Desmitificando el BLW

Parece que esto de la alimentación complementaria autoregulada, está de moda. Debe haber algún lobby poderoso, oculto en la oscuridad, que nos quiere conducir a que alimentemos a nuestros bebés con alimentos nada o poco procesados… Al fin y al cabo, se trata de alimentar a nuestros hij@s del mejor modo posible para que crezcan de forma óptima, sanos y fuertes.

¿Se trata solamente de alimentarlos? Es decir, detrás del acto fisiológico de comer, ¿hay algo más a parte de cantidades y proporciones de proteínas, carbohidratos, minerales, vitaminas…? ¿Importa el modo en que comemos, con quién comemos, cómo nos sentimos cuando comemos…?

No es que quiera ponerme trascendental. Es que el acto de alimentarnos no sucede separado del resto de nuestras funciones: respiramos, miramos, olemos, hablamos y comemos rodeados de un entorno concreto. Mientras comemos nos estamos relacionando con el mundo. . Mientras comemos, recibimos información de nuestro alrededor, y la percepción de nuestro entorno genera información y emociones en nosotros.

A la vez, tenemos que cumplir con obligaciones laborales, y queremos seguir una planificación en casa, porque la organización es importante. Necesitamos controlar aquello que nos afecta y preocupa para estar tranquilas. Uno de los temas que más preocupaciones genera en las madres, es la alimentación de nuestros hij@s. También genera muchas dudas.. total, siempre se ha alimentado a los bebés con papillas, ¡ y están bien sanos! Entonces, ¿por qué cambiar?

Analicemos los mitos que envuelven al BLW. ¡Igual no es oro todo lo que reluce!

 1: el BLW es una moda: una moda laaarga, porque cuando yo empecé a oir hablar del tema, hace unos 5 años, ya había numerosos blogs e información disponible al respecto. Al fin y al cabo… las papillas de cereales y los potitos, ¿han existido siempre?

Lo más curioso es que se trate de una moda, cuando no hay nadie detrás esperando obtener un beneficio.. bueno, tal vez, no se… ¿los agricultores? ¿los fabricantes de cazuelas?

Quizás solo se trate de volver a lo básico y natural.

 

 2: preparar una papilla es más rápido y sencillo: vamos a ver… necesitas los utensilios de cocina (cacerola, cuchillo, cucharas, recipientes,…), la papilla en polvo o los ingredientes que vayas a cocinar (y en tal caso lavar, pelar y trocear), espacio en la cocina, un fogón donde poner a cocer los ingredientes o donde calentar agua … Y luego, preparar tu comida.

Nuestros bebés pueden comer lo mismo que cocinamos para nosotras, solo debemos tener en cuenta algunas consideraciones, que son prácticamente las mismas que para hacer triturados, con la diferencia de que cocinamos una sola vez, con la mitad de trastos para lavar y guardar después, y en la mitad de tiempo.

 

 3: practicar blw es muy sucio: este es cierto (si tienes un perro en casa, ni lo notas :)), pero es igual de sucio que dar papillas y triturados. Yo he visto lanzamientos de cuchara con triturados, espectaculares. Mucho más que las caídas a peso de un trozo de zanahoria al suelo.. 

 

 4: mi hijo no va a comer lo suficiente si no le doy triturados: el estómago de un bebé no es igual de grande que el estómago de un adulto. Lo digo porque algunas veces me he asustado con el plato de triturado que se le daba a un bebé de 6-8 meses. En el plato había más comida de la que me comería yo. Y os aseguro que soy buena comedora. Decidir nosotros, los adultos, la cantidad que debe ingerir otra persona (aunque esa persona sea un bebé), es eliminar de la ecuación la capacidad de esa persona para saber cuánta hambre tiene

Ahí el bebé tiene dos opciones: negarse con las estrategias de las que dispone (que son pocas: llorar, tirar la comida, cerrar la boca..) o aprender a comer las cantidades que le “ofrecemos”, con lo cual, estará aprendiendo a comer más de lo que necesita.

Nuestro miedo a que no tengan los nutrientes que necesitan para crecer sanos, son razonables y comprensibles, pero el la gran mayoría de casos, son eso, miedos. Si en casa comemos más o menos de todo, en una sociedad como la nuestra, con los alimentos básicos al alcance de todos, es poco probable que nuestro hij@ tenga alguna carencia nutricional, sin un problema de salud que lo provoque.

 

 5: los bebés siempre se han alimentado con papillas: ésta si que no la acepto. Lo que entendemos por papillas actualmente, son polvos de muchos cereales, procesados y preparados.

Es cierto que en la antigüedad, y aún muchas tribus lo hacen, se daban algunos alimentos, los más duros, medio masticados por las madres, a los bebés. Se trataba de los mismos alimentos que consumía el resto de la família. Los cereales (al aparecer la agricultura) también se daban a los bebés molidos,  molidos igual que los que comía el resto de la família, y de los que se tenía cultivo. Estoy segura de que no hacían mezclas de 8 cereales distintos.

Las papillas tal y como las conocemos, aparecen a principios del siglo XX. Y se convirtieron en norma, porque había intereses económicos. La industria de la comida para bebés es hoy en día grande y muy presente en todas partes. 

 6: no va a querer comer con cuchara y tenedor: ésta no la he escuchado mucho, pero también es falsa. Al contrario, cuando el bebé puede investigar y experimentar con la misma comida que comen los demás miembros de la famíla, mientras coméis todos juntos, va a tener interés por usar los mismos utensilios que vosotros. Porque aprendemos por observación e imitación. Les encanta coger la sopa con cuchara, y los trozos de carne, pescado o verdura con el tenedor. En cuanto adquieran la capacidad de hacer la pinza correctamente, van a querer usar cuchara, tenedor, vaso y plato. Y lo mejor, es que aprenden muy deprisa y son conscientes de que están consiguiendo un logro notable cuando ven nuestras caras de anonadadas sonrientes.

 

Y tu, ¿has lidiado con algun otro mito respecto a la alimentación complementaria?

 

Mònica Pons

 

PD: si te han surgido más dudas y preguntas al respecto no dudes en comentarnoslas. Y si sientes curiosidad por descubrir estrategias y recursos para aplicar con seguridad el BLW, a la vez que educas a tu hij@ para que su relación con la comida sea saludable, ¡pincha en el enlace que hay debajo!

Superar la barrera del trabajo para practicar el BLW

¿Te has preguntado cómo te vas a organizar con la alimentación de tu hij@ cuando empieces a trabajar?
Si tu bebé no ha llegado a los 6 meses, la leche seguirá siendo su alimento principal. Pero pasado ese periodo de tiempo empiezan a haber cambios en las pautas de alimentación y queremos y necesitamos tener la certeza que nuestros hijos siguen una alimentación “correcta”. Eso nos lleva a reflexionar sobre los alimentos que deben comer y en qué cantidad, así como su frecuencia. De hecho, esto es una de las cosas que nos indican los profesionales sanitarios, aunque, como ya hemos comentado en otros posts, a veces suele ser una angustia en vez de una orientación.
Pero no sólo eso.

 

Al plantearnos cómo enfocar la alimentación de nuestros bebés, muchas de nosotras también intentamos ser respetuosas en el proceso de aprender a comer y dejamos que nuestros bebés sigan su propio ritmo y atiendan a sus propias necesidades. Sabemos que es beneficioso permitir que nuestros hijos se mantengan conectados a su capacidad de detectar cuándo su cuerpo les reclama comida y cuándo no.

 

Y también podemos entender que terminarse la comida o comerse aquello que no soportamos para que mamá/papá (o el adulto de turno) esté contento, no se enfade, no castigue… también tiene su parte negativa a largo plazo.
Sin embargo, es cierto que, algunas veces, nuestra incorporación al trabajo puede suponer un impedimento para conseguir estos objetivos. Y digo puede, porque creo que es posible respetar los ritmos de nuestros hijos en la alimentación, aunque nosotras no estemos siempre presentes.

En el proceso de aprender a comer se ponen en marcha una serie de recursos y aprendizajes que nuestros bebés aplicaran en muchos ámbitos a lo largo de su vida, no sólo en el de la comida. Es un proceso que incluye aspectos no relacionados estrictamente con la nutrición.
Es el bebé quien debe aprender, a su ritmo, experimentando, decidiendo, no desconectando de su cuerpo y de sus necesidades biológicas, ni tampoco de su curiosidad, los alimentos que se le irán ofreciendo. Descubrirá texturas, olores, colores, sabores… agradables o no. E irá haciéndose una idea de lo que es la comida, del efecto de saciedad, de placer, de disgusto… que provocará en sus sentidos.
Cuando enfocamos la alimentación desde ese punto de vista, lo que buscamos, más allá de una correcta nutrición, es no vincular la alimentación a chantajes emocionales que pueden hacer que nuestros bebés coman para satisfacer la necesidad del adulto (asegurar una correcta alimentación de su hijo), y no su apetito propiamente dicho.
Y esto es tan sólo un ejemplo, porque los beneficios del BLW son muchos más.

BLW comer juntos

 

 

“Es posible respetar los ritmos de nuestros hijos en la

alimentación, aunque nosotras no estemos siempre presentes”

 

 

 

Cuando tenemos claro lo que queremos, educar desde el respeto puede ser más fácil cuando se está presente, puesto que somos nosotras las que sabemos cómo deseamos hacer las cosas y somos nosotras las que lo aplicamos.
Pero en nuestro país, el permiso de maternidad dura 16 semanas, eso si eres un asalariado. Si eres autónoma o emprendes un negocio…. puede que el tiempo a disfrutar en casa sea menor. Un bebé con 16 semanas (pongo este número, pero es aplicable a bebés mayores), no necesita ser cuidado por otras personas que no sean su madre (o figura maternante). Debemos tener claro que esa necesidad es del adulto que, por la razón que sea y sin entrar en juicios que no llevan a ninguna parte, necesita que alguien ocupe el lugar de cuidador/a durante unas horas para atender a su hijo y poder ir a trabajar.
Eso hace que, en un principio, respetar los ritmos para aprender a comer no sean compatibles con incorporarnos al trabajo, ya que cuando nos vamos a trabajar, queremos y necesitamos tener la certeza que está todo “bajo control”. La comida de nuestro hijo entra dentro de esa necesidad lícita de saber qué, cómo, cuándo y qué cantidad de alimentos está ingiriendo nuestro bebé cuando no estamos presentes.
Así pues, como los triturados son un método de alimentación conocido por la mayoría, no hay que dar muchas explicaciones ni cambiar nada de nuestro entorno. Nos resultará relativamente fácil explicar a las personas que van a cuidar a nuestro bebé mientras estemos trabajando qué debe comer el bebé. Y si es en un centro, lo estipulado en bebés pequeños también serán los triturados, así que no habremos de plantearnos nada más.
Podemos pensar, entonces, que aplicar el BLW no siempre resulta fácil si nos tenemos que incorporar a trabajar. Lo cómodo, entonces, es dar triturados a nuestros bebés. Es la manera normalizada de alimentarlos y, aparentemente, la más fácil de aplicar cuando tienen que ejercer ese papel personas que no conocen otra manera de hacerlo.

 

 

BLW cocinando

Pero entonces, ¿dónde queda esa conexión que ya tenía desde su nacimiento con sus necesidades biológicas de saber cuándo, cuánto y qué comer?

¿Damos pasos hacia atrás si establecemos unas cantidades de comida adecuadas y unos alimentos determinados y triturados?

Además, ¿le estamos quitando la oportunidad a nuestro bebé de descubrir la alimentación por sí sólo, con todos los beneficios que eso conlleva?

 

Seguramente ahora te estarás haciendo una pregunta..

¿y qué hago si quiero practicar el BLW y tengo que irme a trabajar?

 

Lo primero que te diría es: tranquila, sea cual sea la decisión que tomes, estoy segura que será la que creas que se adapte vuestra situación concreta. Por eso creo que hay varias respuestas a todas estas preguntas, pues cada caso y situación es diferente. Pero voy a darte algunas ideas.
Puedes hablar con la persona que tenga que hacerse cargo de tu bebé y explicarle tus necesidades. Es posible que vea las cosas del mismo modo que tú. A veces es cuestión de transmitir, no sólo la confianza en nuestro bebé y en sus capacidades en cuestiones de alimentación, sino también en las de la persona que lo va a cuidar.
Puedes optar por que la persona que se haga cargo de tu bebé le dé alguna toma de tu leche (tendrás que tener en cuenta cómo te organizas las extracciones) y así puedes encargarte de dar la AC siguiendo BLW. Dependiendo de la edad de tu bebé, deberás tener en cuenta que la alimentación principal hasta los 12 meses es la leche, por eso se le llama alimentación complementaria.
Y, finalmente, también puedes pactar que, pese a no practicar BLW, se respete la necesidad del bebé a decidir la cantidad que quiere comer, permitiéndole una actitud más activa en su propia alimentación. Así pues, añadir galletas a la papilla de fruta para que esté más dulce, hacer el avión o ver la tele para distraerle y abra sin ser consciente la boca… entre otras cosas, deberían ser temas a tratar con la persona que va a cuidar a nuestro pequeño.

 

Si conoces todos los beneficios del BLW, sabrás lo importante que es para tu bebé ser respetado en todo este proceso. Infórmate, consulta y habla con las personas de tu entorno para organizarte de la mejor manera que a ti y a tu bebé os convenga. Piensa que es una inversión que haces para el futuro de tu bebé.



  




3 razones para respetar el ritmo de nuestros hijos aun teniendo poco tiempo.

Si hay una cosa de la que estoy prácticamente segura es que a la mayoría de madres nos preocupa la alimentación de nuestros hijos. Aunque eso pueda implicar que entendamos ese concepto desde puntos de vista diferentes.

Preguntas sobre cómo hacer que coman verdura o fruta, acepten el pescado o dejen de comer bollería industrial, suelen ser temas recurrentes entre las madres. Con más o menos inquietud abordamos estas cuestiones y tomamos decisiones que irán acordes a nuestra manera de entender la alimentación.

Sea lo que sea que entendamos por una nutrición correcta, en general, tenemos la idea de que debemos generar un listado de alimentos, unas cantidades y una frecuencia en consumirlos. Idea que viene avalada cuando, al cumplir X meses (y pongo una X expresamente porque lo de la lactancia exclusiva hasta los 6 meses no todos los pediatras lo respetan), salimos de la consulta con un papelito que nos dice exactamente eso: alimentos, cantidades y frecuencia de lo que debe comer nuestro bebé.file0001564894818 (1)

Estas pautas, sobretodo justo después de salir de la consulta, pueden dar la seguridad y confianza que muchos padres necesitamos para tener la certeza que estamos haciendo “lo correcto” en lo que a alimentación se refiere. Todo es medible y concreto, lo que hace crear la idea que “eso” es lo normal y salirse de esas indicaciones puede ser motivo de alarma.

Así pues, cuando nos iniciamos en la alimentación complementaria, nos proponemos cumplir los objetivos que nos ha marcado el pediatra o la enfermera en esa guía sobre alimentación. Empezando por cómo y cuándo deber comerse la papilla de cereales, hasta cuántos gramos de carne debe contener la papilla de verdura, son orientaciones que demasiadas veces se toman como inamovibles.

Y mis preguntas vienen ahora.

¿Qué hacemos si nuestro bebé no quiere comer todo lo que le ofrecemos?

¿Cómo nos sentimos si rechaza la comida?

¿Qué recursos usamos cuando no comen lo que creemos que deben comer?

 

Cuando una madre tiene un bebé que se lo termina todo, muestra orgullosa al mundo lo buen comedor que es su bebé. Y todo el derecho que tiene, faltaría más. Igual derecho que tiene la madre del bebé que sólo se ensucia los labios con la comida, pues el concepto de buen o mal comedor está asociado a la cantidad y variedad de comida que ingiere el bebé. Y esa idea no respeta las individualidades de cada uno de nosotros.

Si somos capaces de entender que dos adultos no necesariamente tienen los mismos gustos ni requieren la misma cantidad de comida, ¿por qué nos cuesta tanto aceptar que pasa lo mismo con nuestros hijos?

Nosotros estamos preparados al nacer para saber cuándo tenemos hambre y cuando no, aunque la mayoría de nosotros tenemos esa capacidad un poco olvidada, por no decir atrofiada.

También tenemos la capacidad de distinguir olores y sabores que nos harán preferir una comida a otra. Porque cada cual tiene sus propios gustos, ¿no?

En el momento en que dictamos una lista de alimentos con sus frecuencia y cantidad fija. En el momento en que decidimos que un bgalleta para niñosebé necesita tomar un alimento concreto sí o sí (sin que haya una “prescripción médica”)… ¿Estamos respetando la capacidad de decidir de un bebé si tiene hambre o no? ¿Respetamos su capacidad de decir “no me gusta”?

Si partimos de la idea que un bebé (o no tan bebé) es consciente de su necesidad de comer o no y de saber si un alimento le gusta o no, llega un momento en el que ese bebé puede rechazar la comida, ya sea porque no tiene hambre o porque no le gusta.

 

 

En esa situación, ¿qué hacemos?

  • Distraerlo para que coma más (tele, teléfono, haciendo el avión…)
  • Dejarle sin algo que le gusta (postre, juego, nuestro rechazo…)
  • Darle un premio para que se lo termine (puede ser algo tangible, pero también sería un premio la aceptación del adulto)

Si nos fijamos en estos ejemplos, que está claro que podrían ser más, nos daremos cuenta que entran en acción aspectos emocionales del desarrollo de nuestro hijo o hija. Ya no estamos hablando de razones nutricionales estrictamente.

Poniendo como principal objetivo, sin tener en cuenta nada más, que nuestro bebé se termine lo que nosotros consideramos necesario, podemos llegar a usar recursos que afecten a aspectos que no son estrictamente nutritivos. Y creo que hay razones suficientemente importantes para no ir por ese camino:

Razón 1:

Con mucha frecuencia se usa el chantaje y el castigo para conseguir que nuestros hijos se coman el plato que les hemos puesto delante. Y no sólo me refiero a quedarse sin jugar o sin postre.

También podemos emplear, aunque no seamos conscientes de ello, un chantaje emocional que aprovecha el fuerte vínculo que tenemos con nuestros hijos. Frases como: “si comes mamá/papá estará contenta/o” o “si no te lo comes mamá/papá se enfada” son recursos muy potentes, puesto que es fácil asociar comerse el plato a ser aceptado y querido por mamá (o papá, claro): si me lo como mamá estará contenta, no se enfadará y entonces me va a querer.

¿Qué motivos tienen entonces para comer lo que les hemos puesto?

Razón 2:

Es cierto que los padres y madres necesitamos tener el control, queremos estar seguras de que nuestros hijos comen y se alimentan correctamente, y eso es bueno, pero no en detrimento de su salud emocional.

A veces no es tanto el hecho que se terminen lo que les damos sino facilitarles el acceso a alimentos nutritivos que no perjudiquen a largo plazo su salud. De este modo también estamos favoreciendo su nutrición. El ejemplo que podemos darle nosotros de una dieta nutritiva y saludable puede llegar a ser más eficaz que forzarle a comer aquello que no quieren comer.

Razón 3:  

Respetando sus necesidades nutricionales le estamos ayudando a largo plazo. Cuando te encuentres delante de una situación que genere conflicto entre tus necesidades y preocupaciones como madre y las necesidades y decisiones de tu hijo porque no quiere, por ejemplo, comerse lo que has preparado, piensa en cómo te gustaría que reaccionara delante de alguna cosa que no le gusta en la vida y que es malo para él. Estoy segura que tú no tienes intención de ofrecerle nada malo, pero estamos hablando del aprendizaje emocional que queremos que haga nuestro hijo: decir no.

Aprender a comer no sólo es ingerir una serie de alimentos que nos han dicho que debe comer nuestro hijo o hija. Es cierto que la alimentación de nuestros pequeños es importante para su correcto desarrollo, pero partiendo de la idea que es un aprendizaje y que eso implica aspectos del desarrollo que van más allá de la nutrición, nuestra responsabilidad también debería estar enfocada en respetar esa experiencia para que puedan crecer globalmente sanos, tanto física como emocionalmente.

En todo este camino pueden surgir dudas, conflictos y replanteamientos. Te animo a reflexionar y acompañar las emociones que nos generan a nosotros, los adultos, y en cómo podemos resolverlos partiendo desde el respeto hacia nuestros hijos y también hacia nosotras mismas.



  

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Laia Simón

Laia Simón

Soy mujer, eso lo primero. Y el ser mujer me ha dado la oportunidad de ser madre de 5 criaturas que me han enseñado a serlo de modos muy distintos.
Me siento afortunada de poder ver la vida con emoción, pese a que las lágrimas me llenan los ojos con mucha facilidad.
Y ahora deseo lanzar mi experiencia y mi conocimiento acompañando a otras mujeres en un camino que no siempre es fácil: la maternidad.
Para ello, me he formado como asesora de porteo Mimos y Teta y como Asesora Continuum.
Y sigo formándome, y sigo aprendiendo, y sigo comunicando… es mi pasión.
www. nunnutit.com


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LA CURIOSIDAD, LA PINZA Y LA PRISA

collage blw

Tengo un reloj de cuerda que decora una de las estanterías de mi comedor, junto a unos  libros. Nunca le doy cuerda, pero este fin de semana mi hija me preguntó cómo funcionaba. Y le di cuerda. Ahora, me apetecería dejar de oír su incansable tic-tac y aunque lo tiraría por la ventana, me resigno a guardarlo en un cajón. Siempre me ha puesto nerviosa  ese marcar constante y sonoro del paso del tiempo. Me hace tener prisa, correr, como si no fuera a llegar a donde quiero si no voy rápido.

La prisa, en ésta sociedad en la que vivimos, nos hace perdernos detalles muy a menudo. Detalles pequeñitos, pero preciosos, brillantes, tesoros de lo cotidiano que dejamos pasar sin darnos cuenta. Y esa tendencia me preocupa especialmente cuando observo a mis hijas, o más bien, cuando me doy cuenta que en uno o dos días, casi no las he observado. El placer de observar el comportamiento de otro ser lo descubrí en mi época de estudiante: entender mediante la mirada y la escucha lo que sucedía con una manada de lobos, con una família de gorilas, o con dos aves del paraíso apareándose, me fascinaba.

¿Os imagináis a una loba animando a sus crías a cazar antes de estas puedan coordinar bien sus patas con su vista para poder correr y perseguir una presa?

Y del mismo modo, ¿os imagináis a una  chimpancé dándole una fruta a su cría antes de que pueda cogerla con sus manos?

Yo no. A veces da la sensación de que tienen una calma innata, un saber esperar al momento oportuno para cada nuevo reto. Se trata del instinto. Nunca había extrapolado esta visión tranquila y lógica de la evolución y maduración de las crías de otras especies en los humanos. Hasta que fui madre.

Y después del shock inicial de la lista de alimentos, como mezclarlos, cocinarlos y triturarlos y en qué cantidades, y la perplejidad de ver que mi hija no tenía ninguna intención de comer aquellas mezclas (y mucho menos papillas de cereales)… empecé a observarla con más calma. Y luego caí en la cuenta de que ella, era una cría de mamífero, y yo, la estaba haciendo correr.

 

probando pure

Porque cada bebé tiene su propio ritmo de desarrollo, y lo mejor que podemos hacer es seguir la velocidad que lleve el bebé. Llegará a aprender lo mismo, pero lo habrá vivenciado de un modo muy distinto.

 

 

 

 

motricidad fina

Claro, tenemos muchas ganas de verlos comer sentaditos, de ver como alcanzan nuevas metas y crecen.

Esperar a que suceda lo que, al fin y al cabo va a suceder igual, nos cuesta mucho.

Por eso no emocionamos al salir del pediatra con las hojas de alimentación complementaria, y al cabo de tres o cuatro días te preocupas porque tu bebé quiere teta (o biberón) y no la comida que le estás dando. Y terminas preparando papillas deliciosas (que te comes tu), invirtiendo un tiempo valioso en lavar, pelar, cortar y triturar, y luego en lavar todos los utensilios utilizados… para nada. Porque tu bebé no tiene intención de comer aquello y ha desarrollado una habilidad extraordinaria para  esquivar tus manos o escupir lo que consigues meter en su boquita. ¿Hay un modo más fácil, llevadero, sencillo? ¿Otra forma de organizar su introducción a la alimentación sólida?

 

Os propongo un juego de observación. Os aseguro que cuánto más se juega, más se divierte una 😉

Se trata de responderos éstas preguntas mientras estéis con el bebé:

1.¿tu bebé coge objetos con las manos? hacia los 6 o 7 meses, desarrollan la habilidad de hacer la pinza con el dedo pulgar y el resto de la mano, es todavía algo torpe, pero útil. Un par o tres de meses más tarde, ya hacen la pinza con el pulgar y el índice. Entonces el agarre es mucho más preciso.

2.¿puede permanecer sentado sin ayuda? y si és que sí, ¿se inclina a coger los objetos que le llaman la atención? también hacia los 7 meses, pueden estar sentados y mover el tronco y los brazos hacia los objetos a los que quieren llegar.

3.Si llegan a coger los objetos, seguramente verás que también se los llevan a la boca. Es su forma de investigar y conocer el mundo: tocar, oler, probar… si uno de esos objetos es un trozo de comida, ¿escupe  la comida que se lleva a la boca? y no porque no le guste el sabor, me refiero a ver si aún mantiene el reflejo de extrusión (es una defensa involuntaria del cuerpo para evitar tragar algo que no sea el alimento: la leche), que desaparece hacia los 6 meses de edad.

4.¿siente curiosidad por lo que tu estás comiendo? ¿quiere cogerlo, tocarlo, llevárselo a la boca, jugar con la comida? Si a ésta respondes que sí, perfecto porque somos seres curiosos, y la curiosidad es el motor del aprendizaje.

5.Y la última, la del 10: observando varios días a tu bebé, ¿puedes ver una evolución en su forma de probar la comida? fíjate en si primero la tocaba con labio y lengua, después empezó a meter la comida en la boca. Después, la movía por la boca y pareció que intentaba masticarla ( luego resultó que sí, que la masticaba), y finalmente, empezó a tragar algo de comida. Si has conseguido ver esos cambios, ¡enhorabuena! has visto el desarrollo natural de aprender a comer. El alimento de los primeros meses de vida es líquido y muy fácil de tragar. Luego, mientras van apareciendo los dientes, tu hij@ ha aprendido a masticar nuevos alimentos, más duros, espesos, de distintos sabores, y al final, ha aprendido a tragárselo.

 

Entre los 6 y los 12 meses (más o menos, porque cada bebé tiene su ritmo), todos sienten curiosidad por esas cosas que comen papa y mama, y las personas que le rodean. Si seguimos su curiosidad y le dejamos probar la comida, veremos como juegan con ella.

Aunque se ensucia un radio enorme alrededor de una persona tan pequeña, es maravilloso ver el proceso que siguen para conocer el sabor y la textura de los alimentos, y como disfrutan haciéndolo.

Y a partir de ahí, sólo acompañarlos en el descubrimiento. Durante esos primeros meses, no comen mucha cantidad, si respetamos su decisión, veremos que igual comen mucho un día y casi nada al siguiente. Mis hijas, los días en que no comían casi nada del plato, me pedían más teta, vamos que con hambre no se quedaban. Y cada una fue a su ritmo: la mayor tenía mucha curiosidad por probar, pero no por comer. La pequeña tenía mucha curiosidad y muchas ganas de comer. Cuando para los padres, pasan muchos días “sin comer” casi nada (seguro que toman más leche), nos ponemos alerta, pensamos que igual les pasa algo, en llevarlos al médico, en “ofrecer” más comida, en que no va a crecer según el percentil…

Cada bebé se desarrolla a un ritmo diferente de los demás en todos los aspectos de su evolución: cognitivo, emocional, psicomotriz, fisiológico. No hay que alarmarse  🙂

Está bien. No pasa nada. Nos ponemos nerviosas, claro. Pero entonces recordamos que está conociendo la comida, y de momento, es una alimentación complementaria: su alimento principal sigue siendo la leche (materna o artificial). Y podéis seguir viviendo esta etapa de descubrimientos tranquilamente.

 

 

Mònica Pons

 



  

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Desaprender la comida o como confiar en tu bebé

Al salir de la revisión de los 6 meses de mi hija mayor, sentí una mezcla de incredulidad, diversión y preocupación.

 

Mi bebé regordete, tomaba teta a todas horas, y a demanda, es decir, cuando ella quería. También a menudo, durante las comidas, mi hija terminaba sentada en mi regazo o en el de su padre, observando atentamente qué y como comíamos, incluso a veces, intentando coger y probar algo de lo que tenía en el plato, al alcance de su mano.

En mi bolso llevaba ahora unas hojas con listas de alimentos a introducir: verduras, frutas, cereales, algunas carnes,… y cómo cocinar cada cosa, cuándo, en qué cantidad, cómo mezclarlo y triturarlo, cómo comer papillas… la verdad es que se me hizo un mundo. Al llegar a casa lo volví a leer. No entendía cómo iba a hacerlo para:

1. introducir un sólo alimento al día

2. esperar 4 días entre cada nuevo alimento

3. esperar a después de las comidas “reglamentarias” para dar teta (pero .. ¿no era a demanda?)

4. que mi hija se comiera las cantidades que se supone que debía comer

5. que hubiéramos probado todos los alimentos de la enorme lista para cuando nos viera el pediatra a los 9 meses, que ya me había dicho que me daría entonces otra lista, con nuevos alimentos a introducir…

 

Al día siguiente me puse manos a la obra: con  la peque en el fular, me fuí al mercado y llenamos la nevera de verdura y fruta fresca. También compré una papilla sin gluten y otra con gluten (y pensé que me hubiera ido bien tener una de las básculas de precisión de las que usaba en la facultad para mezclar según la guia que el pediatra me había dado, una papilla con otra para introducir el gluten). A media mañana, mientras Laia gateaba a mi alrededor, hice la primera papilla, con manzana.

¡Hay que nervios y que ilusión! mientras la hacía, me la imaginaba relamiendo la cuchara, disfrutando de la papilla y pidiéndome más con las manitas… como en los anuncios vaya.

La papilla estaba rica… eso decidí cuando me la comí yo, porque Laia la tocó, la tiró, jugó con ella y con el plato.. pero no la probó. La escupía. ¿no te gusta la manzana? ¿está demasiado espesa? ¿demasiado ligera?… que difícil me empezó a parecer comer comida, en vez de teta.

 

La siguiente semana estuve probando con otras frutas, y con un par de verduras, y con la papilla sin gluten… nada. Mi niña no quería papillas. Vamos, no quería ni verlas. De hecho tiene ya 5 años y nunca se ha comido una sola papilla. Así que lo dejé. Dejé de hacer papillas.

Me sentía mal si la obligaba a comer eso que no le gustaba.

 

Me ponía nerviosa y la situación terminaba en llanto o en disgusto. No quería aquello. Mi bebé disfrutaba con casi todo..

Sentía que tenía que haber un modo de que también disfrutara con la comida, sin que yo tuviera que forzar nada.

 

Me la ponía en el fular, o en la mochila a la espalda, cuando cocinaba, para que estuviera cerquita de mí y no se pusiera nerviosa y me pidiera teta. Cocinaba sin sal, sin salsas, todo a la plancha o hervido. Siempre alimentos de los de la lista. Y se sentaba con nosotros a la mesa.

A partir de ahí, solo tuve que dejarla tocar y coger la comida. No comía mucha cantidad, pero se divertía de lo lindo tocando y probando lo que había en el plato. Y dejé de estresarme. Ella seguía creciendo, seguíamos con la lactancia a demanda, y algunos días, me pedía menos teta y comía casi todo lo que le ponía al alcance, a veces durante el desayuno, otras en la comida, la merienda… alguna vez en la cena.

La verdad es que su percentil bajó. Pero el crecimiento de un bebé alimentado con leche materna difiere del de un bebé alimentado con leche artificial. A Laia la pesaban y medían y posicionaban respecto a una gráfica de crecimiento con leche artificial. Saber que había una diferencia en el ritmo de crecimiento ahí, me tranquilizó. Y seguimos así durante varios meses.

Mi bebé empezó a alimentarse adaptándose a los horarios adultos (desayuno, media mañana, comida, merienda, cena) a partir del año. . Cuando tenía un año y medio, se podría decir que comía su primer y segundo plato, y el postre (a veces, doble postre: fruta y teta :)).

 

Me siento muy orgullosa de haber respetado su ritmo. Distinto de lo aceptado. Y de respetar sus gustos: a mucha gente le extrañaba, por ejemplo, que comiera taaaanto tomate cada día, pero a ella le encantaba (y le sigue chiflando), se lo comía como quien come una manzana a mordiscos.

 

disfrutar comiendoY sigo en ese camino de respeto por su capacidad de decidir cuándo tiene hambre, y por su capacidad para saber qué le apetece y qué no. Reconozco que es difícil, los días en que no le apetece casi nada, en los que come poco; o las veces que comemos un plato distinto, nuevo, y no lo quiere probar, o lo prueba y no le gusta.

Sobretodo nos es difícil, porque a mi pareja y a mi nos enseñaron a terminarnos todo, siempre. Y a comer aunque no te gustara lo que comías. Claro que nuestros padres lo hicieron con la mejor de las intenciones, y debido a sus propias vivencias (hijos de la posguerra), lo entiendo perfectamente. Pero de momento, no nos falta la comida.

 

Con mi hija pequeña, ya no compré ninguna papilla. Le ofrecí siempre de lo que había en la mesa para comer. Y también tardó un tiempo en comer cantidades más o menos estables de comida. Pero sabe cuándo tiene apetito y cuando no. Y de postre, a veces de segundo plato, siempre aparece la lactancia, con sus dos añitos. Ah.. y también le encanta el tomate.

Siento que la relación de mis hijas con la comida es mucho más sana que la mía. Yo estoy reaprendiendo a escuchar mis necesidades nutricionales. Ellas no van a tener que reaprenderlo, porque no se les ha olvidado.



  

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Lo que la maternidad me quitó… y me dio

Yo siempre quise ser madre. No me preguntéis por qué, ni siquiera soy capaz de saberlo. Sólo sé que me imaginaba muchísimas veces con barriga, embarazadísima. Me gustaba recrearme en la visión de cómo sería mi cuerpo llevando un bebé dentro.

Pero pasaron los años y muchas cosas en ellos. Y, del mismo modo que sí, dije que no, que eso de ser madre no era lo mío. Que para ello necesitaba contar con alguien del género masculino (sé que en el fondo no es así, pero era lo que creía en ese momento) y no me daba la gana de ser tan dependiente.

En fin, no voy a entrar en juzgar si eso o si aquello. La verdad es que ahora mismo no me importa en absoluto.

El caso es que yo llegué a la maternidad casi por casualidad. Me la pusieron delante y acepté. Fue una mezcla de miedo por cambiar de opinión, no sentía la necesidad de ser madre, y deseo de alcanzar algo que me había hecho ilusión en su día.

madre y bebé

 

Es curiosa la transformación del cerebro cuando se genera vida en el cuerpo de una mujer.

Una vez me quedé embarazada empecé a tranformarme. Y ahora que lo veo con la distancia, puedo asegurar que no me di cuenta en absoluto hasta unos meses después de haber parido.

A mí me cambiaba el humor de blanco a negro, y podía llegar a llorar al leer que un bombero había rescatado a un gato subido en un árbol. Sí, un tanto ridículo. Pero he de reconocer que, pese a mis dolores de espalda, fueron unos meses absolutamente maravillosos. Era todo ilusión.

No tuve que plantearme nada. No sentí esa necesidad.

¿Darás el pecho? Ni idea, lo que surja

¿Querrás epidural? Y yo que se… nunca he parido.

¿Lo dejarás llorar? (mmm, no, esa pregunta nunca me la hicieron, todavía no se estilaba otra opción)

Traer al mundo a una criatura se limitó a contestar constantemente a dos o tres preguntas que respondía con evasivas. Ah, bueno, y si era niño o niña, claro.

Las preguntas llegaron luego. Y vaya si llegaron. Después de parir, una vez en casa, torrentes de cuestiones me asediaban día y noche. Bocanadas de emociones que no me dejaban pensar con claridad. Madre mía, qué puerperio…

 

Llegar a la maternidad me quitó la tranquilidad y me regaló la angustia.

 

Y como os podéis imaginar, pese al amor que sentía por aquel pedacito de carne, muy feliz no parecía que fuera mi posparto, claro.

Pero como dice el dicho, después de la tempestad llega la calma. Poco a poco tomé las riendas y dejé fluir mis decisiones hacia un camino desconocido al que llamaban “Crianza respetuosa

Y ese fue el gran robo al que fui sometida: la maternidad me separó de muchas personas.

Empecé a tomar decisiones, a cuestionarme un montón de ideas preconcebidas, a ver que había cosas que no me hacían sentir bien, a rechazar consejos de personas a las que quería y que, al mismo tiempo, no aceptaban con agrado ese rechazo.

Entonces empecé a ser juzgada.

Llevarlo en brazos, darle teta, acompañar sus rabietas, respetarlo en sus comidas, dar nombre a sus emociones… todo tenía que ser justificado, defendido.

 

Todo lo que para mí empezaba a cobrar sentido se convirtió en una guerra.

Y, como en todas las guerras, se crean dos bandos: los buenos y los malos.

Y lo más triste, una guerra en la que quise luchar a capa y espada juzgando a todo y a todos los que no seguían mi camino, mi verdad.F100006379

La lucha me separó de personas muy próximas a nivel emocional, al mismo tiempo que me acercaba a otras más afines a mi modo de pensar. En algunos casos no me importó, al contrario. En otros dolió mucho, muchísimo. Fue una manera de conocer a la gente que me rodeaba y de conocerme a mí misma.

Pero estar en lucha constante agota, desgasta y, en el fondo, muy en el fondo, no aporta mucho más que eso, cansancio.

Sigo creyendo en un modo de traer al mundo a los hijos, a criarlos, a alimentarlos, a quererlos, a educarlos… que sigue estando en disonancia con muchos de los credos y acciones que veo día a día. La diferencia entre ahora y hace siete años es que tengo mucha más información, experiencia y formación que me han hecho reafirmar lo que en aquel entonces sólo intuia.

Desde esa prespectiva, mi deseo es acompañar a otras madres. Para informarse, para empoderarse, para que luchen por lo que creen que es mejor para ellas y sus crías. Porque, al fin y al cabo, a lo largo de nuestra vida nos encontramos con muchas y diversas opiniones para todo, así que, una vez nos vemos con todas las cartas sobre la mesa, tengamos la libertat de elegir la que mejor nos vaya para nuestra juegada maestra.

Laia Simón

 

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Gracias hijo por ser tan insistente

Gracias hijo por ser tan insistente.

No tuviste la mejor llegada al mundo. Te parí, eso dicen, aunque ahora pienso que poca fue mi implicación. Fue un parto muy desvinculado de mi cuerpo, sin que tú y yo fuéramos los protagonistas de la historia y en el que poco tuvimos que decir. Matrona, anestesista y ginecólogo tomaron las riendas.

Fuiste tú el que decidió que era el momento. Me avisaste rompiendo aguas. Yo sólo me limité a ir al hospital, tal y como me habían dicho. Pero ahí se queda.

Tuviste un parto traumático, lo siento. Por aquel entonces mis conocimientos sobre partos eran prácticamente nulos. Y aunque los hubiera tenido, en un momento en el que te sientes tan vulnerable, si el contexto no te cobija, todo se puede desmoronar con facilidad.

 

Pero naciste. Y yo lloré de emoción.baby-696353_960_720

Tardaste horas en reaccionar al pecho. Estabas adormecido. Todos decían lo bueno que eras, y yo me lo creía, porque en esas primeras horas de tu vida no llorabas, porque sólo dormías.

Los efectos de la epidural y la oxitocina que nos subministraron tuvieron sus consecuencias. No lo tuvimos fácil.

Y, aun así, lo lograste. Lograste que me activara, que luchara, que no me venciera. Creaste en mí esa necesidad de protegerte, de tenerte en mis brazos, en mis senos.

Hiciste posible que se despertara en mí una madre totalmente diferente a las que había visto en los anuncios. Una maternidad que, así de golpe, me resultaba prácticamente irreconocible.

Una madre loba, protectora, que iba a cambiar muchos de sus principios para que todos esos cambios tuvieran, por fin, un sentido que finalmente cobraba todo su significado más existencial para mí.

Conseguiste, con tan sólo unas horas de vida, con tan sólo unos días, con tan sólo unas semanas, que todo fuera relativo. Que todo lo que tenía aprendido sobre el concepto de madre no correspondiera a lo que yo sentía.

Conseguiste que me diera cuenta que ya lo tenía todo para darte lo que necesitabas, mi cuerpo. Sólo debía confiar en ello. Igual que tú sabías, lo llevabas escrito en un lugar recóndito de tu cerebro más primitivo, que podías, que debías confiar en quien te había traído al mundo, porqué lo tenía todo, todo lo que tú necesitabas. Porque no requeríamos nada más: tú a mí, yo a ti.

Conseguiste que esa lactancia llegara a buen término, pese a las dificultades, pese que por el medio se interpusieran muchas cosas, entre las cuales había el odioso miedo y la terrible inseguridad y desconfianza en mí misma.

Conseguiste crear en mí la necesidad de cuidarte. Aunque, lo siento cariño, todavía no comprendía mucho lo que estaba ocurriendo y me tomó su tiempo darme cuenta. Tú sí sabías lo que querías. Lo llevabas grabado dmammy-331712_960_720esde mucho antes de nacer. Nacías diáfano de miedos y temores creados por el entorno. Estabas programado para sobrevivir en un lugar concreto y luchaste para conseguirlo.

Porque fuiste tú el que me hiciste madre tal y como lo fui. Sólo cuando tu decidiste, aquel día, nacer.

Porque, pese a que no te dieron tiempo, ni confiaron en nosotros, pese a que nos separaron, pese a que yo no me creía necesaria para cuidarte, tu hiciste posible que tuviera la certeza de que era yo, mi cuerpo, tu lugar. El lugar donde querías estar, donde necesitabas estar para demostrarme a mí, que ahí, lo tenías todo y no necesitabas nada más.

 

Fue esa conexión, esa necesidad imperiosa, la que no me permitía dejar de mirarte, de tocarte y que acabó por hacer que te tuviera siempre encima, notando tu piel sobre la mía. En todo momento.

Fue ese sentimiento poderoso, casi egoísta, de que yo, sólo yo, podía acallar tu angustia. Sólo mis brazos, mi olor, mi voz, mi pecho.

Porque fuiste tú el que despertó esa sensación de poder, de seguridad, que yo misma rechazaba y boicoteaba. No me permitía darme ese placer. Nobaby-878770_960_720 era eso lo que yo tenía aprendido.

Pero lo conseguiste. Insististe, con tu demanda, con tus llantos, con tu desesperación para que te cogiera. Reclamabas lo que era necesario. Lo que era vital para ti. Lo que considerabas tuyo, tu sitio.

Me reclamabas a mí, sólo a mí.

Y fue esa insistencia la que me hizo tu madre como siento que lo soy. No sólo la condición de mujer que te había parido.

Fue esa insistencia la que hizo que te amamantara.

Fue esa insistencia la que me hizo quererte, como nadie podrá quererte jamás.

Gracias

 

Laia Simón

 

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La bioquímica del nido

Somos bioquímica. A mi me encanta pensar en los misterios de la vida, en las cosas que no tienen explicación, y encontrar una. Normalmente, se trata de una explicación más filosófica que científica, pero el 95% de las veces, acabo encontrando una respuesta biológica o física a mis preguntas. Eso le quita romanticismo a mi visión del mundo, pero es así.

Nuestra bioquímica define los comportamientos más básicos, aquellos en los que

descansa nuestra supervivencia como especie.

Me resulta curioso pensar que a pesar de todos los avances de la humanidad, sean las estructuras cerebrales más antiguas que conservamos (el hipotálamo y la hipófisis) y la parte de nuestro sistema nervioso que no controlamos de forma voluntaria, lo que nos guía en la base de nuestra supervivencia: crecer, sobrevivir, reproducirnos.El mundo de las hormonas, siempre ha sido para mi como un universo paralelo, una sutil y gigantesca telaraña donde las respuestas al entorno, a las sustancias que circulan por nuestro cuerpo y a los niveles hormonales existentes son complejas y rápidas, como una canción con varias melodías simultáneas. Menos mal que eso se traduce en comportamientos que podemos diferenciar fácilmente en nuestro universo (:P). La enorme variedad de comportamientos humanos, se pueden resumir (es lo que tiene la ciencia: resume y sintetiza buscando pautas) en tres básicos: la nutrición, la defensa y la reproducción.Cuando nos sentimos en peligro, nuestras pulsaciones, el ritmo cardíaco, la temperatura,…,  cambian para generar una respuesta a aquello que nos parece peligroso, una respuesta que nos ayude a sobrevivir: todo nuestro cuerpo y nuestra mente queda a la disposición de defenderse, atacar o huir y deja de importarnos si teníamos hambre o si queríamos descendencia: han entrado en acción el cortisol, la adrenalina y la noradrenalina.Si nos sentimos seguros, en calma, y sin hambre, nuestro cuerpo puede pensar en reproducirse para perpetuar la especie (estoy hablando en términos biológicos, no voy a entrar en el placer de comer o de tener sexo, aunque eso también sea una respuesta bioquímica que percibimos positiva). Y en muchos casos (somos muchos los humanos en la Tierra) este estado físico culmina en embarazo, y a los 9 meses, en un nacimiento.¿Qué sucede cuando ya ha nacido el bebé? Las crías de otras especies de mamíferos también sobreviven, y sus madres no tienen una idea de lo que socialmente se acepta como “buena madre” en sus círculos de amistades. Y como individuo, ya han cumplido con el objetivo de reproducirse… ¿por qué atienden a sus crías?Todas la crías de mamíferos saben reptar, arquear la espalda, mover las manos, cogerse al pezón y mamar. Y sí, nuestros bebés, también saben hacerlo. Y si no interferimos, veremos cómo ellos solitos se acercan a nuestro pezón para encontrar el alimento que necesitan: ahora es el  bebé el que activa su programa de nutrición, y con él, su mejor estrategia de supervivencia: crear su nido. collage bebes Mientras está en la teta, el bebé está allí donde mejor se va a encontrar, porque es el lugar dónde se siente protegido (su mamá lo acoge con los brazos, siente su respiración, el latir de su corazón y el calor del contacto) y puede estar calmado, y dedicarse a comer y crecer: sus niveles de cortisol y adrenalina son bajos así que su temperatura, su ritmo cardíaco, sus pulsaciones, se mantienen estables y constantes… todo es perfecto, porque además éste comportamiento, ayuda a crear un fuerte vínculo entre la madre  y el bebé. Éste vínculo, el sentimiento de afecto que sentimos por nuestros bebés, también resulta de una reacción bioquímica: nos causa placer estar cerca de nuestro bebé, alimentarlo, acunarlo. La oxitocina nos ayuda aquí, como en otros muchos procesos placenteros. Si si, siempre son procesos placenteros. Podríamos decir, citando a Nils Bergman, que

“el hábitat natural del bebé son los brazos y pechos de su madre”

¿Y que pasa con la nutrición? cuando nuestros niveles de insulina caen, porque ha bajado la cantidad de glucosa que circula por nuestro organismo, se produce la sensación de hambre: antes de la existencia de los supermercados, teníamos que desplazarnos constantemente para encontrar el alimento. Fue uno de los motivos que nos llevó a caminar cada vez distancias más largas y nuestro esqueleto se modificó: nuestra pelvis cambió, dificultando el parto y limitando la duración del embarazo: nuestros bebés nacen inmaduros, por tanto, más dependientes.monkey-1065631_1280 ¿Dependientes, de qué? de un espacio que les proporcione las condiciones óptimas para seguir su desarrollo: oxigenación, calor, protección y nutrición. En ese espacio, son capaces de desarrollarse sin necesitar nada más : ni moisés, ni cuna, ni chupete, … hasta que sean capaces de desplazarse y alimentarse por si mismos. Vendría a ser el tiempo al que llamamos Período de Exterogestación, que va terminando de manera natural según el ritmo de maduración de cada bebé, cuando éste es capaz de desplazarse solo: o sea, cuando puede buscar alimento por si mismo (nutrición) o puede escapar o enfrentarse a un peligro (defensa).  Mientras no es autónomo para poder comer y defenderse solito, tiene todo lo que necesita en su madre. Y si su madre no está, su mundo de seguridad y calma se desvanece, el cortisol y la adrenalina se disparan.. y necesita expresar de algún modo ese estado para intentar volver a la calma, a su nido, a mamá. ¿cuál es la estrategia de supervivencia entonces?

El llanto es la única forma que tienen nuestros bebés de alertarnos: no estoy bien aquí. Esto es demasiado distinto del lugar donde estaba antes (el útero). Tengo hambre, o hay algo que para mi es peliogroso

¿dónde estás?

 

Así que nuestro hipotálamo, nuestra hipófisis y nuestro sistema nervioso vegetativo, que segregan muchas de las hormonas implicadas en los comportamientos básicos de los que he hablado, forman parte de esas estructuras ancestrales que nos acercan a lo animales que somos -no a lo sociales-, marcan en parte nuestro comportamiento y ayudan a nuestra supervivencia. No deja de ser algo romántico también, ¿no?

 

Resumiendo:1.No hemos dejado de ser animales sociales, nuestros comportamientos básicos (los que nos permiten la supervivencia) son el resultado de nuestros niveles hormonales2.Es el bebé, quien busca activamente el contacto con su madre, es su estrategia de supervivencia3.Es el contacto con la madre, lo que desarrolla el vínculo afectivo entre la madre y el bebé (lo que llamamos piel con piel)4.El lugar más parecido al útero que puede encontrar el bebé, donde sentirse protegido, es en brazos de su madre (exterogestación)

 

Elige cómo quieres criar a tu bebé según tus sentimientos y tu instinto (ese que es ancestral, animal y muy antiguo): hay muchas teorías, creencias, costumbres sociales… pero lo más importante, es que dejes salir de vez en cuando a la mamífera que llevas dentro, escúchala con el corazón, es una mujer sabia.

 

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Historia de una lactancia mixta diferida. Segunda parte.

Aquí estamos de nuevo, con la segunda parte de la historia de Nessa, Alex y su lactancia.
Lo que me encanta de éste relato (a parte de saberme parte implicada en varios momentos de su narración, lo cual me reconforta como persona y como profesional), es que a pesar de todo lo sucedido, de las dificultades,  de las bienintencionadas opiniones, de las miradas que juzgan,… Nessa siguió adelante en su lucha, escuchando su instinto y sus emociones.

Dicen que dar el biberón es algo frío y que está muy lejos de parecerse a dar el pecho, pero yo nunca lo sentí así.

Cuando se lo daba no había ni tele ni ruido en casa, solo los dos mirándonos a los ojos. Disfrutaba de ese momento en el que podía acariciarle la carita o cantarle. Con mi marido decidimos que solo yo le daría el biberón, me sentía mal si mi pareja se lo ofrecía a cualquiera, le hice entender que emocionalmente no me sentía a gusto si veía que otra persona podía hacerlo. Igual mucha gente pensará que soy radical pero seguía sintiéndome triste.

La naturaleza solo le da a la madre ese gran don así que, aunque por circunstancias yo no podía hacerlo, sí que quería ser siempre quien alimentara a mi bebé.

 

Todo iba bien hasta que otro problema apareció: las famosas grietas de las que tanto había oído hablar.         Primero no sabía exactamente que eran, pero luego entendí que la copa del sacaleches me estaba haciendo heridas. Aguanté porque tampoco me dolían, y si me molestaban mucho pues ese día no hacía tantas extracciones.

Me decían que debía estar utilizando una copa inadecuada pero seguíamos las instrucciones, estuvimos tomando medidas, compramos las otras copas para probar y solo la que se ajustaba a mi medida según las instrucciones de la marca me extraía leche. 

Pensamos que tal vez era la potencia: probé con menos y las lesiones seguían. Un fin de semana empecé a sangrar y vi peligrar nuestra lactancia así que decidí fui a pedir ayuda a Abraçades Sant Cugat, me habían hablado muy bien de ellas.

 

Allí me di cuenta del gran trabajo que realizan los grupos de lactancia. No tengo palabras para agradecer la labor que hacen semanalmente con madres como yo.

 

Las asesoras te respaldan y ayudan con los problemas y dudas que van surgiendo. Son grupos voluntarios y me parece admirable que diferentes profesionales pongan sus conocimientos a tu disposición.


Ya no sabía a quien acudir y me di cuenta que ojalá hubiera ido antes.
Expliqué mi historia y una de las asesoras vió que mi hijo tenía frenillo.No podía creérmelo, sentí una mezcla de sentimientos:

Alivio

por saber al fin cual era la causa de nuestros problemas

Impotencia

porque delante de mi pasaron mentalmente todos aquellos profesionales a los que había acudido durante 4 meses con la frase ” noto que mi hijo no succiona bien” pero no habían visto  que mi pequeño tenía la lengua atada y por eso no mamaba bien.

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Con el tiempo he sabido que a menudo pediatras y otro personal no tienen suficiente formación en lactancia pero me parecía increíble que médicos a los que yo había visto mirar la boca a mi hijo no lo hubieran diagnosticado.

Ese día, cuando por la noche me quedé a solas con Alex, me vine abajo. 
Después de abrazarle con todo mi amor le dije – Lo siento cariño…Lo siento mucho porque no fuimos a más médicos o especialistas, lo siento porque nuestro problema tenía solución y quizás ahora es tarde…pero seamos positivos y volvamos a intentarlo, te parece?-.

En dos semanas nos vio el cirujano y le cortó el frenillo ese mismo día.

Era frenillo 4, que a simple vista ya se notaba así que más indignada me sentí. Nos dijo el médico que tenía en el labio una parte dura que suelen tener por problemas en la succión y que al abrir la boca ya veía que la lengua estaba sujeta. Nos explicó lo importante que era hacer la intervención puesto que la lengua intervienepor ejemplo, en el habla. Le conté nuestra historia y me dijo que lo intentara, que siguiera con el grupo de lactancia pero que probablemente era demasiado tarde : ¡Qué pena!- me dijo- Si lo hubiéramos cogido a tiempo no habrías tenido problemas.

 Llevaba una semana sin ofrecerle el pecho porque me hacía mucho daño, estaba empezando con el proceso de dentición y me mordía, no quería sufrir más lesiones. Sin embargo, nada más llegar a casa después de cortar el frenillo volvimos a probar. Se lo iba ofreciendo pero me mordía, me tiraba… hacía lo mismo que hace con sus mordedores o juguetes, estaba rabioso con la boca y sin querer me hacía mucho daño. Probé con pezoneras pero seguía siendo horrible. 

Así estuvimos semanas… ya me daba miedo acercármelo y él lo notaba, así que dar el pecho volvió a convertirse en un momento estresante.

 Finalmente desistí y continuamos con nuestra lactancia diferida. Mientras sucedía todo esto, había disminuido la cantidad de leche que me sacaba y me obsesionaba el tema de si esa leche, por escasa que fuera iba a aportarle algún beneficio. Todo el mundo con el que hablé fue unánime en la respuesta: por supuesto que le hacía bien.

No entendía muy bien como poca cantidad de leche podía ser efectiva. Núnnutit me lo aclaró: no sólo le estaba pasando nutrientes a mi hijo sino también cientos de bacterias beneficiosas y anticuerpos destinados a mejorar y desarrollar su sistema inmune. Cada gota de mi leche era un tesoro para mi hijo, así que aunque fueran 50ml, me esforzaría para dárselos e incrementar es acantidad con el tiempo. Mónica me convenció de que hacerlo a diario ya er amucho y definitivamente sus palabras me animaron a continuar.

En Abraçades me habían dado indicaciones para curar las grietas y que no se infectasen y yo lo hacía todo. Me ponía crema, protectores, pro bióticos… había disminuido mucho las extracciones para curarme y a simple vista parecía que las grietas mejoraban pero cuando intenté incrementar las extracciones, empeoré. Analizamos mi leche y tenía mastitis. Eso explicaba en parte porque hacía tanto tiempo que me encontraba agotada físicamente, a saber desde cuando lo tenía y por eso me sentía débil. Con antibióticos pude deshacerme de ella.

Otra vez me vine arriba, ya podía seguir con mi sacaleches y subir las extracciones…. Pero a la que volví a incrementar el número de extracciones, otra vez las dichosas grietas abiertas y ensangrentadas.

Ahora ya no podía ser cosa de la infección, si empeoraban era porque efectivamente el sacaleches me hacía daño.

Habíamos revisado la medida de la copa con el grupo una y otra vez y era la correcta. Hablé con gente del ámbito sanitario y les pregunté qué pasaba si seguía haciendo lactancia diferida con las grietas y no me lo aconsejaron.

 

Déjalo ya de una vez me decían, acabarás mal, no puedes estar con heridas durante tanto tiempo…   Este ha sido el único momento en el que honestamente pensé en abandonar. Hablé con mi marido y le dije que seguramente había llegado el momento de dejarlo. Habíamos logrado 6 meses de lactancia y si mi salud corría riesgo seguramente tendríamos que tirar la toalla.

 
Me sorprendió su reacción y gracias a sus palabras tuve la fuerza para buscar una salida. Empezamos a pensar en soluciones:

¿y si lubricamos la copa para que no te dañe?

¿Y si probamos con otras marcas de sacaleches?

¿Y si hacemos algún invento?

él buscó por su parte y yo por la mía.

Sentí la necesidad de escribir a la marca del sacaleches para explicarles mi caso empezaba a mirar vídeos de como hacer extracciones con tus propias manos y así no lesionarme. Al día siguiente me llamó la especialista en temas de lactancia de la empresa de los sacaleches y quedó alucinada con mi historia. Me comentó que me ayudarían en todo lo que pudieran y que una comercial me dejaría material como cremas para curar las grietas y una copa que ya no estaba en el mercado pero que iba muy bien para las personas con la piel sensible.

 Me alegré de recibir esta respuesta , sinceramente no me la esperaba… pero más arriba me vine cuando probé la técnica de la extracción manual y vi que efectivamente funcionaba. Parecía aún más eficaz y rápida que la mecánica. Me llené de esperanza de nuevo al ver una posible salida a nuestra situación. Mi objetivo ahora sería extraer manualmente hasta curar por completo las grietas y después continuar con la copa nueva que al parecer no me lesiona.

 Y ¿en qué momento estamos ahora mismo? He oído hablar de la extracción poderosa como una manera de obtener una rápida producción de leche materna. Se trata de realizar extracciones cada hora en unos pocos días y con el tiempo puedes espaciar obteniendo gran cantidad de leche. Lo haremos en unos días, cuando me sienta preparada y no haya rastro de las heridas.

Sé que lo conseguiremos y Alex podrá seguir tomando mi leche.

Una buena madre no se mide por la manera en la que alimenta a su hijo ni en si hace lactancia materna o artificial.

 mother with baby

Una buena madre es mucho más que eso y no me gustaría que mi relato molestara a las personas que optan libremente por una lactancia artificial. Las entiendo porque muchas veces me he sentido juzgada cuando he tenido que alimentar a mi hijo públicamente con biberón… Pero también me he sentido juzgada en mi empeño por lactar con mi leche, en mi insistencia a pesar de las adversidades y la mayoría han visto en mis intentos una especie de locura. No soy una fanática ni soy una talibana de la teta como suelen decir por ahí. Simplemente soy una madre que quiere a su hijo y que se ha informado de los beneficios que le aporta la lactancia materna. Para mi no ha sido un sacrificio, ha sido una inversión en su futuro…

Así que nuestra lactancia terminará el día que los tres, mi pequeña gran familia, decidamos que ya ha sido suficiente.

Muchas gracias Nessa por compartir con nosotras, vuestra historia.
¿queréis compartir vuestras historias maternantes?
Estaremos encantadas de leeros, podéis contactar con nosotras en nunnutit@gmail.com
Mònica Pons
PD: podéis encontrar información detallada sobre extracción manual de leche materna aquí:

Historia de una lactancia mixta diferida. Primera parte

Hace unos meses, estuve hablando varias veces con Nessa, es una bailarina de danza oriental con quien hace años compartí bailes, risas, ensayos y talleres de técnica. Había sido madre hacía poco, y me ofrecí a acompañarla, aunque en la distancia, en lo que necesitara.
Conociendo su viaje, creo sinceramente que Nessa es una mujer valiente y perseverante, que delante de la adversidad supo encontrar su camino, y lo siguió con la fe ciega de los que escuchan a su corazón.
El otro día, demostrando también su generosidad, me comentó que quería explicarnos sus experiencias con la lactancia. Su objetivo es que otras madres que puedan hallarse o se encuentren ya en una situación similar, no se den por vencidas, no se conformen con la primera respuesta y busquen la solución real a lo que sea que no les permite vivir la maternidad con plenitud.
Y que sepan que no están solas.
Y que sepan que seguro, otras madres han pasado por lo mismo que ellas en algún momento.
Por nuestra parte, nos sentimos muy orgullosas de que haya confiado en nosotras para dar a conocer su historia, su lucha personal por conseguir aquello en lo que creía.
Aquí os dejo la primera parte de su vivencia:
“Antes de tener a mi hijo siempre había dicho que haría lactancia artificial, estaba totalmente convencida. No por estética o por pudor sino porque imaginaba que debía ser molesto, y pensaba que yo no lo aguantaría.
Sin embargo, en el momento en el que supe que estaba embarazada, cambié de pensamiento, decidí que sí iba a dar el pecho.

Si de algo me he dado cuenta durante todo este tiempo es de que no te conviertes en madre cuando das a luz, sino que lo eres en el preciso instante en el que sientes que llevas vida dentro

Alex nació una tarde calurosa de julio y por motivos de salud tuvo que estar en observación. Me hacía tanta ilusión hacer piel con piel y darle el pecho en el quirófano, había soñado tantas veces con la imagen de los tres nada más nacer… que el mundo se me vino abajo cuando después de sacarlo con mis propias manos se lo llevaron. Recuerdo que en la habitación, mientras esperaba impaciente hice el comentario que igual tendría problemas con la lactancia porque había leído sobre el reflejo de succión en las primeras horas de vida pero jamás pensé que esa frase sería un adelanto de todo lo que nos iba a suceder. 

Mi hijo presentó hipoglucemias así que empezaron a darle biberones cada tres horas. Pedí que se los dieran con jeringuilla pero la enfermera me comentó que el niño se agarraba bien al pecho y que no tenía de qué preocuparme.
El primer error que cometí fue ese, creer ciegamente en lo que me decía, ya que sí que interfiere la manera en la que se le da la leche (después me informé de lo que se conoce como confusión tetina-pezón).
Alex tomaba mucha leche porque no se controlaban las hipoglucemias, entre tomas no quería tomar pecho y se pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo. Comenté que notaba que succionaba flojo pero me respondieron que seguramente era porque estaba demasiado saciado por los biberones. Los días que estuvimos allí me estimulaba entre las visitas con un sacaleches manual porque temía no producir suficiente leche.
Estuvimos más días de lo normal ingresados por el tema de las hipoglucemias. Al volver a casa otro error que cometí fue el de no pedir ayuda. Reconozco que esos primeros días tenía que haber sido tajante y quedarnos los tres solos en casa para centrarme en lo que de verdad importaba. A las personas con las que tenía confianza les comentaba que tenía problemas con dar el pecho pero a la mayoría no tuve valor de negarles la entrada.

Necesitaba hacer piel con piel con mi hijo las horas que hubiera querido, lo primero tenía que haber sido establecer mi lactancia por encima de todo pero no podía porque tenía que atender a las visitas e intentaba con todas mis fuerzas ser la misma de antes. No sé como no pude verlo, es imposible cuidar de un recién nacido que te demanda a todas horas, atender a la gente, ir a la compra, limpiar, cocinar, no dormir y sobrellevar un problema de hipertensión post parto que me llevó varias veces a urgencias.


Intentamos primero quitarle los suplementos de leche artificial pero era horrible, lloraba de hambre y yo me tenía que enfrentar a comentarios como que quizás mi leche no era suficiente o que podía tener mala calidad.
Nuestro día a día era: se cogía al pecho, lloraba, golpeaba el pecho, lloraba, se dormía 10 minutos, volvía a llorar y al final le daba leche artificial con jeringa o biberón para no verlo sufrir más.
Yo no paraba de repetir que no succionaba bien a los diferentes profesionales a los que acudimos, como madre notaba que algo no iba bien pero todos lo atribuían al tema de los biberones y que se había mal acostumbrado. Llamé a muchas puertas, quizás demasiadas, la mayoría no supieron o pudieron ayudarme. Otras, en cambio, como Mónica de Núnnutit, me acompañaron con sus consejos y apoyo en una etapa en la que te sientes sola y vulnerable. He conocido a grandes mujeres durante este viaje…

Acudimos a pedir ayuda a especialistas (pediatras, enfermeras) que me decían que no pasaba nada por darle biberón o que eso era típico de la lactancia mixta, que el bebé acababa rechazando el pecho. Era como si tuviera que resignarme porque “esto es lo que suele pasar cuando les dan suplementos en el hospital” pero no me daba la gana, yo no quería resignarme!!!
bebe plorant bn
Probamos con un relactador: se trata de un artilugio para estimular al bebé a que se coja con más ganas y poco a poco poder quitar los suplementos. Me colgaba un dispositivo que tenía leche almacenada y a través de una cánula sujetada al pecho mi hijo succionaba mi leche y la del relactador de manera que recibía más cantidad de alimento.
Y entre las tomas utilizaba el sacaleches para estimular más producción de leche. Recuerdo que mientras me sacaba leche me desahogaba con Núnnutit y les enviaba mensajes porque necesitaba sentir que alguien en cualquier momento se preocupaba por mi. Les planteaba dudas e inquietudes però lo que más me reconfortaba era saber que estaban al otro lado escuchándome y dándome fuerzas, siempre disponibles. Una frase que me regalaron esos primeros días y que se convirtió en mi particular grito de guerra hasta día de hoy fue “Ánimo Madre poderosa”. Cada vez que mis fuerzas han flaqueado o que me he venido abajo la he repetido hasta la saciedad como mi mantra.

Ganamos que ya no rechazaba el pecho ni lo golpeaba en un primer momento pero se había acostumbrado a recibir leche rápidamente y enseguida lloraba porque ni con el relactador era suficiente (poníamos el tubo más largo pero tampoco funcionaba)

Era desesperante, una locura, días enteros en casa, entre tomas sacándome leche, verle llorar a todas horas y yo con él. Como pedía comer a cada instante y sin ninguna regularidad yo no podía salir fuera de casa porque necesitaba el dispositivo constantemente.

Sentía que me estaba ahogando y que no podía crear el vínculo que deseaba.

Es muy duro estar agotada y ver que tu hijo te golpea cada vez que le ofreces el pecho, no paraba de decir frases como ” el niño no me quiere” ” me huele y llora, me está rechazando”.

El día en que ya no pude más fue una mañana que fuimos al grupo de lactancia del CAP. Habían juntado a muchas madres de otro CAP que estaba cerrado por vacaciones y nada más entrar a mi niño le dio hambre, empezó a gritar y llorar como si lo destriparan y yo intentaba darle el pecho pero me golpeaba y rechazaba una y otra vez delante de todas. Las otras madres me miraban con cara de “pobrecita” mientras ellas daban el pecho tranquilamente a sus hijos, me sentí fatal, diferente, superada y desesperada así que me fui sin más, enfadada con el mundo.
Volvimos a buscar más opciones comentando con gente, asesoras, amigas… y encontré el artículo de una chica que hablaba sobre lactancia diferida. Explicaba como se sacaba leche con el sacaleches y entre tomas le ofrecía el pecho a su hijo para establecer la succión no nutritiva y estrechar el vínculo emocional. Después de sentirme sin fuerzas, de golpe me vine arriba:
¿y si probaba lo mismo? ¿Y si me olvidaba del relactador y lo intentaba así? y esa fue mi salvación.
bibero bn

Por fin empezamos a salir a la calle y hacer vida más allá de las paredes de casa, por fin mi hijo podía disfrutar de una madre alegre y disponible emocionalmente, se acabaron los lloros, los gritos, la desesperación. Me sacaba leche, cada dos o tres horas, él se la bebía con su biberón y entre tomas utilizábamos el pecho para que se calmara, para dormir o para disfrutar de un momento único. Fueron semanas en las que volvimos a la normalidad, me sentía feliz, el sacaleches formaba parte de nuestra vida. Lo llevaba puesto con un sujetador y mientras tanto podía atender a mi hijo o hacer lo que fuera.

Decía de broma que el sacaleches era nuestro amigo y es que yo lo veía como el instrumento que me permitía lactar a mi hijo. Pese a haber tomado esa decisión, reconocozco que se me escaparon en varias ocasiones las lágrimas por la calle cuando veía a madres dando el pecho, las observaba con esa paz acariciando a sus bebés.. ¿por qué no puedo ser una de ellas?”

 

 

La próxima semana publicaremos la segunda parte.

¿qué os ha parecido hasta ahora?

¿quéreis compartir vuestra experiencia?

Si creéis que éste relato puede ayudar otras madres, por favor compartid.

Muchas gracias

 

Mònica Pons