4 claves para transformar tu forma de educar

 

La necesidad de educar a nuestros hijos de forma respetuosa no es algo que venga de un día para otro. Las primeras preguntas que nos suelen venir a la mente suelen estar relacionadas con dudas relacionadas con el impacto que pueden tener nuestras acciones en la seguridad y la autoestima de nuestros hijos: ¿soy demasiado permisiva? ¿Le exijo cosas que no puede entender? ¿Es momento de hacerle responsable de X? ¿Le estoy mostrando correctamente que él es importante y no debe ceder si no lo cree?…

Queremos que nuestra forma de educar les ayude a crecer seguros de sí mismos y puedan desenvolverse con éxito en todos los objetivos que se planteen en un futuro.

Porque sí, es el futuro el que realmente nos preocupa y por eso empezamos a cuestionarnos si lo que hacemos ahora les afecta o no, de qué modo y cómo será nuestro hijo dentro de 10 años.

Pero educar de forma respetuosa puede ser, para la mayoría de nosotras, algo nuevo.

  1. Es una forma de educar que no vemos en la mayoría de las personas que nos rodean en la actualidad.
  2. Tampoco es una forma de educar que hayamos recibido, por lo que no la hemos experimentamos y no sabemos cómo la recibe una criatura ni cómo actúa el adulto que la aplica.
  3. En muchas ocasiones, es posible que no sea una forma de educar que las personas de tu entorno vayan a recomendar. Si la tendencia es a repetir patrones, ver que alguien hace algo diferente no suele ser aprobado de forma incondicional.
  4. No siempre tenemos bases en las que apoyarnos. Ya sea en bases teóricas, estudios, resultados, ni tampoco empíricos, experiencias de personas que han sido educadas desde el respeto y la empatía. Si bien podemos tener conocimiento de algún caso concreto, no suelen ser las personas que nos rodean referentes que demuestren que este tipo de educación tiene unos resultados beneficiosos a largo término.

Estas son 4 ideas que te pueden ayudar a identificar tus dificultades y, por lo tanto, empezar a poner remedio.

¿Qué estás dispuesta a hacer para superarlas?

 
 

7 errores que cometes cuando quieres aplicar las bases de una educación respetuosa en un momento de conflicto

En varias ocasiones he comentado que han llegado a mí mujeres con una idea clara de lo que querían para sus hijos e hijas, con libros leídos e incluso cursos sobre crianza respetuosa hechos. Mujeres que, pese a la formación y conocimientos adquiridos, seguían teniendo bloqueos cuando se encontraban ante un conflicto con sus pequeños. 
 
En este post, voy a contarte 7 errores muy frecuentes que pueden ser el origen de los bloqueos que tienes cuando surge un problema con tu hijo y quieres aplicar las herramientas de una comunicación empática dentro de la crianza respetuosa.  
 
1. Marcas objetivos inalcanzables fácilmente

Un fallo muy común que cometemos cuando queremos poner en práctica la teoría que ya sabemos es el de querer hacerlo todo perfecto. Cambiar nuestra forma de actuar implica un aprendizaje en el que es muy fácil cometer errores. Marcarnos metas adecuadas al momento en el que nos encontramos nos ayudará a no sentir que fracasamos y que no podemos con lo que nos proponemos

2. Falla algún concepto teórico

¿Tienes dudas en un momento determinado? ¿No sabes si la forma de reaccionar es la que “deberías hacer”? Quizás hay alguna cosa que se escapa y es necesario investigar

3. Te rindes antes de volverlo a intentar

Equivocarse no es malo si sabes aprender de los errores. Nadie dijo que el camino fuera fácil, pero tampoco imposible. ¿Quién te dice que no lo conseguirás la próxima vez?

4. Olvidas qué es lo que quieres hacer

¿Qué es lo que quieres conseguir? ¿Qué motivación deseas que se active en tu hijo? ¿Qué estás haciendo para que sea esa motivación realmente y no otra?

5. No tienes presentes tus objetivos cuando actúas

Tener claros tus objetivos te ayudará a relativizar lo que está sucediendo en ese momento. Todo está integrado en un objetivo a largo plazo. Es clave estar convencida de cuál es.

6. Te falta tomar aires y bajar el ritmo cuando conduces la situación

Resolver conflictos requiere espacio y tiempo. ¿Estás dispuesta a destinarlo? Para, respira y date el tiempo necesario para plantear una buena estrategia que te permita usar los recursos respetuosos que tu hijo y tu os merecéis.

7. No has cerrado lo que te ha ocurrido justo antes

A veces acumulamos estrés. A lo largo del día acumulamos tensiones que explotan en un momento determinado. Los conflictos con nuestros hijos suelen ser uno de estos momentos. Asegúrate de que cuando estás resolviendo un problema con tu hijo no estás liberando otro tipo de conflicto.

 

Estos son algunos de los errores más comunes, pero no los únicos. 

Si quieres seguir investigando y profundizando sobre los bloqueos que te impiden usar los recursos de una crianza respetuosa puedes obtener más información pinchando en el enlacesiguiente. 

Viví castigos injustos como alumna, sin embargo, yo de maestra también castigué

Recuerdo perfectamente lo que me cabreaba que nos castigaran a todos en clase por la acción de una sola persona.
Era algo que consideraba tremendamente injusto y hacía que sintiera odio por el maestro en cuestión que aplicaba dicho castigo.

¿Qué teníamos que ver las personas que no sabíamos de qué iba el tema? ¿Qué motivo había para quedarnos sin patio si ni siquiera sabíamos lo que había pasado?

Ahora sigo pensando que era injusto, pero tengo que haceros una confesión.

Yo, como maestra, también apliqué en su día ese castigo.

¿Cómo se explica que algo vivido como desagradable e injusto podamos repetirlo ahora desde el otro lado? ¿Es que no nos acordamos de lo que vivimos? ¿Es que no somos conscientes del impacto que tuvieron esas experiencias en la relación con la persona adulta que las activó?

Pues no, seguramente.

Lo que hacemos es repetir patrones, aunque sea de forma inconsciente.

Esa es la gran dificultad a la que nos enfrentamos cuando queremos cambiar la forma que tenemos de educar, ya sean a nuestros hijos como a nuestros alumnos. El principal escollo es cambiar esos patrones anclados.

Pero os voy a decir una cosa: se puede cambiar. ¡Vaya si se puede! Y si no, miradme, aquí estoy ?

¿Cuál es el truco? Pues estas son algunas de las cosas que para mí han sido más importantes:

– Darme cuenta de cómo me estaba relacionando con los niños y cómo afectaba a la relación que estaba construyendo con ellos.
– Marcarme un objetivo claro y repetirme día y noche que lo iba a alcanzar.
– Plantearme pequeñas metas que me ayuden a ver que crezco, que avanzo y que todo es posible si me lo propongo
– Mejorar mi autoestima: yo puedo, yo valgo, yo merezco ser esa persona que quiero ser.
– Ver los avances, por pequeños que sean, como grandes logros, y los fracasos como simples errores de los que aprender.
– Rodearme de personas que sí lo han logrado y que pueden ser un referente para mí.
– Formarme, por supuesto.
– Salir de mi zona de confort. Esperar cambios implica dejar de hacer lo mismo.

Y vosotras, ¿qué estáis dispuestas a hacer para conseguir el cambio que estáis deseando?

¿Quieres saber cómo ser la protagonista principal de lo que te ocurre?

Existen momentos en los que puedes sentirte desbordada por las circunstancias externas. Momentos que te producen algún tipo de malestar y que, sin embargo, no afrontas de forma asertiva. La empatía es una cualidad humana y, por ello, tienes la capacidad de reinterpretar estas situaciones de conflicto desde esta perspectiva asertiva.

Sin embargo, existen patrones de conducta adquiridos y reafirmados a través del poder de la educación y de las experiencias vividas y repetidas en la infancia y la adolescencia, escenas que perduran hasta la etapa adulta y se convierten en mecanismos de defensa habituales cuando te posicionas ante un conflicto en actitud de alerta.

Cómo evitar la reproducción de patrones

La educación que ha recibido una persona genera una influencia directa en cómo aborda los problemas. Por ejemplo, una persona que ha sido educada en un ambiente estricto en el que la fortaleza se confunde con la ausencia de manifestación de emociones que en este contexto se interpretan desde el marco de debilidad, por ejemplo, la tristeza, el llanto, la pena o la compasión, en este caso, la persona ha aprendido a reprimir sus emociones. Cuando la lucha de poder se instaura en el seno de un conflicto, surge una rivalidad con la otra persona al querer dar voz a la propia autoridad.

Cuando vives un momento de conflicto, ese hecho no se desarrolla únicamente en el plano exterior de la situación observable a nivel objetivo. Es decir, existe también una realidad subjetiva que reinterpretas desde un diálogo interno del que tal vez no eres consciente porque no te has parado a escucharte con calma en ese momento. Comprender qué te ocurre en una situación de estas características significa ampliar la mente y el corazón para asumir las emociones, las sensaciones y las ideas que surgen en una situación de conflicto que a veces se traduce en un enfado.

Las emociones y los sentimientos no son positivos o negativos, sin embargo, existe una tendencia frecuente de censurar aquellas sensaciones que se estigmatizan con el adjetivo de la negatividad. Todas las emociones son positivas, te ofrecen una información valiosa sobre ti misma, por tanto, te permiten conocerte mejor. Pero, además, al escuchar qué te ocurre, puedes expresarlo y verbalizarlo ya que gracias al poder del lenguaje también obtienes un mayor autocontrol sobre la situación.

El ser humano tiene la capacidad de desaprender algunos hábitos para entrenar otros nuevos. Pero, también, es un ser condicionado por sus experiencias previas. Eso no significa que estés determinada por la educación que has recibido o por tus propias experiencias pasadas. No estás determinada a modo de causa y efecto, sin embargo, todo ese legado sí ha generado una influencia en ti. Ha producido una huella porque durante mucho tiempo, esa información vital ha formado parte de tu zona de confort.

Eres la persona más valiosa y significativa de tu vida, sencillamente, porque eres dueña de tu destino en aquellas decisiones sobre las que tú tienes el control de la realidad. Por tanto, mereces darte importancia. Cuando experimentas un conflicto interior, tienes que escuchar qué te está pasando, cómo te afecta esa situación, cómo te hace sentir en presente. Entrenas la asertividad cuando profundizas en el plano personal para explorar tu universo interior. ¿Y por qué es tan importante que dediques este tiempo a conocerte? Porque si no lo haces, corres el riesgo de actuar en automático en otras situaciones similares, en lugar de tomar una distancia emocional para valorar distintas posibilidades de actuación.

 

Recuerda que si habitualmente reaccionas de forma similar, los resultados serán también previsibles. Por el contrario, si desarrollas nuevas herramientas de actuación, tu calidad de vida emocional mejora a partir de la libertad como creatividad. Es decir, como persona libre, tienes un potencial inagotable de respuesta para tener una nueva actitud ante esa situación que incrementa tu vulnerabilidad.

 

La educación influye de forma muy positiva en la formación emocional que has recibido. Sin embargo, más allá de las fortalezas personales que te ha aportado esa influencia familiar, también puedes observar algunas carencias internas que te gustaría corregir por medio del desarrollo personal. La buena noticia es que como protagonista única e irrepetible de esta aventura de tu presente y de tu potencial futuro tienes el tiempo necesario para perfeccionar tu inteligencia emocional y, de este modo, resolver y gestionar los conflictos a partir de tu propio bienestar.

La aceptación de las emociones te ayuda crecer

La empatía es uno de los sentimientos más humanos. Es esa capacidad que te permite comprender al otro como otro. Es la aceptación incondicional de la alteridad. Sin embargo, la empatía comienza por ti misma al darte la importancia que mereces. Al escucharte y comprenderte. Los conflictos pueden ser incómodos, pero no son negativos.

Son experiencias positivas que te ofrecen nuevas oportunidades de desarrollo para entrenar la expresión asertiva y evitar la lucha de poder. ¿Qué vas a hacer para crecer a nivel interno?    

Lo que sí puedes empezar a cambiar en la educación de tus hijos

 
Yo soy muy consciente de que cuando nos planteamos una crianza respetuosa puede ser un poco abrumador. Nos damos cuenta de que son muchas las situaciones en las que quizás nos vemos desbordadas o son muchos los cambios que creemos que tenemos que dar. Y percibir el cambio como algo muy grande nos puede agobiar un poco. Podemos llegar a pensar que quizás no vamos a ser capaces o no vamos a obtener los resultados con la inmediatez que desearíamos.
 
Es por esta razón que me gustaría que cogieras papel y lápiz y dedicaras minutos a pensar cuáles son las acciones que hoy mismo puedes empezar a realizar para fomentar un tipo de relación más respetuosa con tu hijo o hija y, también aquellas acciones que puedes empezar a implementar y que puedan evitar conflictos.
 
La idea es que podamos percibir un conflicto como una oportunidad de hablar, de acompañar, de conocernos y de crecer juntos. Y con esta percepción, la lucha de poder que normalmente aflora cuando tenemos un conflicto con nuestro hijo, queda más difuminada. Tomando acción con pequeños detalles podemos obtener cambios importantes.
Si, por ejemplo, un momento de conflicto es el de ponerse la ropa, ¿podemos cambiar nuestra organización y planteamiento para que tenga tiempo suficiente y poderla elegir?
 
Si un conflicto es el de salir de casa, ¿qué acciones podría tomar? Si nuestro hijo tiene, por ejemplo, 3 años, es difícil que comprenda conceptos temporales o el de “tener prisa”, lo que hace más complejo que pueda implicarse en ir deprisa para salir a tiempo de casa. Quizás avanzar todo el proceso para tener un margen podría ser una solución.
Se trata de buscar pequeñas acciones que nos puedan ayudar a evitar el conflicto.
 

Cómo plantear estos pequeños cambios.

 
1- En primer lugar anota de 1 a 3 situaciones Este ejercicio puede hacerlo tantas veces como quieras, así que no te preocupes si sólo empiezas con 1.
 
2- Anota lo que estás haciendo ahora para resolver esa situación. Qué frases usas, cuando tiempo dejas, cómo lo expresas… todo lo que se te ocurra. Cuanta más información expreses más en contexto te situarás. Puedes añadir qué momento crees que es el más crítico, qué variantes suelen dar menos problemas… No te cortes.
 
3- Ahora haz un listado de posibles modificaciones. Es importante tener siempre una mente abierta y centrarte en lo que puedes cambiar tú, no en lo que puede cambiar tu hijo. Se trata de ver qué modificaciones podemos implementar nosotras en nuestras acciones para fomentar una mejor convivencia o una mejor realización de aquello que esperamos.
 
4- Ahora sólo hace falta ponerlo en práctica y seguir anotando qué estrategias te funcionan y cuáles tienes que volver a replantear.
 
Deseo que este sencillo ejercicio te ayude a mejorar tu día a día. Estaré encantada de leer tus comentarios y saber si te ha funcionado.

Mi inspiración clave para educar desde el respeto con éxito y cómo puedes aprovecharlo.

En más de una ocasión han llegado a mi mujeres que me han transmitido la preocupación de no saber aplicar la teoría. Son personas que, como yo hace unos años, se plantean educar desde el respeto, se forman, leen, consultan… pero siguen viviendo momentos de gritos, chantajes o amenazas que las remueven internamente.

Conozco bien esa sensación,  yo estube ahí hace tiempo. De hecho, todavía hay momentos en los que me encuentro en situaciones similares. 

Crecer y modificar lo que venimos haciendo puede ser un camino largo, o no. No depende únicamente de la teoría que sepamos si no del momento en el que nos encontramos. 

Hoy he estado en directo hablando de este tema y de un programa especial que he creado para abordarlo y encontrar soluciones realmente eficaces para aquellas personas que desean desbloquear esos conflictos y avanzar en la consecución de su objetivo final y más deseado: educar sin castigos, chantajes ni amenazas. 

¿Te resulta difícil acompañar a los niños para que sean empáticos?

Enseñar empatía a los más pequeños de la casa puede resultar difícil, al menos si lo que se pretende es conseguir de forma inmediata que nuestros niños sean empáticos inmediatamente. Aplicar la teoría de la comunicación empática requiere de mucha paciencia, y en este proceso de acompañarlos para que integren este concepto suelen surgir ciertos problemas que, como madre o padre, nos pueden resultar complejos.

La empatía y su forma de aplicación en los niños

Lo empático que tiene el ser humano, a diferencia de lo que se piensa en algunas ocasiones, es una conducta aprendida. Es algo que se aprende, y como en muchos otros aprendizajes, la imitación juega un papel muy importante.

Esta capacidad de ponerse en la piel del otro se puede ir integrando progresivamente en el transcurso de la vida. Para ello es importante prestar atención a los sentimientos de nuestros niños y niñas, alimentando la empatía con el papel que ejercemos como personas adultas de referencia.

Demostrar comprensión. Una forma de que las criaturas aprendan a ser empáticas es, como todo en la vida, mediante imitación. A su vez, esta imitación termina por formar parte de su carácter. Todo es tan sencillo como mostrarles comprensión en cada momento.

Cuando nos interesamos por cada cosa que hacen, les estamos ayudando a que se sientan importantes. Está acción por parte de los padres y madres no requiere de explicación a los menores, puesto que termina siendo una conducta mimética que ellos mismos repetirán en su momento.

– Aprovechar siempre que podamos para explicarles un estado emocional. Ya sea mediante la tele o en una situación encontrada, podemos hacerles ver qué están sintiendo determinadas personas, especialmente cuando se muestra un contexto de dolor o sufrimiento.

Cuando se presentan dificultades y no sabemos cómo actuar

Porque no todo es tan sencillo como a veces nos pretenden mostrar, existen circunstancias en la que nos podemos bloquear o nos cuesta salir del atolladero.

Los bloqueos se hacen comunes, sobre todo cuando los pequeños no atienden y se ponen exigentes ante algo que quieren. En ese momento, en vez de intentar hacerlos razonar, lo primero que nos suele salir es el enfado por lo que consideramos su desobediencia.

No siempre es sencillo conseguir que nuestros niños se abran a empatizar en una situación determinada. Hay que cogerles en el momento indicado, cuando sepamos que son más perceptibles. Dejarles que se expresen y hacerles ver que les oímos implica un campo abierto a los padres, para que puedan aplicar la teoría empática.

Pero antes de que todo ocurra como esperamos, debemos tener paciencia, ya que los niños se entretienen rápidamente con otras cosas. Así que olvidémonos de los discursos largos, puesto que llegará un momento en que dejarán de oírnos, aunque tendamos a obligarles a que estén ahí para escucharnos.

Así pues, es necesario que nos focalicemos en hacerles interactuar, formulándoles preguntas sencillas y no cayendo en estereotipos que puedan confundirles.

Es clave que tengamos también una visión crítica de las dificultades que, como personas adultas, se nos presentan a la hora de ponernos en la situación de los niños. Esta es la primera regla para transmitir la empatía que deseamos que aprendan los más pequeños de la casa. El primer paso es tener trabajar la empatía en nosotros mismos.

 

Esto es lo que debes saber para incluir la empatía en tu día a día

Dicen que la empatía es la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona y comprender cómo se siente. Pero, ¿cuántas veces has sentido que conectas inmediatamente con otra persona, incluso cuando la has visto solamente una vez?

Por otro lado, ¿en cuántas ocasiones no encuentras la forma de llegar a otra persona con quien convives a diario y vas creando un muro de incomprensiones? ¿Te resulta familiar? ¿Consideras que tienes una comunicación empática con las personas con las que te relacionas en tu día a día?

Empatía y emoción: la clave para sintonizar la misma onda

Cuando te das importancia a ti misma abres tu corazón a otras personas. No nos estamos refiriendo a hablar sobre intimidades o revelar tus más profundos secretos.

Simplemente, escuchar con atención, no juzgar a la otra persona y comprender su situación, forma de ser o momento personal vital. Tal vez estés de acuerdo con la otra persona, o no. Eso no es obstáculo para “sintonizar su onda” y comprenderla en un momento dado.

Todos necesitamos sentirnos escuchados, comprendidos, apoyados y que nuestra emoción no quede como un eco en el vacío. Pero tampoco querríamos que pensaras que tienes que apoyar a los demás en sus caprichos e imposiciones.

Conocer bien tus límites, no imponer tu perspectiva, comunicar de forma respetuosa y clara lo que sientes. Pero, al mismo tiempo, dejar espacio para que la otra persona también se exprese, como mejor pueda, para hacerse comprender.

Y tú, simplemente escuchar y estar ahí, acompañando con la mirada, con tus manos, con tu atención. Y con lo más importante: tu corazón para acoger con los brazos abiertos las expresiones de los sentimientos de la otra parte.

No hace falta dar consejos ni querer animar u orientar. Los desacuerdos se suavizan cuando aclaras que tienes otro punto de vista, pero comprendes el suyo.

Hay mucha teoría sobre la empatía. Y aunque es necesaria, en la práctica, se reduce a la simplicidad de escuchar con el corazón abierto y dejar espacio de expresión al otro.

Accede al grupo gratuito de FB Apoyo para la comunicación empática y la empatía

Agredir o huir por sistema, ¿es una buena opción?

Enfrentarte a que tu hijo de 9 años esté viviendo un trato agresivo en la escuela es una de las experiencias que nos gustaría evitar a toda costa.

En el fondo, queremos que tengan herramientas para que pueda enfrentarse a esos niños que insultan, empujan, ridiculizan…

¿Y es posible que tenga esas herramientas? Y si es que sí, ¿cuáles crees que deberían ser?

¿Responder con otro empujón? ¿Devolver los insultos con más fuerza? Si son esas las reacciones que esperamos que tengan “para defenderse”, ¿dónde queda el respeto?

Quizás entonces pensemos que lo mejor es apartarse e ignorar.
Puede ser una opción en un momento dado de peligro. Pero si estas situaciones son reiteradas, ¿por qué debe ser la víctima la que no pueda moverse o relacionarse con libertad y es ella la que deba apartarse? ¿Eso es justo?

Ser agresivo o alejarnos como sistema no parece que sean las opciones que más nos convenzan como forma habitual de resolver una situación de agresión entre niños.

¿Entonces qué nos queda? Pues en mi opinión es la confianza.

NO la confianza en que nuestros hijos aprendan a resolver por sí solos estos problemas, ni muchísimo menos. Si no la confianza que deben tener en que hay una persona adulta con las herramientas necesarias para mediar en ese conflicto de forma respetuosa y que puedan recurrir a ella sin miedo a ser tachados de chivatos, “débiles” o quejicas.

Una persona adulta que pueda empatizar con el niño agredido, defendiendo sus derechos a ser respetado y a ayudarlo a dejar claras cuáles son sus necesidades.

Una persona que sepa acompañar al niño que agrede, conectando con lo que necesita en ese momento y que le ayude a traducir en palabras esa agresividad para sentirse comprendido.

Una persona adulta que tenga la capacidad de fomentar esa relación de respeto siendo un modelo.

¿Tenemos las personas adultas que trabajamos con niños estas herramientas?

Mucho me temo que hay trabajo por hacer. ¿Quién se atreve a salir de lo que se ha hecho siempre y ser valiente para empezar a cambiar las cosas?

¿Usas tus fases mensuales para afrontar conflictos?

“A veces siento que no tengo energía suficiente para afrontar el día. Y si, además, mis hijos tienes una de esas tardes de retos continuos más se complica la situación y termino o bien cediendo a cosas que no quiero o bien estallo y me invaden los demonios. Pero no me ocurre siempre. En ocasiones los niños se pelean y yo me tomo esas situaciones como una oportunidad para poder hablar y crecer juntos”.

¿Te resulta familiar esta reflexión? ¿También sientes que no siempre puedes afrontar situaciones desde la misma posición?

Es evidente que no nos sentimos igual cada día. Las horas de sueño, las posibles complicaciones del día o el “estado de alteración máxima” al que puede llegar nuestro hijo son, entre otras cosas, condicionantes importantes que tengamos más posibilidad de afrontar un conflicto de éxito o no.

Sin embargo, cuando analizamos las posibles causas que hacen que no siempre estemos igual, nos olvidamos un factor muy importante como mujeres que somos: nuestro ciclo.

Siempre he defendido que el primer paso para poder acompañar un conflicto desde el respeto y la empatía, el primer paso que debemos dar es el de conocernos bien y, sobre todo, aceptarnos. Y dentro de esa aceptación, entra una realidad que no siempre conocemos y abrazamos: somos cíclicas.

Cuando hace aproximadamente un año hice un taller intensivo con Lily Yuste enfocado al emprendimiento, me quedé maravillada de cómo el simple hecho de observar mis fases menstruales me ayudaban a conocerme mejorando mi productividad. Pero lo sorprendente no fue eso para mí. Ese mismo conocimiento me llevo a aceptar ciertos estados físicos y mentales que no tenía presentes y me limitaban o ayudaban cuando intentaba resolver un conflicto con las personas de mi entorno.

Fue en ese momento cuando vi la importancia de conocer y escuchar a nuestro cuerpo puesto que, una vez más, vivimos con una desconexión importante que no nos permite tomar acción de forma plenamente consciente tanto a nivel físico como mental.

Este año, tengo el honor de comunicarte que Lily ha creado un taller específico para esta formación Comunicación Eficaz que está enfocado a, no sólo conocer nuestros ciclos y fases, si no a poder aprovechar las características de cada una de ellas para afrontar de manera más eficaz la resolución de los conflictos que tenemos en nuestro día a día.

A continuación, te dejo la entrevista que le hice en Facebook el pasado 19 de febrero.