Cómo evitar sentirte juzgada en la educación de tu hij@

Una de las dificultades más habituales a la que se nos enfrentamos muchas madres es a ser jugadas.

Recuerdo perfectamente la primera rabieta que mi hijo mayor tuvo en mitad de un supermercado. No fue un simple enfado de: “quiero esto y tengo un no por respuesta” como hasta entonces solía pasar.  En esa ocasión, se tiró al suelo y empezó a gritar tan fuerte que incluso yo me asusté. De hecho, asustada, asustada no me sentía. Más bien, lo que quería era que se me tragara la tierra.

Ahí estaba yo, entre la espada y la pared. Deseaba estirarme en el suelo con mi hijo para acompañarle en ese momento tan difícil para él. Pero al mismo tiempo, sabía que hacer eso seguramente significaba una desaprobación total por parte de todas las personas que me estaban mirando. Algunas pasaban más de prisa a mi lado para “desentenderse” de todo aquello, cosa que agradecía enormemente. Otras, caminaban a ralentí para observar con detalle lo que estaba ocurriendo. Todavía puedo sentir lo mal que lo pasaba. Estaba convencida de que todas las personas que me observaban pensaban lo mal que ejercía de madre.

Con el tiempo me fui dando cuenta de que las cosas son, en el fondo, bastante más sencillas. A lo largo de mi maternidad se han repetido situaciones como las que acabo de contar, aunque ya no las vivo del mismo modo, ni mucho menos. Pero para ello, han tenido que suceder varias cosas que me gustaría compartir contigo.

En el post de hoy quería plantearte una pregunta relacionada con lo que yo viví con las primeras rabietas de mi hijo mayor. Es la siguiente:

¿Te sientes juzgada fuera de casa cuando interaccionas en la gestión de las emociones de tu hijo o hija?

A continuación, te muestro un video en el que reflexiono sobre esta pregunta y te muestro cuál es mi visión. Estoy segura que a ti también te va a permitir observar qué es lo que te sucede cuando tu hij@ se enfada y hay personas observando cómo reaccionas.

Me encantaría conocer tu opinión

¿Te afecta que otras personas opinen sobre cómo gestionas los enfados de tu hij@? ¿Tienes recursos para reaccionar cuando alguien quiere interferir? ¿Cuál es tu experiencia con las personas más cercanas que te rodean? Deja tu comentario y hablamos sobre ello.

 

Si necesitas recursos para gestionar los conflictos con tu hijo o hija de una manera respetuosa pero sin perder de vista tus necesiades te estamos esperando.

Curso “Empatía y Comunicación”

3 Claves básica para llevar tu día a día sin rabietas

Tenemos una agenda apretada y muchas veces necesitamos que nuestros hijos e hijas la sigan a nuestro ritmo. En situaciones como ir a compra, limpiando el hogar, mientras trabajamos en casa o incluso cuando estamos con nuestros amigos y amigas podemos cometer el error de dar por sentado que nuestros pequeños van a entender y a aceptar que, en ese momento, nuestras necesidades nada tienen que ver con las de nuestros hij@s y nos parecen prácticamente incompatibles.

agenda de mamá
En medio de las actividades y responsabilidades que tenemos, solemos perder la conexión tan necesaria e importante con nuestros hijos e hijas.  Esa conexión nos puede ayudar detectar a tiempo si están preparados para seguir con la agenda del día. Sin esa conexión, es fácil perder mucha de la información que nos proporcionan nuestros pequeños . Sin darnos cuenta, nos pueden estar indicando que necesitan descanso, un rato de juego libre, contacto físico o consuelo, hambre… Observar a nuestros hijos e hijas nos facilita identificar con más eficacia las señales que van emitiendo. Son señales muchas veces sutiles que, cuanta más observación y conexión exista, más evidentes se hacen.

Algunas de las situaciones en las que nuestros hijos e hijas “explotan” y dan rienda suelta al llanto y al enfado, van precedidas por una serie de “desatenciones involuntarias” por nuestra parte. Y soy consciente que son involuntarias porque sencillamente la mayoría de veces no somos conscientes que el tiempo, las acciones, las responsabilidades y necesidades… no son las mismas para todo el mundo, y ahí se incluyen también a nuestros pequeños, que también son personas. Y como personas que están creciendo y conociendo el mundo, tienen su propio concepto de tiempo, actividad, acción, responsabilidad y, sobretodo, necesidad.

También tengo claro que somos adultos que intentamos llevar a cabo nuestro día a día lo mejor que podemos. Al mismo tiempo,  hacemos malabarismos para poder atender a nuestros hij@s y pasar tiempo con ellos. Eso nos lleva a vivir situaciones en las que no podemos atender esas dos facetas al mismo tiempo. Eso puede hacer que echemos mano a frases como:

  • Ahora voy, no tardo nada
  • En seguida termino
  • Ahora no puedo, luego
  • Sólo un poquito más y ya está mamá contigo
  • …y muchas más que yo misma he usado con mis propios hijos.

Pero, ¿qué significado tienen las palabras nada, enseguida, luego, poquito… para nuestros pequeñ@s? ¿Qué les estamos diciendo realmente cuando las usamos?

Es perfectamente comprensible que cuando se está haciendo un encargo. una gestión, etc. necesitemos terminarla para cerrar tema y pasar a lo siguiente. E incluso diría que es lógico y normal que pidamos un poco más de tiempo para poderla realizar. La dificultad está en no encadenar dichas situaciones de tal modo que nos hagan perder de vista que hay unas personitas que nos están dando un montón de información sobre sus necesidades. Esa conexión de la que hablábamos antes y que nos está diciendo si pueden o no pueden seguir nuestro ritmo. En el momento en el que encadenamos esas frases de “ahora no puedo”, “enseguida estoy por ti…”, nos estamos arriesgando a que nuestro pequeño llegue a su punto límite de aguante y “explote”. Y redirigir esa situación es mucho más costosa cuando se ha llegado a ese extremo.

Entonces, la pregunta clave es, ¿cómo consigo llevara a cabo todas mis responsabilidades sin que le afecte a mi hija o hijo?

La respuesta es sencilla y, al mismo tiempo, complicada. Se tiene que dar un cambio muy importante en nuestra mirada: empezar de percibir a nuestros pequeños como personas con necesidades propias e igual de importantes que las nuestras.

Primera clave

Lo más destacable, y que ya he comentado anteriormente, es la observación. No pasar por alto una incipiente irritabilidad, un no perseverante, una demanda no habitual de reclamo… por parte de nuestro peque. Cuanto más se observa a una persona, más se la conoce. Y para conocer a tu pequeño necesitas mirarlo sin juzgarlo, ver cómo reacciona, qué expresa realmente su cuerpo, sus palabras…

Segunda clave

En segundo lugar, conectar. Conectar con esa necesidad de juego, de descanso, de tomar una decisión, de afecto… Comprendiedo el espacio e importancia que tu hijo o hija le da a esa necesidad. Puesto que, si para él o ella es importante, necesita que tú te des cuenta de ello.

Tercera clave

Por último, la previsión. Tener en cuenta cómo se encuentra tu hij@ y conocerlo te permite ser mucho más consciente de cómo tienes que llenar tu agenda diaria, los recursos que necesitas y la flexibilidad necesaria para poder adaptaros mejor el uno al otro.

Organización con hijos
Somos conscientes de que nuestro día a día puede ser difícil de conciliar con nuestros hijos e hijas. Por eso, plantearnos estos detalles puede ser un punto de inflexión en el modo de disfrutar del tiempo que pasamos juntos.

Y estoy segura que la mayoría de nosotras deseamos poder atender nuestras necesidades y las de nuestros pequeños, puesto que todos tenemos nuestra parcela de importancia. Encontrar el equilibrio es un trabajo personal que variará de unas a otras y que iremos perfeccionando con conocimiento, recursos, práctica y experiencia.

Si necesitas recursos para gestionar los conflictos con tu hijo o hija de una manera respetuosa pero sin perder de vista tus necesiades te estamos esperando.

Curso “Empatía y Comunicación”

Todo bajo control: comemos de todo

planificar las comidas para comer de todo

Tengo un menú semanal superequilibrado. En casa comemos de todo. Tengo una lista de la compra con las cantidades exactas que necesito comprar de cada alimento. Soy muy metódica haciendo la comida, las raciones… no quiero que mis hijos pasen hambre ni que coman demasiado, se que eso también es malo. Quiero que se sienten a la mesa durante las comidas, con nosotros, y que coman correctamente, sin sorber, sin jugar, sin hacer ruiditos, terminándose todo lo que hay en el plato sin rechistar, que se que es la cantidad de comida que deben comer a diario.

Y lo preparo todo con mucho amor. Pero la hora de la comida es un desastre. A los pocos minutos de empezar a comer se ponen a jugar entre ellos o con la comida. Me preguntan que hay de segundo y me miran ante la respuesta con cara de asco, como si no hubieran comido nunca aquello… A veces incluso les dejo estar un ratito en la cocina mirando como prepado la comida. O quieren levantarse para seguir jugando en el salón, como si no tuvieran hambre. A menudo no les apetece terminar su plato y tengo que ponerme sargento. Después a media tarde parece que vayan a comerse una vaca entera para merendar del hambre que tienen. ¿Por qué no…

… comen a las horas previstas?

… quieren terminarse su ración?

… les apetece aquello que siempre les había gustado?

… están sentaditos y en silencio comiendo tal como les enseñamos, como adultos, sin mancharse, sin moverse, …?

Tener todo bajo control es estresante e imposible. Porque nuestro cuerpo no es una máquina. Es eso, un cuerpo. El cuerpo sabe autoregularse: a los adultos no nos apetece comer siempre las mismas cosas, ni a las mismas horas, ni en la misma cantidad. Nuestro cuerpo nos indica cuando tiene hambre y cuando no, podemos intuir cuando nos apetece dulce y cuando salado… incluso sabemos si preferimos comer o hacer otra cosa. Al final de la semana, comemos de todo igualmente, ¿no crees?

No es algo que hayamos aprendido. Nuestro cuerpo nace sabiendo. Al crecer, nos acostumbramos a cumplir unas normas sociales, nos convencemos de que esa es la cantidad de comida que hay que comer y no otra porque lo dice tal o cual nutricionista de moda, creemos que es muy importante que comamos DE TODO (que no es lo mismo que de todos los grupos de alimentos)… y creemos que debe ser así también en nuestros hijos, ya que queremos lo mejor para ellos. Es para nosotros primordial que sean adultos bien educados y nutridos, preparados para todo.

Y se nos olvida que los niños, desde el momento en que nacen, SABEN cuando tienen hambre y cuando no, SABEN qué les apetece. Tienen curiosidad por descubrir el mundo y a veces SUS necesidades son distintas de las nuestras.

Y aunque el objetivo de su cuerpo y nuestro objetivo son el mismo, intentamos que coman de todo y nos preocupamos por su salud cuando pensamos que no es así.

NO hace falta tener todo bajo control. Dejemos un margen a la improvisación y la espontaneidad. Al fin y al cabo, seguro que comemos de todo (de todos los grupos de alimentos) de forma equilibrada planificando las comidas y teniendo variedad de alimentos en casa (frutas, verduras, legumbres, carne y pescado).

Si ahora no apetece comer, apetecerá en un rato.

Si quieren participar en la elaboración de la comida, dejemos que esten con nosotros, que nos ayuden de verdad. Ellos disfrutaran y les sabrá mejor la comida. Nosotros pasaremos un ratito con ellos a la vez que hacemos algo en casa: conviviremos sin darnos cuenta. Y es divertido.

Los horarios fijos, los menús incambiables, las normas sociales, los gurús de las dietas , las combinaciones perfectas de alimentos… pueden esperar.

Dejemos que sean criaturas, que descubran y experimenten y puedan comer lo mismo para desayunar durante meses, siendo su elección (por ejemplo atún con tomate) en lugar de la nuestra (cereales con leche). También están aprendiendo, a decidir y a ELEGIR POR ELLOS MISMOS, a tener una relación sana con la comida. ¿y ese es el objetivo, verdad?

Trabajo y maternidad, con Nahia Alkorta Elezgarai

Hoy tenemos el placer de tener en nuestro blog a Nahia, mamnahiaá de Aner (2012), Xuhar (2015), y sus dos proyectos Sabeletik Mundura y Loa-Lo.

 

Nahia es asesora de maternidad, lactancia, porteo y duelo gestacional y perinatal. Con toda esta formación a sus espaldas, se dedica al asesoramiento personal y a dar charlas y dar talleres. Además es distribuidora de portabebés y también vendre productos relacionados con la crianza.

 

¿Qué tiempo tenía tu bebé cuando retomaste la actividad en tu emprendimiento?

Cuando el mayor tenía un año me embarqué en la aventura de ser autónoma en España y he trabajado con el alrededor hasta que cuando cumplió tres empezó a ir a la escuela por las mañanas. Nuestro segundo hijo nació a los tres meses de que el mayor se escolarizara y yo retomé la actividad, a media jornada, a las seis semanas tras el parto.

Los primeros meses de un bebé no son siempre sencillos, sabemos que es un periodo nuevo y lleno de retos. ¿Cómo afecta la llegada de un bebé a los objetivos que te marcas en tu negocio? ¿Hay un antes y un después?

Mis proyectos laborales son como mis hijos, hay días en los que me necesitan más y otros en los que podemos separarnos un poquito más. Cuando me embarqué en esta aventura lo hice principalmente para hacer algo que me apasiona y que me permitiera que mis hijos siempre fueran la prioridad. La llegada del segundo hijo trajo aire fresco, un parón para arrancar con más fuerza. El embarazo me permitió organizar mi trabajo para que pudiera ralentizar el ritmo y adecuarme a la nueva situación. No considero que haya un antes y un después, es un continuum, igual que la crianza.

¿En algún momento te fue tan complicado compaginar tu emprendimiento con tu maternidad como para plantearte tirar la toalla? Y si fue así, ¿qué te hizo continuar?

Ha habido días con ganas de parar el mundo pero no por la conciliación si no por las condiciones pésimas que tenemos las autónomas en España. Me agota mucho emocionalmente por un lado lo injusto que es el sistema y por otro que mucha gente haga cosas similares sin cumplir con obligaciones fiscales. Hay meses en los que tal vez sería mejor tirar la toalla, pero cuando crees firmemente que lo que haces merece la pena y que colaboras a que tus nietos tengan un mundo mejor, la fuerza sale del corazón.

 

En una maternidad en la que se busca estar en contacto constante con el bebé, el tiempo que se pasa juntos es vital, así que dinos, ¿cómo organizas tu tiempo para poder disfrutar de la maternidad y ser productiva?

Trabajo en contacto, porteando o con el peque en un cojín de lactancia al pecho. Aprovecho las siestas en las que consigo no quedarme a dormir con el y las noches. Siempre he sido más productiva de noche por lo que todo el trabajo que no es directo con las familias, lo dejo para compartirlo con las estrellas.

Seguro que tienes siempre a mano algunas herramientas que te permiten estar con tu hijo a la vez que trabajar. Explícanos cuál es tu preferida.

La pelota de pilates y un buen portabebés. Con el peque a la espalda, música y los botes de pelota todo es más fácil. Ahora además esta entrando en la fase de gateo, por lo que una buena alfombra es mi mejor aliado.

A veces hacer lo que te apasiona absorbe tanto que las horas pasan volando, el cansancio se acumula y después no podemos afrontar el día a día con la misma energía. ¿cuál es tu secreto para planificar tus actividades sin dejar de lado nada importante y poder descansar?

Procuro ser realista y no programarme demasiadas cosas, la maternidad te obliga a no tener casi ninguna cosa totalmente establecida. Catarros, revisiones, vómitos de noche, pesadillas… inesperados son parte del día a día. Establezco mi trabajo según prioridad por prisa e importancia y según el tiempo que tenga en cada momento, elijo una tarea que pueda encajar en ese rato. Aprovecho los ratos de juego, por lo que las tareas las reparto en intervalos de más o menos 10 minutos y disfruto del placer de tachar cosas de las listas.

¿Eres de cochecito o de portabebés?

elegir entre cochecito y portabebés

Cómo elegir entre cochecito y portabebés en tu día a día

En mi primera maternidad fue toda una aventura descubrir qué utensilios necesitaba realmente para ir por el mundo con mi bebé. Teníamos el cochecito que siempre había querido tener (bueno siempre no, estuve trabajando una temporada en una tienda de puericultura y me enamoré de ese modelo). También teníamos un fular de sarga de algodón, que no sabía muy bien como ponerme, era una tela muy larga y no tenia práctica.

Pasados tres meses del parto ya me apatecía más moverme y empezar a hacer cosas, así que reinicié la maravillosa tarea de hacer recados e ir de un lado a otro: compras, papeleos etc… Como fui desde el primer día una madre a-pegada a su bebé (muy mamífera vamos) la llevaba conmigo allí donde fuera. A menudo tenía la duda: ¿eres de cochecito o de portabebés? ¿qué te va a ser más práctico?

Mi emprendimiento no había empezado aún, aunque la semilla ya estaba germinando. Personalmente me costó unos días darme cuenta de las ventajas que tenía para mí (que vivo en un pueblo pequeño y a menudo debo desplazarme en coche de un lado a otro) utilizar el fular en lugar del carrito (aunque el cochecito me gustara mucho mucho). Aquí van mis dos versiones de una misma mañana…

¿eres de cochecito o de portabebés?
opción cochecito parece muy cómoda para todos

BEBÉ+COCHECITO

9:30h Salgo de casa a hacer gestiones.¿He cogido todo?… bolso, llaves, documentación, bebé en el coche… ¡ay!! el cochecito.

9:40h nota mental: tengo que acordarme de quitar todo lo que pongo en la bolsa de debajo del carrito cuando llego a casa… todo en el coche, listos.

10:00h he llegado.. no encuentro sitios anchos para aparcar..¿no hay aparcamiento en batería?

10:15h Bueeeeno, aparcado. Un poco lejos, pero llegamos en dos minutos.. se ha dormido.. voy sacando el cochecito.. (1)

10:20h Carrito montado, he cogido todo, bebé dentro.(2)

10:25h. Ostras cuánta gente hoy por la calle… no me había dado cuenta de que las aceras de ésta zona son tan estrechas… he pisado tres pies con las ruedas

10:29h Llamada entrante.. fffff nota mental: el próximo carrito que compre, que de verdad pueda manejarse con una sola mano. He atropellado dos pies más.

10:32h. He llegado. Tengo que hacer cola. Mi bebé se ha despertado y llora. Mezo el carrito arriba y abajo pero no funciona. Lo cojo, aunque se que va a querer teta y estamos en la cola y aquí hay mucha gente.. (3)

10:45h. Estoy sentada, una señora muy amable me guarda el turno y el carrito y me ha cedido su asiento. Estoy dando teta con los papeles y el bolso encima.

10:55h. Listo. Bebé tranquilo. Lo pongo en el capazo y parece que no le apetece mucho. . Lo voy meciendo como puedo esperando que mi turno llegue YA.

11:10h. Por fin. La persona que me atiende parece muy diligente pero creo que lo que quiere es que me vaya rápido porque mi bebé cada vez llora más alto.

11:25h. Salgo del edificio con la documentación entregada y una sonrisa de disculpa para toda la concurrencia. Y con mi hija en brazos: no quiere estarse en el cochecito así que la llevo en brazos, los papeles en el carrito, el bolso en el hombro, y conduzco de nuevo con una sola mano… paso por otras calles más anchas aunque tardo más en llegar..

11:45h He llegado al cocheeeee. ¿son casi las 12!?!?!!

Subo al bebé, guardo todo dentro, plego el carrito y lo meto en el maletero. Me duele el brazo con en el que he conducido el carrito. Se ha quedado dormido otra vez, paso por la gestoría, vamos a comprar y para casa.

11:54h repetimos los pasos (1), (2), (3)

12:20h hablo con el gestor y salgo pitando.. bueno pitando no porque me encallo en la puerta con las ruedas… ffff

12:30h Llego al coche. Pongo al bebé dentro, desmonto el cochecito, lo guardo en el maletero, suspiro largamente y me subo al coche.

12:46h Parquing del super.. aparco. Saco la estructura, intento abrirla varias veces antes de conseguirlo, se había atascado. Monto al bebé con su capazo, cojo el bolso y al entrar, un minicarro de plástico para comprar cuatro cosas.

12:55h ¿por qué no hay más espacio entre cajeras para pasar? Pago, cargo las bolsas como puedo en el manillar del carrito. Lo suelto un segundo para cerrar la cremallera del bolso… aaargh!!¡está a punto de caer hacia atrás! Pero lo salvo, aunque mi bebé, asustado se pone a llorar. Me voy al coche intentando hablarle calmadamente.

13:03h mi hija se calma, pongo las bolsas en el coche, bebé dentro, cierro el cochecito… aix, no cabe todo en el maletero. Empiezo a sacar las bolsas para recolocar todo bien.

13:12h Ahora si puedo cerrar el maletero. Vuelvo a calmarla porque vuelve a estar medio llorando.

13:17h Arranco el coche, vamonos a casa.

13:34h ¡Estamos en casa! Saco las bolsas de la compra, luego a mi bebé, que sólo quiere brazos, no se porqué, hemos paseado toda la mañana juntos.. que hambre tengoooo.. a ver si puedo dejarlo tranquilo en su cuna y me voy a la cocina…

 

¿eres de cochecito o de portabebés?
opción portabebés: tener las manos libres

BEBÉ+PORTABEBÉS

9:30h Salgo de casa a hacer gestiones.¿He cogido todo?… bolso, llaves, documentación, bebé en el coche.. ¡Ay!! el fular portabebés

9:32h listos, nos vamos.

9:52h He llegado.. encuentro un aparcamiento megaestrecho, pero no tengo que coger nada del maletero así que aparco aquí mismo.

9:56h Salgo del coche, cojo al bebé y me lo pongo en el fular. Cojo los documentos y el bolso.

10:04h He llegado. Tengo que hacer cola. Mi bebé está inquieto.. me balanceo suavemente para calmarlo pero tiene hambre. Recoloco un poco el fular para darle teta.Documetos y bolso entre mis pies.

10:11h Ya vuelve a estar tranquilo y se esta adormeciendo. Me tapo la teta, vuelvo a recolocar el fular y al bebé para estar más cómodos los dos.

10:29h jolín cuanta cola.. ah! Llamada entrante

10:32h Me paseo por la sala mientras acaricio la espalda de mi hija. Su respiración en mi pecho me reconforta. A ver si nos toca ya..

10:36h Por fin. La persona que me atiende es muy diligente.

10:49h Salgo del edificio con la documentación entregada. Parece que hoy hay mucha gente por aquí..

10:57h He llegado al coche. Suelto un poco el fular para sacar al bebé y ponerlo en su sillita, sonríe levemente y se queda tranquilo.

Vamos a la gestoría, a comprar, y para casa.

11:06h Aparco y salgo del coche. Cojo al bebé lo vuelvo a poner en el fular y ajusto la tela. Cojo el bolso y cierro el coche.

11:10h Hablo con el gestor y salgo.. son las once. Me permito volver tranquilamente al coche, miro algun escaparate…

11:25h Llego al coche. Suelto un poco el fular, mi hija quiere teta. Me siento en el asiento del copiloto y le doy teta.

11:32h listo. Lo pongo en su sillita y hacia el super.

11:48h Llego al super. Acomodo al bebé en el fular, lo vuelvo a ajustar y un minicarrito de plástico para comprar cuatro cosas.

11:57h Pago y cojo las 3 bolsas de plástico.

11:59h Meto las bolsas en el maletero. Pongo al bebé en su sillita después de soltar tela del fular y subo al coche.

12:16h Estamos en casa. Saco a mi bebé del coche y lo dejo un momento en su cuna. Me mira y le cuento que vuelvo enseguida. Está muy tranquila. Cojo las bolsas y las llevo a la cocina. Ay… me quito el fular que ya no me acordaba que lo llevo puesto. Acerco la cuna a la cocina, veo que se ha quedado dormida.

12:20h Preparo un pescado con verduritas y lo pongo a hornear.

Reviso los correos y respondo algunos. Releo un proyecto y busco una imagen para añadir..

13:10h Está despierta. La cojo en brazos… me pongo la bandolera y la acomodo en ella. Se calma con mis pasos. Pongo una lavadora. Preparo la mesa a la vez que le explico lo que estamos haciendo.

13:34h apago el horno, comida lista.

Imaginar tu día a día puede ayudarte a decidir en cada situación, que opción prefieres. Así que… ¿eres de cochecito o de portabebés?

No quiero que nadie organice mi vida, ni siquiera tú.

¿Has sentido miedo a ser cuestionada alguna vez? ¿Has escondido emociones para que no intuyeran alguna debilidad en ti?

Yo sí. Y estoy segura que no soy la única. Es un recurso que usamos a veces para protegernos.

Pero hubo un momento en mi vida que lo hice, y si pudiera volver atrás cambiaría 100% ese miedo por la tranquilidad que da el conocimiento: mi primer puerperio.

Recuerdo avisar a mi madre que llegábamos del hospital por la noche y ella me ofrecía dejarme la cena preparada. Me pareció práctico, pues ni siquiera recordaba qué había en la nevera cuando salí de casa después de romper aguas de madrugada. Accedí. Cuando llegamos, ella ya estaba en mi piso y lo tenía todo listo. Y empezaron las preguntas: ¿A qué hora quieres que venga mañana? ¿Qué quieres que te prepare? ¿Necesitas que me lleve ropa para lavar? ¿Quieres…..?

En ese momento levanté un muro de piedras mental infranqueable: “Aquí no va a entrar nadie a organizarme la vida, que hasta ahora no me ha hecho falta para nada. No quiero tener a ninguna persona diciéndome qué o cómo tengo que hacer las cosas”. Y seguramente, así hubiera sido, porque mi madre es así, y no voy a ser yo quien la cambie.

 

Ojalá se hubiera desmoronado esa barrera en el mismo instante en que la creé.

 

La decisión que tomé en ese momento tuvo una razón de ser: el miedo a ser cuestionada. Mi inseguridad. Ella ejercía el papel que le tocaba: ese cojín que las madres que acabamos de parir necesitamos. Esa persona capaz de organizar aquello que, para una recién mamá, debería quedar en segundo plano en sus prioridades. Porque tiene que focalizarse en ella misma, en sus necesidades y en las de su bebé.

Pero de eso, por aquel entonces, yo no era consciente. No supe ver la importancia que tenía para mi recuperación, para mi tranquilidad y la de mi bebé, tener a alguien que se pudiera encargar de la casa.

 

Y me encontré con algo peor que el miedo a ser cuestionada:

mi propia inseguridad en una maternidad totalmente nueva para mí y la soledad rodeándome en todo momento.

Pero el sentimiento que más tenía arraigado en esos momentos no iba tanto con el carácter de mi madre y su supuesta intromisión en mi nueva faceta de madre (eso daría para otro post), sino con algo más profundo. Algo que, a veces, es mucho más difícil de ver en nuestros actos. Lo tenemos muy integrado la mayoría de mujeres, sobre todo aquellas que compaginamos varias facetas en nuestras vidas y la mayoría no somos conscientes de ello.

Se trata un conjunto de emociones y pensamientos que no sólo vemos en nuestra vida como madres sino que podemos observar en distintas situaciones y contextos. Todos tienen un mismo denominador común: yo puedo con todo.

Lo que quiero mostrarte explicándote esta experiencia personal tan íntima es que yo necesitaba gritarle al mundo que no sólo iba a ser la mejor profesional del mundo como había intentado ser hasta entonces. Sino también ahora que iba a ejercer un papel nuevo, el de madre. Así que, en ese momento, tenía que demostrar a todos los que me rodeaban que sería la mejor madre del mundo. Y para ello, debía hacerlo sola. Porque si no, mi idea de control y seguridad se desmoronaba por completo y me hacía sentir frágil, débil, poca cosa, vulnerable… en fin: fracasada. Así era como yo había aprendido a mostrar mis capacidades: fuerte, sola, sin ayuda…

Nada más lejos de la realidad.

Ser capaz de ver qué es más importante en cada momento para ti y para tu bebé. Estar segura de lo que quieres, de lo que necesitáis tú y tu pequeño. En definitiva, tener las cosas claras y estar empoderada en tus decisiones puede ser sinónimo de no tener miedo y saber decir NO. Y decir no, aunque parezca que en este post está fuera de contexto, es mucho más importante de lo que te imaginas en una situación tan delicada como un posparto.

Saber decir no, implica ser consciente de hasta dónde puedes llegar y así poder ver, sin agobios, sin presiones, sin metas estresantes,  que hay cosas que no vas a hacer como hacías antes. Y no pasa nada. Lo harás, pero de otra manera que, seguramente, te llevará un tiempo descubrir porque todo es nuevo. Y que, allí donde tú no llegas, puede llegar otra persona, aunque hasta el momento haya sido tu responsabilidad.

La capacidad de adaptarte a nuevas situaciones puede ser la clave para que los cambios que se den en tu vida sean un éxito. Pese a que pienses en ese momento que es un desastre. Porque entendiendo qué es lo que ocurre, es más fácil actuar en consecuencia, con seguridad y sin miedo.

Y si no se tiene miedo, se tiene un poder extraordinario.

La 3 cosas que aprendí de Kirikú

La casa desordenada. Ropa por lavar, ropa por guardar. Hace tres días que no barres la casa. Platos sucios en el fregadero. La mesa de trabajo llena de tareas pendientes. Mails por responder. Y no sabes qué preparar para comer. No te has duchado esta mañana. Solamente tienes ganas de tumbarte al lado de tu bebé y adormecerte oyendo su respiración. Olerlo, mirarlo, abrazarlo, y descansar… es lo que deseas. Pero tienes tantas cosas por hacer…

Esta sensación de estar abrumada, la he vivido muchas veces. De vez en cuando, con dos criaturas de edades diferentes en casa, todavía la tengo. Pero la vivo diferente. Con el paso del tiempo y las cosas (algunas muy buenas, otras no tanto) que nos han sucedido, he aprendido a fluir, a saber delegar y priorizar desde el corazón, y no desde la mente.

Con esa percepción distinta y nueva, os cuento lo que yo aprendí al ser mamá:

  1. El tiempo no se detiene.

Recuerdo una serie de televisión, cuando yo tenía unos 15 años, donde una chica mitad humana mitad extraterrestre tenía el poder de parar el tiempo ( De otro mundo). Siempre he soñado con tener ese don. Pero llegué a la conclusión de que no es posible. El tiempo pasa, pasa muy rápido. Un día tu bebé está dormido la mayor parte del día, y sin darte cuenta se sienta solo y duerme un ratito por la mañana y otro por la tarde. Y al cabo de poco ha pasado un año y ya anda… Los primeros meses de vida de tu hij@ son alucinantes y maravillosos. Es increíble como adquieren habilidades y crecen día a día. Casi sin darte cuenta. No dejes escapar esos días preciosos por las tareas por hacer. Organízate para tener tiempo de estar con él. Tiempo suficiente para poder recordar sus primeras veces. Ese recuerdo será un tesoro para ti.

  1. Los objetos que te rodean sólo son cosas.

En serio, ya se que te encanta tener la casa limpia que huela a rosas y que todo esté en su sitio exacto. Y nadie mejor que tú para hacerlo si quieres hacerlo a tu gusto (como dice el dicho popular, “si quieres algo bien hecho, hazlo tu mismo”). Pero desengáñate: la mayoría de esas cosas que pueblan tu hogar, no las vas a recordar en unos años y ni siquiera te van a reconfortar. No te abrazan ni te hacen reír. No les prestes más atención de la que requieren: cuando llegue alguien a casa (pareja, madre, padre, amiga/o, etc..) y te diga “ya me quedo yo con el niño, ve a hacer lo que necesites”, si lo que pretendes es ponerte a lavar, fregar los platos, cambiar sábanas, barrer… atrévete a delegar. Todos los adultos podemos hacer las tareas del hogar. Seguro que alguna hay que quieres hacer tú, pero deja tareas para los demás. Si vienen a ayudarte, estarán encantados/as de colaborar de verdad.

  1. Déjate quererte.

A ti. Sí. A ti que además de madre, pareja, trabajadora/emprendedora, amante etc… sigues siendo tú. Guardar en tu día a día un ratito sólo para conectar contigo, para hacer algo que te apetezca hacer por ti y para ti, no va a ser enriquecedor, va a ser una salvación en determinados momentos. Sigue queriéndote y mimándote porque eres importante. Al menos para una persona en el mundo eres insustituible.

Hay un personaje de animación que nos encanta a toda la familia: se llama Kirikú. Es un niño africano muy especial (podría decirse que con mucha claridad mental.). Te dejo un fragmento de una de sus películas en la que una bruja ha envenenado a todas las mujeres del pueblo. Es un sencillo pero claro resumen de mi aprendizaje como madre:

 

Tu fisiología, tu instinto, tus hormonas, tu corazón saben que eres insustituible. La seguridad, confort y amor que tú, como madre, puedes darle a tus hij@s estando presente a su lado, no se la puede dar nadie más. Es una certeza que da un poco de miedo porque es una responsabilidad enorme. A la vez, es maravilloso comprender esa conexión especial y única que se tiene con los hij@s y dejar que ese vínculo ocupe el espacio que necesitas.

Maternidad y Conciliación

Si quieres saber cómo organizarte y planificar tu maternidad de una forma segura y empoderada, mira el programa que hemos creado.

En él descubrirás cómo atender a tu bebé cubriendo sus necesidades reales al mismo tiempo que optimizas el tiempo que necesitas para ti y tu negocio.

O si quieres, también puedes adquirir nuestra:

Guía práctica para organizarte durante tu posparto

5 Claves para sentirte genial durante el posparto

Sabías que tu estado de ánimo es muy importante para el desarrollo de tu bebé?

Un bebé es un ser que nace con la necesidad de ser cuidado. Ya desde el nacimiento, y a lo largo de su vida, irá desarrollando una serie de mecanismos cada vez más complejos que le van a permitir establecer relaciones con las personas de su entorno para intentar asegurarse su bienestar.

El primer vínculo que establece, el principal, es contigo. Es tu voz, tus movimientos, tu respiración, el latido de tu corazón, lo que ya conoce al nacer, pues ha vivido en ti durante varios meses. Y tu olor, no olvidemos el olfato, el sentido más desarrollado que tiene al salir. Son sus sentidos los que van a captar todas las señales que emitas para poder interpretar, a su nivel, qué pasa a su alrededor.

Y, ¿por qué te cuento todo esto si quería hablarte de tu estado de ánimo? ¿No te había dicho que iba a darte 5 motivos para dedicarte tiempo a ti?

Como ya te he contado al principio, dedicar tiempo a cosas que te hagan sentir bien, aunque sean unos minutos al día, va a ser muy beneficioso para tu bebé. Está preparado para captar todo lo que tu lenguaje verbal y, sobretodo, tu lenguaje no verbal, está emitiendo cuando estás con él. Si tú te sientes bien, podrás dedicarte a tu hij@ más tranquila, relajada y feliz.

Así pues, aquí tienes 5 puntos importantes que te van a permitir sentirte bien contigo misma:

1

El primer motivo por el que debes mimarte ya lo hemos nombrado: tu estado de ánimo influye en el desarrolo de tu bebé. 

Tu estado real (no el que decimos a veces y no es exactamente lo que sentimos) le proporciona información a las personas que te rodean, incluido a tu bebé. Captan cómo te sientes verdaderamente, aunque no lo expreses verbalmente. Además, la mayoría de bebés son mucho más sensibles que los adultos a todas estas señales, puesto que tienen los sentidos pendientes de todo lo que ocurre a su alrededor. Por e sdeo es tan importante, no sólo tener en cuenta el cuidado de nuestro bebé, sino también el de nosotras mismas, que vamos a ser la figura principal que lo va a atender.

2

Evita que te etiqueten o, sobretodo, “autoetiquetarte” como SUPERWOMAN. Eres una mujer que puede con muchos frentes a la vez, de eso estoy segura, pero después de parir, hay muchas cosas que cambian, tus prioridades también.

Intentar hacer todo lo que hacías antes de tener el bebé sólo te puede llevar a sentirte impotente de ver que no llegas a todo. Date tiempo. Poco a poco irás situándote, conocerás mejor a tu bebé y eso te permitirá adaptar tu día a día al nuevo miembro de la familia. 

Rodearte de personas que puedan ayudarte en las tareas domésticas o de tu emprendimiento. Buscar que sean de confianza  y con suficiente tiempo para que puedas delegar en ellas todo lo que sea posible te facilitarà estar más relajada durante las primeras semanas después del parto.

3

Concédete el placer de no hacer nada durante un rato al día. Dedícate a saborear cada minuto, cada hora que estás con tu bebé. Mirarlo, acariciarlo, darle un masaje, cantarle canciones, sonreírle… son acciones sencillas que te van a permitir pasar un momento relajado con tu bebé al mismo tiempo que fortaleces el vínculo que estás creando con él.

O simplemente descansa estando con tu hij@.

Quizás ya hayas escuchado el consejo de “Duerme cuando lo haga tu bebé”. Pues síguelo. El sueño del bebé durante los primeros meses puede ser muy irregular, así que hay que aprovechar cualquier oportunidad para descansar y reponer energía.

4

Quizás ya te han advertido, pero seguramente vas a pasar a un segundo plano para muchas personas. A partir de ahora, es posible que lo primero que te pregunten sea: ¿qué tal está el bebé? ¿cómo duerme? ¿come? ¿llora mucho? Y un sinfín de preguntas dirigidas a la estrella de la casa.

De un día para para otro dejan de preguntarte cómo te encuentras y pasas a ser casi, casi, invisible. He de reconocer que eso puede llegar a molestar mucho. ¡Que lo has parido tú!

La mayoría de personas lo hacen sin darse cuenta. Un bebé despierta en los humanos mucho interés, pero asegúrate que esas preguntas también te las hace alguien a ti. Y la primera persona que lo debe hacer eres tú misma: ¿qué tal me siento? ¿duermo y como bien? ¿me siento feliz o deprimida?

Conocer tus emociones y tu estado de ánimo te van a permitir pensar en qué debes hacer o a quién pedir ayuda si no te sientes bien o necesitas cualquier cosa.

5

Y por último, y lo más importante: no te dejes para el final de la lista. Busca actividades, pequeños detalles o acciones, cosas que te gusten y que puedas hacer en tu nueva situación, que te hagan sentir mimada y querida (sobre todo por ti misma) y anótalas.

Pero no guardes esa nota en un rincón de tu subconsciente. Busca un lugar de la casa que veas varias veces al día y cuélgate un cartel, una hoja, post-it… lo que sea, algo que te recuerde constantemente que tú eres muy importante. Porque el cómo te sientes y vives tu maternidad, también es importante para tu bebé.

Y si quieres saber más sobre cómo cuidarte durante el posparto, te invito a que conozcas nuestro programa “Maternidad y conciliación”. Pincha en el siguiente enlace y descubre el programa entero y todo lo que podemos ofrecerte para que puedas disfrutar de una maternidad feliz desde la información y la organización de una mujer emprendedora que ha decidido ser también madre.

MATERNIDAD Y CONCILIACIÓN

 


O si lo prefieres, puedes descargarte nuestra “Guía práctica para organizarte durante el posparto” suscribiéndote a nuestro boletín.


Y después del parto… ¿qué?

Lo tienes todo preparado: la bolsa para llevar al hospital, la cuna, el cambiador, ropa, pañales de recambio, una habitación preciosa hecha con mucho amor e ilusión… parece que todo está donde debe estar. Sólo falta el bebé.

 

Y el bebé llega. Los pocos días que pasáis en el hospital, estás en una nube: hay enfermeras, que, si te hace falta, bañan y cambian al bebé. Y tu descansas porque no tienes nada más que hacer que estar. Estar con tu bebé. Todo bajo control.

todo bajo control

Luego, os dan el alta, y llegáis a casa. Parece que todo está perfecto… pero entonces empiezan las dudas…

 

Hoy está llorando mucho…

¿Será normal que haga tantas deposiciones?

¿Por qué hace dos días que no hace cacas?

Me duele el pezón…

Se despierta muy a menudo

Está durmiendo muchas horas…

 

Nadie te había contado nada sobre todo esto… Esta incertidumbre, tantas dudas. Los bebés sólo comían y dormían, ¿no?

Durante el embarazo leíste muchas cosas, te informaste de todo lo referente a la gestación y después para el parto… y se te olvidó informarte sobre todo lo que sucede después.

Tranquila, nos pasa a la mayoría. Y no solamente respecto al bebé. También las cosas que nos suceden a nosotras. Por ejemplo, a mí me sorprendió que mi barriga no volviera a su estado “normal”, cuando ya habían pasado ¡¡7 días desde el parto!! ¿Por qué no volvía a su sitio? Me sentía extraña en mi propio cuerpo. Al cabo de unos días más me pareció lógico, mi piel y mis músculos necesitaban más tiempo, tras 9 meses cediendo, para volver a ser como yo recordaba.

Las cosas pasaban de un modo diferente a como yo creía que iban a suceder, por mucho que lo intentara, los días se escapaban a mi control. En mi cuerpo, y también a mi alrededor: la ropa por lavar, los platos por fregar, el suelo por limpiar… todo iba a una velocidad muy diferente a como yo lo había imaginado.

 

Cuando ves una peli con bebés, o un anuncio, todo es maravilloso. Todo en su sitio, todo en silencio, todo limpio, una mamá perfectamente feliz, peinada y que siempre huele bien, y un bebé sonriente y dormido, al que nunca se le salen las cacas por los sobacos mientras piensas sobre cómo le vas a quitar el pañal sin mancharlo más aún.

Cuando en la peli aparece una mamá despeinada, dormida, dudosa, cansada… va acompañada de una casa descuidada. Esa mamá, pensamos, no sabe hacerlo bien. Tenemos una imagen muy clara y concreta de cómo debe ser una buena madre. Pues voy a decirte algo: esa imagen preconcebida de cómo tiene que ser una madre para ser buena madre, es, en la mayoría de casos, errónea. No te tortures más. Eres buena madre. De hecho, para tu bebé, tú eres la mejor madre, porque…

 

  • Seguramente miras enamorada a tu bebé durante horas (darse cuenta de la magia de lo que has creado a veces hipnotiza, y eso puede llegar a ser maravilloso)
  • Aun estando muy cansada, quizás sientes que necesitas alimentarlo, acunarlo, lavarlo… esa conexión le hace saber lo importante que eres para él, y él para ti
  • Te duermes con él sin darte cuenta : si estás cómoda durmiendo con él, túmbate, seguramente los dos dormiréis mejor, si no estás cómoda, intenta dormir tú también cuando lo dejes en su cuna
  • Aunque te agobie no tener la casa como quisieras, posiblemente se te olvida todo al escuchar sus ruiditos mientras aparece una sonrisa en tu cara, eso te permite estar presente con él, que te necesita mucho más que una casa limpia y ordenada, de eso se pueden encargar otros
  • Tal vez quieras levantarte y desaparecer porque la situación te abruma y al mismo tiempo sientes que no lo harás: en el fondo sabes que estos momentos desaparecerán pronto, los bebés crecen rápido

madre bebé contacto

Y tu entorno… tal vez te apetezca mucho estar con tu família o tus amigos, compartir tu maternidad, o no pensar en ella porque estás saturada. Eso está bien, rodéate de las personas que te hagan sentir bien.

O tal vez no quieras ver a nadie y que nadie te quite ni un minuto de estar con tu bebé. Eso también está bien.

Quizás necesitas a alguien que te ayude sin preguntar el por qué, sin juzgar lo que sientes o dices… que ordene la casa mientras tu estás con tu hijo en vez de que te digan “ve tranquila a hacer lo que necesites, que nosotros nos quedamos vigilando al bebé”. O al revés, porque prefieras moverte y hacer algo en casa en lugar de sentarte a mirar como duerme. Todas las opciones están bien. Cada una tiene su modo de adaptarse a la maternidad.

Y mientras tanto, no importa si estás peinada, si la casa está limpia, si hueles de maravilla o no, … Pregúntate qué es lo que necesitas, qué es lo importante para ti, y qué necesita el bebé.

Si necesitas tiempo sola, pide ayuda. Si necesitas salir de casa, puedes hacerlo. Si necesitas estar en la cama todo el día con el bebé cerca, adelante. Si necesitas desahogarte, hablar sin que te pregunten nada, busca alguien que pueda acompañarte.

Tener una persona que te acompañe amorosa y respetuosamente, sin preguntas, sin juicios de valor, sin condiciones, que te comprenda, te hará sentir respetada, segura, tranquila.

 

Respira. Disfruta. Date tiempo para acomodarte en tu nueva vida, en ese cambio que parecía que iba a durar 9 meses, y resulta que ya es para siempre. Verás que después, todo empieza a encajar: tu bebé, tu cuerpo, la organización de tu vida, tu maternidad.