No quiero que nadie organice mi vida, ni siquiera tú.

¿Has sentido miedo a ser cuestionada alguna vez? ¿Has escondido emociones para que no intuyeran alguna debilidad en ti?

Yo sí. Y estoy segura que no soy la única. Es un recurso que usamos a veces para protegernos.

Pero hubo un momento en mi vida que lo hice, y si pudiera volver atrás cambiaría 100% ese miedo por la tranquilidad que da el conocimiento: mi primer puerperio.

Recuerdo avisar a mi madre que llegábamos del hospital por la noche y ella me ofrecía dejarme la cena preparada. Me pareció práctico, pues ni siquiera recordaba qué había en la nevera cuando salí de casa después de romper aguas de madrugada. Accedí. Cuando llegamos, ella ya estaba en mi piso y lo tenía todo listo. Y empezaron las preguntas: ¿A qué hora quieres que venga mañana? ¿Qué quieres que te prepare? ¿Necesitas que me lleve ropa para lavar? ¿Quieres…..?

En ese momento levanté un muro de piedras mental infranqueable: “Aquí no va a entrar nadie a organizarme la vida, que hasta ahora no me ha hecho falta para nada. No quiero tener a ninguna persona diciéndome qué o cómo tengo que hacer las cosas”. Y seguramente, así hubiera sido, porque mi madre es así, y no voy a ser yo quien la cambie.

 

Ojalá se hubiera desmoronado esa barrera en el mismo instante en que la creé.

 

La decisión que tomé en ese momento tuvo una razón de ser: el miedo a ser cuestionada. Mi inseguridad. Ella ejercía el papel que le tocaba: ese cojín que las madres que acabamos de parir necesitamos. Esa persona capaz de organizar aquello que, para una recién mamá, debería quedar en segundo plano en sus prioridades. Porque tiene que focalizarse en ella misma, en sus necesidades y en las de su bebé.

Pero de eso, por aquel entonces, yo no era consciente. No supe ver la importancia que tenía para mi recuperación, para mi tranquilidad y la de mi bebé, tener a alguien que se pudiera encargar de la casa.

 

Y me encontré con algo peor que el miedo a ser cuestionada:

mi propia inseguridad en una maternidad totalmente nueva para mí y la soledad rodeándome en todo momento.

Pero el sentimiento que más tenía arraigado en esos momentos no iba tanto con el carácter de mi madre y su supuesta intromisión en mi nueva faceta de madre (eso daría para otro post), sino con algo más profundo. Algo que, a veces, es mucho más difícil de ver en nuestros actos. Lo tenemos muy integrado la mayoría de mujeres, sobre todo aquellas que compaginamos varias facetas en nuestras vidas y la mayoría no somos conscientes de ello.

Se trata un conjunto de emociones y pensamientos que no sólo vemos en nuestra vida como madres sino que podemos observar en distintas situaciones y contextos. Todos tienen un mismo denominador común: yo puedo con todo.

Lo que quiero mostrarte explicándote esta experiencia personal tan íntima es que yo necesitaba gritarle al mundo que no sólo iba a ser la mejor profesional del mundo como había intentado ser hasta entonces. Sino también ahora que iba a ejercer un papel nuevo, el de madre. Así que, en ese momento, tenía que demostrar a todos los que me rodeaban que sería la mejor madre del mundo. Y para ello, debía hacerlo sola. Porque si no, mi idea de control y seguridad se desmoronaba por completo y me hacía sentir frágil, débil, poca cosa, vulnerable… en fin: fracasada. Así era como yo había aprendido a mostrar mis capacidades: fuerte, sola, sin ayuda…

Nada más lejos de la realidad.

Ser capaz de ver qué es más importante en cada momento para ti y para tu bebé. Estar segura de lo que quieres, de lo que necesitáis tú y tu pequeño. En definitiva, tener las cosas claras y estar empoderada en tus decisiones puede ser sinónimo de no tener miedo y saber decir NO. Y decir no, aunque parezca que en este post está fuera de contexto, es mucho más importante de lo que te imaginas en una situación tan delicada como un posparto.

Saber decir no, implica ser consciente de hasta dónde puedes llegar y así poder ver, sin agobios, sin presiones, sin metas estresantes,  que hay cosas que no vas a hacer como hacías antes. Y no pasa nada. Lo harás, pero de otra manera que, seguramente, te llevará un tiempo descubrir porque todo es nuevo. Y que, allí donde tú no llegas, puede llegar otra persona, aunque hasta el momento haya sido tu responsabilidad.

La capacidad de adaptarte a nuevas situaciones puede ser la clave para que los cambios que se den en tu vida sean un éxito. Pese a que pienses en ese momento que es un desastre. Porque entendiendo qué es lo que ocurre, es más fácil actuar en consecuencia, con seguridad y sin miedo.

Y si no se tiene miedo, se tiene un poder extraordinario.

5 Claves para sentirte genial durante el posparto

Sabías que tu estado de ánimo es muy importante para el desarrollo de tu bebé?

Un bebé es un ser que nace con la necesidad de ser cuidado. Ya desde el nacimiento, y a lo largo de su vida, irá desarrollando una serie de mecanismos cada vez más complejos que le van a permitir establecer relaciones con las personas de su entorno para intentar asegurarse su bienestar.

El primer vínculo que establece, el principal, es contigo. Es tu voz, tus movimientos, tu respiración, el latido de tu corazón, lo que ya conoce al nacer, pues ha vivido en ti durante varios meses. Y tu olor, no olvidemos el olfato, el sentido más desarrollado que tiene al salir. Son sus sentidos los que van a captar todas las señales que emitas para poder interpretar, a su nivel, qué pasa a su alrededor.

Y, ¿por qué te cuento todo esto si quería hablarte de tu estado de ánimo? ¿No te había dicho que iba a darte 5 motivos para dedicarte tiempo a ti?

Como ya te he contado al principio, dedicar tiempo a cosas que te hagan sentir bien, aunque sean unos minutos al día, va a ser muy beneficioso para tu bebé. Está preparado para captar todo lo que tu lenguaje verbal y, sobretodo, tu lenguaje no verbal, está emitiendo cuando estás con él. Si tú te sientes bien, podrás dedicarte a tu hij@ más tranquila, relajada y feliz.

Así pues, aquí tienes 5 puntos importantes que te van a permitir sentirte bien contigo misma:

1

El primer motivo por el que debes mimarte ya lo hemos nombrado: tu estado de ánimo influye en el desarrolo de tu bebé. 

Tu estado real (no el que decimos a veces y no es exactamente lo que sentimos) le proporciona información a las personas que te rodean, incluido a tu bebé. Captan cómo te sientes verdaderamente, aunque no lo expreses verbalmente. Además, la mayoría de bebés son mucho más sensibles que los adultos a todas estas señales, puesto que tienen los sentidos pendientes de todo lo que ocurre a su alrededor. Por e sdeo es tan importante, no sólo tener en cuenta el cuidado de nuestro bebé, sino también el de nosotras mismas, que vamos a ser la figura principal que lo va a atender.

2

Evita que te etiqueten o, sobretodo, “autoetiquetarte” como SUPERWOMAN. Eres una mujer que puede con muchos frentes a la vez, de eso estoy segura, pero después de parir, hay muchas cosas que cambian, tus prioridades también.

Intentar hacer todo lo que hacías antes de tener el bebé sólo te puede llevar a sentirte impotente de ver que no llegas a todo. Date tiempo. Poco a poco irás situándote, conocerás mejor a tu bebé y eso te permitirá adaptar tu día a día al nuevo miembro de la familia. 

Rodearte de personas que puedan ayudarte en las tareas domésticas o de tu emprendimiento. Buscar que sean de confianza  y con suficiente tiempo para que puedas delegar en ellas todo lo que sea posible te facilitarà estar más relajada durante las primeras semanas después del parto.

3

Concédete el placer de no hacer nada durante un rato al día. Dedícate a saborear cada minuto, cada hora que estás con tu bebé. Mirarlo, acariciarlo, darle un masaje, cantarle canciones, sonreírle… son acciones sencillas que te van a permitir pasar un momento relajado con tu bebé al mismo tiempo que fortaleces el vínculo que estás creando con él.

O simplemente descansa estando con tu hij@.

Quizás ya hayas escuchado el consejo de “Duerme cuando lo haga tu bebé”. Pues síguelo. El sueño del bebé durante los primeros meses puede ser muy irregular, así que hay que aprovechar cualquier oportunidad para descansar y reponer energía.

4

Quizás ya te han advertido, pero seguramente vas a pasar a un segundo plano para muchas personas. A partir de ahora, es posible que lo primero que te pregunten sea: ¿qué tal está el bebé? ¿cómo duerme? ¿come? ¿llora mucho? Y un sinfín de preguntas dirigidas a la estrella de la casa.

De un día para para otro dejan de preguntarte cómo te encuentras y pasas a ser casi, casi, invisible. He de reconocer que eso puede llegar a molestar mucho. ¡Que lo has parido tú!

La mayoría de personas lo hacen sin darse cuenta. Un bebé despierta en los humanos mucho interés, pero asegúrate que esas preguntas también te las hace alguien a ti. Y la primera persona que lo debe hacer eres tú misma: ¿qué tal me siento? ¿duermo y como bien? ¿me siento feliz o deprimida?

Conocer tus emociones y tu estado de ánimo te van a permitir pensar en qué debes hacer o a quién pedir ayuda si no te sientes bien o necesitas cualquier cosa.

5

Y por último, y lo más importante: no te dejes para el final de la lista. Busca actividades, pequeños detalles o acciones, cosas que te gusten y que puedas hacer en tu nueva situación, que te hagan sentir mimada y querida (sobre todo por ti misma) y anótalas.

Pero no guardes esa nota en un rincón de tu subconsciente. Busca un lugar de la casa que veas varias veces al día y cuélgate un cartel, una hoja, post-it… lo que sea, algo que te recuerde constantemente que tú eres muy importante. Porque el cómo te sientes y vives tu maternidad, también es importante para tu bebé.

Y si quieres saber más sobre cómo cuidarte durante el posparto, te invito a que conozcas nuestro programa “Maternidad y conciliación”. Pincha en el siguiente enlace y descubre el programa entero y todo lo que podemos ofrecerte para que puedas disfrutar de una maternidad feliz desde la información y la organización de una mujer emprendedora que ha decidido ser también madre.

MATERNIDAD Y CONCILIACIÓN

 


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