3 razones para respetar el ritmo de nuestros hijos aun teniendo poco tiempo.

Si hay una cosa de la que estoy prácticamente segura es que a la mayoría de madres nos preocupa la alimentación de nuestros hijos. Aunque eso pueda implicar que entendamos ese concepto desde puntos de vista diferentes.

Preguntas sobre cómo hacer que coman verdura o fruta, acepten el pescado o dejen de comer bollería industrial, suelen ser temas recurrentes entre las madres. Con más o menos inquietud abordamos estas cuestiones y tomamos decisiones que irán acordes a nuestra manera de entender la alimentación.

Sea lo que sea que entendamos por una nutrición correcta, en general, tenemos la idea de que debemos generar un listado de alimentos, unas cantidades y una frecuencia en consumirlos. Idea que viene avalada cuando, al cumplir X meses (y pongo una X expresamente porque lo de la lactancia exclusiva hasta los 6 meses no todos los pediatras lo respetan), salimos de la consulta con un papelito que nos dice exactamente eso: alimentos, cantidades y frecuencia de lo que debe comer nuestro bebé.file0001564894818 (1)

Estas pautas, sobretodo justo después de salir de la consulta, pueden dar la seguridad y confianza que muchos padres necesitamos para tener la certeza que estamos haciendo “lo correcto” en lo que a alimentación se refiere. Todo es medible y concreto, lo que hace crear la idea que “eso” es lo normal y salirse de esas indicaciones puede ser motivo de alarma.

Así pues, cuando nos iniciamos en la alimentación complementaria, nos proponemos cumplir los objetivos que nos ha marcado el pediatra o la enfermera en esa guía sobre alimentación. Empezando por cómo y cuándo deber comerse la papilla de cereales, hasta cuántos gramos de carne debe contener la papilla de verdura, son orientaciones que demasiadas veces se toman como inamovibles.

Y mis preguntas vienen ahora.

¿Qué hacemos si nuestro bebé no quiere comer todo lo que le ofrecemos?

¿Cómo nos sentimos si rechaza la comida?

¿Qué recursos usamos cuando no comen lo que creemos que deben comer?

 

Cuando una madre tiene un bebé que se lo termina todo, muestra orgullosa al mundo lo buen comedor que es su bebé. Y todo el derecho que tiene, faltaría más. Igual derecho que tiene la madre del bebé que sólo se ensucia los labios con la comida, pues el concepto de buen o mal comedor está asociado a la cantidad y variedad de comida que ingiere el bebé. Y esa idea no respeta las individualidades de cada uno de nosotros.

Si somos capaces de entender que dos adultos no necesariamente tienen los mismos gustos ni requieren la misma cantidad de comida, ¿por qué nos cuesta tanto aceptar que pasa lo mismo con nuestros hijos?

Nosotros estamos preparados al nacer para saber cuándo tenemos hambre y cuando no, aunque la mayoría de nosotros tenemos esa capacidad un poco olvidada, por no decir atrofiada.

También tenemos la capacidad de distinguir olores y sabores que nos harán preferir una comida a otra. Porque cada cual tiene sus propios gustos, ¿no?

En el momento en que dictamos una lista de alimentos con sus frecuencia y cantidad fija. En el momento en que decidimos que un bgalleta para niñosebé necesita tomar un alimento concreto sí o sí (sin que haya una “prescripción médica”)… ¿Estamos respetando la capacidad de decidir de un bebé si tiene hambre o no? ¿Respetamos su capacidad de decir “no me gusta”?

Si partimos de la idea que un bebé (o no tan bebé) es consciente de su necesidad de comer o no y de saber si un alimento le gusta o no, llega un momento en el que ese bebé puede rechazar la comida, ya sea porque no tiene hambre o porque no le gusta.

 

 

En esa situación, ¿qué hacemos?

  • Distraerlo para que coma más (tele, teléfono, haciendo el avión…)
  • Dejarle sin algo que le gusta (postre, juego, nuestro rechazo…)
  • Darle un premio para que se lo termine (puede ser algo tangible, pero también sería un premio la aceptación del adulto)

Si nos fijamos en estos ejemplos, que está claro que podrían ser más, nos daremos cuenta que entran en acción aspectos emocionales del desarrollo de nuestro hijo o hija. Ya no estamos hablando de razones nutricionales estrictamente.

Poniendo como principal objetivo, sin tener en cuenta nada más, que nuestro bebé se termine lo que nosotros consideramos necesario, podemos llegar a usar recursos que afecten a aspectos que no son estrictamente nutritivos. Y creo que hay razones suficientemente importantes para no ir por ese camino:

Razón 1:

Con mucha frecuencia se usa el chantaje y el castigo para conseguir que nuestros hijos se coman el plato que les hemos puesto delante. Y no sólo me refiero a quedarse sin jugar o sin postre.

También podemos emplear, aunque no seamos conscientes de ello, un chantaje emocional que aprovecha el fuerte vínculo que tenemos con nuestros hijos. Frases como: “si comes mamá/papá estará contenta/o” o “si no te lo comes mamá/papá se enfada” son recursos muy potentes, puesto que es fácil asociar comerse el plato a ser aceptado y querido por mamá (o papá, claro): si me lo como mamá estará contenta, no se enfadará y entonces me va a querer.

¿Qué motivos tienen entonces para comer lo que les hemos puesto?

Razón 2:

Es cierto que los padres y madres necesitamos tener el control, queremos estar seguras de que nuestros hijos comen y se alimentan correctamente, y eso es bueno, pero no en detrimento de su salud emocional.

A veces no es tanto el hecho que se terminen lo que les damos sino facilitarles el acceso a alimentos nutritivos que no perjudiquen a largo plazo su salud. De este modo también estamos favoreciendo su nutrición. El ejemplo que podemos darle nosotros de una dieta nutritiva y saludable puede llegar a ser más eficaz que forzarle a comer aquello que no quieren comer.

Razón 3:  

Respetando sus necesidades nutricionales le estamos ayudando a largo plazo. Cuando te encuentres delante de una situación que genere conflicto entre tus necesidades y preocupaciones como madre y las necesidades y decisiones de tu hijo porque no quiere, por ejemplo, comerse lo que has preparado, piensa en cómo te gustaría que reaccionara delante de alguna cosa que no le gusta en la vida y que es malo para él. Estoy segura que tú no tienes intención de ofrecerle nada malo, pero estamos hablando del aprendizaje emocional que queremos que haga nuestro hijo: decir no.

Aprender a comer no sólo es ingerir una serie de alimentos que nos han dicho que debe comer nuestro hijo o hija. Es cierto que la alimentación de nuestros pequeños es importante para su correcto desarrollo, pero partiendo de la idea que es un aprendizaje y que eso implica aspectos del desarrollo que van más allá de la nutrición, nuestra responsabilidad también debería estar enfocada en respetar esa experiencia para que puedan crecer globalmente sanos, tanto física como emocionalmente.

En todo este camino pueden surgir dudas, conflictos y replanteamientos. Te animo a reflexionar y acompañar las emociones que nos generan a nosotros, los adultos, y en cómo podemos resolverlos partiendo desde el respeto hacia nuestros hijos y también hacia nosotras mismas.



  

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Laia Simón

Laia Simón

Soy mujer, eso lo primero. Y el ser mujer me ha dado la oportunidad de ser madre de 5 criaturas que me han enseñado a serlo de modos muy distintos.
Me siento afortunada de poder ver la vida con emoción, pese a que las lágrimas me llenan los ojos con mucha facilidad.
Y ahora deseo lanzar mi experiencia y mi conocimiento acompañando a otras mujeres en un camino que no siempre es fácil: la maternidad.
Para ello, me he formado como asesora de porteo Mimos y Teta y como Asesora Continuum.
Y sigo formándome, y sigo aprendiendo, y sigo comunicando… es mi pasión.
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LA CURIOSIDAD, LA PINZA Y LA PRISA

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Tengo un reloj de cuerda que decora una de las estanterías de mi comedor, junto a unos  libros. Nunca le doy cuerda, pero este fin de semana mi hija me preguntó cómo funcionaba. Y le di cuerda. Ahora, me apetecería dejar de oír su incansable tic-tac y aunque lo tiraría por la ventana, me resigno a guardarlo en un cajón. Siempre me ha puesto nerviosa  ese marcar constante y sonoro del paso del tiempo. Me hace tener prisa, correr, como si no fuera a llegar a donde quiero si no voy rápido.

La prisa, en ésta sociedad en la que vivimos, nos hace perdernos detalles muy a menudo. Detalles pequeñitos, pero preciosos, brillantes, tesoros de lo cotidiano que dejamos pasar sin darnos cuenta. Y esa tendencia me preocupa especialmente cuando observo a mis hijas, o más bien, cuando me doy cuenta que en uno o dos días, casi no las he observado. El placer de observar el comportamiento de otro ser lo descubrí en mi época de estudiante: entender mediante la mirada y la escucha lo que sucedía con una manada de lobos, con una família de gorilas, o con dos aves del paraíso apareándose, me fascinaba.

¿Os imagináis a una loba animando a sus crías a cazar antes de estas puedan coordinar bien sus patas con su vista para poder correr y perseguir una presa?

Y del mismo modo, ¿os imagináis a una  chimpancé dándole una fruta a su cría antes de que pueda cogerla con sus manos?

Yo no. A veces da la sensación de que tienen una calma innata, un saber esperar al momento oportuno para cada nuevo reto. Se trata del instinto. Nunca había extrapolado esta visión tranquila y lógica de la evolución y maduración de las crías de otras especies en los humanos. Hasta que fui madre.

Y después del shock inicial de la lista de alimentos, como mezclarlos, cocinarlos y triturarlos y en qué cantidades, y la perplejidad de ver que mi hija no tenía ninguna intención de comer aquellas mezclas (y mucho menos papillas de cereales)… empecé a observarla con más calma. Y luego caí en la cuenta de que ella, era una cría de mamífero, y yo, la estaba haciendo correr.

 

probando pure

Porque cada bebé tiene su propio ritmo de desarrollo, y lo mejor que podemos hacer es seguir la velocidad que lleve el bebé. Llegará a aprender lo mismo, pero lo habrá vivenciado de un modo muy distinto.

 

 

 

 

motricidad fina

Claro, tenemos muchas ganas de verlos comer sentaditos, de ver como alcanzan nuevas metas y crecen.

Esperar a que suceda lo que, al fin y al cabo va a suceder igual, nos cuesta mucho.

Por eso no emocionamos al salir del pediatra con las hojas de alimentación complementaria, y al cabo de tres o cuatro días te preocupas porque tu bebé quiere teta (o biberón) y no la comida que le estás dando. Y terminas preparando papillas deliciosas (que te comes tu), invirtiendo un tiempo valioso en lavar, pelar, cortar y triturar, y luego en lavar todos los utensilios utilizados… para nada. Porque tu bebé no tiene intención de comer aquello y ha desarrollado una habilidad extraordinaria para  esquivar tus manos o escupir lo que consigues meter en su boquita. ¿Hay un modo más fácil, llevadero, sencillo? ¿Otra forma de organizar su introducción a la alimentación sólida?

 

Os propongo un juego de observación. Os aseguro que cuánto más se juega, más se divierte una 😉

Se trata de responderos éstas preguntas mientras estéis con el bebé:

1.¿tu bebé coge objetos con las manos? hacia los 6 o 7 meses, desarrollan la habilidad de hacer la pinza con el dedo pulgar y el resto de la mano, es todavía algo torpe, pero útil. Un par o tres de meses más tarde, ya hacen la pinza con el pulgar y el índice. Entonces el agarre es mucho más preciso.

2.¿puede permanecer sentado sin ayuda? y si és que sí, ¿se inclina a coger los objetos que le llaman la atención? también hacia los 7 meses, pueden estar sentados y mover el tronco y los brazos hacia los objetos a los que quieren llegar.

3.Si llegan a coger los objetos, seguramente verás que también se los llevan a la boca. Es su forma de investigar y conocer el mundo: tocar, oler, probar… si uno de esos objetos es un trozo de comida, ¿escupe  la comida que se lleva a la boca? y no porque no le guste el sabor, me refiero a ver si aún mantiene el reflejo de extrusión (es una defensa involuntaria del cuerpo para evitar tragar algo que no sea el alimento: la leche), que desaparece hacia los 6 meses de edad.

4.¿siente curiosidad por lo que tu estás comiendo? ¿quiere cogerlo, tocarlo, llevárselo a la boca, jugar con la comida? Si a ésta respondes que sí, perfecto porque somos seres curiosos, y la curiosidad es el motor del aprendizaje.

5.Y la última, la del 10: observando varios días a tu bebé, ¿puedes ver una evolución en su forma de probar la comida? fíjate en si primero la tocaba con labio y lengua, después empezó a meter la comida en la boca. Después, la movía por la boca y pareció que intentaba masticarla ( luego resultó que sí, que la masticaba), y finalmente, empezó a tragar algo de comida. Si has conseguido ver esos cambios, ¡enhorabuena! has visto el desarrollo natural de aprender a comer. El alimento de los primeros meses de vida es líquido y muy fácil de tragar. Luego, mientras van apareciendo los dientes, tu hij@ ha aprendido a masticar nuevos alimentos, más duros, espesos, de distintos sabores, y al final, ha aprendido a tragárselo.

 

Entre los 6 y los 12 meses (más o menos, porque cada bebé tiene su ritmo), todos sienten curiosidad por esas cosas que comen papa y mama, y las personas que le rodean. Si seguimos su curiosidad y le dejamos probar la comida, veremos como juegan con ella.

Aunque se ensucia un radio enorme alrededor de una persona tan pequeña, es maravilloso ver el proceso que siguen para conocer el sabor y la textura de los alimentos, y como disfrutan haciéndolo.

Y a partir de ahí, sólo acompañarlos en el descubrimiento. Durante esos primeros meses, no comen mucha cantidad, si respetamos su decisión, veremos que igual comen mucho un día y casi nada al siguiente. Mis hijas, los días en que no comían casi nada del plato, me pedían más teta, vamos que con hambre no se quedaban. Y cada una fue a su ritmo: la mayor tenía mucha curiosidad por probar, pero no por comer. La pequeña tenía mucha curiosidad y muchas ganas de comer. Cuando para los padres, pasan muchos días “sin comer” casi nada (seguro que toman más leche), nos ponemos alerta, pensamos que igual les pasa algo, en llevarlos al médico, en “ofrecer” más comida, en que no va a crecer según el percentil…

Cada bebé se desarrolla a un ritmo diferente de los demás en todos los aspectos de su evolución: cognitivo, emocional, psicomotriz, fisiológico. No hay que alarmarse  🙂

Está bien. No pasa nada. Nos ponemos nerviosas, claro. Pero entonces recordamos que está conociendo la comida, y de momento, es una alimentación complementaria: su alimento principal sigue siendo la leche (materna o artificial). Y podéis seguir viviendo esta etapa de descubrimientos tranquilamente.

 

 

Mònica Pons

 



  

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Desaprender la comida o como confiar en tu bebé

Al salir de la revisión de los 6 meses de mi hija mayor, sentí una mezcla de incredulidad, diversión y preocupación.

 

Mi bebé regordete, tomaba teta a todas horas, y a demanda, es decir, cuando ella quería. También a menudo, durante las comidas, mi hija terminaba sentada en mi regazo o en el de su padre, observando atentamente qué y como comíamos, incluso a veces, intentando coger y probar algo de lo que tenía en el plato, al alcance de su mano.

En mi bolso llevaba ahora unas hojas con listas de alimentos a introducir: verduras, frutas, cereales, algunas carnes,… y cómo cocinar cada cosa, cuándo, en qué cantidad, cómo mezclarlo y triturarlo, cómo comer papillas… la verdad es que se me hizo un mundo. Al llegar a casa lo volví a leer. No entendía cómo iba a hacerlo para:

1. introducir un sólo alimento al día

2. esperar 4 días entre cada nuevo alimento

3. esperar a después de las comidas “reglamentarias” para dar teta (pero .. ¿no era a demanda?)

4. que mi hija se comiera las cantidades que se supone que debía comer

5. que hubiéramos probado todos los alimentos de la enorme lista para cuando nos viera el pediatra a los 9 meses, que ya me había dicho que me daría entonces otra lista, con nuevos alimentos a introducir…

 

Al día siguiente me puse manos a la obra: con  la peque en el fular, me fuí al mercado y llenamos la nevera de verdura y fruta fresca. También compré una papilla sin gluten y otra con gluten (y pensé que me hubiera ido bien tener una de las básculas de precisión de las que usaba en la facultad para mezclar según la guia que el pediatra me había dado, una papilla con otra para introducir el gluten). A media mañana, mientras Laia gateaba a mi alrededor, hice la primera papilla, con manzana.

¡Hay que nervios y que ilusión! mientras la hacía, me la imaginaba relamiendo la cuchara, disfrutando de la papilla y pidiéndome más con las manitas… como en los anuncios vaya.

La papilla estaba rica… eso decidí cuando me la comí yo, porque Laia la tocó, la tiró, jugó con ella y con el plato.. pero no la probó. La escupía. ¿no te gusta la manzana? ¿está demasiado espesa? ¿demasiado ligera?… que difícil me empezó a parecer comer comida, en vez de teta.

 

La siguiente semana estuve probando con otras frutas, y con un par de verduras, y con la papilla sin gluten… nada. Mi niña no quería papillas. Vamos, no quería ni verlas. De hecho tiene ya 5 años y nunca se ha comido una sola papilla. Así que lo dejé. Dejé de hacer papillas.

Me sentía mal si la obligaba a comer eso que no le gustaba.

 

Me ponía nerviosa y la situación terminaba en llanto o en disgusto. No quería aquello. Mi bebé disfrutaba con casi todo..

Sentía que tenía que haber un modo de que también disfrutara con la comida, sin que yo tuviera que forzar nada.

 

Me la ponía en el fular, o en la mochila a la espalda, cuando cocinaba, para que estuviera cerquita de mí y no se pusiera nerviosa y me pidiera teta. Cocinaba sin sal, sin salsas, todo a la plancha o hervido. Siempre alimentos de los de la lista. Y se sentaba con nosotros a la mesa.

A partir de ahí, solo tuve que dejarla tocar y coger la comida. No comía mucha cantidad, pero se divertía de lo lindo tocando y probando lo que había en el plato. Y dejé de estresarme. Ella seguía creciendo, seguíamos con la lactancia a demanda, y algunos días, me pedía menos teta y comía casi todo lo que le ponía al alcance, a veces durante el desayuno, otras en la comida, la merienda… alguna vez en la cena.

La verdad es que su percentil bajó. Pero el crecimiento de un bebé alimentado con leche materna difiere del de un bebé alimentado con leche artificial. A Laia la pesaban y medían y posicionaban respecto a una gráfica de crecimiento con leche artificial. Saber que había una diferencia en el ritmo de crecimiento ahí, me tranquilizó. Y seguimos así durante varios meses.

Mi bebé empezó a alimentarse adaptándose a los horarios adultos (desayuno, media mañana, comida, merienda, cena) a partir del año. . Cuando tenía un año y medio, se podría decir que comía su primer y segundo plato, y el postre (a veces, doble postre: fruta y teta :)).

 

Me siento muy orgullosa de haber respetado su ritmo. Distinto de lo aceptado. Y de respetar sus gustos: a mucha gente le extrañaba, por ejemplo, que comiera taaaanto tomate cada día, pero a ella le encantaba (y le sigue chiflando), se lo comía como quien come una manzana a mordiscos.

 

disfrutar comiendoY sigo en ese camino de respeto por su capacidad de decidir cuándo tiene hambre, y por su capacidad para saber qué le apetece y qué no. Reconozco que es difícil, los días en que no le apetece casi nada, en los que come poco; o las veces que comemos un plato distinto, nuevo, y no lo quiere probar, o lo prueba y no le gusta.

Sobretodo nos es difícil, porque a mi pareja y a mi nos enseñaron a terminarnos todo, siempre. Y a comer aunque no te gustara lo que comías. Claro que nuestros padres lo hicieron con la mejor de las intenciones, y debido a sus propias vivencias (hijos de la posguerra), lo entiendo perfectamente. Pero de momento, no nos falta la comida.

 

Con mi hija pequeña, ya no compré ninguna papilla. Le ofrecí siempre de lo que había en la mesa para comer. Y también tardó un tiempo en comer cantidades más o menos estables de comida. Pero sabe cuándo tiene apetito y cuando no. Y de postre, a veces de segundo plato, siempre aparece la lactancia, con sus dos añitos. Ah.. y también le encanta el tomate.

Siento que la relación de mis hijas con la comida es mucho más sana que la mía. Yo estoy reaprendiendo a escuchar mis necesidades nutricionales. Ellas no van a tener que reaprenderlo, porque no se les ha olvidado.



  

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A la compra del alimento infantil saludable

Ha habido dos momentos en mi vida en los que me ha preocupado mucho la alimentación.
La primera etapa coincidió con mi adolescencia. . En esa época mi aspecto físico tenía un papel muy importante en mi vida y la alimentación iba íntimamente relacionada. Recuerdo seleccionar cuidadosamente los alimentos que comía y cuidaba mucho las cantidades que realmente necesitaba mi cuerpo.

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La segunda etapa, la que me ocupa actualmente, es la de madre.

 

Creo que podemos afirmar que la alimentación es unos de los aspectos que más nos preocupa de nuestros hijos. La mayoría de las personas tenemos claro que debemos consumir productos saludables y es precisamente eso lo que pretendemos que hagan nuestros hijos e hijas.
Queremos lo mejor para ellos y no dudamos en proporcionárselo dentro de la medida que nos sea posible.

 

Pero, ¿sabemos qué es un producto saludable?

 

Nunnutit
https://es.wikipedia.org/wiki/Alimento_saludable

 

En general, la mayoría de las personas, dedicamos poco tiempo a analizar los productos que consumimos, ya sean procesados o no. Nuestra vida laboral y familiar no nos lo pone precisamente fácil.

Analizar las etiquetas de los productos que consumimos es un trabajo que, si lo hiciéramos a consciencia, seguramente nos ocuparía todo un día la compra de tan sólo una semana. Y quizás más y todo.

Las prisas hacen, además, que dediquemos poco tiempo a preparar comida. Al mismo tiempo, queremos y estamos concienciados que la alimentación es uno de los aspectos más importantes en nuestras vidas. Una buena alimentación es la vía que va a permitir a nuestro organismo funcionar de la mejor manera que le es posible. Necesita unos nutrientes y unas calorías concretas, que variarán en función de la edad y de la actividad física que se realice, entre otros aspectos.
La suma del poco tiempo que disponemos y la voluntad de querer alimentarnos correctamente hace que si se nos presenta un producto que promete cubrir las necesidades nutritivas de nuestro cuerpo, nos planteemos usarlo.

La compra de ese producto nos facilita la logística y nos deja, al mismo tiempo, la sensación de tranquilidad al convencernos de que nuestra alimentación está siendo “correcta”: lo compro, lo consumo y doy por hecho que es sano.

 

Y ése es el gancho del bombardeo de la publicidad que recibimos a diario. 

 

Hay muchas páginas webs que se han dedicado a analizar las etiquetas de productos alimenticios y estoy segura que en ellas encontraréis información mucho más detallada de la que os proporcionaré yo. Entre muchas otras, está la página imujer, donde hacen un análisis interesante de la información engañosa que ofrecen los productos dirigidos a mujeres.

Respecto a estos productos, la reflexión que me gustaría hacer, hace referencia a los objetivos que tiene la industria alimenticia.

Si nos centramos en los productos que van dirigidos al público infantil, podemos encontrarnos con mensajes en los envases como:

  • Sin gluten
  • Sin azúcar añadido
  • Bajo en sal
  • Rico en vitamina X
  • Rico en calcio

O incluso palabras que asociamos alimentación saludable:

  • Ecológico
  • Natural
  • Sin conservantes
  • Sin colorantes
  • Sin azúcares añadidos

 

Y un largo eccétera que os animo a investigar la próxima vez que hagáis la compra.

El tema podría quedar ahí y no veríamos el problema real que esos mensajes esconden muchas veces.

Bajo el manto de la combinación de las palabras que acabamos de nombrar se esconde una etiqueta que nos muestra la realidad del producto que contiene dentro.

Sí, esa etiqueta pequeña en un rincón del envase que la mayoría de veces pasa desapercibida al consumidor.

 

Pero hay un elemento que aparece en algunos de los productos que compramos que, además de usar recursos como los que acabamos de comentar, se apoyan en el sector sanitario.

 

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Y con esa simple pero demoledora etiqueta, consiguen que, si existía alguna pequeña duda de que el producto no fuera saludable, desaparezca del todo. Porque, si lo dice el pediatra, no puede ser malo, ¿no?

 

Y si después de leer este post quieres compartir tu opinión, no dudes en dejar un comentario. Seguro que tu experienia puede aportar mucho a nuestros lectores.

 

Laia Simón