Historia de una lactancia mixta diferida. Segunda parte.

Aquí estamos de nuevo, con la segunda parte de la historia de Nessa, Alex y su lactancia.
Lo que me encanta de éste relato (a parte de saberme parte implicada en varios momentos de su narración, lo cual me reconforta como persona y como profesional), es que a pesar de todo lo sucedido, de las dificultades,  de las bienintencionadas opiniones, de las miradas que juzgan,… Nessa siguió adelante en su lucha, escuchando su instinto y sus emociones.

Dicen que dar el biberón es algo frío y que está muy lejos de parecerse a dar el pecho, pero yo nunca lo sentí así.

Cuando se lo daba no había ni tele ni ruido en casa, solo los dos mirándonos a los ojos. Disfrutaba de ese momento en el que podía acariciarle la carita o cantarle. Con mi marido decidimos que solo yo le daría el biberón, me sentía mal si mi pareja se lo ofrecía a cualquiera, le hice entender que emocionalmente no me sentía a gusto si veía que otra persona podía hacerlo. Igual mucha gente pensará que soy radical pero seguía sintiéndome triste.

La naturaleza solo le da a la madre ese gran don así que, aunque por circunstancias yo no podía hacerlo, sí que quería ser siempre quien alimentara a mi bebé.

 

Todo iba bien hasta que otro problema apareció: las famosas grietas de las que tanto había oído hablar.         Primero no sabía exactamente que eran, pero luego entendí que la copa del sacaleches me estaba haciendo heridas. Aguanté porque tampoco me dolían, y si me molestaban mucho pues ese día no hacía tantas extracciones.

Me decían que debía estar utilizando una copa inadecuada pero seguíamos las instrucciones, estuvimos tomando medidas, compramos las otras copas para probar y solo la que se ajustaba a mi medida según las instrucciones de la marca me extraía leche. 

Pensamos que tal vez era la potencia: probé con menos y las lesiones seguían. Un fin de semana empecé a sangrar y vi peligrar nuestra lactancia así que decidí fui a pedir ayuda a Abraçades Sant Cugat, me habían hablado muy bien de ellas.

 

Allí me di cuenta del gran trabajo que realizan los grupos de lactancia. No tengo palabras para agradecer la labor que hacen semanalmente con madres como yo.

 

Las asesoras te respaldan y ayudan con los problemas y dudas que van surgiendo. Son grupos voluntarios y me parece admirable que diferentes profesionales pongan sus conocimientos a tu disposición.


Ya no sabía a quien acudir y me di cuenta que ojalá hubiera ido antes.
Expliqué mi historia y una de las asesoras vió que mi hijo tenía frenillo.No podía creérmelo, sentí una mezcla de sentimientos:

Alivio

por saber al fin cual era la causa de nuestros problemas

Impotencia

porque delante de mi pasaron mentalmente todos aquellos profesionales a los que había acudido durante 4 meses con la frase ” noto que mi hijo no succiona bien” pero no habían visto  que mi pequeño tenía la lengua atada y por eso no mamaba bien.

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Con el tiempo he sabido que a menudo pediatras y otro personal no tienen suficiente formación en lactancia pero me parecía increíble que médicos a los que yo había visto mirar la boca a mi hijo no lo hubieran diagnosticado.

Ese día, cuando por la noche me quedé a solas con Alex, me vine abajo. 
Después de abrazarle con todo mi amor le dije – Lo siento cariño…Lo siento mucho porque no fuimos a más médicos o especialistas, lo siento porque nuestro problema tenía solución y quizás ahora es tarde…pero seamos positivos y volvamos a intentarlo, te parece?-.

En dos semanas nos vio el cirujano y le cortó el frenillo ese mismo día.

Era frenillo 4, que a simple vista ya se notaba así que más indignada me sentí. Nos dijo el médico que tenía en el labio una parte dura que suelen tener por problemas en la succión y que al abrir la boca ya veía que la lengua estaba sujeta. Nos explicó lo importante que era hacer la intervención puesto que la lengua intervienepor ejemplo, en el habla. Le conté nuestra historia y me dijo que lo intentara, que siguiera con el grupo de lactancia pero que probablemente era demasiado tarde : ¡Qué pena!- me dijo- Si lo hubiéramos cogido a tiempo no habrías tenido problemas.

 Llevaba una semana sin ofrecerle el pecho porque me hacía mucho daño, estaba empezando con el proceso de dentición y me mordía, no quería sufrir más lesiones. Sin embargo, nada más llegar a casa después de cortar el frenillo volvimos a probar. Se lo iba ofreciendo pero me mordía, me tiraba… hacía lo mismo que hace con sus mordedores o juguetes, estaba rabioso con la boca y sin querer me hacía mucho daño. Probé con pezoneras pero seguía siendo horrible. 

Así estuvimos semanas… ya me daba miedo acercármelo y él lo notaba, así que dar el pecho volvió a convertirse en un momento estresante.

 Finalmente desistí y continuamos con nuestra lactancia diferida. Mientras sucedía todo esto, había disminuido la cantidad de leche que me sacaba y me obsesionaba el tema de si esa leche, por escasa que fuera iba a aportarle algún beneficio. Todo el mundo con el que hablé fue unánime en la respuesta: por supuesto que le hacía bien.

No entendía muy bien como poca cantidad de leche podía ser efectiva. Núnnutit me lo aclaró: no sólo le estaba pasando nutrientes a mi hijo sino también cientos de bacterias beneficiosas y anticuerpos destinados a mejorar y desarrollar su sistema inmune. Cada gota de mi leche era un tesoro para mi hijo, así que aunque fueran 50ml, me esforzaría para dárselos e incrementar es acantidad con el tiempo. Mónica me convenció de que hacerlo a diario ya er amucho y definitivamente sus palabras me animaron a continuar.

En Abraçades me habían dado indicaciones para curar las grietas y que no se infectasen y yo lo hacía todo. Me ponía crema, protectores, pro bióticos… había disminuido mucho las extracciones para curarme y a simple vista parecía que las grietas mejoraban pero cuando intenté incrementar las extracciones, empeoré. Analizamos mi leche y tenía mastitis. Eso explicaba en parte porque hacía tanto tiempo que me encontraba agotada físicamente, a saber desde cuando lo tenía y por eso me sentía débil. Con antibióticos pude deshacerme de ella.

Otra vez me vine arriba, ya podía seguir con mi sacaleches y subir las extracciones…. Pero a la que volví a incrementar el número de extracciones, otra vez las dichosas grietas abiertas y ensangrentadas.

Ahora ya no podía ser cosa de la infección, si empeoraban era porque efectivamente el sacaleches me hacía daño.

Habíamos revisado la medida de la copa con el grupo una y otra vez y era la correcta. Hablé con gente del ámbito sanitario y les pregunté qué pasaba si seguía haciendo lactancia diferida con las grietas y no me lo aconsejaron.

 

Déjalo ya de una vez me decían, acabarás mal, no puedes estar con heridas durante tanto tiempo…   Este ha sido el único momento en el que honestamente pensé en abandonar. Hablé con mi marido y le dije que seguramente había llegado el momento de dejarlo. Habíamos logrado 6 meses de lactancia y si mi salud corría riesgo seguramente tendríamos que tirar la toalla.

 
Me sorprendió su reacción y gracias a sus palabras tuve la fuerza para buscar una salida. Empezamos a pensar en soluciones:

¿y si lubricamos la copa para que no te dañe?

¿Y si probamos con otras marcas de sacaleches?

¿Y si hacemos algún invento?

él buscó por su parte y yo por la mía.

Sentí la necesidad de escribir a la marca del sacaleches para explicarles mi caso empezaba a mirar vídeos de como hacer extracciones con tus propias manos y así no lesionarme. Al día siguiente me llamó la especialista en temas de lactancia de la empresa de los sacaleches y quedó alucinada con mi historia. Me comentó que me ayudarían en todo lo que pudieran y que una comercial me dejaría material como cremas para curar las grietas y una copa que ya no estaba en el mercado pero que iba muy bien para las personas con la piel sensible.

 Me alegré de recibir esta respuesta , sinceramente no me la esperaba… pero más arriba me vine cuando probé la técnica de la extracción manual y vi que efectivamente funcionaba. Parecía aún más eficaz y rápida que la mecánica. Me llené de esperanza de nuevo al ver una posible salida a nuestra situación. Mi objetivo ahora sería extraer manualmente hasta curar por completo las grietas y después continuar con la copa nueva que al parecer no me lesiona.

 Y ¿en qué momento estamos ahora mismo? He oído hablar de la extracción poderosa como una manera de obtener una rápida producción de leche materna. Se trata de realizar extracciones cada hora en unos pocos días y con el tiempo puedes espaciar obteniendo gran cantidad de leche. Lo haremos en unos días, cuando me sienta preparada y no haya rastro de las heridas.

Sé que lo conseguiremos y Alex podrá seguir tomando mi leche.

Una buena madre no se mide por la manera en la que alimenta a su hijo ni en si hace lactancia materna o artificial.

 mother with baby

Una buena madre es mucho más que eso y no me gustaría que mi relato molestara a las personas que optan libremente por una lactancia artificial. Las entiendo porque muchas veces me he sentido juzgada cuando he tenido que alimentar a mi hijo públicamente con biberón… Pero también me he sentido juzgada en mi empeño por lactar con mi leche, en mi insistencia a pesar de las adversidades y la mayoría han visto en mis intentos una especie de locura. No soy una fanática ni soy una talibana de la teta como suelen decir por ahí. Simplemente soy una madre que quiere a su hijo y que se ha informado de los beneficios que le aporta la lactancia materna. Para mi no ha sido un sacrificio, ha sido una inversión en su futuro…

Así que nuestra lactancia terminará el día que los tres, mi pequeña gran familia, decidamos que ya ha sido suficiente.

Muchas gracias Nessa por compartir con nosotras, vuestra historia.
¿queréis compartir vuestras historias maternantes?
Estaremos encantadas de leeros, podéis contactar con nosotras en nunnutit@gmail.com
Mònica Pons
PD: podéis encontrar información detallada sobre extracción manual de leche materna aquí:

Historia de una lactancia mixta diferida. Primera parte

Hace unos meses, estuve hablando varias veces con Nessa, es una bailarina de danza oriental con quien hace años compartí bailes, risas, ensayos y talleres de técnica. Había sido madre hacía poco, y me ofrecí a acompañarla, aunque en la distancia, en lo que necesitara.
Conociendo su viaje, creo sinceramente que Nessa es una mujer valiente y perseverante, que delante de la adversidad supo encontrar su camino, y lo siguió con la fe ciega de los que escuchan a su corazón.
El otro día, demostrando también su generosidad, me comentó que quería explicarnos sus experiencias con la lactancia. Su objetivo es que otras madres que puedan hallarse o se encuentren ya en una situación similar, no se den por vencidas, no se conformen con la primera respuesta y busquen la solución real a lo que sea que no les permite vivir la maternidad con plenitud.
Y que sepan que no están solas.
Y que sepan que seguro, otras madres han pasado por lo mismo que ellas en algún momento.
Por nuestra parte, nos sentimos muy orgullosas de que haya confiado en nosotras para dar a conocer su historia, su lucha personal por conseguir aquello en lo que creía.
Aquí os dejo la primera parte de su vivencia:
“Antes de tener a mi hijo siempre había dicho que haría lactancia artificial, estaba totalmente convencida. No por estética o por pudor sino porque imaginaba que debía ser molesto, y pensaba que yo no lo aguantaría.
Sin embargo, en el momento en el que supe que estaba embarazada, cambié de pensamiento, decidí que sí iba a dar el pecho.

Si de algo me he dado cuenta durante todo este tiempo es de que no te conviertes en madre cuando das a luz, sino que lo eres en el preciso instante en el que sientes que llevas vida dentro

Alex nació una tarde calurosa de julio y por motivos de salud tuvo que estar en observación. Me hacía tanta ilusión hacer piel con piel y darle el pecho en el quirófano, había soñado tantas veces con la imagen de los tres nada más nacer… que el mundo se me vino abajo cuando después de sacarlo con mis propias manos se lo llevaron. Recuerdo que en la habitación, mientras esperaba impaciente hice el comentario que igual tendría problemas con la lactancia porque había leído sobre el reflejo de succión en las primeras horas de vida pero jamás pensé que esa frase sería un adelanto de todo lo que nos iba a suceder. 

Mi hijo presentó hipoglucemias así que empezaron a darle biberones cada tres horas. Pedí que se los dieran con jeringuilla pero la enfermera me comentó que el niño se agarraba bien al pecho y que no tenía de qué preocuparme.
El primer error que cometí fue ese, creer ciegamente en lo que me decía, ya que sí que interfiere la manera en la que se le da la leche (después me informé de lo que se conoce como confusión tetina-pezón).
Alex tomaba mucha leche porque no se controlaban las hipoglucemias, entre tomas no quería tomar pecho y se pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo. Comenté que notaba que succionaba flojo pero me respondieron que seguramente era porque estaba demasiado saciado por los biberones. Los días que estuvimos allí me estimulaba entre las visitas con un sacaleches manual porque temía no producir suficiente leche.
Estuvimos más días de lo normal ingresados por el tema de las hipoglucemias. Al volver a casa otro error que cometí fue el de no pedir ayuda. Reconozco que esos primeros días tenía que haber sido tajante y quedarnos los tres solos en casa para centrarme en lo que de verdad importaba. A las personas con las que tenía confianza les comentaba que tenía problemas con dar el pecho pero a la mayoría no tuve valor de negarles la entrada.

Necesitaba hacer piel con piel con mi hijo las horas que hubiera querido, lo primero tenía que haber sido establecer mi lactancia por encima de todo pero no podía porque tenía que atender a las visitas e intentaba con todas mis fuerzas ser la misma de antes. No sé como no pude verlo, es imposible cuidar de un recién nacido que te demanda a todas horas, atender a la gente, ir a la compra, limpiar, cocinar, no dormir y sobrellevar un problema de hipertensión post parto que me llevó varias veces a urgencias.


Intentamos primero quitarle los suplementos de leche artificial pero era horrible, lloraba de hambre y yo me tenía que enfrentar a comentarios como que quizás mi leche no era suficiente o que podía tener mala calidad.
Nuestro día a día era: se cogía al pecho, lloraba, golpeaba el pecho, lloraba, se dormía 10 minutos, volvía a llorar y al final le daba leche artificial con jeringa o biberón para no verlo sufrir más.
Yo no paraba de repetir que no succionaba bien a los diferentes profesionales a los que acudimos, como madre notaba que algo no iba bien pero todos lo atribuían al tema de los biberones y que se había mal acostumbrado. Llamé a muchas puertas, quizás demasiadas, la mayoría no supieron o pudieron ayudarme. Otras, en cambio, como Mónica de Núnnutit, me acompañaron con sus consejos y apoyo en una etapa en la que te sientes sola y vulnerable. He conocido a grandes mujeres durante este viaje…

Acudimos a pedir ayuda a especialistas (pediatras, enfermeras) que me decían que no pasaba nada por darle biberón o que eso era típico de la lactancia mixta, que el bebé acababa rechazando el pecho. Era como si tuviera que resignarme porque “esto es lo que suele pasar cuando les dan suplementos en el hospital” pero no me daba la gana, yo no quería resignarme!!!
bebe plorant bn
Probamos con un relactador: se trata de un artilugio para estimular al bebé a que se coja con más ganas y poco a poco poder quitar los suplementos. Me colgaba un dispositivo que tenía leche almacenada y a través de una cánula sujetada al pecho mi hijo succionaba mi leche y la del relactador de manera que recibía más cantidad de alimento.
Y entre las tomas utilizaba el sacaleches para estimular más producción de leche. Recuerdo que mientras me sacaba leche me desahogaba con Núnnutit y les enviaba mensajes porque necesitaba sentir que alguien en cualquier momento se preocupaba por mi. Les planteaba dudas e inquietudes però lo que más me reconfortaba era saber que estaban al otro lado escuchándome y dándome fuerzas, siempre disponibles. Una frase que me regalaron esos primeros días y que se convirtió en mi particular grito de guerra hasta día de hoy fue “Ánimo Madre poderosa”. Cada vez que mis fuerzas han flaqueado o que me he venido abajo la he repetido hasta la saciedad como mi mantra.

Ganamos que ya no rechazaba el pecho ni lo golpeaba en un primer momento pero se había acostumbrado a recibir leche rápidamente y enseguida lloraba porque ni con el relactador era suficiente (poníamos el tubo más largo pero tampoco funcionaba)

Era desesperante, una locura, días enteros en casa, entre tomas sacándome leche, verle llorar a todas horas y yo con él. Como pedía comer a cada instante y sin ninguna regularidad yo no podía salir fuera de casa porque necesitaba el dispositivo constantemente.

Sentía que me estaba ahogando y que no podía crear el vínculo que deseaba.

Es muy duro estar agotada y ver que tu hijo te golpea cada vez que le ofreces el pecho, no paraba de decir frases como ” el niño no me quiere” ” me huele y llora, me está rechazando”.

El día en que ya no pude más fue una mañana que fuimos al grupo de lactancia del CAP. Habían juntado a muchas madres de otro CAP que estaba cerrado por vacaciones y nada más entrar a mi niño le dio hambre, empezó a gritar y llorar como si lo destriparan y yo intentaba darle el pecho pero me golpeaba y rechazaba una y otra vez delante de todas. Las otras madres me miraban con cara de “pobrecita” mientras ellas daban el pecho tranquilamente a sus hijos, me sentí fatal, diferente, superada y desesperada así que me fui sin más, enfadada con el mundo.
Volvimos a buscar más opciones comentando con gente, asesoras, amigas… y encontré el artículo de una chica que hablaba sobre lactancia diferida. Explicaba como se sacaba leche con el sacaleches y entre tomas le ofrecía el pecho a su hijo para establecer la succión no nutritiva y estrechar el vínculo emocional. Después de sentirme sin fuerzas, de golpe me vine arriba:
¿y si probaba lo mismo? ¿Y si me olvidaba del relactador y lo intentaba así? y esa fue mi salvación.
bibero bn

Por fin empezamos a salir a la calle y hacer vida más allá de las paredes de casa, por fin mi hijo podía disfrutar de una madre alegre y disponible emocionalmente, se acabaron los lloros, los gritos, la desesperación. Me sacaba leche, cada dos o tres horas, él se la bebía con su biberón y entre tomas utilizábamos el pecho para que se calmara, para dormir o para disfrutar de un momento único. Fueron semanas en las que volvimos a la normalidad, me sentía feliz, el sacaleches formaba parte de nuestra vida. Lo llevaba puesto con un sujetador y mientras tanto podía atender a mi hijo o hacer lo que fuera.

Decía de broma que el sacaleches era nuestro amigo y es que yo lo veía como el instrumento que me permitía lactar a mi hijo. Pese a haber tomado esa decisión, reconocozco que se me escaparon en varias ocasiones las lágrimas por la calle cuando veía a madres dando el pecho, las observaba con esa paz acariciando a sus bebés.. ¿por qué no puedo ser una de ellas?”

 

 

La próxima semana publicaremos la segunda parte.

¿qué os ha parecido hasta ahora?

¿quéreis compartir vuestra experiencia?

Si creéis que éste relato puede ayudar otras madres, por favor compartid.

Muchas gracias

 

Mònica Pons