Consigue que tu hijo confíe en ti y te cuente lo que le ocurre

Muchas de las consultas que recibo tienen que ver con la preocupación de ver que nuestro hijo no confía en nosotras y no nos explica lo que le ocurre.

El por qué nuestro hijo no se comunica con nosotras puede tener origen en el tipo de relación que estamos construyendo con él o con ella. Puede, no significa que siempre sea ese el motivo. Es cierto que hay niños más reservados que no sienten la necesidad de contar todo lo que les ocurre.

Sin embargo, la realidad que me encuentro es que en muchas situaciones esa falta de comunicación es debida a la falta de confianza.

A veces, con el afán de enviar el mensaje a nuestro hijo de que confíe en nosotras, invertimos mucha energía en intentar convencerle de que lo haga. “Cuéntamelo, no pasa nada”, “mamá no se va a enfadar”, “no te preocupes, que sea lo que sea yo te quiero mucho”. Las palabras no siempre son suficientes. Generar un clima de confianza es algo mucho más complejo que invita a hacer un análisis profundo de qué acciones realizamos en nuestro día a día que fomenten este tipo de relación.

Hoy quiero compartir un ejercicio que invito a hacer a las personas que me hacen consultas de ese tipo.

En la mesa, cenando, en el coche o en cualquier momento del día en el que tengas unos minutos con tu hija o hijo, explícale una anécdota de tu trabajo, algo que te haya ocurrido, algún error que hayas cometido, algún problema con un compañero… No hace falta que lo cuentes con toda clase de detalles si no es procedente. No es necesario.

El objetivo de este ejercicio es generar un espacio de confianza. No se trata de trasladar nuestros problemas a las espaldas de nuestros hijos, ni mucho menos. En ese sentido hay que vigilar mucho las palabras y expresiones que usamos cuando contamos nuestra experiencia. Se trata de mostrar apertura, de enviar el mensaje de que estamos construyendo una relación que permite, si es necesario, tener a otra persona que nos escucha sin juicios ni reprobaciones.

Se trata de generar complicidad, proximidad y confianza. Ser un modelo de lo que esperamos que hagan ellos cuando tengan algo que les haya ido mal, una preocupación o problema que necesiten contar, sencillamente, para ser escuchados.

En la mayoría de ocasiones, es mucho más potente el ejemplo que damos que todos los argumentos que podemos soltar para intentar convencerles de que confíen en nosotras. Cuidemos, pues, más de nuestras acciones, para que éstas sean coherentes a los valores que queremos transmitir.

¿Crees que en tu caso es así? Comparte tu experiencia conmigo, me encantará leerla.

Esto es lo que debes saber para incluir la empatía en tu día a día

Dicen que la empatía es la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona y comprender cómo se siente. Pero, ¿cuántas veces has sentido que conectas inmediatamente con otra persona, incluso cuando la has visto solamente una vez?

Por otro lado, ¿en cuántas ocasiones no encuentras la forma de llegar a otra persona con quien convives a diario y vas creando un muro de incomprensiones? ¿Te resulta familiar? ¿Consideras que tienes una comunicación empática con las personas con las que te relacionas en tu día a día?

Empatía y emoción: la clave para sintonizar la misma onda

Cuando te das importancia a ti misma abres tu corazón a otras personas. No nos estamos refiriendo a hablar sobre intimidades o revelar tus más profundos secretos.

Simplemente, escuchar con atención, no juzgar a la otra persona y comprender su situación, forma de ser o momento personal vital. Tal vez estés de acuerdo con la otra persona, o no. Eso no es obstáculo para “sintonizar su onda” y comprenderla en un momento dado.

Todos necesitamos sentirnos escuchados, comprendidos, apoyados y que nuestra emoción no quede como un eco en el vacío. Pero tampoco querríamos que pensaras que tienes que apoyar a los demás en sus caprichos e imposiciones.

Conocer bien tus límites, no imponer tu perspectiva, comunicar de forma respetuosa y clara lo que sientes. Pero, al mismo tiempo, dejar espacio para que la otra persona también se exprese, como mejor pueda, para hacerse comprender.

Y tú, simplemente escuchar y estar ahí, acompañando con la mirada, con tus manos, con tu atención. Y con lo más importante: tu corazón para acoger con los brazos abiertos las expresiones de los sentimientos de la otra parte.

No hace falta dar consejos ni querer animar u orientar. Los desacuerdos se suavizan cuando aclaras que tienes otro punto de vista, pero comprendes el suyo.

Hay mucha teoría sobre la empatía. Y aunque es necesaria, en la práctica, se reduce a la simplicidad de escuchar con el corazón abierto y dejar espacio de expresión al otro.

Accede al grupo gratuito de FB Apoyo para la comunicación empática y la empatía

Lo que he aprendido de criar a mis hijos en pareja

¿Tu pareja y tú tenéis conflictos por cómo abordáis los problemas con vuestros hijos? ¿Crees que podría hacer las cosas de otra forma? ¿Os cuesta poneros de acuerdo cuando se trata de decisiones sobre límites y normas en casa?

La educación de una criatura no siempre depende de una sola persona y cada una tiene su forma de comprender la educación y sus propias creencias y prioridades. Esto hace que, de forma puntual o por sistema, se generen conflictos que pueden llegar a ser verdaderos dolores de cabeza. 

En este vídeo que comparto aquí, quiero mostrarte cuáles son las reacciones más frecuentes que tenemos cuando abordamos un conflicto con nuestra pareja.

¿Quieres tener más herramientas que te permitan saber afrontar un conflicto con tu pareja u otras personas del entorno?

¿Te preocupa el trato que tienen tus hijos con otra persona adulta?

¿Necesitas saber cómo poner límites a las personas de tu entorno?

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La sorpresa que te llevas cuando los escuchas pelear

Esta mañana se ha producido uno de esos momentos en los que ves claro que el trabajo que realizas con tus hijos va generando los frutos deseados.

Al salir de casa, Enric ha querido ir al baño y les he pedido a los otros dos que fueran subiendo al coche porque íbamos un poco justos de tiempo.

Mientras esperaba a que el pequeño terminara, he escuchado gritos en el patio: “ya está, ya se están peleando de nuevo”. Ha sido una de esas tantas situaciones que muchas veces agobian porque ves que todo lo que tratas con ellos sobre formas de expresarse respetuosamente parece que hayan sido en vano. Reflexiones que muchas veces van llenas de prejuicios que hay que dejar pasar y transformarlas en necesidades que nos ayuden a tomar a acción y seguir avanzando. Como nos pasa en muchas ocasiones, vivir situaciones como esta nos hace dudar de si lo estamos haciendo o no bien, puesto que vemos que nuestros objetivos no se cumplen.

Pero la sorpresa ha sido mía al subir al coche.

La situación que me he encontrado ha sido muy diferente a la que yo me había imaginado cuando he juzgado los gritos que había escuchado. He entrado sin decir nada porque estaban hablando entre ellos y lo que estaban diciendo me ha emocionado.

A diferencia de otras ocasiones en las que se producen enfados y peleas entre ellos, esta vez estaban hablando con calma. Expresaban cómo se habían sentido, qué era lo que necesitaban en el momento en el que se había producido el problema y exponían cómo les gustaría que se resolviera si se volvían a encontrar en una situación similar.

Soy perfectamente consciente de que es posible que los próximos conflictos que se den en el día de hoy entre mis hijos no se solucionen como lo han hecho esta mañana. Ni lo pretendo.

Aprender a expresarse de forma asertiva y empatizar con la otra parte de un conflicto es una tarea compleja que ni siquiera nosotras podemos llevar a cabo en muchas ocasiones. Porque no se trata de explicarles la teoría y pretender que la apliquen siempre en cualquier situación, sea cuál sea el contexto.

Educar en el respeto a nuestros hijos es algo que hacemos de forma progresiva. Poco a poco, mediante el modelo que nosotras mismas les ofrecemos y los espacios de tiempo que dedicamos a acompañarlos en esas situaciones, van integrando lo que les enseñamos y, sobre todo, lo que aprenden de nosotras cuando nos ven en acción en situaciones similares.

Cuando nos planteamos la educación de nuestros hijos no podemos perder el norte. Es un proyecto a largo termino que se trabaja día a día para ir recogiendo los frutos en un futuro más o menos próximo.

Si deseas explorar el mismo camino que yo he seguido te invito a conocer el taller “Acompaña los conflictos entre hermanos” , en el que encontrarás información para comprender qué ocurre cuando nuestros hijos se pelean y obtendrás estrategias para favorecer la construcción de una relación entre ellos basada en el respeto, la confianza y la empatía.