Peleas entre hermanos

Hoy te traigo una pequeña clase, un avance de todo lo que puede ser la formación de Comunicación Eficaz. En este caso sobre las peleas entre hermanos.

Es una de esas situaciones que nos desbordan en muchas ocasiones y que nos generan un estrés añadido. Tener los recursos necesarios para acompañar estos momentos no es fácil, y saberlos emplear a tiempo tampoco.

Te regalo este pedacito de charla, para que puedas atisbar por un agujerito todo lo que la formación puede aportarte en tu día a día.

Dale al PLAY:

 

Si quieres más información sobre la formación y las dos modalidades ofertadas, pincha en el siguiente botón:

Si lo que necesitas es una sesión de descubrimiento de 20 minutos conmigo, haz click aquí:

Lo que aprendí de accidente de mi hija

Hoy he hablado de la relación entre hermanos con las mujeres que están dentro de la formación Comunicación Eficaz.
Es un tema que toco muy de cerca, puesto que en casa hay tres criaturas, y dos de ellas, precisamente, no se llevan “muy bien”, que digamos.

Le he contado qué significa para mi el “amor de hermanos” y cómo dista de vivirlo como relación sin conflictos. Y para ello, les he explicado una situación traumática que vivió mi hija hace 3 años.

Por aquel entonces, Marçal y Cèlia ya se peleaban con bastante frecuencia, cosa que a mi me crispaba muchísimo. Pese a tener conocimientos y herramientas para mediar entre ellos, seguía arraigada en mi la idea de que esos conflictos podían ser sinónimo de no quererse. Esos problemas que surgían entre ellos eran signos de alarma para mí, eran señales que ponían en peligro el concepto de amor fraternal que consideraba (considero) importante.

Mi hija sufrió un accidente que nos hizo salir corriendo precipitadamente al hospital y que la tuvo con médicos y cuidados durante un mes. Fue una experiencia dura, os soy sincera. De hecho, todavía hoy, cuando la recuerdo, se me hace un nudo en el estómago.

Y fue a raíz de esta experiencia que me di cuenta de lo que realmente era importante y deseaba para la relación de mis dos hijos, esos que habitualmente se pelean y discuten.

Fue mi marido quién agarró a la niña corriendo y se fue al hospital. Estábamos fuera de casa los cinco y yo acompañe a mi hijo mayor a casa de mi cuñada para que se quedara con él e ir inmediatamente (con el peque, que era un bebé de 9 meses) a estar con mi hija.

Las palabras de Marçal antes de irme fueron para mí impactantes: “mamá, sé que me enfado con muchas cosas que hace Cèlia, pero no quiero que le pase nada malo, la quiero muchísimo. “

Aquel amor que yo ponía en duda cuando mis hijos se peleaban existía.

Durante el tiempo en el que mi hija estuvo convalesciente, tuvo que afrontar cuidados dolorosos, miedos y aceptar una nueva situación. ¿Sabéis quién la animó, cuidó y mimó?

Lo que hoy hemos visto en la clase es, precisamente, la importancia de permitir a nuestros hijos enfadarse, a mostrar desacuerdos y a verbalizar injusticias cuando se producen entre ellos. No por ello ponemos en peligro la relación de hermanos que queremos que tengan en un futuro. Nuestro trabajo, como personas adultas que educamos a esas criaturas, es el de darles herramientas que les permitan expresarse desde el respeto y la empatía.

Porque, en el fondo, cuando sean mayores, seguramente una de las cosas que más nos importará es que, en un momento de peligro, de problemas o de situación en la que necesiten a alguien, puedan contar con ella.

La sorpresa que te llevas cuando los escuchas pelear

Esta mañana se ha producido uno de esos momentos en los que ves claro que el trabajo que realizas con tus hijos va generando los frutos deseados.

Al salir de casa, Enric ha querido ir al baño y les he pedido a los otros dos que fueran subiendo al coche porque íbamos un poco justos de tiempo.

Mientras esperaba a que el pequeño terminara, he escuchado gritos en el patio: “ya está, ya se están peleando de nuevo”. Ha sido una de esas tantas situaciones que muchas veces agobian porque ves que todo lo que tratas con ellos sobre formas de expresarse respetuosamente parece que hayan sido en vano. Reflexiones que muchas veces van llenas de prejuicios que hay que dejar pasar y transformarlas en necesidades que nos ayuden a tomar a acción y seguir avanzando. Como nos pasa en muchas ocasiones, vivir situaciones como esta nos hace dudar de si lo estamos haciendo o no bien, puesto que vemos que nuestros objetivos no se cumplen.

Pero la sorpresa ha sido mía al subir al coche.

La situación que me he encontrado ha sido muy diferente a la que yo me había imaginado cuando he juzgado los gritos que había escuchado. He entrado sin decir nada porque estaban hablando entre ellos y lo que estaban diciendo me ha emocionado.

A diferencia de otras ocasiones en las que se producen enfados y peleas entre ellos, esta vez estaban hablando con calma. Expresaban cómo se habían sentido, qué era lo que necesitaban en el momento en el que se había producido el problema y exponían cómo les gustaría que se resolviera si se volvían a encontrar en una situación similar.

Soy perfectamente consciente de que es posible que los próximos conflictos que se den en el día de hoy entre mis hijos no se solucionen como lo han hecho esta mañana. Ni lo pretendo.

Aprender a expresarse de forma asertiva y empatizar con la otra parte de un conflicto es una tarea compleja que ni siquiera nosotras podemos llevar a cabo en muchas ocasiones. Porque no se trata de explicarles la teoría y pretender que la apliquen siempre en cualquier situación, sea cuál sea el contexto.

Educar en el respeto a nuestros hijos es algo que hacemos de forma progresiva. Poco a poco, mediante el modelo que nosotras mismas les ofrecemos y los espacios de tiempo que dedicamos a acompañarlos en esas situaciones, van integrando lo que les enseñamos y, sobre todo, lo que aprenden de nosotras cuando nos ven en acción en situaciones similares.

Cuando nos planteamos la educación de nuestros hijos no podemos perder el norte. Es un proyecto a largo termino que se trabaja día a día para ir recogiendo los frutos en un futuro más o menos próximo.

Si deseas explorar el mismo camino que yo he seguido te invito a conocer el taller “Acompaña los conflictos entre hermanos” , en el que encontrarás información para comprender qué ocurre cuando nuestros hijos se pelean y obtendrás estrategias para favorecer la construcción de una relación entre ellos basada en el respeto, la confianza y la empatía.

Las 3 cosas más importantes que he aprendido de tener 3 hijos

 

¿Tienes más de un hijo? Si es que sí, seguro que has tenido uno de esos momentos en los que te reclaman todos a la vez. Uno te estira de la camiseta, otro te llama a gritos, otro se cae. En esos momentos, ¿has tenido ganas de largarte, salir corriendo y enviarlos a todos a que se vayan a otro sitio?

Las que tenemos más de un hijo sabemos lo difícil que puede llegar a ser poder dar siempre la atención que reclaman. Nos puede poner muy nerviosas escuchar un “mama” constante. Además, aunque haya más personas adultas con nosotras, parece que sólo tú tengas la llave para dar respuesta a sus peticiones y no recurren a ellas. “¡No, tú no, mamá!”, mientras le estás dando teta al bebé, escribiendo en el ordenador o haciendo cualquier otra cosa.

No siempre se dan estas situaciones, está claro, de hecho, si analizamos nuestro día es posible que solo sean momentos puntuales. Pero sí es cierto que cuando se dan parece que se junta todo, que ocurren mil cosas al mismo tiempo y tienes la sensación de no llegar.

 

Cuando ocurren estas cosas es posible que el agobio te haga reaccionar de una forma de la que luego te arrepientes: no atenderlos, contestar con un grito, amenazar con que se quedan sin lo que están pidiendo como no dejen de insistir, cargar la culpa al mayor por no saberse esperar, reñir al pequeño por no querer dejar la teta cuando necesitas levantarte…  En esos momentos de crisis aparecen los recursos que, cuando estamos en calma, sabemos mantener a distancia.

Pero también sé que estas situaciones se pueden llevar de otra manera. Aunque la experiencia es un grado, no lo voy a negar, puedes dar un giro a cómo afrontas estos contextos en los que los nervios suelen aparecer y jugarnos malas pasadas.

Después de años siendo mamá de más de una criatura he llegado a las siguientes conclusiones:

  • La mayoría de los problemas y peticiones que hacen nuestros hijos pueden esperar desde nuestro punto de vista. Esa perspectiva nos hace perder los papeles muchas veces, puesto que se nos olvida ver la situación con los ojos de nuestros hijos y no comprendemos cómo pueden ser tan insistentes. Queremos que vean los problemas tal y como los vemos nosotros y nos olvidamos de que tienen la experiencia de los años que han vivido y no la nuestra. Así pues, comprender y conectar con lo que piden nos ayuda a ser más conscientes de lo que está ocurriendo.

 

  • Al ponernos nerviosas, la mayoría de veces esperamos obtener la calma si nuestros hijos ceden a su reclamo. Eso implica que cargamos sobre sus espaldas nuestro bienestar, no estamos bien si ellos no dejan de pedir, de quejarse. Pero lo cierto es que nosotras somos dueñas de nuestros sentimientos, podemos decidir cómo nos sentimos y debemos tomar la responsabilidad de dar respuesta a nuestras necesidades de forma consciente. Para mantener la calma en esos momentos es importante trabajar conscientemente la necesidad de poder atender a nuestros hijos de uno a uno en la medida que eso sea posible. 

 

  • Pero incluso cuando somos conscientes de la importancia de mantener la calma y que atenderlos es para ellos una muestra de que tenemos en cuenta sus necesidades, en la mayoría de ocasiones en las que nuestros hijos nos reclaman a la vez, no podemos multiplicarnos para dar respuesta a todas las peticiones al mismo tiempo. En estas ocasiones hay varios recursos que pueden ser eficaces para poder enviarles la señal que para ti es importante atenderlos y que estén bien. El contacto visual, ver qué atenciones pueden ser compatible al mismo tiempo (dar la teta y explicar un cuento, por ejemplo), usar recursos como apuntar las peticiones en un papel cuando hablamos de niños mayores… En cualquier caso, todos estos recursos pueden ir acompañados de un diálogo en el que dar empatía tenga un papel principal. Si sienten que la persona adulta comprende lo que les ha ocurrido será más fácil que puedan esperar a que sea satisfecha su petición.