Aprende a pedir colaboración y obtén la participación de tus hijos en las tareas de casa

¿Quieres que tu hijo colabore en las tareas domésticas? ¿Te cuesta motivarlo para que se implique participe sin que el día a día sea una discusión constante?

Si es así, hoy quiero darte unas ideas que te pueden ayudar a conseguirlo.

Cuando le pedimos a nuestro hijo que recoja su habitación, que ponga la mesa o que no deje la ropa en el suelo del baño después de ducharse, podemos obtener varias respuestas. La ideal, la que en el fondo estamos esperando, es un sí acompañado de la acción concreta que estamos pidiendo. Si ésta es la reacción que tiene nuestro hijo, el conflicto no aparece y todo fluye. Pero si estás interesada en este post es que, en tu caso, no suele ser la habitual.

Cuando tenemos la impresión de que nuestro hijo no colabora es porque vemos que aquello que pedimos no suele realizarse. Podemos recibir la negativa directa y clara de nuestro hijo con respuestas como “no quiero”, “estoy es un rollo”, “no me apetece”…; o esos famosos “ahora va”, “enseguida voy”, “en cuanto termine”, ¿os suena?

Cuando no obtenemos la colaboración que deseamos de nuestro hijo, es clave plantearnos qué está fallando. Por eso, os animo a que tengáis en cuenta los 10 puntos siguientes.

1- Márcate objetivos

¿Por qué necesitas que tu hijo colabore? ¿Qué quieres conseguir?

Es importante tener en cuenta qué nos mueve a pedir la colaboración de nuestro hijo, cuál es nuestra motivación real. Pero, sobre todo, cuando nos planteamos nuestros objetivos, es necesario analizar si esa motivación está basada en alguna creencia que no es coherente con nuestra idea de crianza respetuosa al mismo tiempo que tenemos claros los valores que deseamos transmitir cuando nos planteamos esa colaboración.

2- Empieza por algo sencillo

Para plantear cualquier objetivo es imprescindible saber cuál es el punto de partida.

La edad madurativa de nuestro hijo, el carácter o el trabajo previo que hayamos hecho puede ayudarnos a determinar qué es viable que le pidamos y qué no. Parece algo sencillo, sin embargo, en muchas ocasiones podemos dar por sentado que con X años “deben” hacer una cosa concreta, compararlo con otros niños o evocar una imagen de nuestra infancia en la que basarnos.

Ser realista y dar pasos pequeños pero firmes son los pilares que nos ayudarán a cumplir nuestra meta.

3- Implica a tu hijo en las decisiones

¿Sabes la diferencia que hay entre plantear lo que “debe hacer para colaborar en casa” y lo que “cree que puede hacer para colaborar en casa”? La motivación que se deriva de tomar sus propias decisiones.

En ocasiones se nos mete entre ceja y ceja que una de las responsabilidades de los niños es la de recoger los juguetes. Nuestra batalla se centra en que asuman esa responsabilidad. Si nuestro objetivo es la de transmitir el valor de la cooperación y la colaboración, ¿por qué nos centramos en que deban hacer algo concreto?

Implicarles en tomar sus propias decisiones es darles el mensaje de que no buscamos obediencia, si no colaboración.

4- Acuerda tempos y momentos adecuados

Implicarlos en las tareas domésticas nos lleva a hablar de qué y cómo van a participar. Cuanto más detallado sea el acuerdo y más fácil será que evitemos interpretaciones que nos lleven a un conflicto. ¿Os suena eso de “ahora mismo lo hago” pero que no se realice?

Tan importante es acordar qué es lo que pueden hacer para colaborar como definir cuándo lo van a realizar o cuál es el marco en el que lo van a hacer.

5- Empatiza con sus necesidades

Si pese a todo, llega el momento y nuestra hija o hijo no colabora o no respeta el pacto acordado, empatiza.

¿Qué está necesitando en ese momento? ¿Podemos darle empatía para que reciba que comprendemos su estado emocional y sus necesidades?

Realizar este primer paso no implica que perdamos de vista el acuerdo ni que cedamos. Sencillamente es un trabajo que nos permite asegurarnos que se sienta comprendido y esté más receptivo a escuchar nuestro punto de vista en el asunto.

6- Evita la exigencia cuando pidas

Cuando vayamos recordarle a nuestro hijo lo que queremos que haga o el acuerdo que tenemos sobre la colaboración en las tareas domésticas cuidado con el lenguaje que usas. Y cuando digo lenguaje no sólo me refiero al verbal.

Nuestras palabras son importantes para no enviar un mensaje de exigencia que bloquee la capacidad de comprender una situación de forma empática por parte de nuestro hijo. Sin embargo, nuestro mensaje no sólo se define por las palabras que usamos, también entra en juego el lenguaje no verbal, que si no lo tenemos en cuenta, puede jugarnos malas pasadas al ser contradictorio a lo que decimos con palabras.

7- Confía en la capacidad de colaboración

Ten confianza en tu hijo, es clave.  Y no solo lo pienses, transmíteselo constantemente. La imagen que tiene de sus capacidades, de lo que puede o no puede hacer depende, en gran medida, de lo que recibe de las personas referentes para él o ella. Tú eres una de ellas.  

8- Valora su esfuerzo

No todo son batallas perdidas. Estoy segura de que hay momentos, aunque sean pocos y te parezca que no son de mucha importancia, en los que tu hijo ha realizado una acción que implica colaboración: participar en la elaboración de la comida, colocar un objeto en un lugar determinado, ir a buscar un producto en un supermercado… Sea lo que sea, valora su participación. Se trata de fomentar estas pequeñas acciones, no sólo cuando le pedimos colaboración en las tareas domésticas, si no que perciba que es algo positivo en otros momentos también.

9- Habla de consecuencias naturales siempre que puedas

Aprender a partir de las conversaciones (y no sermones, ojo) que tenemos con nuestros hijos es uno de los aprendizajes más significativos que podemos realizar. Por eso, aprovecha cualquier oportunidad para mostrar las consecuencias que tiene no realizar una acción concreta, por ejemplo, si no ponemos los juguetes en las cajas cuando los buscamos para jugar no los encontramos en su sitio.

Pero cuidado, estas conversaciones pueden convertirse en sermones moralistas con facilidad. Es clave poder expresarnos sin juicios.

10- Piensa en tus objetivos a largo plazo

En momento de conflicto en el que nuestro hijo no quiere colaborar es importante tener en cuenta cuáles son nuestros objetivos a largo plazo. No perder de vista nuestra perspectiva nos puede ayudar a relativizar, a tomar cierta distancia del conflicto que se está dando en ese momento que nos permita tomar decisiones con objetividad.

Si crees que estas ideas pueden ayudarte a mejorar la forma en la que abordas los conflictos con tu hijo te invito a que me cuentes cuál es tu situación y en qué momentos te cuesta más encontrar la colaboración y participación de tu hija o hijo en las tareas de casa. Estaré encantada de leerte.