La bioquímica del nido

Somos bioquímica. A mi me encanta pensar en los misterios de la vida, en las cosas que no tienen explicación, y encontrar una. Normalmente, se trata de una explicación más filosófica que científica, pero el 95% de las veces, acabo encontrando una respuesta biológica o física a mis preguntas. Eso le quita romanticismo a mi visión del mundo, pero es así.

Nuestra bioquímica define los comportamientos más básicos, aquellos en los que

descansa nuestra supervivencia como especie.

Me resulta curioso pensar que a pesar de todos los avances de la humanidad, sean las estructuras cerebrales más antiguas que conservamos (el hipotálamo y la hipófisis) y la parte de nuestro sistema nervioso que no controlamos de forma voluntaria, lo que nos guía en la base de nuestra supervivencia: crecer, sobrevivir, reproducirnos.El mundo de las hormonas, siempre ha sido para mi como un universo paralelo, una sutil y gigantesca telaraña donde las respuestas al entorno, a las sustancias que circulan por nuestro cuerpo y a los niveles hormonales existentes son complejas y rápidas, como una canción con varias melodías simultáneas. Menos mal que eso se traduce en comportamientos que podemos diferenciar fácilmente en nuestro universo (:P). La enorme variedad de comportamientos humanos, se pueden resumir (es lo que tiene la ciencia: resume y sintetiza buscando pautas) en tres básicos: la nutrición, la defensa y la reproducción.Cuando nos sentimos en peligro, nuestras pulsaciones, el ritmo cardíaco, la temperatura,…,  cambian para generar una respuesta a aquello que nos parece peligroso, una respuesta que nos ayude a sobrevivir: todo nuestro cuerpo y nuestra mente queda a la disposición de defenderse, atacar o huir y deja de importarnos si teníamos hambre o si queríamos descendencia: han entrado en acción el cortisol, la adrenalina y la noradrenalina.Si nos sentimos seguros, en calma, y sin hambre, nuestro cuerpo puede pensar en reproducirse para perpetuar la especie (estoy hablando en términos biológicos, no voy a entrar en el placer de comer o de tener sexo, aunque eso también sea una respuesta bioquímica que percibimos positiva). Y en muchos casos (somos muchos los humanos en la Tierra) este estado físico culmina en embarazo, y a los 9 meses, en un nacimiento.¿Qué sucede cuando ya ha nacido el bebé? Las crías de otras especies de mamíferos también sobreviven, y sus madres no tienen una idea de lo que socialmente se acepta como “buena madre” en sus círculos de amistades. Y como individuo, ya han cumplido con el objetivo de reproducirse… ¿por qué atienden a sus crías?Todas la crías de mamíferos saben reptar, arquear la espalda, mover las manos, cogerse al pezón y mamar. Y sí, nuestros bebés, también saben hacerlo. Y si no interferimos, veremos cómo ellos solitos se acercan a nuestro pezón para encontrar el alimento que necesitan: ahora es el  bebé el que activa su programa de nutrición, y con él, su mejor estrategia de supervivencia: crear su nido. collage bebes Mientras está en la teta, el bebé está allí donde mejor se va a encontrar, porque es el lugar dónde se siente protegido (su mamá lo acoge con los brazos, siente su respiración, el latir de su corazón y el calor del contacto) y puede estar calmado, y dedicarse a comer y crecer: sus niveles de cortisol y adrenalina son bajos así que su temperatura, su ritmo cardíaco, sus pulsaciones, se mantienen estables y constantes… todo es perfecto, porque además éste comportamiento, ayuda a crear un fuerte vínculo entre la madre  y el bebé. Éste vínculo, el sentimiento de afecto que sentimos por nuestros bebés, también resulta de una reacción bioquímica: nos causa placer estar cerca de nuestro bebé, alimentarlo, acunarlo. La oxitocina nos ayuda aquí, como en otros muchos procesos placenteros. Si si, siempre son procesos placenteros. Podríamos decir, citando a Nils Bergman, que

“el hábitat natural del bebé son los brazos y pechos de su madre”

¿Y que pasa con la nutrición? cuando nuestros niveles de insulina caen, porque ha bajado la cantidad de glucosa que circula por nuestro organismo, se produce la sensación de hambre: antes de la existencia de los supermercados, teníamos que desplazarnos constantemente para encontrar el alimento. Fue uno de los motivos que nos llevó a caminar cada vez distancias más largas y nuestro esqueleto se modificó: nuestra pelvis cambió, dificultando el parto y limitando la duración del embarazo: nuestros bebés nacen inmaduros, por tanto, más dependientes.monkey-1065631_1280 ¿Dependientes, de qué? de un espacio que les proporcione las condiciones óptimas para seguir su desarrollo: oxigenación, calor, protección y nutrición. En ese espacio, son capaces de desarrollarse sin necesitar nada más : ni moisés, ni cuna, ni chupete, … hasta que sean capaces de desplazarse y alimentarse por si mismos. Vendría a ser el tiempo al que llamamos Período de Exterogestación, que va terminando de manera natural según el ritmo de maduración de cada bebé, cuando éste es capaz de desplazarse solo: o sea, cuando puede buscar alimento por si mismo (nutrición) o puede escapar o enfrentarse a un peligro (defensa).  Mientras no es autónomo para poder comer y defenderse solito, tiene todo lo que necesita en su madre. Y si su madre no está, su mundo de seguridad y calma se desvanece, el cortisol y la adrenalina se disparan.. y necesita expresar de algún modo ese estado para intentar volver a la calma, a su nido, a mamá. ¿cuál es la estrategia de supervivencia entonces?

El llanto es la única forma que tienen nuestros bebés de alertarnos: no estoy bien aquí. Esto es demasiado distinto del lugar donde estaba antes (el útero). Tengo hambre, o hay algo que para mi es peliogroso

¿dónde estás?

 

Así que nuestro hipotálamo, nuestra hipófisis y nuestro sistema nervioso vegetativo, que segregan muchas de las hormonas implicadas en los comportamientos básicos de los que he hablado, forman parte de esas estructuras ancestrales que nos acercan a lo animales que somos -no a lo sociales-, marcan en parte nuestro comportamiento y ayudan a nuestra supervivencia. No deja de ser algo romántico también, ¿no?

 

Resumiendo:1.No hemos dejado de ser animales sociales, nuestros comportamientos básicos (los que nos permiten la supervivencia) son el resultado de nuestros niveles hormonales2.Es el bebé, quien busca activamente el contacto con su madre, es su estrategia de supervivencia3.Es el contacto con la madre, lo que desarrolla el vínculo afectivo entre la madre y el bebé (lo que llamamos piel con piel)4.El lugar más parecido al útero que puede encontrar el bebé, donde sentirse protegido, es en brazos de su madre (exterogestación)

 

Elige cómo quieres criar a tu bebé según tus sentimientos y tu instinto (ese que es ancestral, animal y muy antiguo): hay muchas teorías, creencias, costumbres sociales… pero lo más importante, es que dejes salir de vez en cuando a la mamífera que llevas dentro, escúchala con el corazón, es una mujer sabia.

 

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Mamá, ¿estás ahí? Mirando con ojos de bebé.

Abro los ojos y no noto el calor de mamá, me siento sola y tengo miedo. Lloro.

“Buenos días, preciosa”

Mamá me coge. Siento ese olor que me activa y busco su pecho moviendo la cabeza de lado a lado: quiero teta. Me pone en la bandolera y me ofrece el pecho. Mientras, prepara la ropa de mi hermano mayor y levanta la persiana de la habitación. Noto la luz que entra por la ventana y me refugio en su pecho. Escucho a mi hermano mayor quejarse, no se quiere levantar. Mamá se agacha y le da un beso. Mi hermano me ve y me besa también. Noto como ella se va moviendo mientras ayuda a mi hermano a quitarse el pijama y vestirse. Los escucho hablar y les observo. De fondo se oye la voz de papá: “El desayuno está listo”.

 

Nos sentamos en la mesa. Mamá me quita de la bandolera y me recuesta en su regazo y la veo llevarse una taza a la boca. Parece importante, intento cogerla. La toco. Está caliente y es agradable. Quiero volver a tocarla agitando el brazo y mamá me la acerca.

 

Nos vamos a la habitación. Mamá me estira en la cama y me habla. Mientras ella se viste escucho su voz, me sonríe, la sonrío y observo sus movimientos, que sigo con interés con la mirada.

 

Después noto el frío en el cuerpo, me está quitando la ropa. No me gusta y lloro. Mamá me coge y me envuelve en una manta que huele también a ella. Noto otra vez esa sensación de refugio y busco su pecho. Lo encuentro y me relajo. Escucho de fondo a papá y a mi hermano. Los oigo cada vez más cerca, más fuerte. Papá se despide: noto en la cabeza un ligero beso y el sonido de un chasquido en la mejilla de mamá.

 

Me suelto de la teta. Mamá me vuelve a estirar en la cama, mi hermano se estira conmigo y me habla. Yo me intento girar hacia él, quiero ver qué hace. Mi madre me va poniendo la ropa y escucho su voz mientras va explicando a mi hermano lo que vamos a hacer esa mañana: “hay que ir al cole y por la tarde iremos a merendar a casa de los abuelos”.

 

Una vez vestida, mamá me coloca en el fular. Mi hermano reclama su atención, no puede abrocharse su chaqueta. Noto como mi madre se agacha para ayudarle, mi cuerpo se inclina suavemente hacia atrás. Después me envuelve en su chaqueta y salimos a la calle.

 

Noto el frío en mis mejillas al mismo tiempo que el calor que desprende el cuerpo de mamá me reconforta. El balanceo del caminar de mamá me relaja, y me entra sueño.

Voy cerrando los ojos mientras escucho la voz de mi madre cerca de mí y la de mi hermano al lado, todo me resulta familiar y me siento tranquila y segura.

De lejos, la bocina de un coche, el taladro de un obrero o el sonido de las voces de las personas con las que nos cruzamos quedan en segundo plano, como si formaran parte de un exterior que ahora mismo no me interesa. Me quedo dormida escuchando el latido del corazón de mamá.

 

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Me despierto, sigo con mamá y su balanceo al andar. Mientras dormía ha ido a comprar y estamos llegando a casa.  Me remuevo en el fular, hay algo que me molesta y me quejo. Mamá para de andar, recoloca el fular para poder ofrecerme el pecho y sigue andando hasta llegar a casa con la compra. 

 

Ahora mamá me pone en un fular en su espalda. No le veo la cara, pero sus movimientos me resultan familiares y escucho su voz, que me va diciendo cosas, que no entiendo, pero me hacen sentir mejor su presencia. Empiezo a notar olores y sonidos distintos. Mamá está haciendo la comida. Canturrea, me habla y se mueve constantemente.

 

Me balanceo, huelo, escucho y miro todo lo que ocurre a mi alrededor. No me pierdo nada y me siento segura: estoy con mamá.

 

Después mamá se sienta tranquilamente y me da el pecho. Me entra sueño. Pero no me puedo dormir: mamá me ha quitado el pecho y eso no me gusta. Tiene que salir de casa y lloro para decir que no estoy bien. Mamá vuelve a ponerme en el fular y me ofrece la teta. Volvemos a salir a la calle. La teta, el calor del cuerpo de mamá y su balanceo al andar son la combinación normalmente infalible para que me entre un sueño irresistible.

 

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Me despierto, sigo sobre el cuerpo de mamá. Mientras he estado dormida hemos ido a buscar a mi hermano al cole. Ahora estamos en casa. Escucho a mi hermano jugar con sus muñecos y la voz de mi madre que le dice que hay que lavarse las manos e ir a comer. Puedo escuchar sus voces, y veo a mamá llevarse la comida a la boca, beber de un vaso, limpiarse con la servilleta… todo eso mientras, tranquila en la bandolera, estoy mamando.

 

Después de comer mamá me estira en el suelo encima de una mantita y me deja ahí un ratito. Puedo ver y escuchar a mi hermano, que de vez en cuando me dice cosas. Intento moverme y ver qué hace. . Mamá está a mi lado, la escucho hablar. Está sentada en el sofá doblando la ropa.

 

Volvemos a la calle. Otra vez el frío en la cara y el calor de mamá . Esta vez no me duermo. De hecho empiezo a llorar porque hay algo que me molesta. Mamá reajusta el fular y me ofrece la teta. Eso me calma y me siento un poco mejor. De camino a casa de los abuelos nos encontramos con unas amigas de mamá. Puedo escuchar a mamá conversar con ellas. También se dirigen a mí, que miro de reojo todo lo que ocurre a mi alrededor sin soltar la teta de la boca. Una de ellas me sonríe y me dice cosas, yo me suelto de la teta y le devuelvo el comentario con otra sonrisa.

 

Entramos en casa de los abuelos. Son voces y caras conocidas. Me dicen cosas y sonrío, desde la seguridad de los brazos de mamá. La abuela me coge en brazos y me mece mientras me canturrea una canción y me dice cosas. Le sonrío y ella me vuelve a decir cosas. Mamá aprovecha que estoy tranquila para jugar con mi hermano. Están haciendo una construcción muy difícil. A mi madre y a mi hermano les encanta construir cosas juntos.

 

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Volvemos a casa, y al cabo de poco llega papá. Yo estoy muy intranquila. Mamá intenta pasearme por la casa, pero hay algo que me duele y lloro. Mi hermano reclama la atención de mamá, también quiere estar con ella y la situación se vuelve un poco tensa. Papá le propone salir a dar un paseo en bicicleta, sabe que a mi hermano le encanta.

 

Nos quedamos tranquilas en casa. No se escucha a nadie. Mamá continúa paseándome por casa. Al final, me tranquilizo y mamá me pone en la espalda mientras ordena el comedor.

 

Llegan papá y mi hermano. Mi hermano se ha caído y llora. Pide los brazos de mamá. Noto cómo se inclina hacia delante, se agacha y le abraza. Le consuela y lo acompaña al baño a limpiar la herida que se ha hecho en la rodilla.

 

Mientras, papá prepara la cena.

 

Mamá me estira encima de una mantita en el suelo y juega conmigo y mi hermano hasta que se hace la hora de cenar.

Recostado en el regazo de mamá y mientras estoy tomando pecho, mamá, papá y mi hermano están cenando. Yo observo, escucho, huelo…

 

Después de cenar papá me estira en la mantita de nuevo y juega conmigo un ratito. Mamá acompaña a mi hermano a lavarse los dientes y a ponerse el pijama. Es la hora de ir a dormir y mamá siempre le cuenta un cuento para que se duerma.

 

Empiezo a llorar, no me siento bien. Papá me pone en la bandolera y paseamos juntos por el comedor. Finalmente llega mamá y me da la teta. Luego me pone en el fular en la espalda mientras recoge la cocina junto a papá. Los escucho conversar y noto cómo mamá se va moviendo mientras limpia la encimera. Esa voz, ese movimiento, la luz tenue de la cocina… me está entrando mucho sueño.

Nos estiramos en la cama, mamá me da el pecho y me duermo.

 

Durante la noche me voy despertando y noto la presencia de mamá. La huelo, me engancho a la teta y luego sigo durmiendo.

 

No noto el calor del cuerpo de mamá. Me siento sola y tengo miedo. Pero esta vez no lloro.

Sé que mamá me cogerá en brazos:

“Buenos días, mi amor”

 

Laia Simón

 

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