Trabajo y maternidad, con Nahia Alkorta Elezgarai

Hoy tenemos el placer de tener en nuestro blog a Nahia, mamnahiaá de Aner (2012), Xuhar (2015), y sus dos proyectos Sabeletik Mundura y Loa-Lo.

 

Nahia es asesora de maternidad, lactancia, porteo y duelo gestacional y perinatal. Con toda esta formación a sus espaldas, se dedica al asesoramiento personal y a dar charlas y dar talleres. Además es distribuidora de portabebés y también vendre productos relacionados con la crianza.

 

¿Qué tiempo tenía tu bebé cuando retomaste la actividad en tu emprendimiento?

Cuando el mayor tenía un año me embarqué en la aventura de ser autónoma en España y he trabajado con el alrededor hasta que cuando cumplió tres empezó a ir a la escuela por las mañanas. Nuestro segundo hijo nació a los tres meses de que el mayor se escolarizara y yo retomé la actividad, a media jornada, a las seis semanas tras el parto.

Los primeros meses de un bebé no son siempre sencillos, sabemos que es un periodo nuevo y lleno de retos. ¿Cómo afecta la llegada de un bebé a los objetivos que te marcas en tu negocio? ¿Hay un antes y un después?

Mis proyectos laborales son como mis hijos, hay días en los que me necesitan más y otros en los que podemos separarnos un poquito más. Cuando me embarqué en esta aventura lo hice principalmente para hacer algo que me apasiona y que me permitiera que mis hijos siempre fueran la prioridad. La llegada del segundo hijo trajo aire fresco, un parón para arrancar con más fuerza. El embarazo me permitió organizar mi trabajo para que pudiera ralentizar el ritmo y adecuarme a la nueva situación. No considero que haya un antes y un después, es un continuum, igual que la crianza.

¿En algún momento te fue tan complicado compaginar tu emprendimiento con tu maternidad como para plantearte tirar la toalla? Y si fue así, ¿qué te hizo continuar?

Ha habido días con ganas de parar el mundo pero no por la conciliación si no por las condiciones pésimas que tenemos las autónomas en España. Me agota mucho emocionalmente por un lado lo injusto que es el sistema y por otro que mucha gente haga cosas similares sin cumplir con obligaciones fiscales. Hay meses en los que tal vez sería mejor tirar la toalla, pero cuando crees firmemente que lo que haces merece la pena y que colaboras a que tus nietos tengan un mundo mejor, la fuerza sale del corazón.

 

En una maternidad en la que se busca estar en contacto constante con el bebé, el tiempo que se pasa juntos es vital, así que dinos, ¿cómo organizas tu tiempo para poder disfrutar de la maternidad y ser productiva?

Trabajo en contacto, porteando o con el peque en un cojín de lactancia al pecho. Aprovecho las siestas en las que consigo no quedarme a dormir con el y las noches. Siempre he sido más productiva de noche por lo que todo el trabajo que no es directo con las familias, lo dejo para compartirlo con las estrellas.

Seguro que tienes siempre a mano algunas herramientas que te permiten estar con tu hijo a la vez que trabajar. Explícanos cuál es tu preferida.

La pelota de pilates y un buen portabebés. Con el peque a la espalda, música y los botes de pelota todo es más fácil. Ahora además esta entrando en la fase de gateo, por lo que una buena alfombra es mi mejor aliado.

A veces hacer lo que te apasiona absorbe tanto que las horas pasan volando, el cansancio se acumula y después no podemos afrontar el día a día con la misma energía. ¿cuál es tu secreto para planificar tus actividades sin dejar de lado nada importante y poder descansar?

Procuro ser realista y no programarme demasiadas cosas, la maternidad te obliga a no tener casi ninguna cosa totalmente establecida. Catarros, revisiones, vómitos de noche, pesadillas… inesperados son parte del día a día. Establezco mi trabajo según prioridad por prisa e importancia y según el tiempo que tenga en cada momento, elijo una tarea que pueda encajar en ese rato. Aprovecho los ratos de juego, por lo que las tareas las reparto en intervalos de más o menos 10 minutos y disfruto del placer de tachar cosas de las listas.

Desaprender la comida o como confiar en tu bebé

Al salir de la revisión de los 6 meses de mi hija mayor, sentí una mezcla de incredulidad, diversión y preocupación.

 

Mi bebé regordete, tomaba teta a todas horas, y a demanda, es decir, cuando ella quería. También a menudo, durante las comidas, mi hija terminaba sentada en mi regazo o en el de su padre, observando atentamente qué y como comíamos, incluso a veces, intentando coger y probar algo de lo que tenía en el plato, al alcance de su mano.

En mi bolso llevaba ahora unas hojas con listas de alimentos a introducir: verduras, frutas, cereales, algunas carnes,… y cómo cocinar cada cosa, cuándo, en qué cantidad, cómo mezclarlo y triturarlo, cómo comer papillas… la verdad es que se me hizo un mundo. Al llegar a casa lo volví a leer. No entendía cómo iba a hacerlo para:

1. introducir un sólo alimento al día

2. esperar 4 días entre cada nuevo alimento

3. esperar a después de las comidas “reglamentarias” para dar teta (pero .. ¿no era a demanda?)

4. que mi hija se comiera las cantidades que se supone que debía comer

5. que hubiéramos probado todos los alimentos de la enorme lista para cuando nos viera el pediatra a los 9 meses, que ya me había dicho que me daría entonces otra lista, con nuevos alimentos a introducir…

 

Al día siguiente me puse manos a la obra: con  la peque en el fular, me fuí al mercado y llenamos la nevera de verdura y fruta fresca. También compré una papilla sin gluten y otra con gluten (y pensé que me hubiera ido bien tener una de las básculas de precisión de las que usaba en la facultad para mezclar según la guia que el pediatra me había dado, una papilla con otra para introducir el gluten). A media mañana, mientras Laia gateaba a mi alrededor, hice la primera papilla, con manzana.

¡Hay que nervios y que ilusión! mientras la hacía, me la imaginaba relamiendo la cuchara, disfrutando de la papilla y pidiéndome más con las manitas… como en los anuncios vaya.

La papilla estaba rica… eso decidí cuando me la comí yo, porque Laia la tocó, la tiró, jugó con ella y con el plato.. pero no la probó. La escupía. ¿no te gusta la manzana? ¿está demasiado espesa? ¿demasiado ligera?… que difícil me empezó a parecer comer comida, en vez de teta.

 

La siguiente semana estuve probando con otras frutas, y con un par de verduras, y con la papilla sin gluten… nada. Mi niña no quería papillas. Vamos, no quería ni verlas. De hecho tiene ya 5 años y nunca se ha comido una sola papilla. Así que lo dejé. Dejé de hacer papillas.

Me sentía mal si la obligaba a comer eso que no le gustaba.

 

Me ponía nerviosa y la situación terminaba en llanto o en disgusto. No quería aquello. Mi bebé disfrutaba con casi todo..

Sentía que tenía que haber un modo de que también disfrutara con la comida, sin que yo tuviera que forzar nada.

 

Me la ponía en el fular, o en la mochila a la espalda, cuando cocinaba, para que estuviera cerquita de mí y no se pusiera nerviosa y me pidiera teta. Cocinaba sin sal, sin salsas, todo a la plancha o hervido. Siempre alimentos de los de la lista. Y se sentaba con nosotros a la mesa.

A partir de ahí, solo tuve que dejarla tocar y coger la comida. No comía mucha cantidad, pero se divertía de lo lindo tocando y probando lo que había en el plato. Y dejé de estresarme. Ella seguía creciendo, seguíamos con la lactancia a demanda, y algunos días, me pedía menos teta y comía casi todo lo que le ponía al alcance, a veces durante el desayuno, otras en la comida, la merienda… alguna vez en la cena.

La verdad es que su percentil bajó. Pero el crecimiento de un bebé alimentado con leche materna difiere del de un bebé alimentado con leche artificial. A Laia la pesaban y medían y posicionaban respecto a una gráfica de crecimiento con leche artificial. Saber que había una diferencia en el ritmo de crecimiento ahí, me tranquilizó. Y seguimos así durante varios meses.

Mi bebé empezó a alimentarse adaptándose a los horarios adultos (desayuno, media mañana, comida, merienda, cena) a partir del año. . Cuando tenía un año y medio, se podría decir que comía su primer y segundo plato, y el postre (a veces, doble postre: fruta y teta :)).

 

Me siento muy orgullosa de haber respetado su ritmo. Distinto de lo aceptado. Y de respetar sus gustos: a mucha gente le extrañaba, por ejemplo, que comiera taaaanto tomate cada día, pero a ella le encantaba (y le sigue chiflando), se lo comía como quien come una manzana a mordiscos.

 

disfrutar comiendoY sigo en ese camino de respeto por su capacidad de decidir cuándo tiene hambre, y por su capacidad para saber qué le apetece y qué no. Reconozco que es difícil, los días en que no le apetece casi nada, en los que come poco; o las veces que comemos un plato distinto, nuevo, y no lo quiere probar, o lo prueba y no le gusta.

Sobretodo nos es difícil, porque a mi pareja y a mi nos enseñaron a terminarnos todo, siempre. Y a comer aunque no te gustara lo que comías. Claro que nuestros padres lo hicieron con la mejor de las intenciones, y debido a sus propias vivencias (hijos de la posguerra), lo entiendo perfectamente. Pero de momento, no nos falta la comida.

 

Con mi hija pequeña, ya no compré ninguna papilla. Le ofrecí siempre de lo que había en la mesa para comer. Y también tardó un tiempo en comer cantidades más o menos estables de comida. Pero sabe cuándo tiene apetito y cuando no. Y de postre, a veces de segundo plato, siempre aparece la lactancia, con sus dos añitos. Ah.. y también le encanta el tomate.

Siento que la relación de mis hijas con la comida es mucho más sana que la mía. Yo estoy reaprendiendo a escuchar mis necesidades nutricionales. Ellas no van a tener que reaprenderlo, porque no se les ha olvidado.



  

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La bioquímica del nido

Somos bioquímica. A mi me encanta pensar en los misterios de la vida, en las cosas que no tienen explicación, y encontrar una. Normalmente, se trata de una explicación más filosófica que científica, pero el 95% de las veces, acabo encontrando una respuesta biológica o física a mis preguntas. Eso le quita romanticismo a mi visión del mundo, pero es así.

Nuestra bioquímica define los comportamientos más básicos, aquellos en los que

descansa nuestra supervivencia como especie.

Me resulta curioso pensar que a pesar de todos los avances de la humanidad, sean las estructuras cerebrales más antiguas que conservamos (el hipotálamo y la hipófisis) y la parte de nuestro sistema nervioso que no controlamos de forma voluntaria, lo que nos guía en la base de nuestra supervivencia: crecer, sobrevivir, reproducirnos.El mundo de las hormonas, siempre ha sido para mi como un universo paralelo, una sutil y gigantesca telaraña donde las respuestas al entorno, a las sustancias que circulan por nuestro cuerpo y a los niveles hormonales existentes son complejas y rápidas, como una canción con varias melodías simultáneas. Menos mal que eso se traduce en comportamientos que podemos diferenciar fácilmente en nuestro universo (:P). La enorme variedad de comportamientos humanos, se pueden resumir (es lo que tiene la ciencia: resume y sintetiza buscando pautas) en tres básicos: la nutrición, la defensa y la reproducción.Cuando nos sentimos en peligro, nuestras pulsaciones, el ritmo cardíaco, la temperatura,…,  cambian para generar una respuesta a aquello que nos parece peligroso, una respuesta que nos ayude a sobrevivir: todo nuestro cuerpo y nuestra mente queda a la disposición de defenderse, atacar o huir y deja de importarnos si teníamos hambre o si queríamos descendencia: han entrado en acción el cortisol, la adrenalina y la noradrenalina.Si nos sentimos seguros, en calma, y sin hambre, nuestro cuerpo puede pensar en reproducirse para perpetuar la especie (estoy hablando en términos biológicos, no voy a entrar en el placer de comer o de tener sexo, aunque eso también sea una respuesta bioquímica que percibimos positiva). Y en muchos casos (somos muchos los humanos en la Tierra) este estado físico culmina en embarazo, y a los 9 meses, en un nacimiento.¿Qué sucede cuando ya ha nacido el bebé? Las crías de otras especies de mamíferos también sobreviven, y sus madres no tienen una idea de lo que socialmente se acepta como “buena madre” en sus círculos de amistades. Y como individuo, ya han cumplido con el objetivo de reproducirse… ¿por qué atienden a sus crías?Todas la crías de mamíferos saben reptar, arquear la espalda, mover las manos, cogerse al pezón y mamar. Y sí, nuestros bebés, también saben hacerlo. Y si no interferimos, veremos cómo ellos solitos se acercan a nuestro pezón para encontrar el alimento que necesitan: ahora es el  bebé el que activa su programa de nutrición, y con él, su mejor estrategia de supervivencia: crear su nido. collage bebes Mientras está en la teta, el bebé está allí donde mejor se va a encontrar, porque es el lugar dónde se siente protegido (su mamá lo acoge con los brazos, siente su respiración, el latir de su corazón y el calor del contacto) y puede estar calmado, y dedicarse a comer y crecer: sus niveles de cortisol y adrenalina son bajos así que su temperatura, su ritmo cardíaco, sus pulsaciones, se mantienen estables y constantes… todo es perfecto, porque además éste comportamiento, ayuda a crear un fuerte vínculo entre la madre  y el bebé. Éste vínculo, el sentimiento de afecto que sentimos por nuestros bebés, también resulta de una reacción bioquímica: nos causa placer estar cerca de nuestro bebé, alimentarlo, acunarlo. La oxitocina nos ayuda aquí, como en otros muchos procesos placenteros. Si si, siempre son procesos placenteros. Podríamos decir, citando a Nils Bergman, que

“el hábitat natural del bebé son los brazos y pechos de su madre”

¿Y que pasa con la nutrición? cuando nuestros niveles de insulina caen, porque ha bajado la cantidad de glucosa que circula por nuestro organismo, se produce la sensación de hambre: antes de la existencia de los supermercados, teníamos que desplazarnos constantemente para encontrar el alimento. Fue uno de los motivos que nos llevó a caminar cada vez distancias más largas y nuestro esqueleto se modificó: nuestra pelvis cambió, dificultando el parto y limitando la duración del embarazo: nuestros bebés nacen inmaduros, por tanto, más dependientes.monkey-1065631_1280 ¿Dependientes, de qué? de un espacio que les proporcione las condiciones óptimas para seguir su desarrollo: oxigenación, calor, protección y nutrición. En ese espacio, son capaces de desarrollarse sin necesitar nada más : ni moisés, ni cuna, ni chupete, … hasta que sean capaces de desplazarse y alimentarse por si mismos. Vendría a ser el tiempo al que llamamos Período de Exterogestación, que va terminando de manera natural según el ritmo de maduración de cada bebé, cuando éste es capaz de desplazarse solo: o sea, cuando puede buscar alimento por si mismo (nutrición) o puede escapar o enfrentarse a un peligro (defensa).  Mientras no es autónomo para poder comer y defenderse solito, tiene todo lo que necesita en su madre. Y si su madre no está, su mundo de seguridad y calma se desvanece, el cortisol y la adrenalina se disparan.. y necesita expresar de algún modo ese estado para intentar volver a la calma, a su nido, a mamá. ¿cuál es la estrategia de supervivencia entonces?

El llanto es la única forma que tienen nuestros bebés de alertarnos: no estoy bien aquí. Esto es demasiado distinto del lugar donde estaba antes (el útero). Tengo hambre, o hay algo que para mi es peliogroso

¿dónde estás?

 

Así que nuestro hipotálamo, nuestra hipófisis y nuestro sistema nervioso vegetativo, que segregan muchas de las hormonas implicadas en los comportamientos básicos de los que he hablado, forman parte de esas estructuras ancestrales que nos acercan a lo animales que somos -no a lo sociales-, marcan en parte nuestro comportamiento y ayudan a nuestra supervivencia. No deja de ser algo romántico también, ¿no?

 

Resumiendo:1.No hemos dejado de ser animales sociales, nuestros comportamientos básicos (los que nos permiten la supervivencia) son el resultado de nuestros niveles hormonales2.Es el bebé, quien busca activamente el contacto con su madre, es su estrategia de supervivencia3.Es el contacto con la madre, lo que desarrolla el vínculo afectivo entre la madre y el bebé (lo que llamamos piel con piel)4.El lugar más parecido al útero que puede encontrar el bebé, donde sentirse protegido, es en brazos de su madre (exterogestación)

 

Elige cómo quieres criar a tu bebé según tus sentimientos y tu instinto (ese que es ancestral, animal y muy antiguo): hay muchas teorías, creencias, costumbres sociales… pero lo más importante, es que dejes salir de vez en cuando a la mamífera que llevas dentro, escúchala con el corazón, es una mujer sabia.

 

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Historia de una lactancia mixta diferida. Segunda parte.

Aquí estamos de nuevo, con la segunda parte de la historia de Nessa, Alex y su lactancia.
Lo que me encanta de éste relato (a parte de saberme parte implicada en varios momentos de su narración, lo cual me reconforta como persona y como profesional), es que a pesar de todo lo sucedido, de las dificultades,  de las bienintencionadas opiniones, de las miradas que juzgan,… Nessa siguió adelante en su lucha, escuchando su instinto y sus emociones.

Dicen que dar el biberón es algo frío y que está muy lejos de parecerse a dar el pecho, pero yo nunca lo sentí así.

Cuando se lo daba no había ni tele ni ruido en casa, solo los dos mirándonos a los ojos. Disfrutaba de ese momento en el que podía acariciarle la carita o cantarle. Con mi marido decidimos que solo yo le daría el biberón, me sentía mal si mi pareja se lo ofrecía a cualquiera, le hice entender que emocionalmente no me sentía a gusto si veía que otra persona podía hacerlo. Igual mucha gente pensará que soy radical pero seguía sintiéndome triste.

La naturaleza solo le da a la madre ese gran don así que, aunque por circunstancias yo no podía hacerlo, sí que quería ser siempre quien alimentara a mi bebé.

 

Todo iba bien hasta que otro problema apareció: las famosas grietas de las que tanto había oído hablar.         Primero no sabía exactamente que eran, pero luego entendí que la copa del sacaleches me estaba haciendo heridas. Aguanté porque tampoco me dolían, y si me molestaban mucho pues ese día no hacía tantas extracciones.

Me decían que debía estar utilizando una copa inadecuada pero seguíamos las instrucciones, estuvimos tomando medidas, compramos las otras copas para probar y solo la que se ajustaba a mi medida según las instrucciones de la marca me extraía leche. 

Pensamos que tal vez era la potencia: probé con menos y las lesiones seguían. Un fin de semana empecé a sangrar y vi peligrar nuestra lactancia así que decidí fui a pedir ayuda a Abraçades Sant Cugat, me habían hablado muy bien de ellas.

 

Allí me di cuenta del gran trabajo que realizan los grupos de lactancia. No tengo palabras para agradecer la labor que hacen semanalmente con madres como yo.

 

Las asesoras te respaldan y ayudan con los problemas y dudas que van surgiendo. Son grupos voluntarios y me parece admirable que diferentes profesionales pongan sus conocimientos a tu disposición.


Ya no sabía a quien acudir y me di cuenta que ojalá hubiera ido antes.
Expliqué mi historia y una de las asesoras vió que mi hijo tenía frenillo.No podía creérmelo, sentí una mezcla de sentimientos:

Alivio

por saber al fin cual era la causa de nuestros problemas

Impotencia

porque delante de mi pasaron mentalmente todos aquellos profesionales a los que había acudido durante 4 meses con la frase ” noto que mi hijo no succiona bien” pero no habían visto  que mi pequeño tenía la lengua atada y por eso no mamaba bien.

 anquiloglosia combi

Con el tiempo he sabido que a menudo pediatras y otro personal no tienen suficiente formación en lactancia pero me parecía increíble que médicos a los que yo había visto mirar la boca a mi hijo no lo hubieran diagnosticado.

Ese día, cuando por la noche me quedé a solas con Alex, me vine abajo. 
Después de abrazarle con todo mi amor le dije – Lo siento cariño…Lo siento mucho porque no fuimos a más médicos o especialistas, lo siento porque nuestro problema tenía solución y quizás ahora es tarde…pero seamos positivos y volvamos a intentarlo, te parece?-.

En dos semanas nos vio el cirujano y le cortó el frenillo ese mismo día.

Era frenillo 4, que a simple vista ya se notaba así que más indignada me sentí. Nos dijo el médico que tenía en el labio una parte dura que suelen tener por problemas en la succión y que al abrir la boca ya veía que la lengua estaba sujeta. Nos explicó lo importante que era hacer la intervención puesto que la lengua intervienepor ejemplo, en el habla. Le conté nuestra historia y me dijo que lo intentara, que siguiera con el grupo de lactancia pero que probablemente era demasiado tarde : ¡Qué pena!- me dijo- Si lo hubiéramos cogido a tiempo no habrías tenido problemas.

 Llevaba una semana sin ofrecerle el pecho porque me hacía mucho daño, estaba empezando con el proceso de dentición y me mordía, no quería sufrir más lesiones. Sin embargo, nada más llegar a casa después de cortar el frenillo volvimos a probar. Se lo iba ofreciendo pero me mordía, me tiraba… hacía lo mismo que hace con sus mordedores o juguetes, estaba rabioso con la boca y sin querer me hacía mucho daño. Probé con pezoneras pero seguía siendo horrible. 

Así estuvimos semanas… ya me daba miedo acercármelo y él lo notaba, así que dar el pecho volvió a convertirse en un momento estresante.

 Finalmente desistí y continuamos con nuestra lactancia diferida. Mientras sucedía todo esto, había disminuido la cantidad de leche que me sacaba y me obsesionaba el tema de si esa leche, por escasa que fuera iba a aportarle algún beneficio. Todo el mundo con el que hablé fue unánime en la respuesta: por supuesto que le hacía bien.

No entendía muy bien como poca cantidad de leche podía ser efectiva. Núnnutit me lo aclaró: no sólo le estaba pasando nutrientes a mi hijo sino también cientos de bacterias beneficiosas y anticuerpos destinados a mejorar y desarrollar su sistema inmune. Cada gota de mi leche era un tesoro para mi hijo, así que aunque fueran 50ml, me esforzaría para dárselos e incrementar es acantidad con el tiempo. Mónica me convenció de que hacerlo a diario ya er amucho y definitivamente sus palabras me animaron a continuar.

En Abraçades me habían dado indicaciones para curar las grietas y que no se infectasen y yo lo hacía todo. Me ponía crema, protectores, pro bióticos… había disminuido mucho las extracciones para curarme y a simple vista parecía que las grietas mejoraban pero cuando intenté incrementar las extracciones, empeoré. Analizamos mi leche y tenía mastitis. Eso explicaba en parte porque hacía tanto tiempo que me encontraba agotada físicamente, a saber desde cuando lo tenía y por eso me sentía débil. Con antibióticos pude deshacerme de ella.

Otra vez me vine arriba, ya podía seguir con mi sacaleches y subir las extracciones…. Pero a la que volví a incrementar el número de extracciones, otra vez las dichosas grietas abiertas y ensangrentadas.

Ahora ya no podía ser cosa de la infección, si empeoraban era porque efectivamente el sacaleches me hacía daño.

Habíamos revisado la medida de la copa con el grupo una y otra vez y era la correcta. Hablé con gente del ámbito sanitario y les pregunté qué pasaba si seguía haciendo lactancia diferida con las grietas y no me lo aconsejaron.

 

Déjalo ya de una vez me decían, acabarás mal, no puedes estar con heridas durante tanto tiempo…   Este ha sido el único momento en el que honestamente pensé en abandonar. Hablé con mi marido y le dije que seguramente había llegado el momento de dejarlo. Habíamos logrado 6 meses de lactancia y si mi salud corría riesgo seguramente tendríamos que tirar la toalla.

 
Me sorprendió su reacción y gracias a sus palabras tuve la fuerza para buscar una salida. Empezamos a pensar en soluciones:

¿y si lubricamos la copa para que no te dañe?

¿Y si probamos con otras marcas de sacaleches?

¿Y si hacemos algún invento?

él buscó por su parte y yo por la mía.

Sentí la necesidad de escribir a la marca del sacaleches para explicarles mi caso empezaba a mirar vídeos de como hacer extracciones con tus propias manos y así no lesionarme. Al día siguiente me llamó la especialista en temas de lactancia de la empresa de los sacaleches y quedó alucinada con mi historia. Me comentó que me ayudarían en todo lo que pudieran y que una comercial me dejaría material como cremas para curar las grietas y una copa que ya no estaba en el mercado pero que iba muy bien para las personas con la piel sensible.

 Me alegré de recibir esta respuesta , sinceramente no me la esperaba… pero más arriba me vine cuando probé la técnica de la extracción manual y vi que efectivamente funcionaba. Parecía aún más eficaz y rápida que la mecánica. Me llené de esperanza de nuevo al ver una posible salida a nuestra situación. Mi objetivo ahora sería extraer manualmente hasta curar por completo las grietas y después continuar con la copa nueva que al parecer no me lesiona.

 Y ¿en qué momento estamos ahora mismo? He oído hablar de la extracción poderosa como una manera de obtener una rápida producción de leche materna. Se trata de realizar extracciones cada hora en unos pocos días y con el tiempo puedes espaciar obteniendo gran cantidad de leche. Lo haremos en unos días, cuando me sienta preparada y no haya rastro de las heridas.

Sé que lo conseguiremos y Alex podrá seguir tomando mi leche.

Una buena madre no se mide por la manera en la que alimenta a su hijo ni en si hace lactancia materna o artificial.

 mother with baby

Una buena madre es mucho más que eso y no me gustaría que mi relato molestara a las personas que optan libremente por una lactancia artificial. Las entiendo porque muchas veces me he sentido juzgada cuando he tenido que alimentar a mi hijo públicamente con biberón… Pero también me he sentido juzgada en mi empeño por lactar con mi leche, en mi insistencia a pesar de las adversidades y la mayoría han visto en mis intentos una especie de locura. No soy una fanática ni soy una talibana de la teta como suelen decir por ahí. Simplemente soy una madre que quiere a su hijo y que se ha informado de los beneficios que le aporta la lactancia materna. Para mi no ha sido un sacrificio, ha sido una inversión en su futuro…

Así que nuestra lactancia terminará el día que los tres, mi pequeña gran familia, decidamos que ya ha sido suficiente.

Muchas gracias Nessa por compartir con nosotras, vuestra historia.
¿queréis compartir vuestras historias maternantes?
Estaremos encantadas de leeros, podéis contactar con nosotras en nunnutit@gmail.com
Mònica Pons
PD: podéis encontrar información detallada sobre extracción manual de leche materna aquí:

Historia de una lactancia mixta diferida. Primera parte

Hace unos meses, estuve hablando varias veces con Nessa, es una bailarina de danza oriental con quien hace años compartí bailes, risas, ensayos y talleres de técnica. Había sido madre hacía poco, y me ofrecí a acompañarla, aunque en la distancia, en lo que necesitara.
Conociendo su viaje, creo sinceramente que Nessa es una mujer valiente y perseverante, que delante de la adversidad supo encontrar su camino, y lo siguió con la fe ciega de los que escuchan a su corazón.
El otro día, demostrando también su generosidad, me comentó que quería explicarnos sus experiencias con la lactancia. Su objetivo es que otras madres que puedan hallarse o se encuentren ya en una situación similar, no se den por vencidas, no se conformen con la primera respuesta y busquen la solución real a lo que sea que no les permite vivir la maternidad con plenitud.
Y que sepan que no están solas.
Y que sepan que seguro, otras madres han pasado por lo mismo que ellas en algún momento.
Por nuestra parte, nos sentimos muy orgullosas de que haya confiado en nosotras para dar a conocer su historia, su lucha personal por conseguir aquello en lo que creía.
Aquí os dejo la primera parte de su vivencia:
“Antes de tener a mi hijo siempre había dicho que haría lactancia artificial, estaba totalmente convencida. No por estética o por pudor sino porque imaginaba que debía ser molesto, y pensaba que yo no lo aguantaría.
Sin embargo, en el momento en el que supe que estaba embarazada, cambié de pensamiento, decidí que sí iba a dar el pecho.

Si de algo me he dado cuenta durante todo este tiempo es de que no te conviertes en madre cuando das a luz, sino que lo eres en el preciso instante en el que sientes que llevas vida dentro

Alex nació una tarde calurosa de julio y por motivos de salud tuvo que estar en observación. Me hacía tanta ilusión hacer piel con piel y darle el pecho en el quirófano, había soñado tantas veces con la imagen de los tres nada más nacer… que el mundo se me vino abajo cuando después de sacarlo con mis propias manos se lo llevaron. Recuerdo que en la habitación, mientras esperaba impaciente hice el comentario que igual tendría problemas con la lactancia porque había leído sobre el reflejo de succión en las primeras horas de vida pero jamás pensé que esa frase sería un adelanto de todo lo que nos iba a suceder. 

Mi hijo presentó hipoglucemias así que empezaron a darle biberones cada tres horas. Pedí que se los dieran con jeringuilla pero la enfermera me comentó que el niño se agarraba bien al pecho y que no tenía de qué preocuparme.
El primer error que cometí fue ese, creer ciegamente en lo que me decía, ya que sí que interfiere la manera en la que se le da la leche (después me informé de lo que se conoce como confusión tetina-pezón).
Alex tomaba mucha leche porque no se controlaban las hipoglucemias, entre tomas no quería tomar pecho y se pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo. Comenté que notaba que succionaba flojo pero me respondieron que seguramente era porque estaba demasiado saciado por los biberones. Los días que estuvimos allí me estimulaba entre las visitas con un sacaleches manual porque temía no producir suficiente leche.
Estuvimos más días de lo normal ingresados por el tema de las hipoglucemias. Al volver a casa otro error que cometí fue el de no pedir ayuda. Reconozco que esos primeros días tenía que haber sido tajante y quedarnos los tres solos en casa para centrarme en lo que de verdad importaba. A las personas con las que tenía confianza les comentaba que tenía problemas con dar el pecho pero a la mayoría no tuve valor de negarles la entrada.

Necesitaba hacer piel con piel con mi hijo las horas que hubiera querido, lo primero tenía que haber sido establecer mi lactancia por encima de todo pero no podía porque tenía que atender a las visitas e intentaba con todas mis fuerzas ser la misma de antes. No sé como no pude verlo, es imposible cuidar de un recién nacido que te demanda a todas horas, atender a la gente, ir a la compra, limpiar, cocinar, no dormir y sobrellevar un problema de hipertensión post parto que me llevó varias veces a urgencias.


Intentamos primero quitarle los suplementos de leche artificial pero era horrible, lloraba de hambre y yo me tenía que enfrentar a comentarios como que quizás mi leche no era suficiente o que podía tener mala calidad.
Nuestro día a día era: se cogía al pecho, lloraba, golpeaba el pecho, lloraba, se dormía 10 minutos, volvía a llorar y al final le daba leche artificial con jeringa o biberón para no verlo sufrir más.
Yo no paraba de repetir que no succionaba bien a los diferentes profesionales a los que acudimos, como madre notaba que algo no iba bien pero todos lo atribuían al tema de los biberones y que se había mal acostumbrado. Llamé a muchas puertas, quizás demasiadas, la mayoría no supieron o pudieron ayudarme. Otras, en cambio, como Mónica de Núnnutit, me acompañaron con sus consejos y apoyo en una etapa en la que te sientes sola y vulnerable. He conocido a grandes mujeres durante este viaje…

Acudimos a pedir ayuda a especialistas (pediatras, enfermeras) que me decían que no pasaba nada por darle biberón o que eso era típico de la lactancia mixta, que el bebé acababa rechazando el pecho. Era como si tuviera que resignarme porque “esto es lo que suele pasar cuando les dan suplementos en el hospital” pero no me daba la gana, yo no quería resignarme!!!
bebe plorant bn
Probamos con un relactador: se trata de un artilugio para estimular al bebé a que se coja con más ganas y poco a poco poder quitar los suplementos. Me colgaba un dispositivo que tenía leche almacenada y a través de una cánula sujetada al pecho mi hijo succionaba mi leche y la del relactador de manera que recibía más cantidad de alimento.
Y entre las tomas utilizaba el sacaleches para estimular más producción de leche. Recuerdo que mientras me sacaba leche me desahogaba con Núnnutit y les enviaba mensajes porque necesitaba sentir que alguien en cualquier momento se preocupaba por mi. Les planteaba dudas e inquietudes però lo que más me reconfortaba era saber que estaban al otro lado escuchándome y dándome fuerzas, siempre disponibles. Una frase que me regalaron esos primeros días y que se convirtió en mi particular grito de guerra hasta día de hoy fue “Ánimo Madre poderosa”. Cada vez que mis fuerzas han flaqueado o que me he venido abajo la he repetido hasta la saciedad como mi mantra.

Ganamos que ya no rechazaba el pecho ni lo golpeaba en un primer momento pero se había acostumbrado a recibir leche rápidamente y enseguida lloraba porque ni con el relactador era suficiente (poníamos el tubo más largo pero tampoco funcionaba)

Era desesperante, una locura, días enteros en casa, entre tomas sacándome leche, verle llorar a todas horas y yo con él. Como pedía comer a cada instante y sin ninguna regularidad yo no podía salir fuera de casa porque necesitaba el dispositivo constantemente.

Sentía que me estaba ahogando y que no podía crear el vínculo que deseaba.

Es muy duro estar agotada y ver que tu hijo te golpea cada vez que le ofreces el pecho, no paraba de decir frases como ” el niño no me quiere” ” me huele y llora, me está rechazando”.

El día en que ya no pude más fue una mañana que fuimos al grupo de lactancia del CAP. Habían juntado a muchas madres de otro CAP que estaba cerrado por vacaciones y nada más entrar a mi niño le dio hambre, empezó a gritar y llorar como si lo destriparan y yo intentaba darle el pecho pero me golpeaba y rechazaba una y otra vez delante de todas. Las otras madres me miraban con cara de “pobrecita” mientras ellas daban el pecho tranquilamente a sus hijos, me sentí fatal, diferente, superada y desesperada así que me fui sin más, enfadada con el mundo.
Volvimos a buscar más opciones comentando con gente, asesoras, amigas… y encontré el artículo de una chica que hablaba sobre lactancia diferida. Explicaba como se sacaba leche con el sacaleches y entre tomas le ofrecía el pecho a su hijo para establecer la succión no nutritiva y estrechar el vínculo emocional. Después de sentirme sin fuerzas, de golpe me vine arriba:
¿y si probaba lo mismo? ¿Y si me olvidaba del relactador y lo intentaba así? y esa fue mi salvación.
bibero bn

Por fin empezamos a salir a la calle y hacer vida más allá de las paredes de casa, por fin mi hijo podía disfrutar de una madre alegre y disponible emocionalmente, se acabaron los lloros, los gritos, la desesperación. Me sacaba leche, cada dos o tres horas, él se la bebía con su biberón y entre tomas utilizábamos el pecho para que se calmara, para dormir o para disfrutar de un momento único. Fueron semanas en las que volvimos a la normalidad, me sentía feliz, el sacaleches formaba parte de nuestra vida. Lo llevaba puesto con un sujetador y mientras tanto podía atender a mi hijo o hacer lo que fuera.

Decía de broma que el sacaleches era nuestro amigo y es que yo lo veía como el instrumento que me permitía lactar a mi hijo. Pese a haber tomado esa decisión, reconocozco que se me escaparon en varias ocasiones las lágrimas por la calle cuando veía a madres dando el pecho, las observaba con esa paz acariciando a sus bebés.. ¿por qué no puedo ser una de ellas?”

 

 

La próxima semana publicaremos la segunda parte.

¿qué os ha parecido hasta ahora?

¿quéreis compartir vuestra experiencia?

Si creéis que éste relato puede ayudar otras madres, por favor compartid.

Muchas gracias

 

Mònica Pons

Estrategias de supervivencia: llegamos con el bebé a casa

Falta poco para que nazca tu bebé, tal vez un par o tres de meses, tal vez menos.

Empiezas a plantearte seriamente cómo organizar la casa para tener bajo control los aspectos logísticos: donde va a dormir, donde guardar su ropa, los pañales; tener la casa libre de trastos… Quizás te suene lo que te estoy explicando y pienses: todo eso ya lo he hecho. No sé por qué, pero ¡un día sentí unas ganas irreprimibles de ponerme a limpiar y ordenar todo! Algunas personas llaman a esa sensación “el síndrome del nido”.

 

Vamos a resumir en 4 aspectos lo que necesitas:

 

1. La maleta para el hospital:

Tu ginecólogo o tu matrona te darán una lista con las cosas básicas que debéis llevar, aunque lo que realmente necesitas es ropa, pañales, muchas ganas y un poco de calma, siempre va bien tener esa lista porque dependiendo del hospital, variará un poco.

 

2. El orden en tu casa:

Es cierto, cuando lleguéis a casa, es mejor que los proyectos que tuvierais pendientes ya esten hechos: tirar trastos del garaje, ordenar el trastero, montar el armario para las cosas del bebé… Tener la casa bajo control os dará tranquilidad.

 

3. Las comidas:

Puede ser que en los primeros días no tengáis ganas de cocinar, que tu pareja tenga que trabajar, o que se os pasen las horas volando. Organizar un menú para un par de semanas e ir congelando platos ya preparados, tener a mano tres o cuatro teléfonos donde poder llamar para que os traigan comida preparada (o saber que vuestra familia os preparará algunas de las comidas), también os será muy útil.

 

4. Este es solamente para las amantes de la organización:

Haz un horario con las cosas más básicas que quieras hacer por la mañana y por la noche pase lo que pase. Si alguien viene a verte y quiere ayudar (y si no, le puedes pedir tú la ayuda) siempre sabrá cómo hacerlo.

 

 

Y un día… ya está. Lo que últimamente parecía que no iba a llegar nunca sucedió:

tu bebé ha nacido.

 

 

2.logistica llegada a casa

 

 

En las horas de hospital habéis empezado a conoceros, pero el ambiente del hospital no es siempre lo calmado y tranquilo que quisiéramos; ahora por fin llegáis a casa: tu cama, tu sofá, tu espacio… ¡y ni una enfermera cerca para preguntar! ¿cómo era para limpiarle el ombliguito?, ¿está llorando y no sé qué hacer…?, ¿dónde están los pañales?

 

 

Tranquilos.

Todo lo que necesitáis ya lo lleváis encima, y el resto, lo tenéis cerca seguro.

 

 

Mis experiencias como madre me han dado muchas historias de ensayo-error, la mayoría con muchas risas al final del día, y también algunas lavadoras de más, así que voy a haceros una lista de 5 claves de la llegada a casa:

 

1. Subid a la nube por favor:

Esa sensación maravillosa de no-tiempo que se siente cuando tenéis en brazos al bebé, cuando se os duerme al lado, o en la teta, cuando lo observáis plácidamente dormido. Hacedla vuestra emoción habitual durante el día. Esa ensoñación con vuestro bebé facilitará mucho la creación del vínculo madre-bebé, porque tendréis ojos solamente y de verdad, para él/ella; y necesitáis de tiempo y calma para aprender a convivir juntos, para entender qué os está contando con sus expresiones, y a veces, su llanto.

 

2. Todo bien cerquita:

Ya sé que durante el embarazo se planea donde va a estar todo, y donde va a dormir quien… y está muy bien, pero lo bueno de esta vida es que podemos cambiar de opinión cuando queramos. Quizá esa cesta monísima que compraste para poner los pañales y una muda de recambio, no es práctica. Tal vez pusiste todo lo necesario para cambiarlo en su habitación, y ahora preferirías cambiarlo a tu lado en la cama, o en algún otro lugar de la casa: lo mejor es que tengas todo lo que necesites a menudo al alcance de la mano; y si quieres tenerlo por duplicado para evitar escaleras o un largo pasillo, pues adelante…

 

3. Dejar fluir la energía: escúchate.

Habrá quien te diga que no salgas con el bebé de casa porque hace mucho frío o mucho calor o mucho viento… y otros que te dirán que salgas mucho porque le tiene que dar el sol. ¿Cómo estás tu?, ¿te sientes con energía?, pues salid a dar un paseo y si el clima no acompaña, hay varias opciones que pueden hacer el paseo súper confortable a los dos. O por el contrario, ¿estás cansada?, pues túmbate a dormir cuando tu bebé duerma. En esto no hay reglas, claro que necesita salir, y seguro que saldréis a dar muchos paseos, pero si hoy no te apetece, y prefieres quedarte dormida mientras lo observas dormido, está perfecto también.

 

4. Mi pareja me mima:

Una pareja que te mime, te cuide, se tumbe contigo a embelesarse con el sueño de vuestro hijo/a, ponga lavadoras, limpie y cocine, ayuda un montón a estar tranquila, subir a la nube, tener todo cerca y fluir.

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5. El mundo puede esperar:

Ya sé que la familia (abuelas, abuelos, tíos, tías, etc..) tendrán unas ganas locas de ver al nuevo miembro de la familia, cogerlo, despertarlo, cambiarlo, bañarlo…, y quizá querrán venir a todas horas. Y a lo mejor tenéis muchas ganas de que estén en casa porque estáis pletóricas, pero tal vez no sea lo que deseéis ahora mismo. Si lo que queréis es tener un par de días en el hospital sin visitas, si lo que queréis es que os llamen antes de venir, y que cuando vengan sean silenciosos, y si traen algo de comida o les apetece tender la lavadora o barrer un poco .., nunca tendréis mejor momento para plantearlo que en cuánto lo sepáis. Si lo decidís antes del parto, habladlo con ellos. Y si creéis que os gustará tenerlos en casa, y luego os ponéis de los nervios al oir el timbre, contádselo entonces. Lo entenderán.

 

 

Éstas son mis 5 claves… ¿Qué te han parecido? ¿Añadirías alguna clave más? ¡Cuenta, cuenta..!

 

Por cierto, si te ha gustado el post, por favor, compártelo 🙂

 

Mònica Pons