¡No quiero ir al cole!

Nuestros hijos pasan muchas horas en un centro escolar, y el hecho de que no quieran ir puede llegar a suponer un remolino de sentimientos, preocupaciones y alguna que otra discusión. 

Hoy, en el espacio “El baúl de los recursos” del grupo de Facebook, he estado hablando de estas situaciones y de cómo podemos comprenderlas y abordarlas desde el respeto. 

Descubre cómo puedes acompañar a tu hijo desde el respeto y la empatía en situaciones en las que le invaden sentimientos y emociones como la frustración, el miedo, el enfado…

Qué podemos controlar de lo que sentimos

Cuando empecé a investigar sobre sentimientos y emociones, de lo primero que me di cuenta es que, en la gran mayoría de páginas que hablan de crianza, de relación con los niños, gestión de emociones, etc., se usa indistintamente la palabra emoción y sentimiento, no se distingue una cosa de la otra. Pese a que es un error, entiendo que es algo muy frecuente y habitual que nos pase, puesto que no tenemos una conciencia real y hace relativamente poco tiempo que hemos empezado a darle importancia. Es ahora qué se comenzamos a cuestionarnos y a buscar información sobre este tema para saber más.

La forma correcta de englobar sentimientos y emociones sería usar el concepto de estado emocional, que incluiría a ambos.

La principal diferencia entre una emoción y un sentimiento es que una emoción es la alteración de nuestro ánimo, es temporal, suele ser muy intensa y está asociada a reacciones que suceden dentro de nuestro cuerpo. Es una reacción a un estímulo exterior que no controlamos, suele ser breve. 

A diferencia de la emoción, el sentimiento es una alteración de nuestro estado del ánimo, por lo que interviene el pensamiento, es nuestra interpretación de una emoción. Podríamos decir que una emoción es algo mucho más visceral que nos sucede sin que nosotras podamos controlar. En cambio, un sentimiento está sujeto al proceso mental que interviene en ese momento. De aquí la idea de que un sentimiento pueda ser controlado a través de nuestros pensamientos. Un sentimiento pasa por nuestro pensamiento, lo que implica que cada cual lo vive y lo percibe de una manera diferente, lo asocia con contexto concreto porque es algo personal. Vamos construyendo los sentimientos a lo largo de nuestra vida porque los vamos moldeando según las experiencias y vivencias. En cambio, una emoción es algo que vivimos desde nuestro nacimiento.

Una emoción es lo que le ocurre a nuestro cuerpo por dentro. Entran aspectos fisiológicos, conductuales, cognitivos, etc. Tienen un elemento importante que nos facilita distinguirlas de un sentimiento: tienen una función concreta de adaptación. Tienen una razón de existir, nos ayudan a adaptarnos a nuestro medio.

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Cuando hablamos de emociones podemos distinguir 6 emociones básicas: sorpresa, asco, tristeza, alegría, ira y miedo. Cada una de ellas tiene una función adaptativa concreta. Cuando aparecen tienen una función. Es algo que no controlamos, surgen porque hay una necesidad de adaptarnos mejor a nuestro entorno

Sorpresa

Cumple una función adaptativa relacionada con la exploración, con conocer nuestro entorno. Nos ayuda a centrar la atención y despertar la curiosidad, captando la atención de cosas nuevas. Se activan los procesos cognitivos de nuestro cerebro asociados a esta emoción.

Asco

Cumple una función de rechazo. Así como la de sorpresa nos ayuda a activar la curiosidad sobre nuestro entorno, el asco lo rechaza, con lo que podemos activar un sistema de alerta que nos ayude a evitar estímulos que puedan ser perjudiciales o desagradables. Un ejemplo curioso es la reacción de algunas criaturas que sienten asco por un alimento concreto y a lo largo del tiempo darse cuenta de que ese alimento le generaba una intolerancia o una alergia.

Alegría

Tienen una función adaptativa de afiliación. Aumentamos nuestra capacidad, nuestra apertura y conexión con nuestro entorno. Se generan unas actitudes positivas hacia las personas que nos rodean, se activan procesos de memoria, cognitivos y de aprendizaje que nos abren al exterior y nos permiten conectar con otras personas. De aquí la palabra afiliar, unirte a tu entorno.

Miedo

El miedo tiene una función adaptativa de protección. Es una emoción que nos permite generar respuestas que nos ayuden a evitar elementos que puedan sernos perjudiciales o situaciones peligrosas. Esas reacciones no tienen que ser de protección hacia nosotras, sino que también podemos sentir esa emoción activándose para proteger a terceras personas, como los hijos. En el caso del miedo, se activan toda una serie de funciones que nos permiten reaccionar de forma física, a veces con movimientos rápidos para escapar. Otras, nos paraliza para protegernos. En ambos casos son reacciones de nuestro cuerpo que no podemos controlar.

Ira

La ira tiene una función adaptativa de autodefensa. Estaría relacionada a nuestra defensa personal, aumentando la movilización para que seamos capaces de dar una respuesta de autoprotección. Nos genera agitación y la energía necesaria para reaccionar ante algo que percibimos que nos daña, que va en contra de nuestra seguridad vital. Con esa función lo que intentamos es que no hayan obstáculos a nuestro alrededor para poder llegar al objetivo que buscamos, a la situación que percibimos como agradable, placentera, no peligrosa. La ira surge para reactivar la energía y podamos dar una respuesta desde el punto de vista de la autodefensa y proteger nuestras prioridades.

Tristeza

La tristeza es una emoción a la que cuesta verle la parte positiva. Tiene una función adaptativa de reintegración, pero cuando hablo de tristeza me gusta hablar de conexión con una misma para establecer nuevas prioridades. La función de reintegración te permite entrar en conexión con otras personas que están sintiendo y percibiendo una situación del mismo modo que tú al mismo tiempo. Se baja el ritmo de actividad y eso permite prestar mucha más atención a lo que está ocurriendo, no sólo a nivel interno sino a nivel externo también.  Sólo el hecho de hablar de tristeza hace que bajemos el ritmo de nuestra actividad. Nos permite reconectar con todo aquello de tu entorno para poder analizar desde el pensamiento lógico y priorizar qué aspectos de la vida te importan, qué tipo de actividad realizas, a qué no habías prestado atención y que ahora sí. Es esta tristeza que sientes cuando alguien próximo ha fallecido y entonces reconectas con todas tus prioridades reales, vuelves de nuevo a la esencia de lo que realmente deseamos.

Las emociones, entonces, cumplen una función, es algo que  conscientemente no controlamos. Nuestro cuerpo reacciona a algo que ocurre para ayudaronos a adaptarnos mejor al medio con aquello que ha percibido. Como ya hemos dicho, suelen ser intensas pero breves, ya que luego entra el pensamiento. Y en ese momento ya no estamos hablando de emociones si no de sentimientos, que sería la gran diferencia entre estos dos conceptos.

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Un sentimiento no deja de ser una emoción o varias emociones entrelazadas interpretadas por nuestro pensamiento. Es, pues, subjetivo. Además, el hecho de que entre el pensamiento hace posible también el poderlo controlar, a diferencia de las emociones.

Cuando trabajo con madres en mis talleres o en las asesorías personalizadas, hablo de que nadie puede obligarnos a sentir algo. Si los sentimientos están condicionados por los pensamientos, si yo tengo el control de éstos, puedo regularlos, tanto desde la perspectiva temporal como en la intensidad. Yo puedo hacer perdurar un sentimiento en el tiempo o me puedo recrear en él haciéndolo grande, o puedo bajar su intensidad o incluso eliminarlo.

Y ya, para terminar, me gustaría poneros un ejemplo para ver la diferencia entre estos dos tipos de estados emocionales.

Cuando sentimos amor por alguien, cuando nos enamoramos, ese sentimiento inicial, que sería el amor, es una mezcla de dos emociones que cumplen su función adaptativa. Por un lado, la alegría, que nos permite conectar con el exterior. Por otro, estaría la sorpresa de descubrir algo nuevo en nuestro entorno. La mezcla de esas dos emociones, que no controlamos y que son la respuesta a un estímulo exterior, generan un sentimiento pasado por nuestro filtro, que sería el amor. El estímulo inicial que ha activado las dos emociones puede desaparecer, por lo que la alegría y la sorpresa también desaparecen. Al mismo tiempo, se ha construido un sentimiento nuevo que podríamos llamar amor romántico, que sería la cola que dejan esas emociones mezcladas con nuestro pensamiento.

Con todo lo expuesto aquí, podéis analizar cómo podemos cambiar nuestros sentimientos partiendo de la idea que lo único que no podemos controlar son las emociones, que no son muchas. Todo lo demás son sentimientos que no son más que interpretaciones modificables de nuestras emociones.

La clave maestra para que no te afecten las críticas de los demás

Hay un aspecto en la crianza de nuestros hijos que resuena mucho a la mayoría de madres: las críticas a nuestra forma de educar y criar a nuestros hijos.

Las recibimos en muchas ocasiones de personas que no conocemos, aunque las que más suelen doler son las que vienen de las personas con las que tenemos un vínculo más cercano o con las tenemos un roce a diario: madre, suegro, vecino, amiga…

¿Qué hacemos con las personas que nos critican?

Entre otras cosas, puede pasar:

  • Que aguantemos todo lo que nos dicen sin rechistar y que nos cuestionemos todo lo que hacemos
  • Que nos pasemos horas discutiendo y justificando todo lo que hacemos
  • Que cada vez distanciemos las visitas para evitar el conflicto
  • Que la distancia haga que os veáis una vez al año.

Sea cual sea la situación, hay un momento en el que la persona en cuestión opina, en formato crítica, sobre cómo actúas cuando tu hija llora porque se ha caído, cuántas veces le das el pecho a tu hijo de 2 años, que lo llevas en brazos cuando debería estar andando, que lo consientes, que no lo consientes, qué le das, qué no le das…. y generalizo porque si no, no terminaría.

Todo este tipo de críticas normalmente suelen hacerse con un objetivo: mejorar la calidad de la crianza que tú llevas a cabo.

¿Perdona?

Sí, sí, las críticas constantes que estás recibiendo seguramente tienen un fondo que está considera socialmente bueno: querer mejorar la calidad de vida de otra persona. El error que se comete, y que por eso las críticas nos molestan tanto, es que se hace desde una perspectiva del “yo sí sé, tú no sabes” o el que percibimos nosotras de “¿quién te ha dado vela en este entierro?”.

Está claro que una opinión, que podría ser perfectamente una crítica, es bien recibida si se pide. Pero cuando a ti no te importa lo que opinen los demás… pues eso, que no la quieres y punto.

¿Pero, realmente nos da igual lo que piensen los demás?

Pues en la mayoría de casos no, y esa es la gran dificultad.

Nos puede doler que nuestra madre diga que somos demasiado flojas con nuestro pequeño, que el suegro nos invite a cambiar de estrategia cuando nuestro hijo dice “No” porque según él sólo entienden el lenguaje del azote o que la vecina esté comentando cada vez que salimos de casa que si no sé controlar a mi hijo cuando juega en el patio que lo meta en casa para que no moleste. Por poner sólo unos ejemplos. Estas y demás críticas nos pueden afectar, de hecho, por eso nos sentimos “mal”.

Entones mi pregunta es la siguiente: para que las críticas de los demás no sean un problema para ti, ¿cuál es la mejor solución, intentar acallarlas mediante razonamientos e información, acallar poniendo una barrera e intentar que no nos afecten?

Pues desde mi punto de vista las dos son importantes, pero la que más ha mejorado mi calidad de vida en este tema es la segunda      .

Acallar la crítica implica dejar al otro sin la posibilidad de rebatir. Con el tiempo y la experiencia vas adquiriendo herramientas para ir dando respuesta a todas las críticas para que las personas que las emiten no puedan o tengan menos posibilidades o ganas de volver a discutir contigo. Eso requiere estar bien informado, tener conocimientos sobre aquello que te están criticando… Y también puede resultar realmente agotador.

También podemos acallar sin rebatir. Se trata de saber reaccionar con una frase que nos permita zanjar la discusión. Si no hay debate, no hay qué criticar ni discutir. Y es en este recurso en el que el control de lo que se siente es importante.

Si la acción de otra persona no estimula en mí un sentimiento que me resulte desagradable, ¿me importa lo que haya hecho o dicho? No, y ese es el gran poder de los sentimientos, la posibilidad de poderlos controlar. Aunque a veces puede no resultar tan sencillo, lo sé. Se trata de un camino de conocimiento y crecimiento personal que empieza en una misma, por supuesto, y eso implica en desear querer cambiar a nivel personal.

Te animo a que empieces a investigar tus sentimientos y emociones cuando alguien te critica para irte conociendo un poco mejora. Es el primer paso para poder tomar el control.

¿Qué importancia tienen para ti tus emociones?

Aquí os dejo un Facebook Live que di ayer, un poco improvisado, en el que reflexiono sobre la importancia que nos damos a nosotras mismas.

#empatíaycomunicación¿te has preguntado si tus emociones son importantes?

Publicada por Laia Simón Martín en Miércoles, 22 de marzo de 2017

 

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Envíame un mail a hola@nunnutit.com y responderé a todas tus dudas sobre el programa.

 

Un abrazo

 

Laia

Cómo llegué a la comunicación empática

A raíz de la formación de Asesoras Continuum conocí la Comunicación No Violenta. Sólo escuché a Sabina Santana de “Cuentos y más” una vez. Era una clase extra que teníamos en la formación. Todo lo que iba diciendo, las reflexiones que proponía, las ideas, los matices… me llamaron tanto la atención que justo después de la clase hice una inmersión en esta filosofía que no había oído nombrar nunca, pero que, de forma muy intuitiba ya estaba llevando a cabo sin darme cuenta. 

Partiendo de la base que intento a criar a mis hijos en base al respeto, la Comunicación No violenta me aportaba un matiz sutil y diferente: la autoempatía. Ese pequeño detalle daba un giro interesante a la visión que tenía de los conflictos que se generan en las relaciones, en especial con mis hijos.

Todo lo que he ido descubriendo y aplicando en mi vida personal y profesional han dado y están dando muy buenos resultados… Así que voy a intentar hacer un resumen de los puntos más importantes de esta metodología y os animo a que sigáis investigando si os interesa.

La Comunicación No Violenta (CNV) fue desarrollada por el doctor en psicología clínica y educador Marshal B. Rosenberg, mediador reconocido en conflictos internacionales.

El proceso de la CNV se basa en la empatía y evita caer en la dicotomía del bien y del mal que tenemos tan arraigada en nuestra sociedad. Así pues en la CNV se evita emitir un juicio, así como avergonzar, criticar, culpabilizar o exigir a ninguna de las partes.

Si bien la CNV puede aplicarse en cualquier tipo conflicto, me centraré en la relación entre padres e hijos.

 

Antes de pensar en poner en práctica los principios de la CNV

Cuando planteamos la comunicación empática en la relación a nuestros hijos Marshall nos invita a hacernos dos preguntas: ¿qué quiero que haga mi hijo? Y ¿qué razones quiero que tenga mi hijo para hacerlo?

La mayoría de los padres nos preocupamos por educar a nuestros hijos de la mejor manera posible. Queremos que sean responsables, autónomos, empáticos… Y en la mayoría de casos no queremos que nuestros hijos hagan las cosas por miedo, vergüenza, deseo de premio… sino porqué las consideran necesarias o que aportan algún tipo de beneficio.

Se trata de establecer un diálogo respetuoso con nuestros hijos que permita llegar a acuerdos que satisfagan las necesidades de ambas partes. Para ello es importante considerar la escucha empática y la expresión honesta como los dos pilares sobre los que se estructura el proceso de la CNV. Este proceso consiste en cuatro fases

  • Observar actos concretos que afectar nuestro bienestar.
  • Conectar con los sentimientos que nos provocan esos actos
  • Averiguar cuáles son las necesidades que originan esos sentimientos
  • Qué pedimos para mejorar nuestro bienestar.

Estas cuatro fases deben ir en dos direcciones. Una sería hacia nosotros mismos, en la que entraría la autoempatía: observo, siento, averiguo qué necesito y qué pido. Otra sería hacia nuestros hijos: qué observas, sientes y necesitas y qué pides para satisfacer tus necesidades. Tener en cuenta esa doble direccionalidad de la comunicación implica comunicacion_eficazconectar con la otra persona, lo que conlleva a querer satisfacer las necesidades de ambos.

Siguiendo el proceso que he explicado antes, se establecen 3 fases que nos permiten establecer esa conexión.

Ofrecer empatía: averiguar cómo se siente, cuáles son sus necesidades sin juzgar y partiendo de la observación de unas acciones.
Expresar nuestras observaciones, sentimientos, necesidades y peticiones: expresarnos partiendo de que somos nosotros los que sentimos, necesitamos y pedimos.
Conectar con la autoempatía: durante el proceso de comunicación es importante ir conectando con nuestros sentimientos y necesidades así como tomarnos el tiempo necesario para hacerlo antes de reaccionar y elegir una estrategia.

Es muy probable que en un proceso de comunicación con nuestros hijos, después de haber hecho una petición obtengamos un NO rotundo. Un no siempre es un Sí a otra cosa. Averiguar de qué se trata nos permitirá volver a conectar con nuestros hijos y nos permitirá continuar el diálogo. Pero también hay que ser conscientes que a veces, nuestras peticiones como padres intentan ir en una única dirección y es posible que nuestros hijos lo vivan como una imposición alejándonos de la conexión tan necesaria en la CNV.

Esto ha sido solamente una pincelada de lo que es la Comunicación No Violenta. Os animo a que sigáis leyendo y compartáis vuestras opiniones y experiencias. La mayoría de nosotros no hemos sido educados para comunicarnos en base a la empatía, y eso todavía la hace más interesante.

 

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