La 3 cosas que aprendí de Kirikú

La casa desordenada. Ropa por lavar, ropa por guardar. Hace tres días que no barres la casa. Platos sucios en el fregadero. La mesa de trabajo llena de tareas pendientes. Mails por responder. Y no sabes qué preparar para comer. No te has duchado esta mañana. Solamente tienes ganas de tumbarte al lado de tu bebé y adormecerte oyendo su respiración. Olerlo, mirarlo, abrazarlo, y descansar… es lo que deseas. Pero tienes tantas cosas por hacer…

Esta sensación de estar abrumada, la he vivido muchas veces. De vez en cuando, con dos criaturas de edades diferentes en casa, todavía la tengo. Pero la vivo diferente. Con el paso del tiempo y las cosas (algunas muy buenas, otras no tanto) que nos han sucedido, he aprendido a fluir, a saber delegar y priorizar desde el corazón, y no desde la mente.

Con esa percepción distinta y nueva, os cuento lo que yo aprendí al ser mamá:

  1. El tiempo no se detiene.

Recuerdo una serie de televisión, cuando yo tenía unos 15 años, donde una chica mitad humana mitad extraterrestre tenía el poder de parar el tiempo ( De otro mundo). Siempre he soñado con tener ese don. Pero llegué a la conclusión de que no es posible. El tiempo pasa, pasa muy rápido. Un día tu bebé está dormido la mayor parte del día, y sin darte cuenta se sienta solo y duerme un ratito por la mañana y otro por la tarde. Y al cabo de poco ha pasado un año y ya anda… Los primeros meses de vida de tu hij@ son alucinantes y maravillosos. Es increíble como adquieren habilidades y crecen día a día. Casi sin darte cuenta. No dejes escapar esos días preciosos por las tareas por hacer. Organízate para tener tiempo de estar con él. Tiempo suficiente para poder recordar sus primeras veces. Ese recuerdo será un tesoro para ti.

  1. Los objetos que te rodean sólo son cosas.

En serio, ya se que te encanta tener la casa limpia que huela a rosas y que todo esté en su sitio exacto. Y nadie mejor que tú para hacerlo si quieres hacerlo a tu gusto (como dice el dicho popular, “si quieres algo bien hecho, hazlo tu mismo”). Pero desengáñate: la mayoría de esas cosas que pueblan tu hogar, no las vas a recordar en unos años y ni siquiera te van a reconfortar. No te abrazan ni te hacen reír. No les prestes más atención de la que requieren: cuando llegue alguien a casa (pareja, madre, padre, amiga/o, etc..) y te diga “ya me quedo yo con el niño, ve a hacer lo que necesites”, si lo que pretendes es ponerte a lavar, fregar los platos, cambiar sábanas, barrer… atrévete a delegar. Todos los adultos podemos hacer las tareas del hogar. Seguro que alguna hay que quieres hacer tú, pero deja tareas para los demás. Si vienen a ayudarte, estarán encantados/as de colaborar de verdad.

  1. Déjate quererte.

A ti. Sí. A ti que además de madre, pareja, trabajadora/emprendedora, amante etc… sigues siendo tú. Guardar en tu día a día un ratito sólo para conectar contigo, para hacer algo que te apetezca hacer por ti y para ti, no va a ser enriquecedor, va a ser una salvación en determinados momentos. Sigue queriéndote y mimándote porque eres importante. Al menos para una persona en el mundo eres insustituible.

Hay un personaje de animación que nos encanta a toda la familia: se llama Kirikú. Es un niño africano muy especial (podría decirse que con mucha claridad mental.). Te dejo un fragmento de una de sus películas en la que una bruja ha envenenado a todas las mujeres del pueblo. Es un sencillo pero claro resumen de mi aprendizaje como madre:

 

Tu fisiología, tu instinto, tus hormonas, tu corazón saben que eres insustituible. La seguridad, confort y amor que tú, como madre, puedes darle a tus hij@s estando presente a su lado, no se la puede dar nadie más. Es una certeza que da un poco de miedo porque es una responsabilidad enorme. A la vez, es maravilloso comprender esa conexión especial y única que se tiene con los hij@s y dejar que ese vínculo ocupe el espacio que necesitas.

Maternidad y Conciliación

Si quieres saber cómo organizarte y planificar tu maternidad de una forma segura y empoderada, mira el programa que hemos creado.

En él descubrirás cómo atender a tu bebé cubriendo sus necesidades reales al mismo tiempo que optimizas el tiempo que necesitas para ti y tu negocio.

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Guía práctica para organizarte durante tu posparto

Talleres Adiós a los pañales

Este mes de junio hemos facilitado el taller Adiós a los pañales a más de 30 famílias en total, así que estoy muy satisfecha por el trabajo realizado, y por haber ayudado a tantas mamás y a tantos papás a encontrar recursos y herramientas para llevar esta etapa del desarrollo de sus hij@s como una aventura y no como  un “engorro” o un “suplicio”. Y además estuve acogida por un grupo  de mamás (Cu-cut) en Sant Sadurní d’Anoia, y por el espacio polivalente de La Panxamama, en Vilafranca del Penedès.

Lo mejor de estos talleres es que todas las famílias están en el mismo punto, y todas tienen ganas de escuchar y comprender mejor como evoluciona el control de esfínteres, qué capacidades fisiológicas, neurológicas y emocionales debe madurar nuestro bebé para estar preparado y empezar a olvidarse del pañal, y qué recursos tenemos al alcance para acompañar a nuestro hij@ y agilizar el proceso, partiendo de una actitud respetuosa y amorosa por parte de nosotros, los adultos.

También muy contenta con el ambiente acogedor y cómplice que se generó en las tres charlas, puesto que todas las famílias pudieron comentar su situación, sus miedos, temores y dudas. Al terminar el taller recogí respuestas en la evaluación del taller que pido a tod@s los participantes.

Estos son algunos de los testimonios ante la pregunta “¿qué te llevas del taller, para aplicar en casa?“:

 

N.Callau: “La tranquilidad de saber que es un proceso lento que hay que emprender con paciencia para que la niña lo viva con naturalidad”

Jose M.: “Ideas. Sobre todo la de hacerlo partícipe; paciencia y no tener miedo a dar un paso atrás”

Raquel F.: “Mucha información y herramientas para afrontar la etapa con tranquilidad y empatía hacia mi hija”

Linda: “Compartir mis sentimientos, implicarlo más en el proceso”

Jordi: “Unas cuantas pautas a seguir que pueden ser muy útiles”

Meritxell: “más tranquilidad y seguridad”

 

Y aquí algunas fotos de un par de los talleres, que a veces se me olvida esto de inmortalizar el momento…

 

Ha sido una agradable experiencia el poder ayudar a tantas famílias en este momento de la crianza. Hasta igual ¡repetimos en breve…!

 

Mònica Pons
mujer, madre, bióloga y doula

 

Superar la barrera del trabajo para practicar el BLW

¿Te has preguntado cómo te vas a organizar con la alimentación de tu hij@ cuando empieces a trabajar?
Si tu bebé no ha llegado a los 6 meses, la leche seguirá siendo su alimento principal. Pero pasado ese periodo de tiempo empiezan a haber cambios en las pautas de alimentación y queremos y necesitamos tener la certeza que nuestros hijos siguen una alimentación “correcta”. Eso nos lleva a reflexionar sobre los alimentos que deben comer y en qué cantidad, así como su frecuencia. De hecho, esto es una de las cosas que nos indican los profesionales sanitarios, aunque, como ya hemos comentado en otros posts, a veces suele ser una angustia en vez de una orientación.
Pero no sólo eso.

 

Al plantearnos cómo enfocar la alimentación de nuestros bebés, muchas de nosotras también intentamos ser respetuosas en el proceso de aprender a comer y dejamos que nuestros bebés sigan su propio ritmo y atiendan a sus propias necesidades. Sabemos que es beneficioso permitir que nuestros hijos se mantengan conectados a su capacidad de detectar cuándo su cuerpo les reclama comida y cuándo no.

 

Y también podemos entender que terminarse la comida o comerse aquello que no soportamos para que mamá/papá (o el adulto de turno) esté contento, no se enfade, no castigue… también tiene su parte negativa a largo plazo.
Sin embargo, es cierto que, algunas veces, nuestra incorporación al trabajo puede suponer un impedimento para conseguir estos objetivos. Y digo puede, porque creo que es posible respetar los ritmos de nuestros hijos en la alimentación, aunque nosotras no estemos siempre presentes.

En el proceso de aprender a comer se ponen en marcha una serie de recursos y aprendizajes que nuestros bebés aplicaran en muchos ámbitos a lo largo de su vida, no sólo en el de la comida. Es un proceso que incluye aspectos no relacionados estrictamente con la nutrición.
Es el bebé quien debe aprender, a su ritmo, experimentando, decidiendo, no desconectando de su cuerpo y de sus necesidades biológicas, ni tampoco de su curiosidad, los alimentos que se le irán ofreciendo. Descubrirá texturas, olores, colores, sabores… agradables o no. E irá haciéndose una idea de lo que es la comida, del efecto de saciedad, de placer, de disgusto… que provocará en sus sentidos.
Cuando enfocamos la alimentación desde ese punto de vista, lo que buscamos, más allá de una correcta nutrición, es no vincular la alimentación a chantajes emocionales que pueden hacer que nuestros bebés coman para satisfacer la necesidad del adulto (asegurar una correcta alimentación de su hijo), y no su apetito propiamente dicho.
Y esto es tan sólo un ejemplo, porque los beneficios del BLW son muchos más.

BLW comer juntos

 

 

“Es posible respetar los ritmos de nuestros hijos en la

alimentación, aunque nosotras no estemos siempre presentes”

 

 

 

Cuando tenemos claro lo que queremos, educar desde el respeto puede ser más fácil cuando se está presente, puesto que somos nosotras las que sabemos cómo deseamos hacer las cosas y somos nosotras las que lo aplicamos.
Pero en nuestro país, el permiso de maternidad dura 16 semanas, eso si eres un asalariado. Si eres autónoma o emprendes un negocio…. puede que el tiempo a disfrutar en casa sea menor. Un bebé con 16 semanas (pongo este número, pero es aplicable a bebés mayores), no necesita ser cuidado por otras personas que no sean su madre (o figura maternante). Debemos tener claro que esa necesidad es del adulto que, por la razón que sea y sin entrar en juicios que no llevan a ninguna parte, necesita que alguien ocupe el lugar de cuidador/a durante unas horas para atender a su hijo y poder ir a trabajar.
Eso hace que, en un principio, respetar los ritmos para aprender a comer no sean compatibles con incorporarnos al trabajo, ya que cuando nos vamos a trabajar, queremos y necesitamos tener la certeza que está todo “bajo control”. La comida de nuestro hijo entra dentro de esa necesidad lícita de saber qué, cómo, cuándo y qué cantidad de alimentos está ingiriendo nuestro bebé cuando no estamos presentes.
Así pues, como los triturados son un método de alimentación conocido por la mayoría, no hay que dar muchas explicaciones ni cambiar nada de nuestro entorno. Nos resultará relativamente fácil explicar a las personas que van a cuidar a nuestro bebé mientras estemos trabajando qué debe comer el bebé. Y si es en un centro, lo estipulado en bebés pequeños también serán los triturados, así que no habremos de plantearnos nada más.
Podemos pensar, entonces, que aplicar el BLW no siempre resulta fácil si nos tenemos que incorporar a trabajar. Lo cómodo, entonces, es dar triturados a nuestros bebés. Es la manera normalizada de alimentarlos y, aparentemente, la más fácil de aplicar cuando tienen que ejercer ese papel personas que no conocen otra manera de hacerlo.

 

 

BLW cocinando

Pero entonces, ¿dónde queda esa conexión que ya tenía desde su nacimiento con sus necesidades biológicas de saber cuándo, cuánto y qué comer?

¿Damos pasos hacia atrás si establecemos unas cantidades de comida adecuadas y unos alimentos determinados y triturados?

Además, ¿le estamos quitando la oportunidad a nuestro bebé de descubrir la alimentación por sí sólo, con todos los beneficios que eso conlleva?

 

Seguramente ahora te estarás haciendo una pregunta..

¿y qué hago si quiero practicar el BLW y tengo que irme a trabajar?

 

Lo primero que te diría es: tranquila, sea cual sea la decisión que tomes, estoy segura que será la que creas que se adapte vuestra situación concreta. Por eso creo que hay varias respuestas a todas estas preguntas, pues cada caso y situación es diferente. Pero voy a darte algunas ideas.
Puedes hablar con la persona que tenga que hacerse cargo de tu bebé y explicarle tus necesidades. Es posible que vea las cosas del mismo modo que tú. A veces es cuestión de transmitir, no sólo la confianza en nuestro bebé y en sus capacidades en cuestiones de alimentación, sino también en las de la persona que lo va a cuidar.
Puedes optar por que la persona que se haga cargo de tu bebé le dé alguna toma de tu leche (tendrás que tener en cuenta cómo te organizas las extracciones) y así puedes encargarte de dar la AC siguiendo BLW. Dependiendo de la edad de tu bebé, deberás tener en cuenta que la alimentación principal hasta los 12 meses es la leche, por eso se le llama alimentación complementaria.
Y, finalmente, también puedes pactar que, pese a no practicar BLW, se respete la necesidad del bebé a decidir la cantidad que quiere comer, permitiéndole una actitud más activa en su propia alimentación. Así pues, añadir galletas a la papilla de fruta para que esté más dulce, hacer el avión o ver la tele para distraerle y abra sin ser consciente la boca… entre otras cosas, deberían ser temas a tratar con la persona que va a cuidar a nuestro pequeño.

 

Si conoces todos los beneficios del BLW, sabrás lo importante que es para tu bebé ser respetado en todo este proceso. Infórmate, consulta y habla con las personas de tu entorno para organizarte de la mejor manera que a ti y a tu bebé os convenga. Piensa que es una inversión que haces para el futuro de tu bebé.



  




LAS 3 TRAMPAS A EVITAR EN LA INTRODUCCIÓN A LAS PAPILLAS

6 meses. ¡Qué bien! ¡Cuántas ganas teníamos de que pudiera comer papillas ya!

Tantas, que hace días que tenemos en casa algunas esperando poder prepararlas: una sin gluten, una de 5 cereales y otra de arroz y zanahoria. Buscamos referencias sobre algunas marcas y elegimos cuidadosamente la que nos pareció mejor para ti. También tenemos en la despensa: mazanas, plátanos, peras, pollo, arroz, patata y calabacín… hasta hemos buscado recetas para prepararte la combinación más nutritiva.

Más o menos esta es la ilusión de los padres cuando nos indican que nuestro bebé ya puede empezar con la alimentación complementaria. Seguimos al pie de la letra las instrucciones que hemos recibido: un alimento cada cuatro días, cuando pruebe algo nuevo mejor por la mañana o al mediodía, cómo mezclar la papilla de cereales sin gluten con la que tiene gluten para ir introduciéndolo poco a poco… Refleja unas expectativas y un “timing” que los padres nos hemos creado en nuestro imaginario, es lógico. Lo vemos constantemente en los conocidos, en la tele, en las revistas habituales sobre bebés…

Luego entra en juego un personaje: nuestro bebé.

De hecho, es el protagonista de la historia: él va a empezar a comer alimentos distintos de la leche. Nosotr@s vamos a poner todo nuestro esfuerzo y ganas en que la adaptación sea rápida y fácil: organizamos un menú semanal, planificamos las compras de alimentos frescos casi a diario (habéis buscado una frutería en el trayecto del trabajo a casa donde poder parar a comprar cada día), y compramos baberos y platos y cubiertos (ya nos habían regalado todo eso, pero has visto unos monísimos y total, vas a necesitar uns cuantos para que no se quede sin platos y sin babero…)

Y por fin, preparamos la primera papilla: compota de manzana. Todo listo en la mesa, y tu bebé sentado en su trona. Tu rostro es una mezcla de ilusión, sorpresa, y alegría mientras te acercas a tu hij@ pensando que deberías tener a mano la cámara de fotos (o sea el móbil) para hacer una foto de tu bebé comiendo para enviársela a tu pareja y a los abuelos. Y ahí empieza el embrollo: tu hij@ escupe la compota de manzana que con tanto cariño has preparado, y la escena que te habías imaginado, desaparece mientras la mesa, la silla y la pared de enfrente reciben un poco de compota por si quieren probarla (nota mental: quizás debería poner algo delante por si vuelve a hacerlo, que pintamos hace poquito…).

Pasan los días, escuchas consejos y comentarios de un montón de gente dispuesta a ayudarte en esta empresa, ya puedes mezclar algunos ingredientes, ya puedes darle papilla con gluten (o eso te parece, ha escupido varios días la sin gluten, y la mezcla gluten y sin que has ido preparando..) y crees que de un momento a otro, tu bebé va a empezar a comer (por favor), ya has cogido un ritmo de lavadoras que te permite tener baberos y ropa limpia (de tu hij@ y tuya) y has descubierto un método para limpiar la pared. El suelo… bueno, ya tienes un recambio de la fregona preparado también. Tu cara ya no refleja ilusión, sorpresa y alegría, sólo una sonrisa preparada para intentar que el bebé no tire el plato antes de que puedas coger la cuchara, y algo de nervios.

Pero no hay manera: tu bebé no quiere papillas. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué no come?

Vamos a analizar brevemente las 3 trampas que encierra la introducción a la alimentación complementaria:

  1. La textura errónea: seguro que muchas personas te han dicho que no debes estar triturando bien, tal vez sea demasiado grumoso, o demasiado líquido, o demasiado espeso. El tema es que no estás haciendo bien la papilla.

Tu bebé está acostumbrado a la leche, que es líquida. Quizás todavía tiene reflejo de extrusión o quizás se trate solamente de que a tu bebé no le llaman la atención esas papillas porque además de que le están saliendo los dientes, está en una etapa en la que quiere llevarse todo a la boca, apretar, morder… y con la papilla no puede hacerlo.

 

2. Demasiada mezcla: ¿cuántas veces en la edad adulta comemos mezclas de 6, 7, hasta 9 cereales distintos?, ¿cuántas veces no probamos un plato nuevo porque no identificamos los alimentos individuales que se han usado para hacerlo? No nos hacemos éstas preguntas porque estamos habituados al sistema.

Tu bebé está interesado, quiere conocer los alimentos que te ve comer a ti. Si mezclamos varios de ellos, no va a saber a qué sabe la patata, el pollo, la zanahoria o el arroz, va a conocer el sabor de la mezcla. Y no podrá identificar cada alimento con su textura, su color y su sabor hasta que se lo dejes probar por separado. Pero ahora, ya está preparado para descubrir los alimentos, si lo hacemos del modo adecuado (medida, cocción,..) será más sano y divertido para él, conocer de verdad la comida, sin tener que redescubrirla con 2 o 3 años.

 

3.¡Lo hace a drede!: ésta es la peor de las trampas, y a tod@se nos ha pasado por la cabeza alguna vez. Y si no se nos ha pasado por la mente, alguien nos ha propuesto la explicación al problema que nos preocupa: es el bebé, que se ha empeñado en hacernos enfadar.

Los bebés, no actúan con intenciones veladas. Esa es una forma de relacionarse con el mundo que aprendemos a medida que crecemos, de nuestro entorno. Los bebés se comunican contigo de la forma que pueden hacerlo: al principio, solamente pueden llorar cuando algo les incomoda, les duele, les molesta. Luego pueden empezar a interaccionar con sonrisas y ruiditos contigo. Cuando aprenden a  moverse, añaden el movimiento: se acercan a ti, te tienden los brazos, o los ponen delante de ellos, si no quieren algo. Y todo ese lenguaje que desarrollan, es muy importante, para ellos y para ti, porque es la manera como se comunican contigo. Si le escuchas con la mente abierta, enseguida sabrás qué puedes hacer para ayudarlo, para acompañarlo en su descubrimiento del mundo.

 



  

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LA CURIOSIDAD, LA PINZA Y LA PRISA

collage blw

Tengo un reloj de cuerda que decora una de las estanterías de mi comedor, junto a unos  libros. Nunca le doy cuerda, pero este fin de semana mi hija me preguntó cómo funcionaba. Y le di cuerda. Ahora, me apetecería dejar de oír su incansable tic-tac y aunque lo tiraría por la ventana, me resigno a guardarlo en un cajón. Siempre me ha puesto nerviosa  ese marcar constante y sonoro del paso del tiempo. Me hace tener prisa, correr, como si no fuera a llegar a donde quiero si no voy rápido.

La prisa, en ésta sociedad en la que vivimos, nos hace perdernos detalles muy a menudo. Detalles pequeñitos, pero preciosos, brillantes, tesoros de lo cotidiano que dejamos pasar sin darnos cuenta. Y esa tendencia me preocupa especialmente cuando observo a mis hijas, o más bien, cuando me doy cuenta que en uno o dos días, casi no las he observado. El placer de observar el comportamiento de otro ser lo descubrí en mi época de estudiante: entender mediante la mirada y la escucha lo que sucedía con una manada de lobos, con una família de gorilas, o con dos aves del paraíso apareándose, me fascinaba.

¿Os imagináis a una loba animando a sus crías a cazar antes de estas puedan coordinar bien sus patas con su vista para poder correr y perseguir una presa?

Y del mismo modo, ¿os imagináis a una  chimpancé dándole una fruta a su cría antes de que pueda cogerla con sus manos?

Yo no. A veces da la sensación de que tienen una calma innata, un saber esperar al momento oportuno para cada nuevo reto. Se trata del instinto. Nunca había extrapolado esta visión tranquila y lógica de la evolución y maduración de las crías de otras especies en los humanos. Hasta que fui madre.

Y después del shock inicial de la lista de alimentos, como mezclarlos, cocinarlos y triturarlos y en qué cantidades, y la perplejidad de ver que mi hija no tenía ninguna intención de comer aquellas mezclas (y mucho menos papillas de cereales)… empecé a observarla con más calma. Y luego caí en la cuenta de que ella, era una cría de mamífero, y yo, la estaba haciendo correr.

 

probando pure

Porque cada bebé tiene su propio ritmo de desarrollo, y lo mejor que podemos hacer es seguir la velocidad que lleve el bebé. Llegará a aprender lo mismo, pero lo habrá vivenciado de un modo muy distinto.

 

 

 

 

motricidad fina

Claro, tenemos muchas ganas de verlos comer sentaditos, de ver como alcanzan nuevas metas y crecen.

Esperar a que suceda lo que, al fin y al cabo va a suceder igual, nos cuesta mucho.

Por eso no emocionamos al salir del pediatra con las hojas de alimentación complementaria, y al cabo de tres o cuatro días te preocupas porque tu bebé quiere teta (o biberón) y no la comida que le estás dando. Y terminas preparando papillas deliciosas (que te comes tu), invirtiendo un tiempo valioso en lavar, pelar, cortar y triturar, y luego en lavar todos los utensilios utilizados… para nada. Porque tu bebé no tiene intención de comer aquello y ha desarrollado una habilidad extraordinaria para  esquivar tus manos o escupir lo que consigues meter en su boquita. ¿Hay un modo más fácil, llevadero, sencillo? ¿Otra forma de organizar su introducción a la alimentación sólida?

 

Os propongo un juego de observación. Os aseguro que cuánto más se juega, más se divierte una 😉

Se trata de responderos éstas preguntas mientras estéis con el bebé:

1.¿tu bebé coge objetos con las manos? hacia los 6 o 7 meses, desarrollan la habilidad de hacer la pinza con el dedo pulgar y el resto de la mano, es todavía algo torpe, pero útil. Un par o tres de meses más tarde, ya hacen la pinza con el pulgar y el índice. Entonces el agarre es mucho más preciso.

2.¿puede permanecer sentado sin ayuda? y si és que sí, ¿se inclina a coger los objetos que le llaman la atención? también hacia los 7 meses, pueden estar sentados y mover el tronco y los brazos hacia los objetos a los que quieren llegar.

3.Si llegan a coger los objetos, seguramente verás que también se los llevan a la boca. Es su forma de investigar y conocer el mundo: tocar, oler, probar… si uno de esos objetos es un trozo de comida, ¿escupe  la comida que se lleva a la boca? y no porque no le guste el sabor, me refiero a ver si aún mantiene el reflejo de extrusión (es una defensa involuntaria del cuerpo para evitar tragar algo que no sea el alimento: la leche), que desaparece hacia los 6 meses de edad.

4.¿siente curiosidad por lo que tu estás comiendo? ¿quiere cogerlo, tocarlo, llevárselo a la boca, jugar con la comida? Si a ésta respondes que sí, perfecto porque somos seres curiosos, y la curiosidad es el motor del aprendizaje.

5.Y la última, la del 10: observando varios días a tu bebé, ¿puedes ver una evolución en su forma de probar la comida? fíjate en si primero la tocaba con labio y lengua, después empezó a meter la comida en la boca. Después, la movía por la boca y pareció que intentaba masticarla ( luego resultó que sí, que la masticaba), y finalmente, empezó a tragar algo de comida. Si has conseguido ver esos cambios, ¡enhorabuena! has visto el desarrollo natural de aprender a comer. El alimento de los primeros meses de vida es líquido y muy fácil de tragar. Luego, mientras van apareciendo los dientes, tu hij@ ha aprendido a masticar nuevos alimentos, más duros, espesos, de distintos sabores, y al final, ha aprendido a tragárselo.

 

Entre los 6 y los 12 meses (más o menos, porque cada bebé tiene su ritmo), todos sienten curiosidad por esas cosas que comen papa y mama, y las personas que le rodean. Si seguimos su curiosidad y le dejamos probar la comida, veremos como juegan con ella.

Aunque se ensucia un radio enorme alrededor de una persona tan pequeña, es maravilloso ver el proceso que siguen para conocer el sabor y la textura de los alimentos, y como disfrutan haciéndolo.

Y a partir de ahí, sólo acompañarlos en el descubrimiento. Durante esos primeros meses, no comen mucha cantidad, si respetamos su decisión, veremos que igual comen mucho un día y casi nada al siguiente. Mis hijas, los días en que no comían casi nada del plato, me pedían más teta, vamos que con hambre no se quedaban. Y cada una fue a su ritmo: la mayor tenía mucha curiosidad por probar, pero no por comer. La pequeña tenía mucha curiosidad y muchas ganas de comer. Cuando para los padres, pasan muchos días “sin comer” casi nada (seguro que toman más leche), nos ponemos alerta, pensamos que igual les pasa algo, en llevarlos al médico, en “ofrecer” más comida, en que no va a crecer según el percentil…

Cada bebé se desarrolla a un ritmo diferente de los demás en todos los aspectos de su evolución: cognitivo, emocional, psicomotriz, fisiológico. No hay que alarmarse  🙂

Está bien. No pasa nada. Nos ponemos nerviosas, claro. Pero entonces recordamos que está conociendo la comida, y de momento, es una alimentación complementaria: su alimento principal sigue siendo la leche (materna o artificial). Y podéis seguir viviendo esta etapa de descubrimientos tranquilamente.

 

 

Mònica Pons

 



  

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Desaprender la comida o como confiar en tu bebé

Al salir de la revisión de los 6 meses de mi hija mayor, sentí una mezcla de incredulidad, diversión y preocupación.

 

Mi bebé regordete, tomaba teta a todas horas, y a demanda, es decir, cuando ella quería. También a menudo, durante las comidas, mi hija terminaba sentada en mi regazo o en el de su padre, observando atentamente qué y como comíamos, incluso a veces, intentando coger y probar algo de lo que tenía en el plato, al alcance de su mano.

En mi bolso llevaba ahora unas hojas con listas de alimentos a introducir: verduras, frutas, cereales, algunas carnes,… y cómo cocinar cada cosa, cuándo, en qué cantidad, cómo mezclarlo y triturarlo, cómo comer papillas… la verdad es que se me hizo un mundo. Al llegar a casa lo volví a leer. No entendía cómo iba a hacerlo para:

1. introducir un sólo alimento al día

2. esperar 4 días entre cada nuevo alimento

3. esperar a después de las comidas “reglamentarias” para dar teta (pero .. ¿no era a demanda?)

4. que mi hija se comiera las cantidades que se supone que debía comer

5. que hubiéramos probado todos los alimentos de la enorme lista para cuando nos viera el pediatra a los 9 meses, que ya me había dicho que me daría entonces otra lista, con nuevos alimentos a introducir…

 

Al día siguiente me puse manos a la obra: con  la peque en el fular, me fuí al mercado y llenamos la nevera de verdura y fruta fresca. También compré una papilla sin gluten y otra con gluten (y pensé que me hubiera ido bien tener una de las básculas de precisión de las que usaba en la facultad para mezclar según la guia que el pediatra me había dado, una papilla con otra para introducir el gluten). A media mañana, mientras Laia gateaba a mi alrededor, hice la primera papilla, con manzana.

¡Hay que nervios y que ilusión! mientras la hacía, me la imaginaba relamiendo la cuchara, disfrutando de la papilla y pidiéndome más con las manitas… como en los anuncios vaya.

La papilla estaba rica… eso decidí cuando me la comí yo, porque Laia la tocó, la tiró, jugó con ella y con el plato.. pero no la probó. La escupía. ¿no te gusta la manzana? ¿está demasiado espesa? ¿demasiado ligera?… que difícil me empezó a parecer comer comida, en vez de teta.

 

La siguiente semana estuve probando con otras frutas, y con un par de verduras, y con la papilla sin gluten… nada. Mi niña no quería papillas. Vamos, no quería ni verlas. De hecho tiene ya 5 años y nunca se ha comido una sola papilla. Así que lo dejé. Dejé de hacer papillas.

Me sentía mal si la obligaba a comer eso que no le gustaba.

 

Me ponía nerviosa y la situación terminaba en llanto o en disgusto. No quería aquello. Mi bebé disfrutaba con casi todo..

Sentía que tenía que haber un modo de que también disfrutara con la comida, sin que yo tuviera que forzar nada.

 

Me la ponía en el fular, o en la mochila a la espalda, cuando cocinaba, para que estuviera cerquita de mí y no se pusiera nerviosa y me pidiera teta. Cocinaba sin sal, sin salsas, todo a la plancha o hervido. Siempre alimentos de los de la lista. Y se sentaba con nosotros a la mesa.

A partir de ahí, solo tuve que dejarla tocar y coger la comida. No comía mucha cantidad, pero se divertía de lo lindo tocando y probando lo que había en el plato. Y dejé de estresarme. Ella seguía creciendo, seguíamos con la lactancia a demanda, y algunos días, me pedía menos teta y comía casi todo lo que le ponía al alcance, a veces durante el desayuno, otras en la comida, la merienda… alguna vez en la cena.

La verdad es que su percentil bajó. Pero el crecimiento de un bebé alimentado con leche materna difiere del de un bebé alimentado con leche artificial. A Laia la pesaban y medían y posicionaban respecto a una gráfica de crecimiento con leche artificial. Saber que había una diferencia en el ritmo de crecimiento ahí, me tranquilizó. Y seguimos así durante varios meses.

Mi bebé empezó a alimentarse adaptándose a los horarios adultos (desayuno, media mañana, comida, merienda, cena) a partir del año. . Cuando tenía un año y medio, se podría decir que comía su primer y segundo plato, y el postre (a veces, doble postre: fruta y teta :)).

 

Me siento muy orgullosa de haber respetado su ritmo. Distinto de lo aceptado. Y de respetar sus gustos: a mucha gente le extrañaba, por ejemplo, que comiera taaaanto tomate cada día, pero a ella le encantaba (y le sigue chiflando), se lo comía como quien come una manzana a mordiscos.

 

disfrutar comiendoY sigo en ese camino de respeto por su capacidad de decidir cuándo tiene hambre, y por su capacidad para saber qué le apetece y qué no. Reconozco que es difícil, los días en que no le apetece casi nada, en los que come poco; o las veces que comemos un plato distinto, nuevo, y no lo quiere probar, o lo prueba y no le gusta.

Sobretodo nos es difícil, porque a mi pareja y a mi nos enseñaron a terminarnos todo, siempre. Y a comer aunque no te gustara lo que comías. Claro que nuestros padres lo hicieron con la mejor de las intenciones, y debido a sus propias vivencias (hijos de la posguerra), lo entiendo perfectamente. Pero de momento, no nos falta la comida.

 

Con mi hija pequeña, ya no compré ninguna papilla. Le ofrecí siempre de lo que había en la mesa para comer. Y también tardó un tiempo en comer cantidades más o menos estables de comida. Pero sabe cuándo tiene apetito y cuando no. Y de postre, a veces de segundo plato, siempre aparece la lactancia, con sus dos añitos. Ah.. y también le encanta el tomate.

Siento que la relación de mis hijas con la comida es mucho más sana que la mía. Yo estoy reaprendiendo a escuchar mis necesidades nutricionales. Ellas no van a tener que reaprenderlo, porque no se les ha olvidado.



  

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Gracias hijo por ser tan insistente

Gracias hijo por ser tan insistente.

No tuviste la mejor llegada al mundo. Te parí, eso dicen, aunque ahora pienso que poca fue mi implicación. Fue un parto muy desvinculado de mi cuerpo, sin que tú y yo fuéramos los protagonistas de la historia y en el que poco tuvimos que decir. Matrona, anestesista y ginecólogo tomaron las riendas.

Fuiste tú el que decidió que era el momento. Me avisaste rompiendo aguas. Yo sólo me limité a ir al hospital, tal y como me habían dicho. Pero ahí se queda.

Tuviste un parto traumático, lo siento. Por aquel entonces mis conocimientos sobre partos eran prácticamente nulos. Y aunque los hubiera tenido, en un momento en el que te sientes tan vulnerable, si el contexto no te cobija, todo se puede desmoronar con facilidad.

 

Pero naciste. Y yo lloré de emoción.baby-696353_960_720

Tardaste horas en reaccionar al pecho. Estabas adormecido. Todos decían lo bueno que eras, y yo me lo creía, porque en esas primeras horas de tu vida no llorabas, porque sólo dormías.

Los efectos de la epidural y la oxitocina que nos subministraron tuvieron sus consecuencias. No lo tuvimos fácil.

Y, aun así, lo lograste. Lograste que me activara, que luchara, que no me venciera. Creaste en mí esa necesidad de protegerte, de tenerte en mis brazos, en mis senos.

Hiciste posible que se despertara en mí una madre totalmente diferente a las que había visto en los anuncios. Una maternidad que, así de golpe, me resultaba prácticamente irreconocible.

Una madre loba, protectora, que iba a cambiar muchos de sus principios para que todos esos cambios tuvieran, por fin, un sentido que finalmente cobraba todo su significado más existencial para mí.

Conseguiste, con tan sólo unas horas de vida, con tan sólo unos días, con tan sólo unas semanas, que todo fuera relativo. Que todo lo que tenía aprendido sobre el concepto de madre no correspondiera a lo que yo sentía.

Conseguiste que me diera cuenta que ya lo tenía todo para darte lo que necesitabas, mi cuerpo. Sólo debía confiar en ello. Igual que tú sabías, lo llevabas escrito en un lugar recóndito de tu cerebro más primitivo, que podías, que debías confiar en quien te había traído al mundo, porqué lo tenía todo, todo lo que tú necesitabas. Porque no requeríamos nada más: tú a mí, yo a ti.

Conseguiste que esa lactancia llegara a buen término, pese a las dificultades, pese que por el medio se interpusieran muchas cosas, entre las cuales había el odioso miedo y la terrible inseguridad y desconfianza en mí misma.

Conseguiste crear en mí la necesidad de cuidarte. Aunque, lo siento cariño, todavía no comprendía mucho lo que estaba ocurriendo y me tomó su tiempo darme cuenta. Tú sí sabías lo que querías. Lo llevabas grabado dmammy-331712_960_720esde mucho antes de nacer. Nacías diáfano de miedos y temores creados por el entorno. Estabas programado para sobrevivir en un lugar concreto y luchaste para conseguirlo.

Porque fuiste tú el que me hiciste madre tal y como lo fui. Sólo cuando tu decidiste, aquel día, nacer.

Porque, pese a que no te dieron tiempo, ni confiaron en nosotros, pese a que nos separaron, pese a que yo no me creía necesaria para cuidarte, tu hiciste posible que tuviera la certeza de que era yo, mi cuerpo, tu lugar. El lugar donde querías estar, donde necesitabas estar para demostrarme a mí, que ahí, lo tenías todo y no necesitabas nada más.

 

Fue esa conexión, esa necesidad imperiosa, la que no me permitía dejar de mirarte, de tocarte y que acabó por hacer que te tuviera siempre encima, notando tu piel sobre la mía. En todo momento.

Fue ese sentimiento poderoso, casi egoísta, de que yo, sólo yo, podía acallar tu angustia. Sólo mis brazos, mi olor, mi voz, mi pecho.

Porque fuiste tú el que despertó esa sensación de poder, de seguridad, que yo misma rechazaba y boicoteaba. No me permitía darme ese placer. Nobaby-878770_960_720 era eso lo que yo tenía aprendido.

Pero lo conseguiste. Insististe, con tu demanda, con tus llantos, con tu desesperación para que te cogiera. Reclamabas lo que era necesario. Lo que era vital para ti. Lo que considerabas tuyo, tu sitio.

Me reclamabas a mí, sólo a mí.

Y fue esa insistencia la que me hizo tu madre como siento que lo soy. No sólo la condición de mujer que te había parido.

Fue esa insistencia la que hizo que te amamantara.

Fue esa insistencia la que me hizo quererte, como nadie podrá quererte jamás.

Gracias

 

Laia Simón

 

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La bioquímica del nido

Somos bioquímica. A mi me encanta pensar en los misterios de la vida, en las cosas que no tienen explicación, y encontrar una. Normalmente, se trata de una explicación más filosófica que científica, pero el 95% de las veces, acabo encontrando una respuesta biológica o física a mis preguntas. Eso le quita romanticismo a mi visión del mundo, pero es así.

Nuestra bioquímica define los comportamientos más básicos, aquellos en los que

descansa nuestra supervivencia como especie.

Me resulta curioso pensar que a pesar de todos los avances de la humanidad, sean las estructuras cerebrales más antiguas que conservamos (el hipotálamo y la hipófisis) y la parte de nuestro sistema nervioso que no controlamos de forma voluntaria, lo que nos guía en la base de nuestra supervivencia: crecer, sobrevivir, reproducirnos.El mundo de las hormonas, siempre ha sido para mi como un universo paralelo, una sutil y gigantesca telaraña donde las respuestas al entorno, a las sustancias que circulan por nuestro cuerpo y a los niveles hormonales existentes son complejas y rápidas, como una canción con varias melodías simultáneas. Menos mal que eso se traduce en comportamientos que podemos diferenciar fácilmente en nuestro universo (:P). La enorme variedad de comportamientos humanos, se pueden resumir (es lo que tiene la ciencia: resume y sintetiza buscando pautas) en tres básicos: la nutrición, la defensa y la reproducción.Cuando nos sentimos en peligro, nuestras pulsaciones, el ritmo cardíaco, la temperatura,…,  cambian para generar una respuesta a aquello que nos parece peligroso, una respuesta que nos ayude a sobrevivir: todo nuestro cuerpo y nuestra mente queda a la disposición de defenderse, atacar o huir y deja de importarnos si teníamos hambre o si queríamos descendencia: han entrado en acción el cortisol, la adrenalina y la noradrenalina.Si nos sentimos seguros, en calma, y sin hambre, nuestro cuerpo puede pensar en reproducirse para perpetuar la especie (estoy hablando en términos biológicos, no voy a entrar en el placer de comer o de tener sexo, aunque eso también sea una respuesta bioquímica que percibimos positiva). Y en muchos casos (somos muchos los humanos en la Tierra) este estado físico culmina en embarazo, y a los 9 meses, en un nacimiento.¿Qué sucede cuando ya ha nacido el bebé? Las crías de otras especies de mamíferos también sobreviven, y sus madres no tienen una idea de lo que socialmente se acepta como “buena madre” en sus círculos de amistades. Y como individuo, ya han cumplido con el objetivo de reproducirse… ¿por qué atienden a sus crías?Todas la crías de mamíferos saben reptar, arquear la espalda, mover las manos, cogerse al pezón y mamar. Y sí, nuestros bebés, también saben hacerlo. Y si no interferimos, veremos cómo ellos solitos se acercan a nuestro pezón para encontrar el alimento que necesitan: ahora es el  bebé el que activa su programa de nutrición, y con él, su mejor estrategia de supervivencia: crear su nido. collage bebes Mientras está en la teta, el bebé está allí donde mejor se va a encontrar, porque es el lugar dónde se siente protegido (su mamá lo acoge con los brazos, siente su respiración, el latir de su corazón y el calor del contacto) y puede estar calmado, y dedicarse a comer y crecer: sus niveles de cortisol y adrenalina son bajos así que su temperatura, su ritmo cardíaco, sus pulsaciones, se mantienen estables y constantes… todo es perfecto, porque además éste comportamiento, ayuda a crear un fuerte vínculo entre la madre  y el bebé. Éste vínculo, el sentimiento de afecto que sentimos por nuestros bebés, también resulta de una reacción bioquímica: nos causa placer estar cerca de nuestro bebé, alimentarlo, acunarlo. La oxitocina nos ayuda aquí, como en otros muchos procesos placenteros. Si si, siempre son procesos placenteros. Podríamos decir, citando a Nils Bergman, que

“el hábitat natural del bebé son los brazos y pechos de su madre”

¿Y que pasa con la nutrición? cuando nuestros niveles de insulina caen, porque ha bajado la cantidad de glucosa que circula por nuestro organismo, se produce la sensación de hambre: antes de la existencia de los supermercados, teníamos que desplazarnos constantemente para encontrar el alimento. Fue uno de los motivos que nos llevó a caminar cada vez distancias más largas y nuestro esqueleto se modificó: nuestra pelvis cambió, dificultando el parto y limitando la duración del embarazo: nuestros bebés nacen inmaduros, por tanto, más dependientes.monkey-1065631_1280 ¿Dependientes, de qué? de un espacio que les proporcione las condiciones óptimas para seguir su desarrollo: oxigenación, calor, protección y nutrición. En ese espacio, son capaces de desarrollarse sin necesitar nada más : ni moisés, ni cuna, ni chupete, … hasta que sean capaces de desplazarse y alimentarse por si mismos. Vendría a ser el tiempo al que llamamos Período de Exterogestación, que va terminando de manera natural según el ritmo de maduración de cada bebé, cuando éste es capaz de desplazarse solo: o sea, cuando puede buscar alimento por si mismo (nutrición) o puede escapar o enfrentarse a un peligro (defensa).  Mientras no es autónomo para poder comer y defenderse solito, tiene todo lo que necesita en su madre. Y si su madre no está, su mundo de seguridad y calma se desvanece, el cortisol y la adrenalina se disparan.. y necesita expresar de algún modo ese estado para intentar volver a la calma, a su nido, a mamá. ¿cuál es la estrategia de supervivencia entonces?

El llanto es la única forma que tienen nuestros bebés de alertarnos: no estoy bien aquí. Esto es demasiado distinto del lugar donde estaba antes (el útero). Tengo hambre, o hay algo que para mi es peliogroso

¿dónde estás?

 

Así que nuestro hipotálamo, nuestra hipófisis y nuestro sistema nervioso vegetativo, que segregan muchas de las hormonas implicadas en los comportamientos básicos de los que he hablado, forman parte de esas estructuras ancestrales que nos acercan a lo animales que somos -no a lo sociales-, marcan en parte nuestro comportamiento y ayudan a nuestra supervivencia. No deja de ser algo romántico también, ¿no?

 

Resumiendo:1.No hemos dejado de ser animales sociales, nuestros comportamientos básicos (los que nos permiten la supervivencia) son el resultado de nuestros niveles hormonales2.Es el bebé, quien busca activamente el contacto con su madre, es su estrategia de supervivencia3.Es el contacto con la madre, lo que desarrolla el vínculo afectivo entre la madre y el bebé (lo que llamamos piel con piel)4.El lugar más parecido al útero que puede encontrar el bebé, donde sentirse protegido, es en brazos de su madre (exterogestación)

 

Elige cómo quieres criar a tu bebé según tus sentimientos y tu instinto (ese que es ancestral, animal y muy antiguo): hay muchas teorías, creencias, costumbres sociales… pero lo más importante, es que dejes salir de vez en cuando a la mamífera que llevas dentro, escúchala con el corazón, es una mujer sabia.

 

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¿Y ahora qué hago para que dejes de llorar?

Tengo la lista hecha desde hace días. Al principio no sabía por dónde empezar, pero la gente me ha ido dando ideas y ahora ya sé lo que quiero que me regalen.

 

Por si no lo sabes, chiquitín, estoy haciendo la lista de cosas que necesito para cuando llegues a nuestras vidas.

El cochecito me lo va a regalar tu tía, ya verás qué pasada. El accesorio que lleva nos va a servir para cuando vayamos en coche. Y la hamaquita nos la regala tu tío. Le he pedido una que tiene unos muñequitos lindísimos, estoy segura que te encantarán y jugarás muchísimo con ellos. También he pedido un parque. Te lo llenaré con los juguetes que te vayan regalando, así estarás entretenido mientras mamá hace otras cosas.

Pero no todo está en la lista de regalos. Papá y mamá también hemos elegido cositas para ti. Hemos visto un móvil precioso con una música muy dulce y lo tenemos preparado en tu cuna. Con ese sonido te quedarás dormido enseguida, ya lo verás.

Lo tenemos todo, no te hará falta de nada. Estamos deseando conocerte y hemos preparado toda la casa para cuando llegues.

Y ya llegaste. El parto ha sido duro, muy duro, pero ya estás con nosotros y no me importa nada más. Eres lo más maravilloso que me ha ocurrido nunca. Ha sido un amor a primera vista. Te quiero y sé que te voy a querer toda la vida.

Pero estoy desesperada.

Lloras. Lloras muchísimo. Y no sé consolarte. Me siento impotente. Yo también lloro.Imagen_018

 

Daría lo que fuera por poder remediar tu pena.

¿Qué más necesitas?

¿Y ahora qué hago para que dejes de llorar?

La música de la cuna no parece gustarte. Tampoco en la hamaca te relajas. Parece que sólo mi pecho te calma. Ahí puedes estarte mucho tiempo, un tiempo que se me hace eterno. Pero ese tiempo pasa y te duermes, y ahora puedo dejarte en tu cuna, con la música tan bonita que tiene.

Pero en cuanto tocas las sábanas te vuelves a despertar. Y yo me desespero.

De nuevo el pecho es lo único que quieres.

 

Y vuelvo a sentarme en el sofá, al mismo tiempo que miro a mi alrededor y veo todas las cosas que todavía tengo por hacer.

 

Me estiro en la cama contigo, ya dormido. Estoy muy cansada, yo también me quedo dormida.

No entiendo qué hago mal. No entra en mis planes quedarme relegada a un sofá teniéndote en mis brazos todo el día porque sólo yo puedo calmarte con mis pechos.

La hamaca, el parque, el cochecito… están siendo trastos que no te sirven. En las dos semanas que llevamos conociéndonos he descubierto que sólo quieres estar en mis brazos, junto a mí. En mi pecho te duermes, y en él puedes descansar todo el tiempo que necesita tu pequeño cuerpecito.

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Pero yo no puedo, yo no quiero estarme en el sofá. Tiene que haber una solución.

Hay algo en mí que me dice que la maternidad no puede ser algo que exprima tanto, que anule y que no te deje avanzar. Algo me dice que tiene que haber alguna otra manera de hacer las cosas que nos haga sentir bien a ambos.

Decido empezar a buscar información en las redes sociales y encuentro otras mujeres que viven lo mismo que yo, y me siento acompañada. Esas mujeres hablan de cosas que para mi son desconocidas, pero son palabras que dan sentido a muchas de la emociones que me ha hecho despertar tu nacimiento: contacto piel con piel, dormir sin llorar, apego…

Y entonces descubro el porteo. 

Ahora vas pegado a mí. Junto a mi corazón. Y yo me siento libre al mismo tiempo. Salgo a comprar, organizo la casa, incluso paseo tranquilamente sin que te despiertes, sin molestarte.

Al mismo tiempo que voy reorganizando e integrándote en mi vida te doy lo que tú más necesitas: contacto. Para saber que existo, para sentirte protegido, necesitas tocarme, olerme, sentirme. Es así de simple, pero a la vez nos parece tan complicado. 

 

Siento no haberme dado cuenta antes. Pero ahora en el fular los dos hacemos y tenemos lo que necesitamos.

Laia Simón