La 3 cosas que aprendí de Kirikú

La casa desordenada. Ropa por lavar, ropa por guardar. Hace tres días que no barres la casa. Platos sucios en el fregadero. La mesa de trabajo llena de tareas pendientes. Mails por responder. Y no sabes qué preparar para comer. No te has duchado esta mañana. Solamente tienes ganas de tumbarte al lado de tu bebé y adormecerte oyendo su respiración. Olerlo, mirarlo, abrazarlo, y descansar… es lo que deseas. Pero tienes tantas cosas por hacer…

Esta sensación de estar abrumada, la he vivido muchas veces. De vez en cuando, con dos criaturas de edades diferentes en casa, todavía la tengo. Pero la vivo diferente. Con el paso del tiempo y las cosas (algunas muy buenas, otras no tanto) que nos han sucedido, he aprendido a fluir, a saber delegar y priorizar desde el corazón, y no desde la mente.

Con esa percepción distinta y nueva, os cuento lo que yo aprendí al ser mamá:

  1. El tiempo no se detiene.

Recuerdo una serie de televisión, cuando yo tenía unos 15 años, donde una chica mitad humana mitad extraterrestre tenía el poder de parar el tiempo ( De otro mundo). Siempre he soñado con tener ese don. Pero llegué a la conclusión de que no es posible. El tiempo pasa, pasa muy rápido. Un día tu bebé está dormido la mayor parte del día, y sin darte cuenta se sienta solo y duerme un ratito por la mañana y otro por la tarde. Y al cabo de poco ha pasado un año y ya anda… Los primeros meses de vida de tu hij@ son alucinantes y maravillosos. Es increíble como adquieren habilidades y crecen día a día. Casi sin darte cuenta. No dejes escapar esos días preciosos por las tareas por hacer. Organízate para tener tiempo de estar con él. Tiempo suficiente para poder recordar sus primeras veces. Ese recuerdo será un tesoro para ti.

  1. Los objetos que te rodean sólo son cosas.

En serio, ya se que te encanta tener la casa limpia que huela a rosas y que todo esté en su sitio exacto. Y nadie mejor que tú para hacerlo si quieres hacerlo a tu gusto (como dice el dicho popular, “si quieres algo bien hecho, hazlo tu mismo”). Pero desengáñate: la mayoría de esas cosas que pueblan tu hogar, no las vas a recordar en unos años y ni siquiera te van a reconfortar. No te abrazan ni te hacen reír. No les prestes más atención de la que requieren: cuando llegue alguien a casa (pareja, madre, padre, amiga/o, etc..) y te diga “ya me quedo yo con el niño, ve a hacer lo que necesites”, si lo que pretendes es ponerte a lavar, fregar los platos, cambiar sábanas, barrer… atrévete a delegar. Todos los adultos podemos hacer las tareas del hogar. Seguro que alguna hay que quieres hacer tú, pero deja tareas para los demás. Si vienen a ayudarte, estarán encantados/as de colaborar de verdad.

  1. Déjate quererte.

A ti. Sí. A ti que además de madre, pareja, trabajadora/emprendedora, amante etc… sigues siendo tú. Guardar en tu día a día un ratito sólo para conectar contigo, para hacer algo que te apetezca hacer por ti y para ti, no va a ser enriquecedor, va a ser una salvación en determinados momentos. Sigue queriéndote y mimándote porque eres importante. Al menos para una persona en el mundo eres insustituible.

Hay un personaje de animación que nos encanta a toda la familia: se llama Kirikú. Es un niño africano muy especial (podría decirse que con mucha claridad mental.). Te dejo un fragmento de una de sus películas en la que una bruja ha envenenado a todas las mujeres del pueblo. Es un sencillo pero claro resumen de mi aprendizaje como madre:

 

Tu fisiología, tu instinto, tus hormonas, tu corazón saben que eres insustituible. La seguridad, confort y amor que tú, como madre, puedes darle a tus hij@s estando presente a su lado, no se la puede dar nadie más. Es una certeza que da un poco de miedo porque es una responsabilidad enorme. A la vez, es maravilloso comprender esa conexión especial y única que se tiene con los hij@s y dejar que ese vínculo ocupe el espacio que necesitas.

Maternidad y Conciliación

Si quieres saber cómo organizarte y planificar tu maternidad de una forma segura y empoderada, mira el programa que hemos creado.

En él descubrirás cómo atender a tu bebé cubriendo sus necesidades reales al mismo tiempo que optimizas el tiempo que necesitas para ti y tu negocio.

O si quieres, también puedes adquirir nuestra:

Guía práctica para organizarte durante tu posparto

Y después del parto… ¿qué?

Lo tienes todo preparado: la bolsa para llevar al hospital, la cuna, el cambiador, ropa, pañales de recambio, una habitación preciosa hecha con mucho amor e ilusión… parece que todo está donde debe estar. Sólo falta el bebé.

 

Y el bebé llega. Los pocos días que pasáis en el hospital, estás en una nube: hay enfermeras, que, si te hace falta, bañan y cambian al bebé. Y tu descansas porque no tienes nada más que hacer que estar. Estar con tu bebé. Todo bajo control.

todo bajo control

Luego, os dan el alta, y llegáis a casa. Parece que todo está perfecto… pero entonces empiezan las dudas…

 

Hoy está llorando mucho…

¿Será normal que haga tantas deposiciones?

¿Por qué hace dos días que no hace cacas?

Me duele el pezón…

Se despierta muy a menudo

Está durmiendo muchas horas…

 

Nadie te había contado nada sobre todo esto… Esta incertidumbre, tantas dudas. Los bebés sólo comían y dormían, ¿no?

Durante el embarazo leíste muchas cosas, te informaste de todo lo referente a la gestación y después para el parto… y se te olvidó informarte sobre todo lo que sucede después.

Tranquila, nos pasa a la mayoría. Y no solamente respecto al bebé. También las cosas que nos suceden a nosotras. Por ejemplo, a mí me sorprendió que mi barriga no volviera a su estado “normal”, cuando ya habían pasado ¡¡7 días desde el parto!! ¿Por qué no volvía a su sitio? Me sentía extraña en mi propio cuerpo. Al cabo de unos días más me pareció lógico, mi piel y mis músculos necesitaban más tiempo, tras 9 meses cediendo, para volver a ser como yo recordaba.

Las cosas pasaban de un modo diferente a como yo creía que iban a suceder, por mucho que lo intentara, los días se escapaban a mi control. En mi cuerpo, y también a mi alrededor: la ropa por lavar, los platos por fregar, el suelo por limpiar… todo iba a una velocidad muy diferente a como yo lo había imaginado.

 

Cuando ves una peli con bebés, o un anuncio, todo es maravilloso. Todo en su sitio, todo en silencio, todo limpio, una mamá perfectamente feliz, peinada y que siempre huele bien, y un bebé sonriente y dormido, al que nunca se le salen las cacas por los sobacos mientras piensas sobre cómo le vas a quitar el pañal sin mancharlo más aún.

Cuando en la peli aparece una mamá despeinada, dormida, dudosa, cansada… va acompañada de una casa descuidada. Esa mamá, pensamos, no sabe hacerlo bien. Tenemos una imagen muy clara y concreta de cómo debe ser una buena madre. Pues voy a decirte algo: esa imagen preconcebida de cómo tiene que ser una madre para ser buena madre, es, en la mayoría de casos, errónea. No te tortures más. Eres buena madre. De hecho, para tu bebé, tú eres la mejor madre, porque…

 

  • Seguramente miras enamorada a tu bebé durante horas (darse cuenta de la magia de lo que has creado a veces hipnotiza, y eso puede llegar a ser maravilloso)
  • Aun estando muy cansada, quizás sientes que necesitas alimentarlo, acunarlo, lavarlo… esa conexión le hace saber lo importante que eres para él, y él para ti
  • Te duermes con él sin darte cuenta : si estás cómoda durmiendo con él, túmbate, seguramente los dos dormiréis mejor, si no estás cómoda, intenta dormir tú también cuando lo dejes en su cuna
  • Aunque te agobie no tener la casa como quisieras, posiblemente se te olvida todo al escuchar sus ruiditos mientras aparece una sonrisa en tu cara, eso te permite estar presente con él, que te necesita mucho más que una casa limpia y ordenada, de eso se pueden encargar otros
  • Tal vez quieras levantarte y desaparecer porque la situación te abruma y al mismo tiempo sientes que no lo harás: en el fondo sabes que estos momentos desaparecerán pronto, los bebés crecen rápido

madre bebé contacto

Y tu entorno… tal vez te apetezca mucho estar con tu família o tus amigos, compartir tu maternidad, o no pensar en ella porque estás saturada. Eso está bien, rodéate de las personas que te hagan sentir bien.

O tal vez no quieras ver a nadie y que nadie te quite ni un minuto de estar con tu bebé. Eso también está bien.

Quizás necesitas a alguien que te ayude sin preguntar el por qué, sin juzgar lo que sientes o dices… que ordene la casa mientras tu estás con tu hijo en vez de que te digan “ve tranquila a hacer lo que necesites, que nosotros nos quedamos vigilando al bebé”. O al revés, porque prefieras moverte y hacer algo en casa en lugar de sentarte a mirar como duerme. Todas las opciones están bien. Cada una tiene su modo de adaptarse a la maternidad.

Y mientras tanto, no importa si estás peinada, si la casa está limpia, si hueles de maravilla o no, … Pregúntate qué es lo que necesitas, qué es lo importante para ti, y qué necesita el bebé.

Si necesitas tiempo sola, pide ayuda. Si necesitas salir de casa, puedes hacerlo. Si necesitas estar en la cama todo el día con el bebé cerca, adelante. Si necesitas desahogarte, hablar sin que te pregunten nada, busca alguien que pueda acompañarte.

Tener una persona que te acompañe amorosa y respetuosamente, sin preguntas, sin juicios de valor, sin condiciones, que te comprenda, te hará sentir respetada, segura, tranquila.

 

Respira. Disfruta. Date tiempo para acomodarte en tu nueva vida, en ese cambio que parecía que iba a durar 9 meses, y resulta que ya es para siempre. Verás que después, todo empieza a encajar: tu bebé, tu cuerpo, la organización de tu vida, tu maternidad.

 

Talleres Adiós a los pañales

Este mes de junio hemos facilitado el taller Adiós a los pañales a más de 30 famílias en total, así que estoy muy satisfecha por el trabajo realizado, y por haber ayudado a tantas mamás y a tantos papás a encontrar recursos y herramientas para llevar esta etapa del desarrollo de sus hij@s como una aventura y no como  un “engorro” o un “suplicio”. Y además estuve acogida por un grupo  de mamás (Cu-cut) en Sant Sadurní d’Anoia, y por el espacio polivalente de La Panxamama, en Vilafranca del Penedès.

Lo mejor de estos talleres es que todas las famílias están en el mismo punto, y todas tienen ganas de escuchar y comprender mejor como evoluciona el control de esfínteres, qué capacidades fisiológicas, neurológicas y emocionales debe madurar nuestro bebé para estar preparado y empezar a olvidarse del pañal, y qué recursos tenemos al alcance para acompañar a nuestro hij@ y agilizar el proceso, partiendo de una actitud respetuosa y amorosa por parte de nosotros, los adultos.

También muy contenta con el ambiente acogedor y cómplice que se generó en las tres charlas, puesto que todas las famílias pudieron comentar su situación, sus miedos, temores y dudas. Al terminar el taller recogí respuestas en la evaluación del taller que pido a tod@s los participantes.

Estos son algunos de los testimonios ante la pregunta “¿qué te llevas del taller, para aplicar en casa?“:

 

N.Callau: “La tranquilidad de saber que es un proceso lento que hay que emprender con paciencia para que la niña lo viva con naturalidad”

Jose M.: “Ideas. Sobre todo la de hacerlo partícipe; paciencia y no tener miedo a dar un paso atrás”

Raquel F.: “Mucha información y herramientas para afrontar la etapa con tranquilidad y empatía hacia mi hija”

Linda: “Compartir mis sentimientos, implicarlo más en el proceso”

Jordi: “Unas cuantas pautas a seguir que pueden ser muy útiles”

Meritxell: “más tranquilidad y seguridad”

 

Y aquí algunas fotos de un par de los talleres, que a veces se me olvida esto de inmortalizar el momento…

 

Ha sido una agradable experiencia el poder ayudar a tantas famílias en este momento de la crianza. Hasta igual ¡repetimos en breve…!

 

Mònica Pons
mujer, madre, bióloga y doula

 

5 preguntas para hacerte antes de dar a luz

antes del parto

Durante mi primer embarazo, estuve leyendo mucho acerca del desarrollo del bebé intraútero. Y de cómo eran los partos “normales”. Leí algún libro sobre cómo debía sentirse el bebé dentro de la barriga de la madre ( El vínculo afectivo con el niño que va a nacer, Dr. T. Verny), también alguno sobre la llegada del alma a su cuerpo (ésto es un poco metafísico pero me sentí muy cómoda con la visión de la reencarnación que encontré en Los nueve peldaños, A. Givaudan, D. Meurois).

Tenía miedo a que pudiera haber algún problema durante el parto. Sobretodo, mi miedo era no poder soportar el dolor, no poder ayudar a mi bebé a nacer, no poder parir tal y como parió mi abuela a sus 7 hijos. Siempre la vi como una mujer muy fuerte, poderosa, luchadora. Supongo que ir acercándome al final del embarazo y sentir que llegaba el momento, que no había vuelta atrás, me hizo verla más empoderada todavía.

Se que es una visión algo inocente, porque seguro que ella debió sentirse sola y vulnerable e insegura, al menos en su primer parto, que fue en el que más sufrió, según ella misma me contaba.

En mi segundo embarazo, después de la experiencia (bastante positiva y de la que tengo una vivencia muy feliz), tenía algo más claros algunos aspectos a los que no había prestado atención durante mi primer embarazo. Todo ésto me sirvió para poder superar, a pesar de todo el dolor e incertidumbre, lo que sucedió. (las vivencias de mis partos) al final de mi segundo embarazo.

 

Mis 5 preguntas para hacerse antes de dar a luz (un tiempito antes, no dos semanas antes :-)) son éstas:

 

1-¿cómo de cómoda quiero estar?

¿eres de estar en zapatillas y pijama por casa, o no? lo digo porque para mi, no es lo mismo estar cómoda y a mi aire, sentada en el suelo, o en el sofá, que estar con los zapatos de calle y “bien” vestida… yo no estaría igual de cómoda. Durante el parto, puedes sentir libertad de movimientos, caminar cómo y por donde quieras de tu habitación, o puedes estar tumbada y conectada a un suero y a las correas, con los movimientos limitados. (El primer parto de Laia Simón)

Cualquier detalle a tu alrededor que te haga sentir bien, relajada, segura, hará que todo fluya mejor, y que sea más fácil para ti sobrellevar las temidas contracciones. Un ambiente íntimo y tranquilo favorece la secreción de la oxitocina que tu cuerpo genera durante el parto (y las contracciones dolerán menos). Alguien desconocido que entra de golpe en la habitación, que te hagan muchas preguntas, un tacto detrás de otro, etc.., puede frenar a tu cuerpo, que deja de producir oxitocina, y el parto se estanca.(la comodidad de la madre o del profesional)

 

Claro que cada una se conoce y sabe qué le puede incomodar y qué no. Por eso es importante que te plantees muy seriamente ésta cuestión, porque el lugar donde vayas a dar a luz debería estar en concordancia con lo que tu vas a necesitar para estar presente, consciente y poderosa, durante el parto.

 

2-¿quién quieres que esté a tu lado durante el parto?

por lo general, todas decimos ”nuestra pareja”. Hace 50 años no había hombres presentes en los partos (a veces, solo a veces, un médico), ahora es algo normalizado. Michel Odent por ejemplo, no es partidario de que los hombres estén al lado de sus parejas durante el parto (Entrevista con Michel Odent). Pero resulta que eso también es decisión tuya: si quieres parir sola, adelante. Si quieres que tu pareja esté a tu lado porque te transmite tranquilidad, porque sabe acompañarte, o porque te hace reír y vas a necesitarlo, adelante también.

Y si quieres que esté tu madre, tu hermana, tu tía, tu doula, tu vecina, tu mejor amiga o quien sea, pues también adelante.

Sé que ésto puede generar un conflicto, pero el momento de ser madre es suficientemente importante (porque es tu cuerpo el que ayuda a recibir la nueva vida que ha creado) para anteponer tus necesidades a las de tu pareja, tu madre, tu hermana o quien sea. Hablando con el corazón en la mano, tu pareja lo entenderá si lo que quieres es que no esté.

 

3-¿tu comadrona y/o tu ginecólogo te dan buenas vibraciones? ¿te sientes cómoda con ellos?

Si tu embarazo lo ha “controlado” el Sistema Nacional de Salud y no es de riesgo, te habrás ido citando con una comadrona. Y si había algún riesgo, con un ginecólogo. En ambos casos, cuando vayas al hospital, te vas a encontrar con el equipo que esté de guardia.

Reconozco que saber que no conoces al equipo médico que va a asistir tu parto es algo inquietante. Pero os aseguro (al menos en mi caso fue así en ambas ocasiones) que cuando llegué al hospital, lo que menos me importaba era si conocía o no a las personas que me iban a  atender en caso que hubiera alguna complicación. Confío plenamente en los profesionales de la salud y se que si es necesario, actuarán con celeridad e intentarán ayudarme, por supuesto.

Lo que me generaba más inseguridad, era que no me explicaran lo que iban a hacerme si debían intervenir.

Lo que me inquietaba era que no me escucharan si yo decía NO a alguna prueba, o tacto, o intervención.

Lo que no me hubiera gustado, es que no me contaran claramente lo que iban a hacerme antes de hacerlo.

Afortunadamente para mí, el equipo médico que me atendió en el primer parto fue cariñoso y empático conmigo, y excepto en un momento concreto, me sentí muy bien atendida, y respetada.(Protocolo de atención al parto normal)

 

Si tu embarazo lo “acompaña” un médico de mútua, privado, la cosa cambia. Porque seguramente el equipo médico que te atienda en el parto sea su equipo. Entonces sí que importa, y mucho, que analices si te sientes cómoda, respetada y escuchada en las visitas.

Y que le hagas muchas preguntas, todas las que necesites hacerle, las que creas que son importantes y las que no.

 

En ambas situaciones, lo óptimo es que TU sepas qué quieres, sepas que la que está de parto eres tu, que no estás enferma y tampoco has perdido facultades mentales por ponerte de parto.

Si no te sientes cómoda con el equipo médico que te ha tocado (incluso con la matrona que te visita durante el embarazo por la SS) puedes pedir un cambio. Tienes todo el derecho a cambiar de ginecólogo, de comadrona y de hospital, cuando quieras. Aunque estés de 8 meses. Si eso va a hacer que te sientas mejor, adelante. Los médicos y las matronas saben hacer su trabajo tanto si han visto crecer tu vientre como si no, atienden partos a diario. Pero tu parto, el tuyo y de tu hijo, solo lo vas a vivir una vez, así que escoge consciente y tranquila.

 

4-¿qué bienvenida quieres brindarle a tu bebé?

El bebé que crece dentro de tu útero puede oír los ruidos a su alrededor desde aproximadamente las 20 semanas de gestación, y a las 25 semanas están totalmente formados los oídos, aunque el líquido amniótico amortigua los sonidos que percibe. Conoce tu respiración, el ritmo de tu corazón, el ruido de tus órganos, y también tu voz. Tal vez no entiende las palabras que le digas, pero si comprende los sentimiento que se desprenden de tus palabras. El 80% de lo que transmitimos es lenguaje no verbal: las miradas, la posición, el movimiento de nuestro cuerpo, el tono de nuestra voz, transmiten información. Y nuestro bebé puede sentir cómo te sientes: tu tono de voz, la tensión de tu cuerpo, la velocidad a la que late tu corazón… no sólamente porque oiga lo que sucede, sino porque cualquier respuesta tuya al entorno, se traduce en unos niveles hormonales determinados que desencadenan reacciones en tu cuerpo, y en el suyo, puesto que vive dentro de ti, y recibe parte de las hormonas que tu cuerpo fabrica. Igual que a ti te envuelve tu entorno, tu le envuelves a él, eres su entorno.

Durante el parto, tus hormonas le acompañan, tu respiración, tus sensaciones, tu voz. Y tus nervios, la medicación que te pongan a ti también le afectará a él, tu presencia o no también le afecta. Su separación de ti en  cuanto salga de tu cuerpo, también le afectará. (Restaurando el paradigma original, Nils Bergman)

 

Así que pregúntale también a tu equipo médico sobre el protocolo para el recién nacido: lo podrás coger, le cortarán inmediatamente el cordón umbilical, se lo llevarán de tu lado para pesar, medir, test Apgar…, o pueden hacer todo eso más tarde, o delante de ti..?

 

Para tu bebé, también va a ser el único día en que nazca (en ésta vida, si crees en la reencarnación), así que cuanto más amoroso y respetado sea el entorno que lo reciba, mejor, ¿no crees? (Plataforma Pro Derechos del Nacimiento)

 

5-¿y después del parto?

Bueno, ésta pregunta tiene trampa, lo reconozco… después del parto te preguntarás cosas cada día, y ya no dejarás de preguntarte cosas sobre tus hijos, y eso está bien. Encontrar tu propio camino, tu manera de ser madre, de criar. Descubrir tu fórmula para ser madre, sin prejuicios, sin ataduras sociales autoimpunestas… es genial. Y cada una encontrará su senda.

Pero los primeros días… esos en los que estás a la vez cansada y feliz, exultante de emociones, abrumada, desesperada, nerviosa, perdida, tranquila, dormida, preocupada…. y un sinfín más de sentimientos, a veces contradictorios, pueden ser especialmente duros. Para tí, que te estrenas como mamá, y para tu bebé, que se estrena como persona fuera de tu ser. ¿qué necesitáis de verdad de la buena,tu y tu hijo? ¿serenidad?¿tranquilidad?¿contacto? ¿ternura? ¿ajetreo? ¿ruido? ¿espacio? (mis primeras horas como madre)

 

Las primeras semanas de adaptación entre los dos también són únicas, y pueden marcar mucho el recuerdo que tengas con los años, de las vivencias de entonces.

 

Tómate tu tiempo, elige según sientas, haz partícipe de tus decisiones a las personas que quieres que estén a tu lado. Y si en algún momento quieres cambiar de opinión, cambia.

 

Feliz fin de semana del Parto y Nacimiento Respetados

Desaprender la comida o como confiar en tu bebé

Al salir de la revisión de los 6 meses de mi hija mayor, sentí una mezcla de incredulidad, diversión y preocupación.

 

Mi bebé regordete, tomaba teta a todas horas, y a demanda, es decir, cuando ella quería. También a menudo, durante las comidas, mi hija terminaba sentada en mi regazo o en el de su padre, observando atentamente qué y como comíamos, incluso a veces, intentando coger y probar algo de lo que tenía en el plato, al alcance de su mano.

En mi bolso llevaba ahora unas hojas con listas de alimentos a introducir: verduras, frutas, cereales, algunas carnes,… y cómo cocinar cada cosa, cuándo, en qué cantidad, cómo mezclarlo y triturarlo, cómo comer papillas… la verdad es que se me hizo un mundo. Al llegar a casa lo volví a leer. No entendía cómo iba a hacerlo para:

1. introducir un sólo alimento al día

2. esperar 4 días entre cada nuevo alimento

3. esperar a después de las comidas “reglamentarias” para dar teta (pero .. ¿no era a demanda?)

4. que mi hija se comiera las cantidades que se supone que debía comer

5. que hubiéramos probado todos los alimentos de la enorme lista para cuando nos viera el pediatra a los 9 meses, que ya me había dicho que me daría entonces otra lista, con nuevos alimentos a introducir…

 

Al día siguiente me puse manos a la obra: con  la peque en el fular, me fuí al mercado y llenamos la nevera de verdura y fruta fresca. También compré una papilla sin gluten y otra con gluten (y pensé que me hubiera ido bien tener una de las básculas de precisión de las que usaba en la facultad para mezclar según la guia que el pediatra me había dado, una papilla con otra para introducir el gluten). A media mañana, mientras Laia gateaba a mi alrededor, hice la primera papilla, con manzana.

¡Hay que nervios y que ilusión! mientras la hacía, me la imaginaba relamiendo la cuchara, disfrutando de la papilla y pidiéndome más con las manitas… como en los anuncios vaya.

La papilla estaba rica… eso decidí cuando me la comí yo, porque Laia la tocó, la tiró, jugó con ella y con el plato.. pero no la probó. La escupía. ¿no te gusta la manzana? ¿está demasiado espesa? ¿demasiado ligera?… que difícil me empezó a parecer comer comida, en vez de teta.

 

La siguiente semana estuve probando con otras frutas, y con un par de verduras, y con la papilla sin gluten… nada. Mi niña no quería papillas. Vamos, no quería ni verlas. De hecho tiene ya 5 años y nunca se ha comido una sola papilla. Así que lo dejé. Dejé de hacer papillas.

Me sentía mal si la obligaba a comer eso que no le gustaba.

 

Me ponía nerviosa y la situación terminaba en llanto o en disgusto. No quería aquello. Mi bebé disfrutaba con casi todo..

Sentía que tenía que haber un modo de que también disfrutara con la comida, sin que yo tuviera que forzar nada.

 

Me la ponía en el fular, o en la mochila a la espalda, cuando cocinaba, para que estuviera cerquita de mí y no se pusiera nerviosa y me pidiera teta. Cocinaba sin sal, sin salsas, todo a la plancha o hervido. Siempre alimentos de los de la lista. Y se sentaba con nosotros a la mesa.

A partir de ahí, solo tuve que dejarla tocar y coger la comida. No comía mucha cantidad, pero se divertía de lo lindo tocando y probando lo que había en el plato. Y dejé de estresarme. Ella seguía creciendo, seguíamos con la lactancia a demanda, y algunos días, me pedía menos teta y comía casi todo lo que le ponía al alcance, a veces durante el desayuno, otras en la comida, la merienda… alguna vez en la cena.

La verdad es que su percentil bajó. Pero el crecimiento de un bebé alimentado con leche materna difiere del de un bebé alimentado con leche artificial. A Laia la pesaban y medían y posicionaban respecto a una gráfica de crecimiento con leche artificial. Saber que había una diferencia en el ritmo de crecimiento ahí, me tranquilizó. Y seguimos así durante varios meses.

Mi bebé empezó a alimentarse adaptándose a los horarios adultos (desayuno, media mañana, comida, merienda, cena) a partir del año. . Cuando tenía un año y medio, se podría decir que comía su primer y segundo plato, y el postre (a veces, doble postre: fruta y teta :)).

 

Me siento muy orgullosa de haber respetado su ritmo. Distinto de lo aceptado. Y de respetar sus gustos: a mucha gente le extrañaba, por ejemplo, que comiera taaaanto tomate cada día, pero a ella le encantaba (y le sigue chiflando), se lo comía como quien come una manzana a mordiscos.

 

disfrutar comiendoY sigo en ese camino de respeto por su capacidad de decidir cuándo tiene hambre, y por su capacidad para saber qué le apetece y qué no. Reconozco que es difícil, los días en que no le apetece casi nada, en los que come poco; o las veces que comemos un plato distinto, nuevo, y no lo quiere probar, o lo prueba y no le gusta.

Sobretodo nos es difícil, porque a mi pareja y a mi nos enseñaron a terminarnos todo, siempre. Y a comer aunque no te gustara lo que comías. Claro que nuestros padres lo hicieron con la mejor de las intenciones, y debido a sus propias vivencias (hijos de la posguerra), lo entiendo perfectamente. Pero de momento, no nos falta la comida.

 

Con mi hija pequeña, ya no compré ninguna papilla. Le ofrecí siempre de lo que había en la mesa para comer. Y también tardó un tiempo en comer cantidades más o menos estables de comida. Pero sabe cuándo tiene apetito y cuando no. Y de postre, a veces de segundo plato, siempre aparece la lactancia, con sus dos añitos. Ah.. y también le encanta el tomate.

Siento que la relación de mis hijas con la comida es mucho más sana que la mía. Yo estoy reaprendiendo a escuchar mis necesidades nutricionales. Ellas no van a tener que reaprenderlo, porque no se les ha olvidado.



  

Mensajes y Páginas Populares

 

Historia de una lactancia mixta diferida. Segunda parte.

Aquí estamos de nuevo, con la segunda parte de la historia de Nessa, Alex y su lactancia.
Lo que me encanta de éste relato (a parte de saberme parte implicada en varios momentos de su narración, lo cual me reconforta como persona y como profesional), es que a pesar de todo lo sucedido, de las dificultades,  de las bienintencionadas opiniones, de las miradas que juzgan,… Nessa siguió adelante en su lucha, escuchando su instinto y sus emociones.

Dicen que dar el biberón es algo frío y que está muy lejos de parecerse a dar el pecho, pero yo nunca lo sentí así.

Cuando se lo daba no había ni tele ni ruido en casa, solo los dos mirándonos a los ojos. Disfrutaba de ese momento en el que podía acariciarle la carita o cantarle. Con mi marido decidimos que solo yo le daría el biberón, me sentía mal si mi pareja se lo ofrecía a cualquiera, le hice entender que emocionalmente no me sentía a gusto si veía que otra persona podía hacerlo. Igual mucha gente pensará que soy radical pero seguía sintiéndome triste.

La naturaleza solo le da a la madre ese gran don así que, aunque por circunstancias yo no podía hacerlo, sí que quería ser siempre quien alimentara a mi bebé.

 

Todo iba bien hasta que otro problema apareció: las famosas grietas de las que tanto había oído hablar.         Primero no sabía exactamente que eran, pero luego entendí que la copa del sacaleches me estaba haciendo heridas. Aguanté porque tampoco me dolían, y si me molestaban mucho pues ese día no hacía tantas extracciones.

Me decían que debía estar utilizando una copa inadecuada pero seguíamos las instrucciones, estuvimos tomando medidas, compramos las otras copas para probar y solo la que se ajustaba a mi medida según las instrucciones de la marca me extraía leche. 

Pensamos que tal vez era la potencia: probé con menos y las lesiones seguían. Un fin de semana empecé a sangrar y vi peligrar nuestra lactancia así que decidí fui a pedir ayuda a Abraçades Sant Cugat, me habían hablado muy bien de ellas.

 

Allí me di cuenta del gran trabajo que realizan los grupos de lactancia. No tengo palabras para agradecer la labor que hacen semanalmente con madres como yo.

 

Las asesoras te respaldan y ayudan con los problemas y dudas que van surgiendo. Son grupos voluntarios y me parece admirable que diferentes profesionales pongan sus conocimientos a tu disposición.


Ya no sabía a quien acudir y me di cuenta que ojalá hubiera ido antes.
Expliqué mi historia y una de las asesoras vió que mi hijo tenía frenillo.No podía creérmelo, sentí una mezcla de sentimientos:

Alivio

por saber al fin cual era la causa de nuestros problemas

Impotencia

porque delante de mi pasaron mentalmente todos aquellos profesionales a los que había acudido durante 4 meses con la frase ” noto que mi hijo no succiona bien” pero no habían visto  que mi pequeño tenía la lengua atada y por eso no mamaba bien.

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Con el tiempo he sabido que a menudo pediatras y otro personal no tienen suficiente formación en lactancia pero me parecía increíble que médicos a los que yo había visto mirar la boca a mi hijo no lo hubieran diagnosticado.

Ese día, cuando por la noche me quedé a solas con Alex, me vine abajo. 
Después de abrazarle con todo mi amor le dije – Lo siento cariño…Lo siento mucho porque no fuimos a más médicos o especialistas, lo siento porque nuestro problema tenía solución y quizás ahora es tarde…pero seamos positivos y volvamos a intentarlo, te parece?-.

En dos semanas nos vio el cirujano y le cortó el frenillo ese mismo día.

Era frenillo 4, que a simple vista ya se notaba así que más indignada me sentí. Nos dijo el médico que tenía en el labio una parte dura que suelen tener por problemas en la succión y que al abrir la boca ya veía que la lengua estaba sujeta. Nos explicó lo importante que era hacer la intervención puesto que la lengua intervienepor ejemplo, en el habla. Le conté nuestra historia y me dijo que lo intentara, que siguiera con el grupo de lactancia pero que probablemente era demasiado tarde : ¡Qué pena!- me dijo- Si lo hubiéramos cogido a tiempo no habrías tenido problemas.

 Llevaba una semana sin ofrecerle el pecho porque me hacía mucho daño, estaba empezando con el proceso de dentición y me mordía, no quería sufrir más lesiones. Sin embargo, nada más llegar a casa después de cortar el frenillo volvimos a probar. Se lo iba ofreciendo pero me mordía, me tiraba… hacía lo mismo que hace con sus mordedores o juguetes, estaba rabioso con la boca y sin querer me hacía mucho daño. Probé con pezoneras pero seguía siendo horrible. 

Así estuvimos semanas… ya me daba miedo acercármelo y él lo notaba, así que dar el pecho volvió a convertirse en un momento estresante.

 Finalmente desistí y continuamos con nuestra lactancia diferida. Mientras sucedía todo esto, había disminuido la cantidad de leche que me sacaba y me obsesionaba el tema de si esa leche, por escasa que fuera iba a aportarle algún beneficio. Todo el mundo con el que hablé fue unánime en la respuesta: por supuesto que le hacía bien.

No entendía muy bien como poca cantidad de leche podía ser efectiva. Núnnutit me lo aclaró: no sólo le estaba pasando nutrientes a mi hijo sino también cientos de bacterias beneficiosas y anticuerpos destinados a mejorar y desarrollar su sistema inmune. Cada gota de mi leche era un tesoro para mi hijo, así que aunque fueran 50ml, me esforzaría para dárselos e incrementar es acantidad con el tiempo. Mónica me convenció de que hacerlo a diario ya er amucho y definitivamente sus palabras me animaron a continuar.

En Abraçades me habían dado indicaciones para curar las grietas y que no se infectasen y yo lo hacía todo. Me ponía crema, protectores, pro bióticos… había disminuido mucho las extracciones para curarme y a simple vista parecía que las grietas mejoraban pero cuando intenté incrementar las extracciones, empeoré. Analizamos mi leche y tenía mastitis. Eso explicaba en parte porque hacía tanto tiempo que me encontraba agotada físicamente, a saber desde cuando lo tenía y por eso me sentía débil. Con antibióticos pude deshacerme de ella.

Otra vez me vine arriba, ya podía seguir con mi sacaleches y subir las extracciones…. Pero a la que volví a incrementar el número de extracciones, otra vez las dichosas grietas abiertas y ensangrentadas.

Ahora ya no podía ser cosa de la infección, si empeoraban era porque efectivamente el sacaleches me hacía daño.

Habíamos revisado la medida de la copa con el grupo una y otra vez y era la correcta. Hablé con gente del ámbito sanitario y les pregunté qué pasaba si seguía haciendo lactancia diferida con las grietas y no me lo aconsejaron.

 

Déjalo ya de una vez me decían, acabarás mal, no puedes estar con heridas durante tanto tiempo…   Este ha sido el único momento en el que honestamente pensé en abandonar. Hablé con mi marido y le dije que seguramente había llegado el momento de dejarlo. Habíamos logrado 6 meses de lactancia y si mi salud corría riesgo seguramente tendríamos que tirar la toalla.

 
Me sorprendió su reacción y gracias a sus palabras tuve la fuerza para buscar una salida. Empezamos a pensar en soluciones:

¿y si lubricamos la copa para que no te dañe?

¿Y si probamos con otras marcas de sacaleches?

¿Y si hacemos algún invento?

él buscó por su parte y yo por la mía.

Sentí la necesidad de escribir a la marca del sacaleches para explicarles mi caso empezaba a mirar vídeos de como hacer extracciones con tus propias manos y así no lesionarme. Al día siguiente me llamó la especialista en temas de lactancia de la empresa de los sacaleches y quedó alucinada con mi historia. Me comentó que me ayudarían en todo lo que pudieran y que una comercial me dejaría material como cremas para curar las grietas y una copa que ya no estaba en el mercado pero que iba muy bien para las personas con la piel sensible.

 Me alegré de recibir esta respuesta , sinceramente no me la esperaba… pero más arriba me vine cuando probé la técnica de la extracción manual y vi que efectivamente funcionaba. Parecía aún más eficaz y rápida que la mecánica. Me llené de esperanza de nuevo al ver una posible salida a nuestra situación. Mi objetivo ahora sería extraer manualmente hasta curar por completo las grietas y después continuar con la copa nueva que al parecer no me lesiona.

 Y ¿en qué momento estamos ahora mismo? He oído hablar de la extracción poderosa como una manera de obtener una rápida producción de leche materna. Se trata de realizar extracciones cada hora en unos pocos días y con el tiempo puedes espaciar obteniendo gran cantidad de leche. Lo haremos en unos días, cuando me sienta preparada y no haya rastro de las heridas.

Sé que lo conseguiremos y Alex podrá seguir tomando mi leche.

Una buena madre no se mide por la manera en la que alimenta a su hijo ni en si hace lactancia materna o artificial.

 mother with baby

Una buena madre es mucho más que eso y no me gustaría que mi relato molestara a las personas que optan libremente por una lactancia artificial. Las entiendo porque muchas veces me he sentido juzgada cuando he tenido que alimentar a mi hijo públicamente con biberón… Pero también me he sentido juzgada en mi empeño por lactar con mi leche, en mi insistencia a pesar de las adversidades y la mayoría han visto en mis intentos una especie de locura. No soy una fanática ni soy una talibana de la teta como suelen decir por ahí. Simplemente soy una madre que quiere a su hijo y que se ha informado de los beneficios que le aporta la lactancia materna. Para mi no ha sido un sacrificio, ha sido una inversión en su futuro…

Así que nuestra lactancia terminará el día que los tres, mi pequeña gran familia, decidamos que ya ha sido suficiente.

Muchas gracias Nessa por compartir con nosotras, vuestra historia.
¿queréis compartir vuestras historias maternantes?
Estaremos encantadas de leeros, podéis contactar con nosotras en nunnutit@gmail.com
Mònica Pons
PD: podéis encontrar información detallada sobre extracción manual de leche materna aquí:

Historia de una lactancia mixta diferida. Primera parte

Hace unos meses, estuve hablando varias veces con Nessa, es una bailarina de danza oriental con quien hace años compartí bailes, risas, ensayos y talleres de técnica. Había sido madre hacía poco, y me ofrecí a acompañarla, aunque en la distancia, en lo que necesitara.
Conociendo su viaje, creo sinceramente que Nessa es una mujer valiente y perseverante, que delante de la adversidad supo encontrar su camino, y lo siguió con la fe ciega de los que escuchan a su corazón.
El otro día, demostrando también su generosidad, me comentó que quería explicarnos sus experiencias con la lactancia. Su objetivo es que otras madres que puedan hallarse o se encuentren ya en una situación similar, no se den por vencidas, no se conformen con la primera respuesta y busquen la solución real a lo que sea que no les permite vivir la maternidad con plenitud.
Y que sepan que no están solas.
Y que sepan que seguro, otras madres han pasado por lo mismo que ellas en algún momento.
Por nuestra parte, nos sentimos muy orgullosas de que haya confiado en nosotras para dar a conocer su historia, su lucha personal por conseguir aquello en lo que creía.
Aquí os dejo la primera parte de su vivencia:
“Antes de tener a mi hijo siempre había dicho que haría lactancia artificial, estaba totalmente convencida. No por estética o por pudor sino porque imaginaba que debía ser molesto, y pensaba que yo no lo aguantaría.
Sin embargo, en el momento en el que supe que estaba embarazada, cambié de pensamiento, decidí que sí iba a dar el pecho.

Si de algo me he dado cuenta durante todo este tiempo es de que no te conviertes en madre cuando das a luz, sino que lo eres en el preciso instante en el que sientes que llevas vida dentro

Alex nació una tarde calurosa de julio y por motivos de salud tuvo que estar en observación. Me hacía tanta ilusión hacer piel con piel y darle el pecho en el quirófano, había soñado tantas veces con la imagen de los tres nada más nacer… que el mundo se me vino abajo cuando después de sacarlo con mis propias manos se lo llevaron. Recuerdo que en la habitación, mientras esperaba impaciente hice el comentario que igual tendría problemas con la lactancia porque había leído sobre el reflejo de succión en las primeras horas de vida pero jamás pensé que esa frase sería un adelanto de todo lo que nos iba a suceder. 

Mi hijo presentó hipoglucemias así que empezaron a darle biberones cada tres horas. Pedí que se los dieran con jeringuilla pero la enfermera me comentó que el niño se agarraba bien al pecho y que no tenía de qué preocuparme.
El primer error que cometí fue ese, creer ciegamente en lo que me decía, ya que sí que interfiere la manera en la que se le da la leche (después me informé de lo que se conoce como confusión tetina-pezón).
Alex tomaba mucha leche porque no se controlaban las hipoglucemias, entre tomas no quería tomar pecho y se pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo. Comenté que notaba que succionaba flojo pero me respondieron que seguramente era porque estaba demasiado saciado por los biberones. Los días que estuvimos allí me estimulaba entre las visitas con un sacaleches manual porque temía no producir suficiente leche.
Estuvimos más días de lo normal ingresados por el tema de las hipoglucemias. Al volver a casa otro error que cometí fue el de no pedir ayuda. Reconozco que esos primeros días tenía que haber sido tajante y quedarnos los tres solos en casa para centrarme en lo que de verdad importaba. A las personas con las que tenía confianza les comentaba que tenía problemas con dar el pecho pero a la mayoría no tuve valor de negarles la entrada.

Necesitaba hacer piel con piel con mi hijo las horas que hubiera querido, lo primero tenía que haber sido establecer mi lactancia por encima de todo pero no podía porque tenía que atender a las visitas e intentaba con todas mis fuerzas ser la misma de antes. No sé como no pude verlo, es imposible cuidar de un recién nacido que te demanda a todas horas, atender a la gente, ir a la compra, limpiar, cocinar, no dormir y sobrellevar un problema de hipertensión post parto que me llevó varias veces a urgencias.


Intentamos primero quitarle los suplementos de leche artificial pero era horrible, lloraba de hambre y yo me tenía que enfrentar a comentarios como que quizás mi leche no era suficiente o que podía tener mala calidad.
Nuestro día a día era: se cogía al pecho, lloraba, golpeaba el pecho, lloraba, se dormía 10 minutos, volvía a llorar y al final le daba leche artificial con jeringa o biberón para no verlo sufrir más.
Yo no paraba de repetir que no succionaba bien a los diferentes profesionales a los que acudimos, como madre notaba que algo no iba bien pero todos lo atribuían al tema de los biberones y que se había mal acostumbrado. Llamé a muchas puertas, quizás demasiadas, la mayoría no supieron o pudieron ayudarme. Otras, en cambio, como Mónica de Núnnutit, me acompañaron con sus consejos y apoyo en una etapa en la que te sientes sola y vulnerable. He conocido a grandes mujeres durante este viaje…

Acudimos a pedir ayuda a especialistas (pediatras, enfermeras) que me decían que no pasaba nada por darle biberón o que eso era típico de la lactancia mixta, que el bebé acababa rechazando el pecho. Era como si tuviera que resignarme porque “esto es lo que suele pasar cuando les dan suplementos en el hospital” pero no me daba la gana, yo no quería resignarme!!!
bebe plorant bn
Probamos con un relactador: se trata de un artilugio para estimular al bebé a que se coja con más ganas y poco a poco poder quitar los suplementos. Me colgaba un dispositivo que tenía leche almacenada y a través de una cánula sujetada al pecho mi hijo succionaba mi leche y la del relactador de manera que recibía más cantidad de alimento.
Y entre las tomas utilizaba el sacaleches para estimular más producción de leche. Recuerdo que mientras me sacaba leche me desahogaba con Núnnutit y les enviaba mensajes porque necesitaba sentir que alguien en cualquier momento se preocupaba por mi. Les planteaba dudas e inquietudes però lo que más me reconfortaba era saber que estaban al otro lado escuchándome y dándome fuerzas, siempre disponibles. Una frase que me regalaron esos primeros días y que se convirtió en mi particular grito de guerra hasta día de hoy fue “Ánimo Madre poderosa”. Cada vez que mis fuerzas han flaqueado o que me he venido abajo la he repetido hasta la saciedad como mi mantra.

Ganamos que ya no rechazaba el pecho ni lo golpeaba en un primer momento pero se había acostumbrado a recibir leche rápidamente y enseguida lloraba porque ni con el relactador era suficiente (poníamos el tubo más largo pero tampoco funcionaba)

Era desesperante, una locura, días enteros en casa, entre tomas sacándome leche, verle llorar a todas horas y yo con él. Como pedía comer a cada instante y sin ninguna regularidad yo no podía salir fuera de casa porque necesitaba el dispositivo constantemente.

Sentía que me estaba ahogando y que no podía crear el vínculo que deseaba.

Es muy duro estar agotada y ver que tu hijo te golpea cada vez que le ofreces el pecho, no paraba de decir frases como ” el niño no me quiere” ” me huele y llora, me está rechazando”.

El día en que ya no pude más fue una mañana que fuimos al grupo de lactancia del CAP. Habían juntado a muchas madres de otro CAP que estaba cerrado por vacaciones y nada más entrar a mi niño le dio hambre, empezó a gritar y llorar como si lo destriparan y yo intentaba darle el pecho pero me golpeaba y rechazaba una y otra vez delante de todas. Las otras madres me miraban con cara de “pobrecita” mientras ellas daban el pecho tranquilamente a sus hijos, me sentí fatal, diferente, superada y desesperada así que me fui sin más, enfadada con el mundo.
Volvimos a buscar más opciones comentando con gente, asesoras, amigas… y encontré el artículo de una chica que hablaba sobre lactancia diferida. Explicaba como se sacaba leche con el sacaleches y entre tomas le ofrecía el pecho a su hijo para establecer la succión no nutritiva y estrechar el vínculo emocional. Después de sentirme sin fuerzas, de golpe me vine arriba:
¿y si probaba lo mismo? ¿Y si me olvidaba del relactador y lo intentaba así? y esa fue mi salvación.
bibero bn

Por fin empezamos a salir a la calle y hacer vida más allá de las paredes de casa, por fin mi hijo podía disfrutar de una madre alegre y disponible emocionalmente, se acabaron los lloros, los gritos, la desesperación. Me sacaba leche, cada dos o tres horas, él se la bebía con su biberón y entre tomas utilizábamos el pecho para que se calmara, para dormir o para disfrutar de un momento único. Fueron semanas en las que volvimos a la normalidad, me sentía feliz, el sacaleches formaba parte de nuestra vida. Lo llevaba puesto con un sujetador y mientras tanto podía atender a mi hijo o hacer lo que fuera.

Decía de broma que el sacaleches era nuestro amigo y es que yo lo veía como el instrumento que me permitía lactar a mi hijo. Pese a haber tomado esa decisión, reconocozco que se me escaparon en varias ocasiones las lágrimas por la calle cuando veía a madres dando el pecho, las observaba con esa paz acariciando a sus bebés.. ¿por qué no puedo ser una de ellas?”

 

 

La próxima semana publicaremos la segunda parte.

¿qué os ha parecido hasta ahora?

¿quéreis compartir vuestra experiencia?

Si creéis que éste relato puede ayudar otras madres, por favor compartid.

Muchas gracias

 

Mònica Pons

¿Dónde va a estar mejor?

Siempre me había parecido que muchos de los artículos que se supone que necesita tu bebé, o necesitas tu, cuando nace, eran innecesarios. Aún así, mi pareja y yo nos preocupamos por tener aquellos que nos parecían útiles: un moisés, un cambiador sencillo, una cuna, objetos varios de colores pastel suaves y musicales…

Después del parto, la habitación del hospital estaba llena de familiares ruidosos y felices por la llegada de un nuevo miembro en la familia. Mi bebé iba pasando de unos brazos a otros -¡que bien se porta!-, -no se extraña de nada-, se oía entre sonrisas. Y yo y mi pareja enormemente cansados después de un parto nocturno de 15 horas…

 

Algo chirriaba en mi: estaba muy feliz, pletórica, deseando cantar a los cuatro vientos que era madre, que mi hija había nacido ya… y a la vez, sólo tenía ganas de que se fueran todos: TODOS, y nos dejaran vivir aquellos momentos mágicos a nosostros tres.

 

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Pero mi instinto estaba todavía acallado por las normas sociales aceptadas, por la necesidad de creer que yo estaba perfecta, fuerte, que lo podía todo, y todo con la sonrisa y la calma de una madre serena y descansada.

 

Cuando mi niña ya había bailado por todos los brazos presentes en la habitación (tengo 20 primos y 6 tíos, todos adultos y con sus respectivas parejas… para que os hagáis una idea de la gente que había en la habitación del hospital), alguien decía: la dejamos en la cuna para que puedas descansar, que está dormidita. Ahí. Con toda la autoridad de “lo que tiene que ser”, según el saber popular.
Y mi instinto, diciéndome:
cógela…cógela…¡cógela!

 

¿De dónde sale, ése saber popular?

¿Quién sienta cátedra con sus argumentos, para que una sociedad acepte que la madre y el bebé deben descansar después del parto, cada uno en su cama?

¿Dónde empezó la ruptura del paradigma original?

¿Cuándo nos olvidamos de que somos animales mamíferos?

 

Pasadas esas primeras 24 horas de jolgorio familiar, la cosa empezó a calmarse. Y yo decidí coger a mi niña. Y cuanto más la cogía, menos la soltaba. Cuanto más cerca la tenía, más la olía, la observaba, la acariciaba y besaba. Y ella, después de unas horas que a mí se me hicieron eternas, de medio letargo y  de no querer teta, empezó a buscar de nuevo el pezón para amamantarse. Nos costó un tiempo y unos pezones enrogecidos y grietosos, entendernos con la teta. A ella, y a mí.

Estaba embelesada, encantada, enamorada de mi hija.

No podía dormir bien si la dejaba en el moisés, al lado de mi cama. Lo más cerca de mí que yo creía que debía dormir.  Me despertaba y me encontraba observándola: ¿tiene frío? ¿está dormida? ¿no tiene hambre?

Al cabo de unos días, mi pareja, dando un empujón a mi instinto me dijo con toda naturalidad: “ponla en la cama con nosotros”. Y eso hice. Y no sucedió nada. Nada malo. Pero dormimos mejor, y cuando empezaba a quejarse, ninguna de las dos terminaba de despertarse, sin abrir los ojos sacaba la teta, y ella comía, y nos volvíamos a quedar fritas. Ganó el instinto.

Es curioso, que aunque yo sintiera la necesidad de cogerla, fuera el hábito de cogerla lo que me generara más ganas de estar con ella, de tocarla, de llevarla en brazos conmigo. Igual que me había percatado de que era ella la que decidió cuándo nacer (intenté convencerla desde la semana 39 hasta la 41, me rendí, y nació en la semana 42); también descubrí que es el bebé, su presencia, y no nosotras, el que desencadena y  establece el vínculo con la madre, y con el resto de cuidadores.

Al fin y al cabo, somos el resultado del bagaje evolutivo de millones de individuos de especies distintas durante millones de años; una especie más dentro de los Mamíferos. Definirnos como “humanos” no nos distancia del resto de animales: nuestros cuerpos y nuestras reacciones siguen siendo el resultado de ese bagaje, traducido en unos niveles hormonales determinados en cada situación.

 

En los primeros meses de maternidad aprendí que lo más importante, ya lo tenemos. Aprendí que lo mejor que podía hacer era dejarme llevar, hacer lo que sintiera que quería hacer, escuchar mis emociones y mi corazón. Tuve que hacer un esfuerzo para encontrar mis emociones y entender lo que mi corazón me pedía, porque mis vivencias, mi educación, la comunidad en la que vivo y mi familia con la mejor de las intenciones, de algún modo me habían apartado de ese instinto primitivo. Menos mal que ahí estaba mi bebé para hacer el camino más fácil.

Soy una madre mamífera.

 

¿Cómo te conociste con tu bebé?

¿Escuchaste a tu instinto?

Cuéntanos tu vivencia, comenta lo que quieras…  o comparte nuestro post.

Gracias

 

Mònica Pons

 

 

¿Y ahora qué hago para que dejes de llorar?

Tengo la lista hecha desde hace días. Al principio no sabía por dónde empezar, pero la gente me ha ido dando ideas y ahora ya sé lo que quiero que me regalen.

 

Por si no lo sabes, chiquitín, estoy haciendo la lista de cosas que necesito para cuando llegues a nuestras vidas.

El cochecito me lo va a regalar tu tía, ya verás qué pasada. El accesorio que lleva nos va a servir para cuando vayamos en coche. Y la hamaquita nos la regala tu tío. Le he pedido una que tiene unos muñequitos lindísimos, estoy segura que te encantarán y jugarás muchísimo con ellos. También he pedido un parque. Te lo llenaré con los juguetes que te vayan regalando, así estarás entretenido mientras mamá hace otras cosas.

Pero no todo está en la lista de regalos. Papá y mamá también hemos elegido cositas para ti. Hemos visto un móvil precioso con una música muy dulce y lo tenemos preparado en tu cuna. Con ese sonido te quedarás dormido enseguida, ya lo verás.

Lo tenemos todo, no te hará falta de nada. Estamos deseando conocerte y hemos preparado toda la casa para cuando llegues.

Y ya llegaste. El parto ha sido duro, muy duro, pero ya estás con nosotros y no me importa nada más. Eres lo más maravilloso que me ha ocurrido nunca. Ha sido un amor a primera vista. Te quiero y sé que te voy a querer toda la vida.

Pero estoy desesperada.

Lloras. Lloras muchísimo. Y no sé consolarte. Me siento impotente. Yo también lloro.Imagen_018

 

Daría lo que fuera por poder remediar tu pena.

¿Qué más necesitas?

¿Y ahora qué hago para que dejes de llorar?

La música de la cuna no parece gustarte. Tampoco en la hamaca te relajas. Parece que sólo mi pecho te calma. Ahí puedes estarte mucho tiempo, un tiempo que se me hace eterno. Pero ese tiempo pasa y te duermes, y ahora puedo dejarte en tu cuna, con la música tan bonita que tiene.

Pero en cuanto tocas las sábanas te vuelves a despertar. Y yo me desespero.

De nuevo el pecho es lo único que quieres.

 

Y vuelvo a sentarme en el sofá, al mismo tiempo que miro a mi alrededor y veo todas las cosas que todavía tengo por hacer.

 

Me estiro en la cama contigo, ya dormido. Estoy muy cansada, yo también me quedo dormida.

No entiendo qué hago mal. No entra en mis planes quedarme relegada a un sofá teniéndote en mis brazos todo el día porque sólo yo puedo calmarte con mis pechos.

La hamaca, el parque, el cochecito… están siendo trastos que no te sirven. En las dos semanas que llevamos conociéndonos he descubierto que sólo quieres estar en mis brazos, junto a mí. En mi pecho te duermes, y en él puedes descansar todo el tiempo que necesita tu pequeño cuerpecito.

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Pero yo no puedo, yo no quiero estarme en el sofá. Tiene que haber una solución.

Hay algo en mí que me dice que la maternidad no puede ser algo que exprima tanto, que anule y que no te deje avanzar. Algo me dice que tiene que haber alguna otra manera de hacer las cosas que nos haga sentir bien a ambos.

Decido empezar a buscar información en las redes sociales y encuentro otras mujeres que viven lo mismo que yo, y me siento acompañada. Esas mujeres hablan de cosas que para mi son desconocidas, pero son palabras que dan sentido a muchas de la emociones que me ha hecho despertar tu nacimiento: contacto piel con piel, dormir sin llorar, apego…

Y entonces descubro el porteo. 

Ahora vas pegado a mí. Junto a mi corazón. Y yo me siento libre al mismo tiempo. Salgo a comprar, organizo la casa, incluso paseo tranquilamente sin que te despiertes, sin molestarte.

Al mismo tiempo que voy reorganizando e integrándote en mi vida te doy lo que tú más necesitas: contacto. Para saber que existo, para sentirte protegido, necesitas tocarme, olerme, sentirme. Es así de simple, pero a la vez nos parece tan complicado. 

 

Siento no haberme dado cuenta antes. Pero ahora en el fular los dos hacemos y tenemos lo que necesitamos.

Laia Simón

La danza oriental, los ciclos, tu cuerpo

Taller vivencial: Dansa’t la teva feminitat

El próximo 13 de marzo, tenemos preparado un taller presencial muy especial para conectar con tu esencia, con tu cuerpo, para conocerte y escucharte mejor.

jo assajantg+

Dáte un espacio y un momento para sentir tu feminidad, sin tapujos, sin prejuicios sociales… podrás conectar con tu cuerpo y tu mente, reconocer tu ciclicidad, descubrir las fases del ciclo femenino y danzarlos con libertad.

Se trata de un taller en petit comité, en un espacio acogedor y tranquilo:

 solamente hay 10 plazas disponibles.

Facilitado por Roser Casellas (empoderamiento holístico) y Mònica Pons.

¡Únete!  

escríbenos a nunnutit@gmail.com y reservamos tu plaza

Nos vemos en Asociación Plenitud, Calafell poble (www.asociacionplenitud.com)

dansa't cartell ok

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