Desmitificando el BLW

Parece que esto de la alimentación complementaria autoregulada, está de moda. Debe haber algún lobby poderoso, oculto en la oscuridad, que nos quiere conducir a que alimentemos a nuestros bebés con alimentos nada o poco procesados… Al fin y al cabo, se trata de alimentar a nuestros hij@s del mejor modo posible para que crezcan de forma óptima, sanos y fuertes.

¿Se trata solamente de alimentarlos? Es decir, detrás del acto fisiológico de comer, ¿hay algo más a parte de cantidades y proporciones de proteínas, carbohidratos, minerales, vitaminas…? ¿Importa el modo en que comemos, con quién comemos, cómo nos sentimos cuando comemos…?

No es que quiera ponerme trascendental. Es que el acto de alimentarnos no sucede separado del resto de nuestras funciones: respiramos, miramos, olemos, hablamos y comemos rodeados de un entorno concreto. Mientras comemos nos estamos relacionando con el mundo. . Mientras comemos, recibimos información de nuestro alrededor, y la percepción de nuestro entorno genera información y emociones en nosotros.

A la vez, tenemos que cumplir con obligaciones laborales, y queremos seguir una planificación en casa, porque la organización es importante. Necesitamos controlar aquello que nos afecta y preocupa para estar tranquilas. Uno de los temas que más preocupaciones genera en las madres, es la alimentación de nuestros hij@s. También genera muchas dudas.. total, siempre se ha alimentado a los bebés con papillas, ¡ y están bien sanos! Entonces, ¿por qué cambiar?

Analicemos los mitos que envuelven al BLW. ¡Igual no es oro todo lo que reluce!

 1: el BLW es una moda: una moda laaarga, porque cuando yo empecé a oir hablar del tema, hace unos 5 años, ya había numerosos blogs e información disponible al respecto. Al fin y al cabo… las papillas de cereales y los potitos, ¿han existido siempre?

Lo más curioso es que se trate de una moda, cuando no hay nadie detrás esperando obtener un beneficio.. bueno, tal vez, no se… ¿los agricultores? ¿los fabricantes de cazuelas?

Quizás solo se trate de volver a lo básico y natural.

 

 2: preparar una papilla es más rápido y sencillo: vamos a ver… necesitas los utensilios de cocina (cacerola, cuchillo, cucharas, recipientes,…), la papilla en polvo o los ingredientes que vayas a cocinar (y en tal caso lavar, pelar y trocear), espacio en la cocina, un fogón donde poner a cocer los ingredientes o donde calentar agua … Y luego, preparar tu comida.

Nuestros bebés pueden comer lo mismo que cocinamos para nosotras, solo debemos tener en cuenta algunas consideraciones, que son prácticamente las mismas que para hacer triturados, con la diferencia de que cocinamos una sola vez, con la mitad de trastos para lavar y guardar después, y en la mitad de tiempo.

 

 3: practicar blw es muy sucio: este es cierto (si tienes un perro en casa, ni lo notas :)), pero es igual de sucio que dar papillas y triturados. Yo he visto lanzamientos de cuchara con triturados, espectaculares. Mucho más que las caídas a peso de un trozo de zanahoria al suelo.. 

 

 4: mi hijo no va a comer lo suficiente si no le doy triturados: el estómago de un bebé no es igual de grande que el estómago de un adulto. Lo digo porque algunas veces me he asustado con el plato de triturado que se le daba a un bebé de 6-8 meses. En el plato había más comida de la que me comería yo. Y os aseguro que soy buena comedora. Decidir nosotros, los adultos, la cantidad que debe ingerir otra persona (aunque esa persona sea un bebé), es eliminar de la ecuación la capacidad de esa persona para saber cuánta hambre tiene

Ahí el bebé tiene dos opciones: negarse con las estrategias de las que dispone (que son pocas: llorar, tirar la comida, cerrar la boca..) o aprender a comer las cantidades que le “ofrecemos”, con lo cual, estará aprendiendo a comer más de lo que necesita.

Nuestro miedo a que no tengan los nutrientes que necesitan para crecer sanos, son razonables y comprensibles, pero el la gran mayoría de casos, son eso, miedos. Si en casa comemos más o menos de todo, en una sociedad como la nuestra, con los alimentos básicos al alcance de todos, es poco probable que nuestro hij@ tenga alguna carencia nutricional, sin un problema de salud que lo provoque.

 

 5: los bebés siempre se han alimentado con papillas: ésta si que no la acepto. Lo que entendemos por papillas actualmente, son polvos de muchos cereales, procesados y preparados.

Es cierto que en la antigüedad, y aún muchas tribus lo hacen, se daban algunos alimentos, los más duros, medio masticados por las madres, a los bebés. Se trataba de los mismos alimentos que consumía el resto de la família. Los cereales (al aparecer la agricultura) también se daban a los bebés molidos,  molidos igual que los que comía el resto de la família, y de los que se tenía cultivo. Estoy segura de que no hacían mezclas de 8 cereales distintos.

Las papillas tal y como las conocemos, aparecen a principios del siglo XX. Y se convirtieron en norma, porque había intereses económicos. La industria de la comida para bebés es hoy en día grande y muy presente en todas partes. 

 6: no va a querer comer con cuchara y tenedor: ésta no la he escuchado mucho, pero también es falsa. Al contrario, cuando el bebé puede investigar y experimentar con la misma comida que comen los demás miembros de la famíla, mientras coméis todos juntos, va a tener interés por usar los mismos utensilios que vosotros. Porque aprendemos por observación e imitación. Les encanta coger la sopa con cuchara, y los trozos de carne, pescado o verdura con el tenedor. En cuanto adquieran la capacidad de hacer la pinza correctamente, van a querer usar cuchara, tenedor, vaso y plato. Y lo mejor, es que aprenden muy deprisa y son conscientes de que están consiguiendo un logro notable cuando ven nuestras caras de anonadadas sonrientes.

 

Y tu, ¿has lidiado con algun otro mito respecto a la alimentación complementaria?

 

Mònica Pons

 

PD: si te han surgido más dudas y preguntas al respecto no dudes en comentarnoslas. Y si sientes curiosidad por descubrir estrategias y recursos para aplicar con seguridad el BLW, a la vez que educas a tu hij@ para que su relación con la comida sea saludable, ¡pincha en el enlace que hay debajo!

Superar la barrera del trabajo para practicar el BLW

¿Te has preguntado cómo te vas a organizar con la alimentación de tu hij@ cuando empieces a trabajar?
Si tu bebé no ha llegado a los 6 meses, la leche seguirá siendo su alimento principal. Pero pasado ese periodo de tiempo empiezan a haber cambios en las pautas de alimentación y queremos y necesitamos tener la certeza que nuestros hijos siguen una alimentación “correcta”. Eso nos lleva a reflexionar sobre los alimentos que deben comer y en qué cantidad, así como su frecuencia. De hecho, esto es una de las cosas que nos indican los profesionales sanitarios, aunque, como ya hemos comentado en otros posts, a veces suele ser una angustia en vez de una orientación.
Pero no sólo eso.

 

Al plantearnos cómo enfocar la alimentación de nuestros bebés, muchas de nosotras también intentamos ser respetuosas en el proceso de aprender a comer y dejamos que nuestros bebés sigan su propio ritmo y atiendan a sus propias necesidades. Sabemos que es beneficioso permitir que nuestros hijos se mantengan conectados a su capacidad de detectar cuándo su cuerpo les reclama comida y cuándo no.

 

Y también podemos entender que terminarse la comida o comerse aquello que no soportamos para que mamá/papá (o el adulto de turno) esté contento, no se enfade, no castigue… también tiene su parte negativa a largo plazo.
Sin embargo, es cierto que, algunas veces, nuestra incorporación al trabajo puede suponer un impedimento para conseguir estos objetivos. Y digo puede, porque creo que es posible respetar los ritmos de nuestros hijos en la alimentación, aunque nosotras no estemos siempre presentes.

En el proceso de aprender a comer se ponen en marcha una serie de recursos y aprendizajes que nuestros bebés aplicaran en muchos ámbitos a lo largo de su vida, no sólo en el de la comida. Es un proceso que incluye aspectos no relacionados estrictamente con la nutrición.
Es el bebé quien debe aprender, a su ritmo, experimentando, decidiendo, no desconectando de su cuerpo y de sus necesidades biológicas, ni tampoco de su curiosidad, los alimentos que se le irán ofreciendo. Descubrirá texturas, olores, colores, sabores… agradables o no. E irá haciéndose una idea de lo que es la comida, del efecto de saciedad, de placer, de disgusto… que provocará en sus sentidos.
Cuando enfocamos la alimentación desde ese punto de vista, lo que buscamos, más allá de una correcta nutrición, es no vincular la alimentación a chantajes emocionales que pueden hacer que nuestros bebés coman para satisfacer la necesidad del adulto (asegurar una correcta alimentación de su hijo), y no su apetito propiamente dicho.
Y esto es tan sólo un ejemplo, porque los beneficios del BLW son muchos más.

BLW comer juntos

 

 

“Es posible respetar los ritmos de nuestros hijos en la

alimentación, aunque nosotras no estemos siempre presentes”

 

 

 

Cuando tenemos claro lo que queremos, educar desde el respeto puede ser más fácil cuando se está presente, puesto que somos nosotras las que sabemos cómo deseamos hacer las cosas y somos nosotras las que lo aplicamos.
Pero en nuestro país, el permiso de maternidad dura 16 semanas, eso si eres un asalariado. Si eres autónoma o emprendes un negocio…. puede que el tiempo a disfrutar en casa sea menor. Un bebé con 16 semanas (pongo este número, pero es aplicable a bebés mayores), no necesita ser cuidado por otras personas que no sean su madre (o figura maternante). Debemos tener claro que esa necesidad es del adulto que, por la razón que sea y sin entrar en juicios que no llevan a ninguna parte, necesita que alguien ocupe el lugar de cuidador/a durante unas horas para atender a su hijo y poder ir a trabajar.
Eso hace que, en un principio, respetar los ritmos para aprender a comer no sean compatibles con incorporarnos al trabajo, ya que cuando nos vamos a trabajar, queremos y necesitamos tener la certeza que está todo “bajo control”. La comida de nuestro hijo entra dentro de esa necesidad lícita de saber qué, cómo, cuándo y qué cantidad de alimentos está ingiriendo nuestro bebé cuando no estamos presentes.
Así pues, como los triturados son un método de alimentación conocido por la mayoría, no hay que dar muchas explicaciones ni cambiar nada de nuestro entorno. Nos resultará relativamente fácil explicar a las personas que van a cuidar a nuestro bebé mientras estemos trabajando qué debe comer el bebé. Y si es en un centro, lo estipulado en bebés pequeños también serán los triturados, así que no habremos de plantearnos nada más.
Podemos pensar, entonces, que aplicar el BLW no siempre resulta fácil si nos tenemos que incorporar a trabajar. Lo cómodo, entonces, es dar triturados a nuestros bebés. Es la manera normalizada de alimentarlos y, aparentemente, la más fácil de aplicar cuando tienen que ejercer ese papel personas que no conocen otra manera de hacerlo.

 

 

BLW cocinando

Pero entonces, ¿dónde queda esa conexión que ya tenía desde su nacimiento con sus necesidades biológicas de saber cuándo, cuánto y qué comer?

¿Damos pasos hacia atrás si establecemos unas cantidades de comida adecuadas y unos alimentos determinados y triturados?

Además, ¿le estamos quitando la oportunidad a nuestro bebé de descubrir la alimentación por sí sólo, con todos los beneficios que eso conlleva?

 

Seguramente ahora te estarás haciendo una pregunta..

¿y qué hago si quiero practicar el BLW y tengo que irme a trabajar?

 

Lo primero que te diría es: tranquila, sea cual sea la decisión que tomes, estoy segura que será la que creas que se adapte vuestra situación concreta. Por eso creo que hay varias respuestas a todas estas preguntas, pues cada caso y situación es diferente. Pero voy a darte algunas ideas.
Puedes hablar con la persona que tenga que hacerse cargo de tu bebé y explicarle tus necesidades. Es posible que vea las cosas del mismo modo que tú. A veces es cuestión de transmitir, no sólo la confianza en nuestro bebé y en sus capacidades en cuestiones de alimentación, sino también en las de la persona que lo va a cuidar.
Puedes optar por que la persona que se haga cargo de tu bebé le dé alguna toma de tu leche (tendrás que tener en cuenta cómo te organizas las extracciones) y así puedes encargarte de dar la AC siguiendo BLW. Dependiendo de la edad de tu bebé, deberás tener en cuenta que la alimentación principal hasta los 12 meses es la leche, por eso se le llama alimentación complementaria.
Y, finalmente, también puedes pactar que, pese a no practicar BLW, se respete la necesidad del bebé a decidir la cantidad que quiere comer, permitiéndole una actitud más activa en su propia alimentación. Así pues, añadir galletas a la papilla de fruta para que esté más dulce, hacer el avión o ver la tele para distraerle y abra sin ser consciente la boca… entre otras cosas, deberían ser temas a tratar con la persona que va a cuidar a nuestro pequeño.

 

Si conoces todos los beneficios del BLW, sabrás lo importante que es para tu bebé ser respetado en todo este proceso. Infórmate, consulta y habla con las personas de tu entorno para organizarte de la mejor manera que a ti y a tu bebé os convenga. Piensa que es una inversión que haces para el futuro de tu bebé.



  




Desaprender la comida o como confiar en tu bebé

Al salir de la revisión de los 6 meses de mi hija mayor, sentí una mezcla de incredulidad, diversión y preocupación.

 

Mi bebé regordete, tomaba teta a todas horas, y a demanda, es decir, cuando ella quería. También a menudo, durante las comidas, mi hija terminaba sentada en mi regazo o en el de su padre, observando atentamente qué y como comíamos, incluso a veces, intentando coger y probar algo de lo que tenía en el plato, al alcance de su mano.

En mi bolso llevaba ahora unas hojas con listas de alimentos a introducir: verduras, frutas, cereales, algunas carnes,… y cómo cocinar cada cosa, cuándo, en qué cantidad, cómo mezclarlo y triturarlo, cómo comer papillas… la verdad es que se me hizo un mundo. Al llegar a casa lo volví a leer. No entendía cómo iba a hacerlo para:

1. introducir un sólo alimento al día

2. esperar 4 días entre cada nuevo alimento

3. esperar a después de las comidas “reglamentarias” para dar teta (pero .. ¿no era a demanda?)

4. que mi hija se comiera las cantidades que se supone que debía comer

5. que hubiéramos probado todos los alimentos de la enorme lista para cuando nos viera el pediatra a los 9 meses, que ya me había dicho que me daría entonces otra lista, con nuevos alimentos a introducir…

 

Al día siguiente me puse manos a la obra: con  la peque en el fular, me fuí al mercado y llenamos la nevera de verdura y fruta fresca. También compré una papilla sin gluten y otra con gluten (y pensé que me hubiera ido bien tener una de las básculas de precisión de las que usaba en la facultad para mezclar según la guia que el pediatra me había dado, una papilla con otra para introducir el gluten). A media mañana, mientras Laia gateaba a mi alrededor, hice la primera papilla, con manzana.

¡Hay que nervios y que ilusión! mientras la hacía, me la imaginaba relamiendo la cuchara, disfrutando de la papilla y pidiéndome más con las manitas… como en los anuncios vaya.

La papilla estaba rica… eso decidí cuando me la comí yo, porque Laia la tocó, la tiró, jugó con ella y con el plato.. pero no la probó. La escupía. ¿no te gusta la manzana? ¿está demasiado espesa? ¿demasiado ligera?… que difícil me empezó a parecer comer comida, en vez de teta.

 

La siguiente semana estuve probando con otras frutas, y con un par de verduras, y con la papilla sin gluten… nada. Mi niña no quería papillas. Vamos, no quería ni verlas. De hecho tiene ya 5 años y nunca se ha comido una sola papilla. Así que lo dejé. Dejé de hacer papillas.

Me sentía mal si la obligaba a comer eso que no le gustaba.

 

Me ponía nerviosa y la situación terminaba en llanto o en disgusto. No quería aquello. Mi bebé disfrutaba con casi todo..

Sentía que tenía que haber un modo de que también disfrutara con la comida, sin que yo tuviera que forzar nada.

 

Me la ponía en el fular, o en la mochila a la espalda, cuando cocinaba, para que estuviera cerquita de mí y no se pusiera nerviosa y me pidiera teta. Cocinaba sin sal, sin salsas, todo a la plancha o hervido. Siempre alimentos de los de la lista. Y se sentaba con nosotros a la mesa.

A partir de ahí, solo tuve que dejarla tocar y coger la comida. No comía mucha cantidad, pero se divertía de lo lindo tocando y probando lo que había en el plato. Y dejé de estresarme. Ella seguía creciendo, seguíamos con la lactancia a demanda, y algunos días, me pedía menos teta y comía casi todo lo que le ponía al alcance, a veces durante el desayuno, otras en la comida, la merienda… alguna vez en la cena.

La verdad es que su percentil bajó. Pero el crecimiento de un bebé alimentado con leche materna difiere del de un bebé alimentado con leche artificial. A Laia la pesaban y medían y posicionaban respecto a una gráfica de crecimiento con leche artificial. Saber que había una diferencia en el ritmo de crecimiento ahí, me tranquilizó. Y seguimos así durante varios meses.

Mi bebé empezó a alimentarse adaptándose a los horarios adultos (desayuno, media mañana, comida, merienda, cena) a partir del año. . Cuando tenía un año y medio, se podría decir que comía su primer y segundo plato, y el postre (a veces, doble postre: fruta y teta :)).

 

Me siento muy orgullosa de haber respetado su ritmo. Distinto de lo aceptado. Y de respetar sus gustos: a mucha gente le extrañaba, por ejemplo, que comiera taaaanto tomate cada día, pero a ella le encantaba (y le sigue chiflando), se lo comía como quien come una manzana a mordiscos.

 

disfrutar comiendoY sigo en ese camino de respeto por su capacidad de decidir cuándo tiene hambre, y por su capacidad para saber qué le apetece y qué no. Reconozco que es difícil, los días en que no le apetece casi nada, en los que come poco; o las veces que comemos un plato distinto, nuevo, y no lo quiere probar, o lo prueba y no le gusta.

Sobretodo nos es difícil, porque a mi pareja y a mi nos enseñaron a terminarnos todo, siempre. Y a comer aunque no te gustara lo que comías. Claro que nuestros padres lo hicieron con la mejor de las intenciones, y debido a sus propias vivencias (hijos de la posguerra), lo entiendo perfectamente. Pero de momento, no nos falta la comida.

 

Con mi hija pequeña, ya no compré ninguna papilla. Le ofrecí siempre de lo que había en la mesa para comer. Y también tardó un tiempo en comer cantidades más o menos estables de comida. Pero sabe cuándo tiene apetito y cuando no. Y de postre, a veces de segundo plato, siempre aparece la lactancia, con sus dos añitos. Ah.. y también le encanta el tomate.

Siento que la relación de mis hijas con la comida es mucho más sana que la mía. Yo estoy reaprendiendo a escuchar mis necesidades nutricionales. Ellas no van a tener que reaprenderlo, porque no se les ha olvidado.



  

Mensajes y Páginas Populares

 

Más allá de la leche. Alimentación complementaria autoregulada

Pasados los 6 primeros meses de alimentación de nuestro bebé en el que la leche es su alimento, se nos abre todo un mundo: empezar la alimentación complementaria. En ese momento seguramente el pediatra o la enfermera que lleva el control de nuestro bebé nos da unas indicaciones de los alimentos y cantidades que debe comer nuestro hijo o hija. Ese patrón suele ser el mismo para todos los bebés que son atendidos por ese profesional, de lo que se deduce que todos los niños deberían comer lo mismo a la misma edad, guste o no guste, 2014-07-23 Enric menjant fruita 002estén preparados o no. Si nuestro bebé es de los que abre la boca y se traga lo que le echen, sí, de esos que llaman “buenos comedores”, seguramente no nos plantearemos ni cuestionaremos nada. Tendremos la suerte, o no, de que nuestro bebé cumple las expectativas de un papel con indicaciones generales que nos han dado en el centro de salud al que acudimos. Pero si nuestro bebé es de aquellos etiquetados como “mal comedor”, ¿qué ocurre?

Normalmente, cuando un bebé no come lo que nos han indicado tendemos a pensar que el problema lo tiene nuestro hijo. A partir de ahí, pueden suceder varias cosas: preocupación, incluso angustia, por parte de los padres por la correcta alimentación de su bebé, engaños y distracciones para conseguir que se coma lo que creemos que debe comer, y, en el peor de los casos, castigos y chantajes que no van a hacer, seguramente, que la comida se convierta en un momento de disfrute y placer.

BLW

Llegados a este punto me gustaría hacer una breve reflexión.

Mirando a las personas de nuestro entorno que consideramos que llevan una buena alimentación, ¿tienen todas los mismos gustos? ¿Comen todas lo mismo y en la misma cantidad?  ¿Tener gustos y apetitos diferentes las convierte en personas mal alimentadas? ¿Y si nos dieran a todos un mismo patrón de alimentación, con cantidades y alimentos concretos? ¿Nos serviría a todos por igual? ¿Por qué lo hacemos entonces con los bebés?

Seguramente ahora te estarás formulando más preguntas e incluso te estarás diciendo “sí, pero hay que comer de este o de aquel alimento para tener una dieta sana y equilibrada, ¿qué pasa con los niños que no quieren comer?”

Aprender a comer sano implica varios factores. Para mí, el primero sería ser un buen ejemplo y el segundo el respeto por dicho proceso.

Te animo a participar en la charla on line “Más allá de la leche. Alimentación complementaria autoregulada.” Hablaremos de cómo enseñar a comer desde el respeto, velando por conseguir una correcta alimentación de nuestros hijos.

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