¿Qué tal llevas los límites con la pareja?

“No permito que haya gritos en casa y no estoy dispuesta a aceptar que expreses tu enfado de esa forma en mi presencia”.

Esta fue la primera vez que hable con mi pareja cuando, en un momento de crispación se enfadó con mi hijo y le dijo gritando que se fuera a lavar los dientes.Mientras mi hijo estaba en el baño me dirigí a mi pareja y le dije:

“Entiendo que es tarde, que estamos cansados y que está costando mucho que los niños se preparen para ir a dormir. Es agotador y comprendo que estás molesto porque no hay colaboración por su parte. Para mí es importante que haya respeto en casa y que podamos hablarnos sin usar el miedo o la amenaza porque todos merecemos respeto. Si necesitas desconectar y tomarte unos minutos, ¿podrías avisarme para que te releve? No permito que haya gritos en casa y no estoy dispuesta a aceptar que expreses tu enfado de esa forma en mi presencia. Tú eres el adulto, si necesitas colaboración estoy segura de que puedes pedirla usando otros recursos”

 

Situaciones personales que empezaron a cambiar las cosas en casa

Esta es una situación muy personal que viví hace tiempo y en la que jugaron un papel muy importante no sólo las palabras que usé, si no también todo lo que transmitía el lenguaje no verbal: comprensión, empatía, serenidad, convencimiento, firmeza y, sobre todo, seguridad en mi misma.

Poner límites a nuestra pareja es todo un reto, lo reconozco. Tenemos una gran mochila cargada de creencias y mitos sobre las relaciones sentimentales (y humanas, en general) que nos dificultan poder fijar esa línea que debería ser infranqueable y que es la base del respeto que sentimos por nosotras mismas.

 

Las reglas en una partida de 2 jugadores

Sin embargo, creo que poner esos límites es realmente necesario. Es como marcar las reglas del juego para evitar malentendidos durante una partida. Definir y expresar ese espacio que no queremos que nadie pise es el primer paso para dejar claro qué tipo de relación tenemos con la persona con la que convivimos a diario y que, al mismo tiempo, también es responsable de la educación de nuestros hijos.

Marcar esa línea nos permite tomar las acciones necesarias para defenderla, para respetarla. Pero para ello, es imprescindible saber dónde ponerla. Para ello, en la mayoría de situaciones se hace imprescindible adentrarnos en el autoconocimiento para saber definir cuáles son nuestros límites reales. Este es el primer paso para conseguir ponerlos con eficacia, con seguridad y convencimiento, tal y como nos merecemos.

Esto es lo que debes saber para incluir la empatía en tu día a día

Dicen que la empatía es la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona y comprender cómo se siente. Pero, ¿cuántas veces has sentido que conectas inmediatamente con otra persona, incluso cuando la has visto solamente una vez?

Por otro lado, ¿en cuántas ocasiones no encuentras la forma de llegar a otra persona con quien convives a diario y vas creando un muro de incomprensiones? ¿Te resulta familiar? ¿Consideras que tienes una comunicación empática con las personas con las que te relacionas en tu día a día?

Empatía y emoción: la clave para sintonizar la misma onda

Cuando te das importancia a ti misma abres tu corazón a otras personas. No nos estamos refiriendo a hablar sobre intimidades o revelar tus más profundos secretos.

Simplemente, escuchar con atención, no juzgar a la otra persona y comprender su situación, forma de ser o momento personal vital. Tal vez estés de acuerdo con la otra persona, o no. Eso no es obstáculo para “sintonizar su onda” y comprenderla en un momento dado.

Todos necesitamos sentirnos escuchados, comprendidos, apoyados y que nuestra emoción no quede como un eco en el vacío. Pero tampoco querríamos que pensaras que tienes que apoyar a los demás en sus caprichos e imposiciones.

Conocer bien tus límites, no imponer tu perspectiva, comunicar de forma respetuosa y clara lo que sientes. Pero, al mismo tiempo, dejar espacio para que la otra persona también se exprese, como mejor pueda, para hacerse comprender.

Y tú, simplemente escuchar y estar ahí, acompañando con la mirada, con tus manos, con tu atención. Y con lo más importante: tu corazón para acoger con los brazos abiertos las expresiones de los sentimientos de la otra parte.

No hace falta dar consejos ni querer animar u orientar. Los desacuerdos se suavizan cuando aclaras que tienes otro punto de vista, pero comprendes el suyo.

Hay mucha teoría sobre la empatía. Y aunque es necesaria, en la práctica, se reduce a la simplicidad de escuchar con el corazón abierto y dejar espacio de expresión al otro.

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