Poner límites con agresividad y buen rollo

Hoy quiero hablar sobre poner límites creando buen rollo y teniendo mala leche al mismo tiempo. Siempre que hablo de este tema a mí me entra la risa, porque realmente parece algo contradictorio. 

Digo parece porque estamos acostumbradas a que cuando ponemos límites, nuestra actitud es agresiva, saltando a la yugular de quien nos molesta. En la sociedad, sobre todo a las mujeres, se nos ha transmitido esa idea de que ser agresivo es malo. Nos han enseñado a ser dulces, serviciales, a cargarnos con las emociones de los demás y responsabilizarnos de ellas.

Esta educación que hemos recibido hace que ante un conflicto o un intercambio de opiniones tendamos a no enfrentarnos. Ceder, bajar la cabeza, cuestionar nuestra propia opinión son algunas de las reacciones que más se presentan. Esta forma de actuar parece incompatible con establecer límites con firmeza.

En el siguiente vídeo profundizo más en el tema, te animo a verlo:

Si necesitas más información puedes enviarme un correo a laiasimonmartin@gmail.com y resolveré tus dudas.

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La técnica del muro de cristal

Hoy quiero hacer un ejercicio. Ayer en un directo estuve hablando de una herramienta que yo uso con mucha frecuencia y utilizo en mis talleres, formación, incluso en asesorías individuales. Se trata de la técnica del muro de cristal.

Es una herramienta, enfocada en la educación y crianza de nuestros hijos, pero que nos permite vivir con tranquilidad en situaciones en las que recibimos una crítica. Porque merecemos vivir estas situaciones sin perder los nervios, sin sentirnos incómodas, nerviosas o irritadas.

Dale al <<play>> y descúbrela:

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Reaccionar ante las críticas sí es importante

Hoy quiero hablar sobre cómo reaccionamos ante las críticas que recibimos de las personas que nos rodean.

¿Por qué sí es importante saber reaccionar ante estas críticas? Un denominador común que yo he observado sobre nuestras reacciones a las críticas es que muchas veces no sabemos cómo reaccionar. “¿Y ahora qué le digo yo a esta persona? ¿Le salto a la yugular?, ¿me pongo en modo zen?, ¿me callo?”

Muchas veces la forma en que reaccionamos al comentario nos afecta, nos remueve muchísimo. Porque en el fondo la forma que hemos tenido de reaccionar no nos está haciendo sentir bien, porque no cubre lo que realmente queremos en ese momento. 

En el vídeo siguiente te cuento más:

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¿Cuántas veces has dado explicaciones y te han tomado por el pito del sereno?

Hoy quiero compartir la experiencia personal que marcó un antes y un después en la forma de relacionarme con las personas de mi entorno y que en muchas ocasiones me generaba malestar y crispación. 

Es muy probable que hayas vivido situaciones en las que un familiar te critica por darle el pecho a tu hijo de 2 años, por no castigarle cuando rompe algo o por llevarlo en brazos cuando está cansado. 

En mi caso, la experiencia que viví fue en una comida familiar. Por aquel entonces mi hijo mayor tenía 6 años y no hacía más que sentarse y levantarse de la mesa a medida que iban apareciendo o terminando platos nuevos. Eso pareció molestar a una de las personas adultas que estaban sentadas en la mesa, que terminó riñendo al niño amenazándolo de no darle postre si no se estaba sentado. 

Recuerdo perfectamente que en ese momento me invadió la rabia y la indignación, y a punto estuve de saltar a la yugular. Sin embargo, mi reacción esa vez fue muy diferente. Y el resultado también. 

Pude mantener la calma porque, antes de decir nada, me puse a mí delante, con mis necesidades, mis principios y, sobre todo, los límites claros que no estaba dispuesta a obviar. Esos instantes que llevaba trabajando durante tiempo me permitieron enviar el siguiente mensaje:
– Yo quería respetar el desarrollo de mi hijo y sus necesidades y la de estar sentado en una silla durante 2 horas como mínimo no estaba dentro de mis planes
– Quería pasar un buen rato en familia y no quería entrar en discusiones absurdas sobre decisiones que ya había tomado y sobre las cuales no pedía opinión. 
– Que comprendía y aceptaba que otras personas no pensaran igual que yo y que todo era cuestión de encontrar un contexto en el que encontrarnos para estar todos contentos. 
– Estaba dispuesta a encontrar otra forma de relacionarme con mi familia si no se respetaba mi decisión sobre el conflicto que estaba ocurriendo, y que de la misma forma que nos encontrábamos en una casa para comer, nos podíamos encontrar en un parque para hacer un pick-nick. 

Tengo que reconocer que yo misma me quedé sorprendida de mi reacción y, sobre todo,  del poder que tenían esos instantes previos a la reacción que solemos tener cuando alguien nos critica o increpa a nuestro hijo o hija ante una situación determinada. 

Y es que cuando queremos poner límites, solemos cometer el error de pensar que son siempre las otras personas las que tiene que actuar de forma automática para sentirnos en paz nosotras y se nos olvida que, en la mayoría de casos, tenemos la capacidad de tomar acción para cuidar de nosotras mimas. 

A lo largo de este tiempo he desarrollado habilidades para poder afrontar la crítica con seguridad y confianza y os tengo que confesar que es un placer inmenso de poder y capacidad de decisión que, una vez lo pruebas no quieres soltarlo jamás. 

Ahora, tú también tienes la oportunidad de vivir estas situaciones desde la confianza y seguridad que te mereces, no sólo por ti, también para tu hijo o hija, que te ve cada día y aprende de cómo reacciona y te relacionas con los demás. 

¡No pisar! es un taller on line en el que encontrarás herramientas y recursos prácticos para poner límites a las personas que te rodean con seguridad y confianza en ti misma.

Comprende la culpa cuando aparece y actúa

Hoy vengo a hablar de culpa.

Parte de mi trabajo consiste en acompañar a mujeres en el reaprendizaje de la resolución de conflictos con sus hijos e hijas. En ese trabajo, suelen intervenir otras personas, y esos conflictos aparecen también con otras personas adultas: nuestra pareja, la suegra, la maestra del cole…

¿Qué tiene que ver esto con la culpa? Un denominador común que aparece en este tema es la aparición de la culpa cuando intentamos poner límites a la forma que tienen esas personas de intervenir ante un conflicto que tienen con nuestro hijo o hija.

En el vídeo siguiente te cuento más:

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Comunicación empática para resolver conflictos

¿Te has parado a pensar cuánto puede ayudarte una buena comunicación empática para resolver esos conflictos que surgen aunque no los busques?

Autoestima en su punto justo: la clave básica

Cuando queremos comunicar algo necesitamos motivación para ello. Desde luego que las razones que tengamos van a ser necesarias. Pero también se requiere que el mensaje vaya de ida y, también, regrese. Es decir, requiere una actitud de escucha activa y empatía hacia la otra persona.

Si solamente tienes en cuenta tu punto de vista pero subestimas el de la otra persona puedes provocar dos efectos: que la otra persona se someta para no discutir o que se rebele. En ambos casos el conflicto se agrava.

Necesitas averiguar cuáles son sus necesidades y conseguir llegar a un punto intermedio entre sus requerimientos y los tuyos. Para eso sirve la comunicación no violenta.

Aquí, la autoestima tiene que estar en su centro, ni demasiado alta ni tampoco baja. De esa forma conseguirás expresarte con asertividad y el efecto suele ser una apertura y confianza proveniente de la otra parte.

¿Y por qué será que se produce esa apertura? Precisamente, porque no hay ninguna agresión ni coacción. Comunicar es un acto de libertad y respeto mutuos.

Sigue a tu corazón. Cuando hables desde el profundo sentimiento, sin críticas, quejas ni reproches, probablemente vas a estar más cerca de una comunicación con escucha activa, objetividad y empatía.

Rutinas diarias que ayudan a resolver conflictos

Llegar a ese punto de mediación requiere de un entrenamiento diario y concienzudo.

No des por supuesta la posición de la otra persona. Realmente no sabes lo que piensa hasta que te lo dice.

Observa tu interior antes de hablar, lo que piensas y lo que sientes. Muchas veces creerás que estás comunicando con respeto y, en realidad, llevas una carga interna de la que no eres consciente.

El diálogo es una de las rutinas diarias más importantes, pero sin críticas, quejas o reproches. Tampoco sirven las palabras con doble sentido ni las cargas de profundidad.

– No olvides que para dialogar hace falta que escuches con atención y sin juzgar lo que te dice la otra persona. Esto puede resultar algo difícil, pero es básico para aprender a respetar otros puntos de vista distintos del nuestro.

Intenta ponerte en la situación de la otra persona cuando escuches. No se trata de que justifiques sus errores, sino de aceptar que tiene sus defectos así como sus cualidades. Cuando la otra parte se sienta aceptada y comprendida, va a dejar su posición defensiva para iniciar una apertura.

– La solución del conflicto siempre consiste en un acuerdo que aceptan de buen grado todas las partes implicadas.

– No hace falta la agresividad. El punto de partida de la firmeza es el respeto hacia uno mismo y hacia los demás y siempre se expresa con suavidad y cariño.

Cuando utilices una comunicación empática, te vas a dar cuenta de que la situación fluye hacia un respeto, entendimiento, comprensión e integración de todos los puntos de vista.

Niños con baja autoestima. Detéctalos a tiempo

Dicen los expertos que la autoestima del niño será decisiva para disfrutar de una vida plena cuando se es adulto. Es cierto que siempre estaremos a tiempo de sanar nuestras heridas emocionales de la infancia. Sin embargo, la autoestima será una herramienta fundamental para que nuestros hijos crezcan sin privarse de realizar todo aquello que realmente desean y hasta de reivindicar sus derechos ante los demás.

Cuando la autoestima no se construye satisfactoriamente desde la infancia, la persona necesitará terapias para superar sus inseguridades. En algunos casos, la baja autoestima puede afectar gravemente a los alumnos provocándoles incluso una depresión en situaciones extremas. Por eso, es tan importante dar ayuda desde los centros escolares, ofreciendo acompañamiento familiar y profesional en todo momento.

¿Cómo puedes saber si tu hijo tiene una autoestima baja?

Tendremos que estar atentos a estas señales:

Es un niño retraído y que tiene pocas habilidades sociales. Por lo común, veremos que el niño no se relaciona con otros niños, que no juega y es solitario. Especial atención a la hora del recreo o de jugar en el parque, momentos en los cuales el niño no irá a jugar con los demás amigos, sino que preferirá quedarse solo.

Es poco constante. La inseguridad le lleva a pensar que no es capaz de hacer las cosas y rechaza ni siquiera intentarlo. Una frase muy habitual en un niño con poca autoestima es: “yo no puedo”.

Es muy dependiente. Un niño con problemas de autoestima pedirá que sus padres u otros adultos se lo hagan todo, como si fuera un niño pequeño, aunque ya no lo sea tanto.

El niño inseguro tiene miedos y evita dar su opinión para no enfrentarse al juicio o desaprobación de los demás.

Las personas con baja autoestima son muy perfeccionistas. No aceptan sus propios errores y se sienten torpes.

No tiene sentido del humor, se toma las bromas como ofensas y se siente mal con ellas.

Son niños pesimistas que lo ven todo del lado negativo.

Muchas veces, los niños con baja autoestima esconden sus inseguridades tratando de humillar a los demás.

Qué hacer si detectamos una posible baja autoestima

Al igual que los padres, los profesores ejercen un papel fundamental en la construcción de la autoestima de los niños. Por eso, si detectamos que un menor sufre de baja autoestima tendremos que trabajar con él.

La primera línea de actuación será identificar el talento que tiene el niño y potenciarlo. La pintura, el dibujo, la escritura o el deporte. Cada niño tiene un talento particular.

Si un niño tiene problemas con una asignatura, tendremos que buscar soluciones, como por ejemplo, reforzar con clases particulares. Nunca desmotivar al pequeño o llamarle torpe ni regañarle por ello.

Los profesores tenemos la obligación de educar en igualdad y evitar que otros niños ridiculicen o hagan acoso a sus compañeros.

Además, en el aula hay que fomentar que los niños pregunten sus dudas y curiosidades. De esta manera, no se quedarán con dudas que les impidan comprender los conceptos y se sentirán más integrados.

Los 10 mensajes que tus hijos querrán escuchar cada día

En muchas ocasiones las personas que llegan a mí me preguntan cómo pueden mejorar la autoestima de sus hijos.

La autoestima es la imagen que tiene una persona de sí misma, y en la etapa que viven nuestros hijos e hijas se va formando a partir de los mensajes que reciben de sus figuras de referencia.

No podemos generar una autoestima positiva en nuestros hijos porque es algo que crean ellos mismo a partir de cómo reciben, filtran y procesan la información que les llega de su alrededor. Pero lo que sí que podemos hacer es acompañarlos para que el concepto que tienen de sí mismos les ayude a tener una autoestima saludable.

Hoy quiero compartir 10 mensajes que podemos enviar cada día a nuestros hijos para llevar a cabo este acompañamiento:

  1. Eres maravilloso, no cambiaría ni un solo pelo de tu cabeza

  2. Eres único

  3. Tu opinión es importante, qué elegirías tú.

  4. Tú puedes.

  5. Te quiero porque eres…

  6. Cuando me necesites me llamas, estaré aquí

  7. Contigo disfruto haciendo…

  8. Esta idea es muy interesante, gracias por compartirla conmigo

  9. Confío en ti.

  10. Mereces lo mejor

Estos son solo algunos ejemplos, estoy segura de que tú tendrás muchos más que compartir aquí. Estaré encantada de leerte.

¿Usas estos mensajes con tu hijo cada día? Recuerdo cuando yo me propuse acompañar a mis hijos a mejorar su autoestima mi planteé como rutina diaria decirles, uno a uno, 10 cosas que me gustaban de ellos. Hoy en día ellos, pueden decir sin muchas dificultades ni ayuda, 30 cosas que les gustan de sí mismos. Vamos avanzando, pero aún nos queda trabajo por hacer.

Sentirnos más seguras educando

¿Os habéis encontrado en una de esas situaciones en las que alguien comenta algo sobre la forma en la que se educan los niños y no sabes qué contestar para defender tu posición?

Sentirnos seguras de nosotras mismas, de la forma de educar a nuestros hijos es algo que nos gustaría sentir en más de una ocasión.

El pasado 31 de enero, en el espacio el “El baúl de los recursos” de Facebook hablé sobre cómo mejorar nuestra seguridad y confianza en nosotras mismas.

Te dejo aquí el video para que puedas verlo.

La seguridad y confianza en nosotras mismas es uno de los pilares de la formación Comunicación Eficaz. Uno de los objetivos que tiene esta formación es conseguir que tengamos la certeza que la decisiones que tomamos son las que realmente queremos tomar, mejorando nuestra autoestima y posición frente a las personas que nos rodean.

Si quieres saber más y deseas disfrutar de una sesión de descubrimiento totalmente gratuita, pincha en el enlace que tienes a continuación y rellena el formulario. 

De miedos, auto-sabotajes y autoestima

Si ya me conoces un poco sabrás que, además de dedicarme a acompañar familias en la crianza y educación de los niños, soy maestra de primaria. Es una profesión que llevo ejerciendo durante más de 15 años y que ha ido creciendo conmigo. Y también es cierto que ese desarrollo profesional se ha visto influenciado por mi maternidad en los últimos 9 años.

La maternidad ha tenido un peso muy importante en la transformación de mi vida profesional, hasta tal punto que es gracias a ella que estoy ahora en el punto en el que me encuentro. Así que, actualmente, intento compaginar mi profesión “de siempre” y una nueva versión de mí misma que se ha lanzó al emprendimiento hace más de 2 años.

¿Y por qué te cuento todo esto? La verdad es que, aparentemente, no tiene mucho que ver con el título que he puesto, ¿verdad?

Llevar dos trabajos no es tarea fácil, y menos si se tienen 3 criaturas que tienen edades en las que todavía necesitan mucha presencia de su madre. ¿Pero a qué renunciar? En el post de hoy quiero hablar de lo que ha implicado para mí tomar una decisión tan importante como la de plantar mi futuro profesional y de lo que nos suele ocurrir cuando decidimos dar un giro importante. No me refiero a tomar una decisión sencilla y aparentemente simple, sino a aquellas que afectan significativamente a nuestro futuro y a las personas que nos rodean. En mi caso, una de las ideas que ronda desde hace un año es poder dedicarme plenamente a mi emprendimiento y dejar, aunque sea de forma temporal, la escuela.

¿Pero qué implica tomar una decisión de tal envergadura?

No voy a entrar en detalles y comentar los pros y los contras de una decisión como la mía, es algo muy personal. Aún así, cuando una persona toma la determinación de dar un paso importante, suele darse un hecho común: tener que salir de la zona de confort.

Lanzarse a hacer algo diferente implica que todo lo que hemos construido a nuestro alrededor tiende a tambalearse. Miedo a la crítica, a la falta de solvencia económica, a no “dar la talla”, a no tener suficientes recursos… y un largo etcétera tan variopinto como la decisión que podemos tomar y que consideramos tan trascendental. El miedo, ese gran controlador que está instalado habitualmente en nuestro cerebro nos impulsa a desestimar decisiones que nos llevan a salir de lo que hemos hecho siempre.

El miedo, pese a todo, nos mantiene alerta y puede ser un elemento clave para evitar desastres y decisiones erróneas, pero al mismo tiempo, es el que nos puede privar de vivir y hacer lo que realmente deseamos.

¿Y cómo sé si hacer o no hacer caso al miedo?

Creo firmemente que al miedo se le vence con el convencimiento, y éste va a depender de lo firmes que sean nuestras creencias, que son, para mí, los pilares de lo que realmente queremos y deseamos ser.

Pero incluso con el convencimiento necesario que nos permite tomar una decisión que nos haga salir de nuestra zona de confort, hay otro obstáculo que se nos va a presentar con frecuencia: nosotras mismas y nuestro auto-sabotaje.

Si el miedo es el que hace que no tomemos decisiones que se salgan de lo que tenemos configurado como “normal”, el auto-sabotaje lo que hará, una vez hayamos tomado la decisión de salir, es intentar por todos los medios que volvamos al punto inicial sembrándonos de dudas y de esos famosos “y si…” que nos harán pensar que nuestra decisión no ha sido correcta.

Por eso, una vez más, creo tan firmemente que cuidar nuestra autoestima debería ser una de nuestras prioriades. Ésta se sustenta en el respeto hacia nosotras mismas, a sabernos merecedoras del bienestar que buscamos cuando nos planteamos un cambio, no sólo físico, si no también emocional y de esa creencia en nuestras capacidades y decisiones. Con todo esto, es con lo que conseguiremos vencer al miedo que no nos permite avanzar.

A veces, para empezar, sólo es necesario dar pequeños pasos. Ten en cuenta el momento en el que te encuentras, qué es lo que tienes y hacia dónde quieres andar. Si tienes claro el objetivo, el convencimiento y dónde está tu meta, ir saliendo de tu zona de confort será, como mínimo, un poco más sencillo. Confía en ti.