PROMOCIÓN NAVIDAD NÚNNUTIT

Este año te proponemos un acompañamiento integral

 ¡con regalo incluido!

cartell4.tu promo nadal

Empieza diciembre, empieza el frío (por fin), aparece de nuevo el ambiente navideño: el olor a chimenea, las luces.. yo ya empiezo a imaginarme las comidas deliciosas con mi familia, las tardes juntos… y claro, los regalos para las personas a las que quiero.

¡Y un regalito para mí..!

 

¿Qué tal van los preparativos para Navidad?

¿Pasas mucho tiempo pensando en el regalo ideal para alguien a quien queréis mucho?

 

A mí me sucede a menudo, sobretodo, cuando decido qué regalar a alguien especial.

 

Por eso, Laia y yo, queremos ofreceros en nuestra primera Navidad Núnnutit, un Pack de Acompañamiento para haceros a vosotras misma, o para sorprender a quien queráis, que incluye:

2 sesiones conmigo (entre 2 y 3h)

1 sesión con Laia (1h o 1:30h)

un 50% de descuento en el taller que

elijas en 2016

1 bandolera Hoppediz (valorada en 56,40€)

 

Se trata de un acompañamiento integral. Adquiriendo nuestra promoción, tendrás:

-2 sesiones con Mònica (yo misma), en las que te ayudo a encontrar tu camino, escucho tus dudas, te explico distintas opciones o herramientas que puedan resolver los conflictos o dudas que tengas, sobre cualquier tema relacionado con la maternidad, el embarazo, el parto y el posparto. Podemos vernos virtualmente por skype, hangout o plataforma similar. Y  si estamos cerca geográficamente, también podemos vernos en persona.

-1 sesión con Laia, para que resuelva tus dudas sobre crianza o portabebés: si no sabes cuál es el portabebés adecuado para tu bebé y para ti, cómo portear respetando el cuerpo de tu hij@ y el tuyo, o tienes cualquier otra duda respecto al porteo, Laia te asesorará para que puedas decidir informada. También virtualmente, excepto en el caso de proximidad geográfica

 

Las dos os ayudaremos a encontrar vuestro propio camino en en la pa-maternidad.

Lo más importante es que decidáis con toda la información a vuestro alcance,

desde vuestro instinto, desde el corazón, sin miedo, de forma consciente…

y encontraréis vuestra fórmula exclusiva, la que os sirva y os haga sentir madres y padres coherentes con vuestros sentimientos y necesidades. 

¿Os ayudamos?

Esta es una oportunidad maravillosa.

Además, podréis escoger,  con un 50% de descuento, el taller o charla que os apetezca en el 2016.

 

Y por si todo esto os pareciera poco y para poner en práctica muchas de las cosas de las que hablaremos, una bandolera Hoppediz modelo Paris o Kairo pone la guinda a este regalo de acompañamiento.

¿Ya sabes a quién puedes regalar acompañamiento?

No te preocupes por el precio, porque también es especial

150€  

incona list

¡Atrévete con nuestro pack de Navidad !

 

La promoción termina el 15 de diciembre y está sujeta a fin de existencias, así que ¡¡no te despistes!!

 

Más allá de la leche. Alimentación complementaria autoregulada

Pasados los 6 primeros meses de alimentación de nuestro bebé en el que la leche es su alimento, se nos abre todo un mundo: empezar la alimentación complementaria. En ese momento seguramente el pediatra o la enfermera que lleva el control de nuestro bebé nos da unas indicaciones de los alimentos y cantidades que debe comer nuestro hijo o hija. Ese patrón suele ser el mismo para todos los bebés que son atendidos por ese profesional, de lo que se deduce que todos los niños deberían comer lo mismo a la misma edad, guste o no guste, 2014-07-23 Enric menjant fruita 002estén preparados o no. Si nuestro bebé es de los que abre la boca y se traga lo que le echen, sí, de esos que llaman “buenos comedores”, seguramente no nos plantearemos ni cuestionaremos nada. Tendremos la suerte, o no, de que nuestro bebé cumple las expectativas de un papel con indicaciones generales que nos han dado en el centro de salud al que acudimos. Pero si nuestro bebé es de aquellos etiquetados como “mal comedor”, ¿qué ocurre?

Normalmente, cuando un bebé no come lo que nos han indicado tendemos a pensar que el problema lo tiene nuestro hijo. A partir de ahí, pueden suceder varias cosas: preocupación, incluso angustia, por parte de los padres por la correcta alimentación de su bebé, engaños y distracciones para conseguir que se coma lo que creemos que debe comer, y, en el peor de los casos, castigos y chantajes que no van a hacer, seguramente, que la comida se convierta en un momento de disfrute y placer.

BLW

Llegados a este punto me gustaría hacer una breve reflexión.

Mirando a las personas de nuestro entorno que consideramos que llevan una buena alimentación, ¿tienen todas los mismos gustos? ¿Comen todas lo mismo y en la misma cantidad?  ¿Tener gustos y apetitos diferentes las convierte en personas mal alimentadas? ¿Y si nos dieran a todos un mismo patrón de alimentación, con cantidades y alimentos concretos? ¿Nos serviría a todos por igual? ¿Por qué lo hacemos entonces con los bebés?

Seguramente ahora te estarás formulando más preguntas e incluso te estarás diciendo “sí, pero hay que comer de este o de aquel alimento para tener una dieta sana y equilibrada, ¿qué pasa con los niños que no quieren comer?”

Aprender a comer sano implica varios factores. Para mí, el primero sería ser un buen ejemplo y el segundo el respeto por dicho proceso.

Te animo a participar en la charla on line “Más allá de la leche. Alimentación complementaria autoregulada.” Hablaremos de cómo enseñar a comer desde el respeto, velando por conseguir una correcta alimentación de nuestros hijos.

Suscríbete a nuestra newsletter para apuntarte a nuestro taller y recibirás un imprimible con los puntos más importantes de la alimentación complementaria autoregulada.

Cartell BLW

 

Somos cíclicas

Hoy quisiera explicarte un historia personal.

Yo tuve, hace muchos años, reglas muy dolorosas. Me sentía enfadada, triste y rabiosa a la vez, no comprendía porque me tenia que sentir así…, el enfado y la rabia iban contra mi misma, contra mi feminidad. Después del largo y doloroso proceso que viví entre el momento en que fui consciente de que quería ser madre, hasta que quedé embarazada por primera vez, empecé a preguntarme qué le pasaba a mi cuerpo para que, sin ningún problema de salud, éste no fuera en sintonía con mi corazón.
Después de mi primer parto, menstruar ya no fue doloroso para mí. Aunque no sabía porqué, era maravilloso no sentir dolor; y de hecho, me quedé embarazada de nuevo, al poco tiempo de empezar a desear tener otro hijo, sin plantearnos seriamente (mi pareja y yo) ser padres de nuevo todavía…

 

En ese momento estaba tan sintonizada con mi cuerpo que mi mente quedó al margen de la concepción. 

Ahora, con el paso del tiempo, tengo también explicaciones para comprender mejor las situaciones que viví, las situaciones que vivimos muchas de nosotras durante nuestra vida. Seguramente tu también.

Te presento el taller “Somos cíclicas”, en el que hablaremos de:
  • La anatomía y fisiología femenina.
  • De nuestras hormonas.
  • De nuestros orígenes y nuestras ancestras.
  • De la relación entre nuestro ciclo y la Luna
Si quieres respuestas, si quieres conocerte mejor, quererte mejor, te espero!
Estoy segura que podrás sacar mucho provecho.

Si quieres más información o tienes alguna duda puedes enviarnos un mail a nunnutit@gmail.com o seguirnos en nuestra página de Facebook.

Saludos

Mònica Pons Pérez
Mujer, madre, doula y bióloga

www.nunnutit.com

Charla sobre porteo seguro

Si te perdiste la charla sobre introducción al porteo aquí tienes una nueva oportunidad para escucharla.
Apúntate al taller de porteo seguro “Seguridad y sentido común” y suscribe te a nuestra newsletter. microsoft cloud . Recibirás en tu bandeja de entrada el enlace para ver la charla de introducción al porteo.
Con estas dos charlas tendrás las herramientas necesarias para portear de manera consciente y segura con el portabebés que habrás elegido y que mejor se adapte a ti, a tu bebé y a tu entorno.

Untitled Bernaskova alena

Introducción al porteo_ON LINE

poster taller porteo gratuito

Quienes nos iniciamos en el mundo del porteo sin tener ninguna referencia cercana, fuimos investigando poco a poco los diferentes tipos de portabebés que había en el mercado.

Descubrimos todo un universo que se iba haciendo más y más grande según íbamos explorando.

Esta charla va dirigida a madres y padres que quieran tener una idea general de los principales tipos de portabebés que hay en el mercado, sus características, sus pros y contras, etc.

Si lo que quieres es elegir un portabebé que se adapte mejor a ti y a tu bebé, en esta charla te ofrecemos la posibilidad de que adquieras unas nociones básicas para poderlo elegir con más seguridad y conocimientos.

Y por si no puedes seguir la charla en directo te enviaremos la grabación por correo electrónico para que la escuches cuando a ti te vaya bien.

 

CHARLA  GRATUITA  On line!!

INTRODUCCIÓN AL PORTEO
Ideas para elegir un buen portabebés
30 de septiembre · 22:00 h

Laia Simón
Asesora de porteo Mimos y Teta
Asesora Continuum en formación

Reserva ahora en nunnutit@gmail.com

site analysis Boulogne billancourt .

Mi primera vez

Estoy cansada, hace meses que no  puedo dormir.  Es mi primer embarazo y estoy nerviosa por cómo me va a ir el parto.

He asistido a las clases de preparación al parto que da la matrona de mi localidad. Es una persona encantadora. Nos habla de cómo ir adquiriendo recursos para llevar lo mejor posible las contracciones: música, masajes, pelota… Cada cual debe preparar su maleta personal, nos cuenta.

La verdad, no sé cómo va a ir mi parto, voy a dejar que las cosas sucedan para ir decidiendo sobre la marcha. No tengo ninguna experiencia y no me veo capaz de decidir nada ahora mismo.

Estoy de 41 semanas, casi 42. Parece que mi bebé no tiene prisa por salir. Y yo tengo mucho sueño hoy.

Son las 2 de la madrugada y me despierto, como viene siendo habitual, para ir al baño. Cuando vuelvo a la habitación, justo antes de entrar, tengo la sensación de estar meándome encima. Por unos momentos me pregunto cómo puede ser posible que no pueda retener el pipí… Hasta que caigo en la cuenta: he roto aguas. ¿O no? Empiezan las dudas. Después de un rato parada en la puerta de mi cuarto, y viendo que el agua que va bajando por mis piernas no cesa decido despertar a mi compañero: “Cariño, he roto aguas”. La escena a continuación es cómica, reímos y nos atolondramos sin saber bien qué hacer. Me ducho y me visto para ir al hospital donde voy a tener a mi pequeñín.

Sé que aunque haya roto aguas no tengo que sacar el pañuelo blanco por la ventana del coche, pero también me dijeron que, sin prisas pero sin pausas, había que dirigirse al hospital aunque no hubiera contracciones.

Voy a parir en un hospital privado que está a una hora de camino. No es que lo haya decidido de forma consciente. Ni siquiera me planteé hacerlo en otro sitio.

Durante el viaje sigo mojando. No hay dolor. Tan sólo unas contracciones muuuuuy leves pero regulares cada 4-6 minutos.

Llegamos al hospital, estoy muy emocionada. Parece mentira que, por fin, vaya a nacer mi primer hijo.

Me atienden enseguida. ¿Has roto aguas? ¿Y cómo lo sabes? ¿Cómo estás tan segura? Pues tengo que hacerte una prueba para comprobarlo.

Mi seguridad se disipa… ¿Me habré meado encima y resulta que no estoy de parto? Visto des de fuerautismoa y con la distancia puede parecer divertido. Pero las palabras del enfermero que me atiende me hacen sentir vulnerable, débil, poca cosa.

Después de comprobar que, efectivamente, he roto aguas, me llevan a la sala de partos. Me monitorizan. El bebé está bien, pero el hecho de estar tumbada me hacer ver las estrellas. Tengo un dolor de espalda terrible y la presión de la barriga me ahoga. No me permiten incorporarme. Estoy muy incómoda y  quiero andar.  Me estoy poniendo nerviosa.

No recuerdo cuanto tiempo ha pasado desde que estoy en la sala de partos. Ahora mismo estoy sola, no sé bien por qué.

Entra una enfermera que me comunica que van a ponerme un calmante. No entiendo nada. Tampoco pregunto. Me limito a observar cómo manipula el gotero (llevo una vía puesta, claro). En ese momento no tengo ni idea de que me está poniendo oxitocina.

Entonces empieza el infierno. Hasta ese momento no he sentido dolor.  Unas contracciones muy fuertes hacen que me retuerza en la camilla. La enfermera me dice que debo quedarme quieta porque se pierde la señal y no puede controlar el latido de mi bebé.

Me preocupa mi bebé, no quiero que le pase nada y quiero saber en todo momento si va bien. Pero el dolor es insoportable. Quiero moverme, necesito moverme para poder controlarlo.

Pero no puedo. Estoy estirada y muy nerviosa. Le pido a la enfermera, no, le imploro si tanto dolor es normal. No tengo ni idea de qué me está pasando. “Estás un poco histérica” es toda la explicación que recibo. Yo estoy a punto de ponerme a llorar. Me siento débil y estúpida por no poder soportar el dolor de unas contracciones ni mi estado emocional.

Sigo estando sola cuando llega el anestesista con la enfermera al cabo de un rato. Firmo una autorización. “Ahora debes ponerte de lado con las rodillas dobladas y debes estarte muy quieta puesto que sino podrían provocarte problemas graves con la punción”, me dice la enfermera. Yo sigo con unas contracciones tan dolorosas que ni siquiera me dejan pensar en todo lo que me está ocurriendo. Hago lo que me dice y entonces entra en acción el anestesista. Ni siquiera me dirige la palabra y le grita a la enfermera que como no me doble más y me esté quieta no me puede pinchar. Ella me pide que me doble más. Mi barriga y las contracciones me lo impiden. Él sigue gritando que así no me pincha.

Me pongo a llorar. Quiero que todo salga bien. Quiero colaborar y hacer lo que me piden pero no sé cómo. Le pido al anestesista con desesperación que me diga cómo puedo doblarme más. Al final consigo ponerme como a él le va bien y justo después de una contracción me pone la epidural.

Llega la calma. Dejan entrar a mi compañero. Me siento tranquila teniendo a alguien conocido al lado después de lo ocurrido.

Sigo notando las contracciones, no sé si eso es normal y se lo pregunto a la enfermera, que vuelve a estar por la sala mirando el monitor. Como respuesta: “Aviso al anestesista”. Al cabo de un rato aparece y me inyecta más anestesia sin decirme nada.

Ya no noto ni una leve contracción. No sé qué hora es. Estoy muy cansada y me quedo dormida.

Me despierto con muchas ganas de devolver, los labios y la boca secos. No me dejan beber. Sólo mojarme los labios con una gasa humedecida. Es una sensación muy desagradable, pero soportable.

“Hay sufrimiento fetal” me indica la enfermera. “Ponte esta mascarilla de oxígeno y túmbate de lado”.

Estoy asustada. La enfermera me presenta al ginecólogo y la matrona de guardia por si no llega a tiempo mi ginecólogo. Se van sin decirme nada más ¿A tiempo? ¿Ocurre algo? ¿Es que están esperando a que para cuando llegue mi ginecólogo?

Sólo quiero que acabe y que mi bebé salga bien.

Finalmente aparece mi ginecólogo en la sala de partos. Se muestra contento y eso me anima. Es una cara conocida y me relajo.

Lo primero que hace es cortar, sin yo saber nada, claro.

“Ahora vas a tener que empujar”. Me viene en mente las típicas imágenes de las películas de mujeres pariendo gritando y empujando. Pero yo no noto nada. “Cuando te diga empuja”. Cierro los ojos e intento concentrarme para hacerme una imagen mental de a dónde debo enviar la fuerza puesto que de cintura hacia abajo no noto absolutamente naclinica gonzalez-lince-partosda. “Vuelve a empujar”. Y sigo con los ojos cerrados todo el rato para intentar focalizar la fuerza. Parece ser que hay problemas. Lo noto.  El bebé no sale y tiene que usar espátulas. Yo no quiero abrir los ojos. Intento concentrarme para hacer el máximo de fuerza posible. Es lo único que me hace sentir útil.

“Para ya de empujar, y abre los ojos, que ya lo tienes aquí”. Me siento ridícula. “Cógelo, anda”.

Sin darme cuenta, sin notarlo, sin sentirlo, he parido a mi hijo. Mi primer hijo. El sufrimiento y el miedo desaparecen.  Me pongo a llorar.

Todo terminó. Ahora empieza otra fase que también me resulta demasiado desconocida. Pero es otra historia que ya contaré en otra ocasión.

Tardaré algunos años en relatar mi primer parto sin ponerme a llorar. Y no precisamente de felicidad, sino de angustia, de impotencia y rabia por no haber sido bien tratada.

No quiero juzgar aquí los pasos que siguieron los profesionales sanitarios, aunque sé que muchas personas los criticarán.

Mi pena, mi duelo personal, fue por el trato recibido y han tenido que pasar 6 años para que me atreva a escribirlo.