¿Te resulta difícil acompañar a los niños para que sean empáticos?

Enseñar empatía a los más pequeños de la casa puede resultar difícil, al menos si lo que se pretende es conseguir de forma inmediata que nuestros niños sean empáticos inmediatamente. Aplicar la teoría de la comunicación empática requiere de mucha paciencia, y en este proceso de acompañarlos para que integren este concepto suelen surgir ciertos problemas que, como madre o padre, nos pueden resultar complejos.

La empatía y su forma de aplicación en los niños

Lo empático que tiene el ser humano, a diferencia de lo que se piensa en algunas ocasiones, es una conducta aprendida. Es algo que se aprende, y como en muchos otros aprendizajes, la imitación juega un papel muy importante.

Esta capacidad de ponerse en la piel del otro se puede ir integrando progresivamente en el transcurso de la vida. Para ello es importante prestar atención a los sentimientos de nuestros niños y niñas, alimentando la empatía con el papel que ejercemos como personas adultas de referencia.

Demostrar comprensión. Una forma de que las criaturas aprendan a ser empáticas es, como todo en la vida, mediante imitación. A su vez, esta imitación termina por formar parte de su carácter. Todo es tan sencillo como mostrarles comprensión en cada momento.

Cuando nos interesamos por cada cosa que hacen, les estamos ayudando a que se sientan importantes. Está acción por parte de los padres y madres no requiere de explicación a los menores, puesto que termina siendo una conducta mimética que ellos mismos repetirán en su momento.

– Aprovechar siempre que podamos para explicarles un estado emocional. Ya sea mediante la tele o en una situación encontrada, podemos hacerles ver qué están sintiendo determinadas personas, especialmente cuando se muestra un contexto de dolor o sufrimiento.

Cuando se presentan dificultades y no sabemos cómo actuar

Porque no todo es tan sencillo como a veces nos pretenden mostrar, existen circunstancias en la que nos podemos bloquear o nos cuesta salir del atolladero.

Los bloqueos se hacen comunes, sobre todo cuando los pequeños no atienden y se ponen exigentes ante algo que quieren. En ese momento, en vez de intentar hacerlos razonar, lo primero que nos suele salir es el enfado por lo que consideramos su desobediencia.

No siempre es sencillo conseguir que nuestros niños se abran a empatizar en una situación determinada. Hay que cogerles en el momento indicado, cuando sepamos que son más perceptibles. Dejarles que se expresen y hacerles ver que les oímos implica un campo abierto a los padres, para que puedan aplicar la teoría empática.

Pero antes de que todo ocurra como esperamos, debemos tener paciencia, ya que los niños se entretienen rápidamente con otras cosas. Así que olvidémonos de los discursos largos, puesto que llegará un momento en que dejarán de oírnos, aunque tendamos a obligarles a que estén ahí para escucharnos.

Así pues, es necesario que nos focalicemos en hacerles interactuar, formulándoles preguntas sencillas y no cayendo en estereotipos que puedan confundirles.

Es clave que tengamos también una visión crítica de las dificultades que, como personas adultas, se nos presentan a la hora de ponernos en la situación de los niños. Esta es la primera regla para transmitir la empatía que deseamos que aprendan los más pequeños de la casa. El primer paso es tener trabajar la empatía en nosotros mismos.

 

Esto es lo que debes saber para incluir la empatía en tu día a día

Dicen que la empatía es la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona y comprender cómo se siente. Pero, ¿cuántas veces has sentido que conectas inmediatamente con otra persona, incluso cuando la has visto solamente una vez?

Por otro lado, ¿en cuántas ocasiones no encuentras la forma de llegar a otra persona con quien convives a diario y vas creando un muro de incomprensiones? ¿Te resulta familiar? ¿Consideras que tienes una comunicación empática con las personas con las que te relacionas en tu día a día?

Empatía y emoción: la clave para sintonizar la misma onda

Cuando te das importancia a ti misma abres tu corazón a otras personas. No nos estamos refiriendo a hablar sobre intimidades o revelar tus más profundos secretos.

Simplemente, escuchar con atención, no juzgar a la otra persona y comprender su situación, forma de ser o momento personal vital. Tal vez estés de acuerdo con la otra persona, o no. Eso no es obstáculo para “sintonizar su onda” y comprenderla en un momento dado.

Todos necesitamos sentirnos escuchados, comprendidos, apoyados y que nuestra emoción no quede como un eco en el vacío. Pero tampoco querríamos que pensaras que tienes que apoyar a los demás en sus caprichos e imposiciones.

Conocer bien tus límites, no imponer tu perspectiva, comunicar de forma respetuosa y clara lo que sientes. Pero, al mismo tiempo, dejar espacio para que la otra persona también se exprese, como mejor pueda, para hacerse comprender.

Y tú, simplemente escuchar y estar ahí, acompañando con la mirada, con tus manos, con tu atención. Y con lo más importante: tu corazón para acoger con los brazos abiertos las expresiones de los sentimientos de la otra parte.

No hace falta dar consejos ni querer animar u orientar. Los desacuerdos se suavizan cuando aclaras que tienes otro punto de vista, pero comprendes el suyo.

Hay mucha teoría sobre la empatía. Y aunque es necesaria, en la práctica, se reduce a la simplicidad de escuchar con el corazón abierto y dejar espacio de expresión al otro.

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