La teoría no siempre es suficiente para una crianza respetuosa.

“Tengo la teoría muy clara pero me cuesta horrores llevarla a la práctica”

“Hay situaciones en las que no puedo evitar terminar con gritos y luego me invade la culpa por haberlo hecho”

¿Te resultan familiares estas afirmaciones? A mí sí. Durante mucho tiempo me sentí así. 

Y es que la teoría no siempre es suficiente. Te invito a que escuches el siguiente vídeo en el que hablo de uno de los errores más habituales que nos llevan a no saber poner en práctica la teoría de una crianza respetuosa.

 

El primer paso que puedes dar para tener más paciencia

¿Te gustaría que tus reacciones ante algo que está haciendo tu hijo fueran más calmadas?

En ocasiones la impresión de que “perdemos los papeles” con mucha facilidad. Es una preocupación muy habitual entre las madres que llegan a mí para hablar de las dificultades que tienen habitualmente para educar a sus hijos e hijas.

“Es que llega un punto en el que ya no puedo más y grito”

“Hay momentos en los que no estoy para dialogar y se hace difícil abordar un conflicto sin chantajes”

¿Te resuenan estas experiencias? ¿Vives situaciones similares en casa?

Yo las he vivido, y os aseguro que me angustiaban mucho. Era esa sensación de llegar a tu límite, de no poder más y de decirme “yo no puedo hacerlo de otra forma”.

Pero se puede, y uno de los primeros pasos a dar para llegar a vivir estas situaciones desde la calma y tener más paciencia es saber parar antes de hablar y aprender a conocerse mejor.

Muchas de las veces en las que actuamos en un conflicto lo hacemos de forma automática y sin pensar y analizar qué nos ocurre realmente. Nos cuesta darnos tiempo a nosotras mismas, a escucharnos y a conocer qué nos mueve a perder la paciencia realmente.

¿Cuánto tiempo te das a reflexionar en cómo te sientes entre que se crea en ti la necesidad de dar un grito y lo das?

En el momento en el que estamos a punto de perder la paciencia podemos hacernos una serie de preguntas que nos ayuden a tomar conciencia de nuestro interior: ¿necesitamos colaboración?, ¿queremos comprensión?, ¿buscamos sentirnos relajadas y tranquilas?…

Por ejemplo, si nuestro hijo de 2 años no para de tirar juguetes al suelo y el salón parece un mar de libros, coches y muñecos, y, por más que le digamos que no tire, lo sigue haciendo, hay un momento en el que explotamos. ¿Te resuena?

Pero para analizar nuestras necesidades, vamos a olvidarnos de nuestro hijo por un momento ¿Qué necesitamos en ese momento? Pues seguramente necesitamos calma, orden, colaboración… y el hecho de que nuestro hijo esté tirando sus juguetes nos hace más complicado que en ese preciso momento podamos dar respuesta a nuestras necesidades.

Nuestras necesidades reales, las que existen en ese momento ante algo que está pasando (o ha pasado) nos son a veces totalmente desconocidas. Pero poner nombre a lo que nos está pasando nos puede ayudar a comprender que lo podemos desvincular de nuestro hijo, puesto que es algo nuestro.

Sí, me dirás, pero mi hijo sigue tirando los juguetes y eso me crispa.

Y aquí está la clave. Esos segundos que te has tomado para ti y que te han servido para definir tu necesidad, te permiten determinar qué estás dispuesta a hacer y cómo decides hacerlo.

A veces, el sólo hecho de pensar el cómo hace desaparecer el automatismo que nos activa la crispación e impide que salgan los recursos que queremos tener escondidos bajo llave.

En la formación Comunicación Eficaz trabajamos en profundidad en ese autoconocimiento que te permite controlar las situaciones abordandolas desde otra perspectiva muy diferente.

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