Parir acompañada

El momento que llevas tanto tiempo esperando, llega al fin y al cabo. Cuando termina el proceso de gestación, cuando tu hij@ está preparad@ para nacer, para respirar, para empezar su vida fuera del útero, se inicia el parto.

 

El acto de parir, rodeado de leyendas, mitos, miedos, angustias, temores y dolor en nuestro imaginario, queda desprovisto de su esencia: el acto de parir es un acto fisiológico. Eso significa que si tu no opones resistencia, tu cuerpo pone en marcha todo lo necesario, sin que tu intervengas conscientemente, para que tu bebé nazca. Así de simple.

Se que en realidad no es tan simple, que son muchas horas, que hay dolor y temores. También se que hay ilusión, esperanza, confianza, valor. Y que todo es más fácil si confías. ¿En quién? En ti. Y en tu bebé.

 

Somos humanos. Y pensamos. Elaboramos escalas de valores, pensamientos abstractos y complejos, juicos y prejuicios de todo… y nos olvidamos de nuestra herencia. De nuestra condición de mamíferas. Y ocultamos nuestra parte animal. O al menos, lo intentamos.

Recuerdo que en mi primer embarazo, vi varios videos de partos en casa y en hospital. Y no entendía como aquellas mujeres podían quedarse desnudas delante del equipo médico o delante de una cámara en su casa. Chillando, llorando, bailando, riendo, pariendo. Aunque estuvieran pariendo. O sobretodo porque estaban pariendo. Cuando llegó mi parto lo entendí.

Entendí que durante el parto el tiempo tiene otro ritmo.

Entendí que tu conciencia está en otro lugar.

Entendí que nuestra parte animal necesita salir de nuestro interior para facilitar todo el proceso. Bueno, en realidad lo entendí al recordarlo, durante el parto simplemente sentí. Me dejé llevar. Primero por el dolor, la desesperación y el miedo. Y así pasé toda la noche. Después me rendí. Dejé de luchar, y pedí anestesia peridural. El dolor y los nervios que me atenazaban se calmaron. Y me quité la ropa aún no se cuando exactamente, balanceándome, andando, agachándome o tumbándome cuando yo quería. Y después, me reía cuando me decían que había estado 15 horas de parto.

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En mi segundo parto, aún sabiendo que teníamos que provocarlo, que seguramente mi hija estaría hospitalizada unos días, aún temiendo que pudiera tener secuelas, estando en un hospital mucho menos acogedor… me dejé llevar. Mucho más que en el primero (y de eso también fui consciente después). Lloré por no poder esperar a que ella decidiera nacer, lloré porque me sentía culpable (nuestra amiga la culpa siempre aparece en algun momento, aunque no tengas culpa de nada) por lo que estaba sucediendo. Luego hablé con mi hija. Le pedí disculpas porque tenía que nacer ya, porque debíamos vernos antes de tiempo, le pedí que fuera valiente y fuerte, que yo estaría con ella.. le dije que la quería muchísimo y esperaba que todo se pudiera solucionar. Luego pedí que me indujeran el parto de la forma más natural posible, que no quería oxitocina intravenosa. Quizás por mi mirada, o por mi tono, accedieron. El parto duró casi 24 horas.

 

Canté, bailé, conecté con mi hija, sentí el dolor de un modo distinto (dolor igualmente, pero cada contracción me acercaba más a mi hija, me ayudaba a acompañarla en su nacimiento apresurado), grité y aullé como una loba.

 

Además, no estaba sola. Mis hijas (una en cada parto) y yo nos acompañábamos mutuamente, en mi parto, y en su nacimiento. Y no estábamos solas. Una persona más estuvo todo el tiempo con nosotras. Muy cerca, pero lejos a la vez. Mirándonos con amor, observádonos, esperando el momento en que le pidiera algo con la mirada para acercarse, dispuesta a estar allí el tiempo necesario. Sin juzgar, sin preguntarnos nada más que lo necesario: ¿quieres agua? ¿pongo de nuevo la música? ¿tienes calor?, para asegurarse que entendía mi mirada.

Su labor fue acompañarme. Y lo hizo genial, desde su calma, su ritmo pausado, su amor. Yo confiaba y confío mucho en esa persona. Y para mi esa era la persona ideal para estar conmigo en mis partos. Ahora se que tal vez  una persona más, de características distintas, me hubiera ayudado mucho en algunos momentos, pero entonces no lo sabía. Y si lo hubiera sabido, habría tenido tres personas acompañádome, en lugar de una.

Te debes estar preguntando qué características ideales tiene que tener quien te acompañe durante el parto. Y también debes estar preguntándote qué pasa si mi X (marido, madre, hermana,..) no las tiene, porque le hace muuuucha ilusión estar ahí. Y claro, no le puedo decir que no quiero que esté.

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He conocido a mujeres que han intentado un parto natural porque su pareja estaba convencido de ello, pero no ellas, así que la experiencia no fue buena. He conocido mujeres que han discutido con sus parejas estando de parto, o que no se han sentido acompañadas ni apoyadas en esos momentos; para ellas el recuerdo del parto tampoco es maravilloso.

Aunque me toméis por loca, voy a deciros algo que siento desde mi racionalidad, como bióloga conocedora del proceso fisiológico del parto, y también desde mi feminidad:

 

El parto es la culminación de un proceso de creación de vida. Tu cuerpo es capaz de crear y nutrir una nueva vida. Y también es capaz de acompañarlo para nacer. Tu cuerpo es maravilloso y mágico. Y tu cuerpo forma parte de ti. Igual que tu cuerpo se abre a la vida, se transforma y cede, tu mente puede hacerlo también. O al menos, acercarse lo más posible, según tus creencias, ilusiones y limitaciones, a esa vivencia de comunión con la VIDA.

Para facilitar todo esto, para poder estar tranquila, sentirte acogida, protegida, acompañada, y poder dejarte llevar, y poder pedir apoyo y ayuda cuando lo necesites, es muy importante elegir quién va a estar contigo en el proceso del parto.

 

Desde mis experiencias de parto, si pudiera volver a ser madre, éstas son los temas clave que me ayudarían a elegir quién (o quienes) me acompaña(n):

1.Conoce y respeta rigurosamente mis deseos sobre como quiero parir.

2.Hemos acordado que escuchará por mi cuando yo no pueda hacerlo, por estar sumergida en mi mundo (respiraciones, contracciones, conexión con el bebé..).

3.Podrá defender mis decisiones y preguntar y pedir explicaciones sobre posibles actuaciones de emergencia durante el parto si yo no tengo fuerzas para hacerlo, para contármelo como yo necesite y que pueda dar mi consentimiento informado.

4.Tiene un carácter afable, agradable para mi. Me hace reír, me siento reconfortada con esa persona.

5.Me transmite calma y serenidad.

6.Comprende que puedo estar de buen humor o ponerme nerviosa y de mala leche durante el parto, y aunque “pague el pato”, sabe que no va con el/ella.

7.Es paciente, me comprende y respeta.

8.Tiene los conocimientos mínimos necesarios para abrazarme, acunarme, sujetarme, hacerme un masaje… y quiere hacerlo.

9.Tiene mis mismas creencias espirituales, o las respeta.

10.Sabe como ayudarme a recuperar confianza en mi misma cuando flaqueo.

 

Y en ningún caso, esa persona que te acompañe debe:

1.Agobiarse por tus gritos, lloros, risas etc,.., durante el parto.

2.Increparte por tardar demasiado, porque te quejes mucho o porque te sientas cansada durante el parto.

3.Ponerse nervioso/a, alzar la voz, chillar.

4.Ausentarse sin decirte nada, aunque ausentarse sea no salir de la habitación, pero ponerse a jugar con el móbil.

5.Hacer nada con lo que no te sientas a gusto: hacer fotos, grabar videos, contar chistes.. lo que sea.

 

Todo aquello que nos ayude a poder conectar con nosotras, con nuestro bebé, con nuestra mamífera interior, es positivo y bienvenido.

Por si sientes curiosidad, la persona que me acompañó durante mis partos fue mi pareja, el padre de mis hijas. Y si pudiera tener otro bebé, él volvería a estar conmigo, aunque también buscaríamos una doula que estuviera con nosotros, para escuchar y hablar si no podemos o no atinamos a reaccionar como quisiéramos, para estar presente sin estar, para ver la situación con perspectiva, en la cercanía silenciosa. Esa sería mi elección. ¿Y la tuya? Sea cual sea la tuya, tienes la libertad y el derecho de decidirlo TU. Ni tus compromisos familiares, ni tus elecciones anteriores, ni tu madre porque te parió a ti, ni tu pareja porque te quiere mucho, ni tu hermana porque le hace ilusión. Solamente tu, que eres quien va a vivir un parto, puedes decidir y acertar, quien va a estar contigo y tu bebé.

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Todo lo que nos rodea nos puede influenciar. Tener a nuestro lado a personas que nos transmitan la fuerza, la calma, la energía y la serenidad que necesitamos para vivir el parto en vez de sobrevivir a él, nos permitirá tener una vivencia más positiva y un recuerdo empoderador.

Elegir lugar para parir: lo que aprendí de mis 5 embarazos

Tengo que confesar que en mi primer embarazo no me cuestioné dónde parir. Pero también tengo que confesar que, después de mi primera experiencia de parto, fue una de las preguntas más importantes que me hice en los embarazos que tuve después.

¿Te has preguntado cuáles son las características más importantes que debe tener el lugar donde vas a dar a luz a tu bebé?

Después de la experiencia de cinco embarazos te voy a decir cuáles son, a mi parecer, las 5 preguntas que puedes hacerte y que te permitirán elegir con más seguridad el lugar que mejor se adapte a tus necesidades.

 

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  1. Saber cómo quieres parir.

En mi primer parto me di cuenta de una cosa: no me había planteado conscientemente cómo quería parir. Mi parto fue muy estresante, lleno de miedo. Dejando de lado la valoración de si las actuaciones de los profesionales sanitarios que me atendieron fueron o no fueron las más acertadas y óptimas, lo cierto es que el conocimiento y la información me hubieran hecho ser más partícipe de lo que estaba pasando en esos momentos. Y, quién sabe, quizás algunas de las cosas que sucedieron no hubieran tenido lugar.

Sin embargo, lo que sí que me quedó muy claro después de esa experiencia tan dura, fue lo que sí que estaba segura que no deseaba que se repitiera.

Conocer el proceso de un parto es importante para saber a qué nos vamos a enfrentar, así como conocer lo que puede ayudar o ser un impedimento para que el parto siga el curso que nosotros queremos.  No saber nos hace vulnerables a decisiones que podríamos tomar incluso antes de haber parido. Si sabes cómo quieres parir sabrás qué recursos, tanto materiales como humanos, debe tener el lugar que elijas para hacerlo.

 

  1. Las características de tu embarazo

A veces nos hemos preparado muy bien para un parto de los que denominan de bajo riesgo. Pero es cierto que los partos no siempre son así.

Recuerdo en mi segundo embarazo que me indicaron que mi bebé venia en posición podálica. Aunque después de informarme bien supe que la información me la dieron mucho antes de que se tuviera que tomar ninguna decisión importante (todavía había tiempo para que se colocara en posición cefálica), la noticia hizo plantearme decisiones que no había contemplado: desde la posibilidad de intentar un parto de nalgas hasta programar una cesárea.

Las situaciones que salen de la “normalidad” de un parto y hacen que se tengan que tener en cuenta otros aspectos también son tratadas bajo un protocolo que puede variar de un profesional a otro. El protocolo de parto puede llegar a ser muy diferente según el hospital o profesional del que hablemos. Conocer todas las opciones, con sus ventajas e inconvenientes es importante si quieres tomar una decisión consciente de cómo deseas recibir a tu hijo o hija.

 

  1. Elaborar un plan de parto

Una vez sabemos cómo queremos parir teniendo en cuenta las características de nuestro embarazo, es recomendable que esos deseos queden plasmados en un papel.

En el momento en el que te pones de parto no siempre estás en condiciones de tomar decisiones. La concentración y control en el periodo de dilatación, la intensidad del expulsivo, el momento irrepetible de conocer a tu bebé… hacen que entres en un proceso que con frecuencia te hace desconectar de tu entorno, incluso a veces también de las personas que te rodean si el contexto lo permite (sin interrupciones constantes, intervenciones que no son siempre necesarias, ambiente con poca luz, confianza en ti misma…). En ese sentido, también es importante tener la certeza que quienes te van a acompañar en el parto conozcan tus necesidades y deseos.

El objetivo de elaborar un plan de parto, pues, es dar a conocer a las personas que van a estar a tu lado desde que empieza el proceso hasta la llegada de tu bebé, cuáles son los recursos que puedes pedir durante el periodo de dilatación y expulsivo o qué acciones quieres o no quieres que se realicen (o se intenten evitar en la medida que sea posible). De este modo, si se da el caso que se tenga que tomar alguna decisión, ésta vaya en consonancia con lo que te gustaría que fuera ese momento único de dar a luz a tu bebé.

La elaboración de un plan de parto es muy útil si tenemos en cuenta que, según donde vayas a parir, las personas que te van a atender no van a ser las mismas que te han estado siguiendo durante el embarazo y no conocen cuáles son tus deseos y necesidades.  En este sentido, es importante saber hasta qué punto el lugar donde quieres dar a luz respeta el plan de parto que has elaborado.

 

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  1. La comodidad y la intimidad del post parto inmediato

El parto es un momento muy íntimo. Cada mujer lo vive en función de muchas variables que lo pueden hacer el momento más maravilloso, pero también quizás el más agotador, duro y doloroso.

Sin entrar en detalle sobre lo que puede hacer que no todas las mujeres vivamos el parto igual (ni siquiera la misma mujer vive todos los partos del mismo modo, me pongo yo como ejemplo), tampoco todas las mujeres vivimos el postparto de la misma manera.

El cansancio del parto, las ganas de mostrar la criatura al mundo, la necesidad de conexión con tu bebé, las visitas no deseadas… entre otras muchas cosas,  pueden condicionar que vivas con más o menos tranquilidad las horas posteriores al parto, cuando estás  recuperándote de todo el proceso.

De la comodidad de estar en un espacio familiar como tu casa a compartir con otra madre la habitación de un hospital hay varias opciones. Cada cual con sus ventajas y sus inconvenientes. Pero saber cómo va a ser el espacio donde vas a pasar las primeras horas de tu post parto es importante, porque de ello va a depender también que te sientas más tranquila y te puedas ocupar sin preocuparte de lo que en esos momentos priorizas: tu bebé y tú.

 

  1. Cuáles son los indicativos.

Por último, pero no menos importante, son los datos y estadísticas que pueden describir también el lugar elegido. Me refiero a cuál es el índice de cesáreas, por ejemplo, que se realizan y que, según la OMS no debería pasara del 20% de los partos que se llevan a cabo.

Además de las cesáreas, hay otras actuaciones que pueden formar parte del protocolo de atención a un parto normal (que son la mayoría) y de las  cuales hay informes que muestran las ventajas o inconvenientes de realizarlas. Conocer cuál es la posición de los profesionales del hospital en el que quieres dar a luz te dará una idea de cuál va a ser la tendencia de actuación cuando estés de parto y te encuentres en una situación que propicie dichas acciones.

También es importante conocer el grado de satisfacción de las personas que se visitan. Esta información no es siempre fácil de encontrar. Depende de cada hospital que estas estadísticas estén o no al alcance de los usuarios.  El hecho de que sean públicas, a mi parecer, también dice mucho.

 

Con estas 5 cuestiones no pretendo afirmar que parir de un modo sea mejor que otro. Pero sí que quiero que sepas que cuanta más información tengas más elementos habrá para terminar de decidir dónde y cómo quieres dar a luz y recibir a tu hij@. Eso no va a significar que la decisión sea más fácil, pero sí te hará más consciente y responsable de tomar las riendas de uno de los momentos únicos e irrepetibles de tu vida.

Talleres Adiós a los pañales

Este mes de junio hemos facilitado el taller Adiós a los pañales a más de 30 famílias en total, así que estoy muy satisfecha por el trabajo realizado, y por haber ayudado a tantas mamás y a tantos papás a encontrar recursos y herramientas para llevar esta etapa del desarrollo de sus hij@s como una aventura y no como  un “engorro” o un “suplicio”. Y además estuve acogida por un grupo  de mamás (Cu-cut) en Sant Sadurní d’Anoia, y por el espacio polivalente de La Panxamama, en Vilafranca del Penedès.

Lo mejor de estos talleres es que todas las famílias están en el mismo punto, y todas tienen ganas de escuchar y comprender mejor como evoluciona el control de esfínteres, qué capacidades fisiológicas, neurológicas y emocionales debe madurar nuestro bebé para estar preparado y empezar a olvidarse del pañal, y qué recursos tenemos al alcance para acompañar a nuestro hij@ y agilizar el proceso, partiendo de una actitud respetuosa y amorosa por parte de nosotros, los adultos.

También muy contenta con el ambiente acogedor y cómplice que se generó en las tres charlas, puesto que todas las famílias pudieron comentar su situación, sus miedos, temores y dudas. Al terminar el taller recogí respuestas en la evaluación del taller que pido a tod@s los participantes.

Estos son algunos de los testimonios ante la pregunta “¿qué te llevas del taller, para aplicar en casa?“:

 

N.Callau: “La tranquilidad de saber que es un proceso lento que hay que emprender con paciencia para que la niña lo viva con naturalidad”

Jose M.: “Ideas. Sobre todo la de hacerlo partícipe; paciencia y no tener miedo a dar un paso atrás”

Raquel F.: “Mucha información y herramientas para afrontar la etapa con tranquilidad y empatía hacia mi hija”

Linda: “Compartir mis sentimientos, implicarlo más en el proceso”

Jordi: “Unas cuantas pautas a seguir que pueden ser muy útiles”

Meritxell: “más tranquilidad y seguridad”

 

Y aquí algunas fotos de un par de los talleres, que a veces se me olvida esto de inmortalizar el momento…

 

Ha sido una agradable experiencia el poder ayudar a tantas famílias en este momento de la crianza. Hasta igual ¡repetimos en breve…!

 

Mònica Pons
mujer, madre, bióloga y doula

 

5 preguntas para hacerte antes de dar a luz

antes del parto

Durante mi primer embarazo, estuve leyendo mucho acerca del desarrollo del bebé intraútero. Y de cómo eran los partos “normales”. Leí algún libro sobre cómo debía sentirse el bebé dentro de la barriga de la madre ( El vínculo afectivo con el niño que va a nacer, Dr. T. Verny), también alguno sobre la llegada del alma a su cuerpo (ésto es un poco metafísico pero me sentí muy cómoda con la visión de la reencarnación que encontré en Los nueve peldaños, A. Givaudan, D. Meurois).

Tenía miedo a que pudiera haber algún problema durante el parto. Sobretodo, mi miedo era no poder soportar el dolor, no poder ayudar a mi bebé a nacer, no poder parir tal y como parió mi abuela a sus 7 hijos. Siempre la vi como una mujer muy fuerte, poderosa, luchadora. Supongo que ir acercándome al final del embarazo y sentir que llegaba el momento, que no había vuelta atrás, me hizo verla más empoderada todavía.

Se que es una visión algo inocente, porque seguro que ella debió sentirse sola y vulnerable e insegura, al menos en su primer parto, que fue en el que más sufrió, según ella misma me contaba.

En mi segundo embarazo, después de la experiencia (bastante positiva y de la que tengo una vivencia muy feliz), tenía algo más claros algunos aspectos a los que no había prestado atención durante mi primer embarazo. Todo ésto me sirvió para poder superar, a pesar de todo el dolor e incertidumbre, lo que sucedió. (las vivencias de mis partos) al final de mi segundo embarazo.

 

Mis 5 preguntas para hacerse antes de dar a luz (un tiempito antes, no dos semanas antes :-)) son éstas:

 

1-¿cómo de cómoda quiero estar?

¿eres de estar en zapatillas y pijama por casa, o no? lo digo porque para mi, no es lo mismo estar cómoda y a mi aire, sentada en el suelo, o en el sofá, que estar con los zapatos de calle y “bien” vestida… yo no estaría igual de cómoda. Durante el parto, puedes sentir libertad de movimientos, caminar cómo y por donde quieras de tu habitación, o puedes estar tumbada y conectada a un suero y a las correas, con los movimientos limitados. (El primer parto de Laia Simón)

Cualquier detalle a tu alrededor que te haga sentir bien, relajada, segura, hará que todo fluya mejor, y que sea más fácil para ti sobrellevar las temidas contracciones. Un ambiente íntimo y tranquilo favorece la secreción de la oxitocina que tu cuerpo genera durante el parto (y las contracciones dolerán menos). Alguien desconocido que entra de golpe en la habitación, que te hagan muchas preguntas, un tacto detrás de otro, etc.., puede frenar a tu cuerpo, que deja de producir oxitocina, y el parto se estanca.(la comodidad de la madre o del profesional)

 

Claro que cada una se conoce y sabe qué le puede incomodar y qué no. Por eso es importante que te plantees muy seriamente ésta cuestión, porque el lugar donde vayas a dar a luz debería estar en concordancia con lo que tu vas a necesitar para estar presente, consciente y poderosa, durante el parto.

 

2-¿quién quieres que esté a tu lado durante el parto?

por lo general, todas decimos ”nuestra pareja”. Hace 50 años no había hombres presentes en los partos (a veces, solo a veces, un médico), ahora es algo normalizado. Michel Odent por ejemplo, no es partidario de que los hombres estén al lado de sus parejas durante el parto (Entrevista con Michel Odent). Pero resulta que eso también es decisión tuya: si quieres parir sola, adelante. Si quieres que tu pareja esté a tu lado porque te transmite tranquilidad, porque sabe acompañarte, o porque te hace reír y vas a necesitarlo, adelante también.

Y si quieres que esté tu madre, tu hermana, tu tía, tu doula, tu vecina, tu mejor amiga o quien sea, pues también adelante.

Sé que ésto puede generar un conflicto, pero el momento de ser madre es suficientemente importante (porque es tu cuerpo el que ayuda a recibir la nueva vida que ha creado) para anteponer tus necesidades a las de tu pareja, tu madre, tu hermana o quien sea. Hablando con el corazón en la mano, tu pareja lo entenderá si lo que quieres es que no esté.

 

3-¿tu comadrona y/o tu ginecólogo te dan buenas vibraciones? ¿te sientes cómoda con ellos?

Si tu embarazo lo ha “controlado” el Sistema Nacional de Salud y no es de riesgo, te habrás ido citando con una comadrona. Y si había algún riesgo, con un ginecólogo. En ambos casos, cuando vayas al hospital, te vas a encontrar con el equipo que esté de guardia.

Reconozco que saber que no conoces al equipo médico que va a asistir tu parto es algo inquietante. Pero os aseguro (al menos en mi caso fue así en ambas ocasiones) que cuando llegué al hospital, lo que menos me importaba era si conocía o no a las personas que me iban a  atender en caso que hubiera alguna complicación. Confío plenamente en los profesionales de la salud y se que si es necesario, actuarán con celeridad e intentarán ayudarme, por supuesto.

Lo que me generaba más inseguridad, era que no me explicaran lo que iban a hacerme si debían intervenir.

Lo que me inquietaba era que no me escucharan si yo decía NO a alguna prueba, o tacto, o intervención.

Lo que no me hubiera gustado, es que no me contaran claramente lo que iban a hacerme antes de hacerlo.

Afortunadamente para mí, el equipo médico que me atendió en el primer parto fue cariñoso y empático conmigo, y excepto en un momento concreto, me sentí muy bien atendida, y respetada.(Protocolo de atención al parto normal)

 

Si tu embarazo lo “acompaña” un médico de mútua, privado, la cosa cambia. Porque seguramente el equipo médico que te atienda en el parto sea su equipo. Entonces sí que importa, y mucho, que analices si te sientes cómoda, respetada y escuchada en las visitas.

Y que le hagas muchas preguntas, todas las que necesites hacerle, las que creas que son importantes y las que no.

 

En ambas situaciones, lo óptimo es que TU sepas qué quieres, sepas que la que está de parto eres tu, que no estás enferma y tampoco has perdido facultades mentales por ponerte de parto.

Si no te sientes cómoda con el equipo médico que te ha tocado (incluso con la matrona que te visita durante el embarazo por la SS) puedes pedir un cambio. Tienes todo el derecho a cambiar de ginecólogo, de comadrona y de hospital, cuando quieras. Aunque estés de 8 meses. Si eso va a hacer que te sientas mejor, adelante. Los médicos y las matronas saben hacer su trabajo tanto si han visto crecer tu vientre como si no, atienden partos a diario. Pero tu parto, el tuyo y de tu hijo, solo lo vas a vivir una vez, así que escoge consciente y tranquila.

 

4-¿qué bienvenida quieres brindarle a tu bebé?

El bebé que crece dentro de tu útero puede oír los ruidos a su alrededor desde aproximadamente las 20 semanas de gestación, y a las 25 semanas están totalmente formados los oídos, aunque el líquido amniótico amortigua los sonidos que percibe. Conoce tu respiración, el ritmo de tu corazón, el ruido de tus órganos, y también tu voz. Tal vez no entiende las palabras que le digas, pero si comprende los sentimiento que se desprenden de tus palabras. El 80% de lo que transmitimos es lenguaje no verbal: las miradas, la posición, el movimiento de nuestro cuerpo, el tono de nuestra voz, transmiten información. Y nuestro bebé puede sentir cómo te sientes: tu tono de voz, la tensión de tu cuerpo, la velocidad a la que late tu corazón… no sólamente porque oiga lo que sucede, sino porque cualquier respuesta tuya al entorno, se traduce en unos niveles hormonales determinados que desencadenan reacciones en tu cuerpo, y en el suyo, puesto que vive dentro de ti, y recibe parte de las hormonas que tu cuerpo fabrica. Igual que a ti te envuelve tu entorno, tu le envuelves a él, eres su entorno.

Durante el parto, tus hormonas le acompañan, tu respiración, tus sensaciones, tu voz. Y tus nervios, la medicación que te pongan a ti también le afectará a él, tu presencia o no también le afecta. Su separación de ti en  cuanto salga de tu cuerpo, también le afectará. (Restaurando el paradigma original, Nils Bergman)

 

Así que pregúntale también a tu equipo médico sobre el protocolo para el recién nacido: lo podrás coger, le cortarán inmediatamente el cordón umbilical, se lo llevarán de tu lado para pesar, medir, test Apgar…, o pueden hacer todo eso más tarde, o delante de ti..?

 

Para tu bebé, también va a ser el único día en que nazca (en ésta vida, si crees en la reencarnación), así que cuanto más amoroso y respetado sea el entorno que lo reciba, mejor, ¿no crees? (Plataforma Pro Derechos del Nacimiento)

 

5-¿y después del parto?

Bueno, ésta pregunta tiene trampa, lo reconozco… después del parto te preguntarás cosas cada día, y ya no dejarás de preguntarte cosas sobre tus hijos, y eso está bien. Encontrar tu propio camino, tu manera de ser madre, de criar. Descubrir tu fórmula para ser madre, sin prejuicios, sin ataduras sociales autoimpunestas… es genial. Y cada una encontrará su senda.

Pero los primeros días… esos en los que estás a la vez cansada y feliz, exultante de emociones, abrumada, desesperada, nerviosa, perdida, tranquila, dormida, preocupada…. y un sinfín más de sentimientos, a veces contradictorios, pueden ser especialmente duros. Para tí, que te estrenas como mamá, y para tu bebé, que se estrena como persona fuera de tu ser. ¿qué necesitáis de verdad de la buena,tu y tu hijo? ¿serenidad?¿tranquilidad?¿contacto? ¿ternura? ¿ajetreo? ¿ruido? ¿espacio? (mis primeras horas como madre)

 

Las primeras semanas de adaptación entre los dos también són únicas, y pueden marcar mucho el recuerdo que tengas con los años, de las vivencias de entonces.

 

Tómate tu tiempo, elige según sientas, haz partícipe de tus decisiones a las personas que quieres que estén a tu lado. Y si en algún momento quieres cambiar de opinión, cambia.

 

Feliz fin de semana del Parto y Nacimiento Respetados

Estrategia para criar hijos autónomos (que no autómatas)

 

La ropa nos define. Define nuestro estado de ánimo, cómo nos sentimos, a donde vamos, .. puede proporcionarnos libertad, o ser una cárcel, un factor limitante. Igual que el resto de elementos que rodean nuestra vida: las relaciones, el trabajo, los vecinos, la tele, …

Mi hija mayor, tiene ahora 5 años. Tiene un estilo digamos.. ecléctico: ella puede salir a la calle con una falda gris con corazones blancos y un ribete monísimo de color rojo, una camiseta verde, una chaqueta de chandal marrón con un dibujo en rosa, medias lilas y botas de montaña. A mí me cuesta un poco (a veces horrores) no cambiarla de ropa, no obligarla a vestir de otro modo, no forzarla a ser más “aceptable” para los demás. A ir más”mona”.

 

se tu mism@

 

Por supuesto vivimos en sociedad, somos animales sociales, y buscamos la aceptación de nuestros congéneres. Sentirnos aceptados y parte de una comunidad nos proporciona seguridad y confort. Ese sentimiento de pertenencia a un grupo no debería estar reñido con ser como eres. Pero muchas veces lo está.

Seguramente ahora estáis pensando que soy una exagerada. Probad ésto: pensad en vuestros recuerdos de infancia, en qué ropa os ponían y en cómo os sentíais con ella, en cuántas veces os mandaban callar antes de decir dos palabras seguidas, en si os sentíais juzgados escuchando a los mayores hablar de uno sin tenerle en cuenta (estando presente). ¿Cuántas veces sucedieron esas escenas? ¿Creéis que cambiaron vuestra forma de comportaros, vuestra manera de presentaros al mundo? No hablo de las normas básicas de convivencia, sino de esos detalles sutiles que fueron dando forma a al concepto de vosotros mismos desde el exterior.

 

 

Tampoco se trata de comentarios ni miradas malintencionadas, aunque esconden (muchas veces de forma subconsciente) juicios y suposiciones:

¿te vas a poner esa ropa?

¿ya come bien?

¿es buena niña?

¿se porta bien?

Y podrían traducirse, más o menos así:

¿quieres ir así vestida?

¿come todo lo que tu quieres cuando tu quieres y como tu quieres?

¿está callada y quieta y sin molestar cuando tu deseas?

¿hace lo que le dices cuando y como se lo ordenas?

Llevamos éstas frases llenas de juicios de valor grabadas a fuego en la frente. Y son valoraciones vacías que regalamos a nuestros hijos en cuanto nos despistamos.

 

Los comentarios y valoraciones que expresamos deberían ser positivos y respetuosos, o presentar una crítica constructiva. Eso nos permitiría seguir acompañando el libre desarrollo de la autoestima, la autonomía, el criterio propio y la libertad de nuestros hijos para ser en función de su propia esencia.

 

Durante mis embarazos, pensaba en como me gustaría que mi hija fuera de mayor. Me gustaría que fueran (ambas, cada una a su manera) grandes personas, y pensaba en una lista como ésta:

feliz

valiente

inteligente

divertida

sana

con voz (propia)

con personalidad (propia)

con autestima

cariñosa

con criterio (propio)

 

Si hacéis una lista de vuestros deseos, seguramente se parecerá a ésta.

¿Pero qué sucede en nuestro día a día, cuando no hace lo que necesitamos que haga, cuando no se viste como quisiéramos, cuando no sigue el ritmo marcado (por nosotros)?

¿cómo reaccionáis?

 

Queremos hijos con voz propia, que no se dejen engañar, que sepan defenderse, que tengan opinión. Para que pueda ser así, debemos propiciar que esas cualidades se desarrollen en ellos.

 

Pero como ya he dicho, vivimos en sociedad: hay horarios, responsabilidades, prisas, una logística organizada… y se nos olvidan los deseos y vamos a lo que nos parece más rápido (que conste que eso nos pasa a tod@s), y el resultado suele ser un conflicto.

Cuando no escuchamos ni dialogamos, no estamos permitiendo las opciones, ni que sea el niñ@ quien decida. Entramos en modo institutriz. Y el conflicto acaba en lucha de poder. A la vez, ya no estamos propiciando

su individualismo (quiero hacer algo distinto a lo que tu me dices),

su capacidad de decisión (y si lo hiciéramos de otro modo),

su autoestima (lo que yo digo o pienso no se tiene en cuenta),

ni su criterio (mi opinión no vale, vale la de los demás).

 

Entonces, ¿cómo gestionamos éstas situaciones? Hay algunas estrategias que pueden ayudar. En mi caso, me funciona lo siguiente:

 

  1. Respira. Tu hij@ tiene opinión y sentimientos. Párate un momento y respira hondo antes de hablar. Muchas veces vamos tan acelerados que necesitamos que obedezca a lo que pedimos sin pensarlo dos veces. Tenemos tantas cosas que hacer que el comportamiento de tu hij@ descuadra con el horario establecido.
  2. Escúchate. Pregúntate qué necesitas en ese preciso instante, que te molesta, para esperar que tu hijo te obedezca sin rechistar. Qué hace que no quieras ceder ni escucharle. Por qué te pones a la defensiva. 

    Este punto es muy importante. Vivimos en una sociedad burocratizada, “normalizada”, con horarios, obligaciones, objetivos y reponsabilidades que asumimos como necesarias todo el tiempo, y que a veces, nos limitan. Organizamos nuestro día a día al segundo, no hay espacio para discutir. Ni siquiera con nosotros mismos. Tal vez al pasar por alto nuestras necesidades, también perdemos la capacidad de escuchar las necesidades de los demás.

  3. Escúchale. Que quiere decirte. Establecer un diálogo con tu hij@ te ayudará a conocerle, a saber como se siente, que es lo que piensa.. y si lo haces a menudo, verás como le apetece hablar más contigo y contarte sus cosas. Da igual si tiene un año, tres, cinco o diez. Nuestros hijos tienen vivencias y experiencias desde que nacen (incluso antes), saberse escuchado reconforta; estás plantando la semilla que servirá para crear una relación madre-padre/hij@ basada en la comprensión, la confianza y la complicidad.
  4. Sé práctic@: piensa en cuántas veces la posición “porque lo digo yo” ha iniciado una batalla de leones/leonas que todavía ha alargado más la situación problemática. Ejemplos:-irnos a dormir ya

    -terminarse todo lo que hay en el plato

    -ir a ducharse

    -nos vamos ya del parque

    -la ropa que ponerse

    -…

    Ahora piensa en alguna de éstas situaciones, ¿cómo se hubiera desarrollado si en lugar de insistir en modo institutriz, te hubieras parado a preguntarle a tu hij@ por qué no quiere, qué le pasa, o simplemente escuchar su demanda? Quizás solamente quería hacerte una pregunta, a lo mejor estaba contento y quería darte un abrazo (maravillosos abrazos espontáneos)..

Seguramente en lugar de emplear 10 o 15 minutos en “resolver” el conflicto con rabieta, lloros o chillidos              incluidos, emplearías 5 min en escucharos y llegar a un acuerdo.

 

Todo aquello que hacemos desde la plena conciencia en lo que sentimos y pensamos, nos enriquece a nosotros y a nuestros hijos.

 

Lo mejor de mi estrategia, es que aunque al principio cuesta horrores, a medida que voy practicando, me escucho más, paro a respirar sin pensarlo, cambio mi mirada antes de hablar. Y cuando no lo consigo, también me resulta más fácil rectificar, disculparme (desprenderse del tozudo orgullo de querer tener razón también es un aprendizaje).

Y al meterme en la cama y repasar lo que he vivido ese día, me siento más orgullosa de mí misma. Y más orgullosa de mis hijas.

Y eso es maravilloso, ¿no crees?

La escuela, el médico y la toma de decisiones

El viernes pasado me llegó una notificación escolar. En realidad, algunos niños de la clase de mi hija, hacía unos días que contaban que iban a venir unos médicos al cole.

En la revisión, de la que no te explican qué van a revisar de la salud de tu hij@, no va a estar ni su padre ni yo presentes. No entiendo el motivo de la dicha revisión. Me cuestiono algunas cosas:

1.Para empezar, ni a los alumnos, ni a sus tutores legales (los padres) se nos ha explicado en qué consiste la revisión (ésto es un derecho del paciente; como el paciente es menor, quien debe ser informado de los procedimientos a seguir, son los padres o tutores legales)

2.Además, si la revisión se efectúa en la escuela, se deja al niño sin la posibilidad de estar acompañado por alguien de confianza (éste es otro derecho de los pacientes)

3.Puedo entender que se quiera tener una idea de cómo está la salud de la infancia, pero esa estadística puede hacerse con los datos que se obtienen de los niños que sí van  a hacerse una revisión médica. Si no se tienen suficientes datos, y son realmente necesarios, que incluyan más revisiones pediátricas entre los 2 y los 10 años. Con el pediatra de tu hij@, y contigo a su lado.

 

derechos y deberes

Siguiendo con mi reflexión sobre si autorizar o no la revisión, me percato de que:

-se mezclan competencias de salud y de educación: ¿por qué hacer revisiones en los colegios?

-si autorizo la revisión, estoy renunciando (yo, en nombre de mi hij@) a que alguien conocido le acompañe durante la revisión y le explique lo que necesite

-si fuera necesario realizar más revisiones pediátricas, ya estarían incluidas en el calendario de salud… digo yo

 

Así que no he autorizado la revisión.

Es una opinión muy personal, lo se. También se que la salud no es solamente la ausencia de enfermedad. La salud es un estado de bienestar físico, mental y emocional. Buscar parámetros de enfermedad física para saber sobre el estado de salud de una franja de la población es algo simplista. Y con esto, no me refiero a la función del personal sanitario, sinó al política estatal. ¿Qué pasa con la composición de los alimentos destinados a la población infantil? ¿Qué pasa con la práctica de ejercicio físico, las actividades al aire libre, el tiempo que un niñ@ pasa con su família.., y que le permitirán crecer en un estado de bienestar real? ¿Se hacen estudios estatales para saber qué emociones predominan en los niñ@s? ¿Si se sienten felices, frustrados, alegres, rabiosos…?

 

Cada vez más a menudo me da la sensación de que se obvian la capacidad de decisión, la visión crítica y la opinión de las personas, en aras de la seguridad, la salud, la prevención de lo que sea,… Y la verdad es que muchas veces nos dejamos llevar por esta corriente de desinformación informada, nos parece bien y no escuchamos esa vocecita interior que empieza a decir “¿seguro que esto es necesario?”, y la silenciamos. Y eso sí que es un problema, porque al final nos creemos todo. Al final creemos que no tenemos poder de decisión: lo hemos cedido.

Por si acaso.

Porque lo hacen por mí.

Porque saben más que yo.

Porque yo no sé.

 

No lo hagáis. No cedáis a la corriente sin escuchar vuestra vocecita interior. Seamos críticos. Preguntemos cuando tengamos dudas. Cuestionemos cuando no nos parezca correcto. Formémonos una opinión antes de decidir.

Parece una exageración lo que hoy os estoy contando (solamente es una revisión en el cole, por favor…), pero se trata de nuestro bienestar y el de nuestros hij@s. Y de enseñar a nuestros hij@s a pensar, cuestionar, preguntar, decidir con voz propia. Porque el no decidir lleva a ceder ese poder sobre lo único que nos pertenece: nuestra vida. Y entrar en esa inercia, aunque sea con la decisión más trivial, es peligroso.

Así que, si os encontráis en la misma situación, o en cualquier otra, escuchad vuestra vocecita interior. Formaros una opinión sobre lo que os preocupa antes de decidir. Decidáis lo que decidáis, pensadlo primero.

Eso es bueno, es sano, es sabio. Y si la decisión es autorizar la revisión en el cole, perfecto. Siempre que sea vuestro criterio, y no la inercia la que os lleve a tomarla.

Empodérate.

Operación biquini: la dieta de la piña

Más de una vez he intentado quitarme algunos quilos que llevo de más, aunque eso de que están de más lo digo yo, y todo es relativo. Pero la verdad, y que quede entre nosotros, siempre caigo en la tentación de un buen plato de espaguetis cuando me pongo en manos de una dieta. Y lo de tentación lo digo como si lo de la pasta fuera un pecado cuando haces una dieta, idea que es perfectamente cuestionable y que no voy a entrar a discutir en este post, que no toca.

Si algo tienen en común la mayoría de las veces que he intentado bajar de peso, es la terrible pereza que me da seguir un régimen. Eso de tener que elaborar un menú, cocinar según qué alimentos y quitarme de otros me ha supuesto casi siempre un gran esfuerzo. Seguramente por el hecho que, pese a querer unos resultados, el camino a recorrer me resulta muchas veces demasiado “cuesta arriba” para justificar el fin.

Así pues, en ese afán por intentar, sin mucho éxito, imitar al rebaño y apuntarme a la operación biquini de todos los años, antes de elegir el método que me permita conseguir unos resultados decentes, siempre invierto un poco de tiempo en buscar una dieta que me parezca asequible: que no me deje con hambre, me de algún capricho, no me obligue a comer lo que odio… En fin, una dieta que me dé lo que quiero: poco esfuerzo y muy buenos resultados, por no decir mágicos resultados con prácticamente ningún esfuerzo.

Y, en un blog de crianza, ¿qué tendrán que ver las dietas y mis quilos de más con las madres y los bebés?

 

Pues sí que tienen en común, sí, al menos en un principio.

pineapple-918690_1920En una de mis búsquedas por los mundos de internet de la dieta ideal, di con una que me pareció perfectamente asequible, incluso apetitosa, pues tenía como alimento principal, bueno, más bien único, la piña, una de mis frutas preferidas: era la archiconocida “dieta de la piña”. Lo tenía todo: en tres días perdía los quilos que quería, podía comer tanto como quisiera y además me gustaba. Rápida, “eficaz” y fácil.

Y es que en muchas facetas de nuestra vida nos pasan cosas similares cuando buscamos alcanzar un objetivo: lo queremos ya y sin muchas complicaciones ni esfuerzo. Y eso creo, sinceramente, que es genial. No creo que sean muchas las personas que quieran sufrir y padecer para lograr algo, ¿no? Lo que la mayoría ansiamos es conseguir nuestras metas sin dejarnos la vida en ello.

Y como éste es un blog de crianza y maternidad, voy a explicaros porqué os cuento todo esto.

Cuando proyectamos y analizamos (si es que lo hacemos) la alimentación de nuestros hijos e hijas, nos planteamos seguramente cómo puede ésta contribuir o perjudicar su correcto desarrollo. Conceptos como nutrientes, vitaminas hierro, calcio, azúcar añadido… empiezan a formar parte de nuestro día a día.

Poco a poco, se nos va creando la necesidad, no poco importante, de querer que nuestro hijo o hija esté bien alimentado. Pero es cierto que, es tal la cantidad de información que nos llega de lo que es una correcta alimentación, que muchas veces nos sentimos abrumados. ¿Es sano darle carne? ¿Mejor tiro de pescado? ¿Cuánto calcio necesitan sus huesos? ¿Verdura y fruta obligatoria? ¿Legumbres… todas? ¿Alimentos con fibra?… Y más, y más.

Y como somos conscientes de la importancia de una alimentación “correcta”, buscamos la dieta perfecta para nuestros pequeños: la más saludable. Esa que le va a proporcionar todo lo que necesita para ser una criatura saludable y sana. La que nos va a hacer sentir seguros y satisfechos de que estamos haciendo lo mejor para ellos, porque queremos lo mejor para ellos, está claro. Esa dieta que requiere, seguramente, que coman un listado de alimentos que, en algunos casos, ni uno mismo consume.

eat-547511_1920Y un día, mientras intentamos conseguir, sin mucho éxito, que nuestro hijo se coma las 5 raciones de verduras/frutas al día, vemos algo que nos llama mucho la atención. Es un producto que lo tiene todo: es fácil, rápido y nada complicado. El alivio a nuestras preocupaciones nutricionales, LA solución que resolverá la alimentación de nuestro retoño, que no quiere de ninguna de las maneras tragarse las lentejas que le hemos cocinado o esconde trozos de carne por todos los rincones de la casa. Es algo que, como la dieta de piña, nos ofrece el resultado que deseamos, sin complicaciones ni esfuerzos. O al menos eso creemos al ver el anuncio, en el que aparece un niño sonriendo de oreja a oreja y una madre feliz y orgullosa de darle lo mejor. Y nos gusta esa sensación, queremos vernos igual de tranquilos, satisfechos y relajados.

Y creemos en una solución rápida que aparentemente es eficaz y nos da los resultados que esperamos. Sólo necesitamos comprar el producto y dárselo a nuestros hijos.

Pero, volviendo al principio del post, después de los tres días de haber seguido la dieta de la piña… ¿qué ocurre? Pues como es lógico y normal después de tres días a base de un sólo alimento, me zampo una tableta de chocolate de aperitivo, un plato de pasta hasta arriba con salsa pesto, un estofado de ternera en el que mojo una barra de pan y de postres, como no, deboro un buen helado de turrón.

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Pero tranquilos, que cuando me dé cuenta otra vez que mi dieta no es la òptima ni la más saludable y quiera ponerle solución a otra operación biquini, seguro que encuentro otra solución rápida, fàcil y apetitosa que, sin mucho esfuerzo, me haga salir de un apuro.  ¿O no?

Y como, llegados a este punto, ya habréis notado el tono irónico de este post, me gustaría deciros que:

  • No, no hay productos milagrosos que suplan una correcta alimentación. Al menos de momento.
  • Y sí, estamos expuestos a un bombardeo de información que nos invitan a creernos mucas cosas, la mayoría de ellas engañosas.

Y sí, por supuesto, tenemos la capacidad de ser crítios a todo lo que se nos pone delante e identificar el engaño del producto

Siempre habrá “dietas de la piña” tentadoras por su simpleza, en eso consiste su “gancho”. Si sabremos identificarlas y decidir si las seguimos o no, dependerá de cada unos de nosotros.

Desmitificando el BLW

Parece que esto de la alimentación complementaria autoregulada, está de moda. Debe haber algún lobby poderoso, oculto en la oscuridad, que nos quiere conducir a que alimentemos a nuestros bebés con alimentos nada o poco procesados… Al fin y al cabo, se trata de alimentar a nuestros hij@s del mejor modo posible para que crezcan de forma óptima, sanos y fuertes.

¿Se trata solamente de alimentarlos? Es decir, detrás del acto fisiológico de comer, ¿hay algo más a parte de cantidades y proporciones de proteínas, carbohidratos, minerales, vitaminas…? ¿Importa el modo en que comemos, con quién comemos, cómo nos sentimos cuando comemos…?

No es que quiera ponerme trascendental. Es que el acto de alimentarnos no sucede separado del resto de nuestras funciones: respiramos, miramos, olemos, hablamos y comemos rodeados de un entorno concreto. Mientras comemos nos estamos relacionando con el mundo. . Mientras comemos, recibimos información de nuestro alrededor, y la percepción de nuestro entorno genera información y emociones en nosotros.

A la vez, tenemos que cumplir con obligaciones laborales, y queremos seguir una planificación en casa, porque la organización es importante. Necesitamos controlar aquello que nos afecta y preocupa para estar tranquilas. Uno de los temas que más preocupaciones genera en las madres, es la alimentación de nuestros hij@s. También genera muchas dudas.. total, siempre se ha alimentado a los bebés con papillas, ¡ y están bien sanos! Entonces, ¿por qué cambiar?

Analicemos los mitos que envuelven al BLW. ¡Igual no es oro todo lo que reluce!

 1: el BLW es una moda: una moda laaarga, porque cuando yo empecé a oir hablar del tema, hace unos 5 años, ya había numerosos blogs e información disponible al respecto. Al fin y al cabo… las papillas de cereales y los potitos, ¿han existido siempre?

Lo más curioso es que se trate de una moda, cuando no hay nadie detrás esperando obtener un beneficio.. bueno, tal vez, no se… ¿los agricultores? ¿los fabricantes de cazuelas?

Quizás solo se trate de volver a lo básico y natural.

 

 2: preparar una papilla es más rápido y sencillo: vamos a ver… necesitas los utensilios de cocina (cacerola, cuchillo, cucharas, recipientes,…), la papilla en polvo o los ingredientes que vayas a cocinar (y en tal caso lavar, pelar y trocear), espacio en la cocina, un fogón donde poner a cocer los ingredientes o donde calentar agua … Y luego, preparar tu comida.

Nuestros bebés pueden comer lo mismo que cocinamos para nosotras, solo debemos tener en cuenta algunas consideraciones, que son prácticamente las mismas que para hacer triturados, con la diferencia de que cocinamos una sola vez, con la mitad de trastos para lavar y guardar después, y en la mitad de tiempo.

 

 3: practicar blw es muy sucio: este es cierto (si tienes un perro en casa, ni lo notas :)), pero es igual de sucio que dar papillas y triturados. Yo he visto lanzamientos de cuchara con triturados, espectaculares. Mucho más que las caídas a peso de un trozo de zanahoria al suelo.. 

 

 4: mi hijo no va a comer lo suficiente si no le doy triturados: el estómago de un bebé no es igual de grande que el estómago de un adulto. Lo digo porque algunas veces me he asustado con el plato de triturado que se le daba a un bebé de 6-8 meses. En el plato había más comida de la que me comería yo. Y os aseguro que soy buena comedora. Decidir nosotros, los adultos, la cantidad que debe ingerir otra persona (aunque esa persona sea un bebé), es eliminar de la ecuación la capacidad de esa persona para saber cuánta hambre tiene

Ahí el bebé tiene dos opciones: negarse con las estrategias de las que dispone (que son pocas: llorar, tirar la comida, cerrar la boca..) o aprender a comer las cantidades que le “ofrecemos”, con lo cual, estará aprendiendo a comer más de lo que necesita.

Nuestro miedo a que no tengan los nutrientes que necesitan para crecer sanos, son razonables y comprensibles, pero el la gran mayoría de casos, son eso, miedos. Si en casa comemos más o menos de todo, en una sociedad como la nuestra, con los alimentos básicos al alcance de todos, es poco probable que nuestro hij@ tenga alguna carencia nutricional, sin un problema de salud que lo provoque.

 

 5: los bebés siempre se han alimentado con papillas: ésta si que no la acepto. Lo que entendemos por papillas actualmente, son polvos de muchos cereales, procesados y preparados.

Es cierto que en la antigüedad, y aún muchas tribus lo hacen, se daban algunos alimentos, los más duros, medio masticados por las madres, a los bebés. Se trataba de los mismos alimentos que consumía el resto de la família. Los cereales (al aparecer la agricultura) también se daban a los bebés molidos,  molidos igual que los que comía el resto de la família, y de los que se tenía cultivo. Estoy segura de que no hacían mezclas de 8 cereales distintos.

Las papillas tal y como las conocemos, aparecen a principios del siglo XX. Y se convirtieron en norma, porque había intereses económicos. La industria de la comida para bebés es hoy en día grande y muy presente en todas partes. 

 6: no va a querer comer con cuchara y tenedor: ésta no la he escuchado mucho, pero también es falsa. Al contrario, cuando el bebé puede investigar y experimentar con la misma comida que comen los demás miembros de la famíla, mientras coméis todos juntos, va a tener interés por usar los mismos utensilios que vosotros. Porque aprendemos por observación e imitación. Les encanta coger la sopa con cuchara, y los trozos de carne, pescado o verdura con el tenedor. En cuanto adquieran la capacidad de hacer la pinza correctamente, van a querer usar cuchara, tenedor, vaso y plato. Y lo mejor, es que aprenden muy deprisa y son conscientes de que están consiguiendo un logro notable cuando ven nuestras caras de anonadadas sonrientes.

 

Y tu, ¿has lidiado con algun otro mito respecto a la alimentación complementaria?

 

Mònica Pons

 

PD: si te han surgido más dudas y preguntas al respecto no dudes en comentarnoslas. Y si sientes curiosidad por descubrir estrategias y recursos para aplicar con seguridad el BLW, a la vez que educas a tu hij@ para que su relación con la comida sea saludable, ¡pincha en el enlace que hay debajo!

Superar la barrera del trabajo para practicar el BLW

¿Te has preguntado cómo te vas a organizar con la alimentación de tu hij@ cuando empieces a trabajar?
Si tu bebé no ha llegado a los 6 meses, la leche seguirá siendo su alimento principal. Pero pasado ese periodo de tiempo empiezan a haber cambios en las pautas de alimentación y queremos y necesitamos tener la certeza que nuestros hijos siguen una alimentación “correcta”. Eso nos lleva a reflexionar sobre los alimentos que deben comer y en qué cantidad, así como su frecuencia. De hecho, esto es una de las cosas que nos indican los profesionales sanitarios, aunque, como ya hemos comentado en otros posts, a veces suele ser una angustia en vez de una orientación.
Pero no sólo eso.

 

Al plantearnos cómo enfocar la alimentación de nuestros bebés, muchas de nosotras también intentamos ser respetuosas en el proceso de aprender a comer y dejamos que nuestros bebés sigan su propio ritmo y atiendan a sus propias necesidades. Sabemos que es beneficioso permitir que nuestros hijos se mantengan conectados a su capacidad de detectar cuándo su cuerpo les reclama comida y cuándo no.

 

Y también podemos entender que terminarse la comida o comerse aquello que no soportamos para que mamá/papá (o el adulto de turno) esté contento, no se enfade, no castigue… también tiene su parte negativa a largo plazo.
Sin embargo, es cierto que, algunas veces, nuestra incorporación al trabajo puede suponer un impedimento para conseguir estos objetivos. Y digo puede, porque creo que es posible respetar los ritmos de nuestros hijos en la alimentación, aunque nosotras no estemos siempre presentes.

En el proceso de aprender a comer se ponen en marcha una serie de recursos y aprendizajes que nuestros bebés aplicaran en muchos ámbitos a lo largo de su vida, no sólo en el de la comida. Es un proceso que incluye aspectos no relacionados estrictamente con la nutrición.
Es el bebé quien debe aprender, a su ritmo, experimentando, decidiendo, no desconectando de su cuerpo y de sus necesidades biológicas, ni tampoco de su curiosidad, los alimentos que se le irán ofreciendo. Descubrirá texturas, olores, colores, sabores… agradables o no. E irá haciéndose una idea de lo que es la comida, del efecto de saciedad, de placer, de disgusto… que provocará en sus sentidos.
Cuando enfocamos la alimentación desde ese punto de vista, lo que buscamos, más allá de una correcta nutrición, es no vincular la alimentación a chantajes emocionales que pueden hacer que nuestros bebés coman para satisfacer la necesidad del adulto (asegurar una correcta alimentación de su hijo), y no su apetito propiamente dicho.
Y esto es tan sólo un ejemplo, porque los beneficios del BLW son muchos más.

BLW comer juntos

 

 

“Es posible respetar los ritmos de nuestros hijos en la

alimentación, aunque nosotras no estemos siempre presentes”

 

 

 

Cuando tenemos claro lo que queremos, educar desde el respeto puede ser más fácil cuando se está presente, puesto que somos nosotras las que sabemos cómo deseamos hacer las cosas y somos nosotras las que lo aplicamos.
Pero en nuestro país, el permiso de maternidad dura 16 semanas, eso si eres un asalariado. Si eres autónoma o emprendes un negocio…. puede que el tiempo a disfrutar en casa sea menor. Un bebé con 16 semanas (pongo este número, pero es aplicable a bebés mayores), no necesita ser cuidado por otras personas que no sean su madre (o figura maternante). Debemos tener claro que esa necesidad es del adulto que, por la razón que sea y sin entrar en juicios que no llevan a ninguna parte, necesita que alguien ocupe el lugar de cuidador/a durante unas horas para atender a su hijo y poder ir a trabajar.
Eso hace que, en un principio, respetar los ritmos para aprender a comer no sean compatibles con incorporarnos al trabajo, ya que cuando nos vamos a trabajar, queremos y necesitamos tener la certeza que está todo “bajo control”. La comida de nuestro hijo entra dentro de esa necesidad lícita de saber qué, cómo, cuándo y qué cantidad de alimentos está ingiriendo nuestro bebé cuando no estamos presentes.
Así pues, como los triturados son un método de alimentación conocido por la mayoría, no hay que dar muchas explicaciones ni cambiar nada de nuestro entorno. Nos resultará relativamente fácil explicar a las personas que van a cuidar a nuestro bebé mientras estemos trabajando qué debe comer el bebé. Y si es en un centro, lo estipulado en bebés pequeños también serán los triturados, así que no habremos de plantearnos nada más.
Podemos pensar, entonces, que aplicar el BLW no siempre resulta fácil si nos tenemos que incorporar a trabajar. Lo cómodo, entonces, es dar triturados a nuestros bebés. Es la manera normalizada de alimentarlos y, aparentemente, la más fácil de aplicar cuando tienen que ejercer ese papel personas que no conocen otra manera de hacerlo.

 

 

BLW cocinando

Pero entonces, ¿dónde queda esa conexión que ya tenía desde su nacimiento con sus necesidades biológicas de saber cuándo, cuánto y qué comer?

¿Damos pasos hacia atrás si establecemos unas cantidades de comida adecuadas y unos alimentos determinados y triturados?

Además, ¿le estamos quitando la oportunidad a nuestro bebé de descubrir la alimentación por sí sólo, con todos los beneficios que eso conlleva?

 

Seguramente ahora te estarás haciendo una pregunta..

¿y qué hago si quiero practicar el BLW y tengo que irme a trabajar?

 

Lo primero que te diría es: tranquila, sea cual sea la decisión que tomes, estoy segura que será la que creas que se adapte vuestra situación concreta. Por eso creo que hay varias respuestas a todas estas preguntas, pues cada caso y situación es diferente. Pero voy a darte algunas ideas.
Puedes hablar con la persona que tenga que hacerse cargo de tu bebé y explicarle tus necesidades. Es posible que vea las cosas del mismo modo que tú. A veces es cuestión de transmitir, no sólo la confianza en nuestro bebé y en sus capacidades en cuestiones de alimentación, sino también en las de la persona que lo va a cuidar.
Puedes optar por que la persona que se haga cargo de tu bebé le dé alguna toma de tu leche (tendrás que tener en cuenta cómo te organizas las extracciones) y así puedes encargarte de dar la AC siguiendo BLW. Dependiendo de la edad de tu bebé, deberás tener en cuenta que la alimentación principal hasta los 12 meses es la leche, por eso se le llama alimentación complementaria.
Y, finalmente, también puedes pactar que, pese a no practicar BLW, se respete la necesidad del bebé a decidir la cantidad que quiere comer, permitiéndole una actitud más activa en su propia alimentación. Así pues, añadir galletas a la papilla de fruta para que esté más dulce, hacer el avión o ver la tele para distraerle y abra sin ser consciente la boca… entre otras cosas, deberían ser temas a tratar con la persona que va a cuidar a nuestro pequeño.

 

Si conoces todos los beneficios del BLW, sabrás lo importante que es para tu bebé ser respetado en todo este proceso. Infórmate, consulta y habla con las personas de tu entorno para organizarte de la mejor manera que a ti y a tu bebé os convenga. Piensa que es una inversión que haces para el futuro de tu bebé.



  




LAS 3 TRAMPAS A EVITAR EN LA INTRODUCCIÓN A LAS PAPILLAS

6 meses. ¡Qué bien! ¡Cuántas ganas teníamos de que pudiera comer papillas ya!

Tantas, que hace días que tenemos en casa algunas esperando poder prepararlas: una sin gluten, una de 5 cereales y otra de arroz y zanahoria. Buscamos referencias sobre algunas marcas y elegimos cuidadosamente la que nos pareció mejor para ti. También tenemos en la despensa: mazanas, plátanos, peras, pollo, arroz, patata y calabacín… hasta hemos buscado recetas para prepararte la combinación más nutritiva.

Más o menos esta es la ilusión de los padres cuando nos indican que nuestro bebé ya puede empezar con la alimentación complementaria. Seguimos al pie de la letra las instrucciones que hemos recibido: un alimento cada cuatro días, cuando pruebe algo nuevo mejor por la mañana o al mediodía, cómo mezclar la papilla de cereales sin gluten con la que tiene gluten para ir introduciéndolo poco a poco… Refleja unas expectativas y un “timing” que los padres nos hemos creado en nuestro imaginario, es lógico. Lo vemos constantemente en los conocidos, en la tele, en las revistas habituales sobre bebés…

Luego entra en juego un personaje: nuestro bebé.

De hecho, es el protagonista de la historia: él va a empezar a comer alimentos distintos de la leche. Nosotr@s vamos a poner todo nuestro esfuerzo y ganas en que la adaptación sea rápida y fácil: organizamos un menú semanal, planificamos las compras de alimentos frescos casi a diario (habéis buscado una frutería en el trayecto del trabajo a casa donde poder parar a comprar cada día), y compramos baberos y platos y cubiertos (ya nos habían regalado todo eso, pero has visto unos monísimos y total, vas a necesitar uns cuantos para que no se quede sin platos y sin babero…)

Y por fin, preparamos la primera papilla: compota de manzana. Todo listo en la mesa, y tu bebé sentado en su trona. Tu rostro es una mezcla de ilusión, sorpresa, y alegría mientras te acercas a tu hij@ pensando que deberías tener a mano la cámara de fotos (o sea el móbil) para hacer una foto de tu bebé comiendo para enviársela a tu pareja y a los abuelos. Y ahí empieza el embrollo: tu hij@ escupe la compota de manzana que con tanto cariño has preparado, y la escena que te habías imaginado, desaparece mientras la mesa, la silla y la pared de enfrente reciben un poco de compota por si quieren probarla (nota mental: quizás debería poner algo delante por si vuelve a hacerlo, que pintamos hace poquito…).

Pasan los días, escuchas consejos y comentarios de un montón de gente dispuesta a ayudarte en esta empresa, ya puedes mezclar algunos ingredientes, ya puedes darle papilla con gluten (o eso te parece, ha escupido varios días la sin gluten, y la mezcla gluten y sin que has ido preparando..) y crees que de un momento a otro, tu bebé va a empezar a comer (por favor), ya has cogido un ritmo de lavadoras que te permite tener baberos y ropa limpia (de tu hij@ y tuya) y has descubierto un método para limpiar la pared. El suelo… bueno, ya tienes un recambio de la fregona preparado también. Tu cara ya no refleja ilusión, sorpresa y alegría, sólo una sonrisa preparada para intentar que el bebé no tire el plato antes de que puedas coger la cuchara, y algo de nervios.

Pero no hay manera: tu bebé no quiere papillas. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué no come?

Vamos a analizar brevemente las 3 trampas que encierra la introducción a la alimentación complementaria:

  1. La textura errónea: seguro que muchas personas te han dicho que no debes estar triturando bien, tal vez sea demasiado grumoso, o demasiado líquido, o demasiado espeso. El tema es que no estás haciendo bien la papilla.

Tu bebé está acostumbrado a la leche, que es líquida. Quizás todavía tiene reflejo de extrusión o quizás se trate solamente de que a tu bebé no le llaman la atención esas papillas porque además de que le están saliendo los dientes, está en una etapa en la que quiere llevarse todo a la boca, apretar, morder… y con la papilla no puede hacerlo.

 

2. Demasiada mezcla: ¿cuántas veces en la edad adulta comemos mezclas de 6, 7, hasta 9 cereales distintos?, ¿cuántas veces no probamos un plato nuevo porque no identificamos los alimentos individuales que se han usado para hacerlo? No nos hacemos éstas preguntas porque estamos habituados al sistema.

Tu bebé está interesado, quiere conocer los alimentos que te ve comer a ti. Si mezclamos varios de ellos, no va a saber a qué sabe la patata, el pollo, la zanahoria o el arroz, va a conocer el sabor de la mezcla. Y no podrá identificar cada alimento con su textura, su color y su sabor hasta que se lo dejes probar por separado. Pero ahora, ya está preparado para descubrir los alimentos, si lo hacemos del modo adecuado (medida, cocción,..) será más sano y divertido para él, conocer de verdad la comida, sin tener que redescubrirla con 2 o 3 años.

 

3.¡Lo hace a drede!: ésta es la peor de las trampas, y a tod@se nos ha pasado por la cabeza alguna vez. Y si no se nos ha pasado por la mente, alguien nos ha propuesto la explicación al problema que nos preocupa: es el bebé, que se ha empeñado en hacernos enfadar.

Los bebés, no actúan con intenciones veladas. Esa es una forma de relacionarse con el mundo que aprendemos a medida que crecemos, de nuestro entorno. Los bebés se comunican contigo de la forma que pueden hacerlo: al principio, solamente pueden llorar cuando algo les incomoda, les duele, les molesta. Luego pueden empezar a interaccionar con sonrisas y ruiditos contigo. Cuando aprenden a  moverse, añaden el movimiento: se acercan a ti, te tienden los brazos, o los ponen delante de ellos, si no quieren algo. Y todo ese lenguaje que desarrollan, es muy importante, para ellos y para ti, porque es la manera como se comunican contigo. Si le escuchas con la mente abierta, enseguida sabrás qué puedes hacer para ayudarlo, para acompañarlo en su descubrimiento del mundo.

 



  

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