Diseña tu propio ritual de bienvenida en el aula

Es más sencillo de lo que nos parece captar la atención de los alumnos. En la mayoría de ocasiones el ambiente para iniciar una sesión debe crearse adecuadamente para despertar el interés de los niños. Estos no siempre van a sentirse igual ni a tener las mismas necesidades, así que será importante saber identificar qué les llama la atención en un momento determinado para poder tirar del hilo a partir de ahí.

Empecemos por cómo los recibimos en el aula.

La importancia de dar la bienvenida en el aula

La proximidad con tus alumnos es importante desde el primer segundo que pisas la clase. Además, existen horas en el día en los que los alumnos se sientan más cansados y sea aún más necesaria nuestra motivación, por ejemplo al finalizar la jornada escolar.

Sea como sea, necesitamos incentivarles desde el inicio. Para ello, la presencia es muy importante y, con ella, captar la atención del grupo. Para ello, no siempre es necesario tener un silencio sepulcral en el aula y que todos los alumnos te escuchen a ti. Es mucho más interesante crear expectativa en un grupo de alumnos que veas interesados y transmitir la curiosidad y el interés para que se vaya propagando por la clase. ¿No os ha pasado que empezáis a explicar a un grupito de niños y terminan escuchando todos?

Una vez conseguida la atención que necesitas y es importante haber observado sus actitudes en el aula: si alguien está más callado o alborotado de lo habitual, si alguna criatura muestra interés por hablar y compartir algo… Todo es información que nos puede ser útil para motivarles a compartir y expresarse y crear, así, un diálogo motivante que invite a empezar a interactuar en el aula.

Preguntas clave, el inicio de un diálogo motivante

Puedes también iniciar la clase preguntando cómo han pasado el fin de semana o darles la bienvenida a la clase, o si sencillamente quieres compartir algo importante con el resto del grupo. En ocasiones también puede funcionar lanzar una pregunta al aire de ese tema de actualidad que los jóvenes han podido seguir en su mayoría.

Preguntarles por una final de fútbol, un capítulo de la serie de moda o alguna noticia de actualidad (dependiendo de la edad) fomentará la participación inicial de algunos alumnos. Esto conseguirá despertarles y activarlos al estar ante un tema entretenido o que consideran importante.

Al mostrar esta proximidad ante temas que los pequeños oyen o viven en sus casas, estás consiguiendo un nivel de confianza importante entre adulto y alumno. Aquí es donde comienza la motivación del grupo, sintiéndose cercano al docente, que muestra tener la misma preocupación que puedan sentir la mayoría de los estudiantes.

Promover una relación de cercanía con los alumnos desde que comienza la clase en los primeros segundos será esencial para que el proceso de enseñanza-aprendizaje sea un éxito. Haz ver tu predisposición a escucharles y conseguirás que, en gran medida, tus alumnos te escuchen a ti.

¿Apruebas en mediación de conflictos en el aula?

Los conflictos son algo relativamente natural que, en muchos casos, no implica la existencia de un gran problema. Sin embargo, lo importante no es tanto que se produzcan o no, sino saber solucionarlos cuando aparecen. Por eso, la mediación por parte de un docente en el aula es fundamental. Gracias a ella puedes crear un ambiente mucho más sano para todos los alumnos. Haces que su autoestima se mantenga alta, les enseñas a respetarse mutuamente, a generar más empatía y se crean vínculos entre todos ellos. Y gracias a ello, también poco a poco se irá reduciendo el número de conflictos. Por eso es importante controlar los puntos más importantes de toda mediación.

Claves para mediar en el aula

El inicio del conflicto

Si se está produciendo algún tipo de agresión, lo primero es pararla

Nos interesa saber quiénes se están peleando y qué tipo de problema tienen. Para ello, es necesario describir de forma objetiva qué está ocurriendo y empatizar con los afectados. Ponte en su piel y entiende su frustración o su enfado. El objetivo es conectar con lo que ha estimulado el conflicto, por lo que les será esencial sentirse plenamente comprendidos y seguros conectando con sus necesidades reales.

Comprender la situación

Déjales hablar con tiempo y con calma sobre lo que ha sucedido y que te expresen sus propias opiniones e impresiones. A veces será necesario remarcar la importancia de respetar a la otra persona y, en caso de no estar de acuerdo con la versión de los hecho, esperar a tener turno de palabra. Se trata de ir reconstruyendo los hecho y entender en mayor profundidad qué es lo que ha podido llegar a suceder. Saber interpretar y traducir los juicios que emiten ayudará a que podamos crear un clima de respeto.

La mediación es bastante parecida a una negociación, y es aquí cuando hay que demostrar intuición y entender qué intereses y necesidades tiene cada una de las partes. También es el momento para transmitir a las diferentes personas implicadas en el conflicto cuáles son las necesidades de cada una de ellas. Una vez dejado claro este punto, resulta más sencillo comprender hacia dónde podemos encaminar la mediación para pasar a la siguiente fase. 

La solución al conflicto

Es el momento de plantear soluciones y será clave implicar a todos en la aportación de solución. Todas deben ser tenidas en cuenta y valoradas. Cada una de ellas debería ser una oportunidad para profundizar en un diálogo que nos lleve a la solución final. Esa solución en la que ambas partes están de acuerdo. 

El acuerdo al que se llegue debe ser considerado un compromiso por ambas partes del conflicto. Puede ayudarnos verbalizar y confirmar que es una solución viable y aceptada por todos. Una buena forma de cerrar el conflicto es dejando constancia escrita del acuerdo como mínimo y estableciendo una fecha de revisión que nos permita valorar su cumplimiento.

 

Dominar la mediación en la escuela es fundamental para todo docente. Si lo haces, podrás influir en la forma de ser de tus alumnos, demostrándoles que la negociación y la palabra pueden ser las mejores alternativas a la hora de solucionar sus conflictos.

 

Consigue que tu hijo confíe en ti y te cuente lo que le ocurre

Muchas de las consultas que recibo tienen que ver con la preocupación de ver que nuestro hijo no confía en nosotras y no nos explica lo que le ocurre.

El por qué nuestro hijo no se comunica con nosotras puede tener origen en el tipo de relación que estamos construyendo con él o con ella. Puede, no significa que siempre sea ese el motivo. Es cierto que hay niños más reservados que no sienten la necesidad de contar todo lo que les ocurre.

Sin embargo, la realidad que me encuentro es que en muchas situaciones esa falta de comunicación es debida a la falta de confianza.

A veces, con el afán de enviar el mensaje a nuestro hijo de que confíe en nosotras, invertimos mucha energía en intentar convencerle de que lo haga. “Cuéntamelo, no pasa nada”, “mamá no se va a enfadar”, “no te preocupes, que sea lo que sea yo te quiero mucho”. Las palabras no siempre son suficientes. Generar un clima de confianza es algo mucho más complejo que invita a hacer un análisis profundo de qué acciones realizamos en nuestro día a día que fomenten este tipo de relación.

Hoy quiero compartir un ejercicio que invito a hacer a las personas que me hacen consultas de ese tipo.

En la mesa, cenando, en el coche o en cualquier momento del día en el que tengas unos minutos con tu hija o hijo, explícale una anécdota de tu trabajo, algo que te haya ocurrido, algún error que hayas cometido, algún problema con un compañero… No hace falta que lo cuentes con toda clase de detalles si no es procedente. No es necesario.

El objetivo de este ejercicio es generar un espacio de confianza. No se trata de trasladar nuestros problemas a las espaldas de nuestros hijos, ni mucho menos. En ese sentido hay que vigilar mucho las palabras y expresiones que usamos cuando contamos nuestra experiencia. Se trata de mostrar apertura, de enviar el mensaje de que estamos construyendo una relación que permite, si es necesario, tener a otra persona que nos escucha sin juicios ni reprobaciones.

Se trata de generar complicidad, proximidad y confianza. Ser un modelo de lo que esperamos que hagan ellos cuando tengan algo que les haya ido mal, una preocupación o problema que necesiten contar, sencillamente, para ser escuchados.

En la mayoría de ocasiones, es mucho más potente el ejemplo que damos que todos los argumentos que podemos soltar para intentar convencerles de que confíen en nosotras. Cuidemos, pues, más de nuestras acciones, para que éstas sean coherentes a los valores que queremos transmitir.

¿Crees que en tu caso es así? Comparte tu experiencia conmigo, me encantará leerla.

3 cosas que vas a conseguir después de pasar por el taller intensivo sobre Comunicación Eficaz

¿Te has parado a pensar qué es lo que hace que en un momento dado de conflicto, por más respetuosa que quieres que sea tu crianza, terminas por perder los papeles usando recursos que te gustaría tener cerrados bajo llave?

Te entiendo perfectamente. Sé lo frustrante que puede llegar a ser querer educar desde el respeto y tener la sensación de que no sabes cómo integrarlo plenamente.

A lo largo de los años que llevo acompañando a mujeres en la crianza y educación de sus hijos me he dado cuenta que el paso más importante que damos es tomar la decisión de que queremos hacer “algo diferente”.

La motivación que supone desear un cambio es maravillosa, pero no suficiente. En el fondo, también estamos esperando resultados. Y aquí es donde podemos llegar a desesperarnos. Sabemos lo nocivo que puede llegar a ser para nuestros hijos, no sólo ahora si no también en el futuro, el uso de gritos, chantajes, amenazas y castigos. Estos recursos minan su confianza, su seguridad, lo pueden convertir en una persona insegura que no se respeta ni se quiere como se merece. Y lo malo está que eso a la larga no se soluciona por si sólo. Llegará la adolescencia, con todos lo cambios que ésta conlleva y lo hará con una base que no le proporcionará la seguridad y confianza que necesita para afrontar esa nueva etapa.

Entiendo que esta reflexión te preocupe. Cuando yo me planteé cambiar la forma de educar de mis hijos, lo que primero me venía a la cabeza era pensar en qué diferente hubiera sido mi adolescencia con una autoestima saludable, si me hubiera querido más y me hubiera sentido más segura de mi misma. Por esta razón, tenía claro que quería actuar, cambiar la forma de educar a mis hijos para que las bases, los pilares en los que aguantasen cuando llegaran a esa etapa fueran fuertes y seguros: una autoestima saludable, confianza y respeto en sí mismos.

Pero este planteamiento tiene un punto importante que hay que tener en cuenta si realmente queremos obtener resultados: nosotras mismas.

En todos mis curso, talleres y formaciones, pongo mucha atención al crecimiento personal. Para poder abordar un cambio en la forma de educar a nuestros hijos considero imprescindible crecer, conocernos, mejorar nuestra confianza y autoestima, aprender a respetarnos y a querernos. La base es ser un modelo para nuestros hijos.

Yo he conseguido dar ese paso y también quiero que tú lo consigas.

Me encantaría tenerte en el curso intensivo sobre Comunicación Eficaz que daré el próximo jueves 3 de Mayo de 4 a 8 de la tarde.

Algunos de los beneficios que obtendrás en este taller son:

  • Aprenderás a identificar emociones con más facilidad y a analizar necesidades reales para poder comprender mucho mejor una situación de conflicto.
  • Harás crecer una relación con tu hij@ basada en el respeto y la confianza.
  • Dejarás de emitir juicios que dañan la autoestima de tu hij@.
  • Evitarás usar castigos, chantajes y gritos.
  • Descubrirás qué es lo que realmente genera un conflicto, no sólo con tu hijo sino también contigo misma.
  • Aprenderás a usar un lenguaje que contribuya a una motivación verdadera para hacer las cosas.
  • Encontrarás estratégias que te ayudaran a dar con soluciones creativas que satisfagan las necesidades de tu hij@ y también las tuyas.
  • Serás capaz de dar y recibir un no desde la calma y poder transformarlo en un sí.
  • Descubrirás cómo formular las peticiones a tu hijo o hija que te permitan conectar con él o ella.
  • Podrás ayudar a tu hij@ a desarrollar su empatía.

Pero de todo esto, a mi me gusta destacar 3 puntos que considero claves y que el taller intensivo puede proporcionarte.

  1. Te sentirás más segura y confiada cuando afrontes la educación de tu hijo

  2. Sentirás la tranquilidad de ser coherente y fiel a ti misma.

  3. Serás un modelo para las personas que te rodean.

Si quiere más información sobre el programa pincha en el enlace que tienes a continuación.

Si lo prefieres, también puedes pedir una sesión privada de 15’ conmigo para resolver dudas sobre el programa. Si estás interesada escríbeme a laiasimonmartin@gmail.com. Estaré encantada de atenderte.

Los 10 mensajes que tus hijos querrán escuchar cada día

En muchas ocasiones las personas que llegan a mí me preguntan cómo pueden mejorar la autoestima de sus hijos.

La autoestima es la imagen que tiene una persona de sí misma, y en la etapa que viven nuestros hijos e hijas se va formando a partir de los mensajes que reciben de sus figuras de referencia.

No podemos generar una autoestima positiva en nuestros hijos porque es algo que crean ellos mismo a partir de cómo reciben, filtran y procesan la información que les llega de su alrededor. Pero lo que sí que podemos hacer es acompañarlos para que el concepto que tienen de sí mismos les ayude a tener una autoestima saludable.

Hoy quiero compartir 10 mensajes que podemos enviar cada día a nuestros hijos para llevar a cabo este acompañamiento:

  1. Eres maravilloso, no cambiaría ni un solo pelo de tu cabeza

  2. Eres único

  3. Tu opinión es importante, qué elegirías tú.

  4. Tú puedes.

  5. Te quiero porque eres…

  6. Cuando me necesites me llamas, estaré aquí

  7. Contigo disfruto haciendo…

  8. Esta idea es muy interesante, gracias por compartirla conmigo

  9. Confío en ti.

  10. Mereces lo mejor

Estos son solo algunos ejemplos, estoy segura de que tú tendrás muchos más que compartir aquí. Estaré encantada de leerte.

¿Usas estos mensajes con tu hijo cada día? Recuerdo cuando yo me propuse acompañar a mis hijos a mejorar su autoestima mi planteé como rutina diaria decirles, uno a uno, 10 cosas que me gustaban de ellos. Hoy en día ellos, pueden decir sin muchas dificultades ni ayuda, 30 cosas que les gustan de sí mismos. Vamos avanzando, pero aún nos queda trabajo por hacer.

Aprende a pedir colaboración y obtén la participación de tus hijos en las tareas de casa

¿Quieres que tu hijo colabore en las tareas domésticas? ¿Te cuesta motivarlo para que se implique participe sin que el día a día sea una discusión constante?

Si es así, hoy quiero darte unas ideas que te pueden ayudar a conseguirlo.

Cuando le pedimos a nuestro hijo que recoja su habitación, que ponga la mesa o que no deje la ropa en el suelo del baño después de ducharse, podemos obtener varias respuestas. La ideal, la que en el fondo estamos esperando, es un sí acompañado de la acción concreta que estamos pidiendo. Si ésta es la reacción que tiene nuestro hijo, el conflicto no aparece y todo fluye. Pero si estás interesada en este post es que, en tu caso, no suele ser la habitual.

Cuando tenemos la impresión de que nuestro hijo no colabora es porque vemos que aquello que pedimos no suele realizarse. Podemos recibir la negativa directa y clara de nuestro hijo con respuestas como “no quiero”, “estoy es un rollo”, “no me apetece”…; o esos famosos “ahora va”, “enseguida voy”, “en cuanto termine”, ¿os suena?

Cuando no obtenemos la colaboración que deseamos de nuestro hijo, es clave plantearnos qué está fallando. Por eso, os animo a que tengáis en cuenta los 10 puntos siguientes.

1- Márcate objetivos

¿Por qué necesitas que tu hijo colabore? ¿Qué quieres conseguir?

Es importante tener en cuenta qué nos mueve a pedir la colaboración de nuestro hijo, cuál es nuestra motivación real. Pero, sobre todo, cuando nos planteamos nuestros objetivos, es necesario analizar si esa motivación está basada en alguna creencia que no es coherente con nuestra idea de crianza respetuosa al mismo tiempo que tenemos claros los valores que deseamos transmitir cuando nos planteamos esa colaboración.

2- Empieza por algo sencillo

Para plantear cualquier objetivo es imprescindible saber cuál es el punto de partida.

La edad madurativa de nuestro hijo, el carácter o el trabajo previo que hayamos hecho puede ayudarnos a determinar qué es viable que le pidamos y qué no. Parece algo sencillo, sin embargo, en muchas ocasiones podemos dar por sentado que con X años “deben” hacer una cosa concreta, compararlo con otros niños o evocar una imagen de nuestra infancia en la que basarnos.

Ser realista y dar pasos pequeños pero firmes son los pilares que nos ayudarán a cumplir nuestra meta.

3- Implica a tu hijo en las decisiones

¿Sabes la diferencia que hay entre plantear lo que “debe hacer para colaborar en casa” y lo que “cree que puede hacer para colaborar en casa”? La motivación que se deriva de tomar sus propias decisiones.

En ocasiones se nos mete entre ceja y ceja que una de las responsabilidades de los niños es la de recoger los juguetes. Nuestra batalla se centra en que asuman esa responsabilidad. Si nuestro objetivo es la de transmitir el valor de la cooperación y la colaboración, ¿por qué nos centramos en que deban hacer algo concreto?

Implicarles en tomar sus propias decisiones es darles el mensaje de que no buscamos obediencia, si no colaboración.

4- Acuerda tempos y momentos adecuados

Implicarlos en las tareas domésticas nos lleva a hablar de qué y cómo van a participar. Cuanto más detallado sea el acuerdo y más fácil será que evitemos interpretaciones que nos lleven a un conflicto. ¿Os suena eso de “ahora mismo lo hago” pero que no se realice?

Tan importante es acordar qué es lo que pueden hacer para colaborar como definir cuándo lo van a realizar o cuál es el marco en el que lo van a hacer.

5- Empatiza con sus necesidades

Si pese a todo, llega el momento y nuestra hija o hijo no colabora o no respeta el pacto acordado, empatiza.

¿Qué está necesitando en ese momento? ¿Podemos darle empatía para que reciba que comprendemos su estado emocional y sus necesidades?

Realizar este primer paso no implica que perdamos de vista el acuerdo ni que cedamos. Sencillamente es un trabajo que nos permite asegurarnos que se sienta comprendido y esté más receptivo a escuchar nuestro punto de vista en el asunto.

6- Evita la exigencia cuando pidas

Cuando vayamos recordarle a nuestro hijo lo que queremos que haga o el acuerdo que tenemos sobre la colaboración en las tareas domésticas cuidado con el lenguaje que usas. Y cuando digo lenguaje no sólo me refiero al verbal.

Nuestras palabras son importantes para no enviar un mensaje de exigencia que bloquee la capacidad de comprender una situación de forma empática por parte de nuestro hijo. Sin embargo, nuestro mensaje no sólo se define por las palabras que usamos, también entra en juego el lenguaje no verbal, que si no lo tenemos en cuenta, puede jugarnos malas pasadas al ser contradictorio a lo que decimos con palabras.

7- Confía en la capacidad de colaboración

Ten confianza en tu hijo, es clave.  Y no solo lo pienses, transmíteselo constantemente. La imagen que tiene de sus capacidades, de lo que puede o no puede hacer depende, en gran medida, de lo que recibe de las personas referentes para él o ella. Tú eres una de ellas.  

8- Valora su esfuerzo

No todo son batallas perdidas. Estoy segura de que hay momentos, aunque sean pocos y te parezca que no son de mucha importancia, en los que tu hijo ha realizado una acción que implica colaboración: participar en la elaboración de la comida, colocar un objeto en un lugar determinado, ir a buscar un producto en un supermercado… Sea lo que sea, valora su participación. Se trata de fomentar estas pequeñas acciones, no sólo cuando le pedimos colaboración en las tareas domésticas, si no que perciba que es algo positivo en otros momentos también.

9- Habla de consecuencias naturales siempre que puedas

Aprender a partir de las conversaciones (y no sermones, ojo) que tenemos con nuestros hijos es uno de los aprendizajes más significativos que podemos realizar. Por eso, aprovecha cualquier oportunidad para mostrar las consecuencias que tiene no realizar una acción concreta, por ejemplo, si no ponemos los juguetes en las cajas cuando los buscamos para jugar no los encontramos en su sitio.

Pero cuidado, estas conversaciones pueden convertirse en sermones moralistas con facilidad. Es clave poder expresarnos sin juicios.

10- Piensa en tus objetivos a largo plazo

En momento de conflicto en el que nuestro hijo no quiere colaborar es importante tener en cuenta cuáles son nuestros objetivos a largo plazo. No perder de vista nuestra perspectiva nos puede ayudar a relativizar, a tomar cierta distancia del conflicto que se está dando en ese momento que nos permita tomar decisiones con objetividad.

Si crees que estas ideas pueden ayudarte a mejorar la forma en la que abordas los conflictos con tu hijo te invito a que me cuentes cuál es tu situación y en qué momentos te cuesta más encontrar la colaboración y participación de tu hija o hijo en las tareas de casa. Estaré encantada de leerte.

Ir al restaurante con niños y no morir en el intento

Comer, una acción súper sencilla ¿verdad? Piensa en un restaurante, lleno de gente, con tus amigos que hace tanto que no los ves… ¿Todo genial? Ahora piensa lo mismo, pero con gritos, llantos, una vocecilla que dice “papá, mamá” constantemente sin dejarte articular palabra… según cómo, ya no es tan genial. O sí.

Esa acción social tan utilizada para quedar con los amigos y evadirte del mundo queda olvidada en cuanto los niños empiezan a andar. Así que lo mínimo que deberíamos saber es cómo seguir disfrutando de estos momentos cuando nos convertimos en padres y madres.

Situaciones que nos irritan y que podemos solucionar
  1. Gritos y más gritos

    Para evitar esos gritos insoportables y conflictos entre los demás comensales lo mejor es el entretenimiento sobre la mesa: pequeños juegos de viajes, colores y cuadernos. Recuerdo una temporada que en el coche siempre llevábamos una gran bolsa con un “kit” especial por si la decisión de ir a un restaurante nos pillaba desprevenidos. Quizás en estas situaciones somos reacios a usar móviles, tablets y videojuegos, pero hay que tener en cuenta qué necesidades queremos cubrir (las nuestras y las de los niños) y si tenemos alternativas. Si la comida va a ser larga y nos apetece hacer una buena sobremesa, tal vez esas maquinillas nos pueden echar una mano, ¿no os parece?

    2. ¿Dónde se han metido?

    No todos los niños son iguales, lo sé. Lo he vivido yo misma con mis tres hijos. Recuerdo perfectamente lo relativamente fácil que era ir a los restaurantes con mi hijo mayor, al que se le podía entretener fácilmente con cualquier cosa en la mesa. Pero cuando tuvimos a nuestra pequeña y empezó a corretear… ¡Ni os explico la de veces que nos teníamos que levantar para buscarla entre los comensales! Y los la encontrábamos en cualquier rincón, ¡hasta en la cocina se nos coló una vez. Te pensabas que estaba en el suelo entretenida y de pronto había desaparecido

Los juicios a la hora de elegir un restaurante tienen que ser claros. Una opción a considerar para las criaturas más inquietas es informarse si el restaurante tiene zona de juegos o incluso personas que puedan estar a su cargo.

3. ¡Puagg, qué asco!

“No me gusta” es la frase más repetida por los niños en un restaurante. Cuando llames para reservar o antes de entrar en un sitio, pregunta siempre si tienen menú especial para los niños. Y con esto no me refiero a que tengan macarrones, carne, patatas fritas con ketchup y un huevo frito. Oye, que si es eso lo que les gusta, adelante. Sin embargo, considero que muchas veces, por el simple hecho de ser niño, se les priva de la posibilidad de comer los mismo que un adulto. Al fin y al cabo, lo que puede pasar es que un menú entero o una ración “de adulto” sea demasiada cantidad. ¿Os imagináis lo frustrante que puede ser para un niño a la que no le gustan los macarrones con tomate o la carne rebozada que le pongan siempre el mismo menú en los restaurantes? Yo sí, tengo a una en casa.

4- ¿Cuándo nos vamos?

La segunda frase más repetida por nuestros hijos puede ser la pregunta: ¿cuándo nos vamos? En el momento que sacan el café y nos apetece estar ese rato reconfortante después de la comida, nuestros hijos están ya cansados, se aburren y quieren irse cuanto antes. Tener un as en la manga guardado es una idea fantástica: un postre extra, una actividad especial… algo que les anime a estar un rato más mientras los adultos terminamos el placer de la sobremesa.

Soluciones sin complicaciones

Si todos estos consejos ya los has probado y no han funcionado, no te agobies. Quizás la solución definitiva nos es ir juntos y otra opción puede ser dejar a los niños en casa. Ir a un restaurante en familia implica tener la capacidad de comprender que todos tenemos nuestras necesidades, incluidos los niños. 

A veces lo que buscamos no es una actividad en familia, si no tener un momento íntimo con la pareja o un reencuentro con los amigos.  

Sin embargo, puede resultarnos complicado encontrar a alguien para que tenga a los niños, pero siempre habrá una persona que nos salve. Estas son algunas de las soluciones que proponemos:

1. Adorables abuelos

Nuestros padres pueden quedarse ellos. En la mayoría de casos son personas cercanas a los niños que pueden cuidarlos, complacerlos con gusto.

2- ¿Tíos? Por supuesto

La otra opción son los tíos. La familia puede ser una gran tribu y mucho más divertida si los primos tienen una edad parecida. Harán buena amistad, compartirán recuerdos y disfrutarán de la infancia todos juntos.

3- Me debes una

Todos tenemos algún amigo que nos debe un favor y esta es la ocasión perfecta. Además, si este fiel compañero tiene hijos y son amigos será toda una aventura para los pequeños. También las amistades pueden ser una maravillosa tribu a la que recurrir cuando se necesita.

4- Canguro por una noche

Una vez al año no hace daño. Contratar a un canguro por una noche es lo ideal si hay alguna celebración especial. Puede llegar a ser un poco caro, pero si no tienes otra opción elige esta. Te mereces una comida o una cena con tus seres queridos.

No hay excusa. Hay muchas opciones para disfrutar de los restaurantes. Olvídate de preocupaciones y disculpas ante los camareros. Hay que ser inteligente y ver siempre el lado positivo de las cosas. Saborea los pequeños momentos de desconexión y disfruta de la mejor manera de tus hijos. Parecen pequeños diablos, pero si sabes cómo tratarlos parecerán angelitos ante tus amigos.

4 claves para transformar tu forma de educar

 

La necesidad de educar a nuestros hijos de forma respetuosa no es algo que venga de un día para otro. Las primeras preguntas que nos suelen venir a la mente suelen estar relacionadas con dudas relacionadas con el impacto que pueden tener nuestras acciones en la seguridad y la autoestima de nuestros hijos: ¿soy demasiado permisiva? ¿Le exijo cosas que no puede entender? ¿Es momento de hacerle responsable de X? ¿Le estoy mostrando correctamente que él es importante y no debe ceder si no lo cree?…

Queremos que nuestra forma de educar les ayude a crecer seguros de sí mismos y puedan desenvolverse con éxito en todos los objetivos que se planteen en un futuro.

Porque sí, es el futuro el que realmente nos preocupa y por eso empezamos a cuestionarnos si lo que hacemos ahora les afecta o no, de qué modo y cómo será nuestro hijo dentro de 10 años.

Pero educar de forma respetuosa puede ser, para la mayoría de nosotras, algo nuevo.

  1. Es una forma de educar que no vemos en la mayoría de las personas que nos rodean en la actualidad.
  2. Tampoco es una forma de educar que hayamos recibido, por lo que no la hemos experimentamos y no sabemos cómo la recibe una criatura ni cómo actúa el adulto que la aplica.
  3. En muchas ocasiones, es posible que no sea una forma de educar que las personas de tu entorno vayan a recomendar. Si la tendencia es a repetir patrones, ver que alguien hace algo diferente no suele ser aprobado de forma incondicional.
  4. No siempre tenemos bases en las que apoyarnos. Ya sea en bases teóricas, estudios, resultados, ni tampoco empíricos, experiencias de personas que han sido educadas desde el respeto y la empatía. Si bien podemos tener conocimiento de algún caso concreto, no suelen ser las personas que nos rodean referentes que demuestren que este tipo de educación tiene unos resultados beneficiosos a largo término.

Estas son 4 ideas que te pueden ayudar a identificar tus dificultades y, por lo tanto, empezar a poner remedio.

¿Qué estás dispuesta a hacer para superarlas?

 
 

7 errores que cometes cuando quieres aplicar las bases de una educación respetuosa en un momento de conflicto

En varias ocasiones he comentado que han llegado a mí mujeres con una idea clara de lo que querían para sus hijos e hijas, con libros leídos e incluso cursos sobre crianza respetuosa hechos. Mujeres que, pese a la formación y conocimientos adquiridos, seguían teniendo bloqueos cuando se encontraban ante un conflicto con sus pequeños. 
 
En este post, voy a contarte 7 errores muy frecuentes que pueden ser el origen de los bloqueos que tienes cuando surge un problema con tu hijo y quieres aplicar las herramientas de una comunicación empática dentro de la crianza respetuosa.  
 
1. Marcas objetivos inalcanzables fácilmente

Un fallo muy común que cometemos cuando queremos poner en práctica la teoría que ya sabemos es el de querer hacerlo todo perfecto. Cambiar nuestra forma de actuar implica un aprendizaje en el que es muy fácil cometer errores. Marcarnos metas adecuadas al momento en el que nos encontramos nos ayudará a no sentir que fracasamos y que no podemos con lo que nos proponemos

2. Falla algún concepto teórico

¿Tienes dudas en un momento determinado? ¿No sabes si la forma de reaccionar es la que “deberías hacer”? Quizás hay alguna cosa que se escapa y es necesario investigar

3. Te rindes antes de volverlo a intentar

Equivocarse no es malo si sabes aprender de los errores. Nadie dijo que el camino fuera fácil, pero tampoco imposible. ¿Quién te dice que no lo conseguirás la próxima vez?

4. Olvidas qué es lo que quieres hacer

¿Qué es lo que quieres conseguir? ¿Qué motivación deseas que se active en tu hijo? ¿Qué estás haciendo para que sea esa motivación realmente y no otra?

5. No tienes presentes tus objetivos cuando actúas

Tener claros tus objetivos te ayudará a relativizar lo que está sucediendo en ese momento. Todo está integrado en un objetivo a largo plazo. Es clave estar convencida de cuál es.

6. Te falta tomar aires y bajar el ritmo cuando conduces la situación

Resolver conflictos requiere espacio y tiempo. ¿Estás dispuesta a destinarlo? Para, respira y date el tiempo necesario para plantear una buena estrategia que te permita usar los recursos respetuosos que tu hijo y tu os merecéis.

7. No has cerrado lo que te ha ocurrido justo antes

A veces acumulamos estrés. A lo largo del día acumulamos tensiones que explotan en un momento determinado. Los conflictos con nuestros hijos suelen ser uno de estos momentos. Asegúrate de que cuando estás resolviendo un problema con tu hijo no estás liberando otro tipo de conflicto.

 

Estos son algunos de los errores más comunes, pero no los únicos. 

Si quieres seguir investigando y profundizando sobre los bloqueos que te impiden usar los recursos de una crianza respetuosa puedes obtener más información pinchando en el enlacesiguiente. 

¿Quieres saber cómo ser la protagonista principal de lo que te ocurre?

Existen momentos en los que puedes sentirte desbordada por las circunstancias externas. Momentos que te producen algún tipo de malestar y que, sin embargo, no afrontas de forma asertiva. La empatía es una cualidad humana y, por ello, tienes la capacidad de reinterpretar estas situaciones de conflicto desde esta perspectiva asertiva.

Sin embargo, existen patrones de conducta adquiridos y reafirmados a través del poder de la educación y de las experiencias vividas y repetidas en la infancia y la adolescencia, escenas que perduran hasta la etapa adulta y se convierten en mecanismos de defensa habituales cuando te posicionas ante un conflicto en actitud de alerta.

Cómo evitar la reproducción de patrones

La educación que ha recibido una persona genera una influencia directa en cómo aborda los problemas. Por ejemplo, una persona que ha sido educada en un ambiente estricto en el que la fortaleza se confunde con la ausencia de manifestación de emociones que en este contexto se interpretan desde el marco de debilidad, por ejemplo, la tristeza, el llanto, la pena o la compasión, en este caso, la persona ha aprendido a reprimir sus emociones. Cuando la lucha de poder se instaura en el seno de un conflicto, surge una rivalidad con la otra persona al querer dar voz a la propia autoridad.

Cuando vives un momento de conflicto, ese hecho no se desarrolla únicamente en el plano exterior de la situación observable a nivel objetivo. Es decir, existe también una realidad subjetiva que reinterpretas desde un diálogo interno del que tal vez no eres consciente porque no te has parado a escucharte con calma en ese momento. Comprender qué te ocurre en una situación de estas características significa ampliar la mente y el corazón para asumir las emociones, las sensaciones y las ideas que surgen en una situación de conflicto que a veces se traduce en un enfado.

Las emociones y los sentimientos no son positivos o negativos, sin embargo, existe una tendencia frecuente de censurar aquellas sensaciones que se estigmatizan con el adjetivo de la negatividad. Todas las emociones son positivas, te ofrecen una información valiosa sobre ti misma, por tanto, te permiten conocerte mejor. Pero, además, al escuchar qué te ocurre, puedes expresarlo y verbalizarlo ya que gracias al poder del lenguaje también obtienes un mayor autocontrol sobre la situación.

El ser humano tiene la capacidad de desaprender algunos hábitos para entrenar otros nuevos. Pero, también, es un ser condicionado por sus experiencias previas. Eso no significa que estés determinada por la educación que has recibido o por tus propias experiencias pasadas. No estás determinada a modo de causa y efecto, sin embargo, todo ese legado sí ha generado una influencia en ti. Ha producido una huella porque durante mucho tiempo, esa información vital ha formado parte de tu zona de confort.

Eres la persona más valiosa y significativa de tu vida, sencillamente, porque eres dueña de tu destino en aquellas decisiones sobre las que tú tienes el control de la realidad. Por tanto, mereces darte importancia. Cuando experimentas un conflicto interior, tienes que escuchar qué te está pasando, cómo te afecta esa situación, cómo te hace sentir en presente. Entrenas la asertividad cuando profundizas en el plano personal para explorar tu universo interior. ¿Y por qué es tan importante que dediques este tiempo a conocerte? Porque si no lo haces, corres el riesgo de actuar en automático en otras situaciones similares, en lugar de tomar una distancia emocional para valorar distintas posibilidades de actuación.

 

Recuerda que si habitualmente reaccionas de forma similar, los resultados serán también previsibles. Por el contrario, si desarrollas nuevas herramientas de actuación, tu calidad de vida emocional mejora a partir de la libertad como creatividad. Es decir, como persona libre, tienes un potencial inagotable de respuesta para tener una nueva actitud ante esa situación que incrementa tu vulnerabilidad.

 

La educación influye de forma muy positiva en la formación emocional que has recibido. Sin embargo, más allá de las fortalezas personales que te ha aportado esa influencia familiar, también puedes observar algunas carencias internas que te gustaría corregir por medio del desarrollo personal. La buena noticia es que como protagonista única e irrepetible de esta aventura de tu presente y de tu potencial futuro tienes el tiempo necesario para perfeccionar tu inteligencia emocional y, de este modo, resolver y gestionar los conflictos a partir de tu propio bienestar.

La aceptación de las emociones te ayuda crecer

La empatía es uno de los sentimientos más humanos. Es esa capacidad que te permite comprender al otro como otro. Es la aceptación incondicional de la alteridad. Sin embargo, la empatía comienza por ti misma al darte la importancia que mereces. Al escucharte y comprenderte. Los conflictos pueden ser incómodos, pero no son negativos.

Son experiencias positivas que te ofrecen nuevas oportunidades de desarrollo para entrenar la expresión asertiva y evitar la lucha de poder. ¿Qué vas a hacer para crecer a nivel interno?