No te lo tomes a pecho, mujer

Hay que enviar más a la mierda a las personas que nos critican. Demasiadas veces nos justificamos.

La mayoría de ocasiones en las que recibimos una crítica por cómo educamos a nuestros hijos lo primero que solemos hacer es intentar convencer a la otra persona del porqué de nuestra actuación.

Usamos la argumentación para conseguir que la otra persona nos dé la razón.

Pues no, esa no siempre es la mejor opción. De  hecho te diré un secreto: yo prácticamente no la uso. Muchas veces no doy explicaciones de las decisiones que tomo sobre la educación de mis hijos.

Tienes derecho a no escuchar.

Si tienes la impresión de que siempre estás justificando cómo educas a tu hijo es que algo va mal. Y no eres tú, al menos no en todos los sentidos. Te cuento.

Va a ser imposible que todas las personas de tu entorno vean la educación de tu hijo desde la misma perspectiva. Es más, estoy segura de que te cuesta encontrar a personas que, pese a no estar de acuerdo con lo que piensas, respetan y aceptan tus decisiones sin entrometerse.

Sin embargo, gastamos cantidades ingentes de energía en intentar cambiar eso. Nos desvivimos en las reuniones familiares o con amigos por conseguir que sean los demás los que cambien su forma de ver las cosas o que, de no conseguirlo, no se metan más en tus asuntos.

Pero voy a decirte algo importante: tienes derecho a no escuchar esas críticas.

Te mereces poder tomar tus propias decisiones y que esos comentarios no te afecten. ¿Pero cómo?

Hay que saber elegir bien las batallas.

En primer lugar quiero dejar claro que yo me considero merecedora de enviar a la mierda a las personas que no me respetan. Estoy convencida de ello porque tengo claro que no voy a gustar a todo el mundo. Ni siquiera a las que, por ser muy cercanas, nos cuesta dejar atrás en nuestras batallas.

Es cierto, no es lo mismo ignorar a la señora del supermercado que nos dice que nuestro hijo es un mimado que hacerlo cuando es nuestra suegra la que lo piensa. Pero no por ello vamos a dejar en las manos de los demás cómo vivir esas situaciones. Eres tú la que tiene el poder de decidir cuándo y cómo lidiar una batalla. Y eso te va a hacer sentir más fuerte y segura.

Y para ello, la clave está en conocerte bien a ti misma.

Invierte tiempo en ti

Para saber qué situaciones quieres lidiar y de qué manera deseas hacerlo es imprescindible que te dediques tiempo. Tiempo a conocer tus valores y principios, a reflexionar sobre tus propios límites, lo que estás dispuesta a permitir y lo que no.

Es necesario estar convencida de todo esto porque es la base que te va a ayudar a enfrentarte a esos conflictos con la tranquilidad y la seguridad en ti misma que te mereces.

Sin embargo, también va a ser necesario que inviertas tiempo en conocer y comprender tus estados emocionales. El porqué de ese nudo que se te pone en la garganta cuando te dicen constantemente que estás malcriando a tu hijo, o esa agitación que sientes cuando menosprecian la importancia que das a una educación sin gritos ni amenazas.

Son esas situaciones en las que terminas alterada y suelen decirte “no te lo tomes a pecho, mujer”

Quiero que vivas estas situaciones como lo hago yo, con calma y seguridad. Porque te lo mereces.

Porque sé el valor que tiene saber elegir qué discusiones empezar o cuándo es necesario poner una barrera sostenida por el convencimiento de haber tomado una decisión correcta. Porque es necesario saber poner límites a los demás y vivir en paz.

Si quieres saber más o crees que necesitas información sobre cómo lidiar con los conflictos relacionados con la educación de tu hijo apúntate al webinar “No más sermones, 5 claves para elegir con libertad la educación de tu hijo”.

Webinar Gratuito

Dirigido a madres que desean mostrarse más seguras ante las críticas sobre la crianza de sus hijos

NO MÁS SERMONES

5 Claves para elegir con libertad la educación de tu hijo

15-01-19
22:00 (Madrid)

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La clave maestra para que no te afecten las críticas de los demás

Hay un aspecto en la crianza de nuestros hijos que resuena mucho a la mayoría de madres: las críticas a nuestra forma de educar y criar a nuestros hijos.

Las recibimos en muchas ocasiones de personas que no conocemos, aunque las que más suelen doler son las que vienen de las personas con las que tenemos un vínculo más cercano o con las tenemos un roce a diario: madre, suegro, vecino, amiga…

¿Qué hacemos con las personas que nos critican?

Entre otras cosas, puede pasar:

  • Que aguantemos todo lo que nos dicen sin rechistar y que nos cuestionemos todo lo que hacemos
  • Que nos pasemos horas discutiendo y justificando todo lo que hacemos
  • Que cada vez distanciemos las visitas para evitar el conflicto
  • Que la distancia haga que os veáis una vez al año.

Sea cual sea la situación, hay un momento en el que la persona en cuestión opina, en formato crítica, sobre cómo actúas cuando tu hija llora porque se ha caído, cuántas veces le das el pecho a tu hijo de 2 años, que lo llevas en brazos cuando debería estar andando, que lo consientes, que no lo consientes, qué le das, qué no le das…. y generalizo porque si no, no terminaría.

Todo este tipo de críticas normalmente suelen hacerse con un objetivo: mejorar la calidad de la crianza que tú llevas a cabo.

¿Perdona?

Sí, sí, las críticas constantes que estás recibiendo seguramente tienen un fondo que está considera socialmente bueno: querer mejorar la calidad de vida de otra persona. El error que se comete, y que por eso las críticas nos molestan tanto, es que se hace desde una perspectiva del “yo sí sé, tú no sabes” o el que percibimos nosotras de “¿quién te ha dado vela en este entierro?”.

Está claro que una opinión, que podría ser perfectamente una crítica, es bien recibida si se pide. Pero cuando a ti no te importa lo que opinen los demás… pues eso, que no la quieres y punto.

¿Pero, realmente nos da igual lo que piensen los demás?

Pues en la mayoría de casos no, y esa es la gran dificultad.

Nos puede doler que nuestra madre diga que somos demasiado flojas con nuestro pequeño, que el suegro nos invite a cambiar de estrategia cuando nuestro hijo dice “No” porque según él sólo entienden el lenguaje del azote o que la vecina esté comentando cada vez que salimos de casa que si no sé controlar a mi hijo cuando juega en el patio que lo meta en casa para que no moleste. Por poner sólo unos ejemplos. Estas y demás críticas nos pueden afectar, de hecho, por eso nos sentimos “mal”.

Entones mi pregunta es la siguiente: para que las críticas de los demás no sean un problema para ti, ¿cuál es la mejor solución, intentar acallarlas mediante razonamientos e información, acallar poniendo una barrera e intentar que no nos afecten?

Pues desde mi punto de vista las dos son importantes, pero la que más ha mejorado mi calidad de vida en este tema es la segunda      .

Acallar la crítica implica dejar al otro sin la posibilidad de rebatir. Con el tiempo y la experiencia vas adquiriendo herramientas para ir dando respuesta a todas las críticas para que las personas que las emiten no puedan o tengan menos posibilidades o ganas de volver a discutir contigo. Eso requiere estar bien informado, tener conocimientos sobre aquello que te están criticando… Y también puede resultar realmente agotador.

También podemos acallar sin rebatir. Se trata de saber reaccionar con una frase que nos permita zanjar la discusión. Si no hay debate, no hay qué criticar ni discutir. Y es en este recurso en el que el control de lo que se siente es importante.

Si la acción de otra persona no estimula en mí un sentimiento que me resulte desagradable, ¿me importa lo que haya hecho o dicho? No, y ese es el gran poder de los sentimientos, la posibilidad de poderlos controlar. Aunque a veces puede no resultar tan sencillo, lo sé. Se trata de un camino de conocimiento y crecimiento personal que empieza en una misma, por supuesto, y eso implica en desear querer cambiar a nivel personal.

Te animo a que empieces a investigar tus sentimientos y emociones cuando alguien te critica para irte conociendo un poco mejora. Es el primer paso para poder tomar el control.