Cómo vivir los enfados de tu hijo sin dramas.

¿Has vivido alguna situación parecida a esta? 

Estás en el supermercado y, al pasar por caja, tu hijo de 3 años ve unos caramelos. Los quiere. Y tú, como ya sabes de qué va el tema, los compras para poder terminar y llegar a casa sin dramas. 

Después de pagar, cuando por fin llegas al coche, cargas las bolsas y tu hijo, sentado y atado con el cinturón, abre el paquete de caramelos y grita:

«¡Estos no me gustan! ¡No son los que yo quería! ¡Quiero los rojos! «

¿Qué pasa en esos momentos por tu cabeza? 

  • No quieres entrar en el supermercado a por los otros caramelos. Es un jaleo ahora que ya está todo en el coche y estás a punto de irte.
  • Intentas convencer a tu hijo de que los que has comprado están muy buenos, aunque sabes que no va a dar resultado. Él quiere los rojos, por supuesto. 
  • Le vas a explicar que hoy tiene esos y que otro día podéis comprar los que le gustan. Pero probablemente no sirva porque los quiere ahora.

Poco a poco, y viendo que tu hijo no se conforma con las soluciones que le ofreces, los nervios empezarán a aflorar. Junto a ellos, todos los pensamientos que te recuerdan las miles de veces que has querido complacer a tu hijo y en las que, por mucho que lo intentas, no parece estar nunca conforme. 

«¿No le he dado lo que quería? ¿Y ahora por qué se enfada? ¡Este niño se está volviendo un consentido! ¿Tendrá razón mi madre?»

¿Te suena?

Confieso que, con tres hijos en casa, he vivido más de una vez estas situaciones y me han venido pensamientos inconfesables por unos instantes. 

El enfado y la inconformidad de tu hijo te remueven. Hay veces que te llegas a sulfurar con sus reacciones. Te entiendo. Pero también sé que lo que te ocurre tiene un explicación.

Te han enseñado a rechazar los enojos, las frustraciones y las rabietas. 

Probablemente, desde pequeña has recibido el mensaje de que lo que tú querías, lo que para ti era importante, no lo era para los adultos de referencia que tenías en tu infancia.

Cada vez que mostrabas este tipo de sentimientos, obtenías su rechazo con frase como: «no te quejes o te quedas sin» o «como te enfades me voy a enfadar yo más». 

Esta desaprobación ha quedado grabada en ti a fuego. Ahora que eres madre y juegas el papel de adulta, ha terminado saliendo como una reacción automática ante ciertos comportamientos de tu hijo. 

Sin embargo, déjame contarte un secreto que puede ayudarte a vivir estas situaciones con más calma y sosiego. 

Para reaccionar con respeto ante estos sentimientos de tu hijo, el primer paso es aprender a validarlos. Pero antes, voy a invitarte a que empieces a hacerlo con los tuyos. 

Es necesario que todos tus sentimientos tengan su propio espacio. Todos. Porque estar enfadada, molesta o frustrada también es importante para ti. Es algo que no te enseñaron de pequeña pero que ahora tienes la oportunidad de descubrir. 

Aprender a escucharte y conectar con lo que sientes es como hablar con tu mejor amiga. Esa que, por supuesto, no te juzga ni te critica, sino que, simplemente, te escucha y te comprende. 

Así que, la próxima vez que tu hijo se enfade, tenga una rabieta o se frustre por algo que no consigue, establece un diálogo contigo misma. Podría ser algo así como:

– Estoy enfadada.

– Te entiendo. Lo veo, estás enfadada.

– Estoy enfadada porque le he comprado los caramelos y ahora no los quiere. 

– Te entiendo, estás enfadada porque has hecho el esfuerzo de comprar los caramelos para poder llegar sin conflictos a casa. 

– Exacto. Estoy enfadada porque le he dado lo que quería y no he conseguido nada. 

– Te entiendo. Estás enfadada porque, pese a tus esfuerzos, no has conseguido llegar a casa sin conflictos. Estás frustrada. 

– Sí. Estoy frustrada y enfadada. No sé cómo evitar estas situaciones. 

– Estás agotada. Es un gran esfuerzo acompañar a una criatura de 3 años.

– Pues sí, lo es. A veces siento que lo estoy haciendo mal. 

– ¿Por qué crees eso?

– Porque sigue teniendo rabietas, se enfada y no se conforma en nada.

– ¿Siempre es así?

– No

– Entonces, ¿hay veces en las que tienes las herramientas para afrontar el problema con calma?

-Sí

– ¿Qué puedes hacer tú ahora para conseguirlo?

Aunque parece que este diálogo es muy largo, te aseguro que cuando lo tienes integrado en tu cabeza, tan solo son unos segundos. 

¿Y qué son unos segundos comparado con los beneficios de poder vivir los conflictos con calma y seguridad en ti misma?

¿Es importante para ti y la educación que deseas para tu hijo aprender a interiorizar este diálogo en ti?

Cuéntame, ¿qué pensamientos te vienen a la mente cuando tu hijo se enfada o se frustra y no encuentras la forma de calmarlo?

Deja tu comentario en este post, estaré encantada de leerte y ayudarte respondiendo a tus preguntas. 


Comments

  1. Creo que este post es ideal para afrontar el «periodo de adaptación».
    Sé que es válido que mi hijo entré llorando e intento ser un referente de calma y validación.
    No es su actitud la que me cuestiono sino la mía. Me cuestiono que realmente sea la mejor opción dejarlo con esa explosión de sentimientos.
    Y cuando lo compartes con la gente te encuentras respuestas como que te está chantajeando. No tiene ni siquiera el suficiente desarrollo cognitivo para hacerlo. Supongo que es el mecanismo de defensa que ha encontrado esa persona para no sufrir.
    Tal vez tengamos que pasar los dos por esto. Sale contento y cuando estamos calmados hablamos de que entiendo que le cueste separarse de mamá. Le digo que entiendo que sienta tristeza y la exprese, también le digo que yo también me quedo triste al verlo así pero que las dos cosas son naturales.
    Y vuelven las dudas, ¿demasiada verbalización para un niño tan pequeño o realmente le estoy ayudando a procesar lo que pasa?
    En fin, gracias por tu entrada y tu trabajo.

    1. Laia Simon Martín

      Gracias por compartir tu experiencia Raquel.
      Hablar sobre cómo vivís estas experiencias es hacerlas tangibles. ¿Te imaginas si lo ignoraras? ¿Qué supondría hacer como si no importaran o no existieran?
      Hablar sobre ello es necesario. Ayuda, no solo a ir comprendiendo poco a poco, si no a sentiros cerca el uno del otro. Me comprendo, te comprendo. Un abrazo inmenso.

  2. ROCIO DEL OJO PEREZ

    PUES SI, ASI ES, YO ME PONGO DE LOS NERVIOS Y ADEMAS NO SE COMO TRATAR A MIS HIJOS CUANDO TIENEN ESE COMPORTAMIENTO, LOS NERVIOS SE ME PONEN A FLOR DE PIEL , ME ENTRA POCA PACIENCIA Y GRITO …..Y ESO NO ES LO ADECUADO Y MI PROBLEMA ES QUE CADA VEZ GRITO MAS Y MAS Y YA POR CUALQUIER COSA NO SE COMO EVITAR ESO

    1. Laia Simon Martín

      Gracias por compartir tu experiencia Rocío.
      Entiendo que querer dejar de gritar y no saber cómo hacerlo es desesperante. Por suerte, hay mucha información en las redes que te puede ayudar.
      Aunque es cierto que es un proceso que requiere tiempo y paciencia, pues debemos desengancharnos de los patrones que nos hacen reaccionar de esa forma y aprender de nuevos.

      Te dejo este link para que le eches un vistazo http://laiasimonmartin.com/comunidad-ponte-en-sus-zapatos

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