Todo bajo control: comemos de todo

planificar las comidas para comer de todo

Tengo un menú semanal superequilibrado. En casa comemos de todo. Tengo una lista de la compra con las cantidades exactas que necesito comprar de cada alimento. Soy muy metódica haciendo la comida, las raciones… no quiero que mis hijos pasen hambre ni que coman demasiado, se que eso también es malo. Quiero que se sienten a la mesa durante las comidas, con nosotros, y que coman correctamente, sin sorber, sin jugar, sin hacer ruiditos, terminándose todo lo que hay en el plato sin rechistar, que se que es la cantidad de comida que deben comer a diario.

Y lo preparo todo con mucho amor. Pero la hora de la comida es un desastre. A los pocos minutos de empezar a comer se ponen a jugar entre ellos o con la comida. Me preguntan que hay de segundo y me miran ante la respuesta con cara de asco, como si no hubieran comido nunca aquello… A veces incluso les dejo estar un ratito en la cocina mirando como prepado la comida. O quieren levantarse para seguir jugando en el salón, como si no tuvieran hambre. A menudo no les apetece terminar su plato y tengo que ponerme sargento. Después a media tarde parece que vayan a comerse una vaca entera para merendar del hambre que tienen. ¿Por qué no…

… comen a las horas previstas?

… quieren terminarse su ración?

… les apetece aquello que siempre les había gustado?

… están sentaditos y en silencio comiendo tal como les enseñamos, como adultos, sin mancharse, sin moverse, …?

Tener todo bajo control es estresante e imposible. Porque nuestro cuerpo no es una máquina. Es eso, un cuerpo. El cuerpo sabe autoregularse: a los adultos no nos apetece comer siempre las mismas cosas, ni a las mismas horas, ni en la misma cantidad. Nuestro cuerpo nos indica cuando tiene hambre y cuando no, podemos intuir cuando nos apetece dulce y cuando salado… incluso sabemos si preferimos comer o hacer otra cosa. Al final de la semana, comemos de todo igualmente, ¿no crees?

No es algo que hayamos aprendido. Nuestro cuerpo nace sabiendo. Al crecer, nos acostumbramos a cumplir unas normas sociales, nos convencemos de que esa es la cantidad de comida que hay que comer y no otra porque lo dice tal o cual nutricionista de moda, creemos que es muy importante que comamos DE TODO (que no es lo mismo que de todos los grupos de alimentos)… y creemos que debe ser así también en nuestros hijos, ya que queremos lo mejor para ellos. Es para nosotros primordial que sean adultos bien educados y nutridos, preparados para todo.

Y se nos olvida que los niños, desde el momento en que nacen, SABEN cuando tienen hambre y cuando no, SABEN qué les apetece. Tienen curiosidad por descubrir el mundo y a veces SUS necesidades son distintas de las nuestras.

Y aunque el objetivo de su cuerpo y nuestro objetivo son el mismo, intentamos que coman de todo y nos preocupamos por su salud cuando pensamos que no es así.

NO hace falta tener todo bajo control. Dejemos un margen a la improvisación y la espontaneidad. Al fin y al cabo, seguro que comemos de todo (de todos los grupos de alimentos) de forma equilibrada planificando las comidas y teniendo variedad de alimentos en casa (frutas, verduras, legumbres, carne y pescado).

Si ahora no apetece comer, apetecerá en un rato.

Si quieren participar en la elaboración de la comida, dejemos que esten con nosotros, que nos ayuden de verdad. Ellos disfrutaran y les sabrá mejor la comida. Nosotros pasaremos un ratito con ellos a la vez que hacemos algo en casa: conviviremos sin darnos cuenta. Y es divertido.

Los horarios fijos, los menús incambiables, las normas sociales, los gurús de las dietas , las combinaciones perfectas de alimentos… pueden esperar.

Dejemos que sean criaturas, que descubran y experimenten y puedan comer lo mismo para desayunar durante meses, siendo su elección (por ejemplo atún con tomate) en lugar de la nuestra (cereales con leche). También están aprendiendo, a decidir y a ELEGIR POR ELLOS MISMOS, a tener una relación sana con la comida. ¿y ese es el objetivo, verdad?

Trabajo y maternidad, con Nahia Alkorta Elezgarai

Hoy tenemos el placer de tener en nuestro blog a Nahia, mamnahiaá de Aner (2012), Xuhar (2015), y sus dos proyectos Sabeletik Mundura y Loa-Lo.

 

Nahia es asesora de maternidad, lactancia, porteo y duelo gestacional y perinatal. Con toda esta formación a sus espaldas, se dedica al asesoramiento personal y a dar charlas y dar talleres. Además es distribuidora de portabebés y también vendre productos relacionados con la crianza.

 

¿Qué tiempo tenía tu bebé cuando retomaste la actividad en tu emprendimiento?

Cuando el mayor tenía un año me embarqué en la aventura de ser autónoma en España y he trabajado con el alrededor hasta que cuando cumplió tres empezó a ir a la escuela por las mañanas. Nuestro segundo hijo nació a los tres meses de que el mayor se escolarizara y yo retomé la actividad, a media jornada, a las seis semanas tras el parto.

Los primeros meses de un bebé no son siempre sencillos, sabemos que es un periodo nuevo y lleno de retos. ¿Cómo afecta la llegada de un bebé a los objetivos que te marcas en tu negocio? ¿Hay un antes y un después?

Mis proyectos laborales son como mis hijos, hay días en los que me necesitan más y otros en los que podemos separarnos un poquito más. Cuando me embarqué en esta aventura lo hice principalmente para hacer algo que me apasiona y que me permitiera que mis hijos siempre fueran la prioridad. La llegada del segundo hijo trajo aire fresco, un parón para arrancar con más fuerza. El embarazo me permitió organizar mi trabajo para que pudiera ralentizar el ritmo y adecuarme a la nueva situación. No considero que haya un antes y un después, es un continuum, igual que la crianza.

¿En algún momento te fue tan complicado compaginar tu emprendimiento con tu maternidad como para plantearte tirar la toalla? Y si fue así, ¿qué te hizo continuar?

Ha habido días con ganas de parar el mundo pero no por la conciliación si no por las condiciones pésimas que tenemos las autónomas en España. Me agota mucho emocionalmente por un lado lo injusto que es el sistema y por otro que mucha gente haga cosas similares sin cumplir con obligaciones fiscales. Hay meses en los que tal vez sería mejor tirar la toalla, pero cuando crees firmemente que lo que haces merece la pena y que colaboras a que tus nietos tengan un mundo mejor, la fuerza sale del corazón.

 

En una maternidad en la que se busca estar en contacto constante con el bebé, el tiempo que se pasa juntos es vital, así que dinos, ¿cómo organizas tu tiempo para poder disfrutar de la maternidad y ser productiva?

Trabajo en contacto, porteando o con el peque en un cojín de lactancia al pecho. Aprovecho las siestas en las que consigo no quedarme a dormir con el y las noches. Siempre he sido más productiva de noche por lo que todo el trabajo que no es directo con las familias, lo dejo para compartirlo con las estrellas.

Seguro que tienes siempre a mano algunas herramientas que te permiten estar con tu hijo a la vez que trabajar. Explícanos cuál es tu preferida.

La pelota de pilates y un buen portabebés. Con el peque a la espalda, música y los botes de pelota todo es más fácil. Ahora además esta entrando en la fase de gateo, por lo que una buena alfombra es mi mejor aliado.

A veces hacer lo que te apasiona absorbe tanto que las horas pasan volando, el cansancio se acumula y después no podemos afrontar el día a día con la misma energía. ¿cuál es tu secreto para planificar tus actividades sin dejar de lado nada importante y poder descansar?

Procuro ser realista y no programarme demasiadas cosas, la maternidad te obliga a no tener casi ninguna cosa totalmente establecida. Catarros, revisiones, vómitos de noche, pesadillas… inesperados son parte del día a día. Establezco mi trabajo según prioridad por prisa e importancia y según el tiempo que tenga en cada momento, elijo una tarea que pueda encajar en ese rato. Aprovecho los ratos de juego, por lo que las tareas las reparto en intervalos de más o menos 10 minutos y disfruto del placer de tachar cosas de las listas.

¿Eres de cochecito o de portabebés?

elegir entre cochecito y portabebés

Cómo elegir entre cochecito y portabebés en tu día a día

En mi primera maternidad fue toda una aventura descubrir qué utensilios necesitaba realmente para ir por el mundo con mi bebé. Teníamos el cochecito que siempre había querido tener (bueno siempre no, estuve trabajando una temporada en una tienda de puericultura y me enamoré de ese modelo). También teníamos un fular de sarga de algodón, que no sabía muy bien como ponerme, era una tela muy larga y no tenia práctica.

Pasados tres meses del parto ya me apatecía más moverme y empezar a hacer cosas, así que reinicié la maravillosa tarea de hacer recados e ir de un lado a otro: compras, papeleos etc… Como fui desde el primer día una madre a-pegada a su bebé (muy mamífera vamos) la llevaba conmigo allí donde fuera. A menudo tenía la duda: ¿eres de cochecito o de portabebés? ¿qué te va a ser más práctico?

Mi emprendimiento no había empezado aún, aunque la semilla ya estaba germinando. Personalmente me costó unos días darme cuenta de las ventajas que tenía para mí (que vivo en un pueblo pequeño y a menudo debo desplazarme en coche de un lado a otro) utilizar el fular en lugar del carrito (aunque el cochecito me gustara mucho mucho). Aquí van mis dos versiones de una misma mañana…

¿eres de cochecito o de portabebés?
opción cochecito parece muy cómoda para todos

BEBÉ+COCHECITO

9:30h Salgo de casa a hacer gestiones.¿He cogido todo?… bolso, llaves, documentación, bebé en el coche… ¡ay!! el cochecito.

9:40h nota mental: tengo que acordarme de quitar todo lo que pongo en la bolsa de debajo del carrito cuando llego a casa… todo en el coche, listos.

10:00h he llegado.. no encuentro sitios anchos para aparcar..¿no hay aparcamiento en batería?

10:15h Bueeeeno, aparcado. Un poco lejos, pero llegamos en dos minutos.. se ha dormido.. voy sacando el cochecito.. (1)

10:20h Carrito montado, he cogido todo, bebé dentro.(2)

10:25h. Ostras cuánta gente hoy por la calle… no me había dado cuenta de que las aceras de ésta zona son tan estrechas… he pisado tres pies con las ruedas

10:29h Llamada entrante.. fffff nota mental: el próximo carrito que compre, que de verdad pueda manejarse con una sola mano. He atropellado dos pies más.

10:32h. He llegado. Tengo que hacer cola. Mi bebé se ha despertado y llora. Mezo el carrito arriba y abajo pero no funciona. Lo cojo, aunque se que va a querer teta y estamos en la cola y aquí hay mucha gente.. (3)

10:45h. Estoy sentada, una señora muy amable me guarda el turno y el carrito y me ha cedido su asiento. Estoy dando teta con los papeles y el bolso encima.

10:55h. Listo. Bebé tranquilo. Lo pongo en el capazo y parece que no le apetece mucho. . Lo voy meciendo como puedo esperando que mi turno llegue YA.

11:10h. Por fin. La persona que me atiende parece muy diligente pero creo que lo que quiere es que me vaya rápido porque mi bebé cada vez llora más alto.

11:25h. Salgo del edificio con la documentación entregada y una sonrisa de disculpa para toda la concurrencia. Y con mi hija en brazos: no quiere estarse en el cochecito así que la llevo en brazos, los papeles en el carrito, el bolso en el hombro, y conduzco de nuevo con una sola mano… paso por otras calles más anchas aunque tardo más en llegar..

11:45h He llegado al cocheeeee. ¿son casi las 12!?!?!!

Subo al bebé, guardo todo dentro, plego el carrito y lo meto en el maletero. Me duele el brazo con en el que he conducido el carrito. Se ha quedado dormido otra vez, paso por la gestoría, vamos a comprar y para casa.

11:54h repetimos los pasos (1), (2), (3)

12:20h hablo con el gestor y salgo pitando.. bueno pitando no porque me encallo en la puerta con las ruedas… ffff

12:30h Llego al coche. Pongo al bebé dentro, desmonto el cochecito, lo guardo en el maletero, suspiro largamente y me subo al coche.

12:46h Parquing del super.. aparco. Saco la estructura, intento abrirla varias veces antes de conseguirlo, se había atascado. Monto al bebé con su capazo, cojo el bolso y al entrar, un minicarro de plástico para comprar cuatro cosas.

12:55h ¿por qué no hay más espacio entre cajeras para pasar? Pago, cargo las bolsas como puedo en el manillar del carrito. Lo suelto un segundo para cerrar la cremallera del bolso… aaargh!!¡está a punto de caer hacia atrás! Pero lo salvo, aunque mi bebé, asustado se pone a llorar. Me voy al coche intentando hablarle calmadamente.

13:03h mi hija se calma, pongo las bolsas en el coche, bebé dentro, cierro el cochecito… aix, no cabe todo en el maletero. Empiezo a sacar las bolsas para recolocar todo bien.

13:12h Ahora si puedo cerrar el maletero. Vuelvo a calmarla porque vuelve a estar medio llorando.

13:17h Arranco el coche, vamonos a casa.

13:34h ¡Estamos en casa! Saco las bolsas de la compra, luego a mi bebé, que sólo quiere brazos, no se porqué, hemos paseado toda la mañana juntos.. que hambre tengoooo.. a ver si puedo dejarlo tranquilo en su cuna y me voy a la cocina…

 

¿eres de cochecito o de portabebés?
opción portabebés: tener las manos libres

BEBÉ+PORTABEBÉS

9:30h Salgo de casa a hacer gestiones.¿He cogido todo?… bolso, llaves, documentación, bebé en el coche.. ¡Ay!! el fular portabebés

9:32h listos, nos vamos.

9:52h He llegado.. encuentro un aparcamiento megaestrecho, pero no tengo que coger nada del maletero así que aparco aquí mismo.

9:56h Salgo del coche, cojo al bebé y me lo pongo en el fular. Cojo los documentos y el bolso.

10:04h He llegado. Tengo que hacer cola. Mi bebé está inquieto.. me balanceo suavemente para calmarlo pero tiene hambre. Recoloco un poco el fular para darle teta.Documetos y bolso entre mis pies.

10:11h Ya vuelve a estar tranquilo y se esta adormeciendo. Me tapo la teta, vuelvo a recolocar el fular y al bebé para estar más cómodos los dos.

10:29h jolín cuanta cola.. ah! Llamada entrante

10:32h Me paseo por la sala mientras acaricio la espalda de mi hija. Su respiración en mi pecho me reconforta. A ver si nos toca ya..

10:36h Por fin. La persona que me atiende es muy diligente.

10:49h Salgo del edificio con la documentación entregada. Parece que hoy hay mucha gente por aquí..

10:57h He llegado al coche. Suelto un poco el fular para sacar al bebé y ponerlo en su sillita, sonríe levemente y se queda tranquilo.

Vamos a la gestoría, a comprar, y para casa.

11:06h Aparco y salgo del coche. Cojo al bebé lo vuelvo a poner en el fular y ajusto la tela. Cojo el bolso y cierro el coche.

11:10h Hablo con el gestor y salgo.. son las once. Me permito volver tranquilamente al coche, miro algun escaparate…

11:25h Llego al coche. Suelto un poco el fular, mi hija quiere teta. Me siento en el asiento del copiloto y le doy teta.

11:32h listo. Lo pongo en su sillita y hacia el super.

11:48h Llego al super. Acomodo al bebé en el fular, lo vuelvo a ajustar y un minicarrito de plástico para comprar cuatro cosas.

11:57h Pago y cojo las 3 bolsas de plástico.

11:59h Meto las bolsas en el maletero. Pongo al bebé en su sillita después de soltar tela del fular y subo al coche.

12:16h Estamos en casa. Saco a mi bebé del coche y lo dejo un momento en su cuna. Me mira y le cuento que vuelvo enseguida. Está muy tranquila. Cojo las bolsas y las llevo a la cocina. Ay… me quito el fular que ya no me acordaba que lo llevo puesto. Acerco la cuna a la cocina, veo que se ha quedado dormida.

12:20h Preparo un pescado con verduritas y lo pongo a hornear.

Reviso los correos y respondo algunos. Releo un proyecto y busco una imagen para añadir..

13:10h Está despierta. La cojo en brazos… me pongo la bandolera y la acomodo en ella. Se calma con mis pasos. Pongo una lavadora. Preparo la mesa a la vez que le explico lo que estamos haciendo.

13:34h apago el horno, comida lista.

Imaginar tu día a día puede ayudarte a decidir en cada situación, que opción prefieres. Así que… ¿eres de cochecito o de portabebés?

No quiero que nadie organice mi vida, ni siquiera tú.

¿Has sentido miedo a ser cuestionada alguna vez? ¿Has escondido emociones para que no intuyeran alguna debilidad en ti?

Yo sí. Y estoy segura que no soy la única. Es un recurso que usamos a veces para protegernos.

Pero hubo un momento en mi vida que lo hice, y si pudiera volver atrás cambiaría 100% ese miedo por la tranquilidad que da el conocimiento: mi primer puerperio.

Recuerdo avisar a mi madre que llegábamos del hospital por la noche y ella me ofrecía dejarme la cena preparada. Me pareció práctico, pues ni siquiera recordaba qué había en la nevera cuando salí de casa después de romper aguas de madrugada. Accedí. Cuando llegamos, ella ya estaba en mi piso y lo tenía todo listo. Y empezaron las preguntas: ¿A qué hora quieres que venga mañana? ¿Qué quieres que te prepare? ¿Necesitas que me lleve ropa para lavar? ¿Quieres…..?

En ese momento levanté un muro de piedras mental infranqueable: “Aquí no va a entrar nadie a organizarme la vida, que hasta ahora no me ha hecho falta para nada. No quiero tener a ninguna persona diciéndome qué o cómo tengo que hacer las cosas”. Y seguramente, así hubiera sido, porque mi madre es así, y no voy a ser yo quien la cambie.

 

Ojalá se hubiera desmoronado esa barrera en el mismo instante en que la creé.

 

La decisión que tomé en ese momento tuvo una razón de ser: el miedo a ser cuestionada. Mi inseguridad. Ella ejercía el papel que le tocaba: ese cojín que las madres que acabamos de parir necesitamos. Esa persona capaz de organizar aquello que, para una recién mamá, debería quedar en segundo plano en sus prioridades. Porque tiene que focalizarse en ella misma, en sus necesidades y en las de su bebé.

Pero de eso, por aquel entonces, yo no era consciente. No supe ver la importancia que tenía para mi recuperación, para mi tranquilidad y la de mi bebé, tener a alguien que se pudiera encargar de la casa.

 

Y me encontré con algo peor que el miedo a ser cuestionada:

mi propia inseguridad en una maternidad totalmente nueva para mí y la soledad rodeándome en todo momento.

Pero el sentimiento que más tenía arraigado en esos momentos no iba tanto con el carácter de mi madre y su supuesta intromisión en mi nueva faceta de madre (eso daría para otro post), sino con algo más profundo. Algo que, a veces, es mucho más difícil de ver en nuestros actos. Lo tenemos muy integrado la mayoría de mujeres, sobre todo aquellas que compaginamos varias facetas en nuestras vidas y la mayoría no somos conscientes de ello.

Se trata un conjunto de emociones y pensamientos que no sólo vemos en nuestra vida como madres sino que podemos observar en distintas situaciones y contextos. Todos tienen un mismo denominador común: yo puedo con todo.

Lo que quiero mostrarte explicándote esta experiencia personal tan íntima es que yo necesitaba gritarle al mundo que no sólo iba a ser la mejor profesional del mundo como había intentado ser hasta entonces. Sino también ahora que iba a ejercer un papel nuevo, el de madre. Así que, en ese momento, tenía que demostrar a todos los que me rodeaban que sería la mejor madre del mundo. Y para ello, debía hacerlo sola. Porque si no, mi idea de control y seguridad se desmoronaba por completo y me hacía sentir frágil, débil, poca cosa, vulnerable… en fin: fracasada. Así era como yo había aprendido a mostrar mis capacidades: fuerte, sola, sin ayuda…

Nada más lejos de la realidad.

Ser capaz de ver qué es más importante en cada momento para ti y para tu bebé. Estar segura de lo que quieres, de lo que necesitáis tú y tu pequeño. En definitiva, tener las cosas claras y estar empoderada en tus decisiones puede ser sinónimo de no tener miedo y saber decir NO. Y decir no, aunque parezca que en este post está fuera de contexto, es mucho más importante de lo que te imaginas en una situación tan delicada como un posparto.

Saber decir no, implica ser consciente de hasta dónde puedes llegar y así poder ver, sin agobios, sin presiones, sin metas estresantes,  que hay cosas que no vas a hacer como hacías antes. Y no pasa nada. Lo harás, pero de otra manera que, seguramente, te llevará un tiempo descubrir porque todo es nuevo. Y que, allí donde tú no llegas, puede llegar otra persona, aunque hasta el momento haya sido tu responsabilidad.

La capacidad de adaptarte a nuevas situaciones puede ser la clave para que los cambios que se den en tu vida sean un éxito. Pese a que pienses en ese momento que es un desastre. Porque entendiendo qué es lo que ocurre, es más fácil actuar en consecuencia, con seguridad y sin miedo.

Y si no se tiene miedo, se tiene un poder extraordinario.

5 Claves para sentirte genial durante el posparto

Sabías que tu estado de ánimo es muy importante para el desarrollo de tu bebé?

Un bebé es un ser que nace con la necesidad de ser cuidado. Ya desde el nacimiento, y a lo largo de su vida, irá desarrollando una serie de mecanismos cada vez más complejos que le van a permitir establecer relaciones con las personas de su entorno para intentar asegurarse su bienestar.

El primer vínculo que establece, el principal, es contigo. Es tu voz, tus movimientos, tu respiración, el latido de tu corazón, lo que ya conoce al nacer, pues ha vivido en ti durante varios meses. Y tu olor, no olvidemos el olfato, el sentido más desarrollado que tiene al salir. Son sus sentidos los que van a captar todas las señales que emitas para poder interpretar, a su nivel, qué pasa a su alrededor.

Y, ¿por qué te cuento todo esto si quería hablarte de tu estado de ánimo? ¿No te había dicho que iba a darte 5 motivos para dedicarte tiempo a ti?

Como ya te he contado al principio, dedicar tiempo a cosas que te hagan sentir bien, aunque sean unos minutos al día, va a ser muy beneficioso para tu bebé. Está preparado para captar todo lo que tu lenguaje verbal y, sobretodo, tu lenguaje no verbal, está emitiendo cuando estás con él. Si tú te sientes bien, podrás dedicarte a tu hij@ más tranquila, relajada y feliz.

Así pues, aquí tienes 5 puntos importantes que te van a permitir sentirte bien contigo misma:

1

El primer motivo por el que debes mimarte ya lo hemos nombrado: tu estado de ánimo influye en el desarrolo de tu bebé. 

Tu estado real (no el que decimos a veces y no es exactamente lo que sentimos) le proporciona información a las personas que te rodean, incluido a tu bebé. Captan cómo te sientes verdaderamente, aunque no lo expreses verbalmente. Además, la mayoría de bebés son mucho más sensibles que los adultos a todas estas señales, puesto que tienen los sentidos pendientes de todo lo que ocurre a su alrededor. Por e sdeo es tan importante, no sólo tener en cuenta el cuidado de nuestro bebé, sino también el de nosotras mismas, que vamos a ser la figura principal que lo va a atender.

2

Evita que te etiqueten o, sobretodo, “autoetiquetarte” como SUPERWOMAN. Eres una mujer que puede con muchos frentes a la vez, de eso estoy segura, pero después de parir, hay muchas cosas que cambian, tus prioridades también.

Intentar hacer todo lo que hacías antes de tener el bebé sólo te puede llevar a sentirte impotente de ver que no llegas a todo. Date tiempo. Poco a poco irás situándote, conocerás mejor a tu bebé y eso te permitirá adaptar tu día a día al nuevo miembro de la familia. 

Rodearte de personas que puedan ayudarte en las tareas domésticas o de tu emprendimiento. Buscar que sean de confianza  y con suficiente tiempo para que puedas delegar en ellas todo lo que sea posible te facilitarà estar más relajada durante las primeras semanas después del parto.

3

Concédete el placer de no hacer nada durante un rato al día. Dedícate a saborear cada minuto, cada hora que estás con tu bebé. Mirarlo, acariciarlo, darle un masaje, cantarle canciones, sonreírle… son acciones sencillas que te van a permitir pasar un momento relajado con tu bebé al mismo tiempo que fortaleces el vínculo que estás creando con él.

O simplemente descansa estando con tu hij@.

Quizás ya hayas escuchado el consejo de “Duerme cuando lo haga tu bebé”. Pues síguelo. El sueño del bebé durante los primeros meses puede ser muy irregular, así que hay que aprovechar cualquier oportunidad para descansar y reponer energía.

4

Quizás ya te han advertido, pero seguramente vas a pasar a un segundo plano para muchas personas. A partir de ahora, es posible que lo primero que te pregunten sea: ¿qué tal está el bebé? ¿cómo duerme? ¿come? ¿llora mucho? Y un sinfín de preguntas dirigidas a la estrella de la casa.

De un día para para otro dejan de preguntarte cómo te encuentras y pasas a ser casi, casi, invisible. He de reconocer que eso puede llegar a molestar mucho. ¡Que lo has parido tú!

La mayoría de personas lo hacen sin darse cuenta. Un bebé despierta en los humanos mucho interés, pero asegúrate que esas preguntas también te las hace alguien a ti. Y la primera persona que lo debe hacer eres tú misma: ¿qué tal me siento? ¿duermo y como bien? ¿me siento feliz o deprimida?

Conocer tus emociones y tu estado de ánimo te van a permitir pensar en qué debes hacer o a quién pedir ayuda si no te sientes bien o necesitas cualquier cosa.

5

Y por último, y lo más importante: no te dejes para el final de la lista. Busca actividades, pequeños detalles o acciones, cosas que te gusten y que puedas hacer en tu nueva situación, que te hagan sentir mimada y querida (sobre todo por ti misma) y anótalas.

Pero no guardes esa nota en un rincón de tu subconsciente. Busca un lugar de la casa que veas varias veces al día y cuélgate un cartel, una hoja, post-it… lo que sea, algo que te recuerde constantemente que tú eres muy importante. Porque el cómo te sientes y vives tu maternidad, también es importante para tu bebé.

Y si quieres saber más sobre cómo cuidarte durante el posparto, te invito a que conozcas nuestro programa “Maternidad y conciliación”. Pincha en el siguiente enlace y descubre el programa entero y todo lo que podemos ofrecerte para que puedas disfrutar de una maternidad feliz desde la información y la organización de una mujer emprendedora que ha decidido ser también madre.

MATERNIDAD Y CONCILIACIÓN

 


O si lo prefieres, puedes descargarte nuestra “Guía práctica para organizarte durante el posparto” suscribiéndote a nuestro boletín.


Y después del parto… ¿qué?

Lo tienes todo preparado: la bolsa para llevar al hospital, la cuna, el cambiador, ropa, pañales de recambio, una habitación preciosa hecha con mucho amor e ilusión… parece que todo está donde debe estar. Sólo falta el bebé.

 

Y el bebé llega. Los pocos días que pasáis en el hospital, estás en una nube: hay enfermeras, que, si te hace falta, bañan y cambian al bebé. Y tu descansas porque no tienes nada más que hacer que estar. Estar con tu bebé. Todo bajo control.

todo bajo control

Luego, os dan el alta, y llegáis a casa. Parece que todo está perfecto… pero entonces empiezan las dudas…

 

Hoy está llorando mucho…

¿Será normal que haga tantas deposiciones?

¿Por qué hace dos días que no hace cacas?

Me duele el pezón…

Se despierta muy a menudo

Está durmiendo muchas horas…

 

Nadie te había contado nada sobre todo esto… Esta incertidumbre, tantas dudas. Los bebés sólo comían y dormían, ¿no?

Durante el embarazo leíste muchas cosas, te informaste de todo lo referente a la gestación y después para el parto… y se te olvidó informarte sobre todo lo que sucede después.

Tranquila, nos pasa a la mayoría. Y no solamente respecto al bebé. También las cosas que nos suceden a nosotras. Por ejemplo, a mí me sorprendió que mi barriga no volviera a su estado “normal”, cuando ya habían pasado ¡¡7 días desde el parto!! ¿Por qué no volvía a su sitio? Me sentía extraña en mi propio cuerpo. Al cabo de unos días más me pareció lógico, mi piel y mis músculos necesitaban más tiempo, tras 9 meses cediendo, para volver a ser como yo recordaba.

Las cosas pasaban de un modo diferente a como yo creía que iban a suceder, por mucho que lo intentara, los días se escapaban a mi control. En mi cuerpo, y también a mi alrededor: la ropa por lavar, los platos por fregar, el suelo por limpiar… todo iba a una velocidad muy diferente a como yo lo había imaginado.

 

Cuando ves una peli con bebés, o un anuncio, todo es maravilloso. Todo en su sitio, todo en silencio, todo limpio, una mamá perfectamente feliz, peinada y que siempre huele bien, y un bebé sonriente y dormido, al que nunca se le salen las cacas por los sobacos mientras piensas sobre cómo le vas a quitar el pañal sin mancharlo más aún.

Cuando en la peli aparece una mamá despeinada, dormida, dudosa, cansada… va acompañada de una casa descuidada. Esa mamá, pensamos, no sabe hacerlo bien. Tenemos una imagen muy clara y concreta de cómo debe ser una buena madre. Pues voy a decirte algo: esa imagen preconcebida de cómo tiene que ser una madre para ser buena madre, es, en la mayoría de casos, errónea. No te tortures más. Eres buena madre. De hecho, para tu bebé, tú eres la mejor madre, porque…

 

  • Seguramente miras enamorada a tu bebé durante horas (darse cuenta de la magia de lo que has creado a veces hipnotiza, y eso puede llegar a ser maravilloso)
  • Aun estando muy cansada, quizás sientes que necesitas alimentarlo, acunarlo, lavarlo… esa conexión le hace saber lo importante que eres para él, y él para ti
  • Te duermes con él sin darte cuenta : si estás cómoda durmiendo con él, túmbate, seguramente los dos dormiréis mejor, si no estás cómoda, intenta dormir tú también cuando lo dejes en su cuna
  • Aunque te agobie no tener la casa como quisieras, posiblemente se te olvida todo al escuchar sus ruiditos mientras aparece una sonrisa en tu cara, eso te permite estar presente con él, que te necesita mucho más que una casa limpia y ordenada, de eso se pueden encargar otros
  • Tal vez quieras levantarte y desaparecer porque la situación te abruma y al mismo tiempo sientes que no lo harás: en el fondo sabes que estos momentos desaparecerán pronto, los bebés crecen rápido

madre bebé contacto

Y tu entorno… tal vez te apetezca mucho estar con tu família o tus amigos, compartir tu maternidad, o no pensar en ella porque estás saturada. Eso está bien, rodéate de las personas que te hagan sentir bien.

O tal vez no quieras ver a nadie y que nadie te quite ni un minuto de estar con tu bebé. Eso también está bien.

Quizás necesitas a alguien que te ayude sin preguntar el por qué, sin juzgar lo que sientes o dices… que ordene la casa mientras tu estás con tu hijo en vez de que te digan “ve tranquila a hacer lo que necesites, que nosotros nos quedamos vigilando al bebé”. O al revés, porque prefieras moverte y hacer algo en casa en lugar de sentarte a mirar como duerme. Todas las opciones están bien. Cada una tiene su modo de adaptarse a la maternidad.

Y mientras tanto, no importa si estás peinada, si la casa está limpia, si hueles de maravilla o no, … Pregúntate qué es lo que necesitas, qué es lo importante para ti, y qué necesita el bebé.

Si necesitas tiempo sola, pide ayuda. Si necesitas salir de casa, puedes hacerlo. Si necesitas estar en la cama todo el día con el bebé cerca, adelante. Si necesitas desahogarte, hablar sin que te pregunten nada, busca alguien que pueda acompañarte.

Tener una persona que te acompañe amorosa y respetuosamente, sin preguntas, sin juicios de valor, sin condiciones, que te comprenda, te hará sentir respetada, segura, tranquila.

 

Respira. Disfruta. Date tiempo para acomodarte en tu nueva vida, en ese cambio que parecía que iba a durar 9 meses, y resulta que ya es para siempre. Verás que después, todo empieza a encajar: tu bebé, tu cuerpo, la organización de tu vida, tu maternidad.

 

Elegir lugar para parir: lo que aprendí de mis 5 embarazos

Tengo que confesar que en mi primer embarazo no me cuestioné dónde parir. Pero también tengo que confesar que, después de mi primera experiencia de parto, fue una de las preguntas más importantes que me hice en los embarazos que tuve después.

¿Te has preguntado cuáles son las características más importantes que debe tener el lugar donde vas a dar a luz a tu bebé?

Después de la experiencia de cinco embarazos te voy a decir cuáles son, a mi parecer, las 5 preguntas que puedes hacerte y que te permitirán elegir con más seguridad el lugar que mejor se adapte a tus necesidades.

 

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  1. Saber cómo quieres parir.

En mi primer parto me di cuenta de una cosa: no me había planteado conscientemente cómo quería parir. Mi parto fue muy estresante, lleno de miedo. Dejando de lado la valoración de si las actuaciones de los profesionales sanitarios que me atendieron fueron o no fueron las más acertadas y óptimas, lo cierto es que el conocimiento y la información me hubieran hecho ser más partícipe de lo que estaba pasando en esos momentos. Y, quién sabe, quizás algunas de las cosas que sucedieron no hubieran tenido lugar.

Sin embargo, lo que sí que me quedó muy claro después de esa experiencia tan dura, fue lo que sí que estaba segura que no deseaba que se repitiera.

Conocer el proceso de un parto es importante para saber a qué nos vamos a enfrentar, así como conocer lo que puede ayudar o ser un impedimento para que el parto siga el curso que nosotros queremos.  No saber nos hace vulnerables a decisiones que podríamos tomar incluso antes de haber parido. Si sabes cómo quieres parir sabrás qué recursos, tanto materiales como humanos, debe tener el lugar que elijas para hacerlo.

 

  1. Las características de tu embarazo

A veces nos hemos preparado muy bien para un parto de los que denominan de bajo riesgo. Pero es cierto que los partos no siempre son así.

Recuerdo en mi segundo embarazo que me indicaron que mi bebé venia en posición podálica. Aunque después de informarme bien supe que la información me la dieron mucho antes de que se tuviera que tomar ninguna decisión importante (todavía había tiempo para que se colocara en posición cefálica), la noticia hizo plantearme decisiones que no había contemplado: desde la posibilidad de intentar un parto de nalgas hasta programar una cesárea.

Las situaciones que salen de la “normalidad” de un parto y hacen que se tengan que tener en cuenta otros aspectos también son tratadas bajo un protocolo que puede variar de un profesional a otro. El protocolo de parto puede llegar a ser muy diferente según el hospital o profesional del que hablemos. Conocer todas las opciones, con sus ventajas e inconvenientes es importante si quieres tomar una decisión consciente de cómo deseas recibir a tu hijo o hija.

 

  1. Elaborar un plan de parto

Una vez sabemos cómo queremos parir teniendo en cuenta las características de nuestro embarazo, es recomendable que esos deseos queden plasmados en un papel.

En el momento en el que te pones de parto no siempre estás en condiciones de tomar decisiones. La concentración y control en el periodo de dilatación, la intensidad del expulsivo, el momento irrepetible de conocer a tu bebé… hacen que entres en un proceso que con frecuencia te hace desconectar de tu entorno, incluso a veces también de las personas que te rodean si el contexto lo permite (sin interrupciones constantes, intervenciones que no son siempre necesarias, ambiente con poca luz, confianza en ti misma…). En ese sentido, también es importante tener la certeza que quienes te van a acompañar en el parto conozcan tus necesidades y deseos.

El objetivo de elaborar un plan de parto, pues, es dar a conocer a las personas que van a estar a tu lado desde que empieza el proceso hasta la llegada de tu bebé, cuáles son los recursos que puedes pedir durante el periodo de dilatación y expulsivo o qué acciones quieres o no quieres que se realicen (o se intenten evitar en la medida que sea posible). De este modo, si se da el caso que se tenga que tomar alguna decisión, ésta vaya en consonancia con lo que te gustaría que fuera ese momento único de dar a luz a tu bebé.

La elaboración de un plan de parto es muy útil si tenemos en cuenta que, según donde vayas a parir, las personas que te van a atender no van a ser las mismas que te han estado siguiendo durante el embarazo y no conocen cuáles son tus deseos y necesidades.  En este sentido, es importante saber hasta qué punto el lugar donde quieres dar a luz respeta el plan de parto que has elaborado.

 

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  1. La comodidad y la intimidad del post parto inmediato

El parto es un momento muy íntimo. Cada mujer lo vive en función de muchas variables que lo pueden hacer el momento más maravilloso, pero también quizás el más agotador, duro y doloroso.

Sin entrar en detalle sobre lo que puede hacer que no todas las mujeres vivamos el parto igual (ni siquiera la misma mujer vive todos los partos del mismo modo, me pongo yo como ejemplo), tampoco todas las mujeres vivimos el postparto de la misma manera.

El cansancio del parto, las ganas de mostrar la criatura al mundo, la necesidad de conexión con tu bebé, las visitas no deseadas… entre otras muchas cosas,  pueden condicionar que vivas con más o menos tranquilidad las horas posteriores al parto, cuando estás  recuperándote de todo el proceso.

De la comodidad de estar en un espacio familiar como tu casa a compartir con otra madre la habitación de un hospital hay varias opciones. Cada cual con sus ventajas y sus inconvenientes. Pero saber cómo va a ser el espacio donde vas a pasar las primeras horas de tu post parto es importante, porque de ello va a depender también que te sientas más tranquila y te puedas ocupar sin preocuparte de lo que en esos momentos priorizas: tu bebé y tú.

 

  1. Cuáles son los indicativos.

Por último, pero no menos importante, son los datos y estadísticas que pueden describir también el lugar elegido. Me refiero a cuál es el índice de cesáreas, por ejemplo, que se realizan y que, según la OMS no debería pasara del 20% de los partos que se llevan a cabo.

Además de las cesáreas, hay otras actuaciones que pueden formar parte del protocolo de atención a un parto normal (que son la mayoría) y de las  cuales hay informes que muestran las ventajas o inconvenientes de realizarlas. Conocer cuál es la posición de los profesionales del hospital en el que quieres dar a luz te dará una idea de cuál va a ser la tendencia de actuación cuando estés de parto y te encuentres en una situación que propicie dichas acciones.

También es importante conocer el grado de satisfacción de las personas que se visitan. Esta información no es siempre fácil de encontrar. Depende de cada hospital que estas estadísticas estén o no al alcance de los usuarios.  El hecho de que sean públicas, a mi parecer, también dice mucho.

 

Con estas 5 cuestiones no pretendo afirmar que parir de un modo sea mejor que otro. Pero sí que quiero que sepas que cuanta más información tengas más elementos habrá para terminar de decidir dónde y cómo quieres dar a luz y recibir a tu hij@. Eso no va a significar que la decisión sea más fácil, pero sí te hará más consciente y responsable de tomar las riendas de uno de los momentos únicos e irrepetibles de tu vida.

La escuela, el médico y la toma de decisiones

El viernes pasado me llegó una notificación escolar. En realidad, algunos niños de la clase de mi hija, hacía unos días que contaban que iban a venir unos médicos al cole.

En la revisión, de la que no te explican qué van a revisar de la salud de tu hij@, no va a estar ni su padre ni yo presentes. No entiendo el motivo de la dicha revisión. Me cuestiono algunas cosas:

1.Para empezar, ni a los alumnos, ni a sus tutores legales (los padres) se nos ha explicado en qué consiste la revisión (ésto es un derecho del paciente; como el paciente es menor, quien debe ser informado de los procedimientos a seguir, son los padres o tutores legales)

2.Además, si la revisión se efectúa en la escuela, se deja al niño sin la posibilidad de estar acompañado por alguien de confianza (éste es otro derecho de los pacientes)

3.Puedo entender que se quiera tener una idea de cómo está la salud de la infancia, pero esa estadística puede hacerse con los datos que se obtienen de los niños que sí van  a hacerse una revisión médica. Si no se tienen suficientes datos, y son realmente necesarios, que incluyan más revisiones pediátricas entre los 2 y los 10 años. Con el pediatra de tu hij@, y contigo a su lado.

 

derechos y deberes

Siguiendo con mi reflexión sobre si autorizar o no la revisión, me percato de que:

-se mezclan competencias de salud y de educación: ¿por qué hacer revisiones en los colegios?

-si autorizo la revisión, estoy renunciando (yo, en nombre de mi hij@) a que alguien conocido le acompañe durante la revisión y le explique lo que necesite

-si fuera necesario realizar más revisiones pediátricas, ya estarían incluidas en el calendario de salud… digo yo

 

Así que no he autorizado la revisión.

Es una opinión muy personal, lo se. También se que la salud no es solamente la ausencia de enfermedad. La salud es un estado de bienestar físico, mental y emocional. Buscar parámetros de enfermedad física para saber sobre el estado de salud de una franja de la población es algo simplista. Y con esto, no me refiero a la función del personal sanitario, sinó al política estatal. ¿Qué pasa con la composición de los alimentos destinados a la población infantil? ¿Qué pasa con la práctica de ejercicio físico, las actividades al aire libre, el tiempo que un niñ@ pasa con su família.., y que le permitirán crecer en un estado de bienestar real? ¿Se hacen estudios estatales para saber qué emociones predominan en los niñ@s? ¿Si se sienten felices, frustrados, alegres, rabiosos…?

 

Cada vez más a menudo me da la sensación de que se obvian la capacidad de decisión, la visión crítica y la opinión de las personas, en aras de la seguridad, la salud, la prevención de lo que sea,… Y la verdad es que muchas veces nos dejamos llevar por esta corriente de desinformación informada, nos parece bien y no escuchamos esa vocecita interior que empieza a decir “¿seguro que esto es necesario?”, y la silenciamos. Y eso sí que es un problema, porque al final nos creemos todo. Al final creemos que no tenemos poder de decisión: lo hemos cedido.

Por si acaso.

Porque lo hacen por mí.

Porque saben más que yo.

Porque yo no sé.

 

No lo hagáis. No cedáis a la corriente sin escuchar vuestra vocecita interior. Seamos críticos. Preguntemos cuando tengamos dudas. Cuestionemos cuando no nos parezca correcto. Formémonos una opinión antes de decidir.

Parece una exageración lo que hoy os estoy contando (solamente es una revisión en el cole, por favor…), pero se trata de nuestro bienestar y el de nuestros hij@s. Y de enseñar a nuestros hij@s a pensar, cuestionar, preguntar, decidir con voz propia. Porque el no decidir lleva a ceder ese poder sobre lo único que nos pertenece: nuestra vida. Y entrar en esa inercia, aunque sea con la decisión más trivial, es peligroso.

Así que, si os encontráis en la misma situación, o en cualquier otra, escuchad vuestra vocecita interior. Formaros una opinión sobre lo que os preocupa antes de decidir. Decidáis lo que decidáis, pensadlo primero.

Eso es bueno, es sano, es sabio. Y si la decisión es autorizar la revisión en el cole, perfecto. Siempre que sea vuestro criterio, y no la inercia la que os lleve a tomarla.

Empodérate.

Operación biquini: la dieta de la piña

Más de una vez he intentado quitarme algunos quilos que llevo de más, aunque eso de que están de más lo digo yo, y todo es relativo. Pero la verdad, y que quede entre nosotros, siempre caigo en la tentación de un buen plato de espaguetis cuando me pongo en manos de una dieta. Y lo de tentación lo digo como si lo de la pasta fuera un pecado cuando haces una dieta, idea que es perfectamente cuestionable y que no voy a entrar a discutir en este post, que no toca.

Si algo tienen en común la mayoría de las veces que he intentado bajar de peso, es la terrible pereza que me da seguir un régimen. Eso de tener que elaborar un menú, cocinar según qué alimentos y quitarme de otros me ha supuesto casi siempre un gran esfuerzo. Seguramente por el hecho que, pese a querer unos resultados, el camino a recorrer me resulta muchas veces demasiado “cuesta arriba” para justificar el fin.

Así pues, en ese afán por intentar, sin mucho éxito, imitar al rebaño y apuntarme a la operación biquini de todos los años, antes de elegir el método que me permita conseguir unos resultados decentes, siempre invierto un poco de tiempo en buscar una dieta que me parezca asequible: que no me deje con hambre, me de algún capricho, no me obligue a comer lo que odio… En fin, una dieta que me dé lo que quiero: poco esfuerzo y muy buenos resultados, por no decir mágicos resultados con prácticamente ningún esfuerzo.

Y, en un blog de crianza, ¿qué tendrán que ver las dietas y mis quilos de más con las madres y los bebés?

 

Pues sí que tienen en común, sí, al menos en un principio.

pineapple-918690_1920En una de mis búsquedas por los mundos de internet de la dieta ideal, di con una que me pareció perfectamente asequible, incluso apetitosa, pues tenía como alimento principal, bueno, más bien único, la piña, una de mis frutas preferidas: era la archiconocida “dieta de la piña”. Lo tenía todo: en tres días perdía los quilos que quería, podía comer tanto como quisiera y además me gustaba. Rápida, “eficaz” y fácil.

Y es que en muchas facetas de nuestra vida nos pasan cosas similares cuando buscamos alcanzar un objetivo: lo queremos ya y sin muchas complicaciones ni esfuerzo. Y eso creo, sinceramente, que es genial. No creo que sean muchas las personas que quieran sufrir y padecer para lograr algo, ¿no? Lo que la mayoría ansiamos es conseguir nuestras metas sin dejarnos la vida en ello.

Y como éste es un blog de crianza y maternidad, voy a explicaros porqué os cuento todo esto.

Cuando proyectamos y analizamos (si es que lo hacemos) la alimentación de nuestros hijos e hijas, nos planteamos seguramente cómo puede ésta contribuir o perjudicar su correcto desarrollo. Conceptos como nutrientes, vitaminas hierro, calcio, azúcar añadido… empiezan a formar parte de nuestro día a día.

Poco a poco, se nos va creando la necesidad, no poco importante, de querer que nuestro hijo o hija esté bien alimentado. Pero es cierto que, es tal la cantidad de información que nos llega de lo que es una correcta alimentación, que muchas veces nos sentimos abrumados. ¿Es sano darle carne? ¿Mejor tiro de pescado? ¿Cuánto calcio necesitan sus huesos? ¿Verdura y fruta obligatoria? ¿Legumbres… todas? ¿Alimentos con fibra?… Y más, y más.

Y como somos conscientes de la importancia de una alimentación “correcta”, buscamos la dieta perfecta para nuestros pequeños: la más saludable. Esa que le va a proporcionar todo lo que necesita para ser una criatura saludable y sana. La que nos va a hacer sentir seguros y satisfechos de que estamos haciendo lo mejor para ellos, porque queremos lo mejor para ellos, está claro. Esa dieta que requiere, seguramente, que coman un listado de alimentos que, en algunos casos, ni uno mismo consume.

eat-547511_1920Y un día, mientras intentamos conseguir, sin mucho éxito, que nuestro hijo se coma las 5 raciones de verduras/frutas al día, vemos algo que nos llama mucho la atención. Es un producto que lo tiene todo: es fácil, rápido y nada complicado. El alivio a nuestras preocupaciones nutricionales, LA solución que resolverá la alimentación de nuestro retoño, que no quiere de ninguna de las maneras tragarse las lentejas que le hemos cocinado o esconde trozos de carne por todos los rincones de la casa. Es algo que, como la dieta de piña, nos ofrece el resultado que deseamos, sin complicaciones ni esfuerzos. O al menos eso creemos al ver el anuncio, en el que aparece un niño sonriendo de oreja a oreja y una madre feliz y orgullosa de darle lo mejor. Y nos gusta esa sensación, queremos vernos igual de tranquilos, satisfechos y relajados.

Y creemos en una solución rápida que aparentemente es eficaz y nos da los resultados que esperamos. Sólo necesitamos comprar el producto y dárselo a nuestros hijos.

Pero, volviendo al principio del post, después de los tres días de haber seguido la dieta de la piña… ¿qué ocurre? Pues como es lógico y normal después de tres días a base de un sólo alimento, me zampo una tableta de chocolate de aperitivo, un plato de pasta hasta arriba con salsa pesto, un estofado de ternera en el que mojo una barra de pan y de postres, como no, deboro un buen helado de turrón.

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Pero tranquilos, que cuando me dé cuenta otra vez que mi dieta no es la òptima ni la más saludable y quiera ponerle solución a otra operación biquini, seguro que encuentro otra solución rápida, fàcil y apetitosa que, sin mucho esfuerzo, me haga salir de un apuro.  ¿O no?

Y como, llegados a este punto, ya habréis notado el tono irónico de este post, me gustaría deciros que:

  • No, no hay productos milagrosos que suplan una correcta alimentación. Al menos de momento.
  • Y sí, estamos expuestos a un bombardeo de información que nos invitan a creernos mucas cosas, la mayoría de ellas engañosas.

Y sí, por supuesto, tenemos la capacidad de ser crítios a todo lo que se nos pone delante e identificar el engaño del producto

Siempre habrá “dietas de la piña” tentadoras por su simpleza, en eso consiste su “gancho”. Si sabremos identificarlas y decidir si las seguimos o no, dependerá de cada unos de nosotros.