malo. Pero dormimos mejor, y cuando empezaba a quejarse, ninguna de las dos terminaba de despertarse, sin abrir los ojos sacaba la teta, y ella comía, y nos volvíamos a quedar fritas. Ganó el instinto.

Es curioso, que aunque yo sintiera la necesidad de cogerla, fuera el hábito de cogerla lo que me generara más ganas de estar con ella, de tocarla, de llevarla en brazos conmigo. Igual que me había percatado de que era ella la que decidió cuándo nacer (intenté convencerla desde la semana 39 hasta la 41, me rendí, y nació en la semana 42); también descubrí que es el bebé, su presencia, y no nosotras, el que desencadena y  establece el vínculo con la madre, y con el resto de cuidadores.

Al fin y al cabo, somos el resultado del bagaje evolutivo de millones de individuos de especies distintas durante millones de años; una especie más dentro de los Mamíferos. Definirnos como “humanos” no nos distancia del resto de animales: nuestros cuerpos y nuestras reacciones siguen siendo el resultado de ese bagaje, traducido en unos niveles hormonales determinados en cada situación.

 

En los primeros meses de maternidad aprendí que lo más importante, ya lo tenemos. Aprendí que lo mejor que podía hacer era dejarme llevar, hacer lo que sintiera que quería hacer, escuchar mis emociones y mi corazón. Tuve que hacer un esfuerzo para encontrar mis emociones y entender lo que mi corazón me pedía, porque mis vivencias, mi educación, la comunidad en la que vivo y mi familia con la mejor de las intenciones, de algún modo me habían apartado de ese instinto primitivo. Menos mal que ahí estaba mi bebé para hacer el camino más fácil.

Soy una madre mamífera.

 

¿Cómo te conociste con tu bebé?

¿Escuchaste a tu instinto?

Cuéntanos tu vivencia, comenta lo que quieras…  o comparte nuestro post.

Gracias

 

Mònica Pons

 

 

Descubriendo el placer de aprender a comer

El pasado 6 de febrero estuvimos en Sant Sadurní d’Anoia , dando una charla relacionada con la alimentación, gracias al grupo de crianza Cu-cut, que confió en nosotras y al que estamos muy agradecidas.

 

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Aunque el tema principal de la charla giró alrededor de la alimentación, estuvimos tratando también muchos otros aspectos de la educación de nuestros hijos. El respeto, la autoestima, la confianza en si mismos de nuestros hijos, la confianza como padres, la influencia de la publicidad… son elementos que podemos encontrar en la mayoría de los aspectos educacionales que nos planteamos en nuestro día a día como padres y madres.  Incluso me atrevería a decir también sobre nosotros mismos.

El caso es que, más allá de cuestiones nutritivas, que también son muy importantes, enseñar a comer es una oportunidad más que se nos brinda a los padres para tratar a nuestros hijos de educar desde el respeto. Y eso implica, a la vez, tener claros cuáles son nuestros principios, nuestros límites, qué aspectos considermos importantes y qué no.

Si os interesa analizar la alimentación des de este punto de vista quizás no dejéis de seguirnos. En breve tenemos planificado un curso enfocado a facilitar los recursos necesarios para redescubrir el placer de aprender a comer desde el respeto.

 

 

A la compra del alimento infantil saludable

Ha habido dos momentos en mi vida en los que me ha preocupado mucho la alimentación.
La primera etapa coincidió con mi adolescencia. . En esa época mi aspecto físico tenía un papel muy importante en mi vida y la alimentación iba íntimamente relacionada. Recuerdo seleccionar cuidadosamente los alimentos que comía y cuidaba mucho las cantidades que realmente necesitaba mi cuerpo.

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La segunda etapa, la que me ocupa actualmente, es la de madre.

 

Creo que podemos afirmar que la alimentación es unos de los aspectos que más nos preocupa de nuestros hijos. La mayoría de las personas tenemos claro que debemos consumir productos saludables y es precisamente eso lo que pretendemos que hagan nuestros hijos e hijas.
Queremos lo mejor para ellos y no dudamos en proporcionárselo dentro de la medida que nos sea posible.

 

Pero, ¿sabemos qué es un producto saludable?

 

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https://es.wikipedia.org/wiki/Alimento_saludable

 

En general, la mayoría de las personas, dedicamos poco tiempo a analizar los productos que consumimos, ya sean procesados o no. Nuestra vida laboral y familiar no nos lo pone precisamente fácil.

Analizar las etiquetas de los productos que consumimos es un trabajo que, si lo hiciéramos a consciencia, seguramente nos ocuparía todo un día la compra de tan sólo una semana. Y quizás más y todo.

Las prisas hacen, además, que dediquemos poco tiempo a preparar comida. Al mismo tiempo, queremos y estamos concienciados que la alimentación es uno de los aspectos más importantes en nuestras vidas. Una buena alimentación es la vía que va a permitir a nuestro organismo funcionar de la mejor manera que le es posible. Necesita unos nutrientes y unas calorías concretas, que variarán en función de la edad y de la actividad física que se realice, entre otros aspectos.
La suma del poco tiempo que disponemos y la voluntad de querer alimentarnos correctamente hace que si se nos presenta un producto que promete cubrir las necesidades nutritivas de nuestro cuerpo, nos planteemos usarlo.

La compra de ese producto nos facilita la logística y nos deja, al mismo tiempo, la sensación de tranquilidad al convencernos de que nuestra alimentación está siendo “correcta”: lo compro, lo consumo y doy por hecho que es sano.

 

Y ése es el gancho del bombardeo de la publicidad que recibimos a diario. 

 

Hay muchas páginas webs que se han dedicado a analizar las etiquetas de productos alimenticios y estoy segura que en ellas encontraréis información mucho más detallada de la que os proporcionaré yo. Entre muchas otras, está la página imujer, donde hacen un análisis interesante de la información engañosa que ofrecen los productos dirigidos a mujeres.

Respecto a estos productos, la reflexión que me gustaría hacer, hace referencia a los objetivos que tiene la industria alimenticia.

Si nos centramos en los productos que van dirigidos al público infantil, podemos encontrarnos con mensajes en los envases como:

  • Sin gluten
  • Sin azúcar añadido
  • Bajo en sal
  • Rico en vitamina X
  • Rico en calcio

O incluso palabras que asociamos alimentación saludable:

  • Ecológico
  • Natural
  • Sin conservantes
  • Sin colorantes
  • Sin azúcares añadidos

 

Y un largo eccétera que os animo a investigar la próxima vez que hagáis la compra.

El tema podría quedar ahí y no veríamos el problema real que esos mensajes esconden muchas veces.

Bajo el manto de la combinación de las palabras que acabamos de nombrar se esconde una etiqueta que nos muestra la realidad del producto que contiene dentro.

Sí, esa etiqueta pequeña en un rincón del envase que la mayoría de veces pasa desapercibida al consumidor.

 

Pero hay un elemento que aparece en algunos de los productos que compramos que, además de usar recursos como los que acabamos de comentar, se apoyan en el sector sanitario.

 

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Y con esa simple pero demoledora etiqueta, consiguen que, si existía alguna pequeña duda de que el producto no fuera saludable, desaparezca del todo. Porque, si lo dice el pediatra, no puede ser malo, ¿no?

 

Y si después de leer este post quieres compartir tu opinión, no dudes en dejar un comentario. Seguro que tu experienia puede aportar mucho a nuestros lectores.

 

Laia Simón

 

 

 

 

 

Más allá de la leche. Alimentación complementaria autoregulada

Pasados los 6 primeros meses de alimentación de nuestro bebé en el que la leche es su alimento, se nos abre todo un mundo: empezar la alimentación complementaria. En ese momento seguramente el pediatra o la enfermera que lleva el control de nuestro bebé nos da unas indicaciones de los alimentos y cantidades que debe comer nuestro hijo o hija. Ese patrón suele ser el mismo para todos los bebés que son atendidos por ese profesional, de lo que se deduce que todos los niños deberían comer lo mismo a la misma edad, guste o no guste, 2014-07-23 Enric menjant fruita 002estén preparados o no. Si nuestro bebé es de los que abre la boca y se traga lo que le echen, sí, de esos que llaman “buenos comedores”, seguramente no nos plantearemos ni cuestionaremos nada. Tendremos la suerte, o no, de que nuestro bebé cumple las expectativas de un papel con indicaciones generales que nos han dado en el centro de salud al que acudimos. Pero si nuestro bebé es de aquellos etiquetados como “mal comedor”, ¿qué ocurre?

Normalmente, cuando un bebé no come lo que nos han indicado tendemos a pensar que el problema lo tiene nuestro hijo. A partir de ahí, pueden suceder varias cosas: preocupación, incluso angustia, por parte de los padres por la correcta alimentación de su bebé, engaños y distracciones para conseguir que se coma lo que creemos que debe comer, y, en el peor de los casos, castigos y chantajes que no van a hacer, seguramente, que la comida se convierta en un momento de disfrute y placer.

BLW

Llegados a este punto me gustaría hacer una breve reflexión.

Mirando a las personas de nuestro entorno que consideramos que llevan una buena alimentación, ¿tienen todas los mismos gustos? ¿Comen todas lo mismo y en la misma cantidad?  ¿Tener gustos y apetitos diferentes las convierte en personas mal alimentadas? ¿Y si nos dieran a todos un mismo patrón de alimentación, con cantidades y alimentos concretos? ¿Nos serviría a todos por igual? ¿Por qué lo hacemos entonces con los bebés?

Seguramente ahora te estarás formulando más preguntas e incluso te estarás diciendo “sí, pero hay que comer de este o de aquel alimento para tener una dieta sana y equilibrada, ¿qué pasa con los niños que no quieren comer?”

Aprender a comer sano implica varios factores. Para mí, el primero sería ser un buen ejemplo y el segundo el respeto por dicho proceso.

Te animo a participar en la charla on line “Más allá de la leche. Alimentación complementaria autoregulada.” Hablaremos de cómo enseñar a comer desde el respeto, velando por conseguir una correcta alimentación de nuestros hijos.

Suscríbete a nuestra newsletter para apuntarte a nuestro taller y recibirás un imprimible con los puntos más importantes de la alimentación complementaria autoregulada.

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