3 cosas que vas a conseguir después de pasar por el taller intensivo sobre Comunicación Eficaz

¿Te has parado a pensar qué es lo que hace que en un momento dado de conflicto, por más respetuosa que quieres que sea tu crianza, terminas por perder los papeles usando recursos que te gustaría tener cerrados bajo llave?

Te entiendo perfectamente. Sé lo frustrante que puede llegar a ser querer educar desde el respeto y tener la sensación de que no sabes cómo integrarlo plenamente.

A lo largo de los años que llevo acompañando a mujeres en la crianza y educación de sus hijos me he dado cuenta que el paso más importante que damos es tomar la decisión de que queremos hacer “algo diferente”.

La motivación que supone desear un cambio es maravillosa, pero no suficiente. En el fondo, también estamos esperando resultados. Y aquí es donde podemos llegar a desesperarnos. Sabemos lo nocivo que puede llegar a ser para nuestros hijos, no sólo ahora si no también en el futuro, el uso de gritos, chantajes, amenazas y castigos. Estos recursos minan su confianza, su seguridad, lo pueden convertir en una persona insegura que no se respeta ni se quiere como se merece. Y lo malo está que eso a la larga no se soluciona por si sólo. Llegará la adolescencia, con todos lo cambios que ésta conlleva y lo hará con una base que no le proporcionará la seguridad y confianza que necesita para afrontar esa nueva etapa.

Entiendo que esta reflexión te preocupe. Cuando yo me planteé cambiar la forma de educar de mis hijos, lo que primero me venía a la cabeza era pensar en qué diferente hubiera sido mi adolescencia con una autoestima saludable, si me hubiera querido más y me hubiera sentido más segura de mi misma. Por esta razón, tenía claro que quería actuar, cambiar la forma de educar a mis hijos para que las bases, los pilares en los que aguantasen cuando llegaran a esa etapa fueran fuertes y seguros: una autoestima saludable, confianza y respeto en sí mismos.

Pero este planteamiento tiene un punto importante que hay que tener en cuenta si realmente queremos obtener resultados: nosotras mismas.

En todos mis curso, talleres y formaciones, pongo mucha atención al crecimiento personal. Para poder abordar un cambio en la forma de educar a nuestros hijos considero imprescindible crecer, conocernos, mejorar nuestra confianza y autoestima, aprender a respetarnos y a querernos. La base es ser un modelo para nuestros hijos.

Yo he conseguido dar ese paso y también quiero que tú lo consigas.

Me encantaría tenerte en el curso intensivo sobre Comunicación Eficaz que daré el próximo jueves 3 de Mayo de 4 a 8 de la tarde.

Algunos de los beneficios que obtendrás en este taller son:

  • Aprenderás a identificar emociones con más facilidad y a analizar necesidades reales para poder comprender mucho mejor una situación de conflicto.
  • Harás crecer una relación con tu hij@ basada en el respeto y la confianza.
  • Dejarás de emitir juicios que dañan la autoestima de tu hij@.
  • Evitarás usar castigos, chantajes y gritos.
  • Descubrirás qué es lo que realmente genera un conflicto, no sólo con tu hijo sino también contigo misma.
  • Aprenderás a usar un lenguaje que contribuya a una motivación verdadera para hacer las cosas.
  • Encontrarás estratégias que te ayudaran a dar con soluciones creativas que satisfagan las necesidades de tu hij@ y también las tuyas.
  • Serás capaz de dar y recibir un no desde la calma y poder transformarlo en un sí.
  • Descubrirás cómo formular las peticiones a tu hijo o hija que te permitan conectar con él o ella.
  • Podrás ayudar a tu hij@ a desarrollar su empatía.

Pero de todo esto, a mi me gusta destacar 3 puntos que considero claves y que el taller intensivo puede proporcionarte.

  1. Te sentirás más segura y confiada cuando afrontes la educación de tu hijo

  2. Sentirás la tranquilidad de ser coherente y fiel a ti misma.

  3. Serás un modelo para las personas que te rodean.

Si quiere más información sobre el programa pincha en el enlace que tienes a continuación.

Si lo prefieres, también puedes pedir una sesión privada de 15’ conmigo para resolver dudas sobre el programa. Si estás interesada escríbeme a laiasimonmartin@gmail.com. Estaré encantada de atenderte.

Los 10 mensajes que tus hijos querrán escuchar cada día

En muchas ocasiones las personas que llegan a mí me preguntan cómo pueden mejorar la autoestima de sus hijos.

La autoestima es la imagen que tiene una persona de sí misma, y en la etapa que viven nuestros hijos e hijas se va formando a partir de los mensajes que reciben de sus figuras de referencia.

No podemos generar una autoestima positiva en nuestros hijos porque es algo que crean ellos mismo a partir de cómo reciben, filtran y procesan la información que les llega de su alrededor. Pero lo que sí que podemos hacer es acompañarlos para que el concepto que tienen de sí mismos les ayude a tener una autoestima saludable.

Hoy quiero compartir 10 mensajes que podemos enviar cada día a nuestros hijos para llevar a cabo este acompañamiento:

  1. Eres maravilloso, no cambiaría ni un solo pelo de tu cabeza

  2. Eres único

  3. Tu opinión es importante, qué elegirías tú.

  4. Tú puedes.

  5. Te quiero porque eres…

  6. Cuando me necesites me llamas, estaré aquí

  7. Contigo disfruto haciendo…

  8. Esta idea es muy interesante, gracias por compartirla conmigo

  9. Confío en ti.

  10. Mereces lo mejor

Estos son solo algunos ejemplos, estoy segura de que tú tendrás muchos más que compartir aquí. Estaré encantada de leerte.

¿Usas estos mensajes con tu hijo cada día? Recuerdo cuando yo me propuse acompañar a mis hijos a mejorar su autoestima mi planteé como rutina diaria decirles, uno a uno, 10 cosas que me gustaban de ellos. Hoy en día ellos, pueden decir sin muchas dificultades ni ayuda, 30 cosas que les gustan de sí mismos. Vamos avanzando, pero aún nos queda trabajo por hacer.

Aprende a pedir colaboración y obtén la participación de tus hijos en las tareas de casa

¿Quieres que tu hijo colabore en las tareas domésticas? ¿Te cuesta motivarlo para que se implique participe sin que el día a día sea una discusión constante?

Si es así, hoy quiero darte unas ideas que te pueden ayudar a conseguirlo.

Cuando le pedimos a nuestro hijo que recoja su habitación, que ponga la mesa o que no deje la ropa en el suelo del baño después de ducharse, podemos obtener varias respuestas. La ideal, la que en el fondo estamos esperando, es un sí acompañado de la acción concreta que estamos pidiendo. Si ésta es la reacción que tiene nuestro hijo, el conflicto no aparece y todo fluye. Pero si estás interesada en este post es que, en tu caso, no suele ser la habitual.

Cuando tenemos la impresión de que nuestro hijo no colabora es porque vemos que aquello que pedimos no suele realizarse. Podemos recibir la negativa directa y clara de nuestro hijo con respuestas como “no quiero”, “estoy es un rollo”, “no me apetece”…; o esos famosos “ahora va”, “enseguida voy”, “en cuanto termine”, ¿os suena?

Cuando no obtenemos la colaboración que deseamos de nuestro hijo, es clave plantearnos qué está fallando. Por eso, os animo a que tengáis en cuenta los 10 puntos siguientes.

1- Márcate objetivos

¿Por qué necesitas que tu hijo colabore? ¿Qué quieres conseguir?

Es importante tener en cuenta qué nos mueve a pedir la colaboración de nuestro hijo, cuál es nuestra motivación real. Pero, sobre todo, cuando nos planteamos nuestros objetivos, es necesario analizar si esa motivación está basada en alguna creencia que no es coherente con nuestra idea de crianza respetuosa al mismo tiempo que tenemos claros los valores que deseamos transmitir cuando nos planteamos esa colaboración.

2- Empieza por algo sencillo

Para plantear cualquier objetivo es imprescindible saber cuál es el punto de partida.

La edad madurativa de nuestro hijo, el carácter o el trabajo previo que hayamos hecho puede ayudarnos a determinar qué es viable que le pidamos y qué no. Parece algo sencillo, sin embargo, en muchas ocasiones podemos dar por sentado que con X años “deben” hacer una cosa concreta, compararlo con otros niños o evocar una imagen de nuestra infancia en la que basarnos.

Ser realista y dar pasos pequeños pero firmes son los pilares que nos ayudarán a cumplir nuestra meta.

3- Implica a tu hijo en las decisiones

¿Sabes la diferencia que hay entre plantear lo que “debe hacer para colaborar en casa” y lo que “cree que puede hacer para colaborar en casa”? La motivación que se deriva de tomar sus propias decisiones.

En ocasiones se nos mete entre ceja y ceja que una de las responsabilidades de los niños es la de recoger los juguetes. Nuestra batalla se centra en que asuman esa responsabilidad. Si nuestro objetivo es la de transmitir el valor de la cooperación y la colaboración, ¿por qué nos centramos en que deban hacer algo concreto?

Implicarles en tomar sus propias decisiones es darles el mensaje de que no buscamos obediencia, si no colaboración.

4- Acuerda tempos y momentos adecuados

Implicarlos en las tareas domésticas nos lleva a hablar de qué y cómo van a participar. Cuanto más detallado sea el acuerdo y más fácil será que evitemos interpretaciones que nos lleven a un conflicto. ¿Os suena eso de “ahora mismo lo hago” pero que no se realice?

Tan importante es acordar qué es lo que pueden hacer para colaborar como definir cuándo lo van a realizar o cuál es el marco en el que lo van a hacer.

5- Empatiza con sus necesidades

Si pese a todo, llega el momento y nuestra hija o hijo no colabora o no respeta el pacto acordado, empatiza.

¿Qué está necesitando en ese momento? ¿Podemos darle empatía para que reciba que comprendemos su estado emocional y sus necesidades?

Realizar este primer paso no implica que perdamos de vista el acuerdo ni que cedamos. Sencillamente es un trabajo que nos permite asegurarnos que se sienta comprendido y esté más receptivo a escuchar nuestro punto de vista en el asunto.

6- Evita la exigencia cuando pidas

Cuando vayamos recordarle a nuestro hijo lo que queremos que haga o el acuerdo que tenemos sobre la colaboración en las tareas domésticas cuidado con el lenguaje que usas. Y cuando digo lenguaje no sólo me refiero al verbal.

Nuestras palabras son importantes para no enviar un mensaje de exigencia que bloquee la capacidad de comprender una situación de forma empática por parte de nuestro hijo. Sin embargo, nuestro mensaje no sólo se define por las palabras que usamos, también entra en juego el lenguaje no verbal, que si no lo tenemos en cuenta, puede jugarnos malas pasadas al ser contradictorio a lo que decimos con palabras.

7- Confía en la capacidad de colaboración

Ten confianza en tu hijo, es clave.  Y no solo lo pienses, transmíteselo constantemente. La imagen que tiene de sus capacidades, de lo que puede o no puede hacer depende, en gran medida, de lo que recibe de las personas referentes para él o ella. Tú eres una de ellas.  

8- Valora su esfuerzo

No todo son batallas perdidas. Estoy segura de que hay momentos, aunque sean pocos y te parezca que no son de mucha importancia, en los que tu hijo ha realizado una acción que implica colaboración: participar en la elaboración de la comida, colocar un objeto en un lugar determinado, ir a buscar un producto en un supermercado… Sea lo que sea, valora su participación. Se trata de fomentar estas pequeñas acciones, no sólo cuando le pedimos colaboración en las tareas domésticas, si no que perciba que es algo positivo en otros momentos también.

9- Habla de consecuencias naturales siempre que puedas

Aprender a partir de las conversaciones (y no sermones, ojo) que tenemos con nuestros hijos es uno de los aprendizajes más significativos que podemos realizar. Por eso, aprovecha cualquier oportunidad para mostrar las consecuencias que tiene no realizar una acción concreta, por ejemplo, si no ponemos los juguetes en las cajas cuando los buscamos para jugar no los encontramos en su sitio.

Pero cuidado, estas conversaciones pueden convertirse en sermones moralistas con facilidad. Es clave poder expresarnos sin juicios.

10- Piensa en tus objetivos a largo plazo

En momento de conflicto en el que nuestro hijo no quiere colaborar es importante tener en cuenta cuáles son nuestros objetivos a largo plazo. No perder de vista nuestra perspectiva nos puede ayudar a relativizar, a tomar cierta distancia del conflicto que se está dando en ese momento que nos permita tomar decisiones con objetividad.

Si crees que estas ideas pueden ayudarte a mejorar la forma en la que abordas los conflictos con tu hijo te invito a que me cuentes cuál es tu situación y en qué momentos te cuesta más encontrar la colaboración y participación de tu hija o hijo en las tareas de casa. Estaré encantada de leerte.

Ir al restaurante con niños y no morir en el intento

Comer, una acción súper sencilla ¿verdad? Piensa en un restaurante, lleno de gente, con tus amigos que hace tanto que no los ves… ¿Todo genial? Ahora piensa lo mismo, pero con gritos, llantos, una vocecilla que dice “papá, mamá” constantemente sin dejarte articular palabra… según cómo, ya no es tan genial. O sí.

Esa acción social tan utilizada para quedar con los amigos y evadirte del mundo queda olvidada en cuanto los niños empiezan a andar. Así que lo mínimo que deberíamos saber es cómo seguir disfrutando de estos momentos cuando nos convertimos en padres y madres.

Situaciones que nos irritan y que podemos solucionar
  1. Gritos y más gritos

    Para evitar esos gritos insoportables y conflictos entre los demás comensales lo mejor es el entretenimiento sobre la mesa: pequeños juegos de viajes, colores y cuadernos. Recuerdo una temporada que en el coche siempre llevábamos una gran bolsa con un “kit” especial por si la decisión de ir a un restaurante nos pillaba desprevenidos. Quizás en estas situaciones somos reacios a usar móviles, tablets y videojuegos, pero hay que tener en cuenta qué necesidades queremos cubrir (las nuestras y las de los niños) y si tenemos alternativas. Si la comida va a ser larga y nos apetece hacer una buena sobremesa, tal vez esas maquinillas nos pueden echar una mano, ¿no os parece?

    2. ¿Dónde se han metido?

    No todos los niños son iguales, lo sé. Lo he vivido yo misma con mis tres hijos. Recuerdo perfectamente lo relativamente fácil que era ir a los restaurantes con mi hijo mayor, al que se le podía entretener fácilmente con cualquier cosa en la mesa. Pero cuando tuvimos a nuestra pequeña y empezó a corretear… ¡Ni os explico la de veces que nos teníamos que levantar para buscarla entre los comensales! Y los la encontrábamos en cualquier rincón, ¡hasta en la cocina se nos coló una vez. Te pensabas que estaba en el suelo entretenida y de pronto había desaparecido

Los juicios a la hora de elegir un restaurante tienen que ser claros. Una opción a considerar para las criaturas más inquietas es informarse si el restaurante tiene zona de juegos o incluso personas que puedan estar a su cargo.

3. ¡Puagg, qué asco!

“No me gusta” es la frase más repetida por los niños en un restaurante. Cuando llames para reservar o antes de entrar en un sitio, pregunta siempre si tienen menú especial para los niños. Y con esto no me refiero a que tengan macarrones, carne, patatas fritas con ketchup y un huevo frito. Oye, que si es eso lo que les gusta, adelante. Sin embargo, considero que muchas veces, por el simple hecho de ser niño, se les priva de la posibilidad de comer los mismo que un adulto. Al fin y al cabo, lo que puede pasar es que un menú entero o una ración “de adulto” sea demasiada cantidad. ¿Os imagináis lo frustrante que puede ser para un niño a la que no le gustan los macarrones con tomate o la carne rebozada que le pongan siempre el mismo menú en los restaurantes? Yo sí, tengo a una en casa.

4- ¿Cuándo nos vamos?

La segunda frase más repetida por nuestros hijos puede ser la pregunta: ¿cuándo nos vamos? En el momento que sacan el café y nos apetece estar ese rato reconfortante después de la comida, nuestros hijos están ya cansados, se aburren y quieren irse cuanto antes. Tener un as en la manga guardado es una idea fantástica: un postre extra, una actividad especial… algo que les anime a estar un rato más mientras los adultos terminamos el placer de la sobremesa.

Soluciones sin complicaciones

Si todos estos consejos ya los has probado y no han funcionado, no te agobies. Quizás la solución definitiva nos es ir juntos y otra opción puede ser dejar a los niños en casa. Ir a un restaurante en familia implica tener la capacidad de comprender que todos tenemos nuestras necesidades, incluidos los niños. 

A veces lo que buscamos no es una actividad en familia, si no tener un momento íntimo con la pareja o un reencuentro con los amigos.  

Sin embargo, puede resultarnos complicado encontrar a alguien para que tenga a los niños, pero siempre habrá una persona que nos salve. Estas son algunas de las soluciones que proponemos:

1. Adorables abuelos

Nuestros padres pueden quedarse ellos. En la mayoría de casos son personas cercanas a los niños que pueden cuidarlos, complacerlos con gusto.

2- ¿Tíos? Por supuesto

La otra opción son los tíos. La familia puede ser una gran tribu y mucho más divertida si los primos tienen una edad parecida. Harán buena amistad, compartirán recuerdos y disfrutarán de la infancia todos juntos.

3- Me debes una

Todos tenemos algún amigo que nos debe un favor y esta es la ocasión perfecta. Además, si este fiel compañero tiene hijos y son amigos será toda una aventura para los pequeños. También las amistades pueden ser una maravillosa tribu a la que recurrir cuando se necesita.

4- Canguro por una noche

Una vez al año no hace daño. Contratar a un canguro por una noche es lo ideal si hay alguna celebración especial. Puede llegar a ser un poco caro, pero si no tienes otra opción elige esta. Te mereces una comida o una cena con tus seres queridos.

No hay excusa. Hay muchas opciones para disfrutar de los restaurantes. Olvídate de preocupaciones y disculpas ante los camareros. Hay que ser inteligente y ver siempre el lado positivo de las cosas. Saborea los pequeños momentos de desconexión y disfruta de la mejor manera de tus hijos. Parecen pequeños diablos, pero si sabes cómo tratarlos parecerán angelitos ante tus amigos.

4 claves para transformar tu forma de educar

 

La necesidad de educar a nuestros hijos de forma respetuosa no es algo que venga de un día para otro. Las primeras preguntas que nos suelen venir a la mente suelen estar relacionadas con dudas relacionadas con el impacto que pueden tener nuestras acciones en la seguridad y la autoestima de nuestros hijos: ¿soy demasiado permisiva? ¿Le exijo cosas que no puede entender? ¿Es momento de hacerle responsable de X? ¿Le estoy mostrando correctamente que él es importante y no debe ceder si no lo cree?…

Queremos que nuestra forma de educar les ayude a crecer seguros de sí mismos y puedan desenvolverse con éxito en todos los objetivos que se planteen en un futuro.

Porque sí, es el futuro el que realmente nos preocupa y por eso empezamos a cuestionarnos si lo que hacemos ahora les afecta o no, de qué modo y cómo será nuestro hijo dentro de 10 años.

Pero educar de forma respetuosa puede ser, para la mayoría de nosotras, algo nuevo.

  1. Es una forma de educar que no vemos en la mayoría de las personas que nos rodean en la actualidad.
  2. Tampoco es una forma de educar que hayamos recibido, por lo que no la hemos experimentamos y no sabemos cómo la recibe una criatura ni cómo actúa el adulto que la aplica.
  3. En muchas ocasiones, es posible que no sea una forma de educar que las personas de tu entorno vayan a recomendar. Si la tendencia es a repetir patrones, ver que alguien hace algo diferente no suele ser aprobado de forma incondicional.
  4. No siempre tenemos bases en las que apoyarnos. Ya sea en bases teóricas, estudios, resultados, ni tampoco empíricos, experiencias de personas que han sido educadas desde el respeto y la empatía. Si bien podemos tener conocimiento de algún caso concreto, no suelen ser las personas que nos rodean referentes que demuestren que este tipo de educación tiene unos resultados beneficiosos a largo término.

Estas son 4 ideas que te pueden ayudar a identificar tus dificultades y, por lo tanto, empezar a poner remedio.

¿Qué estás dispuesta a hacer para superarlas?

 
 

7 errores que cometes cuando quieres aplicar las bases de una educación respetuosa en un momento de conflicto

En varias ocasiones he comentado que han llegado a mí mujeres con una idea clara de lo que querían para sus hijos e hijas, con libros leídos e incluso cursos sobre crianza respetuosa hechos. Mujeres que, pese a la formación y conocimientos adquiridos, seguían teniendo bloqueos cuando se encontraban ante un conflicto con sus pequeños. 
 
En este post, voy a contarte 7 errores muy frecuentes que pueden ser el origen de los bloqueos que tienes cuando surge un problema con tu hijo y quieres aplicar las herramientas de una comunicación empática dentro de la crianza respetuosa.  
 
1. Marcas objetivos inalcanzables fácilmente

Un fallo muy común que cometemos cuando queremos poner en práctica la teoría que ya sabemos es el de querer hacerlo todo perfecto. Cambiar nuestra forma de actuar implica un aprendizaje en el que es muy fácil cometer errores. Marcarnos metas adecuadas al momento en el que nos encontramos nos ayudará a no sentir que fracasamos y que no podemos con lo que nos proponemos

2. Falla algún concepto teórico

¿Tienes dudas en un momento determinado? ¿No sabes si la forma de reaccionar es la que “deberías hacer”? Quizás hay alguna cosa que se escapa y es necesario investigar

3. Te rindes antes de volverlo a intentar

Equivocarse no es malo si sabes aprender de los errores. Nadie dijo que el camino fuera fácil, pero tampoco imposible. ¿Quién te dice que no lo conseguirás la próxima vez?

4. Olvidas qué es lo que quieres hacer

¿Qué es lo que quieres conseguir? ¿Qué motivación deseas que se active en tu hijo? ¿Qué estás haciendo para que sea esa motivación realmente y no otra?

5. No tienes presentes tus objetivos cuando actúas

Tener claros tus objetivos te ayudará a relativizar lo que está sucediendo en ese momento. Todo está integrado en un objetivo a largo plazo. Es clave estar convencida de cuál es.

6. Te falta tomar aires y bajar el ritmo cuando conduces la situación

Resolver conflictos requiere espacio y tiempo. ¿Estás dispuesta a destinarlo? Para, respira y date el tiempo necesario para plantear una buena estrategia que te permita usar los recursos respetuosos que tu hijo y tu os merecéis.

7. No has cerrado lo que te ha ocurrido justo antes

A veces acumulamos estrés. A lo largo del día acumulamos tensiones que explotan en un momento determinado. Los conflictos con nuestros hijos suelen ser uno de estos momentos. Asegúrate de que cuando estás resolviendo un problema con tu hijo no estás liberando otro tipo de conflicto.

 

Estos son algunos de los errores más comunes, pero no los únicos. 

Si quieres seguir investigando y profundizando sobre los bloqueos que te impiden usar los recursos de una crianza respetuosa puedes obtener más información pinchando en el enlacesiguiente. 

Viví castigos injustos como alumna, sin embargo, yo de maestra también castigué

Recuerdo perfectamente lo que me cabreaba que nos castigaran a todos en clase por la acción de una sola persona.
Era algo que consideraba tremendamente injusto y hacía que sintiera odio por el maestro en cuestión que aplicaba dicho castigo.

¿Qué teníamos que ver las personas que no sabíamos de qué iba el tema? ¿Qué motivo había para quedarnos sin patio si ni siquiera sabíamos lo que había pasado?

Ahora sigo pensando que era injusto, pero tengo que haceros una confesión.

Yo, como maestra, también apliqué en su día ese castigo.

¿Cómo se explica que algo vivido como desagradable e injusto podamos repetirlo ahora desde el otro lado? ¿Es que no nos acordamos de lo que vivimos? ¿Es que no somos conscientes del impacto que tuvieron esas experiencias en la relación con la persona adulta que las activó?

Pues no, seguramente.

Lo que hacemos es repetir patrones, aunque sea de forma inconsciente.

Esa es la gran dificultad a la que nos enfrentamos cuando queremos cambiar la forma que tenemos de educar, ya sean a nuestros hijos como a nuestros alumnos. El principal escollo es cambiar esos patrones anclados.

Pero os voy a decir una cosa: se puede cambiar. ¡Vaya si se puede! Y si no, miradme, aquí estoy ?

¿Cuál es el truco? Pues estas son algunas de las cosas que para mí han sido más importantes:

– Darme cuenta de cómo me estaba relacionando con los niños y cómo afectaba a la relación que estaba construyendo con ellos.
– Marcarme un objetivo claro y repetirme día y noche que lo iba a alcanzar.
– Plantearme pequeñas metas que me ayuden a ver que crezco, que avanzo y que todo es posible si me lo propongo
– Mejorar mi autoestima: yo puedo, yo valgo, yo merezco ser esa persona que quiero ser.
– Ver los avances, por pequeños que sean, como grandes logros, y los fracasos como simples errores de los que aprender.
– Rodearme de personas que sí lo han logrado y que pueden ser un referente para mí.
– Formarme, por supuesto.
– Salir de mi zona de confort. Esperar cambios implica dejar de hacer lo mismo.

Y vosotras, ¿qué estáis dispuestas a hacer para conseguir el cambio que estáis deseando?

¿Quieres saber cómo ser la protagonista principal de lo que te ocurre?

Existen momentos en los que puedes sentirte desbordada por las circunstancias externas. Momentos que te producen algún tipo de malestar y que, sin embargo, no afrontas de forma asertiva. La empatía es una cualidad humana y, por ello, tienes la capacidad de reinterpretar estas situaciones de conflicto desde esta perspectiva asertiva.

Sin embargo, existen patrones de conducta adquiridos y reafirmados a través del poder de la educación y de las experiencias vividas y repetidas en la infancia y la adolescencia, escenas que perduran hasta la etapa adulta y se convierten en mecanismos de defensa habituales cuando te posicionas ante un conflicto en actitud de alerta.

Cómo evitar la reproducción de patrones

La educación que ha recibido una persona genera una influencia directa en cómo aborda los problemas. Por ejemplo, una persona que ha sido educada en un ambiente estricto en el que la fortaleza se confunde con la ausencia de manifestación de emociones que en este contexto se interpretan desde el marco de debilidad, por ejemplo, la tristeza, el llanto, la pena o la compasión, en este caso, la persona ha aprendido a reprimir sus emociones. Cuando la lucha de poder se instaura en el seno de un conflicto, surge una rivalidad con la otra persona al querer dar voz a la propia autoridad.

Cuando vives un momento de conflicto, ese hecho no se desarrolla únicamente en el plano exterior de la situación observable a nivel objetivo. Es decir, existe también una realidad subjetiva que reinterpretas desde un diálogo interno del que tal vez no eres consciente porque no te has parado a escucharte con calma en ese momento. Comprender qué te ocurre en una situación de estas características significa ampliar la mente y el corazón para asumir las emociones, las sensaciones y las ideas que surgen en una situación de conflicto que a veces se traduce en un enfado.

Las emociones y los sentimientos no son positivos o negativos, sin embargo, existe una tendencia frecuente de censurar aquellas sensaciones que se estigmatizan con el adjetivo de la negatividad. Todas las emociones son positivas, te ofrecen una información valiosa sobre ti misma, por tanto, te permiten conocerte mejor. Pero, además, al escuchar qué te ocurre, puedes expresarlo y verbalizarlo ya que gracias al poder del lenguaje también obtienes un mayor autocontrol sobre la situación.

El ser humano tiene la capacidad de desaprender algunos hábitos para entrenar otros nuevos. Pero, también, es un ser condicionado por sus experiencias previas. Eso no significa que estés determinada por la educación que has recibido o por tus propias experiencias pasadas. No estás determinada a modo de causa y efecto, sin embargo, todo ese legado sí ha generado una influencia en ti. Ha producido una huella porque durante mucho tiempo, esa información vital ha formado parte de tu zona de confort.

Eres la persona más valiosa y significativa de tu vida, sencillamente, porque eres dueña de tu destino en aquellas decisiones sobre las que tú tienes el control de la realidad. Por tanto, mereces darte importancia. Cuando experimentas un conflicto interior, tienes que escuchar qué te está pasando, cómo te afecta esa situación, cómo te hace sentir en presente. Entrenas la asertividad cuando profundizas en el plano personal para explorar tu universo interior. ¿Y por qué es tan importante que dediques este tiempo a conocerte? Porque si no lo haces, corres el riesgo de actuar en automático en otras situaciones similares, en lugar de tomar una distancia emocional para valorar distintas posibilidades de actuación.

 

Recuerda que si habitualmente reaccionas de forma similar, los resultados serán también previsibles. Por el contrario, si desarrollas nuevas herramientas de actuación, tu calidad de vida emocional mejora a partir de la libertad como creatividad. Es decir, como persona libre, tienes un potencial inagotable de respuesta para tener una nueva actitud ante esa situación que incrementa tu vulnerabilidad.

 

La educación influye de forma muy positiva en la formación emocional que has recibido. Sin embargo, más allá de las fortalezas personales que te ha aportado esa influencia familiar, también puedes observar algunas carencias internas que te gustaría corregir por medio del desarrollo personal. La buena noticia es que como protagonista única e irrepetible de esta aventura de tu presente y de tu potencial futuro tienes el tiempo necesario para perfeccionar tu inteligencia emocional y, de este modo, resolver y gestionar los conflictos a partir de tu propio bienestar.

La aceptación de las emociones te ayuda crecer

La empatía es uno de los sentimientos más humanos. Es esa capacidad que te permite comprender al otro como otro. Es la aceptación incondicional de la alteridad. Sin embargo, la empatía comienza por ti misma al darte la importancia que mereces. Al escucharte y comprenderte. Los conflictos pueden ser incómodos, pero no son negativos.

Son experiencias positivas que te ofrecen nuevas oportunidades de desarrollo para entrenar la expresión asertiva y evitar la lucha de poder. ¿Qué vas a hacer para crecer a nivel interno?    

Lo que sí puedes empezar a cambiar en la educación de tus hijos

 
Yo soy muy consciente de que cuando nos planteamos una crianza respetuosa puede ser un poco abrumador. Nos damos cuenta de que son muchas las situaciones en las que quizás nos vemos desbordadas o son muchos los cambios que creemos que tenemos que dar. Y percibir el cambio como algo muy grande nos puede agobiar un poco. Podemos llegar a pensar que quizás no vamos a ser capaces o no vamos a obtener los resultados con la inmediatez que desearíamos.
 
Es por esta razón que me gustaría que cogieras papel y lápiz y dedicaras minutos a pensar cuáles son las acciones que hoy mismo puedes empezar a realizar para fomentar un tipo de relación más respetuosa con tu hijo o hija y, también aquellas acciones que puedes empezar a implementar y que puedan evitar conflictos.
 
La idea es que podamos percibir un conflicto como una oportunidad de hablar, de acompañar, de conocernos y de crecer juntos. Y con esta percepción, la lucha de poder que normalmente aflora cuando tenemos un conflicto con nuestro hijo, queda más difuminada. Tomando acción con pequeños detalles podemos obtener cambios importantes.
Si, por ejemplo, un momento de conflicto es el de ponerse la ropa, ¿podemos cambiar nuestra organización y planteamiento para que tenga tiempo suficiente y poderla elegir?
 
Si un conflicto es el de salir de casa, ¿qué acciones podría tomar? Si nuestro hijo tiene, por ejemplo, 3 años, es difícil que comprenda conceptos temporales o el de “tener prisa”, lo que hace más complejo que pueda implicarse en ir deprisa para salir a tiempo de casa. Quizás avanzar todo el proceso para tener un margen podría ser una solución.
Se trata de buscar pequeñas acciones que nos puedan ayudar a evitar el conflicto.
 

Cómo plantear estos pequeños cambios.

 
1- En primer lugar anota de 1 a 3 situaciones Este ejercicio puede hacerlo tantas veces como quieras, así que no te preocupes si sólo empiezas con 1.
 
2- Anota lo que estás haciendo ahora para resolver esa situación. Qué frases usas, cuando tiempo dejas, cómo lo expresas… todo lo que se te ocurra. Cuanta más información expreses más en contexto te situarás. Puedes añadir qué momento crees que es el más crítico, qué variantes suelen dar menos problemas… No te cortes.
 
3- Ahora haz un listado de posibles modificaciones. Es importante tener siempre una mente abierta y centrarte en lo que puedes cambiar tú, no en lo que puede cambiar tu hijo. Se trata de ver qué modificaciones podemos implementar nosotras en nuestras acciones para fomentar una mejor convivencia o una mejor realización de aquello que esperamos.
 
4- Ahora sólo hace falta ponerlo en práctica y seguir anotando qué estrategias te funcionan y cuáles tienes que volver a replantear.
 
Deseo que este sencillo ejercicio te ayude a mejorar tu día a día. Estaré encantada de leer tus comentarios y saber si te ha funcionado.

Mi inspiración clave para educar desde el respeto con éxito y cómo puedes aprovecharlo.

En más de una ocasión han llegado a mi mujeres que me han transmitido la preocupación de no saber aplicar la teoría. Son personas que, como yo hace unos años, se plantean educar desde el respeto, se forman, leen, consultan… pero siguen viviendo momentos de gritos, chantajes o amenazas que las remueven internamente.

Conozco bien esa sensación,  yo estube ahí hace tiempo. De hecho, todavía hay momentos en los que me encuentro en situaciones similares. 

Crecer y modificar lo que venimos haciendo puede ser un camino largo, o no. No depende únicamente de la teoría que sepamos si no del momento en el que nos encontramos. 

Hoy he estado en directo hablando de este tema y de un programa especial que he creado para abordarlo y encontrar soluciones realmente eficaces para aquellas personas que desean desbloquear esos conflictos y avanzar en la consecución de su objetivo final y más deseado: educar sin castigos, chantajes ni amenazas.