No quiero que nadie organice mi vida, ni siquiera tú.

¿Has sentido miedo a ser cuestionada alguna vez? ¿Has escondido emociones para que no intuyeran alguna debilidad en ti?

Yo sí. Y estoy segura que no soy la única. Es un recurso que usamos a veces para protegernos.

Pero hubo un momento en mi vida que lo hice, y si pudiera volver atrás cambiaría 100% ese miedo por la tranquilidad que da el conocimiento: mi primer puerperio.

Recuerdo avisar a mi madre que llegábamos del hospital por la noche y ella me ofrecía dejarme la cena preparada. Me pareció práctico, pues ni siquiera recordaba qué había en la nevera cuando salí de casa después de romper aguas de madrugada. Accedí. Cuando llegamos, ella ya estaba en mi piso y lo tenía todo listo. Y empezaron las preguntas: ¿A qué hora quieres que venga mañana? ¿Qué quieres que te prepare? ¿Necesitas que me lleve ropa para lavar? ¿Quieres…..?

En ese momento levanté un muro de piedras mental infranqueable: “Aquí no va a entrar nadie a organizarme la vida, que hasta ahora no me ha hecho falta para nada. No quiero tener a ninguna persona diciéndome qué o cómo tengo que hacer las cosas”. Y seguramente, así hubiera sido, porque mi madre es así, y no voy a ser yo quien la cambie.

 

Ojalá se hubiera desmoronado esa barrera en el mismo instante en que la creé.

 

La decisión que tomé en ese momento tuvo una razón de ser: el miedo a ser cuestionada. Mi inseguridad. Ella ejercía el papel que le tocaba: ese cojín que las madres que acabamos de parir necesitamos. Esa persona capaz de organizar aquello que, para una recién mamá, debería quedar en segundo plano en sus prioridades. Porque tiene que focalizarse en ella misma, en sus necesidades y en las de su bebé.

Pero de eso, por aquel entonces, yo no era consciente. No supe ver la importancia que tenía para mi recuperación, para mi tranquilidad y la de mi bebé, tener a alguien que se pudiera encargar de la casa.

 

Y me encontré con algo peor que el miedo a ser cuestionada:

mi propia inseguridad en una maternidad totalmente nueva para mí y la soledad rodeándome en todo momento.

Pero el sentimiento que más tenía arraigado en esos momentos no iba tanto con el carácter de mi madre y su supuesta intromisión en mi nueva faceta de madre (eso daría para otro post), sino con algo más profundo. Algo que, a veces, es mucho más difícil de ver en nuestros actos. Lo tenemos muy integrado la mayoría de mujeres, sobre todo aquellas que compaginamos varias facetas en nuestras vidas y la mayoría no somos conscientes de ello.

Se trata un conjunto de emociones y pensamientos que no sólo vemos en nuestra vida como madres sino que podemos observar en distintas situaciones y contextos. Todos tienen un mismo denominador común: yo puedo con todo.

Lo que quiero mostrarte explicándote esta experiencia personal tan íntima es que yo necesitaba gritarle al mundo que no sólo iba a ser la mejor profesional del mundo como había intentado ser hasta entonces. Sino también ahora que iba a ejercer un papel nuevo, el de madre. Así que, en ese momento, tenía que demostrar a todos los que me rodeaban que sería la mejor madre del mundo. Y para ello, debía hacerlo sola. Porque si no, mi idea de control y seguridad se desmoronaba por completo y me hacía sentir frágil, débil, poca cosa, vulnerable… en fin: fracasada. Así era como yo había aprendido a mostrar mis capacidades: fuerte, sola, sin ayuda…

Nada más lejos de la realidad.

Ser capaz de ver qué es más importante en cada momento para ti y para tu bebé. Estar segura de lo que quieres, de lo que necesitáis tú y tu pequeño. En definitiva, tener las cosas claras y estar empoderada en tus decisiones puede ser sinónimo de no tener miedo y saber decir NO. Y decir no, aunque parezca que en este post está fuera de contexto, es mucho más importante de lo que te imaginas en una situación tan delicada como un posparto.

Saber decir no, implica ser consciente de hasta dónde puedes llegar y así poder ver, sin agobios, sin presiones, sin metas estresantes,  que hay cosas que no vas a hacer como hacías antes. Y no pasa nada. Lo harás, pero de otra manera que, seguramente, te llevará un tiempo descubrir porque todo es nuevo. Y que, allí donde tú no llegas, puede llegar otra persona, aunque hasta el momento haya sido tu responsabilidad.

La capacidad de adaptarte a nuevas situaciones puede ser la clave para que los cambios que se den en tu vida sean un éxito. Pese a que pienses en ese momento que es un desastre. Porque entendiendo qué es lo que ocurre, es más fácil actuar en consecuencia, con seguridad y sin miedo.

Y si no se tiene miedo, se tiene un poder extraordinario.

La 3 cosas que aprendí de Kirikú

La casa desordenada. Ropa por lavar, ropa por guardar. Hace tres días que no barres la casa. Platos sucios en el fregadero. La mesa de trabajo llena de tareas pendientes. Mails por responder. Y no sabes qué preparar para comer. No te has duchado esta mañana. Solamente tienes ganas de tumbarte al lado de tu bebé y adormecerte oyendo su respiración. Olerlo, mirarlo, abrazarlo, y descansar… es lo que deseas. Pero tienes tantas cosas por hacer…

Esta sensación de estar abrumada, la he vivido muchas veces. De vez en cuando, con dos criaturas de edades diferentes en casa, todavía la tengo. Pero la vivo diferente. Con el paso del tiempo y las cosas (algunas muy buenas, otras no tanto) que nos han sucedido, he aprendido a fluir, a saber delegar y priorizar desde el corazón, y no desde la mente.

Con esa percepción distinta y nueva, os cuento lo que yo aprendí al ser mamá:

  1. El tiempo no se detiene.

Recuerdo una serie de televisión, cuando yo tenía unos 15 años, donde una chica mitad humana mitad extraterrestre tenía el poder de parar el tiempo ( De otro mundo). Siempre he soñado con tener ese don. Pero llegué a la conclusión de que no es posible. El tiempo pasa, pasa muy rápido. Un día tu bebé está dormido la mayor parte del día, y sin darte cuenta se sienta solo y duerme un ratito por la mañana y otro por la tarde. Y al cabo de poco ha pasado un año y ya anda… Los primeros meses de vida de tu hij@ son alucinantes y maravillosos. Es increíble como adquieren habilidades y crecen día a día. Casi sin darte cuenta. No dejes escapar esos días preciosos por las tareas por hacer. Organízate para tener tiempo de estar con él. Tiempo suficiente para poder recordar sus primeras veces. Ese recuerdo será un tesoro para ti.

  1. Los objetos que te rodean sólo son cosas.

En serio, ya se que te encanta tener la casa limpia que huela a rosas y que todo esté en su sitio exacto. Y nadie mejor que tú para hacerlo si quieres hacerlo a tu gusto (como dice el dicho popular, “si quieres algo bien hecho, hazlo tu mismo”). Pero desengáñate: la mayoría de esas cosas que pueblan tu hogar, no las vas a recordar en unos años y ni siquiera te van a reconfortar. No te abrazan ni te hacen reír. No les prestes más atención de la que requieren: cuando llegue alguien a casa (pareja, madre, padre, amiga/o, etc..) y te diga “ya me quedo yo con el niño, ve a hacer lo que necesites”, si lo que pretendes es ponerte a lavar, fregar los platos, cambiar sábanas, barrer… atrévete a delegar. Todos los adultos podemos hacer las tareas del hogar. Seguro que alguna hay que quieres hacer tú, pero deja tareas para los demás. Si vienen a ayudarte, estarán encantados/as de colaborar de verdad.

  1. Déjate quererte.

A ti. Sí. A ti que además de madre, pareja, trabajadora/emprendedora, amante etc… sigues siendo tú. Guardar en tu día a día un ratito sólo para conectar contigo, para hacer algo que te apetezca hacer por ti y para ti, no va a ser enriquecedor, va a ser una salvación en determinados momentos. Sigue queriéndote y mimándote porque eres importante. Al menos para una persona en el mundo eres insustituible.

Hay un personaje de animación que nos encanta a toda la familia: se llama Kirikú. Es un niño africano muy especial (podría decirse que con mucha claridad mental.). Te dejo un fragmento de una de sus películas en la que una bruja ha envenenado a todas las mujeres del pueblo. Es un sencillo pero claro resumen de mi aprendizaje como madre:

 

Tu fisiología, tu instinto, tus hormonas, tu corazón saben que eres insustituible. La seguridad, confort y amor que tú, como madre, puedes darle a tus hij@s estando presente a su lado, no se la puede dar nadie más. Es una certeza que da un poco de miedo porque es una responsabilidad enorme. A la vez, es maravilloso comprender esa conexión especial y única que se tiene con los hij@s y dejar que ese vínculo ocupe el espacio que necesitas.

Maternidad y Conciliación

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En él descubrirás cómo atender a tu bebé cubriendo sus necesidades reales al mismo tiempo que optimizas el tiempo que necesitas para ti y tu negocio.

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Guía práctica para organizarte durante tu posparto

5 Claves para sentirte genial durante el posparto

Sabías que tu estado de ánimo es muy importante para el desarrollo de tu bebé?

Un bebé es un ser que nace con la necesidad de ser cuidado. Ya desde el nacimiento, y a lo largo de su vida, irá desarrollando una serie de mecanismos cada vez más complejos que le van a permitir establecer relaciones con las personas de su entorno para intentar asegurarse su bienestar.

El primer vínculo que establece, el principal, es contigo. Es tu voz, tus movimientos, tu respiración, el latido de tu corazón, lo que ya conoce al nacer, pues ha vivido en ti durante varios meses. Y tu olor, no olvidemos el olfato, el sentido más desarrollado que tiene al salir. Son sus sentidos los que van a captar todas las señales que emitas para poder interpretar, a su nivel, qué pasa a su alrededor.

Y, ¿por qué te cuento todo esto si quería hablarte de tu estado de ánimo? ¿No te había dicho que iba a darte 5 motivos para dedicarte tiempo a ti?

Como ya te he contado al principio, dedicar tiempo a cosas que te hagan sentir bien, aunque sean unos minutos al día, va a ser muy beneficioso para tu bebé. Está preparado para captar todo lo que tu lenguaje verbal y, sobretodo, tu lenguaje no verbal, está emitiendo cuando estás con él. Si tú te sientes bien, podrás dedicarte a tu hij@ más tranquila, relajada y feliz.

Así pues, aquí tienes 5 puntos importantes que te van a permitir sentirte bien contigo misma:

1

El primer motivo por el que debes mimarte ya lo hemos nombrado: tu estado de ánimo influye en el desarrolo de tu bebé. 

Tu estado real (no el que decimos a veces y no es exactamente lo que sentimos) le proporciona información a las personas que te rodean, incluido a tu bebé. Captan cómo te sientes verdaderamente, aunque no lo expreses verbalmente. Además, la mayoría de bebés son mucho más sensibles que los adultos a todas estas señales, puesto que tienen los sentidos pendientes de todo lo que ocurre a su alrededor. Por e sdeo es tan importante, no sólo tener en cuenta el cuidado de nuestro bebé, sino también el de nosotras mismas, que vamos a ser la figura principal que lo va a atender.

2

Evita que te etiqueten o, sobretodo, “autoetiquetarte” como SUPERWOMAN. Eres una mujer que puede con muchos frentes a la vez, de eso estoy segura, pero después de parir, hay muchas cosas que cambian, tus prioridades también.

Intentar hacer todo lo que hacías antes de tener el bebé sólo te puede llevar a sentirte impotente de ver que no llegas a todo. Date tiempo. Poco a poco irás situándote, conocerás mejor a tu bebé y eso te permitirá adaptar tu día a día al nuevo miembro de la familia. 

Rodearte de personas que puedan ayudarte en las tareas domésticas o de tu emprendimiento. Buscar que sean de confianza  y con suficiente tiempo para que puedas delegar en ellas todo lo que sea posible te facilitarà estar más relajada durante las primeras semanas después del parto.

3

Concédete el placer de no hacer nada durante un rato al día. Dedícate a saborear cada minuto, cada hora que estás con tu bebé. Mirarlo, acariciarlo, darle un masaje, cantarle canciones, sonreírle… son acciones sencillas que te van a permitir pasar un momento relajado con tu bebé al mismo tiempo que fortaleces el vínculo que estás creando con él.

O simplemente descansa estando con tu hij@.

Quizás ya hayas escuchado el consejo de “Duerme cuando lo haga tu bebé”. Pues síguelo. El sueño del bebé durante los primeros meses puede ser muy irregular, así que hay que aprovechar cualquier oportunidad para descansar y reponer energía.

4

Quizás ya te han advertido, pero seguramente vas a pasar a un segundo plano para muchas personas. A partir de ahora, es posible que lo primero que te pregunten sea: ¿qué tal está el bebé? ¿cómo duerme? ¿come? ¿llora mucho? Y un sinfín de preguntas dirigidas a la estrella de la casa.

De un día para para otro dejan de preguntarte cómo te encuentras y pasas a ser casi, casi, invisible. He de reconocer que eso puede llegar a molestar mucho. ¡Que lo has parido tú!

La mayoría de personas lo hacen sin darse cuenta. Un bebé despierta en los humanos mucho interés, pero asegúrate que esas preguntas también te las hace alguien a ti. Y la primera persona que lo debe hacer eres tú misma: ¿qué tal me siento? ¿duermo y como bien? ¿me siento feliz o deprimida?

Conocer tus emociones y tu estado de ánimo te van a permitir pensar en qué debes hacer o a quién pedir ayuda si no te sientes bien o necesitas cualquier cosa.

5

Y por último, y lo más importante: no te dejes para el final de la lista. Busca actividades, pequeños detalles o acciones, cosas que te gusten y que puedas hacer en tu nueva situación, que te hagan sentir mimada y querida (sobre todo por ti misma) y anótalas.

Pero no guardes esa nota en un rincón de tu subconsciente. Busca un lugar de la casa que veas varias veces al día y cuélgate un cartel, una hoja, post-it… lo que sea, algo que te recuerde constantemente que tú eres muy importante. Porque el cómo te sientes y vives tu maternidad, también es importante para tu bebé.

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MATERNIDAD Y CONCILIACIÓN

 


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Y después del parto… ¿qué?

Lo tienes todo preparado: la bolsa para llevar al hospital, la cuna, el cambiador, ropa, pañales de recambio, una habitación preciosa hecha con mucho amor e ilusión… parece que todo está donde debe estar. Sólo falta el bebé.

 

Y el bebé llega. Los pocos días que pasáis en el hospital, estás en una nube: hay enfermeras, que, si te hace falta, bañan y cambian al bebé. Y tu descansas porque no tienes nada más que hacer que estar. Estar con tu bebé. Todo bajo control.

todo bajo control

Luego, os dan el alta, y llegáis a casa. Parece que todo está perfecto… pero entonces empiezan las dudas…

 

Hoy está llorando mucho…

¿Será normal que haga tantas deposiciones?

¿Por qué hace dos días que no hace cacas?

Me duele el pezón…

Se despierta muy a menudo

Está durmiendo muchas horas…

 

Nadie te había contado nada sobre todo esto… Esta incertidumbre, tantas dudas. Los bebés sólo comían y dormían, ¿no?

Durante el embarazo leíste muchas cosas, te informaste de todo lo referente a la gestación y después para el parto… y se te olvidó informarte sobre todo lo que sucede después.

Tranquila, nos pasa a la mayoría. Y no solamente respecto al bebé. También las cosas que nos suceden a nosotras. Por ejemplo, a mí me sorprendió que mi barriga no volviera a su estado “normal”, cuando ya habían pasado ¡¡7 días desde el parto!! ¿Por qué no volvía a su sitio? Me sentía extraña en mi propio cuerpo. Al cabo de unos días más me pareció lógico, mi piel y mis músculos necesitaban más tiempo, tras 9 meses cediendo, para volver a ser como yo recordaba.

Las cosas pasaban de un modo diferente a como yo creía que iban a suceder, por mucho que lo intentara, los días se escapaban a mi control. En mi cuerpo, y también a mi alrededor: la ropa por lavar, los platos por fregar, el suelo por limpiar… todo iba a una velocidad muy diferente a como yo lo había imaginado.

 

Cuando ves una peli con bebés, o un anuncio, todo es maravilloso. Todo en su sitio, todo en silencio, todo limpio, una mamá perfectamente feliz, peinada y que siempre huele bien, y un bebé sonriente y dormido, al que nunca se le salen las cacas por los sobacos mientras piensas sobre cómo le vas a quitar el pañal sin mancharlo más aún.

Cuando en la peli aparece una mamá despeinada, dormida, dudosa, cansada… va acompañada de una casa descuidada. Esa mamá, pensamos, no sabe hacerlo bien. Tenemos una imagen muy clara y concreta de cómo debe ser una buena madre. Pues voy a decirte algo: esa imagen preconcebida de cómo tiene que ser una madre para ser buena madre, es, en la mayoría de casos, errónea. No te tortures más. Eres buena madre. De hecho, para tu bebé, tú eres la mejor madre, porque…

 

  • Seguramente miras enamorada a tu bebé durante horas (darse cuenta de la magia de lo que has creado a veces hipnotiza, y eso puede llegar a ser maravilloso)
  • Aun estando muy cansada, quizás sientes que necesitas alimentarlo, acunarlo, lavarlo… esa conexión le hace saber lo importante que eres para él, y él para ti
  • Te duermes con él sin darte cuenta : si estás cómoda durmiendo con él, túmbate, seguramente los dos dormiréis mejor, si no estás cómoda, intenta dormir tú también cuando lo dejes en su cuna
  • Aunque te agobie no tener la casa como quisieras, posiblemente se te olvida todo al escuchar sus ruiditos mientras aparece una sonrisa en tu cara, eso te permite estar presente con él, que te necesita mucho más que una casa limpia y ordenada, de eso se pueden encargar otros
  • Tal vez quieras levantarte y desaparecer porque la situación te abruma y al mismo tiempo sientes que no lo harás: en el fondo sabes que estos momentos desaparecerán pronto, los bebés crecen rápido

madre bebé contacto

Y tu entorno… tal vez te apetezca mucho estar con tu família o tus amigos, compartir tu maternidad, o no pensar en ella porque estás saturada. Eso está bien, rodéate de las personas que te hagan sentir bien.

O tal vez no quieras ver a nadie y que nadie te quite ni un minuto de estar con tu bebé. Eso también está bien.

Quizás necesitas a alguien que te ayude sin preguntar el por qué, sin juzgar lo que sientes o dices… que ordene la casa mientras tu estás con tu hijo en vez de que te digan “ve tranquila a hacer lo que necesites, que nosotros nos quedamos vigilando al bebé”. O al revés, porque prefieras moverte y hacer algo en casa en lugar de sentarte a mirar como duerme. Todas las opciones están bien. Cada una tiene su modo de adaptarse a la maternidad.

Y mientras tanto, no importa si estás peinada, si la casa está limpia, si hueles de maravilla o no, … Pregúntate qué es lo que necesitas, qué es lo importante para ti, y qué necesita el bebé.

Si necesitas tiempo sola, pide ayuda. Si necesitas salir de casa, puedes hacerlo. Si necesitas estar en la cama todo el día con el bebé cerca, adelante. Si necesitas desahogarte, hablar sin que te pregunten nada, busca alguien que pueda acompañarte.

Tener una persona que te acompañe amorosa y respetuosamente, sin preguntas, sin juicios de valor, sin condiciones, que te comprenda, te hará sentir respetada, segura, tranquila.

 

Respira. Disfruta. Date tiempo para acomodarte en tu nueva vida, en ese cambio que parecía que iba a durar 9 meses, y resulta que ya es para siempre. Verás que después, todo empieza a encajar: tu bebé, tu cuerpo, la organización de tu vida, tu maternidad.

 

Parir acompañada

El momento que llevas tanto tiempo esperando, llega al fin y al cabo. Cuando termina el proceso de gestación, cuando tu hij@ está preparad@ para nacer, para respirar, para empezar su vida fuera del útero, se inicia el parto.

 

El acto de parir, rodeado de leyendas, mitos, miedos, angustias, temores y dolor en nuestro imaginario, queda desprovisto de su esencia: el acto de parir es un acto fisiológico. Eso significa que si tu no opones resistencia, tu cuerpo pone en marcha todo lo necesario, sin que tu intervengas conscientemente, para que tu bebé nazca. Así de simple.

Se que en realidad no es tan simple, que son muchas horas, que hay dolor y temores. También se que hay ilusión, esperanza, confianza, valor. Y que todo es más fácil si confías. ¿En quién? En ti. Y en tu bebé.

 

Somos humanos. Y pensamos. Elaboramos escalas de valores, pensamientos abstractos y complejos, juicos y prejuicios de todo… y nos olvidamos de nuestra herencia. De nuestra condición de mamíferas. Y ocultamos nuestra parte animal. O al menos, lo intentamos.

Recuerdo que en mi primer embarazo, vi varios videos de partos en casa y en hospital. Y no entendía como aquellas mujeres podían quedarse desnudas delante del equipo médico o delante de una cámara en su casa. Chillando, llorando, bailando, riendo, pariendo. Aunque estuvieran pariendo. O sobretodo porque estaban pariendo. Cuando llegó mi parto lo entendí.

Entendí que durante el parto el tiempo tiene otro ritmo.

Entendí que tu conciencia está en otro lugar.

Entendí que nuestra parte animal necesita salir de nuestro interior para facilitar todo el proceso. Bueno, en realidad lo entendí al recordarlo, durante el parto simplemente sentí. Me dejé llevar. Primero por el dolor, la desesperación y el miedo. Y así pasé toda la noche. Después me rendí. Dejé de luchar, y pedí anestesia peridural. El dolor y los nervios que me atenazaban se calmaron. Y me quité la ropa aún no se cuando exactamente, balanceándome, andando, agachándome o tumbándome cuando yo quería. Y después, me reía cuando me decían que había estado 15 horas de parto.

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En mi segundo parto, aún sabiendo que teníamos que provocarlo, que seguramente mi hija estaría hospitalizada unos días, aún temiendo que pudiera tener secuelas, estando en un hospital mucho menos acogedor… me dejé llevar. Mucho más que en el primero (y de eso también fui consciente después). Lloré por no poder esperar a que ella decidiera nacer, lloré porque me sentía culpable (nuestra amiga la culpa siempre aparece en algun momento, aunque no tengas culpa de nada) por lo que estaba sucediendo. Luego hablé con mi hija. Le pedí disculpas porque tenía que nacer ya, porque debíamos vernos antes de tiempo, le pedí que fuera valiente y fuerte, que yo estaría con ella.. le dije que la quería muchísimo y esperaba que todo se pudiera solucionar. Luego pedí que me indujeran el parto de la forma más natural posible, que no quería oxitocina intravenosa. Quizás por mi mirada, o por mi tono, accedieron. El parto duró casi 24 horas.

 

Canté, bailé, conecté con mi hija, sentí el dolor de un modo distinto (dolor igualmente, pero cada contracción me acercaba más a mi hija, me ayudaba a acompañarla en su nacimiento apresurado), grité y aullé como una loba.

 

Además, no estaba sola. Mis hijas (una en cada parto) y yo nos acompañábamos mutuamente, en mi parto, y en su nacimiento. Y no estábamos solas. Una persona más estuvo todo el tiempo con nosotras. Muy cerca, pero lejos a la vez. Mirándonos con amor, observádonos, esperando el momento en que le pidiera algo con la mirada para acercarse, dispuesta a estar allí el tiempo necesario. Sin juzgar, sin preguntarnos nada más que lo necesario: ¿quieres agua? ¿pongo de nuevo la música? ¿tienes calor?, para asegurarse que entendía mi mirada.

Su labor fue acompañarme. Y lo hizo genial, desde su calma, su ritmo pausado, su amor. Yo confiaba y confío mucho en esa persona. Y para mi esa era la persona ideal para estar conmigo en mis partos. Ahora se que tal vez  una persona más, de características distintas, me hubiera ayudado mucho en algunos momentos, pero entonces no lo sabía. Y si lo hubiera sabido, habría tenido tres personas acompañádome, en lugar de una.

Te debes estar preguntando qué características ideales tiene que tener quien te acompañe durante el parto. Y también debes estar preguntándote qué pasa si mi X (marido, madre, hermana,..) no las tiene, porque le hace muuuucha ilusión estar ahí. Y claro, no le puedo decir que no quiero que esté.

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He conocido a mujeres que han intentado un parto natural porque su pareja estaba convencido de ello, pero no ellas, así que la experiencia no fue buena. He conocido mujeres que han discutido con sus parejas estando de parto, o que no se han sentido acompañadas ni apoyadas en esos momentos; para ellas el recuerdo del parto tampoco es maravilloso.

Aunque me toméis por loca, voy a deciros algo que siento desde mi racionalidad, como bióloga conocedora del proceso fisiológico del parto, y también desde mi feminidad:

 

El parto es la culminación de un proceso de creación de vida. Tu cuerpo es capaz de crear y nutrir una nueva vida. Y también es capaz de acompañarlo para nacer. Tu cuerpo es maravilloso y mágico. Y tu cuerpo forma parte de ti. Igual que tu cuerpo se abre a la vida, se transforma y cede, tu mente puede hacerlo también. O al menos, acercarse lo más posible, según tus creencias, ilusiones y limitaciones, a esa vivencia de comunión con la VIDA.

Para facilitar todo esto, para poder estar tranquila, sentirte acogida, protegida, acompañada, y poder dejarte llevar, y poder pedir apoyo y ayuda cuando lo necesites, es muy importante elegir quién va a estar contigo en el proceso del parto.

 

Desde mis experiencias de parto, si pudiera volver a ser madre, éstas son los temas clave que me ayudarían a elegir quién (o quienes) me acompaña(n):

1.Conoce y respeta rigurosamente mis deseos sobre como quiero parir.

2.Hemos acordado que escuchará por mi cuando yo no pueda hacerlo, por estar sumergida en mi mundo (respiraciones, contracciones, conexión con el bebé..).

3.Podrá defender mis decisiones y preguntar y pedir explicaciones sobre posibles actuaciones de emergencia durante el parto si yo no tengo fuerzas para hacerlo, para contármelo como yo necesite y que pueda dar mi consentimiento informado.

4.Tiene un carácter afable, agradable para mi. Me hace reír, me siento reconfortada con esa persona.

5.Me transmite calma y serenidad.

6.Comprende que puedo estar de buen humor o ponerme nerviosa y de mala leche durante el parto, y aunque “pague el pato”, sabe que no va con el/ella.

7.Es paciente, me comprende y respeta.

8.Tiene los conocimientos mínimos necesarios para abrazarme, acunarme, sujetarme, hacerme un masaje… y quiere hacerlo.

9.Tiene mis mismas creencias espirituales, o las respeta.

10.Sabe como ayudarme a recuperar confianza en mi misma cuando flaqueo.

 

Y en ningún caso, esa persona que te acompañe debe:

1.Agobiarse por tus gritos, lloros, risas etc,.., durante el parto.

2.Increparte por tardar demasiado, porque te quejes mucho o porque te sientas cansada durante el parto.

3.Ponerse nervioso/a, alzar la voz, chillar.

4.Ausentarse sin decirte nada, aunque ausentarse sea no salir de la habitación, pero ponerse a jugar con el móbil.

5.Hacer nada con lo que no te sientas a gusto: hacer fotos, grabar videos, contar chistes.. lo que sea.

 

Todo aquello que nos ayude a poder conectar con nosotras, con nuestro bebé, con nuestra mamífera interior, es positivo y bienvenido.

Por si sientes curiosidad, la persona que me acompañó durante mis partos fue mi pareja, el padre de mis hijas. Y si pudiera tener otro bebé, él volvería a estar conmigo, aunque también buscaríamos una doula que estuviera con nosotros, para escuchar y hablar si no podemos o no atinamos a reaccionar como quisiéramos, para estar presente sin estar, para ver la situación con perspectiva, en la cercanía silenciosa. Esa sería mi elección. ¿Y la tuya? Sea cual sea la tuya, tienes la libertad y el derecho de decidirlo TU. Ni tus compromisos familiares, ni tus elecciones anteriores, ni tu madre porque te parió a ti, ni tu pareja porque te quiere mucho, ni tu hermana porque le hace ilusión. Solamente tu, que eres quien va a vivir un parto, puedes decidir y acertar, quien va a estar contigo y tu bebé.

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Todo lo que nos rodea nos puede influenciar. Tener a nuestro lado a personas que nos transmitan la fuerza, la calma, la energía y la serenidad que necesitamos para vivir el parto en vez de sobrevivir a él, nos permitirá tener una vivencia más positiva y un recuerdo empoderador.

Elegir lugar para parir: lo que aprendí de mis 5 embarazos

Tengo que confesar que en mi primer embarazo no me cuestioné dónde parir. Pero también tengo que confesar que, después de mi primera experiencia de parto, fue una de las preguntas más importantes que me hice en los embarazos que tuve después.

¿Te has preguntado cuáles son las características más importantes que debe tener el lugar donde vas a dar a luz a tu bebé?

Después de la experiencia de cinco embarazos te voy a decir cuáles son, a mi parecer, las 5 preguntas que puedes hacerte y que te permitirán elegir con más seguridad el lugar que mejor se adapte a tus necesidades.

 

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  1. Saber cómo quieres parir.

En mi primer parto me di cuenta de una cosa: no me había planteado conscientemente cómo quería parir. Mi parto fue muy estresante, lleno de miedo. Dejando de lado la valoración de si las actuaciones de los profesionales sanitarios que me atendieron fueron o no fueron las más acertadas y óptimas, lo cierto es que el conocimiento y la información me hubieran hecho ser más partícipe de lo que estaba pasando en esos momentos. Y, quién sabe, quizás algunas de las cosas que sucedieron no hubieran tenido lugar.

Sin embargo, lo que sí que me quedó muy claro después de esa experiencia tan dura, fue lo que sí que estaba segura que no deseaba que se repitiera.

Conocer el proceso de un parto es importante para saber a qué nos vamos a enfrentar, así como conocer lo que puede ayudar o ser un impedimento para que el parto siga el curso que nosotros queremos.  No saber nos hace vulnerables a decisiones que podríamos tomar incluso antes de haber parido. Si sabes cómo quieres parir sabrás qué recursos, tanto materiales como humanos, debe tener el lugar que elijas para hacerlo.

 

  1. Las características de tu embarazo

A veces nos hemos preparado muy bien para un parto de los que denominan de bajo riesgo. Pero es cierto que los partos no siempre son así.

Recuerdo en mi segundo embarazo que me indicaron que mi bebé venia en posición podálica. Aunque después de informarme bien supe que la información me la dieron mucho antes de que se tuviera que tomar ninguna decisión importante (todavía había tiempo para que se colocara en posición cefálica), la noticia hizo plantearme decisiones que no había contemplado: desde la posibilidad de intentar un parto de nalgas hasta programar una cesárea.

Las situaciones que salen de la “normalidad” de un parto y hacen que se tengan que tener en cuenta otros aspectos también son tratadas bajo un protocolo que puede variar de un profesional a otro. El protocolo de parto puede llegar a ser muy diferente según el hospital o profesional del que hablemos. Conocer todas las opciones, con sus ventajas e inconvenientes es importante si quieres tomar una decisión consciente de cómo deseas recibir a tu hijo o hija.

 

  1. Elaborar un plan de parto

Una vez sabemos cómo queremos parir teniendo en cuenta las características de nuestro embarazo, es recomendable que esos deseos queden plasmados en un papel.

En el momento en el que te pones de parto no siempre estás en condiciones de tomar decisiones. La concentración y control en el periodo de dilatación, la intensidad del expulsivo, el momento irrepetible de conocer a tu bebé… hacen que entres en un proceso que con frecuencia te hace desconectar de tu entorno, incluso a veces también de las personas que te rodean si el contexto lo permite (sin interrupciones constantes, intervenciones que no son siempre necesarias, ambiente con poca luz, confianza en ti misma…). En ese sentido, también es importante tener la certeza que quienes te van a acompañar en el parto conozcan tus necesidades y deseos.

El objetivo de elaborar un plan de parto, pues, es dar a conocer a las personas que van a estar a tu lado desde que empieza el proceso hasta la llegada de tu bebé, cuáles son los recursos que puedes pedir durante el periodo de dilatación y expulsivo o qué acciones quieres o no quieres que se realicen (o se intenten evitar en la medida que sea posible). De este modo, si se da el caso que se tenga que tomar alguna decisión, ésta vaya en consonancia con lo que te gustaría que fuera ese momento único de dar a luz a tu bebé.

La elaboración de un plan de parto es muy útil si tenemos en cuenta que, según donde vayas a parir, las personas que te van a atender no van a ser las mismas que te han estado siguiendo durante el embarazo y no conocen cuáles son tus deseos y necesidades.  En este sentido, es importante saber hasta qué punto el lugar donde quieres dar a luz respeta el plan de parto que has elaborado.

 

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  1. La comodidad y la intimidad del post parto inmediato

El parto es un momento muy íntimo. Cada mujer lo vive en función de muchas variables que lo pueden hacer el momento más maravilloso, pero también quizás el más agotador, duro y doloroso.

Sin entrar en detalle sobre lo que puede hacer que no todas las mujeres vivamos el parto igual (ni siquiera la misma mujer vive todos los partos del mismo modo, me pongo yo como ejemplo), tampoco todas las mujeres vivimos el postparto de la misma manera.

El cansancio del parto, las ganas de mostrar la criatura al mundo, la necesidad de conexión con tu bebé, las visitas no deseadas… entre otras muchas cosas,  pueden condicionar que vivas con más o menos tranquilidad las horas posteriores al parto, cuando estás  recuperándote de todo el proceso.

De la comodidad de estar en un espacio familiar como tu casa a compartir con otra madre la habitación de un hospital hay varias opciones. Cada cual con sus ventajas y sus inconvenientes. Pero saber cómo va a ser el espacio donde vas a pasar las primeras horas de tu post parto es importante, porque de ello va a depender también que te sientas más tranquila y te puedas ocupar sin preocuparte de lo que en esos momentos priorizas: tu bebé y tú.

 

  1. Cuáles son los indicativos.

Por último, pero no menos importante, son los datos y estadísticas que pueden describir también el lugar elegido. Me refiero a cuál es el índice de cesáreas, por ejemplo, que se realizan y que, según la OMS no debería pasara del 20% de los partos que se llevan a cabo.

Además de las cesáreas, hay otras actuaciones que pueden formar parte del protocolo de atención a un parto normal (que son la mayoría) y de las  cuales hay informes que muestran las ventajas o inconvenientes de realizarlas. Conocer cuál es la posición de los profesionales del hospital en el que quieres dar a luz te dará una idea de cuál va a ser la tendencia de actuación cuando estés de parto y te encuentres en una situación que propicie dichas acciones.

También es importante conocer el grado de satisfacción de las personas que se visitan. Esta información no es siempre fácil de encontrar. Depende de cada hospital que estas estadísticas estén o no al alcance de los usuarios.  El hecho de que sean públicas, a mi parecer, también dice mucho.

 

Con estas 5 cuestiones no pretendo afirmar que parir de un modo sea mejor que otro. Pero sí que quiero que sepas que cuanta más información tengas más elementos habrá para terminar de decidir dónde y cómo quieres dar a luz y recibir a tu hij@. Eso no va a significar que la decisión sea más fácil, pero sí te hará más consciente y responsable de tomar las riendas de uno de los momentos únicos e irrepetibles de tu vida.

5 preguntas para hacerte antes de dar a luz

antes del parto

Durante mi primer embarazo, estuve leyendo mucho acerca del desarrollo del bebé intraútero. Y de cómo eran los partos “normales”. Leí algún libro sobre cómo debía sentirse el bebé dentro de la barriga de la madre ( El vínculo afectivo con el niño que va a nacer, Dr. T. Verny), también alguno sobre la llegada del alma a su cuerpo (ésto es un poco metafísico pero me sentí muy cómoda con la visión de la reencarnación que encontré en Los nueve peldaños, A. Givaudan, D. Meurois).

Tenía miedo a que pudiera haber algún problema durante el parto. Sobretodo, mi miedo era no poder soportar el dolor, no poder ayudar a mi bebé a nacer, no poder parir tal y como parió mi abuela a sus 7 hijos. Siempre la vi como una mujer muy fuerte, poderosa, luchadora. Supongo que ir acercándome al final del embarazo y sentir que llegaba el momento, que no había vuelta atrás, me hizo verla más empoderada todavía.

Se que es una visión algo inocente, porque seguro que ella debió sentirse sola y vulnerable e insegura, al menos en su primer parto, que fue en el que más sufrió, según ella misma me contaba.

En mi segundo embarazo, después de la experiencia (bastante positiva y de la que tengo una vivencia muy feliz), tenía algo más claros algunos aspectos a los que no había prestado atención durante mi primer embarazo. Todo ésto me sirvió para poder superar, a pesar de todo el dolor e incertidumbre, lo que sucedió. (las vivencias de mis partos) al final de mi segundo embarazo.

 

Mis 5 preguntas para hacerse antes de dar a luz (un tiempito antes, no dos semanas antes :-)) son éstas:

 

1-¿cómo de cómoda quiero estar?

¿eres de estar en zapatillas y pijama por casa, o no? lo digo porque para mi, no es lo mismo estar cómoda y a mi aire, sentada en el suelo, o en el sofá, que estar con los zapatos de calle y “bien” vestida… yo no estaría igual de cómoda. Durante el parto, puedes sentir libertad de movimientos, caminar cómo y por donde quieras de tu habitación, o puedes estar tumbada y conectada a un suero y a las correas, con los movimientos limitados. (El primer parto de Laia Simón)

Cualquier detalle a tu alrededor que te haga sentir bien, relajada, segura, hará que todo fluya mejor, y que sea más fácil para ti sobrellevar las temidas contracciones. Un ambiente íntimo y tranquilo favorece la secreción de la oxitocina que tu cuerpo genera durante el parto (y las contracciones dolerán menos). Alguien desconocido que entra de golpe en la habitación, que te hagan muchas preguntas, un tacto detrás de otro, etc.., puede frenar a tu cuerpo, que deja de producir oxitocina, y el parto se estanca.(la comodidad de la madre o del profesional)

 

Claro que cada una se conoce y sabe qué le puede incomodar y qué no. Por eso es importante que te plantees muy seriamente ésta cuestión, porque el lugar donde vayas a dar a luz debería estar en concordancia con lo que tu vas a necesitar para estar presente, consciente y poderosa, durante el parto.

 

2-¿quién quieres que esté a tu lado durante el parto?

por lo general, todas decimos ”nuestra pareja”. Hace 50 años no había hombres presentes en los partos (a veces, solo a veces, un médico), ahora es algo normalizado. Michel Odent por ejemplo, no es partidario de que los hombres estén al lado de sus parejas durante el parto (Entrevista con Michel Odent). Pero resulta que eso también es decisión tuya: si quieres parir sola, adelante. Si quieres que tu pareja esté a tu lado porque te transmite tranquilidad, porque sabe acompañarte, o porque te hace reír y vas a necesitarlo, adelante también.

Y si quieres que esté tu madre, tu hermana, tu tía, tu doula, tu vecina, tu mejor amiga o quien sea, pues también adelante.

Sé que ésto puede generar un conflicto, pero el momento de ser madre es suficientemente importante (porque es tu cuerpo el que ayuda a recibir la nueva vida que ha creado) para anteponer tus necesidades a las de tu pareja, tu madre, tu hermana o quien sea. Hablando con el corazón en la mano, tu pareja lo entenderá si lo que quieres es que no esté.

 

3-¿tu comadrona y/o tu ginecólogo te dan buenas vibraciones? ¿te sientes cómoda con ellos?

Si tu embarazo lo ha “controlado” el Sistema Nacional de Salud y no es de riesgo, te habrás ido citando con una comadrona. Y si había algún riesgo, con un ginecólogo. En ambos casos, cuando vayas al hospital, te vas a encontrar con el equipo que esté de guardia.

Reconozco que saber que no conoces al equipo médico que va a asistir tu parto es algo inquietante. Pero os aseguro (al menos en mi caso fue así en ambas ocasiones) que cuando llegué al hospital, lo que menos me importaba era si conocía o no a las personas que me iban a  atender en caso que hubiera alguna complicación. Confío plenamente en los profesionales de la salud y se que si es necesario, actuarán con celeridad e intentarán ayudarme, por supuesto.

Lo que me generaba más inseguridad, era que no me explicaran lo que iban a hacerme si debían intervenir.

Lo que me inquietaba era que no me escucharan si yo decía NO a alguna prueba, o tacto, o intervención.

Lo que no me hubiera gustado, es que no me contaran claramente lo que iban a hacerme antes de hacerlo.

Afortunadamente para mí, el equipo médico que me atendió en el primer parto fue cariñoso y empático conmigo, y excepto en un momento concreto, me sentí muy bien atendida, y respetada.(Protocolo de atención al parto normal)

 

Si tu embarazo lo “acompaña” un médico de mútua, privado, la cosa cambia. Porque seguramente el equipo médico que te atienda en el parto sea su equipo. Entonces sí que importa, y mucho, que analices si te sientes cómoda, respetada y escuchada en las visitas.

Y que le hagas muchas preguntas, todas las que necesites hacerle, las que creas que son importantes y las que no.

 

En ambas situaciones, lo óptimo es que TU sepas qué quieres, sepas que la que está de parto eres tu, que no estás enferma y tampoco has perdido facultades mentales por ponerte de parto.

Si no te sientes cómoda con el equipo médico que te ha tocado (incluso con la matrona que te visita durante el embarazo por la SS) puedes pedir un cambio. Tienes todo el derecho a cambiar de ginecólogo, de comadrona y de hospital, cuando quieras. Aunque estés de 8 meses. Si eso va a hacer que te sientas mejor, adelante. Los médicos y las matronas saben hacer su trabajo tanto si han visto crecer tu vientre como si no, atienden partos a diario. Pero tu parto, el tuyo y de tu hijo, solo lo vas a vivir una vez, así que escoge consciente y tranquila.

 

4-¿qué bienvenida quieres brindarle a tu bebé?

El bebé que crece dentro de tu útero puede oír los ruidos a su alrededor desde aproximadamente las 20 semanas de gestación, y a las 25 semanas están totalmente formados los oídos, aunque el líquido amniótico amortigua los sonidos que percibe. Conoce tu respiración, el ritmo de tu corazón, el ruido de tus órganos, y también tu voz. Tal vez no entiende las palabras que le digas, pero si comprende los sentimiento que se desprenden de tus palabras. El 80% de lo que transmitimos es lenguaje no verbal: las miradas, la posición, el movimiento de nuestro cuerpo, el tono de nuestra voz, transmiten información. Y nuestro bebé puede sentir cómo te sientes: tu tono de voz, la tensión de tu cuerpo, la velocidad a la que late tu corazón… no sólamente porque oiga lo que sucede, sino porque cualquier respuesta tuya al entorno, se traduce en unos niveles hormonales determinados que desencadenan reacciones en tu cuerpo, y en el suyo, puesto que vive dentro de ti, y recibe parte de las hormonas que tu cuerpo fabrica. Igual que a ti te envuelve tu entorno, tu le envuelves a él, eres su entorno.

Durante el parto, tus hormonas le acompañan, tu respiración, tus sensaciones, tu voz. Y tus nervios, la medicación que te pongan a ti también le afectará a él, tu presencia o no también le afecta. Su separación de ti en  cuanto salga de tu cuerpo, también le afectará. (Restaurando el paradigma original, Nils Bergman)

 

Así que pregúntale también a tu equipo médico sobre el protocolo para el recién nacido: lo podrás coger, le cortarán inmediatamente el cordón umbilical, se lo llevarán de tu lado para pesar, medir, test Apgar…, o pueden hacer todo eso más tarde, o delante de ti..?

 

Para tu bebé, también va a ser el único día en que nazca (en ésta vida, si crees en la reencarnación), así que cuanto más amoroso y respetado sea el entorno que lo reciba, mejor, ¿no crees? (Plataforma Pro Derechos del Nacimiento)

 

5-¿y después del parto?

Bueno, ésta pregunta tiene trampa, lo reconozco… después del parto te preguntarás cosas cada día, y ya no dejarás de preguntarte cosas sobre tus hijos, y eso está bien. Encontrar tu propio camino, tu manera de ser madre, de criar. Descubrir tu fórmula para ser madre, sin prejuicios, sin ataduras sociales autoimpunestas… es genial. Y cada una encontrará su senda.

Pero los primeros días… esos en los que estás a la vez cansada y feliz, exultante de emociones, abrumada, desesperada, nerviosa, perdida, tranquila, dormida, preocupada…. y un sinfín más de sentimientos, a veces contradictorios, pueden ser especialmente duros. Para tí, que te estrenas como mamá, y para tu bebé, que se estrena como persona fuera de tu ser. ¿qué necesitáis de verdad de la buena,tu y tu hijo? ¿serenidad?¿tranquilidad?¿contacto? ¿ternura? ¿ajetreo? ¿ruido? ¿espacio? (mis primeras horas como madre)

 

Las primeras semanas de adaptación entre los dos también són únicas, y pueden marcar mucho el recuerdo que tengas con los años, de las vivencias de entonces.

 

Tómate tu tiempo, elige según sientas, haz partícipe de tus decisiones a las personas que quieres que estén a tu lado. Y si en algún momento quieres cambiar de opinión, cambia.

 

Feliz fin de semana del Parto y Nacimiento Respetados

¿Dónde va a estar mejor?

Siempre me había parecido que muchos de los artículos que se supone que necesita tu bebé, o necesitas tu, cuando nace, eran innecesarios. Aún así, mi pareja y yo nos preocupamos por tener aquellos que nos parecían útiles: un moisés, un cambiador sencillo, una cuna, objetos varios de colores pastel suaves y musicales…

Después del parto, la habitación del hospital estaba llena de familiares ruidosos y felices por la llegada de un nuevo miembro en la familia. Mi bebé iba pasando de unos brazos a otros -¡que bien se porta!-, -no se extraña de nada-, se oía entre sonrisas. Y yo y mi pareja enormemente cansados después de un parto nocturno de 15 horas…

 

Algo chirriaba en mi: estaba muy feliz, pletórica, deseando cantar a los cuatro vientos que era madre, que mi hija había nacido ya… y a la vez, sólo tenía ganas de que se fueran todos: TODOS, y nos dejaran vivir aquellos momentos mágicos a nosostros tres.

 

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Pero mi instinto estaba todavía acallado por las normas sociales aceptadas, por la necesidad de creer que yo estaba perfecta, fuerte, que lo podía todo, y todo con la sonrisa y la calma de una madre serena y descansada.

 

Cuando mi niña ya había bailado por todos los brazos presentes en la habitación (tengo 20 primos y 6 tíos, todos adultos y con sus respectivas parejas… para que os hagáis una idea de la gente que había en la habitación del hospital), alguien decía: la dejamos en la cuna para que puedas descansar, que está dormidita. Ahí. Con toda la autoridad de “lo que tiene que ser”, según el saber popular.
Y mi instinto, diciéndome:
cógela…cógela…¡cógela!

 

¿De dónde sale, ése saber popular?

¿Quién sienta cátedra con sus argumentos, para que una sociedad acepte que la madre y el bebé deben descansar después del parto, cada uno en su cama?

¿Dónde empezó la ruptura del paradigma original?

¿Cuándo nos olvidamos de que somos animales mamíferos?

 

Pasadas esas primeras 24 horas de jolgorio familiar, la cosa empezó a calmarse. Y yo decidí coger a mi niña. Y cuanto más la cogía, menos la soltaba. Cuanto más cerca la tenía, más la olía, la observaba, la acariciaba y besaba. Y ella, después de unas horas que a mí se me hicieron eternas, de medio letargo y  de no querer teta, empezó a buscar de nuevo el pezón para amamantarse. Nos costó un tiempo y unos pezones enrogecidos y grietosos, entendernos con la teta. A ella, y a mí.

Estaba embelesada, encantada, enamorada de mi hija.

No podía dormir bien si la dejaba en el moisés, al lado de mi cama. Lo más cerca de mí que yo creía que debía dormir.  Me despertaba y me encontraba observándola: ¿tiene frío? ¿está dormida? ¿no tiene hambre?

Al cabo de unos días, mi pareja, dando un empujón a mi instinto me dijo con toda naturalidad: “ponla en la cama con nosotros”. Y eso hice. Y no sucedió nada. Nada malo. Pero dormimos mejor, y cuando empezaba a quejarse, ninguna de las dos terminaba de despertarse, sin abrir los ojos sacaba la teta, y ella comía, y nos volvíamos a quedar fritas. Ganó el instinto.

Es curioso, que aunque yo sintiera la necesidad de cogerla, fuera el hábito de cogerla lo que me generara más ganas de estar con ella, de tocarla, de llevarla en brazos conmigo. Igual que me había percatado de que era ella la que decidió cuándo nacer (intenté convencerla desde la semana 39 hasta la 41, me rendí, y nació en la semana 42); también descubrí que es el bebé, su presencia, y no nosotras, el que desencadena y  establece el vínculo con la madre, y con el resto de cuidadores.

Al fin y al cabo, somos el resultado del bagaje evolutivo de millones de individuos de especies distintas durante millones de años; una especie más dentro de los Mamíferos. Definirnos como “humanos” no nos distancia del resto de animales: nuestros cuerpos y nuestras reacciones siguen siendo el resultado de ese bagaje, traducido en unos niveles hormonales determinados en cada situación.

 

En los primeros meses de maternidad aprendí que lo más importante, ya lo tenemos. Aprendí que lo mejor que podía hacer era dejarme llevar, hacer lo que sintiera que quería hacer, escuchar mis emociones y mi corazón. Tuve que hacer un esfuerzo para encontrar mis emociones y entender lo que mi corazón me pedía, porque mis vivencias, mi educación, la comunidad en la que vivo y mi familia con la mejor de las intenciones, de algún modo me habían apartado de ese instinto primitivo. Menos mal que ahí estaba mi bebé para hacer el camino más fácil.

Soy una madre mamífera.

 

¿Cómo te conociste con tu bebé?

¿Escuchaste a tu instinto?

Cuéntanos tu vivencia, comenta lo que quieras…  o comparte nuestro post.

Gracias

 

Mònica Pons

 

 

Estrategias de supervivencia: llegamos con el bebé a casa

Falta poco para que nazca tu bebé, tal vez un par o tres de meses, tal vez menos.

Empiezas a plantearte seriamente cómo organizar la casa para tener bajo control los aspectos logísticos: donde va a dormir, donde guardar su ropa, los pañales; tener la casa libre de trastos… Quizás te suene lo que te estoy explicando y pienses: todo eso ya lo he hecho. No sé por qué, pero ¡un día sentí unas ganas irreprimibles de ponerme a limpiar y ordenar todo! Algunas personas llaman a esa sensación “el síndrome del nido”.

 

Vamos a resumir en 4 aspectos lo que necesitas:

 

1. La maleta para el hospital:

Tu ginecólogo o tu matrona te darán una lista con las cosas básicas que debéis llevar, aunque lo que realmente necesitas es ropa, pañales, muchas ganas y un poco de calma, siempre va bien tener esa lista porque dependiendo del hospital, variará un poco.

 

2. El orden en tu casa:

Es cierto, cuando lleguéis a casa, es mejor que los proyectos que tuvierais pendientes ya esten hechos: tirar trastos del garaje, ordenar el trastero, montar el armario para las cosas del bebé… Tener la casa bajo control os dará tranquilidad.

 

3. Las comidas:

Puede ser que en los primeros días no tengáis ganas de cocinar, que tu pareja tenga que trabajar, o que se os pasen las horas volando. Organizar un menú para un par de semanas e ir congelando platos ya preparados, tener a mano tres o cuatro teléfonos donde poder llamar para que os traigan comida preparada (o saber que vuestra familia os preparará algunas de las comidas), también os será muy útil.

 

4. Este es solamente para las amantes de la organización:

Haz un horario con las cosas más básicas que quieras hacer por la mañana y por la noche pase lo que pase. Si alguien viene a verte y quiere ayudar (y si no, le puedes pedir tú la ayuda) siempre sabrá cómo hacerlo.

 

 

Y un día… ya está. Lo que últimamente parecía que no iba a llegar nunca sucedió:

tu bebé ha nacido.

 

 

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En las horas de hospital habéis empezado a conoceros, pero el ambiente del hospital no es siempre lo calmado y tranquilo que quisiéramos; ahora por fin llegáis a casa: tu cama, tu sofá, tu espacio… ¡y ni una enfermera cerca para preguntar! ¿cómo era para limpiarle el ombliguito?, ¿está llorando y no sé qué hacer…?, ¿dónde están los pañales?

 

 

Tranquilos.

Todo lo que necesitáis ya lo lleváis encima, y el resto, lo tenéis cerca seguro.

 

 

Mis experiencias como madre me han dado muchas historias de ensayo-error, la mayoría con muchas risas al final del día, y también algunas lavadoras de más, así que voy a haceros una lista de 5 claves de la llegada a casa:

 

1. Subid a la nube por favor:

Esa sensación maravillosa de no-tiempo que se siente cuando tenéis en brazos al bebé, cuando se os duerme al lado, o en la teta, cuando lo observáis plácidamente dormido. Hacedla vuestra emoción habitual durante el día. Esa ensoñación con vuestro bebé facilitará mucho la creación del vínculo madre-bebé, porque tendréis ojos solamente y de verdad, para él/ella; y necesitáis de tiempo y calma para aprender a convivir juntos, para entender qué os está contando con sus expresiones, y a veces, su llanto.

 

2. Todo bien cerquita:

Ya sé que durante el embarazo se planea donde va a estar todo, y donde va a dormir quien… y está muy bien, pero lo bueno de esta vida es que podemos cambiar de opinión cuando queramos. Quizá esa cesta monísima que compraste para poner los pañales y una muda de recambio, no es práctica. Tal vez pusiste todo lo necesario para cambiarlo en su habitación, y ahora preferirías cambiarlo a tu lado en la cama, o en algún otro lugar de la casa: lo mejor es que tengas todo lo que necesites a menudo al alcance de la mano; y si quieres tenerlo por duplicado para evitar escaleras o un largo pasillo, pues adelante…

 

3. Dejar fluir la energía: escúchate.

Habrá quien te diga que no salgas con el bebé de casa porque hace mucho frío o mucho calor o mucho viento… y otros que te dirán que salgas mucho porque le tiene que dar el sol. ¿Cómo estás tu?, ¿te sientes con energía?, pues salid a dar un paseo y si el clima no acompaña, hay varias opciones que pueden hacer el paseo súper confortable a los dos. O por el contrario, ¿estás cansada?, pues túmbate a dormir cuando tu bebé duerma. En esto no hay reglas, claro que necesita salir, y seguro que saldréis a dar muchos paseos, pero si hoy no te apetece, y prefieres quedarte dormida mientras lo observas dormido, está perfecto también.

 

4. Mi pareja me mima:

Una pareja que te mime, te cuide, se tumbe contigo a embelesarse con el sueño de vuestro hijo/a, ponga lavadoras, limpie y cocine, ayuda un montón a estar tranquila, subir a la nube, tener todo cerca y fluir.

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5. El mundo puede esperar:

Ya sé que la familia (abuelas, abuelos, tíos, tías, etc..) tendrán unas ganas locas de ver al nuevo miembro de la familia, cogerlo, despertarlo, cambiarlo, bañarlo…, y quizá querrán venir a todas horas. Y a lo mejor tenéis muchas ganas de que estén en casa porque estáis pletóricas, pero tal vez no sea lo que deseéis ahora mismo. Si lo que queréis es tener un par de días en el hospital sin visitas, si lo que queréis es que os llamen antes de venir, y que cuando vengan sean silenciosos, y si traen algo de comida o les apetece tender la lavadora o barrer un poco .., nunca tendréis mejor momento para plantearlo que en cuánto lo sepáis. Si lo decidís antes del parto, habladlo con ellos. Y si creéis que os gustará tenerlos en casa, y luego os ponéis de los nervios al oir el timbre, contádselo entonces. Lo entenderán.

 

 

Éstas son mis 5 claves… ¿Qué te han parecido? ¿Añadirías alguna clave más? ¡Cuenta, cuenta..!

 

Por cierto, si te ha gustado el post, por favor, compártelo 🙂

 

Mònica Pons

Mi primera vez

Hoy quisiera compartir un post que escribí el verano pasado. Me costó seis años atreverme a escribir sobre ello en mi blog personal. 

Ahora, con motivo del curso que lanzamos en marzo, creo interesante compartir mi experiencia para mostrar cómo de vulnerables nos volvemos cuando no estamos bien informadas.

Laia Simón

post mater animam

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