La teoría no siempre es suficiente para una crianza respetuosa.

“Tengo la teoría muy clara pero me cuesta horrores llevarla a la práctica”

“Hay situaciones en las que no puedo evitar terminar con gritos y luego me invade la culpa por haberlo hecho”

¿Te resultan familiares estas afirmaciones? A mí sí. Durante mucho tiempo me sentí así. 

Y es que la teoría no siempre es suficiente. Te invito a que escuches el siguiente vídeo en el que hablo de uno de los errores más habituales que nos llevan a no saber poner en práctica la teoría de una crianza respetuosa.

 

7 errores que cometes cuando quieres aplicar las bases de una educación respetuosa en un momento de conflicto

En varias ocasiones he comentado que han llegado a mí mujeres con una idea clara de lo que querían para sus hijos e hijas, con libros leídos e incluso cursos sobre crianza respetuosa hechos. Mujeres que, pese a la formación y conocimientos adquiridos, seguían teniendo bloqueos cuando se encontraban ante un conflicto con sus pequeños. 
 
En este post, voy a contarte 7 errores muy frecuentes que pueden ser el origen de los bloqueos que tienes cuando surge un problema con tu hijo y quieres aplicar las herramientas de una comunicación empática dentro de la crianza respetuosa.  
 
1. Marcas objetivos inalcanzables fácilmente

Un fallo muy común que cometemos cuando queremos poner en práctica la teoría que ya sabemos es el de querer hacerlo todo perfecto. Cambiar nuestra forma de actuar implica un aprendizaje en el que es muy fácil cometer errores. Marcarnos metas adecuadas al momento en el que nos encontramos nos ayudará a no sentir que fracasamos y que no podemos con lo que nos proponemos

2. Falla algún concepto teórico

¿Tienes dudas en un momento determinado? ¿No sabes si la forma de reaccionar es la que “deberías hacer”? Quizás hay alguna cosa que se escapa y es necesario investigar

3. Te rindes antes de volverlo a intentar

Equivocarse no es malo si sabes aprender de los errores. Nadie dijo que el camino fuera fácil, pero tampoco imposible. ¿Quién te dice que no lo conseguirás la próxima vez?

4. Olvidas qué es lo que quieres hacer

¿Qué es lo que quieres conseguir? ¿Qué motivación deseas que se active en tu hijo? ¿Qué estás haciendo para que sea esa motivación realmente y no otra?

5. No tienes presentes tus objetivos cuando actúas

Tener claros tus objetivos te ayudará a relativizar lo que está sucediendo en ese momento. Todo está integrado en un objetivo a largo plazo. Es clave estar convencida de cuál es.

6. Te falta tomar aires y bajar el ritmo cuando conduces la situación

Resolver conflictos requiere espacio y tiempo. ¿Estás dispuesta a destinarlo? Para, respira y date el tiempo necesario para plantear una buena estrategia que te permita usar los recursos respetuosos que tu hijo y tu os merecéis.

7. No has cerrado lo que te ha ocurrido justo antes

A veces acumulamos estrés. A lo largo del día acumulamos tensiones que explotan en un momento determinado. Los conflictos con nuestros hijos suelen ser uno de estos momentos. Asegúrate de que cuando estás resolviendo un problema con tu hijo no estás liberando otro tipo de conflicto.

 

Estos son algunos de los errores más comunes, pero no los únicos. 

Si quieres seguir investigando y profundizando sobre los bloqueos que te impiden usar los recursos de una crianza respetuosa puedes obtener más información pinchando en el enlacesiguiente. 

¿Te resulta difícil acompañar a los niños para que sean empáticos?

Enseñar empatía a los más pequeños de la casa puede resultar difícil, al menos si lo que se pretende es conseguir de forma inmediata que nuestros niños sean empáticos inmediatamente. Aplicar la teoría de la comunicación empática requiere de mucha paciencia, y en este proceso de acompañarlos para que integren este concepto suelen surgir ciertos problemas que, como madre o padre, nos pueden resultar complejos.

La empatía y su forma de aplicación en los niños

Lo empático que tiene el ser humano, a diferencia de lo que se piensa en algunas ocasiones, es una conducta aprendida. Es algo que se aprende, y como en muchos otros aprendizajes, la imitación juega un papel muy importante.

Esta capacidad de ponerse en la piel del otro se puede ir integrando progresivamente en el transcurso de la vida. Para ello es importante prestar atención a los sentimientos de nuestros niños y niñas, alimentando la empatía con el papel que ejercemos como personas adultas de referencia.

Demostrar comprensión. Una forma de que las criaturas aprendan a ser empáticas es, como todo en la vida, mediante imitación. A su vez, esta imitación termina por formar parte de su carácter. Todo es tan sencillo como mostrarles comprensión en cada momento.

Cuando nos interesamos por cada cosa que hacen, les estamos ayudando a que se sientan importantes. Está acción por parte de los padres y madres no requiere de explicación a los menores, puesto que termina siendo una conducta mimética que ellos mismos repetirán en su momento.

– Aprovechar siempre que podamos para explicarles un estado emocional. Ya sea mediante la tele o en una situación encontrada, podemos hacerles ver qué están sintiendo determinadas personas, especialmente cuando se muestra un contexto de dolor o sufrimiento.

Cuando se presentan dificultades y no sabemos cómo actuar

Porque no todo es tan sencillo como a veces nos pretenden mostrar, existen circunstancias en la que nos podemos bloquear o nos cuesta salir del atolladero.

Los bloqueos se hacen comunes, sobre todo cuando los pequeños no atienden y se ponen exigentes ante algo que quieren. En ese momento, en vez de intentar hacerlos razonar, lo primero que nos suele salir es el enfado por lo que consideramos su desobediencia.

No siempre es sencillo conseguir que nuestros niños se abran a empatizar en una situación determinada. Hay que cogerles en el momento indicado, cuando sepamos que son más perceptibles. Dejarles que se expresen y hacerles ver que les oímos implica un campo abierto a los padres, para que puedan aplicar la teoría empática.

Pero antes de que todo ocurra como esperamos, debemos tener paciencia, ya que los niños se entretienen rápidamente con otras cosas. Así que olvidémonos de los discursos largos, puesto que llegará un momento en que dejarán de oírnos, aunque tendamos a obligarles a que estén ahí para escucharnos.

Así pues, es necesario que nos focalicemos en hacerles interactuar, formulándoles preguntas sencillas y no cayendo en estereotipos que puedan confundirles.

Es clave que tengamos también una visión crítica de las dificultades que, como personas adultas, se nos presentan a la hora de ponernos en la situación de los niños. Esta es la primera regla para transmitir la empatía que deseamos que aprendan los más pequeños de la casa. El primer paso es tener trabajar la empatía en nosotros mismos.