Qué podemos controlar de lo que sentimos

Cuando empecé a investigar sobre sentimientos y emociones, de lo primero que me di cuenta es que, en la gran mayoría de páginas que hablan de crianza, de relación con los niños, gestión de emociones, etc., se usa indistintamente la palabra emoción y sentimiento, no se distingue una cosa de la otra. Pese a que es un error, entiendo que es algo muy frecuente y habitual que nos pase, puesto que no tenemos una conciencia real y hace relativamente poco tiempo que hemos empezado a darle importancia. Es ahora qué se comenzamos a cuestionarnos y a buscar información sobre este tema para saber más.

La forma correcta de englobar sentimientos y emociones sería usar el concepto de estado emocional, que incluiría a ambos.

La principal diferencia entre una emoción y un sentimiento es que una emoción es la alteración de nuestro ánimo, es temporal, suele ser muy intensa y está asociada a reacciones que suceden dentro de nuestro cuerpo. Es una reacción a un estímulo exterior que no controlamos, suele ser breve. 

A diferencia de la emoción, el sentimiento es una alteración de nuestro estado del ánimo, por lo que interviene el pensamiento, es nuestra interpretación de una emoción. Podríamos decir que una emoción es algo mucho más visceral que nos sucede sin que nosotras podamos controlar. En cambio, un sentimiento está sujeto al proceso mental que interviene en ese momento. De aquí la idea de que un sentimiento pueda ser controlado a través de nuestros pensamientos. Un sentimiento pasa por nuestro pensamiento, lo que implica que cada cual lo vive y lo percibe de una manera diferente, lo asocia con contexto concreto porque es algo personal. Vamos construyendo los sentimientos a lo largo de nuestra vida porque los vamos moldeando según las experiencias y vivencias. En cambio, una emoción es algo que vivimos desde nuestro nacimiento.

Una emoción es lo que le ocurre a nuestro cuerpo por dentro. Entran aspectos fisiológicos, conductuales, cognitivos, etc. Tienen un elemento importante que nos facilita distinguirlas de un sentimiento: tienen una función concreta de adaptación. Tienen una razón de existir, nos ayudan a adaptarnos a nuestro medio.

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Cuando hablamos de emociones podemos distinguir 6 emociones básicas: sorpresa, asco, tristeza, alegría, ira y miedo. Cada una de ellas tiene una función adaptativa concreta. Cuando aparecen tienen una función. Es algo que no controlamos, surgen porque hay una necesidad de adaptarnos mejor a nuestro entorno

Sorpresa

Cumple una función adaptativa relacionada con la exploración, con conocer nuestro entorno. Nos ayuda a centrar la atención y despertar la curiosidad, captando la atención de cosas nuevas. Se activan los procesos cognitivos de nuestro cerebro asociados a esta emoción.

Asco

Cumple una función de rechazo. Así como la de sorpresa nos ayuda a activar la curiosidad sobre nuestro entorno, el asco lo rechaza, con lo que podemos activar un sistema de alerta que nos ayude a evitar estímulos que puedan ser perjudiciales o desagradables. Un ejemplo curioso es la reacción de algunas criaturas que sienten asco por un alimento concreto y a lo largo del tiempo darse cuenta de que ese alimento le generaba una intolerancia o una alergia.

Alegría

Tienen una función adaptativa de afiliación. Aumentamos nuestra capacidad, nuestra apertura y conexión con nuestro entorno. Se generan unas actitudes positivas hacia las personas que nos rodean, se activan procesos de memoria, cognitivos y de aprendizaje que nos abren al exterior y nos permiten conectar con otras personas. De aquí la palabra afiliar, unirte a tu entorno.

Miedo

El miedo tiene una función adaptativa de protección. Es una emoción que nos permite generar respuestas que nos ayuden a evitar elementos que puedan sernos perjudiciales o situaciones peligrosas. Esas reacciones no tienen que ser de protección hacia nosotras, sino que también podemos sentir esa emoción activándose para proteger a terceras personas, como los hijos. En el caso del miedo, se activan toda una serie de funciones que nos permiten reaccionar de forma física, a veces con movimientos rápidos para escapar. Otras, nos paraliza para protegernos. En ambos casos son reacciones de nuestro cuerpo que no podemos controlar.

Ira

La ira tiene una función adaptativa de autodefensa. Estaría relacionada a nuestra defensa personal, aumentando la movilización para que seamos capaces de dar una respuesta de autoprotección. Nos genera agitación y la energía necesaria para reaccionar ante algo que percibimos que nos daña, que va en contra de nuestra seguridad vital. Con esa función lo que intentamos es que no hayan obstáculos a nuestro alrededor para poder llegar al objetivo que buscamos, a la situación que percibimos como agradable, placentera, no peligrosa. La ira surge para reactivar la energía y podamos dar una respuesta desde el punto de vista de la autodefensa y proteger nuestras prioridades.

Tristeza

La tristeza es una emoción a la que cuesta verle la parte positiva. Tiene una función adaptativa de reintegración, pero cuando hablo de tristeza me gusta hablar de conexión con una misma para establecer nuevas prioridades. La función de reintegración te permite entrar en conexión con otras personas que están sintiendo y percibiendo una situación del mismo modo que tú al mismo tiempo. Se baja el ritmo de actividad y eso permite prestar mucha más atención a lo que está ocurriendo, no sólo a nivel interno sino a nivel externo también.  Sólo el hecho de hablar de tristeza hace que bajemos el ritmo de nuestra actividad. Nos permite reconectar con todo aquello de tu entorno para poder analizar desde el pensamiento lógico y priorizar qué aspectos de la vida te importan, qué tipo de actividad realizas, a qué no habías prestado atención y que ahora sí. Es esta tristeza que sientes cuando alguien próximo ha fallecido y entonces reconectas con todas tus prioridades reales, vuelves de nuevo a la esencia de lo que realmente deseamos.

Las emociones, entonces, cumplen una función, es algo que  conscientemente no controlamos. Nuestro cuerpo reacciona a algo que ocurre para ayudaronos a adaptarnos mejor al medio con aquello que ha percibido. Como ya hemos dicho, suelen ser intensas pero breves, ya que luego entra el pensamiento. Y en ese momento ya no estamos hablando de emociones si no de sentimientos, que sería la gran diferencia entre estos dos conceptos.

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Un sentimiento no deja de ser una emoción o varias emociones entrelazadas interpretadas por nuestro pensamiento. Es, pues, subjetivo. Además, el hecho de que entre el pensamiento hace posible también el poderlo controlar, a diferencia de las emociones.

Cuando trabajo con madres en mis talleres o en las asesorías personalizadas, hablo de que nadie puede obligarnos a sentir algo. Si los sentimientos están condicionados por los pensamientos, si yo tengo el control de éstos, puedo regularlos, tanto desde la perspectiva temporal como en la intensidad. Yo puedo hacer perdurar un sentimiento en el tiempo o me puedo recrear en él haciéndolo grande, o puedo bajar su intensidad o incluso eliminarlo.

Y ya, para terminar, me gustaría poneros un ejemplo para ver la diferencia entre estos dos tipos de estados emocionales.

Cuando sentimos amor por alguien, cuando nos enamoramos, ese sentimiento inicial, que sería el amor, es una mezcla de dos emociones que cumplen su función adaptativa. Por un lado, la alegría, que nos permite conectar con el exterior. Por otro, estaría la sorpresa de descubrir algo nuevo en nuestro entorno. La mezcla de esas dos emociones, que no controlamos y que son la respuesta a un estímulo exterior, generan un sentimiento pasado por nuestro filtro, que sería el amor. El estímulo inicial que ha activado las dos emociones puede desaparecer, por lo que la alegría y la sorpresa también desaparecen. Al mismo tiempo, se ha construido un sentimiento nuevo que podríamos llamar amor romántico, que sería la cola que dejan esas emociones mezcladas con nuestro pensamiento.

Con todo lo expuesto aquí, podéis analizar cómo podemos cambiar nuestros sentimientos partiendo de la idea que lo único que no podemos controlar son las emociones, que no son muchas. Todo lo demás son sentimientos que no son más que interpretaciones modificables de nuestras emociones.

Trabajo y maternidad, con Nahia Alkorta Elezgarai

Hoy tenemos el placer de tener en nuestro blog a Nahia, mamnahiaá de Aner (2012), Xuhar (2015), y sus dos proyectos Sabeletik Mundura y Loa-Lo.

 

Nahia es asesora de maternidad, lactancia, porteo y duelo gestacional y perinatal. Con toda esta formación a sus espaldas, se dedica al asesoramiento personal y a dar charlas y dar talleres. Además es distribuidora de portabebés y también vendre productos relacionados con la crianza.

 

¿Qué tiempo tenía tu bebé cuando retomaste la actividad en tu emprendimiento?

Cuando el mayor tenía un año me embarqué en la aventura de ser autónoma en España y he trabajado con el alrededor hasta que cuando cumplió tres empezó a ir a la escuela por las mañanas. Nuestro segundo hijo nació a los tres meses de que el mayor se escolarizara y yo retomé la actividad, a media jornada, a las seis semanas tras el parto.

Los primeros meses de un bebé no son siempre sencillos, sabemos que es un periodo nuevo y lleno de retos. ¿Cómo afecta la llegada de un bebé a los objetivos que te marcas en tu negocio? ¿Hay un antes y un después?

Mis proyectos laborales son como mis hijos, hay días en los que me necesitan más y otros en los que podemos separarnos un poquito más. Cuando me embarqué en esta aventura lo hice principalmente para hacer algo que me apasiona y que me permitiera que mis hijos siempre fueran la prioridad. La llegada del segundo hijo trajo aire fresco, un parón para arrancar con más fuerza. El embarazo me permitió organizar mi trabajo para que pudiera ralentizar el ritmo y adecuarme a la nueva situación. No considero que haya un antes y un después, es un continuum, igual que la crianza.

¿En algún momento te fue tan complicado compaginar tu emprendimiento con tu maternidad como para plantearte tirar la toalla? Y si fue así, ¿qué te hizo continuar?

Ha habido días con ganas de parar el mundo pero no por la conciliación si no por las condiciones pésimas que tenemos las autónomas en España. Me agota mucho emocionalmente por un lado lo injusto que es el sistema y por otro que mucha gente haga cosas similares sin cumplir con obligaciones fiscales. Hay meses en los que tal vez sería mejor tirar la toalla, pero cuando crees firmemente que lo que haces merece la pena y que colaboras a que tus nietos tengan un mundo mejor, la fuerza sale del corazón.

 

En una maternidad en la que se busca estar en contacto constante con el bebé, el tiempo que se pasa juntos es vital, así que dinos, ¿cómo organizas tu tiempo para poder disfrutar de la maternidad y ser productiva?

Trabajo en contacto, porteando o con el peque en un cojín de lactancia al pecho. Aprovecho las siestas en las que consigo no quedarme a dormir con el y las noches. Siempre he sido más productiva de noche por lo que todo el trabajo que no es directo con las familias, lo dejo para compartirlo con las estrellas.

Seguro que tienes siempre a mano algunas herramientas que te permiten estar con tu hijo a la vez que trabajar. Explícanos cuál es tu preferida.

La pelota de pilates y un buen portabebés. Con el peque a la espalda, música y los botes de pelota todo es más fácil. Ahora además esta entrando en la fase de gateo, por lo que una buena alfombra es mi mejor aliado.

A veces hacer lo que te apasiona absorbe tanto que las horas pasan volando, el cansancio se acumula y después no podemos afrontar el día a día con la misma energía. ¿cuál es tu secreto para planificar tus actividades sin dejar de lado nada importante y poder descansar?

Procuro ser realista y no programarme demasiadas cosas, la maternidad te obliga a no tener casi ninguna cosa totalmente establecida. Catarros, revisiones, vómitos de noche, pesadillas… inesperados son parte del día a día. Establezco mi trabajo según prioridad por prisa e importancia y según el tiempo que tenga en cada momento, elijo una tarea que pueda encajar en ese rato. Aprovecho los ratos de juego, por lo que las tareas las reparto en intervalos de más o menos 10 minutos y disfruto del placer de tachar cosas de las listas.